Lo sé, soy casi como el espíritu de las navidades pasadas XD Porque me desaparezco por mucho tiempo y después aparezco sin más. Pero así pasa cuando eres un adulto responsable, una picada del anime y los videojuegos :D y te falta inspiración; pero gracias a los dioses y Soroachi-sensei, un poco de chispa ha nacido en mí y he vuelto momentáneamente. Disfruten, no me odien mucho :'3 Que el Angst venga con todo el power que tenga.
Capítulo 36
As the world falls apart around us
—Al fin despertaste —reconocía esa voz a la perfección, pero era incapaz de enfocarle. Su visión se hallaba borrosa y su cuerpo parecía pesar innecesariamente; por lo que levantarse de donde estaba podría ser una tarea imposible en ese momento.
—No te sobre esfuerces, Jirou. Podría ser malo para tu condición actual —le recomendaba el blondo sin despegar su atenta mirada de él.
—¿D-Dónde se supone que estoy…? —su visión se había recuperado un poco y podía examinar su alrededor. Estaba claro que se encontraba dentro de las paredes protectoras del castillo—. ¿Dónde está Tentei? —¿cómo pudo olvidarse de ese hombre?
—No lo sabemos en realidad…—confesó con un semblante aparentemente tranquilo—. Solamente te hallamos a ti.
—¿Me encontraron? ¿Qué quieres decir con eso?
—Hace unas horas atrás empezamos a ser atacados por tres naves desconocidas. Pero logramos encargarnos de ellas…—relató brevemente—. No obstante, eso alzó la alarma en toda la tripulación por lo que fuimos a buscarlos.
—…Y solamente me localizaron a mí…¿no?
—¿Qué fue lo que sucedió? Dudo remotamente que Tentei haya caído tan fácilmente —conocía a su capitán y no sería una víctima—. Y tú tampoco habrías terminado en este estado ante simples enemigos.
—Ungh…—se había sentado con dificultad. Había una herida que se postraba transversalmente sobre su abdomen que no le permitía libertad de movimiento—. En realidad, logramos derrotar sin percance alguno a los idiotas que aparecieron ante nosotros. Sin embargo, los siguientes oponentes que aparecieron no eran despreciables en lo más mínimo…
—¿De quiénes estamos hablando?
—De los antiguos camaradas del capitán…
—¿Estás diciéndome que se trata del resto de los Cuatro Generales? —no es como si eso le asombrara por completo, pero no estaba esperando a que aparecieran tan pronto. No después de la intervención de hace poco.
—Exactamente —ese tono de voz no mentía en lo absoluto.
—Si ese es el caso no me sorprende que te hayan dejado como trapeador viejo. Y también explica la razón de por qué el capitán se esfumó… Está claro que él quiere hacerse cargo de todo este asunto —aseveró con cierta pesadez—. Sus malos hábitos nunca se irán al parecer.
—…Seiryu es mucho más fuerte de lo que me imaginé…—susurró con el ceño torcido.
—No se puede esperar a que sean débiles si sobrevivieron a la guerra —si bien quería saber la verdad de lo ocurrido, aquello no lo reconfortó—. De manera que tendremos que ponernos a buscar al capitán. Porque claramente esto no es más que una treta.
—Eso no voy a discutirlo —aseguró con la cabeza un poco más fría—. Con todos los enemigos que tenemos, no es para menos. Aunque…
—No te explicas cómo es que esas naves dieron con nosotros, ¿no? —el castaño asintió—. Somos muy cuidadosos con ello, pero al parecer nuestros nuevos adversarios son más astutos de lo que pensamos o…
—¿O…?
—No, nada, olvídalo —expresó rápidamente—. Por ahora enfócate en recuperarte. De modo que no se te ocurra salir de aquí.
—Siento que si llegara a desobedecer me darías una buena tunda.
—Me complace que sepas leer entre líneas.
—¿Interrumpo? —la mirada de ambos jóvenes se dirigió en automático hacia la única entrada que había. Justo bajo el umbral se encontraba parada la boticaria con una bolsa de papel en su mano derecha—. Traje algo de medicina para que dejes de quejarte como niñita.
—Oh, siempre tan considerada conmigo.
—Entre más rápido te recuperes, mejor. No nos sirves como estás —comentaba burlonamente—. Y bien, ¿dónde está el idiota de nuestro capitán?
—No te preocupes por ello. Yo mismo me encargaré de buscarlo. Tú sólo enfócate en no salir de este territorio y evitar que este imbécil haga cosas innecesarias —sentenció Raiku para ambos—. No me provoquen más dolores de cabeza y cumplan mis órdenes al pie de la letra.
—A sus órdenes mi capitán interino —expresó con cierta mofa el samurái.
—Los veré cuando tenga noticias al respecto —fue su oración de despedida.
—Ha madurado y crecido tanto nuestro pequeño Raiku —soltaba con bastante humor el ronin.
—Ciertamente ha crecido en numerosos aspectos.
—¿Con eso quieres decir que se ha vuelto hombrecito y te atrae?
—¿Por qué estás fastidiándome con ese asunto? Ya suficiente de todo ello como para que tú también me salgas con esa clase de palabrería. Déjenme respirar…
—Vayamos a tomar un poco de aire fresco. ¿Qué te parece? —ya hasta se había puesto de pie como si esa lesión no existiera—. Si permanezco más tiempo aquí, siento que enloqueceré.
—No deberías hacerlo. Solamente lograrás que la herida se abra —le regañó. Y si eso no bastaba, se encargaría de volverlo a recostar—. Deja de estar de imprudente y haz lo que te digo.
—Ustedes dos se han vuelto demasiado mandones —refunfuñó—. Solamente quiero dar un paseo dentro de la casa. Tampoco es como si fuera a hacer alguna imprudencia.
—Mmm…
—Quita esa mala cara que tienes.
—No sé ni para qué me molesto…Todos hacen lo que se les da la gana…Ninguno me escucha…—estaba rodeada de hombres insensatos que nunca atenderían a sus peticiones.
—Estarás a mi lado para vigilarme y evitar que haga imprudencias —estableció. Inclusive ya se había levantado de nuevo.
—¿Vas a llevarte eso también? ¿Es que no puedes vivir sin tu katana?
—Para los samuráis sus espadas son como sus esposas. De manera que no puedo dejarla sola o empezará a reclamarme después —esas palabras dejaron a la boticaria con un gesto incomprensible. Esos amantes del bushido y sus cosas.
—Deja de estar de ridículo y salgamos antes de que me arrepienta…—sonrió tenuemente. El castaño le devolvió el gesto.
Abandonaron la habitación y empezaron a caminar lentamente por los pasillos. Resultaba curioso que todo estuviera tan despejado; tal vez el jaleó de hace unas horas atrás era la causa de todo ello.
—Pero qué bonito decorado es el que tenemos aquí, Oshin —mofó ante la parte del castillo que faltaba—. Pero veo otra espléndida obra de arte más adelante…Déjame adivinar…Moka.
—Vio en nuestros atacantes una excelente oportunidad para usar su nuevo juguete… Pobres, no tuvieron ni oportunidad de defenderse… Fueron resumidos a polvo cósmico.
—Y dime, ¿dónde está ese loco pelirrojo? —claro, de todos los temas habidos y por haber, tenía que sacar justamente el que involucraba al Yato.
—No lo sé. Desde hace rato que no lo veo…Seguramente se fue a buscar pelea por los alrededores.
—¿Y ya se lo dijiste?
—¿Decirle qué?
—Siempre evadiendo las cuestiones que te incomodan —expresó antes de reírse un poco—. Aunque si me lo preguntas, Raiku es una mejor elección.
—¡¿Ah?! Pero, ¡¿qué me estás diciendo?! —había escuchado claramente, sin embargo, seguía sin creerlo totalmente. ¿De verdad él le estaba diciendo que debía inclinarse por su amigo de la infancia?
—¿De qué te sorprendes? —interrogó con cierto aire de seriedad—. Aunque al principio se odiaban y él intentó darte buenas palizas de vez en cuando, ahora se llevan de maravilla. Prácticamente como si fueran amantes.
—¡¿…?! ¡¿Qué sandeces estás contándome?! —exclamó intentando que su voz no resultara demasiado escandalosa. Pero fue en vano. Había sido estrepitosa y hasta sus mejillas estaban tan rojas que le ardían—. Él y yo no tenemos esa clase de relación.
—Esa reacción deja todo más claro, ¿no lo crees? —sonrió divertidamente. Estaba gozando dejarla en jaque—. Además, recuerdo que cuando eran niños dormían juntos…Entrenaban en pareja y no comían si no estaba el otro…—maldecía que él conociera todos esos detalles innecesarios.
—¡Se trataba de cariño fraternal!
—Eso no quita que se veían bastante dulces.
—Muérete y déjame en paz de una buena vez.
—¿O es que acaso te gustaba alguien más en ese entonces? —ese cuestionamiento no estaba esperándolo, no de su propia voz. Ella simplemente permaneció en silencio, sin saber si responder o no; en este momento estaba demasiado confundida.
—P-Podría ser y a la vez no…La verdad ya no sé qué pensar —por un lado estaba segura de lo que Kamui le hacía sentir, por otro no sabía cómo interpretar su relación hacia Raiku y después estaba él.
—Esa duda puede aclararse rápidamente.
—¿Ah? ¿Cómo dices? —estaba embrollada, más que otras veces.
—Que es muy sencillo saber si sientes algo por mí o no.
Se quedó completamente anonadada ante sus palabras. ¿Qué quería decir con eso? ¿Cómo es que no pensó en la posibilidad de que él en verdad considerara que le guardaba alguna clase de atracción? ¿Por qué motivo su cuerpo no reaccionaba mientras sus pupilas se dilataban y vibraban sin clemencia?
No, lo único que cruzaba su cabeza en ese momento es que una respiración se había unido a la suya. Y que esos labios que varias veces consideró como inalcanzables, los tenía sobre los suyos. Los estaba probando por primera vez y no estaba segura de lo que eso le hacía sentir.
—…J-Ji…Jirou…—no despabilaba. Todavía no creía en lo que había pasado hasta unos segundos atrás. Era todo demasiado surrealista.
—¿Y bien, obtuviste tu respuesta?
—Idiota —gruñó con molestia—. ¿Pero qué demonios te sucede Oshin? ¿Vas a dejar que cualquier idiota te besuquee cuando le plazca? —le miró detenidamente. Estaba tan fresco, con una sonrisa a medias y ese aire que tanto le caracterizaba. Entonces se analizó a sí misma; más allá del shock que le provocó su acercamiento, no halló nada más—…Mmm…—podía jurar que hasta el contacto que tuvo con el rubio había hecho más mella.
—Creo que ya tienes tu respuesta… Aunque me gusta pensar en que en algún momento te atraje —soltó cínicamente. Oshin por su lado se limitó a desviar la mirada hacia otro punto de menor tensión—. Ciertamente es una lástima…
—¿Uh? ¿Qué quieres decir con eso?
—Será mejor que regresemos. Me estoy muriendo de hambre —se encaminó, dejando en poco tiempo atrás a la joven boticaria.
—¡Ey, te he hecho una pregunta! —su petición fue inútil—. ¿En verdad esto significa que…él ya no me atrae? Además, eso último que dijo…se me hizo extraño. Tal vez ya ando pensando demasiado las cosas.
No era la primera ocasión en que la veía tan centrada en sus actividades. Pero seguía siendo muy raro que una mujer tan quisquillosa como ella no le molestara llenarse de grasa y polvo, o que siquiera le gustara hacerle de mecánico.
—Ya que estás ahí sin hacer nada, pásame ese objeto que tiene forma de estrella —demandó la Renho para quien permanecía bebiendo unos tragos a unos metros de distancia.
—¿Te refieres a esto? —pescó algo y se limitó a arrojárselo con la sutileza propia de los Yato.
—¡Bastardo, casi me matas con eso! —es que si no la agarraba con ambas manos, seguramente la tendría incrustada en el estómago—. ¡Lárgate de aquí de una buena vez o te integro como refacción de la nave!
—¿Y qué se supone que era esa cosa? ¿Tú la construiste? ¿Es que acaso eres una clase de demente que va por allí convirtiendo todo el polvo estelar? —versó al tiempo que acababa de empinarse su botella de sake.
—Son los nuevos cañones defensivos de las naves que he estado desarrollando desde hace más de medio año. Todavía están en desarrollo, pero cuando queden serán la mejor ofensiva —informó con una amplia sonrisa mientras continuaba reparando la pequeña nave que había manejado hace horas atrás—. Son tan potentes que se calientan demasiado y dañan la nave.
—De modo que además de ser capitana, eres la mecánica.
—Además de ser fuerte, hermosa, también soy talentosa y buena cocinera —oh sí, Abuto olvidaba que también era modesta la chica.
—Eres un estuche de monerías bastante insoportable.
—Y tú un viejo amargado, bueno para nada y que seguramente ya no se le paran algunas cosas —la muy maldita tenía una lengua peligrosa—. Ya ni siquiera sirves para eso.
—¿Quieres que te asesine aquí y ahora? Quieres que el Hokusei se quede sin su cajita de Pandora, ¿verdad? —es que hasta el Yato tenía sus propios límites.
—A todo esto, ¿ya se le pasó el efecto a tu idiota capitán?
—La verdad no lo sé… Desde hace rato que no lo veo. Espero no se haya metido en algún problema como es su costumbre.
Después de lo acaecido entre Jirou y ella lo mejor que podía hacer era despejarse y guardar una distancia prudente hacia él. Había cosas que pensar y tampoco quería sofocar innecesariamente al samurái. Y también estaba el asunto de Kamui que todavía no acababa de solventarse por completo. ¿Pero dónde se suponía que se había metido ese problemático pelirrojo? Ya llevaba rato buscándole y no daba con su paradero.
—¿Dónde se fue esa cabeza hueca justamente ahora? —suspiró por décima sexta vez. Ya le había dado dos vueltas completas a los alrededores—. Solamente espero que no se haya dirigido hacia la ciudad.
—¿No estabas cuidando de ese samurái? —Oshin casi salta del susto. ¿De dónde había salido ese hombre tan repentinamente? ¿Desde cuándo estaba detrás suyo?
—Le di sus indicaciones y lo dejé. Él sabe cuidarse solito.
—Pues no lo parece —si todos sabían lo que ocurrió con Jirou y Tentei, no sorprendía que él también—. Aunque se lo tiene bien ganado por arrogante.
—¿Dónde se supone que has estado todo este rato, eh? —no quería hablar del castaño, por lo que lo mejor era cambiar el rumbo de la charla.
—Quise ver si había más forasteros. Pero no encontré nada —por extraño que pareciera, le creyó—. Me estoy muriendo de hambre.
—No me sorprende —suspiró—. Vayamos entonces por algo.
—Estás actuando extraña.
—Mira quien lo dice…¿Por qué lo mencionas?
—Generalmente me regañarías y no te ofrecerías a acompañarme a comer —ciertamente sería de ese modo.
—Estoy de buenas, no lo arruines —se giró hacia él, acercándose más de lo debido. Sus rostros se encontraban demasiado cercanos que sus respiraciones chocaban—. Agradece mi buena voluntad y cállate.
—¿No será que te sientes culpable por algo? —¿sentirse culpable? ¿Sobre qué o por qué? ¿Por qué su memoria le traicionaba y traía a flote ese par de acercamientos fortuitos que tuvo con hombres que no eran él?
—Eso es ridículo —ella no era su amante, ni su mujer, ni nada. Ella era libre y no le debía fidelidad a nadie. Mucho menos a ese hombre que continuaba bajo los efectos de una droga.
—¿Jugar con fuego te divierte?
—Yo no estoy haciendo eso —remarcó con cabreo—. Además, tú…
—¿Yo qué?
—Eres un imbécil —miró esos labios que dibujaban una sonrisa. Observó esas celestes pupilas que reflejaban astucia y ansias de dominio. Luego se dio cuenta de que deseaba oprimir sus labios contra los de él para experimentar lo mismo que vivió cuando Jirou la besó: nada—…No es igual…No es la misma sensación…—tragó saliva tan pesadamente que sentía que se ahogaba. Agachó su mirada. Recargó su frente contra su hombro y llevó temerosamente sus manos alrededor de su cintura.
—Indudablemente estás actuando de lo más extraño.
—Eso es en parte tu culpa —refutó con la mirada alzada hasta él—. Pero las ilusiones tarde o temprano se rompen…—sentenció con una tenue sonrisa, con esas ansias materializadas de unir sus labios con los de él. Sí, era la primera vez que ella le besaba. Sería su confesión y él muy probablemente no lo recordaría.
Habían indagado hasta el último recoveco en busca de pistas, pero lo único que hallaban eran callejones sin salida. Unos que ni siquiera el excelente olfato de esos perros podía saltear. ¿Es qué se lo había tragado la tierra? ¿Cómo debían interpretar el que no encontraran absolutamente? ¿Pero se darían por vencidos? Claro que no. Tenían una misión que cumplir y no descansarían hasta lograrla.
—Capitán, hemos vuelto a peinar todo el perímetro y nada —habló uno de los tres hombres que habían llegado hasta la ubicación del blondo.
—Me resulta imposible de creer que no haya ni la más pequeña pista —el blondo no había abandonado la escena en donde encontraron herido a su compañero; justo donde el intercambio de fuerzas tuvo lugar—. Debe estar escapándosenos algo —y pareciera como si el Syx que le acompañara hubiera entendido su predicamento.
—Ya está de nuevo destruyendo cosas —dijo otro mirando al cánido que estaba machacando unas cajas que habían sido salpicadas con la sangre de las víctimas del combate nocturno—. ¿Estaba eso ahí?
—No pasa nada si echamos un vistazo —el pequeño hueco que quedó al descubierto se amplió ante el ligero golpe del rubio—. ¿Pero qué…? Es la…—tomó la pequeña carta que permanecía entre el polvo y las astillas de madera, observándola en completo silencio—. Tenemos que regresar inmediatamente al castillo —ordenó rápida y vehementemente.
La hora de la cena había concluido desde hace horas. Sin embargo, existía un motivo de fuerza mayor que le ordenaba regresar al comedor. Pareciera que existía algo un poco más apremiante que su estómago demandándole por alimento.
—¿Acaso tienes hambre todavía? —fue la pregunta con la que recibió a la pelirroja en cuanto entró al comedor mirando en todas direcciones.
—No en realidad —tomó asiento frente a ella, observando que estaba bebiendo té y se le veía de lo más serena.
—¿Algo en lo que pueda ayudarte?
—¿Desde cuándo se conocen mi hermano y tú? —bueno, Oshin sabía que irremediablemente esas dudas emergerían en Kagura tarde o temprano.
—Tiene más de año y medio que lo conozco —respondió tranquilamente—.Y ha sido un dolor de cabeza desde entonces.
—Pues parece que se llevan bien…dentro de lo que cabe —para alguien que conocía tan bien la personalidad actual de su hermano mayor no pasaba desapercibido la manera en que se comportaba con esa boticaria.
—De vez en cuando se le ocurre querer mandarme al otro mundo. Pero creo que eso es normal —ironizaba con una media sonrisa.
—Siendo tan violento, sanguinario, estúpido y bueno para nada, sigues a su lado… ¿No es eso bastante gracioso? —preguntó con cierta burla—. Aunque en realidad lo que sorprende es que él sea capaz de mantener a alguien como tú a su lado.
—Bueno, prácticamente se debe a todos estos problemas que tenemos actualmente… Yo ya había dejado su escuadrón desde hace tiempo, pero volvimos encontrarnos aquí en la Tierra —relató con resignación.
—Eso significa que después de que termine todo esto te irás con Ten-chan y el resto, ¿no? —interrogó con una curiosidad que no se molestaba en ocultar.
—Es lo más probable —bebió un poco de su caliente bebida y prosiguió—. Después de todo no tengo motivos para permanecer más tiempo en la Tierra y tampoco tengo dónde ir.
—Ya veo…
—¿Por qué la pregunta? —curioseaba. Sabía que ella no preguntaba solamente porque sí.
—Pues…
—¿No me digas que lo preguntaste por tu tonto hermano mayor? —ella fingió demencia en ese preciso momento—. Él tiene a Abuto. Y en todo caso, todavía cuenta contigo y tu padre.
—Puede ser, pero…no es lo mismo —esa niña estaba desconcertándole—. Él necesita de alguien que lo esté vigilando para que no se meta en problemas. Algo así como una niñera.
—Tomar ese trabajo con alguien como él, es suicidio —mencionó ya con la experiencia respaldándole.
—Pensaba que podrías hacer una tarea como esa, sin embargo…—allí estaba, jugueteando con los dedos de su mano y mirándola con cierta inquisición—…pareces muy interesada y feliz de que ese sujeto esté por aquí.
Ella no consideraba que hubiera sido tan amistosa con Jirou, o era así como lo miraba. ¿Es que había sido demasiado obvia o es que tuvo la mala suerte de haber sido avistada por la pelirroja? ¿Y si había observado esa escena que tuvo con él hace poco? Si bien había aclarado un poco su situación con él, no significaba que dejaba de ser una persona importante para ella.
—Él y yo nos conocemos de años, por lo que nos llevamos bastante bien y nuestro trato podría extrañar a más de uno… Aunque tampoco negaré que en algún momento pudieron existir sentimientos de por medio —confesó con resignación. Ya no tenía sentido seguir ocultándolo.
—¿Te irías con él si te lo pidiera en este momento? —la directa pregunta de Kagura la agarró en curva por completo. Oshin se quedó callada.
—Esa es una posibilidad sumamente improbable.
—Responde —pidió tanto con amabilidad como con autoritarismo.
—Yo…no me iría con él —tal vez si no hubiera pasado aquella situación con Kamui, la respuesta hubiera sido totalmente diferente. Y aunque se sentía completamente contrariada por todo lo que estaba viviendo en este momento, consideraba que las cosas diferían mucho del ayer; ahora había alguien más que le despertaba un interés mucho más grande que él, le pesara admitirlo.
—¿De verdad? —una pequeña sonrisa empezaba a asomarse en sus labios.
—No mentiría con algo como eso —se sentía un poco tonta por admitirlo.
—Eso significa que puedo dejarte el cuidado de mi hermano —sonreía resplandecientemente, con una satisfacción enorme. Es que parecía como si le hubieran quitado un peso de encima.
—Ah…¡¿Ah?! —exclamó tras levantarse y mirar confusa a la Yato—. ¿Cómo que…me lo dejas a cuidado? No estamos hablando de un perrito ni nada parecido…sino de tu hermano mayor.
—Vamos, vamos, lo has estado haciendo muy bien —soltó con despreocupación total a la vez que hurgaba su nariz sin vergüenza—. Solamente sigue haciendo lo mismo que hasta ahora.
—No puedo quedarme al lado de alguien que no me quiere cerca…—exteriorizó sin despegar su atención de ella—. A él no le agradan las personas débiles como yo o que tienen mi misma mentalidad. Es decir, somos polos opuestos y eso siempre lleva a que choquemos constantemente… Incluso está empeñado en que pelee con él usando toda mi fuerza —hasta alguien como ella podía sentirse frustrada. De modo que lo único que necesitaba era encontrar a la persona correcta para desahogarse—. No creo que salga nada bueno de que sigamos conviviendo.
—¿Y si estás tan segura de lo que dices por qué tu mirada dice todo lo contrario? —¿no era ridículo que una niña estuviera leyéndole tan fácilmente?—. No deberías mentirte a ti misma. Eso no está bien —sus carmesí pupilas vibraron ante sus palabras, ante una verdad tan irrevocable y entonces se dio cuenta que recuperó ese mal hábito suyo desde que conoció a Kamui.
—No es como si estuviera mintiéndome, sino más bien…—tal vez la dificultad para tratar ese tema se debía a que nunca antes tuvo que lidiar con él o en parte podría ser porque estaba tratándolo con la hermana de quien le daba tantos problemas—. Él es todo lo opuesto a lo que podría estar buscando en alguien… De hecho, es todo lo que yo odio… Es decir, representa lo que más repudio de ser un Yato…En lo que temo convertirme…—sí, esa era la razón por la cual ella estuvo negándose a sí misma la existencia de una atracción hacia él. No quería admitir que podía interesarse por alguien que le recordara lo que podría ser si no era lo suficientemente fuerte para dominar sus instintos.
—Creo que entiendo un poco cómo te sientes. Pero estoy segura de que aún hay algo del viejo Kamui muy dentro de él…esperando a salir —¿estaba sonriendo por inercia, para devolverle el gesto o su comentario lo había conseguido? La verdad es que ya no entendía sus reacciones cuando era ese hombre el que las creaba
—…Tal vez tengas razón en ello…—ciertamente quería creer que así era.
—Soy su hermana menor, claro que la tengo —dijo, golpeando su pecho para reafirmar tal hecho—. Que te hayas interesado en él, lo prueba.
—¿Tan preocupada estabas por él que decidiste venir a interrogarme? —la pelirroja sencillamente miró en otra dirección y se sonrojó tenuemente—. Es un gesto bastante adorable de tu parte.
—No se lo digas a nadie, ¿quieres?
—Si tú prometes hacer lo mismo con nuestra charla.
—Tenemos un trato —acordaron antes de reírse un poco por su nueva complicidad.
—Este…Lamento llegar en un mal momento —el recién llegado tomó por sorpresa a ambas. Fue inevitable que las miradas de las féminas no se volcaran en su persona—. Me gustaría que vinieras conmigo un momento. Hay algo que me gustaría mostrarte y que seguramente sólo tú sabrás explicarme.
—Hablaremos después, Kagura —Oshin se puso de pie, dirigiéndose hacia donde Jirou se encontraba.
—Está bien —solamente se limitó a ver cómo desaparecían tras el umbral—. ¿Qué es lo que querrá?
La boticaria siguió los pasos del samurái en completo silencio porque se encontraba lo suficientemente intrigada por lo que estaba viendo. En efecto algo se hallaba creciendo a una velocidad aterradora sobre los árboles, sobre el suelo, sobre todo aquello que proporcionara una superficie lo suficientemente consistente para tolerar el peso de esas enredaderas.
Y por extraño que pareciese, existía momentos en que parecía que esas enredaderas se movían tenuemente en un intento por continuar expandiendo su territorio. ¿Realmente eso era posible o ya se encontraba alucinando? ¿De dónde provenían? ¿Acaso podrían pertenecer a la misma especie que las que llevaron a su casa a la destrucción?
—Apenas lo noté hoy por la tarde… Aunque en ese momento no estaban tan disipadas —sus pasos los condujeron hasta un pequeño lago, nada profundo y que se hallaba maravillosamente adornado por enormes piedras lisas de río—. Me comentaste lo de tu casa y sobre esa cosa que les atacó. Y pensé que tal vez…
—La posibilidad no está descartada —aseveró—. Y parece que todo está surgiendo desde las entrañas de este lago —la fría agua llegaba hasta sus rodillas, recordándole la fecha del año en la que se encontraban—. Tal vez si levantamos esa enorme roca podremos seguir el rastro de mejor modo —podía apreciar con claridad esas plantas trepadoras que habían convertido ese terreno de agua en su dominio.
—Podrías tener razón.
—Será mejor que regresemos. Yo me encargaré de esto más tarde —era una sugerencia que irremediablemente de sus labios—. No te has recuperado por completo, así que no estás listo para andar de explorador.
—Y sigues con eso —suspiró con tedio—. No seas aguafiestas y déjame acompañarte —la pelinegra se giró hacia él, dedicándole una mala mirada. Estaba claro que no iba a convencerla tan fácilmente—. Así mato el aburrimiento.
—De nada eso —le advirtió—. ¿Por qué eres tan cabezota? —murmuró en cuanto vio que el chico daba unos pasos hacia adelante, para encararle con esa sonrisa socarrona que denotaba muy bien lo que estaba haciendo—. Te llevaré a la fuerza de vuelta.
—Quiero ver que lo intentes —le desafió—. Ungh…—su ceño se frunció en cuanto se atrevió a dar otro paso. Incluso se tambaleó un poco—. Por poco y…
—Y te caes, pedazo de imbécil —si ella no se hubiera movilizado, ese hombre hubiera tenido un bonito encuentro contra el suelo—. Hazme caso y regresemos —Jirou había descansado su mentón sobre el hombro de la boticaria y el resto de su anatomía tampoco se encontraba tan distante de su cuerpo.
—Hueles a hierbas medicinales…
—No eres el primero que me sale con eso —¿había algo de malo en tener esa esencia?
—Es agradable. Bastante relajante y muy particular… La recordaré —le susurró al oído, como una promesa futura, como aquel secreto que no debería ser revelado a nadie—. Incluso hoy la luna se ve espléndida, como la de esa noche cuando nos conocimos por primera vez.
Levantó la mirada hacia la bóveda celeste. Hacia ese rompecabezas infinito decorado por estrellas que se esforzaban por brillar hasta su propia extinción. Entonces observó con detalle la regordeta y blanca luna; no recordaba que alguna vez se hubiera contemplado tan magnifica como en ese instante.
Tan sublime, tan solitaria, tan tímida, tan merecedora de ser admirada. Sí, una luna como esa los había visto conocerse hace tantos años atrás. ¿Es que se sentía melancólico que sacó ese tema a flote? ¿Eran las circunstancias lo que provocaba que estuvieran evocando tiempos del pasado?
—Es cierto…Es idéntica a la de esa noche…—expresó con una sonrisa cálida. Él formaba parte de esos buenos recuerdos que no habían sido empañados por la malicia de aquel funesto hombre; sí, era su preciado amigo, un compañero invaluable dentro del campo de batalla.
—…Si tan sólo pudiéramos volver a esa época, todo sería mucho mejor, Oshin…Tal vez de ese modo nuestra historia pudo haber sido diferente…
Su confesión le desconcertó, captó toda su atención y le resultó imposible no mirarle, no sentir la calidez que envolvía a su cuerpo en cuanto él le abrazó de esa manera tan aprensiva y simultáneamente, tan fría y tan vacía.
Entonces también resintió esa nueva calidez, ese escalofrío involuntario y el acelerado palpitar de su corazón. Su cuerpo tembló abruptamente y sus pensamientos no dejaban de apilarse uno tras otros mientras se intercalaban con la realidad.
Estupefacción. Sorpresa. Incredulidad. Temor. Tristeza y amargura. Todo ese maremoto de emociones contrarias y destructivas remolinaban su corazón, destruían sus memorias, y masacraban a la conciencia que tenía sobre sí misma y sobre él.
No podía hablar, sus labios temblaban y se volvían tan fríos como la noche circundante. Sus manos eran incapaces de apresar lo que parecía ser su nueva y dolorosa pesadilla. Lo único que podía hacer era mirar el reflejo de una corrompida luna carmesí.
