Italia observó su álbum de fotos, concentrado. Japón, que pasaba por ahí, lo quedó mirando con atención.
—Italia, ¿qué estás viendo? —preguntó el de cabello oscuro.
—Es mi… carrera militar.
En ella aparecían fotos del italiano posando con varias chicas. Algunas aparecían enfadadas, otras ruborizadas, otras contentas.
El japonés le golpeó la cabeza con el álbum.
—Que buen soldado eres—le dijo, mientras el castaño ahogaba murmullos contra el libro.
…
Alemania fue de turismo a Italia.
— ¿En Italia todos los días hace tan buen clima? —se preguntó, observando el sol resplandeciente.
Era una ciudad llena de vigor. Se podía escuchar a algún músico callejero cantando. Gente paseando tranquilamente. Podía entender porque los poetas querían plasmar ciudades como esa en sus poemas. Si todos los días pudiera vivir bebiendo y cantando sin preocupaciones, en un lugar tan maravilloso como ese… al igual que Italia… y con Italia… No, ¿Por qué el italiano también lo acosaba en sus pensamientos?
Mientras intentaba quitarse esos pensamientos, se acercó a un puesto que vendía frutas. El hombre lo miró, asustado, debido a la apariencia de Alemania, y al hecho de que estaba despotricando contra el italiano de sus sueños, pesadillas, fantasías, sueños húmedos y realidades.
— ¡Ah! —Gritó el pobre hombre— ¡Llévate lo que quieras! ¡Pero no me hagas daño! ¡Tómalo gratis!
— ¿Oh? Vaya, no todos los italianos son unos pesados—comentó el alemán, animado.
Más tarde, era perseguido por la policía italiana, acusado de intimidaciones, robo y desorden del orden público.
— ¡Pero, pero! ¡Era gratis! ¡Me dijeron que tomara lo que quiera! —se defendía Alemania.
…
—En la tienda de comida para llevar me regalaron algunos bentou del Eje. ¿Quieren comer? —preguntó Japón.
—La comida siempre es bienvenida—respondió Italia, que siempre tenía algo de hambre— ¿Eh? Pero el tuyo es todo arroz. Te abstienes demasiado. ¡Yo quiero ver el mío!
—El tuyo tiene pasta, pollo cocido en tomate, y de postre…
—Con lo de la pasta ya me convenciste, ¡gracias Japón! —dijo el italiano, quitándole la bandeja de las manos.
— ¿Y hay uno para mí? —preguntó Alemania, esperando alguna broma de parte del japonés.
—Oh, sí, por supuesto, eres un importante camarada~
Era un palillo con un pequeño trozo de wurst.
…
—Oye, Japón—llamó el superior de éste. El asiático se encontraba aprontando las cosas para la cena de esa noche—Acerca de la cena de hoy…
—Ya está solucionado. Preparé un revuelto de plantas silvestres que encontré en la montaña.
—Oh, no, no será necesario.
— ¿No será necesario? —el japonés sintió un aura asesina que lo rodeaba, a causa de haber cocinado sin razón alguna.
—No. Me gustaría comer el Beef Stew que me sirvieron en Inglaterra.
—En… ¿Inglaterra? —Japón estaba atónito. ¿Quién en su sano juicio pediría comer comida inglesa? Su superior actual estaba un poquito loco, pero eso era demasiado. De todas formas, estaba obligado a cumplir sus deseos—Haré mi mayor esfuerzo.
Su superior asintió, y se fue. El japonés miró su amado revuelto con lástima.
—…Que desperdicio de comida—dijo, con el ceño fruncido—Y ahora, debo preparar una receta imposible.
Buscó entre sus libros de cocina, pero no encontró la receta. Como último recurso, hizo una llamada.
—Hello? —atendió alguien del otro lado de la línea.
—Inglaterra—dijo Japón, derrotado—Habla Japón. Quiero una de tus recetas.
— ¡Japón! Que emoción, es la primera vez que me piden una de mis recetas~
—No lo dudo—masculló.
…
Finalmente, había podido preparar el dichoso plato occidental. Le había costado bastante, aunque lo más difícil había sido intentar sacarse al inglés de encima, que tenía muchas ganas de acosar a alguien por teléfono.
—Lo preparé—anunció, sosteniendo el humeante plato entre sus manos.
— ¡No esperaba menos de ti! —lo felicitó su superior.
En realidad, ninguno de los dos había notado que eso no era una comida inglesa, sino un típico estofado japonés.
Eso explicaba porque a los dos le había parecido delicioso.
…
—Esto es extraño—dijo Estados Unidos, caminando por el pasillo—Hoy he sido el primero en llegar a la junta de los Aliados. Raro. A los que lleguen después, tal vez podría decirles "¿Acaso no llegan un poco tarde?". Para variar, dado que soy el último en llegar siempre. Oh, sí, quedarán de boca abierta~
Al pasar frente a la habitación donde se llevaría a cabo la reunión, se dio cuenta de que no había sido el primero en llegar.
— ¿Inglaterra? —murmuró para sí mismo.
En efecto, allí estaba el inglés, frente a la pizarra, dibujando.
—Bien, ya lo hice—dijo el británico, feliz. El estadounidense observó la pizarra. Allí habían unos muy bien hechos dibujos de las potencias de Eje.
¿Esos dibujos los hacía el inglés? El americano casi se desmayaba por tal descubrimiento.
Qué envidia.
…
Cuando los demás países llegaron a la sala, se encontraron con los dibujos en la pizarra… y con otros que no eran los de siempre.
Parecían unas caricaturas muy mal hechas.
—Es una broma, ¿verdad? —Dijo China, al verlos— ¿Qué se supone que es esa atrocidad?
—Claude Monet debe estar retorciéndose en su tumba (*) —se lamentó Francia, con el horror plasmado en su rostro. Estaba seguro que la Mona Lisa lloraba lágrimas de sangre en ese momento.
—No plasma para nada nuestra belleza—se quejó Inglaterra. Bajo los tres dibujos de los países del Eje, había cinco, cada uno correspondiente a las cinco naciones que se encontraban reunidas en esa junta—Además, mis cejas están horribles.
—Tus cejas son horribles—lo corrigió el francés.
—…Mi instinto asesino me dice que debo destrozar esa pizarra—dijo Rusia, tomando un pico entre sus manos.
— ¡Ni se te ocurra! —dijeron los otros tres, al unísono.
—En verdad es molesto, ¿verdad? —Comenzó Estados Unidos—El que alguien nos haya dibujado de esa forma. El haber utilizado el arte de New York de una forma tan osada…
—Muérete, América—dijeron los otros cuatro, sabiendo que culpable era el pelirrojo.
— ¡Me tienen envidia! —exclamó el estadounidense, indispuesto a creer que el británico dibujaba mejor que él.
—Me hiciste las cejas demasiado grandes—se quejó el inglés.
—A mí me hiciste las orejas demasiado grandes—protestó Rusia.
— ¡Mira esa nariz! ¡Es espantosa! —se quejó el galo, señalando su dibujo.
—Me dibujaste demasiado femenino—masculló China.
—Escuchen—dijo el estadounidense—Inglaterra, tus cejas son grandes. Rusia, tus orejas son grandes. China, sólo te faltan pechos y pelo largo para parecer una mujer. Francia… tu nariz está bastante bien, pero igual te odio.
—Estúpido—le dijo el chino, llevándose una mano al pecho por inercia—Yo te demostraré lo que es un buen dibujo—y tomó una tiza para empezar a dibujar.
— ¡Ah! —Gritó Inglaterra— ¡Parece una copia china de una pintura japonesa! —no se había dado cuenta del doble sentido en la palabra "copia china".
—…Te mataré, Inglaterra—anunció el chino, quitándole al ruso el arma de las manos.
…
— ¿Porqué te ignoran? —preguntó un oso de pelaje marrón oscuro a su dueño.
—Porque son idiotas—respondió la nación. Era Canadá.
— ¿Y porque no te haces notar?
—Vamos, ¿quién en su sano juicio quisiera que estos locos lo noten?
Un poco lejos de allí, Grecia era acosado por un gato.
Continuará~
(*) Pintor francés muy conocido.
Próximamente: Olimpíadas griegas. jfdbfsdbfsg, MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS! De todas formas, suelo responder para agradecer personalmente o contestar dudas por MP (:
