Capítulo 34: Catharos(Limpieza)
-"Camus."
Lo encontró sentado en la angosta silla de bejuco de la sala común. En sus manos sujetaba un delgado libro que no intentó identificar. Si bien no pudo apreciar en totalidad su mirada, reconoció muy bien la deformación de sus cejas partidas, inclinándose levemente en un gesto que Hyoga sabía de disgusto.
-"Maestro Camus."- Repitió, extrañado por el silencio del Santo de Acuario. Después de todo, si había permanecido en aquel lugar era porque deseaba hablar con él. De lo contrario se hubiese escabullido entre alguno de sus salones en búsqueda de privacidad.
-"¿Dónde estabas?"
-"Con Seiya. Llevamos a Kiki de cacería."- No quiso decir que en realidad fueron Seiya y Kiki los que lo llevaron a él.
Aunque fuese sólo por un par de segundos, Camus alzó la mirada de su libro.
-"¿Al niño? Dudo que a Mü le haya agradado mucho la idea."
-"Pienso igual, pero fue demasiado amable como para regañarnos a Seiya o a mí. Eso sí, no dejó que Kiki comiese con nosotros en Tauro."
-"¿También Aldebarán? Solo por el hecho de que seas invitado en el Santuario no te da derecho de estar importunando a los demás."
Hyoga sonrió, considerando innecesario el reproche de su maestro. No tenía que decirle que fue Aldebarán el que prácticamente los obligó a comer en su Templo. La efusividad del Santo de Tauro era bien conocida por todos, incluso por Camus. Si pronunció aquellas palabras fue porque no podía dejar la oportunidad de darle algún consejo disfrazado de orden. Siempre fue así.
-"Entiendo."
Tomó asiento cerca del mayor, esperando a que éste se atreviera a decir lo que sea que tuviese planeado.
Cuando pasaron cinco minutos, Hyoga estuvo a punto de darse por vencido.
-"Hyoga."- Afortunadamente, fue justo en ese momento cuando Camus decidió hablar. –"No estoy seguro de qué es lo que tengas en mente, pero lo mejor será que lo olvides por completo."
-"¿Disculpe?"- El menor no ocultó su frustración. ¿Se tomó tanto tiempo para al final decir algo totalmente incomprensible?
-"Tengo una noción de qué fue de lo que Milo y tú hablaron ayer en la noche y te estoy diciendo que te olvides de todo eso. No es algo que valga la pena tu atención."
-"Temo diferir."
Camus suspiró, dejando a un lado su libro como resignándose a que no podía seguir fingiendo que lo leía. Pasó un mechón de cabello detrás de su oreja y entrelazó las manos sobre sus piernas, como si aquella meditabunda pose le permitiera encontrar las palabras más adecuadas.
-"Es un asunto de tan poca importancia que no es necesario que le prestes atención. No sé cuál es tu afán de hacer una tormenta de un vaso con agua."
-"Tal vez esté exagerando. Pero entonces también usted lo está haciendo, ¿no es así? Para usted esto es tan importante que no quiere que sepa nada al respecto."
A pesar de la adusta mirada que recibió, Hyoga sonrió a sabiendas de que había dado en el blanco.
-"Admito que el hecho de no discutir esto contigo antes ha ocasionado más dificultades de las que hubiese esperado. Quise pretender que no era necesario inmiscuirte en el asunto pero debí de imaginar que tú mismo tomarías cartas en el asunto."- Calló por un par de segundos y prosiguió con una voz más grave. –"O que Milo cometería una de sus muchas imprudencias."
-"No es que quiera defenderlo, pero todo pasó porque yo fui demasiado insistente."
-"Esa no es excusa. Siempre he pensado que es demasiado impaciente. No debió de precipitarse de semejante manera. Ahora por su culpa hay no sé qué cosas dentro de tu cabeza."- Avergonzado, Hyoga bajó el rostro mientras rascaba su brazo izquierdo. Apenas entonces entendió precisamente de qué era de lo que se trataría aquella plática. –"Es por eso que te estoy pidiendo que por favor las ignores. No es necesario que te preocupes por todo esto."
El rubio se obligó a sí mismo a mirar a su maestro a los ojos y no evitó sentirse dolido al ver la serenidad en el rostro del mayor. No deseaba seguir irrumpiendo en la privacidad de su maestro. El modo tan suplicante con el que se le pedía que ignorara el asunto era tan sincero que le parecía casi imposible rehusarse. Sin embargo, temía que la indiferencia tuviese consecuencias peores que las que traería cualquier sentimiento de culpabilidad.
-"¿Realmente está bien?"
-"Por supuesto. No es como si indagar al respecto hiciese alguna diferencia."
-"No me refiero a eso. Milo y Kanon. ¿Realmente está bien?"
-"Ya te lo he dicho antes: no nos concierne a nosotros decidir con quién debe de pasar Milo su tiempo libre."
-"Pero no es sólo su tiempo libre. Es mucho más que eso."
-"Eso en realidad no importa."
-"¿Y usted..."- La pregunta murió en la boca del muchacho, incapaz de atreverse a salir aunque fuese en forma de un suspiro.
-"Esa."- Indicó. –"Esa es precisamente la idea que quiero que te saques de la cabeza."
-"¿Es cierto lo que dicen? Siendo sinceros, nunca presté demasiada atención a los rumores del Santuario pero ahora creo que debí de ser un poco más observador."
-"Y no hubieras visto nada porque no hay nada. ¿Crees que si fuera cierto, si yo lo quisiera de esa manera, no te hubieras dado cuenta de ello?"
-"Probablemente..."- Respondió con franqueza. –"Nunca lo hubiese imaginado y no me hubiera dado cuenta. Pero, entonces, si no hay nada…"- Tragó saliva para darse el tiempo de pensar en cómo continuar. –"¿Realmente no hay nada?"
-"Así es."
-"No. Quiero decir… no hay nada pero, ¿no debería de haber algo?"
-"Por supuesto que no."- Pasó su mano a través de su cabello, echando su cabeza hacia atrás, sorprendido de lo que estaba a punto de decir. –"Mentiría si dijera que no llegué a pensarlo. Probablemente él también lo hizo en algún momento. Sin embargo, creo que ambos llegamos a la misma conclusión: no era necesario. Tú debes de entenderlo: la amistad que va más allá que cualquier otra cosa."
-"Pero podría ser más, ¿no es así?"- Exclamó, sorprendido de que de repente se hiciese partidario de una relación que apenas unas horas atrás le parecía aberrante. –"¿Esa misma amistad no haría que fuese algo más que un simple arrebato?"
A pesar de la incómoda situación, Camus sonrió. Sabía que la repentina pasión del muchacho se debía a la incomprensión del por qué Milo había elegido a Kanon antes que a él y le divirtió el sentirse favorecido.
-"Pudo haber sido más."- Admitió. –"Si lo hubiésemos deseado. Pero no fue así. Supongo que nos conocemos demasiado bien. Yo tengo fallas que él no puede tolerar y viceversa. Además, te lo repito: no es necesario más. Milo estará obsesionado con Kanon pero, ¿conmigo? Lo que siente hacia mí es más fuerte que cualquier otra cosa, a excepción tal vez de su lealtad hacia Atena. Ningún caballito de mar podrá cambiar eso."
-"Dragón."- Hyoga sonrió abiertamente por primera vez desde que entró a Acuario.
-"¿Qué?"
-"Él era Dragón Marino, no Caballo de Mar."
-"Lo que sea."
-"Es extraño oírlo hablar así. Después de todo, si está tan seguro de los sentimientos de Milo hacia usted, es porque los comparte, ¿no es así? Y por eso, aunque esté consciente de que nadie podrá reemplazarlo, el verlo con Kanon le inquieta. Yo actuaría del mismo modo."
-"Dicho todo esto, espero que dejes el asunto pasar. No vale la pena."
-"Supongo que no. Aunque la verdad es que me sigue molestando el por qué eligió a Kanon. Antes de la batalla contra Hades parecía odiarlo. ¡Y con razón! Cuando supe lo que pasó en las Cícladas con su familia quedé muy sorprendido. A pesar de la prueba que le impuso, no es algo que se pueda perdonar con mucha facilidad."
Camus alzó las cejas, queriendo decir algo pero conteniéndose por algún motivo. Después de unos segundos decidió que si Milo se sentía con derecho de traumar a su aprendiz, él también tenía el derecho de hablar de más.
-"¿No creerás tú también que fue amor a primera vista?"
-"Pues si no a primera, tal vez a segunda. Todo pasó muy rápido."
-"Él siempre se ha creído muy inteligente."- Negó con la cabeza y mostró una arrogante sonrisa. –"Su secreto, le decía. A veces lo acompañaba a robar comida de Tauro para él. Antes pensaba que tenía una mascota escondida pero desde que Kanon llegó todo quedó muy claro. Milo era la mascota, el ratoncito al que enviaba por algo de comida. No sé cuándo se habrán conocido pero estoy totalmente seguro de que Kanon se acercó a él desde muy pequeño con tal de hacer rabiar a Saga."
-"¿Y a él por qué habría de importarle eso?"
Camus parpadeó varias veces, no esperando que el muchacho desconociera aquella historia.
-"¿No lo sabías? Saga fue el que trajo a Milo al Santuario. Fue su primer maestro."
-"Y el segundo no fue mucho mejor influencia, ¿no es así?"- Preguntó después de digerir las palabras de Camus. -"Aldebarán nos habló de cuando eran aprendices. Aunque no mencionó que usted y Milo asaltaran la alacena de su maestro."
-"Bueno, siempre fuimos muy cuidadosos."
-"Lamento…"- Tomó aire. –"Lamento mucho haber insistido tanto en esto. Debí de hacerle caso y meterme en mis propios asuntos."
-"Está bien. Prefiero hablar contigo al respecto antes de que escuches más tonterías por parte de terceros."- Se puso de pie y caminó hacia el pasillo principal. Al menor le tomó varios segundos el darse cuenta de que su maestro había salido a recibir a alguien.
-"No tenías qué molestarte. Fue demasiado trabajo."
Camus regresó al salón llevando consigo un plato con una carne que Hyoga no pudo identificar. Iba acompañado de Maias quien lo miró por unos instantes para luego dirigirse a su maestro.
-"No es nada."
-"Nos trajeron comida, Hyoga."
Éste se levantó y caminó hacia el plato. Tenía buen aspecto pero habiendo terminado de comer no se le apetecía demasiado. Aún así, conociendo la facilidad con la que se puede hacer sonreír a una muchacha, actuó como si estuviese hambriento.
-"Muchas gracias. Esta noche no tendré qué preocuparme por lo que cocine mi maestro. Me has salvado el pellejo."
La niña sonrió, apretando su dedo pulgar con la mano izquierda.
-"Espero que les guste."- Tartamudeó algo que sonó a despedida y salió del Templo.
-"¿Hyoga?"
-"Fue broma. Su comida no es tan mala."
-"Si valoras tu vida…"- Continuó sin prestarle atención al insulto de sus habilidades culinarias (sabía que se lo merecía). –"No hables con esa muchacha frente a Milo."
-"Si."- Hyoga rió nerviosamente. –"Ya lo había pensado."
-"Son casi tres kilos. Nos tomará un tiempo terminarlo."- Caminó hacia la cocina para servirse un poco. Él no había comido aún.
Hyoga se quedó solo por unos segundos, enormemente agradecido porque la tensión entre él y su maestro había desaparecido.
Y porque no tendría qué probar más de su tocino en un buen tiempo.
-"¿No piensas ayudarme?"
La mitad del cuerpo del Santo de Escorpio estaba recargado sobre el asador de la terraza. Después de las dos horas que estuvo al pendiente del fuego, su hermana le dejó el nada envidiable deber de limpiar el asador.
-"¿Limpiar?"- Le dijo a la niña. –"¿Se tiene qué hacer eso?"
Y claro, estaba acostumbrado a que alguien hiciese las tareas menos gratas en su lugar. Al menos llegó a estarlo. Si bien desde hacía bastante rato tuvo que recordar el cómo valerse por sí mismo, aún había cosas que ignoraba. Como por ejemplo, que para limpiar la parrilla lo mejor era que estuviese caliente.
-"¿Por qué habría de ayudarte?"- Kanon, sentado en el suelo a tan solo unos pasos de él, parecía disfrutar demasiado de la escena. –"Soy un invitado."
-"No. Los invitados se van a sus casas de cuando en cuando."
Escuchó su risa retumbando entre las barras de metal.
-"Buen punto. Pero de todos modos no te voy a ayudar. Estoy muy a gusto aquí."
-"No creí que Dánae aceptara hacer el cabrito. Siempre me decía que tomaba una eternidad el hacerlo. ¡De haber sabido!"
-"Lo que pasa es que quería llevarle algo de comer a Camus. Es su consentido."
-"Sólo él podría despertar el lado bueno de un monstruo como ese."- Dejó su tarea por unos segundos y le lanzó una cruda mirada a Kanon, arqueando la ceja y apretando los labios. –"Por cierto, no quiero que sigas molestándolo. Sé que te parece de lo más divertido pero lo único que consigues es meterme en problemas."
-"Lo cual lo hace aún mejor."
-"Hablo en serio. No es que necesite que se lleven bien pero me gustaría que no intentaran matarse mutuamente."
-"Siempre lo estás defendiendo."
-"¿Me culpas?"
Milo siguió tallando el asador, prometiéndose a sí mismo que no volvería a pedir nada que requiriese tanto trabajo.
-"Si fuese más aburrido…"- Murmuró. –"Nos mataría a todos cada que entrara a una habitación."
-"No es aburrido."- Kanon lo miró con incredulidad. –"Lo que pasa es que no te tomas la molestia de observarlo. Si lo hicieras, sabrías que hay pocas cosas más interesantes que estar junto a él."- No quiso continuar, imaginando que Kanon consideraría sus palabras como algo ridículo.
-'Es la sutileza.'- Hubiese dicho. –'La delicadeza de sus movimientos y el modo milimétrico con el que sus cejas se mueven. El descubrir sus pensamientos por medio de un mero gesto es tan gratificante como obtener la victoria en una batalla y el descubrir su sonrisa era aún mejor.'
Como leyendo aquellos pensamientos, Kanon se levantó, sacudiéndose del pantalón cualquier rastro de ceniza que pudiese haber y sonriendo con anticipación.
-"Si fuese tan maravilloso, en estos momentos estarías con él."
-"Él es maravilloso. Lo que pasa es que yo soy un idiota al que le gustan los hombres de poco cerebro."
-"No. Te gustan los hijos de puta como yo."
Milo respondió a tan veraz respuesta con un beso. Desafortunadamente para él, Kanon tomó aquella oportunidad para vengarse de cualquier pensamiento que no hubiese sido dirigido sólo hacia él.
Empujó su cuerpo al asador y a pesar de que Milo intentó separarse de él, sus manos tuvieron que alejarse del pecho del mayor para sujetarse de la resbalosa parrilla. Temía perder el equilibrio y caer sobre la desagradable mezcla de agua, jabón y grasa.
Adivinando aquel temor, Kanon supo que lo más indicado sería dar su atención a partes más sensibles que los labios que negaban a separarse. Decidió escurrirse a un costado, atacando la clavícula del menor, mordiéndolo y, finalmente, causando que Milo perdiera el control de sus brazos.
Apenas se alcanzó a escuchar un balbuceo en gaélico y el sonidito de su cráneo chocando contra la rejilla de metal.
Después de pronunciar un agudo y largo quejido, Milo estuvo más que dispuesto para incorporarse y darle a Kanon su merecido pero se detuvo al ver que éste, en lugar de estar burlándose de él, miraba con atención hacia la izquierda.
Para cuando se dio cuenta de lo que pasaba, deseó haberse quedado dentro del asador para no salir nunca más.
-"Es exactamente lo que parece."- Por supuesto, Kanon tuvo que decir algo totalmente inapropiado a la recién llegada. Ésta los miraba con los ojos como platos y las orejas como jitomates.
Milo intentó sacarse alguna excusa pero sus neuronas aún debían de estar aturdidas por el golpe pues no se le ocurrió nada.
Hubo un larguísimo silencio hasta que Maias recuperó la movilidad.
-"¡Si crees que eso es lo más raro que he visto desde que llegué aquí, estás tonto!"
A pesar de que quiso aparentar que aquello no le sorprendió demasiado, fue imposible ignorar el rojizo tono de su rostro. Cerró los ojos y se echó a correr al interior del Templo, dejando a un Kanon muy interesado y a un Milo en estado de shock.
-"Su madre me va a matar."
-"Esa sí no fue mi culpa."
El Santo de Escorpio lo miró por un par de segundos, arrugó la nariz y se quitó la camisa, extendiéndola del lado sucio frente la cara de Géminis y embarrándolo con ella.
-"Voy a lavarme."
Kanon se quedó solo, tratando de ignorar el nauseabundo olor de la grasa oxidada que quedó embarrada en sus mejillas.
-"Nah. Sí fue mi culpa."
Comentario de la Autora: Pero aún así te queremos, Kanoncito.
Sep, sep, sep. Probablemente algunos ya lo habían notado. Maias le echó el ojo a Hyoga. ¿Por qué? Porque así es él... un sucio ruin que hace que las chicas inocentes como Ale-chan caigan por él. Al menos hasta que las chicas inocentes como Ale-chan se dan cuenta de que es un llorón . ¿O a que no? Nuestro Hyoga es todo un galán. *escalofríos* Seh... en algún momento suspiré por él largos "es taaaaaaaaaaaaan lindo!"
Pero es de sabios cambiar de opinión. Jojo!
Y bien... un capie que creo que cerró algunos puntos. Irónicamente, la parte que más trabajo me ocasionó fue la segunda. Definitivamente me es más facil trabajar con las escenas de mucho diálogo.
Hmmm... creo que ya. Lamento mucho la demora pero para variar me dio gripe y ya no pude actualizar antes de Navidad. Aún así, un enorme abrazo a todos. ¡Que el próximo año esté lleno de alegría, felicidad y muchos pero muchos bishies!
¡Muchas gracias por un año mas de sus lecturas! ¡Se irán al cielo con todo y chanclas! ¡Respuestas a sus reviews en sus mails/mi profile!
