XXXIV
Se sentía agotado después de un largo día buscando de forma fallida un empleo temporal, a pesar de que en el bosque ambos habían dormido en el suelo; se sentía culpable de no poder ofrecerle algo mejor que un pequeño rincón cerca del muelle a su compañera.
Elsa tampoco parecía encontrarse mejor que él, simplemente se encontraba distante observando hacia el oscuro horizonte, quizá proponiéndose dejar que el sonido de las olas chocando contra las rocas la arrullasen.
— Lamento haber alterado tu plan. — Dijo Hans haciendo que ella riera un poco.
— Vamos, sabes que ni siquiera era un buen plan. — Le dijo ella. —, tenía muchas fallas que no consideré, solo, estaba desesperada.
— ¿Tanto odias a mi Reino natal?
— En definitiva no sería un lugar en el que querría quedarme el resto de mi vida. — Dijo ella. —, solo llegue allí esperando que Anna no me encontrara y ciertamente me quede sin dinero, alquilar una habitación ya me era imposible y buscar empleo no fue sencillo, dormir en la calle tampoco lo fue así que probablemente tú estés pasándola mal ahora...
— En realidad. — La interrumpió. —, es mejor que dormir en un lugar donde toda tu familia te odia, a penas y podía conseguir dormir, después de que mis planes en Arendelle fallaron mis hermanos me preferían muerto.
— Pudiste haber logrado quedarte con Arendelle, pero no consideraste algunas cosas muy importantes.
— ¿Tus poderes? Discúlpame si no lo ví venir.
— No. — Dijo ella. — El hecho de que soy lo suficientemente inteligente para notar que te traías algo entre manos.
— ¿Fui tan obvio?
— Llegaste por la mañana empapado. — Dijo Elsa. — Te vi entrar, después me enteré que fue porque tuviste un pequeño percance con Anna, lamento que tu traje azul se halla arruinado, pero, ¿Enserio creíste que no era algo demasiado obvio usar un traje que combinara con el vestido de mi hermana?, era obvio que tenías planeado proponerle matrimonio desde antes de su charla en el baile.
— ¿Enserio fue por el traje?
— Y bueno, dime Hans. ¿Alguna razón del porque habías elegido un traje azul en esa ocasión?, si me lo permites fue una enorme coincidencia que yo hubiese usado un vestido de ese color.
— Es obvio que ya sabes que iba detrás de ti en primer lugar. — Hizo una pausa. —, Tengo contactos y digamos que el sastre encargado de confeccionar el vestido de la futura Reina de Arendelle habla bastante sobre moda; realmente le apasiona lo que hace y si uno pretende estar interesado en telas se emocionará y bueno, pensé que sería lindo, a las chicas que conocí en el pasado les encantaba que sus parejas usaran ropas que combinaran con sus vestidos, creí que tu serías como cualquier otra chica.
— Creo que te gasto menos de un día darte cuenta de que no era así. — Dijo entre risas haciendo referencia al invierno eterno; hace años pensaba que jamás podría recordar aquel día sin ponerse triste o nerviosa.
Por un momento reino un silencio un poco incómodo que ambos deseaban romper, más no sabían como, era extraño estar juntos allí; a pesar de haber vivido juntos un tiempo, pero era difícil volver a comenzar cuando ambos se habían traicionado en el pasado.
— Pero habló enserio, Hans. — Dijo ella. —, no tienes que fingir conmigo ahora, así que si estás asustado o temeroso por pasar la noche aquí, está bien, no pienso burlarme.
— Eso es exactamente lo que alguien diría justo antes de burlarse.
— Quizá, pero pensé que ya habíamos acordado que yo no soy como las otras chicas. — Ella le sonrió. —, imagino que cuando eras Niño tu familia no fue precisamente buena contigo y probablemente se burlaron de ti, pero yo no soy ellos.
— Ni siquiera te agrado, Elsa.
— No me desagradas. — Dijo ella. —, se que discutimos demasiado, pero no te deseo el mal o algo por el estilo, ya no. — Se encogió de hombros. —, no te adoro con todo mi corazón, pero no te guardo rencor por lo de Arendelle; ni siquiera quiero o necesito que te disculpes, quizá no seamos amigos, pero creo que podrías llegar a agradarme.
— Y aún así me besaste.
— ¿Seguirás con eso? — Preguntó fingiendo frustración. — Ocurrió hace tanto y no era enserio, además, tú también me besaste.
— Vamos, te mueres por mi. — Bromeó Hans. —, Te fascinó besarme, dulzura.
— Ya quisieras. — Dijo rodando los ojos. —, ¿Sabes lo que yo quiero?, ¡Que dejarás de cambiar el tema!, no seas ridículo Hans y admite que no estás cómodo.
— Yo quisiera que a veces guardaras silencio. — Dijo acercándose peligrosamente a los labios de la muchacha.
— Bueno, besándome no lo lograrás. — Comentó ella reduciendo la distancia entre ambos. — No es tan sencillo.
— Vale la pena intentar ¿No? — Dijo el pelirrojo antes de acabar definitivamente con la distancia que existía entre ellos. Elsa correspondió aquel beso, fue lento y un poco torpe debido a que era la primera vez que se besaban simplemente por querer hacerlo, sin algún otro interés de por medio.
— ¿Qué haces? — Preguntó Elsa con algo de incomodidad al ver al pelirrojo dormido moviendo los labios de una manera bastante extraña.
Los ojos de Hans se abrieron de pronto, ya era de día y aparentemente todo había sido un sueño; o casi todo, puesto que se encontraban en el mismo rincón del muelle donde habían decidido pasar la noche.
— ¿Te sientes bien? — Le Cuestionó ella mientras lo observaba con recelo. — ¿No estarás enfermo, o si?
— Hay que continuar buscando trabajo, no podemos perder el tiempo en tonterías. — Dijo Hans de manera cortante antes de ponerse de pie bruscamente.
La rubia se sentía desconcertada, más aún así decidió restarle importancia; quizá había pasado una mala noche al tener que compartir un pequeño espacio con ella; eso último le sentó mal en el estómago.
— No es culpa mía que tengas un mal día. — Murmuró ella. Después de esa mañana Hans se comportó muy distante con ella, a penas y le dirigía la palabra.
Elsa estaba algo preocupada y no podía entender si acaso había hecho algo mal, es decir, la noche anterior habían discutido como siempre, sin embargo no había sido nada grave, en realidad parecían haber terminado riéndose de las tonterías que a veces podían llegar a decir, pero al despertar Hans la trataba como si a penas y se conocieran.
Hans había conseguido que a ambos los aceptaron como empleados temporales en una pequeña fonda* local; lavando la vajilla sucia. A ella no le molestaba hacerlo; no era como si nunca hubiese lavado un plato, pero de verdad que le incomodaba el hecho de que Hans actuará como si ella no existiera.
— ¡¿Cuál es tu problema?! — Exclamo ella dejando de lado su trabajo por un momento.
— Lo siento querida, ¿De que hablas? — Dijo el pelirrojo con neutralidad. — Vaya que a ti si que te gusta armar líos, ¿O no Els?
— ¡Escucha Westergard, no se que sucede contigo el día de hoy, pero sea lo que sea, no es culpa mía! — Dijo ella antes de dar media vuelta y proseguir con sus labores si es que deseaba obtener algo de comida y quizá un poco de dinero.
— Claro, porque tú eres perfecta. — Dijo en voz bajo el pelirrojo. — Ni siquiera dije algo malo y comenzaste a reclamarme si razón.
— ¡Solo actúas como si el simple hecho de estar cerca de mi fuese a matarte! — Comentó ella. —, desde que despertaste esta mañana me evitas y enserio si tuvieras la gentileza de al menos darme una razón del porque ahora pareces odiarme...
— Mi vida no gira en torno a ti, querida. — Dijo Hans con enojo. —, no hay jabón. — Comentó de pronto antes de ir al pequeño almacén, Elsa podía ver que aún había una cantidad considerable de jabón así que entendía que solo había sido una excusa para evitarla; de nuevo.
— Creo qué haces un buen trabajo. — La voz del dueño del establecimiento la sobresaltó un poco. — Enserio pareces esforzarte.
— Gracias. — Titubeó un poco. Dirigió su mirada hacia donde se había ido Hans buscando algún rastro del ex Príncipe.
— Tu amigo y tú parecían tan necesitados cuando me pidieron trabajo a cambio de comida o quizá un poco de dinero esta mañana. — Comentó. — y déjame decir que estoy bastante impresionado con tu dedicación.
Se acercó a ella haciéndola retroceder hasta que su espalda se estampó contra el fregadero. Con una mano a sus espaldas comenzó a buscar cualquier objeto con el cual podría defenderse sin revelar que ella era la "Temida Reina de las Nieves".
— Yo quiero ayudarlos, quizá podría darte una buena cantidad de dinero. — Nuevamente buscó a Hans con la mirada. — Claro, que quisiera algo a cambio.
Rápidamente la atrajo hacia él y en un impulso le encajó el tenedor que a último minuto había conseguido tomar.
— ¡Maldita arpía!
Simplemente lo empujó y salió corriendo, no estaba tan asustada, pero estaba molesta y harta de tener que enfrentar esa clase de situaciones, últimamente le parecían pasar muy seguido; dos hermanos de Hans, piratas en medio del oceano y ahora esto.
Corrió hasta estamparse con Hans.
— ¡Ahora si apareces, ¿Cierto?! — No se dio cuenta de cuando fue que las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. — ¡Eres un idiota!
Sabía que no era responsabilidad de Hans quedarse con ella, también que ella podía defenderse perfectamente sin ayuda del pelirrojo.
— ¿Qué pasó?
— ¡Regresa aquí!, ¡Desgraciada! — El pelirrojo se colocó frente a la rubia y enfrentó al hombre. — Esa maldita desagradecida me atacó.
El hombre se había retirado el tenedor sin embargo la sangre en su hombro era toda la evidencia que Hans necesitaba para comprender lo sucedido; o parte de ello.
— Seguramente usted le hizo algo.
— Yo ofrecí darle un aumento. —Dijo fingiendo completa inocencia. —, es claro que ella es algo "inestable"
Hans Se acercó al hombre y lo tomo fuertemente por los hombres haciendo,o chillar debido a la reciente herida. Probablemente él le había dicho cosas peores a Elsa, pero ¿Que derecho tenía ese tipo de referirse de esa manera a la rubia?
— ¡Escucha bien maldito pedazo de mierda!, ¡No le hables así! —Gritó con furia. — ¡Lo que harás será lo siguiente, cerrarás la boca, nos darás cada centavo que tengas y no intentarás nada o juro que soy capaz de hacerte algo peor que simplemente clavarte un tenedor! ¡Y créeme, considérate afortunado de que ella tuviese consideración de encajártelo en el hombro y no en el cuello!
El hombre puso resistencia, más las amenazas de Hans parecían surtir efecto, a Elsa le preocupaba que llamaran la atención de algún guardia o que en cuanto abandonasen el establecimiento el hombre diera aviso a las autoridades y terminasen en un calabozo y verse cara a cara con el Duque, eso significaría su inmediata ejecución.
El hombre abrió la pequeña caja fuerte mientras temblaba, se dio la vuelta con lentitud antes de darle un sorpresivo fuerte golpe a Hans para apartarlo de su camino y buscar ayuda, pero en su presuroso intento por detenerlo; Elsa creó una estaca de hielo que terminó clavándose en la espalda del hombre; quien soltó un alarido de dolor.
Elsa estaba en shock, pero Hans Se colocó frente al tipo y lo cogió fuertemente del rostro.
— Te dije que te considerarás un hombre con suerte cuando ella solo te clavó un tenedor. — Le dijo. — Eres una basura.
El pelirrojo empujó el cuerpo del hombre haciendo que la estaca se clavara aún más, mientras que con una mano le cubría la boca para evitar más problemas; ni tenía previsto asesinar al hombre, pero estaba claro que no estaba dispuesto a cooperar y ademas, había tenido el atrevimiento de intentar dañar a Elsa.
El hombre no tardó en dejar de moverse, se acercó a la rubia y la abrazó; seguramente lo necesitaba en ese momento. Elsa era fuerte y él no tenía duda alguna de ello, pero había sido un sinfín de emociones fuertes y la mirada de la joven revelaba que no se encontraba bien.
— Perdóname. — Le dijo. Después de todo él había sido el inmaduro que la había dejado sola, simplemente por un maldito sueño, creyendo que Elsa lo creía un estupido ridículo por "mover sus labios de forma extraña" mientras dormía, que le apenaba que ella supiera que él había soñado con besarla.
Ella correspondió el abrazo y le dio un beso en la mejilla.
— Perdóname tu a mi. —Dijo ella. —, se que puedo ser muy desesperante, es solo que, no se que me sucede.
Hans la abrazo con aún más fuerza tratando de reconfortarla.
— Salgamos de aquí, dulzura. — Le dijo. —, ¿Crees que puedas descongelar esa estaca? — Entre menos rastro dejarán; mucho mejor.
Ella asintió con la cabeza y aunque le costó un poco más que veces anteriores; logro hacer desaparecer todo el hielo y posteriormente volvió a refugiarse entre los brazos del pelirrojo.
— Vamos a Arendelle, Elsa.
*Establecimiento de hostelería de categoría inferior al hostal que ofrece alojamiento y servicios de aseo y comedor a cambio de dinero.
