SCC no me pertence es de clamp y la historia tampoco me pertenece es propiedad de Christinne Feehan, yo solo hago esto sin fines de lucro y espero que disfruten leyendo esto.

Letra cursiva: pensamientos, conversaciones telepaticas y/o recuerdos

Letra normal: resto de los dialogos


Shaoran se alzó dos días más tarde, con su cuerpo totalmente curado. Con el apropiado descanso rejuvenecedor, la sangre de un antiguo, y la rica tierra, su fuerza total estaba renovada.

Enseguida recabó noticias de su familia. Comprobó mentalmente a cada uno de ellos para asegurarse de que estaban bien y a salvo. Les aseguró, a cambio, que estaba completo y curado y pronto despertaría a Sakura.

Shaoran se levantó vorazmente hambriento, y supo que si todo había ido bien con Sakura, ella lo estaría también. Cazó, eligiendo presa cerca de la cueva, alimentándose vorazmente, tomando lo suficiente para ambos. Cuando regresó a la cueva, preparó su despertar, machacó hierbas para llenar el aire con un aroma consolador, esparciendo velas para que las pequeñas llamas danzaran sobre las paredes y titilaran invitadoramente. Formó una cama mullida con suaves sábanas para darle la bienvenida.

Shaoran descendió hasta ella y la acunó entre sus brazos, flotó fuera de la tierra y cerró el profundo agujero para que no quedara señal de lo que podía parecerle a ella una tumba. Sakura lucía hermosa incluso en su sueño. Incluso más hermosa de lo que recordaba. Su piel inmaculada, su pelo una masa de espesa seda rojo dorada volcándose alrededor de su cara. La llevó a la humeante charca mineral y la despertó mientras la introducía en el agua.

Inclinó la cabeza hacia su suave boca, capturando su primer aliento mientras ella introducía aire en sus pulmones y exhalaba. Sabía a luz y bondad. Sabía como el deseo y la llama. Sus largas pestañas revolotearon, después se elevaron, así que quedó mirando fijamente a sus vívidos ojos verdes. Una débil traza de humor crepitó en las profundidades esmeralda. Era asombroso lo que hacía a su corazón, lo derretía y simultáneamente lo apretaba con fuerza. Su pecho se sentía desproporcionadamente apretado, su corazón latía de miedo por las consecuencias de su valerosa elección.

- Así que, por suerte, la cosa del desquiciamiento no marcha aquí. No tengo el loco deseo de trastornarme y colgar de los pies como un murciélago, pero definitivamente tengo hambre.

La seductora caricia de su voz jugó sobre la piel de él como unos dedos. Su mente, cuando la tocó, era una mezcla de miedo y humor, como si pudiera decidirse por alguno de ellos.

- Es natural estar hambrienta, cielo. - La tranquilizó él, la palma de su mano apartó mechones sedosos de su pelo del cuello. El agua lamía su piel, estallaban burbujas sobre y alrededor de ellos, creando una sensación de intenso placer.

- Un poco repulsivo, creo. - Intentó ser analítica sobre ello.

- ¿Tú crees? - Inclinó la cabeza para encontrar el pulso que latía en su garganta, la lengua acarició una marca, sintiendo la súbita e impaciente excitación. - ¿Eso es lo que se siente cuando te beso así?

Le estaba robando el aliento, la cordura. Estaba volviendo su cuerpo a la vida de nuevo, provocándole una llama viva de deseo.

- Ya lo sabes. - Acusó ella.

Los dientes mordisquearon ligeramente hacia atrás y adelante sobre su cuerpo. Los músculos de su estómago se apretaron con anticipación. El calor se recogió inmediatamente en su interior, bajo y urgente.

- ¿Y qué hay de esto, Sakura? - Persistió él, el aliento era cálido sobre su piel.

Arqueó el cuello para darle un mejor acceso, su cuerpo entero ardía por el erótico éxtasis de su mordisco.

- Ya lo sabes, Shaoran.

La boca se movió para encontrar la de ella en un lento y lánguido beso que él necesitaba más que ninguna otra cosa en ese momento.

Ese beso le robó a ella la habilidad de pensar con cordura, de pensar en nada que no fuera él.

- Eso es lo que yo siento. - Dijo Shaoran. - Cuando tu boca se mueve sobre mi piel, cuando tus dientes me encuentran y mi sangre fluye en tu interior. Es hermoso y erótico, y mi cuerpo desea ardientemente compartir como hace el tuyo. Movió las manos sobre su piel, una lenta exploración de sus sombras y curvas, lavándole las restos de tierra. La sensación de las palmas de las manos deslizándose sobre la piel desnuda, acunando sus pechos posesivamente, bajando por su estómago hasta el triángulo de rizos, deslizándose entre las piernas buscando su cremoso calor que la quemaba. Provocando una hambrienta demanda que ella nunca había conocido. Lentamente introdujo un dedo en su interior. Un segundo. Empujó dentro de ella, explorando su aterciopelado interior, sabiendo que pulsaba de vida y deseo sólo por él. Ella empujó contra la mano, buscando alivio del fuego acumulado. Sakura podía sentir alejarse sus inhibiciones mientras su cuerpo iniciaba sus propias demandas.

Empezó a acariciar su piel, trazando los pesados músculos de su pecho, la definición de su abdomen, después se movieron más abajo para acunar su peso en la palma de la mano, donde los incitadores dedos recorrieron su dura longitud. Shaoran la levantó entre sus brazos, saliendo a zancadas de la charca para tenderla sobre la cama que había hecho para ella, su cuerpo cubrió el de ella. Sakura sonrió y le rodeó la cabeza con los brazos, sus manos acariciaron el pelo espeso.

- Al fin, una cama. ¿Crees que sabremos cómo hacerlo en ella?

- Oh, sí, pequeña. Creo que no tienes nada de qué preocuparte. Sé exactamente qué hacer. - Susurró contra su garganta. El cuerpo de ella se sentía como satén, el pelo como seda. ¿Cómo podía ser algo tan endemoniadamente suave? Saboreó su piel, su dulce miel, y permitió que su cuerpo se hundiera en una feroz oleada de deseo. La necesidad le inundó, fuerte e urgente, un hambre implacable que sólo el cuerpo de ella podía saciar.

Sakura fue alcanzada por la sensación de la dominación del cuero y agresivo cuerpo masculino, su fuerza bruta, la respuesta temblorosa que sus dedos podían inducir. Sonrió, su lengua le saboreó el cuello, deleitándose en la rica textura de la piel. Sus pechos estaban sensibles, hinchados de deseo, doloridos de placer, presionado contra el poderoso pecho de él. Y entonces fue consciente del latido de su corazón. El flujo y reflujo de su sangre, como las olas del mar avanzando y retrocediendo. La llamada, el hambre, el hambre que todo lo consumía. Instantáneamente se tensó, y luchó por liberarse del peso del cuerpo de él.

Shaoran capturó su esbelta cintura y le estiró los brazos sobre la cabeza dominándola fácilmente.

- Shh, mi amor, calma. Baja el volumen de tu cabeza. Sabes que puede hacerse. Ya estabas oyendo las cosas magnificados, y aprendiste a tratar con ello fácilmente.

Ella sacudía la cabeza de un lado a otro, intentando bloquear el sonido y el olor de la sangre, el hambre turgente y rabiosa que parecía asumir el control de todo su ser.

Shaoran la sostuvo firmemente, calmadamente.

- Mírame, Sakura. Abre los ojos, y mira los míos. Respira conmigo hasta que te calmes. Podemos hacer esto juntos. Podemos. Confía en mí para decidir qué es lo correcto. Mírame solo a mí.

Tragando con fuerza el nudo de miedo y repulsión, Sakura luchó por abrir los párpados e instantáneamente quedó capturada y sujeta por la hipnotizadora mirada negra. La calmó como nada más podía hacerlo. Confiaba en él, creía en él. Le amaba totalmente, sin reservas. Más que a su propia vida. El terrible palpitar de su corazón se apaciguó. Su mirada se aferró a él, su salvador en la locura en la que se había metido.

Shaoran le sonrió con completa confianza.

- Podemos hacer esto juntos, cielo. Tú y yo. Somos uno. Nuestros corazones, nuestras almas, nuestras mentes, y nuestros cuerpos.

La mano de él se deslizó entre sus muslos, los dedos comprobaron si estaba lista. Presionó su ardiente y palpitante punta de terciopelo en el interior de la abrasadora entrada para que ella pudiera sentir su rabiosa necesidad, lo grueso y duro que estaba. - Esto somos nosotros, Sakura, tú y yo. Nuestros cuerpos se desean ardientemente el uno al otro. ¿Me sientes exigiéndote, ardiendo de deseo por ti? - Se empujó más profundamente con exquisito cuidado, observando cómo los ojos de ella se abrían de par en par en respuesta, sintiendo su calor cerrarse a su alrededor, apretando y aferrando en reacción a su invasión. La dulce agonía hizo que aparecieran gotas de transpiración en su frente.

Sakura gimió suavemente, sus caderas se movieron por propia necesidad. Shaoran la mantuvo inmóvil, su cuerpo aún más hinchado, llenándola completamente, conducido por la estrechez de la ardiente vaina, las demandas de su propio cuerpo hacía en ella, en él.

- Funde tu mente con la mía. Nos quiere juntos como debería ser. - Su susurro fue pura seducción, pura magia. - Mi cuerpo está profundamente en el interior del tuyo. –Se retiró y empujó hacia adelante de nuevo, una poderosa estocada que le enterró incluso más profundamente. Los brazos de ella intentaron liberarse, pero él la mantuvo atrapada bajo él.

Shaoran inclinó la cabeza hacia de tentación de los pechos de ella, sonriendo cuando el cuerpo de ella se tensó a su alrededor. La lengua lamió amorosamente un pezón antes de tomar la satinada y suave carne en el calor de su boca. Ella gritó entonces, arqueándose más cerca de él, necesitando la sensación de su boca tirando de ella. Las caderas de él se movieron a un ritmo lento y perezoso diseñado para volverla loca. No podía moverse, atrapada como estaba, así que Shaoran pudo tomarse su tiempo, arrastrándola a un punto febril, explorando su cuerpo a conciencia.

Ella sintió el cálido aliento de él sobre su pecho, y algo salvaje en su interior pareció liberarse.

- Por favor, Shaoran. - Se oyó a sí misma gemir, y supo que deseaba. Estaba alzándose de la cama, ofreciendo su cuerpo a la acariciante boca. - Por favor, no me hagas esperar. - Susurró las palabras en medio de una agonía de anticipación, entonces sintió el cuerpo de él responder a la urgencia de su súplica, hinchándose, endureciéndose, moviéndose con largas y profundas estocadas en su interior. Sintió los dientes raspando gentilmente la piel, su lengua siguiendo la áspera caricia, y después gritó cuando un calor blanco la envolvió, la golpeó, mientras los dientes se introducían profundamente y la boca se movía eróticamente contra el pechos, alimentándose de ella. Sintió el calor abrasándola. Rodeándola del todo. Deseaba que continuara para siempre. Que no se detuviera nunca. Deseaba sujetar su cabeza contra ella y obligarle a tomarla de este modo una y otra vez, para siempre.

El calor. El fuego. El éxtasis. Cerró los ojos y se abandonó a ello. Oleadas de placer golpeaban su cuerpo, consumiéndola, consumiéndole a él. Entonces su mente empujó para entrar en la de ella con las mismas demandas que su cuerpo imponía al cuerpo de ella. Así es como lo siento yo. Necesito que tú hagas lo mismo por mí. Su voz rozó la mente de ella como dedos entre las piernas, crudo, necesitado y creando oleadas de fuego.

Su lengua acarició el pecho.

- Hazlo por mí, mi amor. Dame lo que yo te he dado. – Fue pura y flagrante seducción, la tentación del mismo diablo.

Empujó las caderas todavía más profundamente, volviéndola a derretir. Su pecho estaba sobre la cabeza de ella, presionando contra la boca inquieta. La lengua de ella encontró su piel. Sintió el empuje justo a través de su mente. Sintió su cuerpo latiendo dentro del de ella. Los dientes de ella moviéndose atrás y adelante sobre su corazón latente. El hambre la consumía. La necesidad de darle cualquier cosa que deseara. Una mano enorme capturó su trasero, levantándole las caderas para poder enterrarse a sí mismo una y otra vez en ella; la otra siguió hasta la nuca, sujetándola firmemente contra su pecho.

- Dios, pequeña, me estás matando. Haz esto por mí. Lo necesito como nunca he necesitado algo en mi vida. Por favor, pequeña. - Las palabras salieron con cruda necesidad, entre los dientes apretados, su cuerpo se esforzaba por convencerla. Entonces su grito ronco llenó la cueva, su cabeza se echó hacia atrás en medio de un puro éxtasis mientras los dientes de ella perforaban la carne.