Capitulo 36
La Piedra Filosofal
El Encuentro Final
Primera Parte
Con su permiso me retiro tengo cosas que hacer urgentes, los demás tutores decidieron dar un voto de confianza a Harry y le indicaron que el lazo mental mas fuerte era con su madre, pero debería tratar de aumentar el miso con la profesora ya que esta casi nuca se ausentaba del castillo y ella podría rápidamente contactar a todos mas los de la gente de Albus.
Decidieron retirarse a sus obligaciones pidiéndole a Harry que mantuviese el contacto, por lo que todos partieron Asia sus ocupaciones.
Pero las sorpresas de aquella noche no habían terminado. Cuando Harry abrió la cama encontró su capa invisible, cuidadosamente doblada. Tenía sujeta una nota: Por las dudas. A través de la trampilla.
En años venideros, Harry nunca pudo recordar cómo se las había arreglado para hacer sus exámenes, cuando una parte de él esperaba que Voldemort entrara por la puerta en cualquier momento. Sin embargo, los días pasaban y no había dudas de que Fluffy seguía bien y con vida, detrás de la puerta cerrada. Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito. Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento anti trampa. También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio; a Harry le pidió que el hiciese un hechizo que el considerara digno de sus conocimientos, Harry pensó un momento y efectuó un hechizo que considero que su profesor jamás había visto ya que de acuerdo a sus ancestros ellos lo hacían para diversión y no la trasmitieron a los de mas por lo que cuando estuvieron con los Dumbledore ya no la hacían, y esta consisto en emitir un rayo de luz solido con el que podía hacer figuras tales como leones, conejos, caimanes y estos cambiaban de tono cada minuto, con lo que el maestro quedo maravillado.
La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé. Ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes. La caja de hechizos de Granger resulto ser una réplica de la hecha por la profesora por lo que le valió la mejor nota, la misma McGonagall había dejado a Harry al final por lo que una vez concluidos todos los examinados les pidió que salieran excepción si alguno no había sido examinado, fueron saliendo y solo Neville y Harry se quedaron en sus lugares, Harry le susurro que se tuviese confianza que él lo podía hacer que se acordara de sus padres y lo orgullosos que se pondrían si podían verlo. Cuando la profesora lo llamo y le dio un ratón y le pidió que lo trasformara en una caja Neville cerró los ojos e hizo el hechizo convirtiéndolo en una cajita de palo de Rosa con la iniciales de sus padres, por lo que la profesora lo felicito y le dio un supera las expectativas y le pidió que se retirara, Inmediatamente le pregunto Harry tu lo hiciste a lo que este le respondió no profesora yo solo le dije que pensara en sus padres y se tuviese confianza, ok toma este ratón y sorpréndeme Harry se puso de pie y con un movimiento de sus manos solamente desarrollo una réplica exacta de la caja de rape de Enrique VIII rey de Inglaterra con joyas y de oro macizo, ante esto la profesora le pidió a Harry que se la tenía que mostrar al director y posteriormente le pedirían que la desbaratara para evitar problemas en el Ministerio de magia y que le daría una E de calificación que si estaba de acuerdo, este asintió y salió contento al encuentro de sus amigos.
Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de recordar cómo hacer una poción para olvidar. A Harry lo hizo retirarse del salón argumentando que el ya había sido examinado el sábado anterior, Harry se sorprendió y se quedo intrigado ya que él y sus amigos habían estado todo el sábado juntos pero no tuvo más remedio que retirarse y cuando salía Snape le pidió que lo quería ver después de la comida. Un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque. Neville pensaba que Harry era un caso grave de nerviosismo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pesadilla, que se había vuelto peor, porque la figura encapuchada aparecía chorreando sangre. Tal vez porque ellos no habían visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no tenían cicatrices ardientes en la frente
En cuanto término de comer bajo al salón de pociones donde ya lo esperaba Snape, en cuanto entro le pidió que cerrase y pusiese un Mufiato para poder hablar:
1º Le dijo crees que tendría que examinarte después de que tú me enseñaste a ser la cura de los hombres lobo, Harry sonrió y le dijo no recordaba eso gracias.
2º Noto que te arde tu cicatriz creemos que es porque el Sr. Tenebroso anda cerca, quieres alguna poción, no profesor solo deme lago para dormir sin soñar y pídale a los Aurores que estén cerca de mi cama en estos días.
3º En tus dos exámenes anteriores has sorprendió a tus maestros espero ver más y mejores cosas de ti, las verá profesor se lo aseguro.
Bueno Harry toma esta poción y tanto Alastor, como Nipandora y tus Maestros te estaremos vigilando que descanses y gracias.
Ron y Hermione no parecían tan preocupados por la Piedra como Harry. La idea de Voldemort los atemorizaba, desde luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquietarse por lo que algún otro estuviera tramando. El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, Harry no pudo dejar de alegrarse con el resto. —Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfico el Vehemente.
Había sido dos semanas extenuantes pero gracias a la poción que le dio Snape había dormido y se sentía bien aunque tenso por lo de la piedra filosofal.
A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que se fueron hacia el lago y se dejaron caer bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla. — Basta de repasos — suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Puedes alegrarte un poco, Harry, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora. Harry se frotaba la frente. — ¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfadado—. Mi cicatriz sigue ardiéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora. — Ve a ver a la señora Pomfrey — sugirió Hermione. — No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un aviso... significa que se acerca el peligro... Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor. —Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Quirrell encontrara la forma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez a Snape, no va a intentarlo él. Y Neville jugará al quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dumbledore. Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo: — Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen. Pero Harry estaba seguro de que aquella sensación inquietante nada tenía que ver con los exámenes.
Vio una lechuza que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas. Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore. Hagrid nunca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy... nunca... Pero... Harry, súbitamente, se puso de pie de un salto. — ¿Adónde vas? —preguntó Ron con aire soñoliento. —Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora. — ¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose. —¿No os parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes? — ¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Harry echó a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle. Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente. —Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exámenes? ¿Tenéis tiempo para beber algo? —Sí, por favor —dijo Ron, pero Harry lo interrumpió. —No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas? —No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa. Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas. —No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.
Harry se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes. — ¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts? —Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil. — ¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Harry, tratando de conservar la calma. —Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida... De pronto Hagrid pareció horrorizado.
¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde vais? Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque. —Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Harry—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore? Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara. Nunca les habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo. —Tendremos que... —empezó a decir Harry pero súbitamente una voz cruzó el vestíbulo. —¿Qué estáis haciendo los tres aquí dentro? Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros. —Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermione con valentía, según les pareció a Ron y Harry. — ¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué? Harry tragó: « ¿Y ahora qué? ».— Es algo secreto que usted conoce — dijo, pero de inmediato deseó no haberlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó. —El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con preocupación—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato. — ¿Se fue? — Preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora? —El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tiene muchos compromisos... —Pero esto es importante. — ¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter? —Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal... Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos. — ¿Cómo es que se ahora...? —farfulló. —Profesora, creo... sé... que Qui... que alguien va a tratar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dumbledore. La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz. —El profesor Dumbledore le avisare de inmediato —dijo finalmente—. No sé cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede robarla, está demasiado bien protegida. —Pero profesora... —Harry sé de lo que estoy hablando y tu sabes lo que debes hacer —dijo en tono cortante. Se inclinó y recogió sus libros y fijándose que no la vieran los otros le guiño un ojo a Harry —. Os sugiero que salgáis y disfrutéis del sol. Pero no lo hicieron. —Será esta noche —dijo Harry una vez que se aseguraron de que la profesora McGonagall no podía oírlos—. Quirrel pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en medio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore. —Pero ¿qué podemos...? Hermione tosió. Harry y Ron se volvieron.
Snape estaba allí. —Buenas tardes —dijo amablemente. Lo miraron sin decir nada. —No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida. —Nosotros... —comenzó Harry, sin idea de lo que diría. —Debéis ser más cuidadosos —dijo Snape—. Si os ven andando por aquí, pueden pensar qué vais a hacer alguna cosa mala. Y Fenix no puede perder más puntos, ¿no es cierto? Harry se ruborizó. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó. —Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos, yo personalmente y quien tú conoces estaremos al pendiente y me encargaré de que se entere el Director. Que pases un buen día. Se alejó en dirección a la sala de profesores.
Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harry se volvió hacia sus amigos. —Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Quirrell, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú. — ¿Por qué yo? —Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...». —Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Quirrell. —Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Harry a Ron—. Vamos. Pero aquella parte del plan no funcionó. Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a Fluffy del resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había hecho lo acordado. —Supongo que creeréis que tanto yo como Snape no hemos escuchado tus advertencias Harry deben tener cuidado de no dudar de nosotros —dijo con rabia—.Justo cuando Harry acababa de decir: «Al menos Hermione está detrás de Quirrell», el retrato de la del Fenix se abrió y apareció la muchacha. — ¡Lo siento, Harry! —se quejó—. Snape apareció y me preguntó qué estaba haciendo, así que le dije que esperaba al profesor Flitwick. Snape fue a buscarlo, yo tuve que irme y no sé adónde habrá ido Snape. —Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad? Los otros dos lo miraron asombrados. Estaba pálido y los ojos le brillaban. —Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra. — ¡Estás loco! —dijo Ron. — ¡No puedes! — Dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Crees que Dumbledore no llegara a tiempo! — ¿Y qué? —Gritó Harry—. ¿No comprendéis? ¡Si Quirrel consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscuras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Fenix gana la copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con mis ancestros y esperar a que Voldemort me encuentre allí lo que sería imposible. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tenebroso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recordáis? Los miró con furia. —Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz. —Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado. —Pero ¿nos cubrirá a los tres? —preguntó Ron. — ¿A... nosotros tres? —Oh, vamos, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo? —Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva... —Pero si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros. —No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso. Tras la cena, los tres se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Fenix hablaba con Harry, pero ésa fue la primera noche que no le importó. Hermione revisaba sus apuntes, Harry y Jóvenes oyeron la voz que les decía ahijado debes confiar sin tus amigos no lo podrás hacer recuerda desde el pasado te lo hemos dicho solo con ellos, Hermione y Ron se quedaron callados y viendo a Harry, este les explico es el padrino de mi familia y ahora es el mío por ser el último de los Potter confiemos en El. Hermione confiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían. Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar. —Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose. Harry corrió por las escaleras hasta su dormitorio oscuro.
