Para escribir mis historias me basé en los personajes creados por Naoko Kateuchi en 1992, con objetivos de entretenimiento y no de comercialización.

Solo me limito a realizar una adaptación de la historia original, llamada "Sailor Moon".


"Sangre que es mía en tus pupilas arde"

Por Moonandearthlove

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(Capítulo Editado/2014)

EPÍLOGO

APARTADO II: "Consagración"

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Tokyo de Cristal se originó no mucho tiempo antes del nacimiento de Rinnie.

Serena y Darien consideraron que su momento había llegado, y a partir de entonces, ya nada volvería a ser como antes. Su misión los llamaba y sus corazones pujaban por darle concreción.

Convocaron a sus guardianes: las ocho Sailor Scouts y los cuatro jóvenes guerreros para que los acompañaran en su quehacer… Se ubicaron en un lugar estratégico, en aquél parquizado que Darien vió en sus pesadillas y tomados de las manos, frente a frente, los príncipes presentaron su Cristal ante el corazón del otro, sin siquiera tocarlos. Las dos piedras poderosas brillaron con intensidad, el oro y la plata se fundieron en una sola, escupiendo una gran masa de poder, y mientras una gran luz cubría como un manto la faz de la tierra, una cantidad infinita de destellos plateados y cristalinos comenzaron a apilarse sobre toda la materia existente en el planeta. Miles y miles de pequeños cristales penetraron cuerpos de animales, personas, rocas y paisajes visibles de todo el planeta azul, regalándoles la longetividad y así… todo se llenó de gloria y fulgor.

En el mismo lugar dónde posaban los pies los Reyes, algo en el suelo tembló, elevándose con gran rapidez, dando origen a la magnificente torre de cristal. Serena se llenó de luz blanca y como si sus ropajes se quemaran, un pálido vestido le cubrió el cuerpo fecundado ya hacía nueve meses, aros dorados le decoraron el escote, y una corona de oro, con incrustación de piedras preciosas se depositó en su blondo cabello que brillaba cegador ante la luz. Darien se vistió con su majestuosa y sobria armadura blanca y su capa pálida flameó con fuerzas acariciando la espada que se ubicaba al costado de su cuerpo. Tomó con firmeza su bastón que brillaba con el destello del Cristal Dorado… adoptando una gallarda y generosa presencia. Los ojos del Rey Endymion ahora no solo reflejaban benevolencia y sabiduría, sino grandeza, altruismo y esplendor...

La estructura imponente se dibujó magnánima ante las miradas regocijantes de los 12 guardianes, que a partir de ese momento se encomendaban a sí mismos la misión de proteger el Imperio con honor y fidelidad…

… Tokyo de Cristal… por fin había nacido.

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Próximo:

Capítulo XXXIII: Epílogo APARTADO III: "Tributo a un cuento de hadas"

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