Como siempre, nada de esto, salvo los personajes que no reconozcáis de la saga, es mío. Como no quiero fastidiar nada, todos los comentarios que haga sobre este capi los haré al final del mismo.

Espero que lo disfrutéis ;)

" No...esto no es real...
es una visión o tan solo un sueño.
Esta calma no es tranquilidad,
sólo hedor a muerte. "
-Lo último. WarCry

32. The End. Parte II

-Hija mía.
-¿Papá?

Abrió los ojos para comprobar que la figura de su padre flotaba ante ella de forma tan real que incluso parecía corpórea. Su padre esbozó una sonrisa en su atractivo rostro.

-Jamás podría estar decepcionado. Eres la mejor hija que cualquier padre podría pedir.

-Papá…-sollozó.

-Shhh…No llores, cielo.- la figura de su padre tendió la mano hacia ella y le acarició el rostro para consolarla. No debes llorar nunca. Sólo te quitará fuerzas para seguir adelante.

-No puedo más.
-¡Claro que puedes! Tú eres mejor que esto. Tienes que seguir adelante, tienes toda una vida por vivir, la vida que tu madre y yo te dimos. No hagas que nuestras muertes hayan sido en vano. Vas a convertirte en una mujer asombrosa, llena de habilidades y con un futuro más que prometedor.

-Huyendo por traición.
-Mírame a los ojos, Kara.- con su mano etérea le alzó el rostro para mirarle directamente a los ojos, ahora grises y que empezaban a velarse. No eres una traidora ¿me oyes? Eres fiel a ti misma y has hecho lo necesario para sobrevivir. Nadie puede culparte por ello.

-Yo me culpo por ello. He traicionado a mis amigos, que confiaron en mi Y también a los mortífagos, que me han ayudado y me han protegido. He fallado a todo aquel que me ha ayudado. ¿Qué me queda?

Langdon la miró como sólo un padre puede mirar a su hija: sin ningún rastro de reproche o decepción. Sus ojos verdes brillaron con sabiduría, como si supiera algo que ella desconocía. Acarició de nuevo su rostro, enviándole un escalofrío a través de su columna vertebral.

-Es hora de irte.

-¿Qué?
-Tienes que marcharte, y yo no puedo seguir aquí.

-No, papá, no me dejes.- se agarró a las mangas de su túnica en un intento de retenerlo junto a ella.- Quédate conmigo, te necesito.

-No. Hace tiempo que ya no me necesitas. Eres capaz de cuidarte tú solita y lo has demostrado bastante bien- Ahora, tienes que despertarte.

-No.-forcejeó.

-Despiértate

Se removió y trato de mantenerse junto a su padre al notar que una fuerza ajena tiraba de ella y trataba de arrancarla de los brazos de su progenitor. Cerró los ojos y se mordió el labio tratando de no volver a gritar.

-Kara, despierta. ¡Despierta!

Las manos de su padre, de pronto, le hacían daño en el rostro. Su piel parecía quemar al entrar en contacto con la suya propia y quiso gritarle para que apartara las manos, no obstante, la voz se le quedó atascada en la garganta y solamente logró articular un gemido lastimero. Poco a poco la figura de Robert fue difuminándose en el aire, aunque eso no le borró la sonrisa. De nuevo, las lágrimas de dolor y las de pena se mezclaron en sus ojos. Al mismo tiempo que su padre iba desapareciéndole ardor en sus mejillas iba en aumento.

-Kara, por favor.

Volvió a abrir los ojos durante unas décimas de segundo; lo suficiente como para atisbar una mirada azul cristalina que la miraba desde arriba. Frunció el ceño y gruñó algo que ni siquiera ella misma entendió. Sentía todos los huesos de su cuerpo como i los hubieran roto en mil pedazos y luego los hubieran vuelto a pegar de manera equivocada. La cabeza le daba vueltas y unas horribles nauseas acudieron a ella para terminar de montar la fiesta- Levantó un brazo y fue como si miles de cuchillas se le clavaran lentamente. Quería apartar esa quemazón e sus mejillas, quería gritar, quería correr, pero su cuerpo no obedecía ninguna de las órdenes que su cerebro le enviaba. Su cuerpo se elevó, provocándole una sensación de ingravidez que le causó todavía más náuseas. Segundos después dicha sensación desapareció para volver a dejar paso a la conocida gravedad. La quemazón regresó a sus mejillas y esta vez el brazo si que le respondió lo suficiente como para poder elevarlo.

-Vamos, Kara, despierta. No puedes reinarte ahora.

Su mano fue a parar encima de otra, más cálida y grande que la suya. Creía poder reconocer el tacto áspero de aquella piel. Le resultaba extrañamente familiar. Volvieron a golpearle las mejillas.

-P…¿Paul?
-Bienvenida al reino de los vivos. Creía que ya te habías perdido para siempre.

Su cálida sonrisa le dio la bienvenida al tiempo que la depositaba en una de las mesas del comedor que se había convertido temporalmente en la enfermería. Allí se amontonaban los heridos, algunos leves, otros realmente graves. Y el grueso de la batalla todavía no había llegado hasta allí.

-¿Qué haces aquí?

-Montáis la fiesta y no me invitáis. ¿Tú qué crees? Te estoy salvando la vida.

-Suéltame, estoy bien.

-Has perdido mucha sangre, no estás bien.

-¿Qué es lo que ha ocurrido?

-Ese mortífago se pasó con el cruciatus más de la cuenta: empezaste a sangrar por los oídos u por la nariz y luego comenzaste a convulsionarte- No era una imagen muy bonita de ver. Los críos a loa que estabas protegiendo se llevaron un buen susto. Sus gritos me alertaron de que algo ocurrí y cual fue mi sorpresa al verte allí. No esperaba volverte a ver de esta manera.

-Parece que no has dejado de ser mi caballero de la brillante armadura.

-Por supuesto que no. Te dije que siempre cuidaría de ti y pienso mantener mi promesa.

Kara sonrió ante al alarde de gallardía de Paul. No sabía si lo había dicho en serio o en broma, pero había conseguido arrancarle una sonrisa y en aquel momento era lo único que le importaba. Sus brillantes ojos azules la miraron con cariño al tiempo que le acariciaba suavemente una mejilla magullada. Ella colocó su mano encima de la de él.

Dios, cómo lo había echado de menos. Su presencia era tan reconfortante…

-Debo seguir ayudando a la gente. Pero prométeme que no te vas a mover de aquí. Sé buena chica.

Ella asintió con la cabeza, pero encunado Paul apartó la mirada, convocó un hechizo desilusionador y se escabulló entre los heridos hacia la puerta. Reconoció a compañeros y amigos, y el corazón se le encogió en le pecho el ver el destrozo que los mortífagos estaban causando. Ella pondría haberles detenido, podría haber ordenado la retirada cuando Tom murió y nada de aquello habría ocurrido; pero ahora los mortífagos no la obedecerían, había perdido el control del ejército y sólo le quedaba combatir como una mas.

Al salir del Gran Comedor oyó gritos que provenían de los pisos superiores. Subió las escaleras de dos en dos todavía con la cabeza embotada. Le dolían todas las articulaciones, pero no había tiempo para quejarse. Había gente que estaba peor que ella o que estaba en peligro. Sólo en el primer piso se encontró con varios grupos de alumnos haciendo barricadas junto a las puertas para impedir el paso de los magos oscuros. Únicamente al llegar al tercer piso, donde no había casi nadie, se atrevió a anular su hechizo.

Al asomarse a una de las ventanas contempló la batalla campal que se desarrollaba a las puertas del castillo: los miembros de la Orden trataban de retener al grueso del ejército que acababa de llegar a las puertas. Las bestias que habían traído los mortífagos rugían y se removían intentando aplastar a todo mago que se atreviera a acercarse lo suficiente a ellas.

-¡Vamos! Hay que darse prisa. Algunos mortífagos han conseguido entrar, pero todavía podemos impedir que lo haga el resto.

Kara se escondió detrás de una armadura al tiempo que Harry aparecía por un pasadizo junto con Hermione y ron. Este último iba cubierto de sangre que manaba de una fea herida en el nacimiento del cabello.

-Neville se ha encargado de colocar alumnos en las torres y en las ventanas de los pisos de arriba. Están listos para arrojar cualquier cosa contra los mortífagos.- dijo Hermione.

-Bien, tenemos que hacer todo lo posible para evitar que tomen el castillo.

En ese momento, Ron se apoyó en la pared, pálido como la cera. La herida de la cabeza continuaba sangrando y él se encontraba cada vez más débil.

-¿Ron?- oyó decir a Hermione.- estás fatal, deberías quedarte aquí. Así no puedes continuar.

-Estoy bien, no me pasa nada.

-Quédate aquí hasta qe encontremos a alguien para mandarte ayuda. No podemos arriesgarnos a que te pase algo. Pero…

-No hay discusión.

Entre los dos lo ayudaron a encontrar un sitio conde sentarse mientras elos buscaban ayuda. Lo dejaron en un hueco entre dos armaduras cerca de donde ella estaba escondida y después corrieron en busca de ayuda. Ron gimió de cansancio y se tocó la herida con dos dedos que quedaron empapados en sangre. Maldijo en voz baja y cerró los ojos dispuesto a dejarse llevar por el sueño.

Kara se acercó en silencio y se agachó a su lado.

- Que estoy bien, joder, que no me estoy muriendo…- el pelirrojo abrió los ojos- ¿Qué haces aquí?- casi gritó.

-¡ Shh! No alces la voz. Vengo a ayudar.

-¿A ayudar? – una carcajada amarga resonó. - ¿Ayudar a quien? Ah, sí. A los mortífagos, es verdad, casi me olvido. Dime, Kara ¿cómo es ser una traidora?

Aquello fue un golpe bajo que realmente dolió. Ron la miraba encendido. En sus ojos había una mezcla de dolor, repugnancia odio que se le clavó en el corazón.

-No soy ninguna traidora- trató de defenderse.- No es lo que parece, puedo explicarlo.

-¿Si? ¿realmente puedes explicar por qué mi mejor amiga ha aparecido entre las filas de los mortífagos llorando porque Voldemort había muerto? Porque yo no puedo. Y no veo ningún motivo razonable para que eso suceda. Dime, ¿has venido a rematarme? ¿quieres acabar con el trabajo que tus amigos no han podido hacer?

Kara parpadeó para retener las lágrimas que amenazaban con salir. Sacó la varita y con ella apuntó a la cabeza del pelirrojo; entre las lágrimas le pareció ver que él abría los ojos con sorpresa. Murmuró unas palabras y de la varita salió un fino hilo dorado se entretejió con el cabello de ron. Casi al momento, dejó de sangrar y la sangre seca desapareció de su frente. Después, volvió a guardarse la varita-

-Puedes seguir pensando que soy una traidora, pero no voy a matarte. Ahora creo que deberías marcharte. Harry y Hermione van a necesitar ayuda.

Ron se puso en pie y sacó su varita. Por un momento, ella pensó que la maldeciría, pero luego se apuntó a sí mismo y conjuró un hechizo para limpiar la sangre que había quedado en su cara y en su cuello. Luego la miró de arriba abajo con ojos evaluadores, como si de esa manera pudiera tasar su valía como persona. No sabía a qué conclusión había llegado, pero el pelirrojo se dio la vuelta y se marchó sin mediar palabra.

-De nada, ¿eh?- pero fue como hablarle a la pared.

Kara se encontró sola en aquel pasillo vació sin saber muy bien cómo actuar. Todavía le dolían todos y cada uno de los pequeños pedazos de su cuerpo a causa de las maldiciones del mortífago pero estaba bastante segura de que dolía todavía más la reacción del que en otro tiempo había sido su mejor amigo. No había soñado con un recibimiento con los brazos abiertos o una fiesta en su honor, pero había esperado la oportunidad de explicarse de una vez por todas.

Con Voldemort muerto, poco quedaba por hacer salvo defender el castillo. Conocía a los mortífagos y sabía que sin un líder tarde o temprano terminarían separándose y dispersándose. Sólo era cuestión de tiempo.

-Todo es cuestión de tiempo.

Se volvió asustada al oír cómo le hablaban a su espalda. Dumbledore la miraba a través de sus gafas de media luna con aquellos ojos que parecían saberlo todo. Salvo por un par de manchas de polvo en su túnica, parecía estar perfectamente, lo cual era una buena señal después de todo.

-Tiempo al tiempo y todo volverá a su lugar.

-¿Perdón, señor?

-Si has venido hoy aquí en busca de redención, no la vas a encontrar. Lo que has hecho es algo muy grave. Pensé que después de la tragedia de Matthías recapacitarías, pero yo estaba todavía más equivocado que tú- Tendría que haber supuesto que escapar de la influencia de Voldemort no era tan fácil.

-¿Lo sabía? ¿Desde el principio?

Él sonrió abiertamente.

-Voldemort no es el único con espías en las líneas enemigas.

-¿Y por qué no me detuvo?

-Kara, si hay algo que he aprendido a lo largo de mi vida es que ninguna persona tiene derecho a decirte qué debes hacer o cómo debes comportarte. De los errores se aprende y si tienes que errar una y mil veces, que así sea. Eres libre de elegir tu camino y lo hiciste. ¿Quién era yo para impedírtelo?

-Me habría ahorrado mucho sufrimiento.

-El sufrimiento forma parte de la vida; nos hace fuertes.

¿Pero era realmente necesario cuando implicaba ver morir a las personas que más querías? Sí, el sufrimiento te hace fuerte, pero ¿cómo ibas a ser fuerte cuándo te quedabas sin nadie a tu alrededor para poyarte?

La vida era injusta, eso ya lo sabía. Pero en ocasiones, era realmente injusta.

-Ya bueno, pues preferiría encontrar una forma de ser fuerte sin sufrir. Dicen que hacer ejercicio va bastante bien.

Dumbledore encogió los hombros en un gesto casi cómico para luego girarse hacia la ventana y mirar a través de ella el caos que todavía se estaba desarrollando en los terrenos de la escuela. Ella se quedó detrás sin saber muy bien cómo comportarse. ¿Debía huir ahora que tenía la oportunidad?

-No voy a entregarte al ministerio, si es lo que estás pensando. Queda en tus manos decidir qué hacer.

Lo que debía hacer era subir, ayudar en la defensa del castillo y cuando todo hubiera acabado huir a algún lugar donde no pudieran encontrarla. Un país muy lejano, probablemente. Estaba más que acostumbrada a huir, era su especialidad.

Lo siento.- susurró antes de salir corriendo.

Pero corriendo, ¿a dónde? No tenía otro lugar al que ir. Aquel se había convertido en su hogar y ahora se veía forzada a abandonarlo. A perder todo cuanto tenía: sus amigos, su casa. ¿Cuántas veces había deseado poder comentar de nuevo? Pero ¿cuántas veces habría cometido los mismos errores?

Durante las horas que siguieron se movió como un zombie por los pasillos que tan bien conocía. Ayudó en las barricadas y guió a estudiantes perdidos, procurando siempre esconderse de sus más allegados. Hacía tiempo que su cerebro había abandonado el cuerpo que se movía como un autómata casi sin reaccionar a los gritos y al dolor ajeno. Los hechizos seguían bombardeando la fachada y el interior del castillo; los cimientos se sacudían ante el envite de las bestias. Todo era caos.

Sólo creyó despertar cuando se oyeron gritos de fuera avisando que los mortífagos se batían en retirada, que estaban ganando los terrenos por fin.

Los magos salieron a los terrenos en tropel entre gritos de guerra y alegría, pero el panorama que se vislumbraba desde la torre de Astronomía era de todo menos alentador. Los heridos y los muertos se contaban por decenas y se amontonaban a lo largo de todos los terrenos. Los charcos de sangre relucían en la hierba como si fueran sangre de unicornio, y los gritos de los heridos eran desgarradores.

Aquello era la guerra.

Y ella quizás podría haberlo evitado.

Sabía que no tenía por qué echarse la culpa. La decisión no había sido suya, pero el maldito "¿y si…?" no dejaba de acudir a su cerebro de manera intermitente. ¿Y si le hubiera insistido un poco más a Tom? ¿Y si hubiera ordenado la retirada directamente cuando recibió el mando? ¿Y si…?

Gimió de frustración y se llevo las manos al rostro en un intento de ahogar los sollozos. ¿Qué podía llevar a un hombre a ser capaz de tal atrocidad? ¿Cómo podía ella amar a un hombre así? Un hombre que ahora yacía muerto, convertido en polvo, mezclándose con la densa atmósfera con sabor a muerte.

-Creía que por una vez me harías caso.

Escondida en un recoveco de la fachada del castillo, apretó los puños cuando escuchó la voz de Paul a su lado.

-Creía que tú me conocías mejor. Nunca he sido una buena chica.

-Eso depende del punto de vista.

Paul dio un par de pasos hasta que pudo colocarle una mano en el hombro, en un gesto que pretendía ser reconfortante. No sirvió de nada. En cuanto sus dedos le rozaron el hombro, Kara se derrumbó y se puso a llorar como una niña. Él la acogió entre sus brazos y le sujetó la cabeza contra sus pecho al tiempo que su camisa se humedecía con las lágrimas de ella. lAs manos de Kara se aferraron a él y hundió su rostro intentando ahogar los sollozos.

-Tranquila. Todo está bien.
-¿Cómo puedes decir que todo está bien? ¡Nada está bien! Mira a tu alrededor. Es todo un caos. Es todo muerte, destrucción y maldad.

Se apartó de él con un empujón y sus ojos-ahora grises- brillaron en la oscuridad.

-Kara, sé que estás afectada, pero debes mantener la calma.

-He sido una ingenua, Paul. ¿No lo entiendes? Durante todo este tiempo he pensado, me he aferrado a la idea de que todo iba a salir bien. Que al final, todos tendríamos nuestro final feliz. Pero aquí no hay final feliz para nadie. A parte de una traidora, soy tremendamente estúpida y eso es algo que puede que el resto pueda perdonarme, pero no yo. Tengo 16 años y mírame. ¿Qué ves?

-Veo una niña que está asustada por todo lo que ha vivido, por todo por lo que está pasando esta noche…

-Exacto.- le cortó.- ¡Una niña, Paul! ¡Una niña! No soy más que una simple mocosa que no sabía dónde se metía cuando decidió unirse a Voldemort. Y, ¿a dónde me ha llevado eso? Mi mejor amigo me ha repudiado, mi primer novio murió a manos del hombre que quería y que por cierto…ah sí ¡es un genocida! Por dios…¡te acostaste conmigo siendo tu alumna! ¿No ves que hay algo que no está bien conmigo?

Paul la miró durante unos segundos en silencio. Sus ojos azules se clavaron en los de ella como si la estuviera escrutando, y si no fuera porque hacía tiempo que había desarrollado la habilidad de la Oclumancia, habría jurado que estaba leyéndole la mente.

-No veo nada malo en ti. Sí, me acosté contigo. Y si acaso piensas que fue un error, nunca fue por tu culpa. Pero no veo nada malo en ti. Has tenido mala suerte, y nadie que te guiara por el duro camino que es la vida. Has hecho lo que has podido, y has cometido errores. Todos cometemos errores. Y aunque te parezca que no, eres como el resto de humanos. No eres perfecta.

-¡Pero mis errores han costado la vida de personas!

-¡Ya basta, joder!.- levantó un puño y a punto estuvo de estamparlo contra la pared. Kara se encogió asustada y sorprendida.- ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué todo ha sido culpa tuya? ¿Qué no vales nada? ¿Qué eres una asesina? Si es lo que esperas que te diga para que tú puedas seguir ahogándote en tu autocompasión, no voy a hacerlo. Nunca he sido ese tipo de hombre, y tú nunca has sido ese tipo de mujer. ¡Deja de regodearte en tu propio dolor, coño! ¿Qué consigues así! ¡NADA! Salvo hacerme hablar mal, cosa que no hago normalmente. ¿Estás contenta ahora?

-Yo no…No intento que te compadezcas de mi, no intento…

-Cállate ya. Así solo consigues que me cabree más contigo. Y no quiero hacerlo. Venía a apoyarte, a decirte que si necesitabas un lugar al que huir, podías contar conmigo. Pero no me lo estás poniendo fácil.

- Bueno, esa es una parte de mi que siempre te ha atraído ¿no?- esbozó una pequeña sonrisa burlona, provocándolo.

-Anda, ven aquí.-bufó y la abrazó de nuevo.- Me preocupo por ti, en serio.

-Lo sé. Y te lo agradezco.

-Hm. Creo que tienes visita.- le susurró al oído.

Kara giró un poco la cabeza sin separarse de él para ver a qué se refería. A unos pocos pasos de ellos, Harry los observaba con la gravedad de un cadáver. Sus ojos verdes, fijos en ellos, centelleaban como si tratara de escanearlos y catalogarlos en un intento de averiguar si suponían un peligro o eran

inofensivos. Ella se estremeció ante la intensa y escrutadora mirada del niño-que-vivió y se removió inquieta en los brazos de Paul.

-Profesor Becker.- saludó con una suave inclinación de cabeza.- ¡le importaría dejarnos a solas un momento?

No, Paul. Por Merlín y su santa barba, no me dejes sola con él.

La mirada de cordero degollado debería haber bastado para hacerle entender a Paul lo que estaba pensando, pero o bien él era demasiado espeso o simplemente había optado por hacer caso omiso a sus deseos. Los miró a los dos de manera alternativa, como sopesando los riesgos de dejarlos a solas. Pero por lo visto resolvió que ninguno suponía un peligro especial para el otro.

-De acuerdo, estaré con los heridos.- y se marchó no sin antes lanzarle una mirada de advertencia que parecía querer decirle noseasdemasiadoduroconél.

¿Que no fuera demasiado duro con él? No era ella precisamente la que más en peligro estaba de los dos. Harry se había acercado todavía más y, apoyándose en el muro del castillo, observaba con aire deliberadamente distraído el cielo. En busca de una estrella. Un ovni.

-Es una noche bastante despejada, ¿no crees?

-Por favor, acabemos cuanto antes con esto. Dime lo que me tengas que decir, pero no juegues conmigo.

Harry apartó la vista durante unos instantes del cielo para volver a clavarla en ella, que se vio abrumada por el verde de esos ojos que siempre había considerado especialmente hermosos.

-Jugar. Contigo. ¿Como tú has estado haciendo con nosotros, conmigo? He hablado con Ron.

-Entonces, espero que te haya dicho que no me dejó explicarme, cegado en su asco hacia mi. De todas formas ¿para qué explicarme? Para vosotros ahora ya no soy más que un desagradable desecho de la sociedad.

-Podríamos haberte ayudado, Kara. Éramos amigos. Tú me importabas. ¿Recuerdas? Quedamos en ser amigos. Creía que esa promesa era mutua. –su voz suave, casi en un susurro, la asustó más que mil gritos.

- ¡Y lo era! Prometí ser tu amiga aún a sabiendas de lo que me arriesgaba. Ni se te ocurra reprochármelo, porque no eras tú quien debía estar todo el día en guardia con el temor de que Voldemort descubriera donde residía realmente mi lealtad. Con el miedo de que me utilizara para llegar hasta ti. Amaba al hombre, Harry, y odiaba al mago. No muchos sabrían apreciar la diferencia. Yo lo hacía. Puede que ese haya sido mi error. Pero ya no puedo volver hacia atrás. Sólo puedo decir que hice cuanto pude para protegerte desde mi posición. Puede que no fuera mucho, pero jamás te atrevas a decirme que te traicioné. Sólo me traicioné a mi misma.

-Si tan solo nos lo hubieras dicho. Dumbledore…

-Dumbledore lo sabía todo desde el principio.

-No es cierto.- la cara de Harry se desencajó en una mueca de sorpresa mal disimulada. Quería creer- como ella misma- que el anciano director hubiera hecho lo posible para sacar a una de sus alumnas de tal situación. Pero ambos sabían que al viejo le encantaba jugar a ser maestro de marionetas. Y una vez más había demostrado serlo.

-Sabes perfectamente que lo es.

El silencio los invadió a ambos y al espacio que los rodeaba.

-No quería que todo esto acabara así, Harry. En serio.

-Lo sé. Te creo.

-Creo…que debería irme. Antes de que la gente del ministerio se ponga a hacer preguntas.

-Yo también lo creo. ¿Volveremos a vernos?

-Con un poco de suerte para ti, no.-Kara sonrió con pena, sintiendo como se le rompía el corazón por dentro.- Despídeme del resto. Aunque no creo que les importe demasiado a estas alturas.

-Te escribiré.

No era una pregunta. Era una afirmación. Parecía importarle poco que se la hubiera visto al lado de su enemigo, él estaba empecinado en mantener el contacto con ella. De alguna manera, en no dejarla escapar. En ocasiones, había llegado a pensar que el chico era un poco corto de entendederas, duro de mollera. Demasiado inocente quizás. Pero, ¿quién era ella para juzgar a nadie? Simplemente se encogió de hombros aceptando la idea.

-Entonces esperaré tus cartas. Ha sido un placer y un honor conocerte, Harry Potter.

Él asintió e hizo amago de darle un abrazo, pero pareció arrepentirse en el último momento. Dejó caer las manos a ambos lados de su cuerpo, frotándolas en el pantalón de forma nerviosa. Ella miró hacia otro lado.

-Adiós.

Y con aquella última palabra, tomó su forma lobuna y echó a correr dejando atrás a estudiantes, profesores, magos y mortífagos que se apartaban al ver la loba abalanzarse hacia donde ellos estaban.

No solo estaba dejando atrás el castillo, estaba dejando atrás su vida, su identidad, todo lo que había sido durante 16 años. A partir de entonces debía dejar de ser Kara "la aprendiz de Voldemort" para ser ella misma. Fuera quien fuere.

Desde la colina en la que se detuvo podía ver el castillo, las llamas que lo consumían en algunos lugares, lo magos yendo de un lado a otro. Una lágrima se deslizó desde sus ojos hasta su hocico. Probablemente nadie la entendiera nunca. La culpa, el arrepentimiento. El dolor. En aquellos momentos no quedaba nada de la Kara que un día había habitado aquel castillo. Solo un reflejo de lo que había sido, ahora consumido por la oscuridad, esperando para regenerarse.

Pero para ello necesitaba tiempo. ¿Lo tendría, acaso? ¿Le darían tiempo? ¿O le darían caza como a un animal? Confiaba en Harry, en Paul; en su buen juicio. Pero no confiaba en sí misma. En poder mantenerse al margen.

De nuevo en su forma humana, se llevó la mano al pecho y rozó con lo dedos el colgante con forma de serpiente que una vez le regalara Tom. La plata brilló al contacto, como si todavía reconociera parte de él en ella.

Que no lo olvidara. Esas habían sido sus últimas palabras. No, ella no iba a olvidarlo; pero con la mirada fija lo que una vez había sido su hogar se prometió que tampoco ellos lo olvidarían.

Ni a ella tampoco.


Bueno. Esto es. Técnicamente esto es el final de una historia que me ha llevado años y años acabar a causa de mi inconstancia. Sinceramente, no me gusta. No estoy conforme con el trabajo realizado. No era así como esperaba que terminara todo. Tenía muy claro cual iba a ser el final y creedme que no tiene nada que ver con lo que habéis podido leer. Así que las críticas serán bien recibidas y en su mayor parte más que compartidas.

De todas formas, os contaré un secretillo ahora que técnicamente habéis terminado de leerlo: Kara, en la versión original (si es que existe eso) "traicionaba" a Voldie, lo entregaba a Dumbledore y finalmente Voldy, al morir (sí, moría de todas formas) la perdonaba. Con esto teníamos la posibilidad de que Kara pudiera integrarse de nuevo en Hogwarts. Como podeís observar, me he cargado esa posibilidad. Kara huye de todo y de todos. No tiene a donde ir, porque allí donde vaya van a estar esperándola. Querría haber plasmado la desesperación, el sentimiento de desasosiego y desorientación que podría sentir, pero creo que no he sido capaz. Bueno ¡a la próxima!

Para aquellos que era muy de ships, diré que había una escena eliminada en la que Kara terminaba con Ron. Pero como ya se me había vuelto la niña bastante mary sue, no iba a darle más leña al fuego. :P

Por lo demás, sólo me queda decir que en cuanto pueda publicaré un pequeño epílogo. Este fic iba a ser de dos partes, por lo que el epílogo servía como puerta a la segunda. De todas formas, no tengo ni tiempo ni fuerzas de ponerme a escribir una segunda parte ahora mismo :S Si hago algo me gusta hacerlo bien, y ahora mismo no creo que me saliera muy bien. Quizás algún día reescriba este fic y me decida por la segunda parte. Quizás.

Mientras, estaré encantada de leer vuestros reviews y de contestar todas las preguntas, críticas o cosas que queráis decirme :)

Kisses!