Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.

Nota de autor: Capitulillo del Miércoles, por si no os pasais por mi pagina de facebook, os cuento que he decidido juntar algunos capitulos para que el fic sea más corto en numero de capítulos (el contenido seguirá igual), si no el fic se eternizaría demasiado.

Como siempre. Rebeca, encanto gracias por la ayuda que me prestas. "insertar corazoncito". Aquellos interesados en las buenas historias, pasad por su perfil u/3953563/Sadder-than-Silence ;)


...

Bajamos a uno de los restaurantes del hotel y cuando nos sentamos como siempre me entra la indecisión de qué tomar. A parte de que tengo un nudo en el estomago, por tener frente a mí a Gale, haciéndole carantoñas a Madge, o Madge a él, no me queda muy claro, porque sus manos no dejan de estar entrelazadas y no dejan de sonreír y decirse cositas al oído.

— Chicos, dejad un poquito para la habitación…— Incluso a Peeta la situación le incomoda, por lo que no es algo que me esté imaginando, están demasiado empalagosos. Madge parece loca con Gale. Y Gale o es muy buen actor o no le importa tocarla y besarla.

— Lo siento…—Madge se sonroja, e incluso así es preciosa.

— No, si a mí no me molesta pero hay mucha gente observándoos—Madge se pone aún mas colorada y mira al resto de comensales que apartan sus miradas de ellos. Así que la rubia se centra en su carta.

Mientras que nuestros objetivos están inmersos en la carta del restaurante levanto la vista hacia Gale y nuestros ojos conectan de forma natural. Intento sonreírle un poco para que vea que todo está bien pero creo que solo me sale una mueca estúpida, pero al menos el sonríe un poco. Pero deja de sonreír cuando Peeta se acerca a mí y mira lo que se supone que estoy mirando en la carta.

— Yo de esta página elegiría esto…— Señala un plato de bistec con especias y miel.

— Creo que lo pediré.— sonrío.— aunque me conformaría con unas patatas fritas.— él ríe flojito y me besa en los labios.

—te gustará más el bistec, ya lo veras…

Cuando vienen a cogernos nota la camarera es especialmente amable con Peeta y con Gale, como si la rubia y yo no existiéramos. Cuando la camarera se marcha Madge se ríe flojito.

— No sé qué tenéis, chicos, pero sois un maldito imán…— Gale sonríe y la besa.

— Somos irresistibles…—Murmura mi amigo.

— Sí, tu lo eres…—le besa dulcemente. Tengo que apartar la mirada porque no me gusta nada como se tratan.

— Tú también eres irresistible…— le susurro al oído a Peeta y le beso en la mejilla y luego en los labios cuando se gira hacia mí un poco ruborizado.

La comida llega al poco y la elección es un acierto, está riquísimo. Corto un trocito y se lo acerco a Peeta a la boca para que lo pruebe. Lo acepta sonriendo. Y luego el me ofrece algo de su plato que también lo tomo con una sonrisa. Seguimos comiendo entre tonteos y risitas, aunque no somos los únicos, porque la otra pareja no se queda atrás. Tanto que empiezo a exagerar mis actos y mi tono de voz sube un poco aunque sigue siendo dulce con Peeta. Aunque de reojo veo como Gale me mira y frunce el ceño, eso me gusta, creo que verme con Peeta le hace tanta gracia como a mí verle con Madge.

Antes de que lleguen los postres que hemos pedido, Gale se levanta y con la excusa de que va al baño desaparece de la mesa. Cuento unos segundos y miro a Peeta.

— Voy a aprovechar que George se ha levantado y también voy a ir al baño, ¿vale?

Le doy un suave beso en los labios. Sonrío a Madge y me voy al baño. Pero no entro en el baño de chicas, entro directamente al de hombres, por suerte Gale está solo, lavándose las manos. Me mira a través del reflejo del espejo.

—¿Qué haces aquí, Katniss?— se gira y todo lo que pensaba decirle se va a un rincón olvidado de mi cerebro y me abalanzo sobre él, tengo que ponerme de puntillas y tirar de su camisa hacia abajo para poder llegar a sus labios. Me cuesta separarlos con la lengua pero cuando lo consigo Gale me besa con la misma intensidad que estoy usando yo, posando sus manos en mi cara y acariciando mis mejillas con los pulgares. Cuando nos separamos, y solo lo hacemos porque nos hace falta respirar, sonrío un poco.

— Eso…solo…necesitaba eso…—Murmuro con la respiración levemente acelerada.

—Estás loca…podrían pillarnos…— frunce el ceño y yo le coloco los dedos en el entrecejo para que lo relaje.

—Tranquilízate…— le doy un beso rápido en los labios.

—Estoy muy tranquilo, pero que estés aquí es peligroso para el trabajo…

—Creo que podría besarte delante de Madge y no lo tomaría como que te gusto—Murmuro— la tienes completamente loca, ¿te has fijado como te mira?

—Igual que Peeta a ti, comiéndote con los ojos, aunque como siga así acabará por comerte de verdad— Mira mi nueva marca y yo suspiro tapándola con mi mano.— No sé por qué te la tapas. Te la he visto durante toda la noche.

—¿Me lo estas reprochando?

— No es un reproche, encanto, solo que no tienes que taparla ya, porque ya la he visto.

—Lo sé…—Me paso la lengua por los labios y decido hacer la pregunta.— ¿Nos, oísteis…?

—Sí, no mucho, pero sé los sonidos que emites cuando te corres, y está claro que lo que oí era un orgasmo tuyo.— creo que con esa frase me ruborizo fuertemente, el coge mi barbilla y hace que le miré.

— ¿Por qué te ruborizas?— me encojo de hombros.

—Sueles hacer que me ruborice muy a menudo— Le recuerdo.— creo que nunca dejarás de tener esa capacidad— El sonríe socarronamente.

— No te rías…— suspiro— esto es un poco incomodo…no me gusta tenerte tan cerca y no poder tocarte con normalidad.— Murmuro antes de darme cuenta de lo que estoy diciendo.

— A mí también me está costando no tocarte…— acaricia suavemente mi cara y yo sonrío un poco.

—¿Madge es muy ruidosa haciéndolo?— De nuevo la pregunta sale de mi boca antes de que mi cerebro pueda procesarlo

— A veces…— Suspiro.— ¿Por qué Katniss?

— Por nada, vuelve a la mesa…

— Dímelo…— me pone su cara más suplicante, completamente fingida— por favor…

— Porque no quiero escucharla…— Le empujo hacia la puerta y le obligo a salir del baño sin que me diga nada más, luego espero unos minutos más arreglándome el maquillaje, y salgo del baño. Con mi mejor sonrisa, aunque de nuevo me cuesta mirar a Gale por lo que acabo de decirle.

El postre está delicioso, aunque a mí me cuesta tragarlo, aun así consigo hacerlo disimulando como me siento por dentro. Y tampoco sé que es lo que siento exactamente. Creo que es algo parecido a celos, pero, ¿Celos de qué? No puedo sentir celos por ese brazo que rodea a Madge por la cintura o los besos rápidos que le da en los labios. Porque estamos trabajando, y porque Gale es solo mi amigo, mi mejor amigo, y aunque el "angelito" le guste seguirá siendo mi mejor amigo.

Cuando acabamos, Madge propone que vayamos al pub que el propio hotel tiene, (el hotel tiene de todo, desde un casino a un spa) y aunque a mí no me apetece escuchar música ensordecedora, no me opongo porque al resto le parece una buena idea.

Cuando llegamos a la sala la música lo inunda todo y creo que llamarlo pub se queda corto, es prácticamente una discoteca, donde la gente baila, bebe y se divierte. Nunca me han gustado estos sitios, aunque los he tenido que frecuentar con más de un objetivo y he tenido que aprender a bailar de forma seductora. Al menos este sitio tiene una zona a la que se accede por unas escaleras donde hay unas mesas y sillas. Madge les propone a los chicos que vayan a la barra a pedir (yo creo que más bien les obliga) y me coge de la mano para tirar de mí y subir las escaleras. Al menos aquí arriba la música no es tan ensordecedora, aunque no me apetece nada estar a solas con el "angelito".

Nos sentamos en una de las mesas desde la que se puede ver la barra donde sirven las bebidas y sigo con la mirada a Peeta y Gale, me pone nerviosa saber que están hablando.

—¿Puedo preguntarte algo, Katherine?— Madge me habla por encima de la música. Mierda.

— Lo que quieras…— sonrío falsamente, la chica es amable y dulce, pero no me gusta estar a solas con ella, solo porque sé que esta noche será ella la que duerma junto a Gale y no yo.

—¿Qué le has hecho a Peeta para que esté así contigo?— dice sonriendo de manera pícara.

— Yo no he hecho nada…

— Algo harás, porque le tienes loco— Se acerca a mí como si estuviéramos compartiendo un secreto, y yo no sé qué decirle.— Nunca le había visto así con una mujer, nunca, y le conozco desde que íbamos a la guardería. Está fascinado contigo, no deja de hablar de ti…— esas confesiones hacen que me muerda el interior de la mejilla. Maldita sea, eso debería suponer un adelanto para mi trabajo, enamorarle debería ser algo bueno, y sin embargo me siento vacía por dentro. Me siento mal. Porque en este poco tiempo que le conozco me ha demostrado que es un hombre bueno, atento. No merece el final que le espera. No quiero que le pase nada.

—Pues no le he hecho nada, juro que no le he hipnotizado.— ella ríe suavemente de forma ¿adorable? y yo sonrío, pensando en que tiene de cierto lo que me está contando.

— Me alegro de que te haya encontrado. Peeta necesitaba a alguien como tú a su lado…— me muerdo el labio y suspiro sin que se note demasiado.

— Y yo me alegro de haberle encontrado a él.— vuelvo a mirar a los chicos que están en la barra apoyados esperando a que les atiendan, hablando entre ellos cosa que deduzco por el movimiento de sus labios. En ese momento Gale levanta la vista y me mira, me paso la lengua por los labios y él me guiña un ojo.— A George y a ti también se os ve muy bien, hacéis buena pareja…— Miro a Madge de nuevo.

— Él es muy bueno, y muy atento…— Empieza a ruborizarse, puedo notarlo incluso con la tenue luz que hay aquí.—…y…— sé lo que quiere decirme.

— Y bueno en la cama…—finjo una sonrisa, sé lo bueno que puede llegar a ser Gale entre las sábanas— Puedes decírmelo, no voy a escandalizarme…— No me escandalizo pero se me forma un nudo en el estomago.

— Me has dicho que Peeta y tú os conocéis desde pequeños, ¿nunca habéis tenido nada? Tenéis una gran amistad, y ambos sois atractivos…— Madge se ruboriza aún más ante mi pregunta, y eso confirma que sí que ha habido algo, aunque ya lo sabía porque Gale me lo contó hace unos días.—tu cara lo dice todo— Le digo amablemente sonriendo.

— Fue hace tiempo…Katherine, no creas que tengo especial interés en Peeta, ni él en mí, está loco por ti.

— No tienes que explicarme nada…Se que sois amigos y nada más— Eso me alegra, más de lo que debería alegrarme. Me alegra saber que Peeta ahora solo está conmigo. Que no tiene juegos secretos con su amiga como los tenemos Gale y yo. Y eso me hace pensar. Recuerdo todo lo que hemos vivido juntos. Desde aquella noche en el antro donde trabajaba yo, con sus besos con sabor a tequila, hasta el último beso que le he dado en este mismo hotel. La palabra amigos se queda corta para la relación que tenemos Gale y yo.

Una copa delante de mis ojos me saca de mis ensoñaciones. Miro hacia arriba y Peeta está justo a mi lado. Le sonrío antes de que él me bese en los labios.

— Es un Margarita— me dice mirando la copa que tengo enfrente, Madge tiene otra copa igual que la mía enfrente— George insistió en que os gustaría, aunque lleva tequila, a lo mejor es demasiado fuerte para ti…

— me encanta el tequila…ha sido todo un acierto George— cojo la copa y la levanto, los tres brindan con sus copas, los chicos creo que beben Martini seco.

— Por nosotros…— Murmura Gale y brindamos, luego bebemos los cuatro. Yo me bebo media coca casi de un trago.

— Tenía sed— le digo a Peeta por su mirada y le beso dulcemente en los labios. Me paso la lengua por los labios y sonrío— Tú estás mas bueno que el Margarita…— sonrío angelicalmente y le vuelve a darme un rápido beso.

La conversación entre los cuatro es prácticamente insulsa, ya que a Madge le parecen más divertidos los labios de Gale, y se pasa casi todo el rato besándole o bebiendo de su copa. Cuando una chica ligera de ropa y con una bandeja en la mano pasa por nuestro lado le pide que nos traiga lo mismo que estamos tomando ahora. Cuando la chica vuelve con nuestras bebidas, apuro mi copa para que pueda llevársela. Madge le paga con un billete de cien dólares, diciéndole que se quede con el cambio. Parece que a la rubia se le sube pronto el alcohol a la cabeza ya que entre besos a Gale se acaba su copa y pide otra ronda, entregando otro billete de igual valor.

Se bebe la mitad de la tercera copa y da un gritito cuando se empieza a escuchar una nueva canción.

— ¡Me encanta esta canción!— se levanta prácticamente de un salto.— ¡Vamos a bailar!— Le pide a Gale que abre los ojos desmesuradamente por la sorpresa, reconozco que ver su cara es todo un poema y ni Peeta ni yo podemos reprimir una risita mal disimulada.

Gale me mira un microsegundo y luego se levanta para bailar con Madge. Bajan rápidamente las escaleras y se colocan en la pista de baile y allí Madge y Gale empiezan a bailar. Al principio Gale no está muy suelto, pero a medida que van pasando los segundos y Madge se pega más a su cuerpo él se anima a moverse agarrando de las caderas a Madge. Y esa escena vuelve a resultarme repulsiva. Pero se me ocurre algo absurdo, no me gusta bailar, pero es mejor que mirar como Gale y Madge se pegan el uno al otro y se besan.

— Vamos a bailar— Le digo a Peeta levantándome, él me mira con la misma cara de susto que Gale puso hace unos segundos.

— No sé bailar Katherine, soy muy patoso, estaría todo el rato pisándote.

— Eso no importa, vamos a pasar un rato divertido.— le pongo mi mejor cara de suplica pero él niega con la cabeza.

—De verdad, Katherine…soy como un pato mareado…—Cuando bajo la vista veo como Madge me está indicando con la mano que baje, señalando a Peeta y negando le indico él no quiere bailar, pero ella con mímica y vocalizando me dice que baje yo sola. Miro a Peeta.— baja con ellos, diviértete un poco.

— Pero tú…

— Estaré bien…— Tira de mí para que me agache y me besa suavemente los labios.

—Vale…— le beso de nuevo y bajo a la pista.

Mientras que bajo las escaleras me pregunto qué coño estoy haciendo, bailar con Gale y su objetivo, si me lo dicen hace un par de meses me habría reído de quien fuera a la cara. No me cuesta encontrarles, y en cuanto me acerco Madge me agarra de la mano y empieza a bailar conmigo ante la atenta mirada de Gale. Comprendo que está un poco borracha y eso me hace mucha gracia, qué poco aguante tiene el "angelito". Madge se pega a mi cuerpo cogiendo mis caderas y me obliga a seguirle el ritmo. Pronto lo capto y bailamos las dos demasiado pegadas, cuando veo a Gale acercarse a Magde y pegarse a su cuerpo desde atrás, siento un nudo en la garganta, pero cuando sus pupilas se clavan en las mías el nudo desaparece. Noto una de sus manos en mi cintura, y la electricidad que me envuelve hace que me olvide de todo, solo noto su mano, a la rubia contra mi cuerpo y los ojos de Gale clavados en mí. Odio notar como la situación me excita. Al poco Gale y yo nos separamos de Madge y siguiendo el ritmo somos nosotras las que nos pegamos a mi amigo. Noto su respiración contra mi cuello y aunque sé que no puede deseo que me bese en ese punto que tanto me gusta. Deja sus manos en mi cintura y al estar tan pegado a mi noto como las manos de Madge acarician su torso. Me muerdo el labio mirando a la rubia me sonríe como siempre, angelicalmente aunque tiene una pequeña chispa de picardía en la mirada. La mirada verde de la rubia, el cuerpo de Gale, sus manos en mi cintura, su respiración. Definitivamente noto como mi entrepierna empieza a palpitar absurdamente.

— Estas excitada, ¿eh, Catnip?— Su aliento contra mi oído hace que me estremezca.

— ¿Como los sabes?—Susurro intentando no mirarle, él me gira y pega su cuerpo al mío desde atrás, noto que el también empieza a excitarse con el jueguito.

— Siempre sé cuando estas excitada…tus pupilas, tus labios…—Acaricia mi cintura con una mano mientras que con la otra obliga a Madge a ponerse frente a mí. Cuando la rubia sonríe mirándome a los ojos tengo que reprimir las ganas de atacar su boca mientras que le pido a Gale que recorra mi cuello con sus dientes.— Y ahora mismo sé que estas deseando devorar la boquita de piñón de la rubia, mientras que yo juego con tu cuello—Maldito engreído, ¿tan bien me conoce?

— Cállate… — le susurro, espetándolo.

— Acerté…

Se ríe y continua bailando pegado a mí, luego de nuevo nos separamos y bailamos un poco separados, de nuevo Madge se pega a él, luego a mí, y así pasamos casi cuarenta minutos, hasta que el cansancio puede con las energías de Madge y dice que quiere regresar a la mesa.

Pero cuando estamos subiendo nos encontramos a Peeta bajando. Le miro extrañada. Pero como siempre el me sonríe cálidamente.

— ¿Ocurre algo?— grito por encima de la música.

— No, solo que es tarde, mañana tenemos que ir a ver las obras del colegio temprano—Mira a Madge que está apoyada en Gale, mordisqueando su cuello— Y es mejor que ella se vaya a su habitación.— Miro a Gale y en mi garganta vuelve a aparecer ese nudo. Hago algo tonto y le beso a Peeta lamiendo sus labios, casi como una venganza para Gale.

— Tienes razón, vamos a la habitación.— Sonrío y le cojo de la mano.

Caminamos los cuatro hacia la salida del pub/discoteca y luego hacia el ascensor en silencio. Peeta y yo de la mano y Gale agarrando de la cintura a Madge. Mi excitación de hace unos minutos se ha ido al garete, y cuando entramos en el ascensor procuro no mirar a ningún espejo para no verles, aunque es complicado cuando tres de las paredes son espejos.

Llegamos a nuestro piso en silencio y solo nos dirigimos a la otra parejita para despedirnos hasta las 8 del día siguiente.

Cuando entramos en la habitación Peeta me besa dulcemente. Sobran las palabras, se lo que quiere y sé lo que necesito. Entre besos llegamos a la cama y la ropa vuela de nuestros cuerpos. En unos minutos Peeta tiene puesto un preservativo y está dentro de mí. Nos movemos, gemimos, y casi gritamos cuando el orgasmo nos alcanza primero a mí y luego a él.

Cuando estamos calmados. Peeta me abraza y al otro lado de la pared puedo oír unos pequeños grititos, sin duda de Madge. Y eso hace que ese nudo me ahogue prácticamente. Así que cuando estoy segura de que Peeta está dormido me levanto y me encierro en el baño, abro el grifo de la ducha y me meto bajo el agua helada, intentando calmarme, intentando no pensar en nadie más que en mí. Unos minutos después vuelvo a la cama e intento dormir, tardo mucho en hacerlo, y no lo consigo hasta que Peeta, dormido me abraza.

Me despiertan unas suaves caricias en el vientre mientras que noto que besan mis labios. Sonrío enredando mis brazos alrededor del cuello de quien me besa y estoy a punto de pronunciar el nombre de mi amigo cuando me doy cuenta de que estos labios son diferentes, son otros que también me gusta besar. Le beso y abro los ojos perdiéndome en los suyos tan azules como el mar.

— Buenos días…— me susurra.

— Buenos días, Peeta…— susurro, no sé qué hora será pero siento como si solo hubiera dormido 5 minutos, después de mi ducha helada de anoche.

— Espero que tengas hambre…

— ¿Qué?— se aparta de mí y me enseña una bandeja con dos tazas de café, huevos revueltos bacon y tostadas. Todo un gran desayuno.— ¿Me traes el desayuno a la cama?

—Por supuesto...

—¿Y a qué se debo tantos cuidados…?— me mira intensamente a los ojos durante al menos tres segundos.

—Pues se debe a que…bueno, hace poco que nos conocemos, lo sé, pero…se debe a que te quiero Katherine…— Creo que me quedo tan en shock que no sé qué decirle. Peeta, el dulce Peeta acaba de decirme "te quiero". Peeta me quiere y yo tengo que matarle.—No tienes que decir nada Katherine, sé que es muy pronto…pero…no aguantaba más…— No sé por qué lo hago pero le abrazo con fuerza y rompo a llorar sin importarme el hecho de que derramo el café sobre las sabanas de la cama.

—Peeta…

—No llores…No es un drama…— sus palabras solo hacen que llore más fuerte, como voy a acabar con él si es tan bueno, y todos esos niños…

— Solo es que me he emocionado…— me separo y me ayuda a secarme las lágrimas— Gracias…—Susurro— aunque he estropeado el desayuno…

—No te preocupes por eso, princesa. Podemos desayunar en el restaurante…— me besa dulcemente.—¿te encuentras bien?

—Perfectamente— Asiento también para apoyar mi afirmación. Le miro durante unos segundos y al final decido mentirle— Yo también te quiero…—Le beso dulcemente, y decírselo no me ha costado tanto como creía, es un sentimiento que no me permito, pero por Peeta siento algo, siento una especie de hormigueo cada vez que me toca, algo muy extraño que solo he sentido con una persona más. Ver la sonrisa de Peeta me hace sentirme mejor, aunque no mucho mejor, porque le estoy mintiendo, y no se merece que le mienta.

— Vístete, desayunaremos en el restaurante.— me besa de nuevo y yo profundizo en el beso obligándole a que se tumbe encima de mí. Yo estoy desnuda aunque él ya está completamente vestido, al menos hoy no lleva corbata.

—¿Por qué no te desvistes tu…?— El ríe suavemente.

— Porque son las 7 y media y hemos quedado con George y Madge a las ocho.

—Tenemos veinte minutos para nosotros y diez para vestirnos y desayunar…— le beso intentando que se relaje. Pero cuando se aparta con suavidad sé que puedo hacer lo que quiera que Peeta no cesara en su empeño en que me vista para ir a desayunar.

—Katherine…

— Vale…tranquilo, ya me visto— Le doy un rápido beso y me voy hacia el armario completamente desnuda y contorneándome un poco. Me visto rápidamente con un vestido formal, aunque no demasiado, no tanto como cuando voy a la oficina y cuando me arreglo el pelo en un moño le miro—Cuando quieras…

Bajamos al restaurante, que para desayunar tiene un bufet libre para que cada persona se sirva lo que le apetezca. Peeta se sirve un café y coge unas tortitas solamente, pero yo estoy muerta de hambre, así que cojo casi de todo, café, cereales, tortitas, huevos, bacon, zumo recién exprimido. Nos sentamos juntos y cuando no llevamos ni dos minutos comiendo Gale y Madge aparecen en la sala, cogidos de la mano y con sus sonrisas radiantes.

Se acercan a nosotros después de coger su comida del bufet y se sientan en la misma mesa. Madge está tan radiante que solo le falta resplandecer, y Gale está guapísimo como siempre. Ambos nos sonríen y yo les devuelvo la sonrisa, esta vez de forma sincera, porque me he deshecho de todos los pensamientos de anoche, se fueron por el desagüe de la ducha, y el "te quiero" de Peeta me ha dado más fuerzas.

Sin darme cuenta busco la mano de Peeta y entrelazo mis dedos con los suyos, algo que me sale de forma natural, algo que no he meditado y pensado de antemano.

—¿Habéis dormido bien?—Les pregunta amablemente Peeta.

—Más o menos…—Murmura Madge llevándose las manos a las sienes

—Creo que tiene un poco de resaca—explica Gale con una sonrisa.

— No es resaca…no tolero bien el alcohol…— Susurra ella.

— Puedo darte algo para el dolor de cabeza— le digo amablemente— en la habitación tengo analgésicos— Sonrío y veo como Gale me mira, ¿extrañado? Puedo ser amable cuando quiero.

— Eso sería genial…— Murmura ella cerrando los ojos.

— Vale, pues esperad aquí, vuelvo enseguida— Me levanto y antes de marcharme beso en los labios a Peeta. Solo tardo un par de minutos en llegar a la habitación, coger la caja de pastillas y regresar al restaurante. La sonrisa que me ofrece Madge es desconcertante, en parte la odio, pero en parte me parece una chica estupenda. Siento cosas contradictorias, al igual que con Peeta.

—Gracias Katherine…— me dice cuando le entrego la caja.

— Toma las que necesites he traído de sobra, suelo tener muchos dolores de cabeza, y aunque solo es ibuprofeno, ayudan.

— Gracias…— no espera más y se toma una de las pastillas bebiendo un poco del zumo que se ha cogido. Luego seguimos desayunando casi sin hablar entre nosotros. Media hora después Madge parece encontrarse mucho mejor, y acaba de desayunar sin problemas.

Luego regresamos a las habitaciones a por nuestros abrigos para enfrentarnos al frío. Subimos los cuatro en el ascensor y yo procuro no mirar a Gale. Si lo hago empezaré a sentirme mal. Entrelazo mis dedos con los de Peeta porque me dan seguridad y cuando llegamos a nuestra habitación le beso antes de coger el abrigo. En mitad de nuestro beso alguien nos interrumpe carraspeando, nos habíamos dejado la puerta abierta, cuando le miro, Gale tiene levemente fruncido el ceño y los labios apretados. Está incomodo.

—¿Vamos ya? Cuanto antes vayamos antes se arreglaran las cosas.— Su expresión es seria y su voz lo es aún más casi como una orden.

— Si…vamos…— Peeta me ayuda a ponerme el abrigo y yo le sonrío sinceramente cuando incluso lo abotona.

Cuando los cuatro salimos del hotel un monovolumen de la marca Mercedes Benz nos está esperando. Me quedo asombrada con el interior del coche, pero procuro no decir nada, debería estar acostumbrada a estos lujos, pero a veces me cuesta. Me siento en uno de los asientos de cuero color crema y Peeta lo hace a mi lado, vuelve a besarme y me ayuda a ponerme el cinturón. Madge y Gale se sientan detrás, y durante todo el viaje les oigo cuchichear y reírse.

El viaje dura unos cuarenta minutos, nos llevan a una zona a las afueras de la ciudad, en donde los edificios de ladrillo visto están tan viejos y demacrados que parece que se fueran a caer en cualquier momento. El coche en el que viajamos desentona bastante con el lugar. El chófer nos para justo delante de un solar donde solo hay prácticamente cuatro bloques mal puestos, y mucha tierra, el resto de bloques y ladrillos están amontonados en un lado del solar cubierto por lonas de plástico junto con una caseta con una sola ventana por la que se ve que tiene luz en su interior.. Los trabajadores que se encuentran allí, solo son 7 y ninguno está trabajando, están en un círculo alrededor de un bidón de metal con una hoguera dentro y bebiendo lo que parece ser cerveza por los botellines.

Oigo como Peeta suspira y creo que aprieta los dientes. Nos dice que nosotros podemos quedarnos en el coche, que él va a hablar con el encargado de la obra. Están malgastando el dinero de la fundación en trabajadores que no mueve el culo. Yo insisto en bajar con él como asesora, no porque me interese el tema, sino porque no quiero quedarme a solas con la parejita que tengo detrás. Al final bajamos del coche los cuatro.

En cuanto ven a Peeta los trabajadores dejan sus cervezas y prácticamente corren a su puesto, unos a cargar ladrillos y otros con la hormigonera, es cuanto menos gracioso, ver como intentan disimular. Peeta se dirige directamente a la caseta de chapa con la ventanita y pica a la puerta. Quien abre la puerta es un hombre regordete y bajito que lleva puesto un uniforme de guardia de seguridad. Por su cara podría decir que acaba de despertarse.

Creo que puedo ver una vena palpitando en la frente de Peeta, parece realmente enfadado. Toda la caballerosidad y lo bueno que es se esfuman y empieza a gritarle al hombre, y con razón porque no se está llevando a cabo las obras del colegio que debería llevar construido al menos dos meses. Entre gritos y acusaciones consigue el número de teléfono del encargado de la obra que ni siquiera está allí.

Cuando le llama por teléfono Peeta intenta hablar calmadamente, pero la vena de su frente empieza a hincharse y al poco está gritándole al encargado. Cuando cuelga nos dice que ha quedado con él al día siguiente temprano aquí en la obra. Suspiro, otro día para madrugar. Intento que se calme besándole dulcemente, a lo que un par de obreros silban y aplauden, y yo como cambio les muestro mi dedo corazón en un buen corte de manga. Mi mirada pasa del asombrado Peeta a Gale que está riendo disimuladamente.

Volvemos al coche y en cuanto se pone en marcha cojo la mano de Peeta y se la beso. Luego se la acaricio con el pulgar y me paso el resto del viaje con su mano en el regazo acariciándosela.

En cuanto llegamos al hotel parece que la cara de Peeta cambia, incluso la de Magde, que parecía enfadada también.

— ¿Qué os parece si nos relajamos un poco en el spa hasta la hora de comer?—Propone con su vocecita más angelical. A mi mente vuelven los recuerdos de la noche anterior, y en mi fuero interno sé que no me importaría verla en biquini o sin nada en una sauna.

— Creo que prefiero quedarme en la habitación— Murmura Peeta enredando sus dedos con los míos— Pero id vosotros, sé lo mucho que disfrutas en los spa, nos vemos a la una para comer.

Madge sonríe y solo le hace falta aplaudir para darle las gracias a Peeta. Se despide de nosotros dándonos a cada uno un beso en la mejilla y tira de Gale hacia la zona de spa, casi sin dejar que se despida. Peeta y yo nos subimos en el ascensor en silencio. Y no abro la boca hasta que no estamos en nuestra habitación y me quito el abrigo.

—¿Te encuentras bien?— le susurro ayudándole a quitarse el abrigo.

— Sí, solo que…que me enfada todo esto, que se aprovechen del dinero de la fundación para lucrarse ellos y no construyan el edificio. Es importante para los niños de ese barrio

— Lo sé, cielo— me sorprende que la palabra cielo me salga tan natural, nunca la había dicho antes sin tener que meditarla— pero que grites e insultes a esos incompetentes no va a arreglar nada.— le quito con mucho cuidado la americana— Deberías despedirles y contratar otro grupo de trabajo.— Susurro antes de besarle dulcemente.— Y esto te lo digo como asesora…no como pareja…

—¿ También me estás desnudando como asesora?— Dice mientras que yo le desabrocho la camisa lentamente.

—Sí, siempre preocupándome de su bienestar Señor Mellark…—Cuando consigo quitarle la camisa le acaricio el pecho y el torso, llegando hasta sus brazos.

— Ya lo veo señorita Woodgreen… creo que ahora me gustaría verla con menos ropa a usted…

— eso está hecho, señor…—le empujo a la cama. Y comienzo a desnudarme lentamente, contorneándome, intentando ser sexy y provocativa, hasta que me quedo con los zapatos de tacón y en ropa interior, el sujetador las bragas y las medias que me llegan a medio muslo. Cuando estoy así me acerco a él y me coloco a horcajadas sentándome sobre sus muslos— ¿Algo más, señor?—Me mira con una sonrisa en la boca y niega casi imperceptiblemente antes de que ataque sus labios.

Nos besamos con pasión mientras que consigo desabrochar el botón de su pantalón y tirar de ellos hacia abajo arrastrando con ellos su ropa interior, aunque no lo bajo mucho, solo lo suficiente para que su miembro sobresalga. Entre besos yo misma me desabrocho el sujetador y sus manos viajan rápidamente a mis pechos, masajeándolos y sopesándolos, haciéndome gemir. Tengo que bajarme de encima de él para deshacerme de mi ropa interior. Cuando estoy desnuda se muerde el labio.

—No te quites las medias ni los zapatos….— susurra y yo sonrío, el bueno de Peeta también tiene sus fantasías sexuales. Solo tardo unos segundos en subirme de nuevo sobre él, solo lo suficiente como para coger de la mesita de noche un preservativo. Cuando me coloco de nuevo dejo que su miembro roce mi pubis, y el aleteo de las mariposas se incrementa, así como el fuego en mi interior. Me muevo levemente contra él pero al poco le coloco el condón y dejo que se hunda en mí. Ambos gemimos, y no espero ni un solo segundo para que mis caderas empiecen a moverse. Primero a ritmo lento pero luego más y más rápido. Arriba abajo, en círculos y de nuevo arriba abajo, me inclino levemente para besarle gimiendo porque consigo un mayor roce. Segundos después el orgasmo me alcanza de forma arrebatadora apretando los ojos con fuerza, me incorporo y continuo moviéndome, esta vez no voy a permitir que me deje marca. Él llega pocos segundos después, cuando abro los ojos me está mirando con una sonrisa. Sonrío también y ahora sin peligro de marcas me inclino para besarle bajándome de su cuerpo para luego rodearle con un brazo jadeando

—Eres increíble Katherine…

—Lo sé…— le beso dulcemente—Bajemos al spa…me apetece nadar en la piscina contigo…— le susurro al oído haciéndole sonreír.

...


Nota de autor: gracias por haber llegado hasta aquí, significa mucho para mí, Actualizo los miércoles y los domingos.

Agradecimientos: gracias a todos por leer, y muchas gracias por vuestros reviews! Me gustaría que la gente que no tiene cuenta, la tuviera, o que en su defecto se dieran a conocer el face (como ya hizo una chica) así mis agradecimientos y contestaciones serían más personales, y no tendría que "aburrir" al resto de lectores con contestaciones aquí.

Adelanto: como ya sabéis en mi pagina de facebook (está en mi perfil)

Besos de fuego!