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Inuyasha se sienta a mi lado. Han pasado muchos años desde que lo conozco, pero no ha envejecido casi nada. Su rostro ya es el de un hombre, y a pesar de que el tiempo sí ha pasado para mí, en este momento la diferencia entre nosotros no es tan abismal como de costumbre.
Supongo que el miedo siempre nos hará iguales.
Soy el hombre de las mil palabras, pero ahora mismo no puedo decir nada. Un manto lúgubre y silencioso ha caído sobre la aldea, justo después del caos que produjo la llegada de Sango y Kagome. El frío emana de la tierra misma, se levanta como una neblina que hiela la sangre.
No hay niños jugando por aquí. Mis hijos más grandes cuidan de todo el resto de nuestras familias, de seguro en mi casa. Ahora mismo no podemos dejar la sala que funciona como hospital. Sé que él ansía estar ahí, pero no nos han permitido ingresar. Tenemos suerte de que las aldeanas estén tan bien preparadas para estos casos.
Abro la boca y la cierro. ¿Qué puedo decir? Intento darme algo de calor frotando mis manos entumecidas.
—Siento que esto es mi culpa —dice.
—No, cla-
—No. Debí insistir más. Tenía esa terrible sensación y… no pude resistirme a los pedidos de ambas. Debí insistir. ¡Debí confiar más en mis instintos y obligarlas a quedarse!
Estoy mudo. Puedo contar con los dedos de una mano las veces en que he visto a Inuyasha llorar. No es un gran llanto, pero ver una lágrima cayendo por su mejilla dice más que suficiente. Ni siquiera se preocupa en limpiarse.
—Inuyasha…
—Dime que se pondrá bien. Miénteme si es necesario.
No está fuera de sí. Preferiría ver en él una furia que no conoce límites, pero no es así. Parece perdido. El enojo de antes fue desechado rápidamente por un sentimiento de desaliento, es fácil verlo en sus ojos enrojecidos.
Sango y Kagome salieron de caza hace un par de días. Hoy volvieron a duras penas. Fue obra del destino que Sesshōmaru estuviera por los alrededores. Sintió el olor de la sangre y fue a ver qué ocurría. Ayudó a exterminar a los demonios convirtiéndose en su forma demoníaca. Trajo a Sango y a Kagome sobre Ah-Un, ambas heridas.
Sango tiene heridas que tardarán en sanar, pero se recuperará. Estaba consciente al llegar. Apenas dejó que la observara un segundo antes de encerrarse con Kagome y las aldeanas.
—Estará bien. Kagome estará bien.
¿Estaré mintiendo? El modo en que Inuyasha me mira…
—Es muy joven aún. Es demasiado joven aún, Miroku. No puede dejarme.
El silencio se hace unos segundos. Sé que está atento a los sonidos y olores, atento al bombeo de la sangre, al latir de un corazón.
Empalice y sus manos tiemblan.
La voz de Sango rompe el silencio, impide que formule la pregunta.
—¡SESSHOMARU! —grita.
Sé que Kagome murió esta tarde.
‣ prompts: invierno & desesperanza.
‣ 486 palabras.
‣ nota de la autora:
Hace tiempo tenía esta idea en la cabeza. No todos los viajes salen bien, ya lo hemos visto con Miroku. Entre Sango y Kagome, a pesar de que Sango es quien lucha cuerpo a cuerpo (y es por eso que también resulta muy herida), es Kagome quien es más probable que resulte herida mortalmente. Desde siempre hemos visto que es temeraria hasta la estupidez. Y es capaz de hacer cualquier cosa por quienes quiere, incluso al punto de resultar lastimada.
Gracias por sus reviews~ Yumi, Nuez, bruxi, Lulus (si llegás hasta acá jaja), ustedes son quienes me animan a seguir y fangirlean a mi lado~
Gracias por leer y recuerden que agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo. Unite a la campaña con voz y voto y no me agarres la teta D: (a menos que...)
Mor.
