DISCLAIMER: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la trama me pertenece.
CAPÍTULO 35
Rosalie P.O.V.
-¿Pero estáis bien? –le pregunté por decimoctava vez a Jasper.
-Que sí, hermanita, no te preocupes –respondió él.
Apreté aun más el teléfono, angustiada de no poder tenerlo frente a mí. No soportaba conversar con mis hermanos por teléfono. Los necesitaba conmigo.
-Os echo de menos. ¿Dónde está Alice?
-Nosotros también te echamos de menos –me respondió mi hermano-. Aro ha convocado a Alice para una urgencia, dentro de un rato volverá.
-¿Aro le exige demasiado?
-Sí. Y claro, no se puede negar. Tiene muchos dolores de cabeza, ni siquiera sé cómo es capaz de aguantarlo.
-Es fuerte. Una de las mujeres más fuertes que he conocido.
-Tienes toda la razón.
-¿Y cómo está el ambiente por allí? ¿Has hecho amigos?
-Sí, Sulpicia es una mujer fantástica y Demitri es muy divertido… me recuerda a Emmett, siempre está gastando bromas.
-Como te escuche Emmett se va a mosquear –dije riendo por primera vez en bastante tiempo.
-¿Quién me ha nombrado? –preguntó el aludido saliendo del baño.
-Nadie, sigue a lo tuyo –le dije a mi marido.
-¿Estás hablando con Jasper? ¡Pásamelo! ¡Pon el altavoz! –gritó Emmett tirándose a la cama.
Puse los ojos en blanco y puse el altavoz.
-¡Jasper! ¡Hermano! ¿Cómo va todo en el reino de los malos vampiros que intentan dominar el mundo secuestrando hermanas duendes y enanas, con maridos amargados y feos? –preguntó Emmett gritando.
Jasper empezó a reír.
-No tan mal como esperaba, pero ni Alice es enana ni yo estoy amargado, ¿me oyes?
-Pero sí eres feo -dijo Emmett.
-¡No seas mentiroso! -regañé a mi marido-. No le hagas caso Jasper.
-¿Cómo va todo por allí, grandullón?
-Aburrido –dijo Emmett. Su cara se puso seria al instante-. ¿Cuándo volvéis? Esto no es lo mismo sin vosotros.
-No lo sabemos. Pero será pronto, lo prometo.
-Seguro que estáis volviendo locos a los Vulturis –gritó Emmett empezando a reírse solo.
-¿A qué te refieres? –preguntó Jasper extrañado como yo.
-Ya sabes, no te hagas el inocente –dijo Emmett haciendo movimientos raros con las cejas.
Lo miré con el ceño fruncido.
-Jasper no ve tus gestitos, imbécil –le dije dándole una palmada en la pierna.
-¡Ah! –gritó Emmett acariciándose la pierna-. ¡Jasper! ¡Rose me ha pegado!
Rodé los ojos.
Escuché las carcajadas de Jasper al otro lado del teléfono.
-¡Ay Emmett! No sabes lo que te echo de menos! –dijo sin dejar de reír-. Pero sigo sin entender a lo que te refieres.
-Para serte claro, con lo que disfrutáis tú y Alice cuando hacéis el amor, las olas de lujuria de todo el palacio los tendrán locos.
-¡Emmett! –le grité abriendo mucho los ojos. No, si mi marido más discreto no podía ser.
-No creo que eso sea de tu incumbencia, hermanito.
-¡Explica!
-No tengo ni idea, pero hartos deben de estar, porque Alice y yo… ¿Pero qué hago yo diciéndote esto? ¡Preocúpate de tus cosas, zoquete!
-Es que empatizo mogollón –dijo Emmett.
-Sí, ya veo, ya veo. Os dejo que creo que Alice ya sale de la reunión.
-¿Qué reunión? –me preguntó Emmett.
-Una que ha convocado Aro –le expliqué.
-Uuuuuiiii –dijo Emmett.
-¿"Ui" qué?
-Que eso de "reunión con Aro" me suena sospechoso –explicó.
-¿A qué te refieres? –le pregunté.
-Jasper, amigo, controla a ese vejestorio que tiene malas intenciones con Alice.
-Lo sé. Tendrías que notar las emociones lujuriosas que tiene con Alice. Me dan ganas de arrancarle la cabeza.
-¡Anda! Pero si lo decía de broma… ¡Soy un genio! –exclamó Emmett saltando en la cama, hasta que esta cedió.
-¡Emmett! ¡Otra cama rota!
-Lo siento, Rose –dijo ahora saltando en el suelo.
-Os quiero mucho, recuerdos a los demás –dijo Jasper.
-Nosotros también te queremos –contestó Emmett-. Mándale recuerdos a la enana.
Colguemos el teléfono y me quedé mirando el techo.
-¿Estás bien? –me preguntó Emmett-. Perdón si me he comportado como un imbécil.
-Estoy contenta de haber hablado con él, y no tengo nada que perdonarte, me ha encantado verte tan contento, últimamente estás bastante serio y ese no es el Emmett al que estoy acostumbrado a ver.
-Lo sé –dijo tumbándose a mi lado-. Es que todo esto es muy frustrante.
-¿Qué quieres decir?
-Estar aquí sin poder hacer nada por ayudar a nuestros hermano es muy frustrante. Me gustaría poder hacer algo por ellos, poder traerlos de nuevo a casa y poder ser de nuevo una familia feliz.
-Lo intentaste –dije cogiéndole la mano-. Intentaste irte a Italia para ayudar a Alice, aunque ella lo vio y tuviste que darte la vuelta. Hemos hecho lo que hemos podido, no podemos hacer más. Y me cuesta decir esto, pero tendremos que esperar a que Aro los deje volver.
-¿Y si eso no pasa? –preguntó Emmett sentándose en la cama, que ahora estaba con el tablón roto.
-Pasará.
-¿Cómo lo sabes?
-No lo sé, pero tengo fe en ello. La esperanza es lo último que hay que perder.
-Tienes razón –dijo volviéndose a tumbar y abrazándome-. Yo también echaba de menos tu sonrisa.
-Te quiero, osito –dije juntando nuestros labios.
-Yo más.
Demitri P.O.V.
No había quien tuviese narices de concentrarse con la ola de lujuria que recorría todo el palacio. Alice y Jasper se lo estaban pasando de maravilla, y en cierta manera me daba envidia. A mí me encantaría conocer a una chica como Alice, que me amara como Alice ama a Jasper.
Observándolos, me fijé en un montón de cosas. Me di cuenta de que cuando ellos dos se miran a los ojos, hay tanto amor y tanta pasión en tan solo una mirada que es incómodo mirarlos, porque parece que estés en medio de algo muy privado. Juntos estaban muy felices, ambos se complementan, y no sé qué harían el uno sin el otro. Pude averiguar cuánto se aman y cuanto se necesitan cuando Alice pensaba que Jasper estaba muerto. La desesperación y el horror en su rostro, demostraba claramente que su vida sin Jasper no tenía ningún sentido. Se necesitaban muchísimo.
Y allí estaba yo. Sentado en el jardín de palacio a las cuatro de la madrugada observando las preciosas flores que me rodeaban. Desde que Alice estaba con nosotros, el jardín estaba radiante.
Por una parte, estaba muy contento de tener a Alice aquí con nosotros, Aro estaba de mejor humor desde que llegó y no se enfada todos los días con nosotros; su alegría es contagiosa y hace que mi existencia no sea asquerosa y es mi mejor amiga.
Jasper es muy diferente a cómo me lo esperaba. De lo único que lo conocía era de las veces que hemos ido a visitarlos, y nunca han sido situaciones agradables. Me parecía un hombre muy serio, e incluso me daba un poco de miedo y respeto. Pero ahora que lo conozco mejor y tengo una buena relación con él, he descubierto a un hombre culto, inteligente y muy divertido. Y la manera que tiene de mirar a Alice… la mira con admiración, con veneración, como si fuera una diosa, bueno, en parte lo es, es su diosa. Y es comprensible, es un hombre muy afortunado.
Sacudí la cabeza. ¿Es que no iban a descansar de tanto hacer el amor? Eran incansables, se pasaban las noches demostrándose su amor. Aunque lo comprendía, habían estado mucho tiempo separados y tenían mucho que recuperar. No es que me importara, pero claro, como lo notamos todos pues es un poco extraño y molestoso.
Pero por mi parte, si Alice estaba feliz, yo también.
Alice P.O.V.
No entendía del todo por qué no se nos había ocurrido antes a nosotros. Me parecía obvio, pero ni siquiera se me había pasado por la cabeza comportarme más fríamente con Aro. Pero dejando ese tema a un lado, miré a mi lado, donde mi maravilloso marido estaba recostado mirando por el enorme ventanal que poseía mi habitación. Se podía decir que tenía una de las habitaciones con las mejores vistas de todo el palacio.
-Buenos días, cariño –le dije a Jasper dándole besos en su pecho desnudo después de una noche de pasión.
-Buenos días, Ally –me dijo besando mi pelo-. Estás preciosa esta mañana.
Le dediqué una sonrisa y me acerqué a su cara, agarrándole con las manos la cabeza.
-Estar contigo sí que es precioso –le contesté dándole un besito en la nariz-. ¿Preparado para portarse mal?
-Por supuesto –dijo besando mis labios-. Preparado para ser un chico malo.
-¿Más malo que esta noche? –le pregunté con una sonrisa irónica.
-¿He sido malo? –respondió alzando las cejas sorprendido. Esta sí que no se la esperaba-. Creí que estabas disfrutando.
-Y lo he hecho. Me encanta cuando te portas así conmigo –dije riendo como una tonta-. Venga, vamos.
Me senté en la cama.
-¿Y si llegamos tarde? –preguntó Jasper sonriendo como un niño travieso, aun tumbado-. ¿Se enfadará o nos matará?
-Se quedará estupefacto pero no dirá nada –le dije después de haberlo visto en mis visiones.
-Perfecto –dijo agarrándome de la cintura para tumbarme a su lado-. Entonces le haré de nuevo el amor a mi esposa antes de irnos con los jefes.
.
-¿Preparada? –me preguntó Jasper cogiéndome de la mano.
-Siempre –dije dándole un beso en la mejilla.
Abrimos la puerta y entramos en la sala. La reunión ya había empezado y todos se nos quedaron mirando. Sulpicia nos guiñó un ojo y nos dedicó una sonrisa.
-Llegáis tarde –nos dijo Aro levantándose de su trono.
-Teníamos cosas más importantes que hacer que venir a esta aburrida reunión –le contesté mirándolo fijamente a los ojos.
Se oyeron varios murmullos detrás de nosotros, y Aro estaba literalmente con la boca abierta. Esta sí que no se la esperaba.
-¿Cómo te atreves a contestarme así? –preguntó Aro furioso acercándose a mí.
Levantó la mano como para golpearme, que es lo que les haría a cualquiera de sus guardias, pero Jasper se puso delante de mí, agarró el brazo de Aro y lo fulminó con la mirada.
-Como la toques te juro que te mato –le retó Jasper apretando los dientes.
-Tranquilo, tranquilo –dijo Aro tirando hacia atrás levantando las manos-. Era una broma. Sentaos.
Jasper y yo nos sentamos juntos y dejamos que empezara la reunión. No presté atención alguna a lo que estaba diciendo Aro. Dediqué toda mi atención a mi marido, nos mirábamos el uno al otro, nos dedicamos sonrisas. A veces resultaba increíble lo que llegaba a amar a este hombre. Alcé la mano para acariciarle la cara, él me miró a los ojos y me sonrió.
-Te quiero –me dijo Jasper cogiendo mi mano para darme un beso en los nudillos.
Yo opté por no contestar en palabras, si no que junté mis labios con los suyos y abrazándolo con fuerza.
-¿Alice? Te estoy hablando –dijo Aro después de toser para llamar nuestra atención.
-¿Qué? –le espeté de mala gana.
-Que si crees que nos atacarán –dijo muy serio.
-Ni lo sé ni me importa –contesté cruzándome de brazos.
Aro no supo qué responder. Se quedó estupefacto. Él estaba acostumbrado a que todo el mundo obedeciera sus órdenes sin rechistar, y que ahora yo no hiciera lo que me pedía y le contestara mal, pues le sorprendió.
-¿Perdona? –preguntó Aro mirándome fijamente-. Creo que no te he oído bien.
-Que ni lo sé ni me importa –le dije frunciendo el ceño-. ¿Te lo deletreo?
-Cuidado, no te pases –me susurró Jasper al oído.
-Pero… -empezó a decir Aro.
-¡Nada de peros! –le contesté poniéndome de pie-. ¡Estoy harta! Me traes aquí contigo a la fuerza, separándome de mi familia y en un principio de mi marido. Me tienes aquí como una esclava todo el día teniendo visiones para ti. Sí, antes era peor, ahora no me torturas tanto, pero igualmente acabo agotada. ¿No lo entiendes? Si me esfuerzo cada día en tener visiones, acaba doliéndome la cabeza.
-Cuando las tenías de tu familia, no te quejabas tanto.
-Porque una cosa es que las visiones me vengan solas, porque son de la gente que amo y me importan. Pero cuando intento tener visiones a la fuerza, de gente que ni me importa, eso me provoca dolor.
-¿Desde cuándo a los vampiros les suele la cabeza? –preguntó Cayo alzando las cejas.
-¿Y a cuántos vampiros conoces tú que vean el futuro? –le preguntó Aro.
Se levantó, me cogió de la mano y me miró a los ojos.
Ya estaba acostumbrada a controlar mi mente, así que sabía qué hacer para que Aro no leyera nada que yo no quisiera que hiciese.
-Alice, puedes retirarte –dijo sonriéndome. Se dio la vuelta y miró a mi marido-. Jasper, acompáñala y cuídala.
Bajo la intensa mirada de los demás guardias, Jasper y yo salimos de la estancia para irnos a nuestra habitación.
-Muy bien, cariño –me dijo Jasper abrazándome por la espalda-. Aro estaba… una mezcla de sorprendido, enfadado y orgulloso.
-Tenía miedo de que nos arrancara la cabeza allí mismo –dije con una risita nerviosa.
-Aro nunca te mataría. Eres demasiado valiosa para él… y para mí –dijo dándome un beso en el pelo.
-¿Vamos a cazar? –le pregunté.
-Las damas primero –dijo abriéndome la puerta.
.
-¡He llegado primero! –exclamó Jasper al llegar a la puerta trasera del palacio.
-¡Eso es trampa! –exclamé haciendo un mohín.
-¿Trampa? ¡Yo no hago trampas, cielo! –dijo riéndose a carcajadas-. Y no hagas mohines.
-¡Sí haces trampas! –dije cruzándome de brazos y dando una patada en el suelo.
-Pareces una niña pequeña cuando haces eso –dijo Jasper riendo aun más. Entonces se acercó a mí para abrazarme. Yo me aparté de un salto.
-¡Ahora no quiero que me abraces! –le dije sacándole la lengua.
-Venga Alice… no tengas mal perder –dijo intentando atraparme.
-No tengo mal perder –dije enfurruñada-. Pero tú tienes las piernas más largas que yo.
-Y tú eres más ligera que yo.
-Pero tú… no se me ocurre nada –dije empezando a reír.
-Pues a mí sí –dijo alcanzándome al fin-. Tú eres maravillosa, preciosa, alegre, divertida, fabulosa, poderosa, una diosa, el amor de mi vida y mi mujer.
Me dio un beso en el cuello y me abrazó aun más fuerte.
-¿Sigues enfadada? –me preguntó cauteloso.
-Si me das más besos no –dije girándome para quedar cara a cara con él.
-Eres una caprichosa –dijo besándome en los labios como si su vida dependiera de ello.
Después de besarnos por un largo rato, entramos por la puerta trasera, que comunicaba con el jardín. Estábamos pasando por el pasillo que lleva al jardín cuando Jasper me dijo:
-¡Espera! –me susurró Jasper agarrándome de la mano y apretándome contra él.
-Jasper –le susurré-, ¿no puedes esperar a la habitación para hacerme el amor?
-No es eso tonta –dijo con una sonrisa.
-¿Ya no me deseas? –le pregunté haciéndome la ofendida.
-Te deseo más que a nada en el mundo –dijo poniéndome un dedo en los labios para que no contestara-. Aro está con Marco y Chelsea en el jardín.
-¿Crees que traman algo? –le pregunté.
-No lo sé, pero Aro está muy enfadado –me dijo Jasper-. Ven, vamos a espiarlos.
-Como usted mande, mayor Whitlock –le dije haciendo un gesto militar, a lo que él no pudo hacer otra cosa que reír.
Nos acercamos hasta la puerta, para escuchar lo que decían.
-¡Eres una inútil! –le gritó Aro a Chelsea.
-Pero Amo, yo no…
-¡Cállate! –le dijo Aro dándole un bofetón que la mandó a la otra punta del jardín, pero ella, obediente, volvió junto a él en cuanto se levantó del suelo.
-Aro, déjala que se explique –intentó calmarlo Marco.
-Explícate –le dijo Aro de mala gana a una Chelsea cabizbaja y con los ojos asustados.
-Yo no entiendo qué ha podido pasar… no deberían haberle contestado así, mi señor.
-¿¡Entonces!?
-Aro –dijo Marco poniendo su mano en el brazo de Aro para calmarlo-, la relación entre ellos es muy potente, tanto que influye en lo que hace Chelsea.
-¿¡Y qué tiene eso que ver!? –gritó Aro desesperado-. Lo único que te pido es que hagas que me admiren y me obedezcan, ¿y no eres capaz de hacerlo?
-Ya lo he hecho, señor –contestó Chelsea.
-Aro, cálmate, por favor.
-¿¡Cómo quieres que me calme cuando mi tesoro más preciado se ha rebelado contra mí!? Ella es lo más importante que tengo en mi poder, ¡no puedo calmarme! ¡Necesito que me obedezca! Quiero que Alice y Jasper vuelvan a sentir admiración hacia mí o lo pagarás muy caro –dijo fulminando a Chelsea con la mirada.
-Sí, amo.
-Aro, tú ya eres consciente de que con ellos es difícil.
-Marco, no le estoy pidiendo que debilite la relación entre Alice y Jasper…
-Eso es imposible, nunca había visto nada igual. Ellos se necesitan el uno al otro.
-¡Ya lo sé! –gritó Aro-. Lo único que quiero es que me obedezcan y no se rebelen contra mí, ¿entendido?
Chelsea asintió con la cabeza y abandonó en jardín muy deprisa.
-¿Y por qué simplemente no los dejas marchar? Sí, Alice nos es de mucha ayuda, pero hemos estado muchísimos siglos sin ella y hemos sobrevivido.
-Sí, pero eso era porque no sabíamos de su existencia. Ahora nos hace falta. ¡Y no hay más que hablar!
Ambos abandonaron el jardín, y Jasper y yo nos miramos estupefactos.
-¿Ha estado usando a Chelsea para que lo adoremos? –murmuré estupefacta y a la vez enfadada.
-Ahora lo entiendo todo… -dijo Jasper mirándome fijamente-. Ahora entiendo por qué hemos hecho todo sin rechistar, por qué no hemos intentado escapar… ¡será cabrón!
-Ahora sí que me reafirmo en lo de comportarme mal con Aro, y creo que hoy nos hemos quedado cortos.
-Tienes razón. Tenemos que ser aun más bordes, no se merece otra cosa.
Nos fuimos a la habitación, y mientras estábamos en la bañera se me ocurrió algo.
-¡Lo tengo! –exclamé sonriente-. Ya sé qué hacer para que Aro nos deje marchar.
-Soy todo oídos, princesa –me dijo Jasper.
¡Hola! Bueeeno, ahora entendemos lo "pacíficos" que han estado nuestros protagonistas, ¿verdad? (lo pongo entre comillas porque con lo fogosos que han estado últimamente tela xD) Ahora empezará la acción… y quizá quieran asesinarme pronto u.u xD espero que les siga gustando la historia y sigan apoyándome y dándome su opinión ^_^
Aprovecho para hacerme publicidad a mí misma, si les interesa pueden leer mi otro fic "Ardiente Pasión", que podrán encontrar en mi perfil. ¡Anímense, leerlo es gratis, y si no les gusta, lo dejan! ;D
Muchísimas gracias por todos sus comentarios que tan feliz me hacen, en serio que les estoy muy agradecida por todo. Gracias por leer y apoyarme ^^
Besos,
Christina.
