Disclaimer: Los personajes le pertenecer a Stephanie Meyer, yo solo invento historias en mi cabeza y los utilizo por ser tan maravillosos.
Summary: Ególatra, egocéntrico y sin corazón era el millonario Edward Cullen que solo vivía por tres razones, su trabajo, el sexo y los deportes extremos. ¿Cambiara en algo cuando el reemplazo de su azafata aborde?...Lemmons/OCC/T.H
Hoy es un día realmente importante porque esta historia llega a su fin con muy buena aceptación gracias a ustedes, gracias a mi hermosa amiga y beta larosaderosas que me a soportado las demoras, tener que soportar en silencio mis dramones xD agradecerles a cada chica que comentó, que guardó ésta historia. Que la añadio a sus favoritos y que siguio capítulo a capítulo.
Una historia no es buena o mala, es lo que sus lectores la hacen. Gracias de todo corazón y espero les guste el último capítulo.
Prólogo
XXXVI
·.·.·
Edward
-Te ves guapo con ese esmoquin, eres un lindo pingüino a minutos de casarse-bromeó Jasper.
-Aunque el pingüino se ve un poco apretado- añadí y Emmett nos enseñó "sutilmente" su solitario dedo corazón.
-¿Me veo presentable?- preguntó como por décima vez mientras restregaba las palmas de sus manos sobre el pantalón.
-Estás bien hombre, tranquilo- lo calmó Jasper. –Creo que ni Rose está tan nerviosa.
-Para ti es fácil decirlo, te casaste hace 4 años - espetó Emmett, Jasper sonrió radiante por el recuerdo. –Y éste otro inútil, ni en planes- lo miré con mala cara.
-Estamos aquí por ti, así que no hables de mí- pedí de inmediato sabiendo lo que vendría.
-¡Oh! Vamos Edward, reconoce que fuiste un completo idiota al decirle que no a Bella dos años atrás- dijo Jasper y con un suspiró recordé aquel día que había llegado a casa de mis padres.
-Yo también te amo Edward, como no puedes llegar a imaginarlo. Y espero con todo mi corazón y alma, no haber llegado demasiado tarde.- El corazón se me había encogido completamente, hecho un puño lleno de dolor.
Una parte de mí, la que siempre había sido orgullosa me decía que no podía perdonarla por haberme dejado y no haberme contestado aunque fuese una llamada. La parte que indiscutiblemente moría por ella me gritaba que me arrojara a sus brazos. Simplemente ésta dicotomía me estaba matando.
-Te esperé Bella y tú no fuiste capaz de llamar aunque fuese una sola vez. Yo…yo estaba muriendo sólo de imaginarte con ese imbécil- ella se acercó temerosa y acarició mi mejilla.
-Siempre pensé en ti, Edward. No había manera de sacarte de mi cabeza…sobre todo cuando creí…- me miró fijamente y lo que fuese a decir prefirió callarlo. –Simplemente no estaba preparada para decírtelo, necesitaba tener confianza en mí y en un nosotros.
-Es tarde Bella, me duele que no hayas confiado en mí. Me duele que me hayas dejado por tanto tiempo- un fuerte jadeo por parte de mi familia me hizo recordar que no estábamos solos. Miré nuevamente a Bella y su rostro se llenó de dolor. Mi corazón se sentía igual o más adolorido aún.
-Sólo perdóna…me- dijo al borde de las lágrimas. Sus hermosos ojos estaban completamente cristalizados y su voz tembló en la última sílaba.
Comenzó a girarse completamente derrotada, lista para marcharse nuevamente de mi vida.
-Es un maldito idiota que nos hizo sufrir con tremenda escena. Creo que desde ese día entiendo a las mujeres que lloran con los finales de telenovela- bromeó Emmett.
-Al menos denme el voto de la reacción rápida- los miré con una sonrisa infantil.
-Por Dios. ¡Ven aquí!- le grité sin poder contenerme. Antes de que Bella terminara de girarse, yo ya estaba frente a ella abrazándola con todo el amor que contuve esos casi tres meses.
-¿Edward?- preguntó ella sin entender.
-Quédate, quédate conmigo y no vuelvas a marcharte- le susurré al oído con una voz decidida. Ante mis palabras ella reaccionó abrazándome con más fuerza. Pronto su cuerpo comenzó a vibrar entre mis brazos, ella estaba llorando.
-Te amo, de verdad te amo como no he amado a nadie en mi vida- dijo y sus palabras fueron un bálsamo para todo aquel dolor que había llevado encima.
-Yo también te amo, mi princesa. Te he extrañado como no lo imaginas y sólo de pensar en perderte nuevamente me enferma, no se te ocurra marcharte otra vez- le dije mirándola a los ojos. Acaricié sus mejillas y me acerqué lentamente para al fin besar sus labios.
El paraíso. Simplemente sentir sus labios tibios y suaves sobre los míos era el paraíso. Con la misma delicadeza ella comenzó a devolverme el beso, tan acompasados como si el tiempo no hubiese transcurrido para nosotros. Como si nuestros labios se reconocieran de toda la vida, simplemente nos extrañábamos.
En alguna parte mi cabeza escuché a mi familia suspirar y comenzar a aplaudir. Aún con las manos sobre las mejillas de Bella sentí como su rostro se calentó por la vergüenza, pero ella no se apartó.
-Son unos aburridos, si yo hubiese tenido un reencuentro con Rose después de tanto tiempo, te aseguro que no me hubiese quedado en casa de mis padres.- Comentó sugerente.
-Tú estabas tan emotivo que no notaste que se fueron- continuó Jasper riéndose de él. Emmett me miró preguntándome si era cierto y yo asentí sintiendo un poco de vergüenza.
-Después del anuncio de Alice, me excusé con Jasper y me fui al departamento a reconciliarme- reconocí con una sonrisa pícara.
-No quiero saber- dijo Emmett haciendo una mueca.
-Esto es tan romántico- susurró Kate provocando que Bella y yo nos separáramos. La abracé por la cintura apegándola lo más que podía a mi cuerpo. Ella por una extraña razón se tensó entre mis brazos cuando observó a Kate. Comprendí que eran celos, ya que cuando Garrett se acercó a Kate para besarla, Bella se relajó negando con la cabeza a algo que estaba pensando.
-Es una amiga de la familia- le susurré al oído.- Y me encanta que reacciones como si fuese tuyo- continúe. Ella me miró con su ceño fruncido.
-Eres mío- zanjó y una sonrisa ladina apareció en sus labios provocando que cierta parte latiera como si tuviese un corazón.
Carraspeé y miré a mi familia que no dejaba de sonreírnos encantados.
-Discúlpanos Alice por interrumpir tu anuncio- dije mirando a Alice y Jasper.
-¿Estás loco? Eso estuvo increíblemente romántico- dijo con una sonrisa. –El que haya aparecido la mujer correcta para Edward Cullen es digno de celebrar.- Le sonreí y no pude evitar besar nuevamente los labios de Bella.
-De una vez te advierto que no te dejaré marchar y que mi perdón completo te costará muy caro.- Acaricié una de sus nalgas sin que nadie de mi familia lo notara, ella saltó por mi repentino ataque de pasión y sus ojos se posaron en mí, abiertos como platos.
-Ed…Edward- jadeó entre asustada, ansiosa y encantada.
-Oh sí señorita, comience a mentalizarse que en cuanto nos vayamos de ésta casa tú no verás la luz del sol en mucho tiempo.- La besé nuevamente pero esta vez no pude evitar que el beso fuese más fiero, más apasionado. Capturé su labio entre mis dientes y lo jalé con algo de fuerza.
Me sentía en mi mundo privado, aún no podía creer que ella regresara. Después de que me había resignado a no verla nuevamente, esto era como una aparición. Y yo torturándome pensando que estaba con ese patán.
-¿Quién lo comunica tú o yo?- le preguntó amorosamente Jasper a su mujer. Ya todos teníamos nuevamente nuestras copas en la mano listos para brindar por lo que iban a comunicar.
-Dilo tú- Alice se veía completamente ansiosa y nerviosa.
-Bien, familia- comenzó Jasper. –Hay una noticia muy importante que Alice y yo queremos comunicarles.- Las manos de Alice no dejaban de juguetear entre sí. –Y para nosotros es tan importante compartirlo con ustedes porque…- Alice lo cortó en una explosión anímica que a todos nos hizo brincar.
-¡¿Por qué demoras?- le gritó nerviosa. – ¡Estoy embarazada!- soltó y Jasper le sonrió encantado. -De trillizos- añadió causando un largo silencio. Incluso podía apostar que esa última parte de la información ni Jasper la conocía ya que su rostro palideció por completo.
-¿Seré abuela?- preguntó Esme sin poder creerlo. La calma fue cortada por toda la familia que reaccionó y se acercó a los futuros padres para felicitarlos.
-¿Tres? ¿tres? ¿tres? ¡Tres!- no dejaba de repetir Jasper con la mirada perdida en el vacío.
-Felicitaciones hermano, sé que serás tan buen padre como Carlisle- me acerqué a él para abrazarlo y aún así Jasper no reaccionaba. Lo abracé con más fuerza porque sabía que en cualquier momento se desmayaría.
-Sí, ese momento también fue uno de los mejores- dijo Emmett. –Jasper realmente iba a vomitar- bromeó.
-Y lo hizo- comenté y Jasper me miró con mala cara.
-¿Dónde estaba yo que no me enteré de nada?- preguntó Emmett frustrado.
-Te estabas comiendo todo lo que Esme y mi mujer habían preparado- nuevamente Jasper y yo comenzamos a reírnos de Emmett.
-Ustedes si ganan el premio al mejor amigo. Los nervios me matan porque estoy a minutos de casarme y no hacen más que burlarse de mí en lugar de tranquilizarme- dijo molesto.
-Vamos tranquilo, estamos recordando los buenos momentos para que te tranquilices- le dije palmeando su espalda. –Y agradece que no estamos recordando nuestra adolescencia- le piqué un poco más.
-Así es- me apoyó Jasper. -Dime si no es divertido que ahora sea Bella la que no quiere casarse con Edward- lo miré con mala cara y Emmett comenzó a reírse fuertemente.
-Toda la razón- dijo entre carcajadas. –Esa mujer sí sabe cómo ponerle los pies sobre la tierra- fruncí el ceño.
-Hablando de grandes amigos- mascullé.
-¿Cómo vas con eso?- preguntó Jasper más serio.
-Igual que siempre. Hace unos días preparé la cena tal cual había planeado y se lo pregunté nuevamente. De manera romántica, esas cosas bobas que le gustan a las mujeres- dije algo cansado. –Pero nuevamente me rechazó- ésta vez fue el turno de Emmett de palmear mi espalda. –Si no sintiera todo ese amor que hay entre nosotros, pensaría que en realidad ella no me ama y por eso siempre me rechaza- exhalé fuertemente.
-¿Qué te dijo esta vez?- preguntó Emmett.
-En un principio decía que llevábamos muy poco de relación y después del año, simplemente decía que esperáramos un poco más. La noche pasada al menos dijo algo más- ambos esperaron en silencio a que continuara. –Ella cree que lo hago para hacerla feliz más que porque yo quiera- protesté algo molesto. A estas alturas ella debería saber que no soy de las personas que dicen algo sin sentirlo realmente.
Por eso mismo, ella debe recordar las veces que te reías del matrimonio y de la gente que "arruinaba" una relación con todo ese formalismo. Tuve ganas de golpear a mi conciencia por recordarme aquel error, ¿es que la gente no puede equivocarse? Bueno, yo había aprendido que podía hacerlo y con cierta frecuencia.
-Yo creo que debes ser más tú mismo- dijo Jasper. –Bella te ama precisamente por tu manera de ser, no intentes agradarle con el típico cliché. Quizás por eso no cree en tus verdaderas intenciones.- Asentí un poco más animado.
-Creo que deberíamos pasar al plan "R"- dijo decididamente Emmett.
-Vamos como en el "V"- corrigió Jasper y los tres comenzamos a carcajearnos, a pesar de que la situación no era muy divertida, contar con ellos era un motivo para sonreír.
Nos abrazamos fuertemente sintiendo que siempre estaríamos ahí para el otro, apoyándonos incondicionalmente a pesar de la situación, del tiempo y el problema.
-¿Interrumpimos?- nos soltamos cuando escuchamos la voz de Alice. Al mirarla vi que tenía en sus brazos a una de las trillizas. Si no fuera por sus gorritas rosas con sus nombres bordados no sabría quien es. Detrás de ella apareció mi hermosa Bella cargando a otro bebé.
Caminé directo hacia ella posicionándome en su espalda y abrazándola por la cintura.
-Te ves hermosa en éste vestido- (perfil) susurré en su oído y besé de manera provocadora su cuello. –Pero me gustaría más quitártelo lentamente con mis dientes.- Ella se removió y si no la conociera, diría que se puso ansiosa. Alguno, de mis amigos carraspeó. –Y te ves más hermosa con un bebé en tus brazos- le dije para cambiar el tema. Si no, tendría problemas evidentes.
-Me asombro cada día más de ver ese lado paternal con tus sobrinas- sonrió risueña.
-Espero que no siempre deba disfrutar de mis sobrinas, sino que de unos propios- murmuré en sus labios y su rostro se iluminó.
-Ya veremos, machote.- ¿Qué podía decir? Ella era la que llevaba las riendas de mi vida, estaba completamente domado por su encanto y por todo el amor que le tengo.
Pasados unos días después de que ella llegara, me comentó acerca de las sospechas por las que había pasado todos esos días. Tengo que confesar que cuando me contó lo del "supuesto embarazo" me asusté, más que nada porque nuestra relación aún era prematura y no quería sentirme agobiado cuando comenzábamos a tomar responsabilidades acerca de un "nosotros". Ciertamente en ese momento hubiese sido una irresponsabilidad, pero hoy, después de dos años de relación, en la que al segundo me fui a vivir a su departamento, simplemente la idea me hacía soñar despierto. Una sola cosa podía pensar…lo quería todo con ella. La casa, los hijos y la mascota.
-¿Dónde está Paz?- escuché que Jasper le preguntaba a Alice. Se acercó a su hija y se la arrebató de los brazos para hacerle mimos.
Las tres hijas de Alice y Jasper resultaron ser iguales a Jasper, pero inquietos como su madre. Con un año y medio y aprendiendo a caminar, ya habían destrozado un buen par de jarrones de Esme.
-Está con tu madre y Rose- ella miró a Emmett y le guiñó un ojo. –Nos envió para asegurarnos de que el novio no esté con ataque de nervios y a punto de salir corriendo lejos de la iglesia.- Nos reímos de aquel comentario y Emmett se sentó, o mejor dicho se lanzó, sobre una silla más allá. Sus nervios eran evidentes.
-Estás peor que la novia- bromeó Bella. Sentirla entre mis brazos era una sensación de la que no podría aburrirme jamás. La abracé más fuerte a mi cuerpo teniendo cuidado con la pequeña que dormía plácidamente en sus brazos. La que tenía mucha suerte al estar en un lugar que era mío y que deseaba estar.
-Y si tú fueras la novia, ¿cómo estarías?- Ella me miró a los ojos y sonrió ampliamente.
-Ni siquiera me he puesto a pensar en ello.- Se estaba burlando de mí, lo sabía por la sonrisa que intentó, fallidamente, esconder.
Definitivamente las mujeres eran unas masoquistas, a ellas parecía gustarles que uno se comportara como un cavernícola intimidante para hacerles ceder.
Ésta Bella que descansaba entre mis brazos no es ni la sombra de lo que fue dos años atrás. Ésta Bella dejó todas sus inhibiciones y sus luchas internas para entregarse completamente. Inevitablemente mi cuerpo por completo se calentó al recordar aquel reencuentro.
-Jasper, ¿puedes disculparme con el resto de la familia? Tengo un par de asuntos que resolver que no pueden esperar.- Jasper sonrió al borde de soltar una carcajada.
-Dale un respiro a esa pobre mujer. No creo que esté acostumbrada a tu ritmo.- Sentí las ganas de decirle que Bella perfectamente se amoldaba a mi ritmo, pero esa información era privada y muy poco cortés.
En cosa de minutos estacioné el vehículo fuera de mi departamento y salté para abrirle la puerta a Bella. Al pasar frente al conserje, no pasé por alto el guiño que le dio a Bella cuando la vio pasar junto a mí.
Si él tenía que ver algo con la aparición de Bella en casa de mis padres…tendría que recordar subirle el sueldo.
Bella ingresó algo insegura a mi departamento. Yo por mi parte, cerré la puerta tras de mí y ella se giró con su rostro apenado.
-Perdóname- pidió y me acerqué a ella.
-Ya lo hice, amor- tomé sus manos y las lleve a mis labios. –Pero ya te dije que te costará caro ese perdón- dije de manera sugerente. Cómo la necesitaba, casi tres meses esperando sólo por ella, por la única persona que conseguía que mi cuerpo reaccionara. –Te necesito- le susurré al oído.
-Tenemos que hablar.- Jadeó cuando metí mis manos bajo su camiseta y apreté uno de sus pechos. Maravilloso, mi cuerpo por completo reaccionó a su maravilloso jadeo, reaccionó encantado al sentir como aquella piedrecilla se endurecía entusiasmada por mis atenciones.
-Luego, necesito sentirte. Saber que eres real y no uno de los tantos sueños que tuve.- Sus ojos se agrandaron por el asombro, y sus labios se curvaron en una sonrisa satisfecha.
-¿Soñaste conmigo?- preguntó con cierta valentía que me gustó.
-Cada noche, en la que sólo pensaba en tenerte debajo de mi cuerpo sometiéndote a mis deseos. Y si te preguntas si estuve con otra mujer, te digo desde ya que ni lo pensé. Tú estabas, estás- remarqué, –tatuada en mi piel, no podía pensar en más que estar contigo.- Su sonrisa se agrandó aún más.
-Yo sólo deseaba estar mejor y volver a ti. Que me perdonaras por irme sin avisarte.
-Claro que lo haré, pero- su mirada de ensombreció, –necesito que me asegures que no tienes un hijo escondido, un ex novio prófugo o algo extraño que deba saber.- Ella rió encantada.
-No hay nada extraño, lo prometo. He vuelto exclusivamente para estar contigo- aquella confesión provocó simplemente que la sangre se calentara aún más.
-Necesito hacerte mía- le dije sobre sus labios y ella asintió levemente, con sus ojos cerrados disfrutando de mis caricias. –Desnúdate, quiero verte hacerlo- le ordené y su mirada se oscureció.
¡Madre santa! ¿A ella le gustaban mis órdenes?
-Todo sea por ganarme tu perdón- dijo sin apartar sus ojos de mi.
Relamiendo sus labios, llevó sus pequeñas manos hacia su camiseta, que comenzó a deslizar lentamente, cuando la quitó por su cabeza un jadeo brotó desde mi pecho, no llevaba sujetador.
-¿Qué…?- intenté preguntar.
-Me lo quité en el auto- dijo como si fuese una niña traviesa. Continuó su tortura deslizando sus pantalones mientras acariciaba sus piernas.
Mi cuerpo entró en una completa combustión cuando introdujo su mano dentro de su ropa interior tocándose a sí misma.
-Oh no, ese es trabajo mío- dije tras abalanzarme sobre ella.
-Es lo que estaba deseando.- Ese tono peligroso en su voz me encendió aún más.
Sin mucha delicadeza, arranqué sus bragas dejando tiras de tela inservibles.
-No puedes imaginar lo que te he extrañado- confesé mirándola a los ojos. En los suyos apareció dolor y negué de inmediato. –Lo dejaremos en el olvido, lo que importa es que estás aquí conmigo y yo no dejaré que te vuelvas a ir- le aseguré.
-Y yo no pienso volver a irme- confirmó sin dejar de sonreír.
Me deslicé hacia abajo lentamente mientras abría sus piernas en el transcurso.
Ella intentó cerrarlas para mí. La miré alzando una ceja, desafiándola con la mirada a que no volviera hacerlo. –Necesito probarte, después de tanto tiempo necesito hacerlo.- Sin esperar una respuesta de su parte, me acerqué a su húmedo sexo para devorar y degustar aquella miel.
Con mi lengua tracé aquel camino caliente y húmedo, dejando caricias que le hacían vibrar.
Controlando mi cuerpo para no correrme enseguida, exhalé mi aliento sobre ella inundándome de su aroma.
Con una exquisita y provocativa fuerza, ella me tomó del cabello empujándome hacia su interior mientras mecía sus caderas arriba y abajo. Llenando mis oídos de sus hermosos gemidos.
-¡Ahí!- saltó excitada cuando succioné su clítoris y lo masajeé con mi lengua.
-¿Te gusta así?- le pregunté volviendo a chupar aquel lugar, sin apartar la mirada de su rostro contraído. Ella mordió su labio y asintió sin contestar.
-¡Contesta!- la obligué fingiendo que iba a salir.
-¡No!- chilló ella mirándome afligida, sujetándome con brusquedad por la cabeza.
Sonreí satisfecho por su reacción.
-Entonces, ¿te gusta o no?- volví a preguntar, mirándola fijamente mientras pasaba mi lengua saboreando mis labios. De su cuerpo emanó aquel olor que me tenía loco viendo toda aquella lujuria en su rostro.
-Me encanta lo que haces con tu lengua, quiero más- rogó con sus mejillas arreboladas.
Como un poseso le di todo lo que pidió, cada lametazo, embestida y jalada que provoqué en su cuerpo era con una pasión desbordante que nunca había visto en mí. Yo simplemente moría por complacerla, la necesitaba junto a mí y de eso no había escapatoria.
Esa primera noche fue un orgasmo tras otro, no hubo tregua, pausa o tiempo que perder. Necesitaba embriagarme de su cuerpo, de su sabor y su calor.
-¿Me podría decir en que está pensando el señor Cullen que lo tiene tan animado?- bromeó sintiendo en su trasero la reacción de aquel recuerdo, ella se frotó suavemente provocándome aún más. Gruñí excitado.
-Si quieres puedo mostrártelo- sugerí en su oído.
-¡Oh! Nada de eso señorita, usted y yo tenemos que acompañar a Rose en este momento.- Alice se llevó a Bella de mis brazos dejándome frustrado. Nos dimos un rápido beso de despedida y me quedé nuevamente a solas con mis amigos.
Esa pequeña demonio sabe como arruinar un buen momento, comentó y asentí en completo acuerdo.
-Ya comenzaba a extrañarte- musité en voz baja.
Cada vez me necesitas menos. Al fin has tomado la vida que realmente quieres en tus manos. Tus decisiones son las correctas o al menos las que sigues con el corazón, por lo tanto no necesitas de mi intervención. Extrañamente sentí una punzada de dolor en el pecho, algo así como de abandono.
-¿Vamos?- la voz de Jasper me sacó de mi mundo de locos.
-Claro, vamos.- Los tres salimos de aquella salita que estaba al costado de la iglesia y nos fuimos con los invitados que comenzaban a amontonarse en la entrada.
Emmett no dejaba de mirar hacia la calle por donde debía aparecer Rosalie. Era increíble que después de años de relación no hubieran hecho esto antes. Quizás realmente uno debía esperar para que estas cosas se dieran.
No tiene nada que ver una con la otra. Tu hermano se casó cuando no llevaba mucho tiempo de relación con Alice. Así que no pienses cosas que hagan flaquear tu decisión. Asentí y me fui a buscar a mi chica.
-¡Edward!- me giré de inmediato al reconocer esa voz. En cosa de segundos Emmett y Jasper, ya sin su hijo en los brazos, estaban junto a mí mirando con la misma cara de asombro.
Jacob llegaba a la iglesia con una hermosa chica de la mano.
-Jacob, amigo- lo saludé abrazándolo fuertemente. Lo mejor del tiempo, es que ayudaba a curar todas las heridas y los rencores. Al menos eso nos sucedió a ambos que conseguimos retomar nuestra amistad, incluso mejor que antes ya que él, en algún punto, comenzó a valorar que yo prefiriera guardar silencio y perderlo, a que la imagen de su esposa cambiara.
-Tanto tiempo, me alegro de verlos- dijo mientras abrazaba a Jasper.
-Eso es porque te fuiste a vivir a Europa- le dijo Emmett mientras lo saludaba.
-Tuve buenos motivos.- Al tomar la mano de la chica comprendimos que se debía a ella. -Ella es Vanessa, mi novia.- No pude sentirme más feliz en ese momento. Mi amigo se había abierto nuevamente al amor y ver en sus ojos lo feliz que era, para mí era más que suficiente.
Quizás después de todo, Leah nos estaba echando una manito para ser felices donde quiera que esté.
El tiempo junto a los invitados se había pasado muy rápido, al menos para mí, ya que Emmett realmente se veía nervioso. Como jamás creí llegar a verlo.
-¿Quién era la chica que estaba con Jacob?- preguntó mi Bella. Ya estábamos en el interior de la iglesia sentados, esperando a que Rose ingresara.
-La chica que consiguió que mi amigo amara nuevamente.- Bella sonrió feliz.
-Me alegro por él, es muy guapa.- Asentí sin dejar de mirarla.
-Pero tú lo eres mucho más.- Acaricié su cuello desnudo con la punta de mi nariz y ella se removió nerviosa.
-Compórtate- carraspeó.
-Luego- le dije como una promesa. Definitivamente no podía cansarme de estar junto a ella, simplemente era adictivo sentir su piel, su cuerpo bajo el mío, sus gemidos y sus deseos.
-Ten un poco de respeto, estamos en la iglesia- me regañó pero siempre regalándome una sonrisa. Me calmé enseguida, sobre todo porque mi madre me miró de manera recriminatoria.
Cuando al fin Rose apareció y caminó hasta mi amigo, él se tranquilizó. Su rostro no podía compararse con ningún otro, la felicidad y emoción que emanaba era contagiosa y a la vez, envidiable.
-Cásate conmigo- le susurré a Bella, una vez más. Sus ojos estaban cristalizados por la emoción del enlace entre Emmett y Rose. Se giró para mirarme.
-Te amo con mi vida Edward Cullen, pero no es necesario que nos casemos para que estemos juntos. Te amo aún más por intentar hacerme feliz, pero no es necesario que hagas esto por mí, entiende que así soy feliz. Con esto que me das, no pido más- acarició mi mejilla con mucho amor.
-Cabezota- susurré y ella rió bajito. ¿Cómo podía pensar que esto lo hacía para agradarla? ¡Maldición, yo quería casarme!
No maldigas que estamos en una iglesia, y sí, definitivamente tendremos que ponernos más drásticos. Asentí en completo acuerdo. Al parecer todas esas bobadas de romanticismo no funcionarían con ella, si realmente quería que ella se uniera a mí… tendría que hacerlo a mi estilo. Al menos tenía la confianza de que podría funcionar.
A lo largo de nuestra relación, Bella me había regañado un par de veces incluso al borde de la discusión, pero siempre con el fin de hacerme entender qué estaba mal. Además, las reconciliaciones eran mi especialidad gracias al encanto Edward "arrogante" Cullen, como me llamaba Bella. Incluso mis trabajadores se daban cuenta de mis cambios, ya que ahora todos me saludaban con mucha familiaridad. Perfecto, ya no era temido entre mis empleados.
Reconoce que te gusta esta nueva clase de respeto, el que crea un líder mediante la confianza y no por el miedo. Asentí a regañadientes sin dejar de observar a mi Bella que seguía haciendo cambios en mí.
Cuando la ceremonia terminó, nos acercamos a los novios para felicitarlos.
-Que sean muy felices- le dije mientras abrazaba a mi amigo.
-Gracias amigo. ¿Cómo te fue?- preguntó cambiando de tema.
-Negativo- dije sin ánimos, –así que necesitaré que me hagas un favor.- Él se apartó para mirarme especulativamente. –Necesito que hagas una llamada a uno de tus buenos amigos- le guiñé un ojo decidido y él sonrió como si entendiera lo que tenía en mente.
·.·.·
Bella
La recepción había sido simplemente fantástica, Rose desbordaba tanta felicidad que sentí un poco de envidia.
Por una parte no podía quejarme, Edward me había propuesto matrimonio en varias ocasiones desde que cumplimos un año y medio juntos. Mi problema es que sabía que él no creía en el matrimonio y que si hacia eso era para hacerme feliz. Yo soy feliz estando con él y si siente cierta aversión al matrimonio yo lo toleraré, por él todo.
-Eres mala- me dijo Alice. Estábamos las dos juntas después de despedir a Emmett y a Rose que se iban un par de días de Luna de miel.
-¿Qué hice ahora?- pregunté haciéndome la desentendida.
-Nuevamente le has dicho que no. Jasper me contó que lo ha visto realmente triste. ¿No te has planteado siquiera la mínima posibilidad de que Edward se quiera casar realmente contigo porque te ama y lo desea?- La miré unos segundos y tras morderme el labio nerviosa, asentí con la cabeza.
-Claro que lo he hecho, es sólo que gana la parte que lo siente un poco forzado. Amo a Edward y su forma de ser, pero siento que esto iría contra lo que él siente y no quiero amarrarlo a algo de por vida si no se siente realmente cómodo. Literalmente convivimos todos los días, incluso en el trabajo- una imagen apareció en mi cabeza como un rayo.
-Pue…puede venir…alguien- jadeé con dificultad. Las embestidas de Edward eran simplemente deliciosas. Sus manos se aferraban fuertemente a mis nalgas masajeándolas mientras con un rítmico vaivén me penetraba profundamente.
-No tienen por qué- dijo mientras chupaba mis pechos. Los sentía ardiendo e hinchados por las maravillosas caricias que Edward les daba.
-Uuuhhmm-gimoteé cuando una de sus manos bajó entre los dos para acariciar aquel botón hinchado en mi sexo que me llevó a la liberación. A pesar de que estaba sentada sobre el mármol del baño, me aferré a sus hombros para no caer.
Cuando reaparecí en la agencia, en efecto estaba despedida. Asunto que Edward aprovechó muy bien ya que ahora era su azafata personal, y la única.
Tengo que decir que trabajar para Edward era el trabajo más cansado que me había tocado en mis años de servicio. Debía atenderlo a cada momento y muchas de las atenciones eran como éstas.
¡Por Dios! ¿A quién quería engañar? ¡Era la mujer más feliz del mundo!
-Me encan…tas- susurró en mi oído mientras aceleraba sus envites, podía sentir que su orgasmo estaba próximo.
Alejé su cuerpo un poco y él me miró extrañado, me acomodé un poco mejor sobre el mueble del baño del avión y abrí más mis piernas invitándolo a que observara nuestra unión. El deseo me llegó nuevamente cuando lo vi pasar su lengua por sobre sus labios secos y su mirada se oscurecía como un depredador.
-En cualquier momento vamos a llegar- le avisé con el mejor tono profesional.
-Si mi azafata no me dice que me abroche el cinturón, pues aquí me quedo haciéndote el amor.- Sonreí como una boba.
-¿Bella? ¡Bella! Ya estás pensando en Edward- me gruñó Alice. Me ruboricé de inmediato.
-Para nada, estaba recordando las cuentas que debo pagar- mentí horrorosamente y Alice rodó los ojos con una sonrisa pícara.
-En fin, ahí viene Edward- señaló hacia el otro extremo de la sala. –Amiga por favor cualquier noticia nueva me llamas de inmediato, no importa si son las tantas de la madrugada- dijo ansiosa. La miré sin entender, pero antes de poder preguntarle sentí los brazos de Edward envolverme.
-¿Nos vamos?- preguntó besándome en la nuca. Asentí con la cabeza. Nos despedimos de la familia y nos marchamos a nuestro departamento.
Después de que cumplimos oficialmente un año estando juntos, Edward tomó sus cosas más importantes y se vino a vivir a mi departamento. Durante ese primer año en particular no lo hablamos ya que no era necesario. Edward poco a poco, dejaba ciertas cosas en mi departamento tales como sus ropas, algunos libros e incluso sus útiles de aseo. De cierta manera yo sabía que él prefería mi hogar para dejar un poco de lado aquel mundo frívolo en el que estuvo inmerso tanto tiempo.
Lo único que realmente extrañaría, por lo que había mencionado, sería a su fiel conserje.
El cambio oficial había sido realmente interesante, puesto que Edward y yo decidimos pintar el departamento por completo y hacerle algunos cambios para que fuese más acorde con nuestras personalidades.
Compartir mis cosas y mi espacio con él al principio había sido todo un reto ya que Edward estaba acostumbrado a que Irma ordenara su departamento, pero desde un inicio yo dejé establecido que aquí no se aceptaban hijitos de papá con casi 30 años, a los que la nana todavía le ordenaba las cosas. Poco a poco se fue acostumbrado al menos, a dejar la ropa sobre el pequeño diván que tenemos en el cuarto en lugar de dejarla esparcidas por el suelo.
Eso sí, jamás reconocería que amaba su manera infantil de vivir. Amaba los detalles que tenía hacia mí, su rostro por la mañana al despertar o las veces que intentaba "ahorrar" agua con las duchas de la mañana.
-¿En qué piensas?- me preguntó cuando íbamos en el auto.
-En lo divertido que te ves el fin de semana, llevándome el desayuno a la cama para comprarme por el resto de la semana y así conseguir que yo ordene tu desorden.- Él sonrió encantado.
-No olvides las rosas que siempre dejo- añadió y dejó su mano sobre mi pierna, poco a poco comenzó a subirla a mi muslo con caricias suaves y sugerentes. –Nunca te he escuchado quejarte con lo que viene después del desayuno- me acarició sobre la fina tela de mi ropa interior, robándome un jadeo lleno de excitación.
-Ambas manos sobre el volante- le regañé, pero mi voz no sonaba para nada acorde con mis palabras. Edward quitó su mano para dejarla sobre el volante y de inmediato quise llorar por la pérdida.
-He cancelado el viaje a Cuba porque mañana por la tarde quiero llevarte a un lugar- dijo de pronto y observé su perfil. No había nada que me indicara de qué se trataba. –Una sorpresa- añadió conociendo que no iba a dejarlo pasar por curiosidad.
-Sabes que no…- me cortó hablando dulcemente.
-Que no te gustan las sorpresas, lo sé. Pero créeme, ésta te gustará- se giró levemente para guiñarme un ojo. Tomó una de mis manos para besarla y sin soltarla, la dejó sobre su pierna.
-¿Qué hacemos aquí?- pregunté extrañada. ¿Ésta era su sorpresa? ¿En el aeródromo? ¡Qué original! Como si no tuviésemos que pasar tiempo en los aeropuertos o en aviones.
-Calma mi pequeña ansiosa- dijo besando la punta de mi nariz.
Como lo pensé, nos montamos en un avión (perfil) de esos pequeños parecidos a las avionetas. Edward saludó al capitán y a otro hombre que no reconocí. Edward nos presentó e ingresamos al interior.
Si bien, Edward y yo habíamos realizado una buena cantidad de viajes de placer, siempre se me hacía extraño subirme a un avión sin que la parte profesional saliese a flote. Bueno, eso se me olvidaba cada vez que Edward ponía sus manos en mi cuerpo, creo que esa era la kriptonita que me hacía olvidar mi lado profesional.
En el interior, Edward se dedicó a hablar con el hombre de no sé qué cosas mientras yo miraba por la ventanilla. El lugar que íbamos sobrevolando no lo reconocí, era mucho terreno plano, y a pesar de la gran altura que llevábamos pude notar que no estaba habitado.
Edward se levantó con el hombre y antes de perderse en una cabina me besó dulcemente, con cierto dejo de ansiedad. Me quedé esperando varios minutos hasta que apareció nuevamente, aunque esta vez llevaba puesta una extraña chaqueta como la que usan los competidores de la fórmula uno.
-Bella, amor ¿puedes venir unos minutos?- pidió y yo me levanté para acercarme a él. Edward le guiñó un ojo al hombre y varias cosas sucedieron a la vez. Edward se aferró a una palanca cerca de la puerta mientras aquel hombre me abrazó por la cintura fuertemente y se sujetaba de la otra palanca opuesta a la de Edward. En cosa de segundos la puerta del avión salió eyectada hacia el exterior, consiguiendo que éste se desestabilizara por el viento que entraba con fuerza.
-¡¿Qué haces?- le grité asustada cuando sentía que la fuerza del viento intentaba succionarnos.
-¡Bella!- me gritó Edward sobre el estruendo del viento.
-¡¿Qué haces?- le grité al ver que se acercaba peligrosamente al límite del avión ¿Pensaba saltar?
-¡Cásate conmigo!- gritó y mi mandíbula se desencajó por completo.
-¡¿Estás loco?- dije sin poder creerlo. -¡Aléjate de ahí!- le pedí desesperada.
-¡Cásate conmigo!- volvió a gritar acercándose más al límite. Intenté aproximarme a él pero el hombre me tenía fuertemente aferrada a su cuerpo. -¡Cásate conmigo, amor! Te amo como no lo puedes imaginar- siguió diciendo y las ganas de llorar aparecieron fuertemente.
-¡Aléjate de ahí!- le grité asustada. Podía perder el control de su cuerpo y ser succionado al vacío.
-¡Sólo si te casas conmigo!- volvió a gritar. –Por favor mi amor, esto lo hago porque quiero, porque soy egoísta y te quiero solo para mí. Porque quiero ser más feliz de lo que ya soy- su rostro se me hizo nebuloso por lo que aparté las lágrimas de mis ojos.
-¡Esta bien!- le grité con una emoción que no conocía. – ¡Me casaré contigo! pero aléjate de ahí- acepté finalmente, sintiendo realmente que era lo correcto. No había miedos, dudas o temores.
-¡Te amo!- gritó y se lanzó hacia el exterior. Sentí que toda la sangre abandonaba mi cuerpo. El hombre, sin dejar de sujetarme me acercó cuidadosamente al marco para mostrarme cómo Edward planeaba por el aire.
-Tranquila que él lleva puesto un traje especial para caídas al vacío- me aseguró el hombre y yo lo miré con mala cara.
-Estaba todo planeado, ¿no?- Él asintió sin poder esconder la sonrisa cómplice.
-Yo sólo le hago un favor, la idea fue de Edward.- Me indicó que mirara nuevamente hacia abajo y pasados varios minutos, en los que Edward volaba con mucha gracia y profesionalidad, activó el paracaídas.
Me asombré cuando en la gran tela estaba escrito: "¡Se quiere casar!" No pude evitar comenzar a reír por sus locas ocurrencias. Mi Edward no cambiaría jamás.
Minutos después, cuando el avión aterrizó, me bajé enseguida con ayuda de aquel cómplice de Edward que estaba varios metros más allá esperándome con una sonrisa.
Cuando me alejé unos buenos metros del avión, escuché que comenzaba a alejarse nuevamente ¿Nos iban a abandonar solos en la nada?
Corrí hacia Edward que no dejaba de mirarme de manera triunfal, cuando estuve lo suficientemente cerca me abalancé sobre a él muy, muy enojada.
-Eres un maldito…- comencé a golpearle el pecho por el susto que me hizo pasar mientras él no dejaba de reír a carcajadas.
-Golpéame todo lo que quieras pero eso no evitará que deje de sentirme feliz. ¡Aceptaste ser mi esposa!- gritó entusiasmado. Me detuve para contemplarlo, realmente había aceptado.
-Un momento, ¿el resto de la familia lo sabia, no?- dije recordando el entusiasmo de Alice por que la llamara y las miraditas del resto con Edward. Él asintió sin dejar de sonreír.
-Ven acá futura esposa mía- me acercó a su cuerpo y comenzó a besarme. Intenté alejarme de él pero en cosa de segundos me tenía completamente dominada bajo sus caricias. Con pasos lentos, comenzamos a retroceder hasta que sentí que bajo mis pies cambiaba la sensación del suelo. Al mirar me di cuenta que estábamos sobre la tela del paracaídas.
-¿Cómo sabias que iba a aceptar?- le pregunté al recordar lo que leí.
-No lo sabía pero venía decidido a conseguirlo como diera lugar. Incluso si debía chantajearte con mi cabeza en la turbina- delineo mis labios con sus dedos. –Me amas demasiado como para permitir que algo me suceda- fanfarroneó con una sonrisa infantil.
-¿No se puede ir completamente el Edward "arrogante" Cullen, verdad?-
Me acercó fuertemente a su cuerpo y comenzó a besarme de una manera desesperada. Caímos juntos sobre la gran tela, quedando Edward entre mis piernas.
-Qué mejor manera de celebrar las buenas noticias que haciendo el amor- sugirió mientras sus manos comenzaban a desnudarme.
-Edward, alguien nos puede ver- y extrañamente esa idea me gustó. Lo miré a los ojos sintiendo todo ese poder lleno de lujuria que emanaba de su cuerpo. Si no puedes contra el enemigo, únete.
-Tus pupilas se han dilatado ante la idea, ¿no?- Ronroneó sin dejar de acariciar las zonas desnudas de mi cuerpo.
-Hazme tuya, Edward. Como te complazca- dije besándolo sin poder esconder el frenesí de mi cuerpo. Llevé mis manos a su pantalón para quitar esa estorbosa prenda.
-Si todas las azafatas fuesen igual de serviciales que tú, mi amada futura esposa, este mundo tendría hombres realmente felices y satisfechos por la mujer que tienen a su lado. Eres mía Isabella Swan, y lo seguirás siendo dentro de las próximas décadas- prometió mientras sentía como mi sexo era invadido.
-Mi arrogante Cullen- sonreí sintiéndome plenamente feliz. –No podrías apartarme de tu vida aunque fueses el odioso de antes. Para eso tengo un par de castigos que te bajarán de las alturas.
·.·.· FIN ·.·.·
Y aquí estoy llorando a moco tendido (perdonen la expreción) pero es verdad :( ésta historia tiene una importancia que no pueden llegar a imaginar, hay partes de esta historia que son reales para mi e intente escribirla con tanto sentimiento para compartlos. Es importante porque me ha llevado a conocer personas maravillosas. Es importante porque es un pedacito de mi que he compartido y les ha gustado.
¡Gracias por su tiempo, paciencia, por entregarme sus emociones en cada RR!
Gracias a mis verdaderas padulinas que me soportaron las maldades ^.^
A las chicas que he conocido más allá de una lectora.
Nos leemos en la nueva historia =*
