Capítulo 36: Corazón impuro
— Sobreviviste — comentó el Ser Oscuro al mismo tiempo que observaba a Emma de arriba abajo, de un modo que le hizo sentir incómoda — Veo que aquella mujer finalmente no fue capaz de dejarte morir — entrecerró los ojos y una sonrisa de medio lado le atravesó el rostro.
— ¿Quién eres? ¿De qué estás hablando? — dio un paso atrás al ver al hombre dar un paso hacia ella y colocó la espada entre los pocos metros que los separaban.
Aquel gesto pareció divertir al Ser Oscuro que soltó una estridente carcajada y movió las manos en el aire como si la locura le hubiera invadido de ponto. Killian tensó la mandíbula y se acercó rápidamente hacia él con la ira reflejada en su mirada.
— ¿Sigues creyendo que soy una alucinación, viejo amigo? — preguntó con un tono calmado y tranquilo que solo conseguía terminar poco a poco con la escasa paciencia del pirata — ¿Crees de verdad…? — apretó los dientes con rabia y lo paralizó antes de que pudiera tocarlo con un rápido movimiento de mano — ¿…que no estoy aquí?
Las miradas de ambos adversarios se cruzaron por unos instantes que a Killian le parecieron interminables y le sirvieron para darse cuenta de lo equivocado que había estado. Aquello no era un espejismo en absoluto, el Ser Oscuro realmente estaba allí amenazando su vida y la de Emma. Giró las pupilas hacia donde estaba la mujer rubia sin ser capaz de mover ningún músculo de su cuerpo. Trató de suplicarle con la mirada que huyera, que se pusiera a salvo pero Emma parecía no captar el mensaje; o tal vez estaba tan loca como pare intentar enfrentarse al Ser Oscuro después de todo. Las manos de la chica temblaron y la espada resbaló de sus manos con un ruido metálico que retumbó en el silencio de la selva. Solo era capaz de escuchar su respiración agitada y el palpitar de su propio corazón que golpeada contra su pecho a un ritmo vertiginoso.
— ¡Ah! — El grito angustiado de Killian consiguió hacerla reaccionar. Agitó la cabeza varias veces y observó al Ser Oscuro cerrando la mano lentamente en el aire como si tratara de estrangular a Garfio sin ni siquiera rozarlo.
— ¡Basta! — exclamó con la voz llena de pánico pero el hombre hizo caso omiso a sus palabras y siguió realizando aquel gesto que le robaba lentamente la vida al hombre que amaba.
— ¿No te alegras, Capitán? — susurró entre dientes sin dejar de ejercer magia sobre el cuello de Killian — ¿no te alegras de que por fin haya decidido terminar con tu sufrimiento? Ya no tendrás que seguir lamentándote por la muerte de la mujer que me robaste — la rabia invadió su tono de voz y apretó el puño con fuerza provocando un quejido agonizante en el pirata. — Deberías darme las gracias.
Emma observaba impotente como Garfio pataleaba y se retorcía tratando de liberarse inútilmente de la fuerza invisible que le apretaba el cuello. La rabia que sentía le hizo apretar los puños con fuerza y de pronto volvió a sentir la magia recorriendo sus venas y fluyendo por cada centímetro de su piel. Una vez más el miedo y la impotencia que sentía al ver a Killian en peligro se convertían en su fuerza, y esta vez no tenía ninguna duda de cómo debía actuar. Cerró los ojos con fuerza para concentrarse y extendió las manos hacia delante, dejando que toda la magia se acumulara en sus palmas y saliera disparada hacia su objetivo. Seguía escuchando los quejidos del pirata cada vez más lejanos y débiles, y supo de inmediato que el tiempo se agotaba y debía darse prisa. Cerró los ojos con más fuerza e intentó evadirse de todo lo que le rodeaba. A pesar de sus esfuerzos un "Huye" ordenado con un hilo de voz consiguió filtrarse en sus pensamientos, pero no permitió que aquello la detuviera; en lugar de eso se aferró a la voz de Garfio para darse ánimos a sí misma y aumentar su poder. Se mordió el labio inferior y tiró las manos hacia atrás, antes de impulsarlas hacia delante liberando toda la magia que se acumulaba en su interior. Sintió un hormigueo en la piel y una ligera quemazón cuando un potente haz de luz blanca salió despedida de sus manos con tal fuerza que Emma tuvo que dar dos pasos hacia atrás para no caer de espaldas. Abrió los ojos rápidamente para observar el resultado de su ataque pero enseguida comprobó que todo su esfuerzo había sido en vano. El Ser Oscuro seguía torturando el cuello de Killian y además, en esos momentos, retenía el haz de luz blanca con la otra mano sin ni siquiera girarse.
— ¿Él te dijo que serías capaz de vencerme? — preguntó con sarcasmo — Siempre ha tenido la mala costumbre de infravalorarme — susurró — Por ese motivo, va a ser tan placentero…verlo morir.
Emma trató de moverse pero comprobó que sus músculos no respondían a las órdenes que les enviaba su cerebro.
— Adiós, Capitán Garfio — pronunció la última palabra con desdén y desprecio mientras realizaba un último movimiento con la mano, robándole a Killian el escaso oxígeno que le quedaba.
— ¡No! — el grito de Emma cortó el aire como un cuchillo afilado e incluso hizo vibrar el interior del Ser Oscuro. Se trataba de un alarido desgarrador y lleno de angustia que provenía de lo más hondo de su pecho.
El hombre relajó los músculos de la mano y el cuerpo del pirata cayó inerte y sin vida a sus pies. Emma sintió como de repente todo su mundo se hundía y el dolor le habría hecho caer de rodillas ante la escena que acababa de presenciar, si no fuera porque el Ser Oscuro continuaba reteniéndola con su magia. No podía creer lo que acababa de ocurrir, no era capaz de asimilar que Killian se había ido de su lado para siempre. Las lágrimas comenzaron a inundar sus pupilas y no fue capaz de retenerlas antes de que cayeran sin control sobre su rostro, empapándole las mejillas. Mantuvo la mirada fija en el cuerpo inmóvil de pirata mientras por su mente pasaban todos aquellos momentos que habían vivido juntos: la primera vez que cruzaron sus miradas, sus espadas chocando una contra la otra en medio del navío, su cuerpo contra el de ella el día que la atrapó contra el timón, el cofre de sus tesoros, su primer beso, el garfio recorriendo su piel…Las imágenes se agolpaban una sobre la otra sin orden.
El dolor que sentía en su interior era tan intenso que Emma estaba segura de que jamás en su vida había experimentado algo parecido. Una herida abierta y supurante en el centro de su pecho que la atormentaba a cada segundo y la aplastaba lentamente sin provocarle la muerte. Finalmente el Ser Oscuro deshizo el hechizo que la mantenía inmovilizada y Emma cayó de rodillas al suelo. Se abrazó a sí misma con ambos brazos tratando de mantener los pedazos de su pecho en su sitio pero notaba como poco a poco el vacío que la había invadido durante tantos años volvía con más fuerza que nunca. ¿Por qué había creído que ella era especial? Despego las manos de su cuerpo y observó las palmas con desprecio. Ella no era fuerte, no era especial, ¿cómo podía haber pensado por un solo instante que podría salvarlos a ambos? "Eres mucho más fuerte de lo que crees, Swan." Las palabras de Killian volvieron con fuerza a su mente y cerró los ojos con fuerza para no observar su cuerpo sin vida delante de ella. Por eso pensaba que era capaz de hacerlo, por supuesto, porque él siempre había creído en ella. Desde el principio le había animado a confiar en su magia, en su fuerza interior. Se llevó las manos a la cabeza y apretó ambas sienes con fuerza tratando de huir de su voz, su rostro, el azul de su mirada, el tacto de sus labios contra su boca; pero era absolutamente imposible. No podía huir de la realidad. Le había fallado y jamás podría escapar de eso.
— Toda magia conlleva un precio — murmuró de forma impasible el Ser Oscuro — Su deuda está saldada, señorita Swan.
¿Deuda? ¿De qué hablaba? Emma no comprendía de que la conocía aquel hombre, ni porque insistía tanto en que ella debía pagar un precio. "Sobreviviste", le había dicho hacia unos minutos, ¿era por aquello por lo que debía pagar un precio? ¿Por seguir con vida? Alzó la cabeza hacia el hombre de piel escamosa con los ojos incendiados de rabia y dolor. Lo observó con atención y recordó a aquellas criaturas monstruosas que aparecían en los cuentos narrados por su madre adoptiva. Había llegado el momento de dejar de huir, había llegado el momento de luchar.
La cola de la sirena se dividió en dos perfectas piernas en cuanto rozó la arena de la playa, y se puso de pie tratando de mantener el equilibrio. Observó la isla que se alzaba ante ella y dudó unos instantes de la dirección que debía tomar pero inmediatamente comprendió que cada segundo era demasiado importante en aquellos momentos, y decidió correr en línea recta guiada por sus instintos.
— ¡Killian! — su voz se perdía entre la espesura de los árboles sin obtener respuesta pero no estaba dispuesta a rendirse. — ¡Killian! — sentía como las piernas le ardían y el corazón palpitaba desbocado en su pecho. No era lo suficientemente rápida por tierra, todo aquello hubiera sido mucho más sencillo ni hubiese podido desplazarse nadando.
Se abrió paso entre varios arbustos que le arañaron ligeramente la piel y contuvo un gesto de dolor antes de seguir corriendo lo más rápido que le permitían sus piernas. Debía encontrarlo antes que esos dos hombres, debía avisarlo del peligro que corría.
— ¡Killian! — volvió a gritar con desesperación.
— ¿Ariel? — la voz del pirata la sorprendió incluso antes de que pudiera verlo. Se encontraba enfrente de ella y un atisbo de confusión le iluminada la mirada.
La sirena dio un suspiro de alivio al observar que se encontraba a salvo y aminoró el ritmo hasta situarse a escasos centímetros de él.
— ¿Y Emma? — Preguntó al comprobar que Garfio estaba solo — Tienes que marcharte de la isla, debéis marcharos los dos. El cocodrilo ha vuelto, Capitán.
El pirata alzó una ceja sin ocultar su desconcierto, y extendió una mano hasta rozar el rostro de la sirena con delicadeza.
— ¿De qué hablas Ariel? ¿Quién es Emma? — preguntó mientras le acariciaba la mejilla lentamente y clavaba sus profundos ojos azules en los de ella. — Tranquilízate, por favor.
Ariel ladeó la cabeza y frunció el ceño sin llegar a comprender lo que sucedía. Iba a protestar pero las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta mientras la mirada del pirata la absorbía lentamente. Suspiró despacio al sentir su mano acariciándole la piel y de pronto todo lo que les rodeaba desapareció.
— No es nadie… — susurró con la mirada perdida.
— ¿Vuelves a estar celosa, amor? — murmuró el pirata mientras ascendía la mano para atrapar el pelo rojizo entre sus dedos — Sabes que solo me importas tú.
La atrajo lentamente hacia su rostro y cerró los ojos antes de fundir ambas bocas. Ariel saboreó los labios del pirata y notó como perdía los sentidos lentamente. Garfio deslizó los brazos hacia su cintura y la presionó contra su cuerpo sin separarse de su boca. Sin embargo, a diferencia de la felicidad y placer que debía sentir en aquellos instantes, Ariel notó una fuerte punzada en el pecho que le cortó la respiración. Trató de abrir los ojos pero la oscuridad continuaba cerniéndose sobre ella, llevándosela poco a poco hacia el abismo. Los labios de Killian no se separaban de los suyos pero apenas podía sentirlos porque la inconsciencia amenazaba con engullirla para siempre.
— ¡Aaaaaah!
Un grito de pánico le hizo volver a la realidad. Reconocía esa voz. Abrió los ojos de golpe y comprobó que Garfio ya no se encontraba a su lado, era como si se hubiera desvanecido en el aire. Se rozó los labios al mismo tiempo que recuperaba el aliento y comprobó que estaban helados. Paseó la mirada intentando encontrar a Killian pero no había ni rastro del pirata. ¿Qué había ocurrido? Otro grito más desgarrador que el anterior volvió a retumbar en la selva. Sacudió la cabeza con fuerza y comenzó a correr de nuevo, esta vez hacia el origen de los chillidos. Los árboles se desfiguraban a su alrededor y tropezó varias veces antes de alcanzar su destino. Sintió como el colgante en forma de concha le golpeaba constantemente la piel mientras corría y se lo arrancó de un estirón. Si aquellos hombres se encontraban por allí, lo último que quería es que conocieran la existencia de aquel objeto. Lo observó unos segundos en la palma de su mano y acto seguida lo introdujo en uno de los bolsillos de su pantalón, donde permanecería oculto hasta que llegara el momento oportuno. Momento que, sinceramente, esperaba que no llegara jamás. Continuó corriendo unos cuantos metros hasta que una voz la sorprendió a sus espaldas obligándola a detenerse en seco.
— ¿Vas a algún sitio, pequeña? — antes de que pudiera reaccionar se encontró con la mirada del Ser Oscuro atravesándola de parte a parte. — ¿Tal vez buscas esto? — dijo él reprimiendo una risa mientras bajaba la mirada hacia el cuerpo inmóvil de Killian.
Ariel siguió el curso de su mirada y al comprobar lo que señalaba se tapó la boca con ambas manos ahogando un grito de dolor. Todos sus músculos empezaron a temblar sin control y se dejó caer junto al cadáver del hombre que amaba. Extendió una mano y le apartó algunos mechones que caían desordenados sobre su rostro para comprobar que su mente no le estaba jugando una mala pasada.
— Parece que el tiempo se ha agotado antes de que llegaras — continuó el Ser Oscuro de forma impasible mientras la sirena continuaba sin poder creer lo que contemplaban sus ojos.
Ariel lo tomó entre sus brazos y apoyó la cabeza del pirata en su regazo.
— ¿Cómo has podido? — susurró acariciando el cabello de Garfio — ¿Cómo has podido? — repitió con un hilo de voz que terminó en un quejido cargado de dolor. La figura del pirata comenzó a diluirse ante sus ojos a causa de las lágrimas y empezó a llorar sin consuelo. Una de las lágrimas le rozó los labios y al saborearla recordó el beso que acababa de compartir con Killian. ¿Qué había significado aquello?
— Pero él acababa de… — dejo la frase a medias y volvió a rozarse los labios con las yemas de los dedos, intentando comprender una explicación a todo aquello.
El Ser Oscuro adivinó el curso de sus pensamientos y una sonrisa divertida le iluminó la mirada. Estaba claro que la sirena no conocía los secretos que albergaba aquel lugar maldito, y estaba dispuesto a divertirse un poco con su dolor.
— ¿No sabes dónde te hayas, querida? — la sirena apartó la mirada del pirata y la dirigió hacia el Ser Oscuro. Sus ojos estaban cargados de dolor y confusión. — Esta es la isla de los deseos — continuó él remarcando cada palabra con sumo cuidado — Esta isla encuentra tus mayores…deseos y los convierte en realidad, los materializa ante tus ojos, ¿de verdad pensabas que él te amaba? — sonrió con malicia y decidió profundizar un poco más en la herida que acababa de abrirse en el corazón de la chica pelirroja. — Nunca le has importado, Ariel. ¿O acaso no te sustituyó en cuanto tuvo la mínima oportunidad? — alzó la voz en esa última frase e intensificó la mirada.
— ¡No le creas, Ariel! — la voz de Emma resonó desde el otro extremo del claro y la sirena percibió su presencia por primera vez desde que había llegado a la isla. — A Killian le importabas, ¿me oyes? — Emma trató de ponerse en pie pero las piernas le fallaron y volvió a caer al suelo con la mirada baja. Tenía moratones por todo el cuerpo y un hilo de sangre le recorría la comisura de la boca. — Él te quería, Ariel.
— Pero no te amaba — recalcó el Ser Oscuro — Y tal vez ni siquiera te quería… ¿Acaso alguna vez te agradeció todo lo que hiciste por él? ¿Cuántas veces te jugaste la vida tratando de protegerle? — Preguntó con dulzura mientras paseaba alrededor de la sirena y el pirata que se hallaba muerto entre sus brazos — Tal vez podrías haberte ganado su amor si hubieses tenido un poco más de tiempo.
Ariel bajó la mirada y observó a Killian. Aquel hombre tenía razón, lo había dejado todo por el pirata, absolutamente todo y al final del día lo único que recibía eran besos fríos y caricias carentes de pasión. De nuevo un intenso pinchazo volvió a atravesarle el pecho y se llevó la mano hasta el centro del dolor tratando de encontrar su corazón que parecía haber dejado de latir.
— Tal vez podrías haberte ganado su amor — repitió despacio clavando la mirada en los ojos de la sirena — si alguien no hubiera aparecido de pronto estropeándolo todo, robándote al hombre al que amabas.
— ¡Yo no quería suplantar tu lugar! — la voz de Emma se escuchaba lejana y la sirena apenas podía escucharla desde su posición.
— Pero lo hizo — murmuró el Ser Oscuro al mismo tiempo que se agachaba para colocarse a la misma altura que la sirena — y tal vez ya va siendo hora de que cumplas tu venganza.
Sin decir nada más introdujo la mano de golpe en el pecho de la sirena, y un alarido de dolor escapó de su garganta. El hombre atrapó su corazón entre sus dedos y tiró con fuerza arrancándoselo del pecho. Ariel lo miró con terror mientras él observaba el corazón que acababa de arrebatarle. Se sorprendió al comprobar que la sirena no poseía un corazón completamente puro, había manchas de oscuridad en él. Eran muy pequeñas y apenas perceptibles sino se observaban con detenimiento, pero lo cierto era que ni siquiera ella poseía la pureza absoluta.
Lo apretó un poco en su puño y sonrió con satisfacción al ver como la chica de pelo rojizo se retorcía de dolor antes sus ojos. Había llegado el momento de dar la primera orden. Relajó la mano y se quedó en silencio unos segundos hasta que Ariel recuperó el aliento y le miró con el pánico bailando en sus pupilas. El Ser Oscuro acercó el corazón a sus labios y pronunció su primera orden con aparente calma.
— Mátala — sentenció mirando de reojo a la chica rubia que se encontraba en el otro extremo del claro.
