Bruja
Jōnouchi tendía a relacionar las brujas con el arte de manejar la magia, un concepto muy distinto a la imagen tradicional de una mujer vieja, regordeta y con un lunar en la nariz volando en una escoba. Empero, el sábado en que fue asaltado por una fiesta sorpresa en la casa de Yugi por motivo de su cumpleaños, descubrió que la magia no era una habilidad exclusiva de las brujas: era en realidad todo aquello que se podía crear con sus propias manos.
Porque los adornos habían nacido de las manos de Yugi, la comida de la Señorita Mutou y el Abuelo Sugoroku, la presencia de su hermana Shizuka cortesía de Anzu y Honda.
Entonces supo que aquel calorcillo placentero instalado en su pecho, era magia.
"Los amo, chicos".
