CAPÍTULO 34

LA BATALLA POR EL MUNDO REAL IX

VOLVIENDO AL PRINCIPIO

Todo estaba casi listo para comenzar el ataque a la torre central de X.A.N.A, y así poder liberar a todos los que allí tenían presos. Sin embargo, antes de comenzar la operación, Jeremy los había citado a todos en el teatro. Parecía tener algo importante que decir.

Cuando todos estuvieron en su sitio, Jeremy colocó el micrófono a su altura e hizo bajar la pantalla del techo.

- Esta mañana he captado una comunicación del ejército. Todo el mundo está atento a lo que ocurre aquí dentro, pero al parecer piensan que no hay supervivientes – comenzó a decir y pulsó un botón comenzando a proyectar la imagen de una reportera que a su espalda tenía unos tanques y varios soldados moviéndose de un lado a otro.

"Ante el repentino ataque de algo que nadie ha podido explicar, y ante la escasez de datos de que hayan supervivientes, el gobierno ha optado por bombardear toda la ciudad, con el fin de acabar con esas cosas que la atacaron hará unos días. Para ello usarán un misil que…"

Jeremy desconectó el proyector. No hacía falta enseñarles más para ver la cara de pánico que todos tenían. Algunos comenzaron a gritar histéricos, otros a llorar y algunos como fue el caso de Ulrich u Odd, permanecieron impasibles, aunque eso no quitaba que estuvieran preocupados.

- El misil caerá esta tarde a las siete. Tenemos tres horas para acabar con X.A.N.A antes de que eso pase – concluyó Jeremy.

- ¿Podrás activar esa cosa a tiempo? – Le preguntó Jim.

- Si logramos atacar el núcleo de X.A.N.A todo habrá acabado. Todos sabéis lo que tenéis que hacer.

Saber que todo acabaría por fin les alegraba a todos, pero esta noticia había trastornado a la mayoría. Tenían que llegar hasta el núcleo de X.A.N.A, desconectarla y entonces Jeremy utilizaría algo que denominaba "vuelta al pasado" para regresar a antes de que todo este follón hubiera comenzado.

Todos conocían su cometido y cada parte del plan que constaba de tres partes; primero era crear una distracción a las fuerzas que defendieran los alrededores de la torre, segundo infiltrarse en ella y defender la posición hasta que Ulrich, Aelita y Odd lograran llegar hasta donde estuvieran X.A.N.A y desconectarlo para siempre. Todo parecía muy sencillo, sino contaba con que los tres guerreros de la IA estarían allí para defenderla, así como todos sus monstruos. Pero ganarían, claro que ganarían.

Cada uno recogió su equipo y se prepararon para salir. X.A.N.A los estaría esperando, pero no les importaba, acabarían con él de una vez por todas.

Sin que nadie se percatase, desde lo alto del edificio de la Academia, una figura los observaba. Max contemplaba como todos los supervivientes del centro se preparaban para lanzar un ataque final. Como ellos, sabía lo del misil, y aunque X.A.N.A había dicho que no había de que preocuparse, cosa que realmente creía, ya era hora de acabar con todo eso.

Tal y como había supuesto, la barrera estaba creada para evitar la entrada del código de X.A.N.A. Pero si se quitaba el traje y vestía como un ciudadano cualquiera, podía entrar sin problemas. Lo sentía por Ulrich si le había parecido que solo había acudido para dejar a Milly a su cuidado, pero en verdad lo que había hecho era ir para comprobar el terreno y comprobar si su teoría era cierta. Y parecía que así era.

Intentó recrear su arma y para su sorpresa lo hizo sin ningún problema. Eso quería decir que allí dentro aún podía seguir usando sus poderes virtuales. Le sorprendió ante tal fallo por parte de Jeremy, que alguien tan previsor como él no hubiera caído en la cuenta de que uno de los guerreros de X.A.N.A pudiera ser un humano cualquier. Por un lado era bueno, porque eso indicaba que aún no sospechaban de él, y por otro lado también, porque así podía seguir actuando sin que nadie se diera cuenta.

No tenía tiempo para ponerse a pensar. Tenía que ponerse en marcha para llegar hasta la sala del Superordenador y llevar a cabo la misión que él mismo se había adjudicado. No le había dicho a nadie donde estaría y aunque había tenido sumo cuidado según llegaba a la Academia, no le extrañaría para nada que le hubieran puesto alguna Mantis espía. Pero poco le importaba ya. Si todo iba bien, X.A.N.A estaría en su poder de nuevo. Dejarla libre por el mundo real era demasiado peligroso.

Antes de que se diera cuenta, llegó al piso donde antes estaban los cuartos de las chicas. Todas las puertas estaban abiertas, pero quedaban bien poco dentro de las habitaciones, como mucho los muebles, porque todos los colchones y demás habían desaparecido. Llegó a la que creía que era la habitación de Milly.

Como en las demás, quedaba poca cosa, libros sobre periodismo y algo de ropa de las niñas, pero poco más. No sabía a donde se la habrían llevado dentro de la Academia, pero sino se la encontraba mejor. Al activar la vuelta al pasado, se olvidaría de él, de todo lo que han pasado e incluso de lo que sentía.

"Es mejor así…" pensó, triste al pensar en tener que perder todo lo que había pasado con ella. Se acordaría de todo, pero ella no. Sabía que era lo mejor, para poder mantenerla a salvo de X.A.N.A. Y, a pesar de todo, no podía evitar tener ganas de llorar mientras sentía una fuerte punzada en el pecho.

No tenía tiempo para preocuparse por eso, ya lo haría más adelante. Activó el traje virtual y se preparó para dirigirse a la sala del Superordenador. No sabía si encontraría resistencia, pero le daba igual, destrozaría todo lo encontrase en su camino.

El combate en la torre central había comenzado. Los monstruos habían repelido el ataque de los supervivientes sin ningún problema, pero los guerreros de Lyoko estaban dando muchos dolores de cabeza.

Black Dog lo observaba todo desde una de las púas. X.A.N.A le había prohibido intervenir, y no lograba comprender la razón. Ni tampoco podía entender donde se habían metido su hermana y White Light, que habían desaparecido la noche anterior. De todas formas, aunque hubieran estado, los tres tenían órdenes de mantenerse al margen de todo.

Lo único que X.A.N.A le había dicho a Black Dog es que todo iba a ser un pequeño experimento suyo. El misil no tardarían en llegar hasta ellos, pero parecía que no le preocupaba para nada el poder quedar desintegrado. De todas formas, ¿qué experimento iba a poder hacer si era derrotado? A veces no entendía los deseos de su amo.

Nada más podía ver los intentos de Ulrich y sus compañeros por avanzar. Le parecía bastante triste por un lado. Pensaban que estaban logrando penetrar en sus defensas lentamente pero a paso seguro y no sabían que en verdad todo era un plan de X.A.N.A. No tenía pensado ganar esta batalla, estaba claro, sino sus tres guerreros estarían allí abajo luchando junto a sus monstruos. Entonces, ¿qué era lo que estaba tramando?

Ulrich destruyó al Cangrejo y continuó su avance seguido por Aelita y Odd que les guardaba las espaldas. Todo estaba resultando fácil, quizás demasiado fácil.

Había muchos menos monstruos de los que habían pensado en un principio. Incluso solo había un Berserker del que se estaban ocupando otro grupo. Y, lo más extraño, ni White Light ni los otros dos estaban allí luchando. ¿Acaso les estaban tendiendo una trampa?

Era bien posible, al fin y al cabo Ulrich ya avisó a White Light del ataque, así que lo más seguro es que dentro de la torre los estuvieran esperando para tenderles una emboscada.

- ¡Ulrich, los monstruos no dejan pasar a los demás! – Le advirtió Aelita.

- ¡Tenemos que seguir avanzando! ¡Nos quedan menos de dos horas para encontrar el núcleo y desactivar a X.A.N.A!

- ¡Pero…!

- No te preocupes, Aelita – la tranquilizó Odd – No les pasará nada, saben apañárselas. Ya lo han demostrado durante la guerra.

En eso tenía razón, pero todos sabían una cosa: si uno de ellos moría, la vuelta al pasado no les regresaría la vida. Todos los que les habían acompañado lo sabían perfectamente, e incluso habían jurado que si caían no sería culpa suya. Ellos llevaban mucho tiempo luchando contra la IA y ahora era su hora, no pensaban entregarle el mundo real sin presentar batalla. Y si tenían que caer, sería luchando. O eso al menos había dicho Jim hablando por los demás.

Tras acabar con un par de Garrapatas y Avispones, por fin vislumbraban la entrada. Ulrich activó el Super sprint para entrar primero. La puerta daba a un largo pasillo, oscuro y sombrío. Vamos lo que era realmente X.A.N.A.

- Quizás es una trampa…

- No te preocupes, Aelita – Ulrich guardó su espada – Yo avanzaré primero, vosotros seguidme.

- Ten cuidado, tio. No sabemos si nos están esperando allí dentro.

- Lo sé.

Y el joven desapareció dejando la estela amarillenta tras de si. Aelita y Odd se esperaron unos segundos, por si oían algo de su compañero. Como reinaba el silencio, se adentraron en la torre.

Cuando Milly abrió los ojos, se sentía un tanto perdida. Estaba en una habitación muy grande, con muchas camas, que no le sonaba para nada. Juraría que ella estaba en un altillo, con un par de colchones donde había pasado la última semana.

Y ahora, tenía ropas limpias y alguien le había lavado el cuerpo. ¿Pero quién? ¿Habría sido ese guerrero de esa IA al que había salvado? No, eso quería decir que… ¿estaba dentro de la torre? Pero no podía ser, todo eso parecía bastante tranquilo y todas esas camas parecían que se hubieran usado hacía poco.

Además, todo lo que había por los alrededores era ropa y cosas de chicas. Entonces, ¿dónde estaba?

- Un momento… ¿esto no será….? – No podía ser de otra manera. Estaba en la zona de la Academia, donde se quedaron los demás supervivientes al ataque.

¿Pero qué hacía allí? ¿Quién la había llevado hasta ese lugar? Si estaba a mucha distancia, no creía haber llegado hasta allí sonámbula. Era imposible. O igual estaba equivocada y todo era un sueño.

Se pellizco la mejilla con todas sus fuerzas, notando un intenso dolor que casi le hizo gritar. Acariciándose la sonrojada mejilla lo tenía claro, estaba bien despierta. Ahora le faltaba saber que estaba haciendo allí.

Por detrás de una puerta que había en la pared de la derecha, oía unos pasos. ¿Sería de alguno de los supervivientes? No lo sabía, pero se oían tanto cercanos como lejanos a la vez. ¿Tal cosa era posible?

Con mucho cuidado abrió la puerta despacio para echar un vistazo. La poca luz de unas bombillas colgando del techo no le dejaba ver mucho. Ojeo todas las direcciones, pero poco veía, nada que le pudiera indicar quien era el dueño de esos pasos.

Entonces, pasando casi de refilón, vio una silueta. Le había parecido como una ilusión, pero estaba segura que era esa tal White Light. Llevaba esa larga arma que había usado para acabar con el monstruo, así que solo podía ser él. Pero, si ese era el lugar donde se refugiaban los supervivientes, ¿qué hacía él allí? Quizás estaba equivocada, y eso en realidad era la torre de esa IA y ese tipo, al que había ayudado con toda su buena voluntad, la había entregado y simplemente estaba esperando a que se despertarse para llevarla con su amo.

No, no lo creía así. No sabía porque pero no le había parecido mala persona. Incluso podría decir que cuando estuvo con él en el altillo, sintió cierta nostalgia y una sensación agradable, que fue tal que incluso pudo quedarse totalmente dormida, sabiendo que no le pasaría nada, que estaría protegida.

Aunque tenía que pensar de forma fría, era su oportunidad para saber dónde estaba Max. Daba igual si era el escondite de esa cosa virtual o simplemente el escondite de los supervivientes. Tenía que encontrar a Max, y eso era todo lo que le importaba.

Armándose de valor, abrió la puerta con cuidado, y con el sigilo con el que había aprendido a moverse durante el tiempo que estuvo sobreviviendo sola allá fuerza, comenzó a seguir a White Light, sin que este se diese cuenta.

Yumi se despertó debido al choque de su cuerpo contra el suelo. Mira que la habían despertado los últimos días de una forma brusca, pero esa había sido la más violenta.

Como siempre, ante ella, estaba Purpple Cat, con una toalla para que se tapara.

- Si me has despertado, es que habéis ganado… ¿no?

- No – negó con la cabeza – La batalla aún no ha terminado. Pero no tardará. X.A.N.A nos ha prohibido luchar.

- ¿Cómo?

- Yo, mi hermano y White Light tenemos prohibido participar en la batalla que se esta dando por la zona. No sé lo que trama, pero tampoco me importa en este momento. Es hora de que te vayas.

- ¿Qué? ¿M-Me tomas el pelo? – Preguntó, no fiándose mucho.

- Tus amigos están dos pisos por debajo de nosotros. Si usas ese pasillo llegarás junto a ellos en poco tiempo.

- ¿Por qué me estás ayudando? – Quiso saber, aún sin fiarse.

- No sé qué planea mi amo, ni tampoco como acabará la batalla allá fuera, pero si no te marchas pronto, morirás como el resto.

- ¡¿Qué? ¡¿Cómo que morirán? ¡¿Por qué?

- Dentro de poco más de una hora un misil caerá por esta zona. El gobierno de este mundo real va a erradicarnos.

- ¡Pero, ¿y qué pasa con los inocentes que están en la ciudad? ¡¿Y con los que tenéis vosotros capturados?

Purpple Cat no respondió y eso no le dio buenas sensaciones a Yumi. ¿Sería capaz el gobierno de destruir a X.A.N.A permitiendo la muerte de cientos de inocentes? En su día, ella y sus compañeros habían debatido si X.A.N.A no sería una creación de algún gobierno a modo de arma secreta. Lo veían absurdo y muy típico, pero no era descabellado tampoco. Y desde luego, la prisa que se habían dado en querer eliminar a X.A.N.A casi no le dejaba lugar a dudas.

- Será mejor que te vayas o no podrás ponerte a salvo.

- ¿Y qué vas a hacer tú?

- Supongo que esperar a que todo acabe. Ganemos nosotros o ganéis vosotros, el misil caerá. No sé si el amo piensa hacer algo al respecto, pero no puedo moverme de aquí. Así nos lo ha ordenado a los tres.

- ¿Y por qué le obedeces? Puedes tomar tus propias decisiones si lo deseas. Ahora estamos en el mundo real, no en Lyoko.

- Mis propias… ¿decisiones?

- Así es – asintió - ¿Por qué no vienes conmigo? Escapa conmigo.

Purpple Cat, por primera vez en su vida, comprendió aquella emoción que significaba sorpresa, porque lo estaba ante lo que Yumi acababa de ofrecerle.

- ¿Qué vaya… contigo?

- Claro. No me pareces tan mala como quieres aparentar ser cuando te enfrentas a nosotros. Es más, incluso podría decir que si vivieras en la tierra serías una buena persona.

- Vaya… es la primera vez que me halagas así… me siento extraña… ¿esto es lo que llaman sentirse avergonzada?

- Si, creo que sí. ¿Vendrás conmigo?

Yumi le tendió amablemente la mano. No era una mano que hubiera sido ofrecida por obligación, sino más bien una mano amistosa, cariñosa, comprensiva. Tantas cosas que Purpple Cat no era capaz de describir porque no conocía esos sentimientos.

Estaba a punto de agarrarla cuando comenzó a oír unas explosiones que hicieron temblar un poco la habitación. La batalla parecía que estaba siendo más intensa de lo que se había pensando en un principio, ¿o quizás era otra cosa?

- Tienes que irte, ¡venga!

La agarró de los brazos y usando su fuerza, la lanzó hacía el pasillo que la llevaría hasta sus amigos. Luego lanzó unos shuriken que explotaron al entrar en contacto con el marco de la puerta, derrumbándola.

- Hasta luego, amiga… - se despidió con un susurro.

Sin que Jeremy se diese cuenta, Max le atacó por la espalda, transmitiéndole una descarga eléctrica y dejándolo inconsciente en la silla.

Había sido más fácil de lo que se imaginaba llegar hasta allí. No había encontrado ninguna resistencia, ni un solo ser humano en su camino. Seguramente, como pensó, todos se habían ido a la batalla, salvo Jeremy, que seguramente se habría quedado para activar la vuelta al pasado.

Sentía haberle quitado el trabajo, pero sería el quien se ocupará de ello. Sin ningún problema, comenzó a teclear, buscando el código que activase el programa del viaje en el tiempo. No sabía si su plan iba a funcionar, ni si podría regresar tan atrás, pero tenía que intentarlo.

- ¿Cuánto tiempo piensas estar ahí escondida? – Preguntó al aire, sin apartar la mirada de la pantalla.

Dando un pequeño salto de sorpresa, Milly perdió el equilibrio y cayó al suelo. Había seguido a White Light durante más de media hora por un montón de túneles y pasadizos, hasta llegar a esa sala gigante desde donde solo se podía acceder por el ascensor. Milly había logrado subirse al techo para que el guerrero de la IA no la detectase, pero al parecer no había cumplido su objetivo.

Habiendo terminado, Max se giró para ver quien era la ratita que le había estado siguiendo desde que entró en la fábrica, y se llevó una enorme sorpresa al ver que era Milly.

- ¿Tú? ¿Qué haces aquí?

- T-T-Te vi y te seguí… - respondió, aunque eso él ya parecía saberlo, pero no parecía haberse dado cuenta de quien era la que le estaba siguiendo.

- ¿Qué me seguiste? Y si te llegó a confundir con alguno de ellos, ¿eh? Te hubiera podido atravesar – intentó asustarla.

Milly dio un par de pasos atrás cuando le vio empuñar de nuevo su lanza, algo asustada. Pero, recordando lo que sintió cuando estuvo con él en el altillo, se armó de valor y avanzó esos pasos, incluso avanzó más.

- No serías capaz de eso… tú no eres una mala persona.

- ¿Eso piensas? No sabes nada de mí, pequeña.

- Me salvaste de ser violada… me salvaste de ese monstruo arriesgando tu vida… ¿y aún quieres que piense que no eres buena persona? Una mala persona se habría mantenido al margen de todo. Pero tú… tú… tú me ayudaste.

White Light guardó silencio, apartando la mirada. De todas las personas, ¿por qué tenía que encontrarse con ella y justamente en ese momento? ¿El destino le estaba jugando una mala pasada?

- Por favor… por favor… ¡necesito saberlo! ¡Dime dónde está Max, por favor!

White Light miró a la niña. Su mirada era toda una suplica, con esos ojos llorosos, llenos de preocupación, que necesitaban saber que alguien, una persona muy importante, estaba bien. El solo mirarlos, hacía que su corazón ardiese, dolorido.

- Ya te lo dije… yo le atrapé.

- ¡Pero está bien, ¿verdad qué si?

- ¿Por qué te importa tanto ese ser humano? ¿Qué tiene que lo hace tan especial para ti?

- Pues… si te soy sincera no lo sé… pero… para mí… al menos para mí… es alguien muy especial… alguien en quien puedo confiar si tengo algún problema, porque sé que estará allí para ayudarme si le necesito… alguien en quien se que no me traicionaría nunca… alguien que… alguien que… ¡alguien a quién quiero con todo mi corazón! ¡Lo que siento por él no podría describírtelo con palabras!

De nuevo ese ardor en el pecho. Esas palabras le estaban haciendo más daño que cualquier estocada de la espada de Ulrich, más que cualquier impacto de una flecha de Odd o un abanico de Yumi. Unas palabras tan puras, sinceras y llenas de sentimiento que le quemaban por dentro. Pero, ¿eran solo esas palabras? No, sabía que no. También lo era la culpa, por haberle mentido a esa niña, no, a esa chica que era tan importante para el.

- ¿Qué harías… si le volvieras a ver…?

- Le declararía lo que siento – respondió, firme tanto en su pose como en su mirada – No me volvería a echar atrás. Le confesaría mis sentimientos, aunque me rechazase me da igual, lo haría.

- ¿De verdad?

- Sí – asintió – Así que, por favor, dime donde esta.

White Light se giró y apoyó sobre el teclado por unos segundos. Milly no sabía que le pasaba, pero en su interior, estaba luchando, contra si mismo, contra sus propios sentimientos. Y daba igual la de veces que analizará la situación, en ninguna de las opciones posibles lograba ver una decisión que no dañase a la pequeña.

- Esta bien… si quieres verle, te dejaré verle – aceptó.

- ¡¿D-De verdad? – Exclamó, feliz.

Whtie Light se quitó la máscara, dejándola sobre el teclado del Superordenador. Milly no lo entendía, ¿por qué se quitaba la máscara? ¿No le había dicho que iba a dejar verle? Solo podía ver lentamente la figura del guerrero de la IA girándose, viéndole poco a poco el rostro con la poca luz que había en esa habitación.

Cuando se hubo girado por completo, pudo verlo claro, tan claro como si lo estuviera viendo en la luz del día. Se echó las manos a la boca, asombrada y asustada al mismo tiempo. El rostro de esa persona lo conocía bien, demasiado bien, porque llevaba semanas soñando con él, día y noche.

- ¿M-Max…? N-N-No puede ser…

- Cuando llevo esta ropa, me llaman White Light – le dijo, con una leve sonrisa – No pienses que es un rostro falso o algo así… soy el auténtico Max Steward, al que conociste hace semanas, con el que saliste un par de veces, con el que hiciste esa pijamada, al que le golpeaste las partes cuando fingiste el ahogarte en la playa…

Milly no podía creérselo. No podía ser, tenía que ser un truco. Max… su Max jamás lucharía de lado de los malos que intentasen destruir el mundo. No, era imposible, él jamás lucharía de lado de alguien tan maligno como esa IA.

- ¡Tú no puedes ser Max! ¡El jamás lucharía por alguien que quiere dominar el mundo!

- Y sin embargo, si luchó contra uno de los monstruos para protegerte… ¿verdad?

- P-P-Pero…

- Siento darte este disgusto Milly… pero así soy yo. El que ha empezado todo esto, uno de los culpables. Soy un guerrero de X.A.N.A. O más bien, soy quien lo manipula en las sombras.

- ¿Qué? ¡P-Pero tú eres una buena persona! ¡¿Por qué has hecho esto, entonces?

- Tengo mis motivos… unos motivos que me hubiera gustado contarte algún día, pero jamás pensé que algo así me pasase a mí.

- ¿A-Algo así…?

- Que me acabase enamorando de ti – le respondió, sincero y mirándola fijamente a los ojos.

Ante tal confesión, Milly cayó de rodillas al suelo, como en estado de shock. No sabía si era una mentira o era verdad, pero esas palabras le habían llegado muy profundo, a lo más profundo de su corazón. Eran las palabras que siempre había querido escuchar de él. Pero, ¿eran de verdad o estaba engañándola? ¿De verdad ese tipo era Max? Hablaba como él, se movía como él, ¿pero realmente era él?

- El sentir esto por ti no entraba en mis planes… pero… a pesar de que lo cambia todo, me siento bien, por habértelo podido decir. Pensaba activar el programa sin que lo supieras. Así todo sería más fácil. Me he quitado un peso de encima.

- ¿P-Programa?

- Un programa que nos hará viajar al pasado… hasta el día en el que llegué a la Academia. Cuando eso pase tú… yo… nuestra relación ya no será la misma.

- ¿Por qué…?

- Porque te olvidarás de mí.

Esas palabras le llegaron a Milly como si fueran una fuerte brisa. Al oírlas, su corazón se encogió dolorido, tanto, que casi se desmayó de la impresión.

- E-E-Eso es mentira… ¿verdad? ¡No puedo olvidarme de ti!

- Lo harás. Dentro de un par de minutos se activará el programa y regresaremos a ese día. Te olvidarás de mi, de todo lo que hemos vivido. Cuando me vuelvas a ver, seré un completo desconocido para ti.

- ¡Pero yo no quiero olvidarme de ti, Max! ¡Es más, no pienso hacerlo!

- Es inevitable… pero…

- ¿Pero?

- Yo no me olvidaré de ti.

Al oír esas palabras, Milly comenzó a llorar. Aunque era una confesión muy fuerte, lloraba de tristeza. ¿Por qué era tan injusto con ella? A pesar de haberle dicho lo que sentía, que estaba totalmente enamorada de él, ¿por qué era así de injusto?

- E-E-Eso no es justo… - sollozo – No es nada justo…

Milly iba a estallar en un llanto cuando Max la abrazó, escondiendo su rostro en su hombro.

Eso le demostraba que realmente era él. Esa calidez, esa ternura, era algo que solo Max le había transmitido en sus abrazos. Ni siquiera su madre le había transmitido esos sentimientos, y mira que la quería mucho.

- Perdóname, Milly… - le imploró – Sé que no es justo… pero si quiero protegerte no tengo otra elección… perdóname…

- ¿M-Max…?

Antes de que pudiera decir nada más, Max le plantó un beso en los labios.

Mientras corría por el largo pasillo, que parecía que nunca tuviera final, Ulrich comenzó a oír unos pasos, así que se detuvo en seco.

Para nada eran los pasos de uno de los monstruos de X.A.N.A, sino que parecían casi los de una persona. Estaba claro, uno de los tres venía a cortarles el paso.

Rápidamente desenfundó su espada y se preparó para recibir a quien quiera que fuera el que apareciese. Y no tardó ver al dueño de los pasos.

Para su sorpresa, no era ninguno de los tres que esperaba, sino que era Yumi, que apenas lograba tenerse en pie.

- ¿Y-Yumi…? – Pudo preguntar, sin creerse lo que estaba viendo.

Al oír la voz, Yumi levantó la cabeza, viendo con su visión borrosa, a Ulrich. Pensó por un momento que era una ilusión y, dejándose vencer por el cansancio, se dejo caer. Ulrich la agarró antes de que se chocará con el suelo.

- ¡Ey, Yumi! ¡Soy yo, Ulrich! ¡Ey!

Pero no le respondía. Parecía que había caído agotada, víctima del cansancio. ¿Y ahora que hacía? Si seguía avanzando llegaría hasta el núcleo pero no podía dejarla allí simplemente. Y estaba a una distancia muy lejana de Odd y Aelita que por lo menos tardarían diez minutos en alcanzarle.

Miró a su amiga, a la que durante tanto tiempo había ocupado su corazón. No le costó tomar una decisión. Ella era lo primero. Se la cargó sobre la espalda y retrocedió lo avanzado, para encontrarse con sus compañeros. Lo primero era lo primero, sacarla de allí.

Inmóvil como una estatua, Milly recibió el que fue el primer beso de toda su vida. Aunque había sido de sopetón, para nada fue brusco, sino que el contacto con los labios de Max era suave y dulce, así como la sensación que recorría todo su cuerpo. Además, notaba un cierto sabor a limón.

Tras un par de segundos más, Max los separó, apartándose de ella.

- ¿Q-Q-Q-Qué… qué…?

- Es mi regalo de despedida – le dijo – Aunque no te acuerdes… que sepas, que no dejaré de quererte nunca Milly y que… desde las sombras, estaré velando por ti.

- ¿M-Max…?

La cuenta atrás del Superordenador llegó a cero y una enorme esfera blanca comenzó a inundar la habitación. Milly vio como Max era absorbido por ella poco a poco, casi desapareciendo de su vista.

- ¡Maaaaax! – Le llamó con todas sus fuerzas, antes de ser absorbida también por la luz.

Así, todo comenzó a ser absorbido poco a poco, la fábrica, la Academia, la ciudad… todo fue absorbido por la cúpula de luz.

Cuando los guerreros de Lyoko se vieron de nuevo, no comprendían lo que estaba pasando. De pronto se habían vistos de lleno en una clase de Física y ahora estaban en su tranquilo descanso. Todo había vuelto a la normalidad, la Academia, los alumnos y al parecer la ciudad, como si X.A.N.A no hubiera existido nunca allí.

- ¿Qué has hecho Einstein? ¿Activaste antes de tiempo la vuelta al pasado?

- Que va, yo no hice nada – le confesó Jeremy – Alguien me atacó y quede inconsciente. No sé quién la ha activado.

- ¿Creéis que pudo ser X.A.N.A? – Comentó Aelita.

Mientras sus compañeros debatían, Ulrich y Yumi simplemente estaban callados, sentando el uno al lado del otro. No se habían dicho nada desde que se encontraron de nuevo, tras las clases. Pero, ver que tanto el uno como el otro estaba bien, era lo único que necesitaban y ambos, sonriendo, miraban el cielo azul, que por primera vez brillaba tan intensamente como antes.

Tras la comida, Milly y Tamiya se situaron cerca de la entrada, para esperar al nuevo estudiante. Como no querían que les viese, para así hacerle una foto sorpresa, Milly se subió al árbol más alto de la entrada para tener un buen ángulo para la foto.

- Milly, no deberíamos… - le susurró Tamiya desde su escondite, en un arbusto al lado del árbol.

- No te preocupes, no pasará nada.

- Pero si te caes… te harás daño.

- Tranquila. Ya verás como tenemos una buen-.

La rama sobre la que estaba Milly se partió por el peso y la niña comenzó a caer de cabeza.

- ¡Milly! – Gritó Tamiya mientras veía a su amiga caer desde lo más alto y gritando, mientras, inútilmente, intentaba agarrarse a algo.

Para Milly, todo fue a cámara lenta. Se caía desde una altura de más de tres metros, así que iba a morir, si Tamiya no lo evitaba, iba a morir. Sin embargo, para Tamiya todo fue muy rápido. No pudo ni reaccionar cuando una figura negra pasó corriendo delante suya, como un rayo, y agarró a su amiga antes de que se la pegará

Milly notó como alto la había parado, sin duda unos brazos, quizás de su amiga, pero no se atrevía a abrir los ojos del miedo.

- ¿Te encuentras bien?

Sin lugar a dudas, esa no era la voz de Tamiya. Era la voz de un chico, pero de ningún compañero de clase o profesor que ella conociese. Además, le pareció oír dulzura en esas palabras.

Poco a poco fue abriendo los ojos, y se encontró cara a cara con un rostro joven, quizás le sacaba unos cuatro o cinco años, pero no más. Tenía el pelo corto, alborotado y de color castaño. Y sus ojos de color almendra parecía que brillasen.

Milly no pudo evitarlo y enrojeció.

- ¿Q-Q-Quién eres…? – Le preguntó, aunque tenía la sensación de que ya lo conocía de algo.

- Me llamo Max, Max Steward y a partir de ahora estudiaré aquí – Se presentó con una sonrisa.

Los dos se miraron fijamente y Milly sintió como si fuera un encuentro fatal, un encuentro predestinado, porque su corazón comenzó a latirle con fuerza. Pero, no pudo evitar pensar, que todo eso ya lo había vivido alguna vez, porque ese momento tan mágico le resultaba muy familiar.