Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.

Gracias por toda su buena onda!

Que tengan una buenisima semana!

Magic -Coldplay.

Capitulo 33: Hola mamá

No podia creer lo que tenia ante mis ojos.

Era mi hija. Mi pequeña cosita perfecta.

Sonrei embobada ante su mirada inocente, fundiendome ante esos orbes avellana oscuros, la mezcla perfecta de mis ojos con los de Puck.

Practicamente me paralice. Y no reaccione hasta que Santana me dio un manotazo en la nuca, para que me acercara a ella.

Y asi lo hice. A paso lento, intentando no asustarla, cuando estuve ante ella, me arrodille para estar a su altura y sonrei aun mas.

-Hola, Beth. –Salude con dulzura. Demonios mi hija estaba alli! Soy feliz.

Ella me miro y sonrio. Como la sonrisa de Puck. Traviesa pero a la vez dulce. Aunque era torcida, como la mia.

-Hola Quinn. –Musito poniendose colorada. Su voz... dios santo. –Feliz cumpleaños. –Y esas dos palabras terminaron por desarmarme. Mire a Rachel y ella me dedico una sonrisa deslumbrante. Volvi mi vista hacia Beth y sonrei aun mas. Tenia claro que despues me dolerian las mejillas.

-Gracias, pequeña. –Respondi con voz ahogada. –Me... me das un abrazo? –Pedi timidamente. Y senti como el calor subia a mis mejillas. Ella asintio entusiasmada. Y antes de que pudiera reaccionar, se colgo de mi cuello con fuerza.

Contuve mis lagrimas. Y devolvi el abrazo, rodeando su pequeño cuerpo con efusividad.

7 años. 7 años de amor y cariño que le debia a mi hija.

Solloce. No pude evitarlo.

Y la pequeña rubia se alejo, rompiendo el abrazo, y me miro con el ceño fruncido.

-No llores. –Pidio. –No me gusta. –Agrego limpiando mis mejillas.

-Lo siento, Beth... –Murmure. –Lo siento mucho.

-No es tu culpa. –Respondio. –Papá Puck me conto toda la historia. Y se que no fue tu culpa. –Demonios, mi hija parece mas madura que su propio padre.

Sonrei y volvi a abrazarla con fuerza.

-No te das una idea de lo que te he necesitado, pequeña. –Ella solo sonrio encantadoramente y yo no pude resistirme a besar su frente.

-Feliz cumpleaños, Mamá Quinn. –Murmuro.

Diablos, me dijo MAMÁ

¡MI HIJA ME DIJO MAMÁ!

-Te amo pequeña.

Ella volvio a abrazarme fuerte y yo le correspondi encantada..

Y sin cortar el abrazo, mire a Rachel, Santana, Britt, Kurt y a Puck, Que observaban la escena emocionados. Les dedique una sonrisa. Y pronuncie un "Gracias" moviendo mis labios.

Ellos supieron comprender.


-Como fue que paso? –Pregunte confundida y turbada de tantas emociones. Puck y Rachel sonrieron.

-Hace unas semanas, Santana se encontro con Shelby en NY, en una cafeteria. –Comenzo a contar Rachel, mientras los tres mirabamos como Beth, Santana, Britt y Frannie Jugaban sentadas en el suelo del escenario del auditorio. –Hablo con ella y le conto cuanto habias cambiado y cuanto necesitabas a Beth.

-Shelby al principio se encontraba insegura, pero luego la latina, Rachel y yo pudimos convencerla. –Dijo Puck. –Kurt y Britt se encargaron de hablar con Beth para prepararla psicologicamente cuando te viera. Durante todo este tiempo preparamos la sorpresa para ti.

Sonrei encantada de los grandes amigos que poseia.

-Creo que ustedes se merecen un buen regalo de Navidad. –Dije. Abrace a Puck dulcemente. –Lo hicimos bien, Noah. –Murmure en su oido. –Ella es perfecta. –El me miro con los ojos brillantes y beso mi frente. –Shelby tambien lo hizo bien.

Luego me acerque a Rachel y Puck se alejo para dejarnos un momento a solas.

-Gracias, Rach. –Dije, para luego depositar un dulce beso en su mejilla. Tome sus manos y entrelace nuestros dedos. Clave mis ojos en ella y uni nuestras frentes. –Eres la mejor novia de todo el universo.

Ella solto una risita y me beso con delicadeza.

Cuando ambas nos unimos al resto de los chicos pude apreciar como Judy se acercaba a Beth y se ponian a conversar. Me causo mucha ternura ese momento, asi que decidi sacarles una foto con mi celular. Judy era la abuela mas feliz del mundo ahora que Frannie estaba embarazada y Beth que formaria parte de nuestras vidas.

-Hey, Latina sexy! –La llame. Santana me miro alzando una ceja. –Toma. –Dije metiendo mi mano en el bolsillo de mi chaqueta y sacando unas llaves, para luego aventarselas. Ella las atrapo confusa.

-Que es esto? –Pregunto

-Despues de todo, creo que necesito un auto nuevo. –Dije con desinteres.

-No me jodas, Quinn! –Dijo entre sorprendida y encantada. –Esto es lo que yo creo que es?

-Admito que extrañare mi Mustang, pero nadie mejor que tu para cuidarlo. –Respondi.

Y antes de que pudiera reaccionar, ella ya estaba colgada de mi cuello.

-Gracias, Rubia! –Exclamo.

-Gracias a ti, San. –Murmure. –Gracias por todo.

Ella rompio el abrazo y me sonrio dulcemente. Como pocas veces lo hacia.

-Sabes que yo hago todo por mis rubias favoritas. –Respondio Señalando a Britt, a Beth y a mi.

Bese su mejilla y luego volvi junto a mi hija, que ahora conversaba con Frannie, Reagan y Judy.

-Hola pequeña cosita perfecta. –Salude dandole un beso en la mejilla. –Como la estas pasando?

-Bien! –Exclamo entusiasmada. –Jugue mucho con la tia Britt y la tia San, y la tia Frannie prometio traerme un regalo. La abuela Judy prometio hacerme galletas de chocolate y la tia Reag dice que me regalara un Ipod para escuchar toda la musica que yo desee. –Contaba sin parar. Tuve miedo de que dejara de respirar. –Papá Puck dijo que hoy me quedare a dormir en tu casa, asi que estamos organizando una pijamada para hacer una maraton de Harry Potter.

-Enana, por donde te apagan? –Pregunto Frannie riendo. Beth alzo una ceja y le saco la lengua. –Oh mira Mamá, hace ese mismo gesto con la ceja que hace Quinn. –Le hablo a Judy, que estaba encantada

-Hey. –Alce una ceja. –Deja de meterte con nosotras. –Cruce los brazos y de reojo vi como Beth me imitaba.

-Son adorables. –Dijo Reagan. Mientras Rachel se unia a nosotras con dos vasos en la mano.

Y cuando iba a agarrar el vaso, Rachel nego.

-No es para ti. –Dijo entregandole la bebida a Beth. –Toma pequeña, tu jugo de Naranja, como lo pediste.

-Gracias tia Rach. –Dijo antes de beber un poco.

-Que rapido me reemplazas. –Susurre en el oido de Rachel. Esta me miro y sonrio.

-Que puedo decir? Las rubias son mi debilidad. –Respondio con aires de diva. –Bueno... al menos dos rubias. –Agrego mirandonos a ambas. Sonrei de lado. Y senti como Beth tiraba de mi mano.

-Que sucede, mi vida? –Pregunte arrodillandome para quedar a su altura. Ella se sonrojo un poquito y empezo a jugar con sus manos, como yo hacia cuando estaba nerviosa.

-Podria quedarse Rachel a nuestra pijamada? –Pregunto timida. Sonrei enternecida.

-Bueno, por mi no hay problema, pero debes preguntarselo a ella. –Respondi acariciando una de sus mejillas. Beth asintio esperanzada y camino hacia Rachel.

-Tia Rach, te unes a nuestra pijamada? –Pregunto mi hija haciendo un tierno puchero. Rachel asintio sin dudarlo y sonrio encantada.

-Sera un placer, pequeña. –Respondio guiñandole un ojo.

Judy y Beth volvieron a enfrascarse en una conversacion sobre galletas y postres.

Vi tambien como Reagan tomaba la mano de Frannie y la arrastraba hacia el equipo de musica, para, seguramente, enseñarle algunas mezclas de canciones que ella habia creado.

Me acerque hacia Rachel y la abrace por la espalda, apoyando mi menton sobre los hombros de Rachel.

-Ya te he agradecido por todo esto? –Pregunte en un susurro.

-Mmm –Lo penso por un momento. –Creo que un par de veces.

-Me gustaria agradecertelo de otra forma. –Susurre rozando el lobulo de su oreja con mis labios.

-Ah si? –Respondio tragando saliva.

-En el baño del 1er piso, en 5 minutos. –Dije dandole un beso en la mejilla y luego alejandome de ella.


Camine hasta el baño y espere pacientemente a la llegada de mi morena.

La puerta se abrio 5 minutos despues. Dios santo, ella era tan puntual, que eso la volvia aun mas sexy.

Sonrei sensualmente y me acerque a ella para besarla profundamente, presionandola contra la puerta.

Cuando nos separamos agitadas, ella sonrio.

-Cuanto tiempo tenemos hasta que empiecen a buscarnos? –Pregunto

-Exactamente 15 minutos. –Respondi mirando mi reloj. Ella asintio. Y volvio a besarme.

-Es suficiente. –Murmuro mientras ponia el cerrojo y juntas ingresabamos a un cubiculo, sonriendo traviesas.