Mu hijo

Domindo de visitas

El auto se detuvo frente a una casa bastante grande de dos plantas, con unas grandes y hermosas ventanas y un balcón que recorría todo el frente de la planta superior, el jardín delantero era grande, cubierto de pasto y rodeado por arbustos prolijamente cortados.

Wakatoshi y Satori bajaron del auto y el castaño bajó a Taichi que iba en el asiento de atrás.

—Wow es hermosa —exclamó el pelirrojo tomando la mano de su niño— ¿Qué te parece Tai?

—J'aime le jardin (me gusta el jardín) —respondió el niño con una pequeña sonrisa.

—Si a mí también me gusta —murmuró el pelirrojo caminado detrás del castaño que se acercaba a la casa para abrirla— Wakatoshi, las cuatro casas que hemos visto hasta ahora tienen jardines hermosos.

—Si, siempre quisiste un lindo jardín delantero —respondió Wakatoshi entrando en la casa.

La sonrisa de Satori se amplió al escuchar esa respuesta, no esperaba que el castaño recordara algo que le dijo una vez en una charla casual.

—No creí que recordarás eso —comentó el pelirrojo encaminandose con Taichi hacia lo que creía era la sala.

—Recuerdo todo lo que se refiere a ti —dijo como si nada el castaño logrando que el doncel se sonrojara.

La casa tenía un recibidor, una enorme sala con chimenea, un comedor luminoso, una cocina grande y completamente equipada, dos habitaciones , baño y un lavadero, todo en la planta baja, la escalera comenzaba en el recibidor, subían haciendo una pequeña curva, y daban acceso al pasillo que llevaba a las puertas de las cinco habitaciones.

—Wakatoshi sé que te dije lo mismo prácticamente en todas las casa pero… ¿No te parece demasiado grande? —dijo Tendō mientras veía a Taichi recorriendo el enorme patio trasero.

—Pero esta no es tan grande como las otras —respondió el castaño, volteando a ver al pelirrojo.

—Wakatoshi tiene cinco… no, siete habitaciones.

—Satori considera que las de abajo serán biblioteca y mi estudio, la otra tu estudio… una de las de arriba la convertiré en gimnasio, una para nosotros, otra para Taichi —decía el castaño mientras iba contando con los dedos— y las otras para huéspedes, además si tenemos otro hijo ya tiene su espacio —agregó abrazando al pelirrojo para dejar un corto beso en sus labios.

—¡¿Wakatoshi, recién le dijimos a Taichi que eres su padre y ya quieres darle un hermanito?! —exclamó entre risas el pelirrojo.

—Te amo y siempre soñé con tener una familia contigo y que mi familia tenga todo lo que siempre desee y no tuve —comentó el castaño enterneciendo a Satori…

—También te amo Wakatoshi… pero sigo pensando que cualquiera de todas las casa que vimos han de ser demasiado costosas y…

—Satori —interrumpió Ushijima—, las casa que vimos, incluso está, son mías.

—¡¿Qué?! —preguntó algo sorprendido Satori.

—Hace algunos años mi abuelo materno tomó la costumbre de comprar propiedades y muchas de esas las pone directamente a mí nombre… creo que lo hace más que nada para molestar a mi madre cada vez que ella hace algo que a él no le parece —comentó el castaño inclinando un poco la cabeza como si meditara lo que acababa de decir.

—Taichi cielo, ven aquí —el pequeño se acercó a su mamá y esperó— ¿Te gusta esta casa amor?

Taichi se encogió de hombros y miró en todas direcciones antes de preguntar…

—¿Vamo a vivre ici?

—Papá dice que podemos elegir la casa que más nos guste —respondió Satori agachándose para estar a la altura de su niño. El pequeño miró a Satori y luego a Wakatoshi.

—Teno affamé (hambre) —murmuró Taichi luego de un rato viendo a sus padres.

Tendō río ante la respuesta del pequeño y volviendo a incorporarse sujetó la mano del niño y la de Wakatoshi antes de comenzar a tirar de ella para sacarlos de aquella casa.

—Wakatoshi, creo que esta casa está bien, cuando esté amoblada será más acogedora —el castaño asintió antes de cerrar la puerta y volver a sujetar la mano del doncel—… ahora ¿A dónde nos llevarás a almorzar? Nuestro bebé ya tiene hambre.

Tooru salió del estudio luego de haber leído unos papeles que le habían enviado. En la sala encontró a Iwa y Morisuke jugando un videojuego de carreras, era increíble lo bien que su pequeño se llevaba con Iwa. El castaño se detuvo y los observó por un rato, en verdad le encantaba verlos así.

El timbre llamó la atención del castaño y sin demora se acercó al intercomunicador para ver quién era. Una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a aquel sonriente rubio en la pequeña pantalla y apretó un botón para permitirle el paso.

—¿Tooru quien era? —preguntó Hajime al verlo volver a la sala.

—Un amigo —respondió con una sonrisa antes de centrar sus ojos en ellos— ¿Van a seguir jugando eso por mucho tiempo?

—En verdad ya terminamos esta carrera y salimos —comentó el pelinegro quitando su vista de la pantalla para ver al pequeño que apretaba los botones con algo de desesperación. Hajime sonrió y agregó—, ¿Le dirás a papá a dónde vamos?

—A ved a Kashi —respondió el pequeño con una sonrisa, dejando helado por un momento a Tooru.

Sabía que era irracional sentir celos de Akaashi, pero como no hacerlo si ese doncel generalmente terminaba siendo más importante que él para todos los que lo rodeaban… aunque si en ese momento lo pensaba bien, él también estaba algo preocupado por el más joven de los primos Iwaizumi. El sonido del timbre lo hizo reaccionar y dibujando una sonrisa en su rostro se dirigió a la puerta.

Al abrir la puerta se encontró con un sonriente rubio de ojos dorados, su ropa no era completamente ajustada pero de todas formas se notaba el trabajado cuerpo de aquel doncel, quien inmediatamente se lanzó a abrazar al castaño.

—Toorucchi —saludó el rubio al soltar al castaño.

—Ryota, ¿Cómo estás? Ya llevaba tiempo sin verte.

—Si, entre una cosa y otra no nos hemos cruzado en unos meses —respondió Kise caminado junto al castaño hacia la sala—, hace unos días llegué y decidí venir a verte —en la sala solo encontraron el televisor aún encendido que mostraba el menú de aquel juego de carreras y los dos controles abandonados en la mesa ratona. Tooru buscó con la mirada a sus dos amores y soltó un suspiro al ver la puerta entreabierta y la luz encendida en la habitación de Morisuke—… Reo me contó algo bastante interesante…

—¿Si? A mí también me contó algo… intenté llamarte pero es más difícil comunicarse contigo que con el presidente —dijo el castaño lanzándole una mirada algo preocupada al rubio.

—Buenas tardes —la voz de Hajime llamó la atención de ambos donceles.

—Hola Iwaizumicchi, ¡Cuánto tiempo sin vernos! —saludó Ryota con una de sus enormes sonrisas e inmediatamente sus dorados ojos se centraron en el pequeño que sujetaba la mano de Hajime—… Hola —dijo inclinándose hacia el pequeño.

—Él es Yaku Morisuke, mi hijo —dijo Tooru llamando la atención del niño y el rubio—… cielo, él es Kise Ryota un amigo de papá —agregó centrando sus ojos en el pequeño castaño.

Yaku miró a su padre, luego a Iwa, quien asintió con un esbozo de sonrisa y finalmente volvió a centrar sus ojitos en el rubio que le seguía sonriendo.

—Hola — murmuró el pequeño inclinando un poco su cabeza y moviendo su manito a modo de saludo.

—¡Aww, es tan lindoooo! —exclamó el rubio abrazando al pequeño quien inmediatamente comenzó a moverse tratando de resistirse.

—Tooru, nosotros ya nos vamos a visitar a Akaashi, volvemos en un rato, ¿Quieres que traigamos algo?

—Ok, traigan helado y crema, que ya se acabó —respondió antes de dejar un corto y superficial beso en los labios de Iwaizumi, para luego tomar a su pequeño de los brazos de Kise y dejar un sonoro beso en la mejilla del niño—, saluda a Akaashi de mi parte —murmuró entregandole el niño a Hajime.

El pequeño castaño asintió con una sonrisa y tanto el niño como Hajime se despidieron con un movimiento de sus manos antes de encaminarse hacia la puerta.

—Que tengan una linda tarde, nos vemos Kise —dijo el pelinegro antes de salir del departamento.

—Wow, en verdad es un niño muy lindo y parece que se lleva bien con Iwaizumicchi —comentó Kise sentándose en uno de los sillones—, empieza a hablar, cuéntamelo todo.

El olor a quemado comenzó a invadir el departamento, Bokuto corrió hacia la cocina, apagó y horno y en cuanto lo abrió el humo negro comenzó a llenar todo el espacio. Kōtarō tosió y antes de que pudiera hacer cualquier cosa escuchó el sonido de la ventana abriéndose y al mirar se encontró con Akaashi, entre la nube de humo que lentamente se disipaba, cubriéndose la boca y nariz con un repasador.

—Kōtarō, solo deja de intentar hacer galletas, ve y comprarlas donde quieras, vas a hacer que vengan los bomberos —dijo en un tono algo molesto que sonó ahogado por el repasador que cubría su boca.

—Keiji, tú deberías estar descansando, ya te dije que yo me haré cargo de todo —se quejó sujetando a su pareja con mucho cuidado y guiándolo hasta la sala.

—Kōtarō, te amo, no lo tomes a mal, pero la cocina no es lo tuyo —dijo el pelinegro viendo como inmediatamente los dorados ojos de su pareja se llenaban de lágrimas y sus cachetes comenzaban a inflarse—… amor tú quieres que esté tranquilo pero si sigues a mi cocina quemando cosas eso no va a pasar —agregó respirando pausadamente mientras se sentaba en uno de los sillones junto al pequeño Lev quien los observaba con curiosidad.

—Está bien, tú solo tranquilízate —dijo ya recompuesto luego de soltar un suspiro—… yo no volveré a cocinar… iré a una pastelería, ¿Qué quieres que te traiga?

—Quiero algo con… limón… Lemon pai.

—Ok ¿Y tú Lev —se detuvo y soltó un suspiro ante la mirada curiosa del niño, para continuar hablando algo lento—... qué quieres que te traiga?

—¡Shokolad! —respondió el pequeño en ruso.

—Supongo que significa chocolate —comentó el peligris dudando un poco.

Bokuto miró hacia la cocina y ya no había nada de humo, volvió a suspirar y tomando su billetera que estaba sobre un mueble se encaminó hacia la puerta.

—Boku —la voz de Akaashi llamó su atención y lo miró con una sonrisa—… no te traiga media pastelería —el comentario sólo hizo que el peligris riera antes de salir del departamento. El pelinegro soltó un suspiro y centró sus ojos en el pequeño sentado a su lado— ¿Qué quieres hacer?

El pequeño peligris mostró una enorme sonrisa y corrió hacia su habitación para volver un momento después trayendo consigo un libro, el cual le ofreció al pelinegro. Akaashi tomó al niño, lo sentó en sus piernas y comenzaron a ver el libro el cual estaba en ruso y un costado alguien había copiado el texto en japonés, lo que al doncel le pareció maravilloso y sin demora comenzó a leer el cuento, deteniéndose al final de cada frase para escuchar la versión en ruso del niño. Cuando iban más o menos por la mitad del libro ambos se detuvieron al escuchar el timbre. Akaashi miró algo extrañado hacia la puerta, porque ese era el timbre del departamento y no el del portero, cómo podría esperarse. Dejó al niño en el sillón y caminó hasta la puerta, miró por la mirilla y abrió la puerta al ver a Himuro.

—Himuro… hola —murmuró viendo de pies a cabeza primero al pelinegro y luego al pelilila.

—Hola Akaashi, lamento aparecer así de repente… mmm… te presento a Murasakibara Atsushi —dijo el pelinegro con una sonrisa señalando al pelilila.

—Hola, un gusto, Akaashi Keiji —saludo el doncel extendiendo su mano hacia aquel enorme hombre, quien con algo de pereza respondió al saludo—… por favor pasen.

—Gracias Akaashi… vinimos porque Atsushi quería ver a Lev —comentó Tatsuya entrando a la sala tras el dueño de casa.

—Tio Atsushi —gritó el pequeño en ruso antes de correr hacia el pelilila, quien inmediatamente levantó al niño.

—Hola Lev, te extrañe, ¿Cómo estas? —dijo el grandote, también en ruso, en su acostumbrado tono monótono abrazando al pequeño.

—Atsushi es sobrino de la abuela de Lev y estuvo viviendo en Rusia por bastante tiempo para cuidar de María y Lev… le di mi dirección y llegó anoche a casa para que lo acompañara, quería saber si Lev estaba bien —dijo Himuro mirando con ternura al grandote y al niño que hablaban en un perfecto ruso.

—Es un niño encantador, tuvimos un pequeño problema ayer, pero todo terminó bien.

—¿Qué sucedió?

—Estoy embarazado y… fue demasiado stress y otras cosas… terminamos en el hospital, pero todo resultó bien —respondió Akaashi tomando asiento en uno de los sillones y haciéndole una seña a Himuro para que hiciera lo mismo, pero en ese momento el timbre volvió a sonar— ¿Ahora qué… qué sucede con el portero? —murmuró el doncel poniéndose de pie Y acercándose nuevamente a la puerta.

—El conserje está arreglando algo y nos dejó pasar probablemente es por eso —dijo Himuro con una sonrisa antes de centrar sus ojos en el pequeño que ahora estaba parado frente a él con una enorme sonrisa—. Hola Lev.

—Hoda —saludo al niño antes de dejar un corto beso en la mejilla del pelinegro.

—… gracias Morisuke ¿Tú los elegiste? —la voz de Akaashi llamó la atención de Himuro, quien inmediatamente miró hacia la entrada y vio a los dos pelinegros acercándose junto a un pequeño castaño que asentía con una sonrisa.

—Mori —el nombre del niño se escapó de sus labios y un segundo después se encontró con esos ojitos color chocolate que inmediatamente brillaron y una sonrisa apareció en ese pequeño rostro.

—Tío Tatsuya —gritó el pequeño Yaku antes de correr y saltar a los brazos del pelinegro, quien lo abrazó con fuerza

—Ahh mi bebé, no sabes cuánto te extrañé —dijo el pelinegro llenando de besos las mejillas del niño que comenzó a reír sin parar— ¿Qué haces aquí Mori? —indagó finalmente Mirando al niño antes de volver a ver a Akaashi y su acompañante, quien lo miraba con el ceño algo fruncido.

—Himuro Tatsuya te presento a mi primo Iwaizumi Hajime —dijo Akaashi y fue interrumpido por su primo…

—¿Cómo es eso de tío?

—Alex es mi hermana mayor… así que tú eres la pareja del padre de mi chiquitito —respondió viendo con algo de duda al de ojos verdes, quien sólo asintió—, genial quería hablar con él y contigo —dijo dibujando una amplia sonrisa en su rostro—, Mori, juega con Lev mientras los grandes hablamos ¿Si?

El niño asintió luego de dudar un momento y soltando a su tío miró al otro pequeño y le extendió la mano para que el pequeño peligris la tomara, cosa que el niño hizo para luego jalar al castaño hasta su habitación.

espero que les guste este capítulo.