Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Colección de one shots, drabbles y viñetas, inspirados en el arte de Kuri Kousin, relacionados con situaciones de la familia Brief.
Fragmentos
Atado a ti
(Continuación de Hasta el fin del mundo, Ausencia, Dudas, Decisiones & Cambios)
Imagen 112
Entró al cuartó de Vegeta tratando de hacer el menor ruido posible. No le agradaba la idea de que el hombre continuara sin deseos de entrenar, pero si debía ver un lado positivo, era que pasaba mucho tiempo con Trunks. Al parecer su hijo era el único ser que soportaba al punto de permitirle estar junto a él. Tal vez era porque el niño lo obedecía a ojos cerrados al punto de comportarse y permanecer en silencio y también porque era mitad saiyajin. A veces sentía celos de la relación que estaban construyendo, ya que ella era la que debía poner las reglas y limitar todo, en cambio Vegeta no debía hacer nada, salvo dar una orden que Trunks seguía sin cuestionar.
Se quedó a los pies de la cama observando a su hijo y Vegeta durmiendo, siendo imposible no sonreír. La verdad es que no podía sentir celos al verlos así. Hace un año esto se le hacía imposible y ahora Trunks había tomado la rutina de ir al cuarto de su padre después de almuerzo a ver televisión con él, durmiéndose a los cinco minutos. La novedad ahora era que esta vez él también se había dormido, confirmando lo que siempre decía sobre la televisión terrícola.
Tomó a Trunks en brazos. Cada vez le era más difícil cargarlo cuando dormía. Con el entrenamiento diario parecía que había ganado peso, aunque físicamente lucía igual; tal vez más alto, y claramente cada día luciendo igual a Vegeta. Podía comprobarlo al ver los dos ceños fruncidos al dormir.
Luego de dejar a su hijo en la cama, volvió al cuarto del hombre para cerrar la puerta. Lo observó un rato dormir antes de abandonar el lugar con una nueva idea en su cabeza, algo que estaba segura le regresaría ánimo decaído.
(…)
—¿Dónde está Bulma? —consultó el científico, sin dejar de ojear su periódico.
A la mesa también estaban sentados Vegeta y Trunks.
—No sé, querido. Creo que está metida en otro súper proyecto secreto y por eso siempre llega tarde a comer.
—Si sigue así pronto deberá tomar otras vacaciones. Nuestra hija nunca descansa.
—Es tal y como eras tú a su edad. Creen que tienen toda la fuerza y energía del mundo y que pueden hacerlo todo. —Terminó de servir los platos y se sentó junto a su nieto para darle de comer, pero el niño no se lo permitió.
—Soy un hombre grande, abuela. —Y lo demostró tomando el tenedor como correspondía para comer fideos.
Vegeta continuó comiendo sin decir una palabra, pero consciente del comportamiento de Trunks, en cambio, los abuelos vieron con gusto al pequeñito cenando como todo un adulto.
—Lo haces muy bien, Trunks.
—Sí, abuelo —respondió contento, intentando no ensuciarse con la salsa.
—Es una pena, crecen tan rápido. No puedo creer que ya no le puedo dar de comer a mi nieto.
—Ya lo oíste, es un hombre grande, querida, tienes que hacerte a la idea que nuestro nieto ya creció.
—Pero yo quiero un bebé para mimar, vestirlo y darle de comer —comentó un tanto apenada, pero de inmediato se llenó de alegría cuando una fantástica idea se cruzó en su cabeza—. ¡Ya sé! Le pediré a Bulma que me de otro nieto, Vegeta ¿Cuándo vas a decidirte a reconquistar a mi hija? Quiero que me den otro nieto pronto.
Pese a estar ignorando la conversación, le fue imposible no escuchar eso. Incluso se atragantó con la carne, pero no se detuvo ni los miró, aunque sin darse cuenta, comenzó a comer más rápido.
—No presiones al muchacho, de seguro tiene sus razones para tomarse su tiempo. Bulma es una persona complicada.
Comió un pedazo entero de pan ignorando ese comentario y los siguientes. Podría ponerse de pie y marcharse, pero eso significaría darle importancia a las estupideces que se estaban hablando, además la maldita comida estaba deliciosa.
Mientras tanto Trunks también comía con rapidez, imitando a su papá.
—Lo sé, pero Bulma está loca de amor por él, lo malo es que es muy orgullosa, por eso Vegeta tiene que hacer algo al respecto.
—Tal vez ya lo está haciendo y nosotros no nos hemos enterado ¿Verdad muchacho?
Obviamente no respondió, tragando más y más la comida que lo mantenía en la mesa.
—Siento haber llegado tarde. —Bulma entró a la cocina y se sentó en su lugar. Se veía cansada y un poco sucia de grasa y otras cosas más.
—¡Mami! —gritó el pequeño, feliz de ver a su madre luego de un largo día de ausencia.
Vegeta la miró de reojo por un segundo antes de volver con la comida.
—¡Bulma estas preciosa! —Su madre se le acercó al ver el nuevo corte de cabello que traía y que pese a estar despeinada, lucía muy bien.
—Me alegra que te guste. Fui esta mañana a la peluquería. Ya estaba cansada del cabello largo, además hace tanto calor que el pelo corto ayuda a soportar un poco las altas temperaturas.
—Te ves muy linda, hija.
—Gracias, papá.
—¡Muy linda, mamá!
—Gracias, mi amor, estaba esperando a que lo vieras, pero después de una ducha voy a estar más hermosa.
—Sí querida, a todos en esta cocina nos encantó como te queda el cabello corto.
Bulma sonrió.
Vegeta terminó de comer para retirarse de la cocina, sin decir una sola palabra.
—Tranquila hija, estoy segura que a Vegeta le gustó el nuevo cambio de look que hiciste para él, pero la próxima vez, ven a la mesa más arreglada, y no como mecánico grasiento. —la aconsejó mientras le servía la cena.
—¡Mamá! En primer lugar no parezco mecánico grasiento. Estaba trabajando tan concentrada que no me di cuenta de la hora y por eso no alcancé a arreglarme, y en segundo lugar, no me corté el cabello para impresionar a Vegeta.
—¿A mí sí? —preguntó Trunks.
—Por supuesto que sí, mi amor. —Se inclinó para besarle la mejilla. El acercamiento hizo que notara raspones en su brazo izquierdo—. ¿Qué te pasó en el brazo, Trunks?
—Papá me pegó muy fuerte y me caí, pero no me…
—¿Tu papá te golpeó?
—Estábamos entrenando, pero no me dolió, porque soy grande y fuerte.
—Sí, mi nieto ya creció y ya no me deja darle comida en la boca.
Bulma no dijo nada al respecto, después de todo solamente se trataba de una herida pequeña, pero más le valía a Vegeta controlarse a la hora de entrenar a su hijo.
(…)
Entró al cuarto de él sin golpear, salvo por la patada que le dio a la puerta para abrirla. Estaba con la cara roja de ira, dando por terminada la Bulma amable que suspiraba cuando veía a padre e hijo entrenar y compartir tiempo juntos.
—¡Vegeta! ¡¿Dónde demonios estás?! —Pensaba salir a buscarlo por toda la casa y los jardines, pero lo escuchó en el baño. No esperó a que saliera, y abrió la puerta de golpe, igual que la primera. De esta no se iba a librar con facilidad—. ¡¿Por qué no me respondes cuando estoy hablando?!
El hombre estaba en el baño terminando de secar su cabello con una toalla y con otra alrededor de su cadera. El vapor que aún inundaba el pequeño baño escapó hacia el cuarto.
—Ya me encontraste. ¿Qué quieres? —preguntó concentrado en secar su desordenado cabello. No le agradaba cuando se le iba a la cara, sobre los ojos, por eso siempre se preocupaba de secarlo.
—Estoy de acuerdo con que entrenes a Trunks, ahora sabe controlar su fuerza e incluso se comporta mejor, pero habíamos quedado en que serían lecciones de vuelo, no entrenamiento bruto como el que sueles tener —gritó más enojada porque no la miró en ningún momento.
—Nosotros no quedamos en nada. Dije que me quedaría en la Tierra para entrenar a mi hijo y eso es lo que estoy haciendo.
—¡Recién va a cumplir tres años! ¡No puedes usarlo como saco de boxeo!
—Es mitad saiyajin. Tus miedos son injustificados. —Caminó hacía su cama donde tenía la ropa que se pondría, dando por terminada la discusión.
Por supuesto ella no se quedaría así y lo siguió.
—Debes suavizar el entrenamiento, ¡¿me oíste?! ¡Vegeta te estoy hablando!
Pero él hizo caso omiso, como si ya no estuviera en la habitación.
—¡Te estoy hablando! ¡No me ignores! —Reclamó enojada y en un rápido movimiento le quitó la toalla, dejándolo desnudo.
Vegeta se dio vuelta para mirarla. Al ver la toalla en su mano se dio cuenta de lo que había le hecho, pero por supuesto no hizo ningún intento por cubrirse o meterse al baño. Jamás había sido pudoroso. Toda su vida estuvo sin ropa, al igual que otros guerreros, en las maquinas de recuperación y sin olvidar que había estado desnudo con ella más veces de las que podría recordar. Obviamente la treta de Bulma no había funcionado con él.
—Tienes las armaduras que hice para ti y una nave nueva con la gravedad aumentada y ni siquiera has sido capaz de desencapsularla en el jardín. Tienes todo lo que necesitas para entrenar, así que deja de lastimar a mi hijo, ¡bruto! —No se había dado cuenta que continuaba con la toalla en la mano, aunque estaba consciente de su rostro rojo, molesta consigo misma por tan tonta acción, pero no le daría en el gusto de verla escapar. Continuaría mirándolo directo a los ojos para decirle todo lo que pensaba, como si nada raro estuviese pasando y todos estuviesen vestidos en ese cuarto.
—¿Ya acabaste? —habló cuando ella terminó con sus reclamos. En verdad eran muchos, pero ella no lograba entender que para Trunks no significaban nada, que mañana ya no tendría marcas y a fin de cuentas esto era lo mejor para él.
—¡No! ¡No he terminado! ¡¿Qué es lo que pasa contigo?! ¡Tienes todo para entrenar y continúas perdie…!
—Bulma, querida, necesito que me… —La madre de Bulma al oírla, entró al cuarto para pedirle su ayuda, pero se calló y llevó las manos a la boca en cuanto vio a la pareja, y en especial a Vegeta.
—¡Mamá!
—¡Perdón! ¡Yo pensé qué…!
—¿Ahora vamos a esperar que entre tu padre también? —consultó a Bulma, cruzándose de brazos. Sin mover un musculo por incomodidad.
Bulma tomó a su madre de los hombros para sacarla del cuarto y cerrar la puerta.
—¡¿Por qué no saliste enseguida, mamá?!
—Perdóname hija, no sabía que se estaban reconciliando, de lo contrario no hubiera entrado.
—¿Qué? ¡No, no! No estábamos reconciliándonos. —Tiró la toalla al suelo, más molesta que antes.
—No hay nada de qué avergonzarse, Bulma. Si quieres puedo llevarme a Trunks y a tu padre por el resto del día para que se reconcilien como se debe. —Ofreció su ayuda, feliz que su hija y el apuesto Vegeta volvieran a estar juntos, pero antes que continuara con más ideas, Bulma le explicó lo que había sucedido.
—Así que no hay nada de reconciliación. ¿Estamos claro?
—Es una lástima, pero si no es ahora, será más pronto de lo que crees, ya verás.
—Sí, mamá, como digas. —Prefirió no llevarle la contraria, así sería más fácil terminar con el tema.
—Créeme, el joven apuesto y dotado Vegeta va a caer a tus pies muy pronto.
—¡Mamá! —Se tapó los oídos con las manos y dejó a su madre hablando sola cuando escuchó la palabra dotado. La científica no tuvo intensiones de quedarse a averiguar si eso había sido una broma o qué.
(…)
Luego de ayudar a Trunks a bañarse, ponerse el pijama y a acostarse (porque el niño ya era un hombre grande que podía hacer todo solo), se dirigió al cuarto de Vegeta. Estaba tal y como lo había visto en la tarde: desganado, sobre la cama y cambiando los canales sin decidirse por nada. Eso la volvía loca, ya quería verlo entrenando o por lo menos viendo por más de cinco segundos algún programa.
—Vegeta, necesito la capsula con los trajes de entrenamiento que te di.
—¿Para qué lo quieres? —Ni siquiera la miró, pero se dio cuenta que se acercó más a él, junto el velador.
—Encontré una forma de optimizarlas, pero no me quedé con ninguna, por eso las necesito. —Estaba segura que las había visto sobre el velador junto a la cama, en el mismo lugar que lo había dejado cuando también le entregó la nave y besó. Eso último aún estaba presente.
—No sé dónde está.
—Claro que sabes. Esta tarde juraría haber visto la capsula en tu velador. Solo tú pudiste haberla tomado.
—No sé dónde está. —Repitió mirándola, para que le quedara claro, pero en lugar de fijarse en sus ojos, toda la atención fue para el resto de su cuerpo.
Estaba con un camisón corto y delgado, color blanco, para soportar el calor y la bata la había dejado en su cuarto, ya que no era necesario usarla.
—No seas infantil, Vegeta. Trabajo todo el día y en la noche es el único momento libre que tengo para trabajar en ellas.
Mientras continuaba hablando, explicándole lo estúpido de su comportamiento por no querer entregarle la cápsula, el hombre siguió observándola. Estaba tentadora. Con las piernas descubiertas y los hombros más expuestos ahora que se había cortado el cabello. El camisón se ajustaba a su cuerpo, revelando que bajo éste, vestía unas pequeñas pantaletas. Eso le hizo recordar el tiempo que estuvieron juntos y ella jamás usaba ropa interior bajo el pijama.
—…Y por lo menos si te levantaras de la cama a entrenar, pero sigues ahí sin hacer nada. ¡¿Estás siquiera poniéndome atención?! —preguntó más molesta, a lo que él respondió levantando la vista para mirarla a los ojos, sin intención alguna de disimular—. ¡Para mirarme las piernas sí que tienes energías! Bueno, no te culpo, suelo tener ese efecto en todos los hombres, y tú no eres la excepción, por muy extraterrestre que seas. —Se cruzó de brazos, orgullosa.
Él volvió su concentración a la televisión. Ella sabía muy bien como prenderlo y apagarlo al mismo tiempo.
—¿Y? ¿No me vas a pasar la capsula?
—No sé dónde está tu estúpida capsula.
—No hay problema, la encontraré sin tu ayuda. Y no se te ocurra mirarme el trasero cuando me vaya, si quieres algo de mí, primero tienes que levantarte de la cama y hacer algo por tu vida.
Se retiró del cuarto resistiendo las ganas de dar un portazo, para no despertar a Trunks.
(…)
—No me gusta que se metan en mis cosas. —Ahora Vegeta entró al laboratorio de Bulma sin golpear la puerta.
Había trascurrido algunos días desde que Bulma le había pedido la cápsula y pensaba que el tema había llegado hasta ahí, pero claro que no sería así, y él ya debería estar acostumbrado a eso.
—Todo lo que está en la casa me pertenece. La cápsula y las armaduras también, así que si quiero trabajar en ellas simplemente lo hago.
No había sido difícil para ella encontrar la cápsula que contenía las armaduras. Simplemente esperó a que Vegeta saliera del cuarto para registrar su habitación.
—Pierdes tu tiempo —sentenció buscando con la mirada el objeto hurtado.
—No, tú pierdes tu tiempo buscándola.
—No estoy buscándola. No necesito ningún traje de combate.
— Pero eso es lo que estás haciendo, por eso miras a todos lados. Pero no las vas a encontrar. Yo sí sé esconder bien las cosas, no como tú. ¿Acaso crees que arriba del ropero es un buen escondite? Siempre uso ese lugar para esconder los regalos de navidad y cumpleaños de Trunks.
—Es imposible encontrar algo en esta pocilga —dijo un tanto molesto por lo estúpido que se sintió. Ahora que lo pensaba, había dejado la cápsula en ese lugar inconscientemente, por una conversación con su hijo, donde le relataba que quería aprender a volar para sacar los regalos que mamá escondía sobre el ropero.
—¡No es pocilga! Todo está estratégicamente ubicado para poder encontrarlo cuando lo necesite.
—Sí claro. Como esa vez que te volviste loca buscando los planos de esos estúpidos robots mineros.
Bulma alzó una ceja. Sorprendida de que recordara un detalle así. Ella que pensaba que él nunca le ponía atención a nada más aparte de él.
—Perdí esos planos porque mi mamá se metió a limpiar y desordenó todo. Ahora vete, tengo mucho que hacer y dentro de esas cosas está optimizar tus armaduras para cuando entrenes.
—Deja eso ya. —Se le acercó hasta quedar a su lado, buscando con la mirada esa maldita cápsula. Debería haberla roto en el primer momento que la vio sobre su velador.
Vegeta simplemente podía ignorar el tema de las armaduras y jamás ponérselas cuando ella las tuviese listas, pero la muy bruja se había metido en su cuarto y sacado sin permiso, por eso se merecía que terminara hecha añicos en frente de ella.
—No la vas a encontrar. ¿Por qué no vas al jardín y sacas la nave? Así puedes calentar un rato antes que te lleve la armadura lista. —No podía evitar molestarlo. Era algo que estaba en sus genes. Tentarlo, incomodarlo, provocarlo. Todo era un deleite cuando se trataba de hacer algo alrededor de él.
Y algo muy parecido ocurría con él, pero a diferencia de ella, Vegeta no lo tenía consciente; simplemente era algo que sucedía sin explicación, como ahora, cuando la forma más fácil era retirarse y olvidarse del tema, pero hacía todo lo contrario: se quedaba y provocaba más cercanía con ella, al punto de volver a tocarla, rozarla, estar en la misma habitación, solos y juntos, como si nada los hubiera interrumpido jamás.
—No voy a entrenar más —le habló con un tono de voz más ronco, tocando su pecho con el de ella, molesto que se metiera en su maldita vida como si lo conociera a la perfección.
—Sí, sí vas a entrenar, y muy pronto. Te lo puedo asegurar. —respondió con tal convicción, que fue capaz de hacerlo dudar por unos segundos, cabreándolo más.
—La cápsula. Entrégamela, ahora. —Levantó la mano para que la pusiera ahí y de paso se apretó más contra ella, aprisionándola entre su cuerpo y la mesa de trabajo.
—La cápsula está muy bien escondida, no como lo hiciste tú. —Apoyó las manos en la mesa para hacerse un poco hacia atrás, levantando el pecho.
—La tienes en el cajón de tu escritorio —mencionó cualquier lugar dónde podría haberla dejado, sin dejar de mirarle el escote.
—¡No! ¡Ahí no está! —Perdió total compostura al oírlo acertar sobre el lugar y de paso le dio la razón.
Se quiso dar vuelta para abrir el cajón y sacarla, pero antes de siquiera pensarlo, Vegeta ya lo había hecho. Fue tan rápido que lo único que Bulma pudo ver, fue la cápsula en la mano de él y una risa burlona.
—¡Ni siquiera lo pienses! ¡Me costó mucho trabajo hacer las armaduras! ¡¿Acaso crees que me sobra el tiempo?! —Trató de arrebatársela para evitar que la destruyera, pero él levantó la mano—. ¡Ya dámelo! ¡No seas infantil! —Saltó y se agarró en su muñeca, intentando bajarla, pero era inútil, era como intentar derribar un árbol gigantesco solamente con las manos.
—¿Cuánto vas a seguir así? —preguntó observándola atento. Pero la verdad es que estaba a gusto así. Verla dar brincos con esa falda y camiseta ajustada, rosándose contra él, era algo que no sucedía hace tiempo, y por mucho que se tratara de él, a final de cuentas era un hombre con sangre en las venas que hace más de un mes sentía la necesidad de estar con una mujer. Estar con ella.
—¡Dame la cápsula y terminemos con esto! ¡Baja el brazo!
—Bájalo tú, lo estás haciendo de maravilla —respondió burlón.
—¿Si lo bajo me das la cápsula? —Se detuvo para preguntarle, pero no soltó su muñeca.
—Como quieras, pero se te olvida que… —Se calló en cuanto Bulma tapó su boca con sus labios.
Solo faltaba una pequeña excusa para terminar así y de paso podía salvar la cápsula de ser destruida. Así Bulma mataba dos pájaros de un tiro.
Soltó su muñeca para abrazarlo por el cuello y continuar besando sus labios cerrados y tensos, con la excusa de poder recuperar lo que era de ella, pero ya había pasado a segundo plano.
Él no pudo cerrar los ojos. Sí bajó el brazo, y le prestó atención a ella y su boca, la que con suma facilidad estaba logrando hacerle perder la compostura. Fue cuando sintió su lengua tratando de invadirlo, que él rodeó su cintura con un brazo y respondió el beso con mayor intensidad, tomando el control que siempre debía llevar.
Se besaron con pasión, despertando el deseo por el otro que jamás se había retirado y simplemente continuaba esperando cualquier pequeña chispa para explotar como siempre sucedía cuando se unían.
Las manos de él sobre sus caderas la hicieron alertarse y tener segundo de cordura, Bulma quiso detener todo y retirarse, antes que fuese demasiado tarde. No quería ningún acercamiento con Vegeta por temor a arruinarlo todo y que los abandonase de nuevo. Trunks no podría soportarlo esta vez, ahora que se había acercado a su padre como nunca antes, de lo contrario hace rato Bulma lo hubiera abordado. Ella podía soportar cualquier cosa, pero su hijo estaba primero.
Quiso hablar, pero él reclamó su boca con un mordisco en su labio inferior que se sintió entre sus piernas. La tomó de la cintura y llevó contra la pared para que no pudiese escapar.
El deseo y otros miles de sentimientos, buenos y malos, que sentía hacia él, la dejaron incapacitada de hablar y ser solo capaz de enredar sus dedos en su cabello, sin dejar de besarlo, en un intento de devorarlo para que jamás se atreviera a marcharse, mientras él la tocaba como obseso.
Separó las piernas al sentir una de él meterse entre las de ella, permitiéndole con eso frotar ambos sexos sin pudor alguno. Sin necesidad de ayuda, su falda subió.
De su cintura, pasó a sus pechos, para apretarlos por sobre la ropa. Ante el gemido de ella, metió una mano bajo la camiseta e introdujo el pulgar dentro del sujetador para tocar su delicada piel. Como respuesta, Bulma gimió su nombre, tal y como en los viejos tiempos, como si no hubiese pasado ni un solo día desde la última vez que estuvieron juntos, con el mismo deseo vivo y ardiente.
Bajó su mano para apretar y sentir la entrepierna dura de Vegeta, justo cuando él mordía su cuello más fuerte de lo normal, arrancándole un gemido con mezcla de dolor y excitación.
No podía ser más perfecto, salvo por el hecho que cuando ella quiso desabrochar su pantalón, el tomó su mano para detenerla.
—¡No! —reclamó e intentó volver a besarlo y tocarlo, pero él la alejó con calma, para luego retroceder un par de pasos y ordenar su ropa.
—Tu ropa —dijo en tono de orden que ella entendió y arregló sin comprender mucho qué sucedía. Aún estaba embobada por haberlo tenido fundido en ella, pero necesitaba una explicación y ya.
La puerta del laboratorio se abrió, dejando a Bulma con el reclamo en la punta de la lengua, justo cuando Trunks entraba sin pedir permiso y mucho menos golpear para anunciarse, como Vegeta le había enseñado.
—¡Mamá! ¡Te traje un dibujo! —Corrió hacia ella con un papel en la mano.
—¡Trunks, es muy lindo! —exclamó contenta cuando se agachó para quedar a la altura de su hijo.
—Hola papá. —No le ofreció un dibujo porque el niño ya había aprendido que no le gustaban y que además era algo estúpido, pero Trunks no podía dejar de hacerle dibujos a su mamá y abuelos. También ilustraba sus aventuras con su papá, pero las tenía en su cuarto y para el.
—Cada vez estás dibujando mejor, mi amor. Sería buena idea contratar un profesor para que te ayude mejorar la técnica.
—¿Cómo papá que me enseñó a volar y ahora a pelear?
—Algo parecido, pero con lápices.
Vegeta los observó unos segundos mientras conversaban, incapaz de entender la relación de ellos. Junto a los pies de Bulma estaba la cápsula, la causante de todo este sin sentido y que después de tanto alboroto ya había perdido completo interés.
Decidió marcharse sin decir nada.
Después de ducharse y ponerse el pijama, bajó a la cocina. Estaba cansada y no podía dormir, así que le vendría bien una copa de vino antes de irse a la cama. No lograba sacarse de la cabeza lo sucedido en la tarde con Vegeta. Si Trunks no hubiese llegado habrían terminado haciéndolo en el piso de su laboratorio y todo por la infantil y tonta discusión de la cápsula escondida.
Se sentó en su silla sirviendo un poco más de vino tinto a la copa, con la mirada perdida, sintiendo un cosquilleo en el vientre y piernas al evocar los besos y caricias que compartieron hace pocas horas.
El deseo aún estaba en ellos, de eso no había duda. Quizás nunca se había marchado y tal vez jamás lo haría, y mucho menos ahora que vivían juntos en moderada paz. El deseo y pasión fue lo que los unió desde un comienzo y el que ahora volvía a tentarlos como si nada más importase en el mundo, como antes.
Pero nada era como antes.
Miró a la puerta de la cocina cuando la escuchó abrir. Era Vegeta que volvía luego de haber sido interrumpidos por Trunks. Había estado todo el día afuera y no era coincidencia el que volviera justo ahora y entrara en la cocina. Con ellos nada era coincidencia, aunque lo quisieran pensar así.
—Dejé la capsula en tu habitación —dijo en cuanto lo vio entrar—. Y no te molestes en destruirla. Ya estoy haciendo más.
—Como quieras —respondió sacando una botella de agua del refrigerador.
—Me alegra que te resignes —Se puso de pie para dejar la botella con las otras, justo donde él estaba de pie y bebiendo agua—. Pero ya verás cuando pruebes el nuevo material, vas a rogarme por más. —Se cerró la bata en cuanto notó que él estaba más atento a sus pechos que en discutir.
No, no debía. Aunque lo único que deseaba en ese momento era estar con él, no podía arriesgarse a arruinarlo todo. Ellos eran así, mucha pasión y poca moderación, lo que daba como resultado un final violento y ella ya había vivido varios con él.
No podía darse el lujo de terminar como antes, con Vegeta partiendo al espacio para no volver. Ahora estaba en casa por su hijo y no quería que Trunks perdiera a su padre nuevamente porque lo de ellos no funcionó.
Vegeta notó enseguida el cambio de actitud de Bulma y antes de que pensara en hacer otro movimiento, ella dio por terminada la corta charla nocturna.
En cuanto entró a su cuarto, sin la copa de vino que había ido a buscar, se lanzó a la cama. Su respiración estaba agitada, su cuerpo había respondido a él como si la hubiera tocado. Se repitió mil veces que no podía hacerlo, no se arriesgaría. Ignoraría el hecho que Vegeta había decidido quedarse en la Tierra pese a tener los medios para marcharse, ignoraría sus ojos mirándola con la misma intensidad que ella lo hacía, pasaría por alto el que estuviera comportándose como un padre. Nada de eso la haría caer.
(…)
—Hija, tienes una cara terrible, ¿has dormido lo suficiente?
—No mucho, estoy terminando un proyecto que pensé que me tomaría menos tiempo, pero ya no queda mucho, sólo entregarlo —dijo sonriendo al final.
Las dos mujeres compartían una taza de té en la sala, mientras Trunks corría por toda la casa jugando con su barco de juguete. Desde que Bulma le dijo que su cumpleaños número tres lo celebrarían en el yate de la compañía, el niño no dejaba de hacer planes, saltar y correr; dichoso de ver el mar de cerca.
Ahora su madre y abuela planeaban y escribían la lista de invitados y todo lo que necesitarían para ese día.
—¿Habrán juegos?
—Sí, mi amor, los que quieras.
—¡Bien! —exclamó feliz, corriendo con su barco, simulando que nadaba en el mar.
—Estoy tan feliz de organizar este cumpleaños. Mi nieto ya se está convirtiendo en un hombrecito.
—Va a salir todo perfecto, mamá. Pero falta mucho por organizar.
—No te preocupes, querida. Siempre lo has hecho muy bien, recuerda que aprendiste de la mejor.
—Es verdad.
—Lo que yo quiero es prepararle el pastel a Trunks.
—Pero debe ser muy grande. Son muchos los invitados.
—Eso no me importa. Siempre he sido yo la que cocina sus pasteles de cumpleaños, esta vez no será diferente.
—Está bien, confío en que te quedará delicioso.
Trunks detuvo su juego cuando vio a su padre salir de la cocina, para seguramente ir al segundo piso. Esa era su rutina y el niño ya se la sabía de memoria.
—¡Papá! ¡¿Escuchaste?! ¡Vamos a celebrar mi cumpleaños en un yate! ¡Vamos a ir al mar!
—¡Sí, y yo voy a cocinar el pastel!
—¡¿De qué quieres el pastel, papá?!
—No me hagas perder el tiempo con estupideces, Trunks —respondió seco, molesto que le metieran a su hijo cosas inútiles en la cabeza. Con eso solo conseguirían volverlo más humano que saiyajin.
Antes que se pudiera asomar un tono triste en la cara de Trunks, Bulma se adelantó a hablar. No permitiría que Vegeta le arruinara su cumpleaños.
—No le hagas caso, Trunks. ¿Recuerdas cuando vimos la película de ese bicho verde que odiaba la navidad?
—Sí, mamá.
—Bueno, tu papá es así, pero con los cumpleaños.
—¿Papá tiene el corazón chiquito?
—Sí, Trunks, pero no te preocupes, ya le va a crecer.
Contento con la explicación, el niño continuó jugando.
Vegeta intercambió una mirada con Bulma antes de continuar su camino hacia su cuarto, donde la televisión lo esperaba con nada interesante para ver.
(…)
Abrió la puerta y se asomó.
—¿Podemos conversar? ¿O estás muy ocupado? Ese comercial de comida para perro lo volverán a pasar por la televisión, no te preocupes. —Bromeó amistosa. Por supuesto él no lo tomó así.
Apagó el televisor, pero no se levantó de la cama. Bulma tomó eso como un sí y terminó de entrar al cuarto.
—¿Qué quieres?
—Necesito que me acompañes.
—¿Dónde?
—Es una sorpresa.
—No me gustan las sorpresas.
—Te aseguro que te gustará.
—Lo dudo.
—Siempre te gustaron las sorpresas que tenía para ti, esta no vez no será diferente. —Luego de decir eso sintió sus mejillas rojas. No debió haber dicho eso, ya que la hizo recordar el tipo de sorpresa que tenía para él cuando no hacían más que pasar tiempo juntos en la cama.
Y al parecer las mismas escenas pasaron por la mente de él porque sus mejillas estaban igual de rojas.
—Dime qué quieres o vete de aquí.
—Quiero entregarte algo, pero no lo puedo traer hasta acá. Y no te preocupes, no son más armaduras. No te molestaré más con eso, lo prometo.
—Sí, claro.
—Vamos, Vegeta. Te necesito abajo por unos minutos, luego te dejaré tranquilo, no sabrás de mí en días.
Como respuesta, se puso de pié y fue hasta la puerta. Ella entendió que estaba esperando a que primero saliera del cuarto, seguramente porque pensaba que tramaba algo en su contra.
—Qué caballero, muchas gracias. —Le guiñó un ojo antes de salir.
Vegeta puso los ojos en blanco antes de seguirla. En verdad era insoportable, pero si con esto lo dejaría tranquila varios días, no perdía nada con ir.
—Supongo que te habrás preguntado por qué llego tan tarde todos los días y trabajo horas extras en mi tiempo libre.
—No.
—Pero al menos te has dado cuenta de eso. —Se dio vuelta un segundo para mirarlo.
—No.
—Yo diría que sí. Siempre estás pendiente de todo, con lo controlador que eres.
—¿Para esto pediste que te acompañara?
—No, pero quiero hacer conversación... En menos de un mes será el cumpleaños de Trunks y…
—No voy a ir a participar en esas estupideces.
—Tranquilo, no estás invitado. No quiero que arruines la fiesta de mi hijo con tu horrible cara espantando a los otros niños.
—¿Bulma?
—¿Sí?
—¿Qué es lo que quieres? —Ya habían llegado al primer piso. Él continuaba dos pasos detrás de ella, caminando por un pasillo poco usado de la gigantesca casa.
—Ya vamos a llegar. Bueno, como te iba diciendo. Es el cumpleaños de Trunks y afortunadamente mi niño es tan inteligente que no se puso triste ni cambió de parecer por tu comentario fuera de lugar sobre las celebraciones de cumpleaños.
—No es solo de cumpleaños, es cualquier estúpida celebración humana, y hay muchas.
—Así somos, nos gusta festejar por cualquier motivo. Es como ustedes, solo que nosotros no hacemos explotar planetas ni matamos gente, somos más civilizados.
—Ve al grano.
—Está bien, pero no me interrumpas más. Como estabas tan amargado como ese ser verde que intenta robar la navidad, a Trunks se le ocurrió una idea. Me dijo que los regalos lo ponían feliz, así que eso es lo que te hacía falta a ti. Un regalo.
—¿Y para eso me traes? Me vas a dar un regalo —dijo aburrido. ¿Qué tontería se le habría ocurrido ahora? ¿Por qué no lo dejaba tranquilo de una vez por todas?
—Pensaba dártelo luego del cumpleaños de Trunks, pero lo terminé antes de lo esperado y con esa cara que tienes, se nota que necesitas urgente un buen regalo. —Se detuvo y volteó junto una puerta que tenía pegado un enorme lazo rojo.
—¿Qué se supone que esto?
—Tu regalo ¿No lo quieres abrir? —Sonreía contenta. Ansiosa de que notara el detalle de la puerta, pero no por eso no lo molestaría un poco.
—Termina con esto.
—No seas aburrido, al menos mira la cinta, es de un muy lindo color.
—Será mejor que no vuelvas a molestarme más con tus… —Se calló al ver la puerta. No era de madera o de esas corredizas de metal. Esta era idéntica a la puerta reforzada de su nave espacial.
—Linda cinta, ¿no? —Ya que él no hacía ni decía nada. Bulma abrió la puerta, luego de ingresar el código de acceso de seis dígitos en el panel junto la puerta—. Te dejo a solas con tu regalo, sé que te gustará, tiene todo lo que necesitas y puedes hacerte explotar en mil pedazos y nadie te escuchará. Creo que esto es mejor que el beso que te di en el balcón. —Se retiró del lugar, confiada de que entraría. Tenía deseos de ir con él y verle la cara, pero era mejor que estuviera solo.
La curiosidad no pudo más con él, obligándolo a entrar. Vegeta no se caracterizaba por dejarse llevar por lo que sentía, ya que las pocas veces que lo había hecho, terminaba arrepintiéndose, pero esta vez fue más fuerte que él.
Cerró la puerta tras de él, revelándose ante sus ojos una enorme y espaciosa habitación de entrenamiento, con altas paredes reforzadas, el cerebro de la maquina en un costado, en lugar del centro de la nave que solo servía para estorbar. En un rincón esperaban nuevos robots de combate, algunos de ellos que jamás había visto en su vida y otros muy parecidos o idénticos a ideas que había hablado alguna vez delante de Bulma y ahora estaban ahí, aguardando a ser usados y destrozados.
Caminó por la gran habitación al mismo tiempo que sentía algo extraño en su espalda y estomago. Bulma había pensado en todo. Incluso tenía aire acondicionado y cuando se acercó al panel de control para chequear el máximo de gravedad, sus ojos brillaron al ver que quintuplicaba la marca de su nave. En el otro extremo había más robots, antiguos y nuevos modelos, y pesas de distintos tamaños, seguramente construidas con un material especial para que no se vieran afectadas por la gravedad.
Pasó otra puerta y fue como estar en su habitación del segundo piso, solo que esta no tenía televisor. Había una cama, un closet con ropa normal, toallas, zapatillas y todo lo necesario para vivir encerrado si así lo quisiera. En un rincón un refrigerador gigante con sus bebidas y comidas favoritas y sobre el velador una caja con capsulas, muchas de ellas contenían comida y otras armaduras y trajes de combate. Vio otra puerta, esa seguramente era la del baño, pero no entró, volvió a ir a la habitación principal para observar la zona de entrenamiento, sin darse cuenta que sobre la cajonera de ropa interior, estaba el marcianito que Trunks le había regalado meses atrás y él dejó tirado en su antigua nave espacial.
Volvió al panel de control, tentado de probar la nueva gravedad, sin sentirse incomodo o mal consigo mismo por traicionarse de esa forma. La verdad es que en estos momentos no sentía nada más que el deseo febril de poner su cuerpo a prueba después de tanto tiempo. Su instinto de guerrero saiyajin era más fuerte que nada y traición sería no aumentar la gravedad el doble de lo máximo a que estaba acostumbrado. Y así lo hizo.
No esperó, no fue por su ropa, ni calentó. El guerrero activó la gravedad sin intensiones de comenzar por algo más bajo, pese a estar consciente que su cuerpo no sería capaz de resistir el máximo que logró dominar.
Surgió el ruido de la habitación adaptándose, familiar y tan agradable para sus oídos. El calor aumentó considerablemente, así también como la presión del lugar y sus piernas no tardaron en tiritar. A pesar del tiempo transcurrido su cuerpo y sentidos fueron capaces de reconocer los cambios de gravedad, la transición de cien a doscientos, luego a trescientos; eso no debería ser nada para él, pero sus piernas lo estaban sintiendo y su espalda también.
Antes de llegar al número programado cayó al suelo de rodillas, lastimándoselas por el impacto. Se sintió más débil que nunca al deber apoyar las manos para no golpearse la cara, pero cuando llegó la gravedad solicitada, ni siquiera sus brazos pudieron soportarlo, terminando con la cabeza azotada en el frio suelo del lugar.
Ignoró la sangre que salía de su frente y apretó los dientes, concentrando su energía para ponerse de píe. Era humillante tener que transformarse en súper saiyajin para levantarse, pero tuvo que hacerlo y rápido, porque la presión era demasiada y terminaría aplastándolo. Abandonó la transformación en cuanto pudo apretar el botón de pagado, volviendo enseguida al suelo, exhausto y sudando, sintiéndose raro luego de haber hecho explotar su energía.
Apoyó la espalda en la pared de la habitación y cerró los ojos. Jamás pensó que estaría en tan mal estado. Incluso como súper saiyajin sintió dolor y no se pudo mover con fluidez. Era una verdadera vergüenza su estado actual, cualquier insecto podría venir, a retarlo a un combate y humillarlo con facilidad, y él de humillaciones sabía. No pudo evitar recordar el juego de Cell, la última vez que se transformó en súper saiyajin y por supuesto cómo terminó todo.
¡Pero no más!
Ignoró la sangre y el dolor de su entumecido cuerpo y se puso de pie. Entró a su nueva habitación en busca de las capsulas que contenían su armadura.
(…)
—Mamá, papá aún no sale de la cámara.
—Dale más tiempo, Trunks. Está recuperando el tiempo perdido.
Madre e hijo desayunaban en la cocina. Hace cinco días Vegeta había entrado a su regalo y aún no sabían nada de el. Por supuesto Bulma tenía todo controlado en caso de que sufriera un accidente —que eventualmente sucederá— le llegaría un mensaje a su celular, computadora o cualquiera de sus aparatos electrónicos.
—Pero lo echo de menos.
—Si sé Trunks, yo también lo extraño, pero ya verás que muy pronto estará de regreso poniéndole a todos cara fea y quejándose por todo. —Los dos rieron.
—Mi papá es muy gruñón.
—¡Mucho!
—¿Y cuándo voy a poder entrenar con él en su cámara?
—Cuando seas más grande, ese lugar es muy peligroso.
—Pero yo quiero entrenar con él ahí y ser tan fuerte como él.
—Y lo vas a ser, eso te lo aseguro.
—Sentado ahí jamás vas a acercarte a mi nivel de pelea, mocoso —dijo Vegeta en cuanto entró a la cocina.
Trunks y Bulma giraron para verlo. Vestía shorts de spandex negro y zapatillas y pese a ser tan temprano se notaba que llevaba horas entrenando sin parar.
—¡Papá!
—¿Qué esperas? Ponte de pie y vamos al patio. Imagino que estos días no has hecho ninguno de los ejercicios que te enseñé.
Mientras Trunks le explicaba a su padre porque no los había hecho, Vegeta y Bulma intercambiaron miradas. Completamente distintas a las de antes, llenas de vida y pasión.
—Eso no es razón para no hacerlo. —Fue a la puerta que daba al patio trasero—. Ahora vamos, si quieres entrenar con gravedad tienes que ejercitarte a diario.
—¡Sí! —De un salto se levantó de la silla y fue corriendo al patio, olvidándose por completo del resto del desayuno.
Vegeta la volvió a mirar antes de salir al patio.
Bulma continuó desayunando con una inmensa sonrisa. Era una genio. Todo había resultado como lo planeado.
(…)
Apagó la gravedad antes de lanzarse al suelo como un peso muerto. Agotado, jadeando, ignorando el dolor de su cuerpo y la sangre que salía por más de un lugar de su cuerpo. Simplemente respiraba agitado, con la mirada perdida en el techo de su nueva habitación de gravedad.
Se sentó para quitarse la armadura, los guantes y sacarse el traje azul hasta la cintura, regresando la espalda en el suelo, pudiendo respirar más a gusto, notando que la sangre provenía de una herida en el hombro derecho y otra en un costado del torso. No quiso darle vuelta al asunto de sus motivos por volver a entrenar, cosa que últimamente hacía cuando se tomaba un descanso para recuperar el aliento, lo importante es que estaba de vuelta y necesitaría mucho para volver a recobrar su antiguo y optimo estado físico.
Se puso de pie y un poco desganado caminó hacia su habitación.
Bulma se miró por última vez en el espejo de la sala. Comprobando que todo estuviera en orden. Su peinado, el traje de dos piezas ajustado, color rojo, y zapatos negros de tacón. Por un momento pensó que la falda estaba muy corta, pero se veía tan hermosa y sexy, ¿quién era ella para privar al mundo y a los inversionistas de su belleza?
La limosina ya esperaba por ella afuera y tenía todos los documentos que necesitaba, solo debía salir e ir a la reunión, pero a último minuto se desvió de su trayecto.
Ya habían tres semanas desde que Vegeta había regresado a entrenar y lo veía menos que antes. Lo bueno es que no descuidó a Trunks, todo lo contrario, estaba tan lleno de energía que pasaba más tiempo en las mañanas con él, preparándolo seguramente para meterlo a la cámara. Debía hacerse a la idea que tarde o temprano su niño terminaría ahí, así que lo mejor era que su padre lo entrenara como se debía. Moriría si volviese a suceder otro accidente como el de la otra vez.
Debería haberse marchado a la reunión. Todos iban a verla a ella, pero los deseos de Bulma decían otra cosa.
Desde que Vegeta había regresado a vivir con ellos, se repetía a diario que todo era por Trunks y nada más que él, pero pese a las constantes discusiones, evasiones y malos ratos, le gustaba tenerlo en casa, especialmente ahora. Parecía masoquista de su parte, pero ese hombre estaba tan dentro de ella que todo se experimentaba el doble, lo bueno y lo malo y lamentablemente con él eran más cosas malas que buenas, aunque estas últimas semanas habían sido diferentes. Y tenerlo en casa había servido para verlo con otros ojos.
Se detuvo en frente de la puerta, esperando que estuviera entrenando, llamar por el comunicador y preguntarle si la cámara había presentado alguna falla, pero no estaba. Miró por la pequeña ventana y todo lo que vio fue su armadura y guantes tirados en el suelo, junto con una posa de sangre. No lo pensó dos veces e ingresó la clave de acceso. Entró y cerró la puerta en caso de que Trunks estuviera cerca.
—¿Vegeta? ¿Vegeta estás bien? —Al no obtener respuesta, su miedo creció. Era mucha sangre en el suelo y las gotas evidenciaban que había ido a su cuarto. La mujer casi cayó al suelo al pisarlas, pero se afirmó justo a tiempo con la puerta—. ¡¿Vegeta?!
Al entrar a su habitación lo encontró sentado a los pies de la cama tratando de coser una herida sobre el hombro derecho, pero la herida llegaba hasta el omoplato, y esa área no podía alcanzarla.
—¿!Estás bien!? —Caminó a su lado, mucho más calmada. En verdad había pensado que se había lastimado de gravedad, pero lo veía bien. Aún con parte de la ropa azul puesta hasta las caderas, el resto caía descuidado.
Vegeta la quedó mirando sin entender. Ella estaba acostumbrada a esto. Sabía de sobra que eso no era mucha sangre para él. Por eso no comprendía el escándalo.
—Tienes que tener cuidado. No llevas ni un mes en tu habitación de entrenamiento. No puedes dañarte de gravedad ni hacerla explotar al menos en cinco meses más.
—No es nada —respondió mirándola de reojo un segundo.
—Sí, ahora me doy cuenta de eso, pero lo estás haciendo mal, déjame a mí. —Dejó su cartera sobre el velador y subió a la cama detrás de él, arrodillada, para quedar a la altura necesaria para curarlo. Le quitó la aguja y para coserlo con delicadeza, tomándose su tiempo.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo curó y siempre le daba miedo enterrar demasiado fuerte la aguja, olvidando que se trataba de uno de los hombres más fuertes que conocía, una simple aguja no le dolería tanto.
—Nunca voy a entender como sobreviviste tanto tiempo en el espacio y solo sin saber coser como corresponde tus heridas. Bueno, por eso tienes tantas cicatrices feas.
Vegeta miró hacia el frente, al armario de su ropa que llevaba un espejo en una de sus puertas. Se miró a él mismo, sintiendo un deja vu estando en la cama con ella curándolo, como hace mucho tiempo, pero pronto desviaría su atención. En el reflejo podía mirarla sin la necesidad de moverse, estaba de rodillas, con las piernas separadas, y no se había percatado que esa falda indecente se había levantado, mostrando un portaligas negro.
Bulma observó su espalda. Estaba sudado y sucio con la sangre que había dejado de salir hace poco. Se había bajado tanto el traje azul que podía ver la cicatriz de su cola. Le encantaba tanto su espalda que no le importó ensuciar su traje.
—Ya está. Como nuevo, ¿Alguna otra herida que coser?
—Ya está todo cerrado.
Bulma se bajó de la cama y tomó una silla para poder sentarse frente a él y mirarlo de cerca. Le gustó ver sobre el refrigerador el marcianito morado, aunque no entendía por qué lo había dejado dando la espalda.
—¿Seguro que no hay más heridas?
—Estoy bien, no exageres. No es la primera vez que me ves así.
—Lo sé, pero ahora la gravedad es más fuerte. ¡Ah! Y no tienes la necesidad de darme las gracias, sé lo mucho que te gustó. Lo que quiero saber es si ha presentado alguna falla.
—Hasta ahora no. —Se masajeó el hombro y estiró el cuello. Estaba muy adolorido, pero no tanto para no notar como lo estaba mirando, después de todo, era de la misma forma que él lo hacía con ella en estos momentos.
—Y no debería pasar. —Se puso de pie hacia el baño, sin dejar de hablarle—. Trabajé personalmente en cada detalle de esta habitación. Si no te vuelves loco haciendo estallar tu energía, puede que dure un año sin problemas grandes—. Volvió con algodón y alcohol—. ¿Cómo van los robots? —Quedó de pie, en frente de él y sin avisar posó sobre el corte del hombro, el algodón empanado de alcohol.
Vegeta apretó los dientes cuando sintió el ardor en su piel, pero no dejó de observar el reflejo de ella en el espejo.
—Hay varios robots destruidos —respondió ronco, soportando la molestia del alcohol sobre su herida.
Volvió a sentarse y se inclinó para poder pasar otro trozo de algodón en un corte de la mejilla. Esta vez no dolió y ninguno de los dos dijo una palabra más. Ella desde un principio había notado cómo la miraba.
Al demonio con todo.
Lo besó en la boca con toda la pasión y deseo reprimido, Vegeta le respondió de la misma forma, tomándola del brazo para atraerla a él y sentarla sobre su piernas con las de ella abiertas. Bulma obedeció sin detenerse a pensar, los dos comiéndose la boca como locos, ninguno queriendo procesar nada, simplemente dejándose llevar por el deseo de ambos cuerpos que se pedían a gritos hace tiempo. Es lo que ambos quieren y así será.
El hombre pasó las manos por su trasero, su cintura, sus piernas, sin abrir los ojos ni despegarse de su boca, pero recordando cada curva y forma como si hubiese pasado un día desde la última vez. No esperó más y tomó el cuello de su traje, rajándolo por atrás, exponiéndose su espalda, para reclamarla como toda parte de su cuerpo.
Al sentir su ropa rasgada, se separó un poco de él para quitársela junto con el sujetador. Si en otras ocasiones le reclamó por su brutalidad, esta vez se excitó más; siempre le gustó que sobrepasara los limites con ella, y esta vez fue maravilloso verlo igual de desesperado que ella.
Reanudaron el beso y la mujer se frotó más al sentir sus manos bajo sus muslos, apretándola, haciéndola suya por sobre la ropa interior.
—Vegeta —gimió contra su boca cuando terminó de arrancarle la pequeña braga y subir su falda hasta la cintura. Le encantaba tocar su cuerpo cansado, sudado y herido por los entrenamientos. Sentir al hombre exhausto, pero con todas las energías del mundo cuando se trataba de cogerla, la excitaba más que nada en la vida.
La tomó en brazos y puso sobre su cama, quitándose el resto del traje azul, antes de ponerse sobre ella, pero se detuvo en el último momento, quedando arrodillado entre sus piernas. Estaba listo, más excitado que nunca y admirando su cuerpo, viendo su abdomen subir y bajar igual de agitado que él, pero el estar con ella significaba muchas cosas que no quería y de las cuales hasta el día de hoy se arrepentía.
—No, no Vegeta —susurró y arrodilló. Tomó su rostro con las manos y besó en la boca y cuello, pegando su cuerpo al de él—. No pienses nada —dijo besándolo con pasión. Bajó las manos para tomar las muertas de él y hacer que la tocara, tal y como lo había hecho de manera perfecta, segundos atrás.
Fue tan fácil hacerlo reaccionar.
Bulma volvió a relajarse y entregarse cuando lo sintió apretarla, como debía ser. Se mordió el labio e hizo un poco la espalda hacia atrás cuando el bajó a sus pechos y llevó una mano a su entrepierna, pero no duraría mucho así. No quiso esperar nada y la tomó de los muslos para levantarla y entrar en ella.
Lo abrazó con piernas y brazos, desesperada al volver a sentirlo salvaje en su interior, moviéndose, por fin unidos, intercambiando besos, gemidos, intimidad. Enterró las uñas sin contemplación en su espalda, abriendo la herida que había cosido con tanto cuidado, pero es que él la volvía loca, más loca de lo que ya estaba. Todo de él la tenía así, su cuerpo, su piel, su voz le hacía perder la razón.
No tenían remedio. Hay personas que por sentido común no deberían estar juntas, pero una vez más se volvían a unir los cuerpos, las respiraciones, la piel caliente frotándose contra la del otro. Definitivamente no podía estar del todo mal algo que se sentía tan bien.
La mordió en el cuello en respuesta a las uñas lastimando su espalda. Ella lo repitió, consiguiendo que Vegeta la acostara en la cama, sin separarse, y la tomara de las muñecas dejándola sobre su cabeza, con la otra mano la tomó del muslo, separando más las piernas y levantando la que tenía en su poder, ignorando por completo la sangre que salía de su herida.
La escuchó gemir contar su oído, invitándolo a moverse con más brusquedad dentro de ella, tratando de ignorar su calor, su aroma, su voz, pero a cada acción de él, ella respondía fuera de control, condenándose él mismo a la perdición.
Tratando de controlar su euforia y la poca o nada cordura que quedaba, la besó, consiguiendo todo lo contrario.
Pronto el beso se vería interrumpido por los jadeos de ambos, cada vez más fuertes y sin pudor alguno. El largo tiempo sin contacto con la piel del otro les pasó la cuenta, terminando ambos, mucho antes de lo esperado.
Guardaron silencio, mirando el techo, en silencio y agotados. Aún por sus cuerpos corría la eléctrica y agradable sensación del clímax, que lamentablemente al acabar, los obligaría a volver a pensar, pero estaban tan cansados que continuaron un largo rato sin hablar ni moverse. En verdad estaban fuera de práctica.
—¡Qué cansada estoy! —Finalmente fue Bulma quien se decidió a hablar. Se estiró perezosa y con el cuerpo adolorido, pensando en que debería llamar a su secretaria y cancelar la reunión de hoy. Ya no estaba de ánimos de salir de casa y menos a aburridas reuniones—. Creo que necesitas un mejor colchón, no se puede descansar a gusto en este, y también uno más grande. No me gusta tener sexo en camas pequeñas.
—¡¿Qué?! —Se sentó para mirarla. Jamás pensó que saldría con un comentario tan descarado, pero ella no se dio por aludida, poniéndose de pie, yendo al mueble de la ropa.
—En la semana iré por un buen colchón. No quiero que mi espalda se dañe por tu brutalidad.
—Descarada —susurró cruzándose de brazos—. ¿Qué se supone que estás haciendo? Ya vete de aquí, tengo que entrenar.
—Es lo que quiero, pero no pensaras que voy a salir semidesnuda de acá. Si tuvieses un poco de consideración no me romperías la ropa cada vez que tienes la oportunidad. Sé que soy tan hermosa que no puedes contenerte, pero trata de moderarte la próxima vez. —Se puso una camiseta del último cajón y bajó la falda que afortunadamente continuaba intacta, pero muy arrugada. No se detendría a buscar la ropa rasgada ni las pantaletas, tampoco quería calzarse tacos tan altos con las piernas cansadas, así que con eso bastaría.
—Ya no me hagas perder más el tiempo.
—Tranquilo, puedes jugar todo lo que quieras con tu nuevo juguete, pero no olvides que mañana le toca entrenamiento a Trunks.
—Sé perfectamente qué hacer.
Sin despedirse salió del cuarto, mirando por todos lados, al no ver a nadie cerca cerró la puerta y caminó sigilosa, pero no contaba que a los dos pasos se encontraría con su mamá, que al verla vestida de esa forma sacó sus propias conclusiones.
—Ni siquiera lo pienses, mamá.
Pero era demasiado tarde.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que era solo cuestión de tiempo para que volviesen a estar juntos! ¡Estoy tan contenta, hija! Y Vegeta tan apasionado como siempre. ¡Qué alegría!
—¡No digas eso mamá! —Ya no era capaz de mirarla a los ojos después de ese último comentario—. Vegeta y yo no hemos regresado a nada, así que te agradecería que no hicieses ningún comentario, no quiero que Trunks se haga ilusiones.
—No te preocupes, querida. No diré nada, pero ya verás que en poco tiempo va a volver a tu alcoba.
—No, mamá, nosotros no…
—Yo me encargaré de facilitarles las cosas —Interrumpió a su hija sin importarle lo que le decía, ella feliz en su mundo haciendo planes sin preguntarle nada al respecto—. Le diré a tu papá que nos tomemos una pequeñas vacaciones y que llevemos a Trunks, así ustedes dos se quedaran solos y podrán reconciliarse por todas las habitaciones de la casa…
—¡Mamá! ¡No! —Se retiró del lugar dejándola hablar sola. Ella no estaba sicológicamente preparada para escuchar las ideas de su madre en cuanto a su vida sexual.
Se dirigió a su cuarto. Debía cancelar la junta y ducharse. Ya estando sola no pudo evitar sonreír como una tonta, su corazón aún acelerado y con las mejillas rojas. No sabía con claridad qué pasaría con ellos dos, pero no por eso dejaría de disfrutar el "reencuentro"
Desde ese momento, los encuentros nocturnos comenzarían a repetirse, cada vez más seguidos.
(…)
El yate zarpó temprano, con todos los invitados, amigos y conocidos que disfrutarían de las cientos de atenciones que había preparado para ellos. Comida, bebida y juegos para los más pequeños, karaoke y música en vivo para los adultos y al menos cien personas trabajando para que todo saliera a la perfección. Nadie podría decir que Bulma Brief no daba las mejores fiestas del mundo.
En una de las mesas principales, compartía la familia con amigos cercanos. Yamcha comía con ganas de las delicias que llegaban a la mesa.
—Espero que el juguete que le traje de regalo a Trunks ya no lo tenga. Ese niño tiene todos los juguetes del mundo —comentó en cuanto bebió cerveza para pasar toda la comida ingerida. Ya sentía que estaba a punto de reventar y apenas había pasado un par de horas desde que zarparon.
—Eso es lo de menos. Que hayan venido es lo importante. Y sí, mi papá le trae todos los días juguetes a Trunks, y sin mencionar todos los que le ha construido… ¿Qué le pasa a Krillin? Lo he notado un poco triste —preguntó en voz baja sin dejar de mirarlo. Estaba a un par de metros, sentado en la mesa de al frente con la mirada perdida, mientras a su lado el maestro Roshi y Oulong se atragantaban con la comida y alcohol y Puar y la Tortuga miraban horrorizados.
—Creo que es por Dieciocho. Dijo que lo acompañaría, pero no ha llegado.
—Aunque jamás venga, la seguirá esperando. —Suspiró para ella, bebiendo de su copa de vino.
—¿Vegeta se fue? —preguntó curioso. No la había visto desde la reunión del grupo. Había querido hacerle una visita, pero no se había atrevido.
—No, desde hace un tiempo que está viviendo con nosotros para entrenar a Trunks.
El guerrero quiso preguntarle si había regresado con él, pero era una pregunta estúpida. Se veía mucho mejor que la última vez que la vio. Estaba contenta y llena de energía. Ahora se alegraba de no haberse aparecido por su casa. Cómo maldecía la buena suerte de ese asesino.
Bulma vio a Milk con Goten, Gohan y el abuelo de los niños en la mesa, pero no vio a Trunks que estaba compartiendo con ellos. Divisó a sus padres en la mesa de postres y pasteles, pero tampoco estaba su hijo con ellos. Se disculpó con Yamcha y se puso de pie para buscar a su hijo. No porque su niño tuviese la fuerza de veinte hombres y pudiera volar, significaba que podía quedarse tranquila si desaparecía. Recién tenía tres años y no podía dejarlo solo en un lugar tan peligroso. Odiaba la actitud relajada de su madre con el cuidado de Trunks, pero según ella, siempre estaría su padre para cuidarlo y atajarlo si fuese necesario. Era increíble lo mucho que confiaba en ese hombre, aunque la verdad es que ella también había terminado confiando en él cuando se trataba de su hijo.
Se alejó de la multitud, y la música, llegando a la zona de los botes de escape. Sabía que a Trunks le gustaba jugar a esconderse por ahí y estaba en lo correcto, porque encontró su barco de juguete tirado en el suelo, pero cero rastros de él. Continuó caminando y le llamó la atención ver a la rubia debilidad de Krillin llegar volando desde el cielo. Ambas intercambiaron mirados, pero no se saludaron; Bulma simplemente sonrió a sabiendas que estaba incomoda de haber sido descubierta llegar. Era lindo ver que se interesaba de verdad por Krillin.
Al pasar el último bote, se detuvo en cuanto vio a su hijo conversando con Vegeta. El hombre estaba de brazos cruzados, mirando hacia abajo para poder verlo a la cara. Hubiera dado lo que fuese para poder oír lo que hablaban. Trunks no dejaba de mover la boca, incluso usaba sus manos para explicar algo que seguramente no lograba hacer del todo verbalmente, y para su asombro, Vegeta lo miraba atento; con su cara de siempre, de pocos amigos, pero estaba ahí, quieto, concentrado, escuchando. Lo más sorprendente de todo, era el hecho que estaba, pese a todo lo que habían pasado; incluso casi día por medio terminaban pasando la noche juntos, Trunks se apegaba cada vez más a él y comenzaban a vivir una especie de rara vida familiar. Vegeta no había huido como se esperaría de él y continuaba encontrándolos. Insistía en demostrar indiferencia, pero continuaba estando ahí, demostrando sin decirlo, que tenía interés en quedarse. Y una de las cosas que más le gustaba era que su regalo había funcionado. Ya no había día en que no entrenase en su cámara de gravedad, regresando al Vegeta de antes, pero mejorado.
Bulma continuó observándolos un par de minutos más, haciendo lo imposible por escuchar, tanto que no tuvo tiempo de esconderse cuando Vegeta la miró directo a los ojos, evidenciando que sabía de su presencia desde un principio.
Solamente sonrió nerviosa ante la mirada seria de Vegeta, pero no se movió, no quería interrumpir más lo que estaba ocurriendo entre padre e hijo y Trunks no se percataba aún que ella estaba ahí.
Vegeta volvió a ponerle atención a su hijo, pero sólo para detener su soliloquio y ordenarle que volviera con los demás a esa fiesta sin sentido. El pequeñito le obedeció sin preguntar por qué; ya se había habituado tanto a tener a su padre cerca, que ya no se angustiaba cuando éste no estaba con él todo el tiempo.
—Mamá, ¿ya vamos a abrir los regalos? —preguntó en cuanto la vio al pasar por donde había tratado de esconderse.
—Claro mi amor, en un rato más. —Y añadió en voz baja— ¿Qué conversabas tanto con tu papá?
—Cosas de hombres —respondió feliz, y sin esperar otra pregunta se marchó, ansioso de ver sus regalos.
Bulma lo siguió hasta que se perdió de vista.
—¿Vas a quedarte ahí escondida todo el día?
La voz de Vegeta la hizo mirarlo. Continuaba ahí de pie, cruzado de brazos y con apariencia molesta, pero eso último era lo de menos porque estaba ahí y con su armadura que jamás le había quedado tan bien como ahora.
—Así que cosas de hombres. —Se le acercó hasta casi tocarlo, con una sonrisa de oreja a oreja que no podía ocultar. Era un sueño tenerlo en un momento tan importante en la vida de su hijo y de ella.
Él solo respondió levantando una ceja, sin relajar su rostro serio.
—Veo que vuelves a percatarte de mi presencia —dijo coqueta, tocando su armadura en la parte del pecho y bajando hasta el final de ésta. Por su puesto él no respondió a ese gesto.
—Jamás he dejado de sentir presencias. Jamás bajo la guardia.
—¿Estás seguro? Porque hace poco podía espiarte tranquilamente y tú ni cuenta te dabas.
—Eso es imposible.
Bulma estuvo tentada de comentarle aquella vez que lo vio en la cocina enseñándole a Trunks a usar los cubiertos y a comer correctamente, y otras cosas más, pero prefirió que no, lo dejaría para otra ocasión.
—Me alegras que hayas venido al cumpleaños de tu hijo, aunque asumo que de no encontrarte ya te hubieras marchado.
—No voy a quedarme a perder tiempo en estupideces. Solo vine por algo puntual y es todo.
—Y supongo que no me vas a decir qué es.
—Cosas de hombres —respondió a punto de escapársele una sonrisa, pero logró controlarla.
—Como sea, habías dicho que no vendrías y de todos modos estas acá… Pudiste encontrarnos —susurró sonriendo. En el crucero había muchos guerreros poderosos para sentir su ki y rastrearlos con facilidad, pero a ella le encantaba pensar que los había buscado solo a ella y a su hijo, a nadie más. Vegeta era tan especial y complicado para todo que podría jurar que había sido de ese modo.
—Simplemente estoy, pero no pidas nada más. —Dejó de mirar el mar para observarla a ella y decirle eso a la cara. Quería dejarlo bastante claro.
—Sé que estás. Soy muy inteligente, Vegeta, no lo olvides.
—Eso es imposible, te encargas de recordarlo a diario.
—Entonces ya vete, tengo que volver con los invitados.
No se dijeron más. Ya todo estaba más que dicho, simplemente compartieron unos segundos de miradas que eran las encargadas de comunicar cuando las palabras no podían salir y a futuro cuando estuviesen de más.
Vegeta levantó vuelo, y una vez que dirigió rumbo, no volvió a mirar hacia atrás. En cambio Bulma lo siguió hasta que se convirtió en un punto luminoso del cielo. Se dio cuenta que no iba en dirección hacia su casa, pero no se preocupó; sabía que lo encontraría cuando regresaran después de la celebración.
Desde que le había entregado la nave, Vegeta no había demostrado intenciones de querer abandonar la Tierra. Estaba tan concentrado entrenando a su hijo que al parecer continuaría con ellos por un largo tiempo, creando el lazo que tanto necesitaba Trunks y que sin saberlo él también sentiría. Estaba segura que ni siquiera un saiyajin como él podía resistirse al cariño de su hijo.
Si bien permanecerían sin algo concreto por mucho tiempo, la relación continuaría fortaleciéndose, mutando y con muy buenos y muy malos momentos. Trunks disfrutaría de su padre, que por temporadas necesitaría abandonar el planeta en busca de algo que jamás encontraría, porque el muy tozudo lo tenía justo en casa y por eso siempre regresaría con ellos: con Trunks y con Bulma.
No era la idea de familia que siempre tuvo la joven y soñadora Bulma, pero era la que tenía, la que la hacía feliz a ella y a su hijo y sabía que también a él, aunque no dijera nada, así que con eso estaba bien. Los finales felices podían venir de muchas formas posibles.
Pasaría mucho tiempo y situaciones entre ellos para que naciera algo indestructible y duradero, pero por el momento continuarían unidos y con Vegeta encontrándolos en cualquier parte del mundo.
Fin.
Hasta que por fin lo terminé XD no pude hacerlo antes porque la universidad me consumió por completo y cada vez que tenía un tiempito para escribir, la musa ordenaba que fuese sobre otra cosa. Terminé con todas las pruebas y pasé todos los ramos con buenas notas, así que estoy más que feliz por eso y ahora que tengo una semana de vacaciones, aprovecharé para escribir más.
Me han llegado varios comentarios pidiendo que publique esta historia por separado para que no se pierda dentro de Fragmentos y así agregarla a favoritos, y es lo que haré. Subiré los seis capítulos juntos y para que algo así no se vuelva a repetir, las próximas ideas de historias largas, las escribiré inmediatamente en una independiente.
Todos sabíamos que se quedarían juntos, de eso no hay novedad, por eso, creo que la gracia está en cómo se cuenta la historia en el entretanto que están separados y eso es lo que quise hacer. Tampoco quise escribir una historia melosa donde terminaban jurándose amor eterno, ya que pienso que el amor intenso comenzó después, pero claro que había algo antes, ya que por algo él se quedó.
Muchísimas gracias por haber leído esta historia, seguirla, dejar comentarios, favs, follows. Me llena de dicha compartir lo que escribo con ustedes.
¡Ah! Aviso que mi face murió, pero ya me hice otro. Me pueden encontrar como Dev Davis.
El rw 600 puede escoger imagen :)
Con cariño,
Dev.
