Aquí tenéis el nuevo capítulo del fic, que tal y como sabéis, está registrado en savecreative y los personajes pertenecen a S. Meyer.


#35#

El viaje hacia la mansión Swan seguía por su vereda adentrándose más y más en el frondoso bosque, de tonos verdes imposibles, que daba la bienvenida de modo jovial.

Cuando ya Edward pensaba que Jake se había perdido debido a la espesa penumbra que envolvía el lugar, sólo rota por los focos de la camioneta, el de ojos verdes vislumbró un bello prado.

-¿Dónde estamos?- se atrevió a rasgar el silencio el de pelo cobrizo-.

-En la casa Swan- respondió con certeza Jacob sin apartar sus ojos del camino empedrado que surgía delante; el cual daba paso a una gran verja metálica de color negro, que estaba custodiada a ambos lados por un sinfín de abetos.

Una vez traspasaron sus puertas, Edward pudo distinguir una gran mansión blanca de estilo colonial, con grandes ventanales de unos tres pisos, que le resultaba familia y le hacía sentir como si hubiese vuelto a casa.

Al acercarse hacia la puerta el gran bombillo que colgaba del techo se encendió de súbito y se distinguió un pequeño balancín de madera con tres cómodos almohadones estampados. Éste se mecía al compás marcado por la pequeña brisa que corría en ese instante. Estaba justo al lado derecho del pequeño porche, que constaba de cinco escalones de color claro.

(Dadle al play ahora)

Edward se disponía a sacar a las pequeñas Sara y Blanca de las sillitas cuando un aroma dulce y embriagante a rosas, freisas y cítricos, le hizo girar su rostro hacia el lugar donde la cómoda hamacada le invitaba a tomar asiento.

-Bella, amor, vas a coger frío- le regañó contrariado, contemplando a la muchacha de unos veintiún años con la melena espesa suelta cayéndole por sus hombros, mientras permanecía sentada y arropada con una gruesa bata de color rojo.

-¿Sara ya se durmió?- inquirió con una sonrisa y quitándole importancia a su último comentario.

-Sí, está en el país de nunca jamás...Pero tú…- respondió Edward haciendo un último intento para que Bella se pasase dentro de la casa.

-Estaré bien, Edward, no te preocupes tanto. He traído una gran manta calentita para los dos- contraatacó la joven comenzando a desdoblarla lentamente y con una sonrisa ladina en sus carnosos labios, que le invitaban a morderlos una y otra vez. Mientras que con su mano le requería a tomar asiento a su lado.

-Está bien, sólo cinco minutos-. Aceptó sentándose junto a Bella y llevándola junto a su pecho para que no se enfriase. Era el mes de diciembre en Forks y, a pesar del hermoso paisaje que podía ofrecer todo cubierto de blanco por la nieve, se corría el riesgo de pillar una pulmonía de aúpa.

-Hay algo que quería mostrarte y sólo se ve unos minutos en esta época del año. Mi padre y yo lo solíamos hacer cada año mientras mamá preparaba ponche y dulces- explicó Bella acurrucada en su pecho con tono melancólico-. Mira hacia allí- le indicó con el dedo índice hacia la estrella más alejada del gran jardín que permanecía oculto en la oscuridad. Edward hizo lo que la castaña le pidió; y así pudo contemplar una estrella fugar y tras ella un baño de estrellas que apenas duró diez minutos, pero que ambos disfrutaron como únicos espectadores estelares de tan maravilloso espectáculo. El tiempo se había detenido para ellos.

-Te amo, Bella. ¿Lo sabes, verdad? Tú eres mi vida junto a mi hija- sintió la necesidad de proclamarlo en ese instante para que no lo olvidase nunca.

-Tanto como yo a vosotros, mi amor- correspondió Bella con un dulce beso en sus labios-. Siempre estaremos juntos, siempre…

La puerta se abrió dando paso a Carlisle que ayudó a Jacob a llevar las sillas y demás cacharros hacia el interior de la casa donde los fueron depositando en el interior del trastero que estaba nada más pasar.

Edward despertó de su ensoñación, y tal y como había decidido se dispuso a llevar a Sara hacia su cuarto asignado; una vez que Sue le indicó cuál de todos se trataba. Mientras Esme, que había llegado siguiendo a su marido, cargaba a Blanca y hacía lo propio.

Una vez se hubo asegurado el doctor Cullen de haber dejado todo en su lugar y que nadie más estaría pendiente de su conversación, se dirigió hacia Jake, el cual se acomodaba para entrar a su camioneta y encaminarse hacia casa.

-Jake, espera- le detuvo Carlisle dándole un leve toque en su hombro.

-¿Sí, necesitas algo, Carlisle?- inquirió el moreno con su dulce sonrisa deslumbrante.

-Ha llamado Sam, Bella está por llegar. Debemos ir al hospital.- Explicó Carlisle mientras se introducía en el asiento del copiloto y se colocaba el cinturón de seguridad.

-Tal y como estaba previsto, el helicóptero descendió en la enorme azotea que hacía las veces de helipuerto preparado para la llegada de emergencias. Los paramédicos bajaron la camilla con delicadeza y esmero para evitar que la paciente sufriese algún vuelco.

Sam, acompañado por su equipo de confianza que estaba formado por Emily, su esposa; Karen, su hermana, directora de cuidados intensivos, y Sioban la jefa de enfermeras, permanecía expectante apoyado en la pared de la puerta de entrada que daba acceso al interior del hospital. Cuando Sam contempló a la joven paciente pálida y sumergida en su bello sueño profundo, tuvo la sensación de estar contemplando a Blancanieves dormida, a la espera de la llegada de su príncipe azul.

Carlisle flanqueado de un ansioso Jacob había llegado tan sólo unos minutos antes y los dos permanecían a la espera de la llegada de tan especial paciente.

Pero, tras esa primera impresión, todo el equipo la reconoció. Hacía tiempo que el doctor Uley no había visto a Bella Swan; pero aún recordaba cómo, con a penas quince años, su intervención fue fundamental en un caso complicado y realmente decisivo para él y su familia… Y con la mirada entrelazada con la de su mujer los recuerdos revivieron en su mente…

Abril de 2005.

Aquel día, Sam acompañado de su esposa, habían ido a la casa Cullen, pues se celebraba el bautizo de la pequeña Sara, que había nacido unos tres meses atrás. Era una gran fecha ineludible, ambos eran los padrinos de la pequeña.

Sam había pedido dos días libres en el hospital para poder estar presente en los preparativos; y Emily había cogido la baja por maternidad unos meses antes, ya que estaba en la etapa final de su embarazo; en pocos meses nacería la pequeña Leah. Por lo que ante la insistencia de Carlisle, los señores Uley pasarían todo el fin de semana en la mansión.

Tras pasar toda la tarde del viernes hablando sobre los últimos detalles necesarios para el evento que se llevaría a cabo al día siguiente, se dividieron en dos grupos: por un lado, las mujeres: Esme, Emily, Ángela y Bella decidieron dar un paseo a un pequeño parque cercano al centro, de camino al centro comercial para recoger las flores que adornarían toda la casa. Mientras el grupo de los hombres se subdividieron en dos; por un lado, Emmet y Sam se fueron a comprar helado porque según le había dicho Emily tenía un terrible antojo de chocolate, helado de chocolate y se había terminado. Por lo que ambos se fueron a la heladería en el jeep del primero, para cuando las chicas regresasen. Edward se había quedado en la casa al cuidado de Sara y se reunió con su madre, ya que Sue se había marchado de viaje a Argentina a visitar a su hermana Claudia. Carlisle había recibido una llamada del hospital alertándole de que una de sus pacientes, la señora Brown, había tenido una nueva crisis cardiaca por lo que había salido raudo hacia su trabajo.

Una vez hubieron llegado a la heladería tuvieron que esperar en la gran cola, ya que el establecimiento estaba atestado de gente. Parecía como si todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo para ir a comer helado aquella misma tarde.

Tras terminar las compras y dejar recado de que no debía faltar mañana en la mañana temprano en los respectivos locales de floristería, el catering y peluquería, Esme acompañó a Emily a un pequeño jardín para poder descansar de una tarde de compras disfrutando del sol.

Edward, Ángela y Bella venían charlando, siendo empujada la sillita de la niña por la castaña. Cuando de repente todo se descontroló.

Justo cuando Emily intentó levantarse del banco sintió un líquido caliente y extraño que corría por sus piernas. En un primer momento, pensó que había tenido un problema de incontinencia, pues últimamente, debido a su estado avanzado de gestación, siete meses, debía ir al baño cada dos horas; pero cuando se palpó la parte baja de su blusón amarillo comprobó que éste tenía restos de algo trasparente y pringoso. Había llegado la hora, la pequeña Leah estaba ansiosa por venir al mundo…

Edward al ver lo que sucedía, miró solicitante a su madre ya que si no se daban prisa no llegarían al hospital. Esme ayudó a una muy nerviosa y asustada Emily a llegar hasta el volvo donde ambas montaron en la parte trasera del coche, mientras Edward y Bella se montaban en la parte delantera del mismo para salir como rayo hacia el centro médico.

Ángela, con la pequeña Sara dormida en su capazo, se montó en un taxi camino a casa donde intentaría localizar a los chicos para avisarles de las nuevas.

Eran cerca de las 7 p.m. por lo que no había muchos automóviles en su trayecto hacia el hospital. Pero con lo que no contaron fue con el enorme socavón en medio de la calle principal que un grupo de operarios se esforzaban en reparar; y como consecuencia, la vía había sido cortada al tráfico ya que los semáforos estaban apagados a causa de la avería.

Todo parecía haberse puesto en contra de los ocupantes del vehículo gris metálico, los cuales estaban ya ansiosos de llegar a su lugar de destino.

Ante la imposibilidad de llegar por la vía usual, Bella tomó el teléfono del asiento de Edward y llamó a Carlisle informándole de todo y de paso pidiéndole consejo de qué hacer ante lo que se presentaba sin demora.

Mientras esto sucedía Sam y Em habían llegado a la casa y habían dejado su preciado presente en el congelador tras más de una hora esperando pacientemente en la cola. Pero al no ver a nadie en la casa, Sam decidió probar suerte llamando al móvil de su esposa; pero éste se había quedado olvidado en la mesita del comedor por lo que hizo un nuevo intento. Esta vez llamó a Edward pero éste le daba ocupado.

Emily había dilatado en muy poco tiempo, o al menos eso fue la impresión que dio a los presentes cuando tras unos minutos esperando la llegada de la ambulancia, la mujer comenzó a gritar por el dolor provocado por las contracciones que cada vez eran más seguidas.

Por lo que Bella, siguiendo las indicaciones del doctor Cullen que continuaba al otro lado de la línea, comprobó el estado de ambas. La cabecita de la pequeña ya se veía y rodeando a su pequeño cuellecito el cordón umbilical estaba dado dos vueltas.

Ángela bajó casi de un salto del taxi y atravesó la puerta principal en un suspiro en el momento justo en que Sam y Emmet estaban montando en el jeep para salir en su busca. Cuando Ángela les informó de lo que había pasado, Sam decidió telefonear al Cedars Sinaí Hospital para tratar de averigua del estado de su esposa e hija y asegurarse de que ambas estaban siendo atendidas hasta que él llegase.

Pero una vez logró contactar con el hospital le informaron de que ni su esposa ni su hija habían llegado aún. Así pues, histérico subió de un salto al jeep de Emmet acompañado de éste ya que el de pelo rizado no estaba seguro de que tuviese el temple suficiente para llegar hasta allí de una pieza, mientras Ángela se quedó en la casa cuidando de la pequeña Sara.

Diez minutos después divisaron el volvo de Edward estacionado en medio de la calle y de fondo se oyó el sonido más maravilloso y mágico de toda su vida: el llanto de su pequeña. La cual estaba arropada con una camiseta de Edward, que ocultaba gran parte de su tono azulado de piel, recostada sobre el pecho de su madre. Emily lloraba y reía a un tiempo con el brillo hipnótico de quien por primera vez contempla el sol, la luna y las estrella, todo a la vez.

Según le había contado su esposa en su viaje al hospital, gracias a las indicaciones de Carlisle y al valor de Bella, que fue retirando poco a poco el cordón de su cuello, la niña había nacido sin problemas. Por lo que aquel mismo día decidieron llamarla Leah Mary Uley, siendo Bella y Edward sus padrinos.

Edward depositó a Sara sobre una mullida cama en el segundo piso de la gran casa, retiró la colcha de color dorado asegurándose de que la niña seguía plácidamente dormida. Apagó la luz de la mesita y entornó la puerta.

Pero, cuando fue a bajar el último escalón, se percató de que una de las puertas a mano derecha estaba entreabierta; por lo dejándose embargar por la curiosidad, se dirigió hacia el interior de esa habitación. No quería ser indiscreto y fisgonear, pero puesto que nadie le había prohibido que inspeccionase la casa, ese cuarto le parecía tan bueno como cualquier otro para comenzar sus pesquisas sobre aquella mansión sacada de un cuento de hadas rodeada de vegetación en lo profundo de lo que parecía ser un paraíso de paz y tranquilidad.

La sala era espaciosa y en el centro de la misma vio un hermoso piano blanco; siendo franqueado, a ambos lados, por unas pequeñas estanterías donde podía contemplarse un sinnúmero de Cd ordenados por fechas de publicación de todo tipo de estilos musicales. Siendo el más dominante la música clásica. En una de las paredes, en su centro se encontraba instalada una mini cadena con sus altavoces.

Tuvo la impresión de estar de nuevo en casa junto a su piano para comenzar a componer. Se sentó en la pequeña banqueta, dejando a su izquierda, su cayado; y rozando con las yemas de sus finas falanges las sensibles teclas de aquel hermoso piano, pudo comprobar que estaba afinado. Un súbito miedo se apoderó de su persona como si todo esto fuese parte de un sueño. Cerró los ojos dejándose envolver en la dulce melodía que surgía sutilmente de entre sus dedos…

-Edward, cierra los ojos.- susurró la joven de unos diecisiete años en su oído-. Y no hagas trampas- le advirtió atravesándole con su mirada chocolate líquido. Después anudó un pañuelo en la parte de atrás de su cabeza, dificultando la visión de su acompañante. Él escuchó cómo la puerta se abría para darle paso mientras estaba siendo arrastrado al interior de esa habitación tomado de la mano de Bella.

-¿Puedo abrir los ojos ya, por favor?- preguntó con fastidio- No estoy de ánimos para nada.- mientras intentaba zafarse de su agarre.

-Sólo un poco más, espero que te guste. ¡Sorpresa!- exclamó Bella desatándole el pañuelo de lunares que tenía sobre sus ojos; cayendo al suelo.

-Pero… Pero, ¿qué significa todo esto, Bella?- indagó con su boca abierta haciendo que su mandíbula cayese hasta casi tocar su pecho. Estaba realmente sorprendido. Se encontraba en aquella enorme sala preciosa sutilmente decorada y en el centro de la misma ese mismo piano albo. No esperaba nada parecido.

No podía emitir palabra sólo permanecía absorto contemplando la habitación como si no creyese nada de lo que sus orbes extasiados le mostraban. No podía reaccionar. Tras varios minutos, Bella que permanecía a su lado ataviada con un raso peto vaquero y una sencilla camiseta de color naranja de manga corta con unas cómodas manoletinas en sus pies; los cuales no paraban quietos, debido a la inquietud que en ese mismo instante recorría toda su piel, rompió el silencio:

-¿No dices nada? Si no te ha gustado mi regalo, le diré a Jake que lo regrese mañana a New York; pero pensé que este sería un bonito regalo de cumpleaños. La música parece ser lo único que te levanta el ánimo y ya no quiero verte triste por más tiempo, Edward. Y ya que siempre me acompañas cuando vengo a visitar a mis padres, pensé que te gustaría tener un lugar donde poder practicar y componer pero….- comenzó con su explicación de manera atropellada y casi sin aliento.

-Bella esto es… precioso, es realmente inesperado, no sé qué decir…gustarme es poco. Un simple gracias no me parece suficiente. No esperaba un detalle como éste-. Le interrumpió girándose hacia la muchacha y abrazándola fuertemente.

-¡Feliz cumpleaños, Edward! Este es a partir de hoy tu pequeño despacho- exclamó con una radiante sonrisa- Aquí podrás colocar toda tu música- le indicó con un sutil movimiento de cabeza hacia las estanterías que permanecían vacías.

-¡Ven!- dijo Edward atrayéndola hacia el piano comenzando a componer una linda melodía.

Cuando Edward estaba deleitando a Bella con su concierto privado improvisado, las puertas se abrieron y por ellas entró la pequeña Sara con lágrimas en sus ojos.

-Papá, papá…- lo llamaba desconsolada- He tenido una pesadilla y como no estabas conmigo me he asustado-. Dijo la niña de a penas año y medio- ¿Puedo dormir contigo, papi?- preguntó con un tierno puchero.

-Claro, mi princesa- regalándole una sonrisa triste y preocupada, desde que Ángela se fue la pequeña tenía problemas de insomnio.

-Ven aquí, Sara...- le pidió Bella tomándola en su regazo- Papá estaba componiendo, ¿qué tal si cantamos tu canción de cuna?- propuso Bella con una tierna mirada hacia la niña.

-¡Sí!

Y la nana surgió de entre sus dedos mientras Bella la susurraba levemente en su oído para que Sara se durmiese tranquila.

Canta, canta, conmigo…1

Cada día una dulce melodía al salir el sol…

Canta, canta conmigo, mi pequeño ruiseñor…

Canta, canta conmigo, yo te lo pido por favor…

Canta conmigo esta canción…

Que nace en el alma…

Y atraviesa el corazón…

Canta conmigo, mi pequeño ruiseñor…

Una canción, para ti, para mí…

Para los dos, tú y yo…

Mientras en el hospital la paciente Elizabeth Masen había sido instalada en su nueva habitación. Tal y como le había pedido Carlisle, ella tendría las visitas restringidas y sólo su personal de confianza sabría de su estancia en el centro.

Carlisle había puesto en antecedentes de las últimas nuevas a Jake, que, según le había informado Vladimir, debían permanecer en alerta máxima; pues temía que James Cam pudiese estar en Forks en aquel mismo instante.

Sam permanecía contemplando atentamente a Bella mientras seguía releyéndose los informes de los últimos exámenes realizados antes de su traslado.

Aún no podía creer que esa joven con toda una vida por delante estuviese ante sus ojos con los días contados. Las últimas pruebas habían sido desalentadoras: su actividad cerebral era cada vez más lenta y el ritmo cardíaco era casi inexistente.

La tristeza y desolación se apoderó de su persona al pensar en cómo podrían reponerse de una pérdida tan injusta. Bella era una muchacha dulce, inteligente y buena, que siempre estaba dispuesta a echarte una mano en lo que necesitases… Había trabajado codo con codo junto a ella en numerosas ocasiones una vez tomó el mando de la Fundación Swan.

Por esa razón cuando Sam se enteró de lo que había pasado con la niña Sara se puso manos a la obra para realizar su intervención lo antes posible. Un mes antes había estado viajando dando charlas sobre los últimos avances en oftalmología para poder proporcionar la visión a niños ciegos desde su nacimiento.

Pero una vez terminó sus compromisos y vio sus pruebas, se encargó de llevar a cabo la intervención que consistía en succionar el coagulo de sangre, que obstruía el nervio óptico que impedía su visión. El cual estaba causado por el golpe recibido en la cabeza en el momento de la caída. Se sentía moralmente comprometido a ello; ya que, por un lado, era su ahijada y les debía su gratitud a todos los Cullen; y por otro, no podía permitir que el dolor acabase con la esperanza de esa familia, era suficiente con la desaparición de Bella y el peculiar estado de amnesia de Edward.

« ¿Pero qué podía hacer ahora en este caso? Bella estaba ahí conectada a las máquinas que la mantenían con vida pero, ¿por cuánto tiempo? »

Cuando ya no soportó más tiempo la incertidumbre que lo sumía en la peor de las aflicciones, el doctor Uley se volvió hacia Carlisle que estaba en el cuarto sumergido en sus propios pensamientos.

-¿Cómo es posible que Bella esté aquí? ¿No se suponía que estaba desaparecida, que nadie sabía qué fue lo que pasó con ella? Carlisle, no sé qué esperas exactamente de mí trayéndola aquí…- tomó aire pues sentía que se ahogaba-. Por lo que veo en estos informes, su estado no ha variado en todo este tiempo… Sólo nos resta decidir hasta cuándo mantenerla conectada a los aparatos…- explicó con tono lastimero y reticente.

-Lo sé, Sam.- aceptó el doctor Cullen con dolor- Pero no puedo admitir que este sea el final de mi pequeña. No puedo… No tengo el valor de contarles a Esme y Emmet todo esto, y ¿qué decir de Edward o las niñas? No puedo… Creí que al estar todos aquí encontraría el valor de contarles para despedirnos de ella, pero…-la voz se atoró en su garganta y llevándose sus manos hacia su torturado rostro se cubrió con ellas para intentar ocultar su pena.

-Pero… es injusto mantenerla de este modo más tiempo, parece luchar contra reloj, sin embargo, su corazón no resistirá… como mucho unos cuantos días, no más…

Mas antes de que Carlisle replicase la puerta del cuarto se abrió siendo traspasada por un colérico Jasper.

-¿Cómo es posible que Bella esté aquí? ¿Alguien puede explicarme cómo es posible que la joven, cuya desaparición estoy investigando desde hace más de un año, se encuentre en este hospital?

-¿Investigando?- preguntó un desconcertado Sam-¿No se supone que usted es el agente de asuntos sociales de Los Ángeles?

-Sí, investigando. Agente especial Witlock del FBI-. Fui asignado para investigar la extraña desaparición de la joven directora Swan el 26 de febrero de 2010, hace exactamente un año y casi dos meses.- explicó Jasper sin apartar su mirada escrutadora e incisiva de ninguno de los dos médicos presentes.

Segundos después Jacob traspasaba la puerta como un vendaval y con voz entrecortada por la carrera dijo:

-Lo siento, Carlisle, intenté pararle pero... me resultó imposible. Creo que me escuchó en la tarde cuando fui a visitar a Renee por su cumpleaños- explicó avergonzado.

-Está bien, Jake, no pasa nada…- dibujó un intento de sonrisa dirigida al de ojos chocolate. Y volviendo su mirada hacia Jasper…- le llamó el doctor Cullen en tono apagado- Jazz, este no es momento ni lugar,- le dijo girando su cabeza hacia la joven morena que permanecía imperturbable en su lecho- vayamos al despacho de Sam- propuso conciliador- allí te lo explicaré todo.

-De acuerdo- aceptó Witlock algo más sosegado, pero aún con gesto inseguro.

-Debo irme al aeropuerto, ha telefoneado Simmons. Está de camino y debo ir a recogerle- advirtió el señor Black saliendo de la habitación después de besar a Bella en la frente.

Segundos después los tres hombres se dispusieron a salir hacia el despacho del doctor Uley.

-Yo pensé que…- continuó Carlisle.

-¿Que qué?- preguntó Jasper girándose hacia la puerta y dejándoles que ambos le guiasen hacia el habitáculo del moreno.

-Pensé que Thomas te había informado de todo, pero ya veo que no.

Jasper se quedó mudo ante tal revelación. « ¿Él conocería a su jefe el capitán Thompson? ¿Sabría todo acerca de quién en realidad era él desde el principio? Y si era ese el caso, ¿por qué no dijo nada? » Pero se mantuvo callado, sin emitir palabra. Ya habría tiempo de explicaciones cuando los tres estuviesen en privado.


1 Pequeña cancioncilla inventada por mí. Para recordarla