Y(la historia no pertenecees propiedad de Sarah J. Maas, la traducciónpersonaje no me pertenece, le pertenece a traducciones Independientes y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi) (Y las antiguos libros publicados en esta página son de Cellita G)

Capitulo 34

Candy no recordaba haber caído rendida en la cama, las botas aun puestas. Ella no recordaba sus sueños, o los calambres del hambre y la sed cuando se despertó, y ape- nas podía contestarle a alguien mientras bajaba fatigosamente a la cocina y se ponía a ayudar con el desayuno. Todo se mezcló en colores oscuros y susurros de sonidos. Pero ella estaba quieta.

El desayuno pasó, y cuando terminó, en la quietud de la cocina, los sonidos se transformaron en voces. Un susurro, Malakai. Una risa, Emrys.

—Mira— dijo Emrys acercándose hacia donde Candy estaba de pie mirando el terreno. —Mira lo que Malakai me compró.

Ella captó el destello dorado antes de darse cuenta que Emrys sostenía un nuevo cuchillo. Era una broma. Los Dioses tienen que estar jugando. O ellos de verdad, de verdad la odiaban.

La empuñadura estaba incrustada con ores de loto, con una onda de lapislázuli que terminaba en el nal de la daga pareciendo un pequeño río. Emrys estaba sonriendo, sus ojos brillando. Pero ese cuchillo, el dorado pulido y brillante...

—Lo obtuve de un comerciante del sur del continente—, Dijo Malakai desde la mesa, su tono satisfactorio fue su ciente para convencerla de que estaba radiando de alegría. —Vino directo desde Eyllwe.

El aturdimiento desapareció.

Desapareció con un violento chasquido que le sorprendió que los demás no escucharan.

Y fue reemplazado por un grito, eufórico y agudo, tan fuerte como una tetera, tan fuerte como el viento de una tormenta, tan fuerte como el sonido que la criada dio la mañana que entró en la habitación de los padres de Candy y vio a la niña tumbada junto a sus cadáveres.

Era tan fuerte que le costó escucharse decir: —No me interesa—. Ella no podía escuchar nada aparte del violento grito, así que alzó su voz, estaba respirando rápido, muy rápido, cuando repitió: — No. Me. Interesa.

Silencio. Luego Luca dijo cautelosamente través de la sala. —Elentiya, no seas grosera.

Elentiya. Elentiya. El espíritu no puede romperse.

Mentiras, mentiras, mentiras. Annie había mentido sobre todo. Sobre su estúpido nombre, sobre sus planes, sobre cada maldita cosa. Y ella se había ido. Todo lo que Candy tenía como recuerdo de ella eran armas similares a las que la princesa había utilizado con mucho orgullo. Annie se había ido, y no dejó nada atrás.

Temblando tan fuerte ella pensó que podría llegar a desmayarse, se volvió. —No me interesas— Ella le bufó a Emrys y Malakai y Luca. —No me interesa tu cuchillo. No me interesan tus historias o tu pequeño reino— Ella le dio a Emrys una mirada fría. Luca y Malakai estaban al otro lado de la estancia en un segundo, parándose en frente de un hombre viejo, lista para tumbarle los dientes. Bien. Deberían sentirse amenazados. —Así que déjenme sola. Mantengan sus malditas vidas interesantes para ustedes mismos y déjenme sola.

Ella estaba gritando ahora, pero no podía dejar de escuchar el grito, no podía centrar su ira en nada, no podía decir qué lado estaba arriba o abajo, solo que Nehemia había mentido sobre todo, y su amiga una vez había hecho un juramento que rompió, tal como había roto el corazón de Candy el día que se dejó morir.

Vio las lágrimas en los ojos de Emrys. Tristeza o lástima o ira, no le importó. Luca y Malakai estaban de pie entre los dos gruñendo suavemente. Una familia, ellos eran una familia y estaban juntos. Ellos podrían apartarla si es que hería a alguno.

Candy soltó una lenta y cansada risa mientras avanzaba por el medio de los tres. Emrys abrió la boca para decir lo que sea que creyó que podría ayudar.

Pero Candy dejó salir otra risa de muerte y caminó hacia la puerta.

ooooooooooooooo

Después de toda una noche de tatuar los nombres de los caídos en la piel de Gavriel y escuchar al guerrero hablar sobre los hombres que había perdido, Graham lo envió por su camino, se dirigió a la cocina. La encontró vacía y segura para el anciano, que se sentó en la mesa de trabajo vacía, sus manos alrededor de un tazón. Emrys lo miró, sus ojos brillantes y... doloridos.

La chica no estaba en ningún lado, y por el latido de su corazón, él esperó que lo hubiera dejado otra vez, así no tendría que afrontar lo que había dicho ayer. La puerta que daba hacia afuera estaba abierta, como si alguien la hubiera empujado con fuerza. Probablemente, ella se fue por ahí.

Graham dio un paso en esa dirección, se despidió con un gesto de cabeza, pero el an- ciano lo miró de arriba abajo y tranquilamente dijo: — ¿Qué le estás haciendo?

— ¿Qué?

Emrys no alzó su voz para decir —A esa chica. ¿Qué le estás haciendo para que llegue con ese vacío en sus ojos?

—Eso no te concierne.

Los labios de Emrys se transformaron en una línea. — ¿Qué es lo que ves cuando la miras, Príncipe?

No lo sabía, últimamente no sabía ni una maldita cosa. —Eso tampoco te concierne—

Emrys pasó una mano por su cara curtida —La veo alejarse pedazo por pedazo, porque tú la deprimes cuando ella desesperadamente necesita que la apoyen.

—No veo por qué yo serviría de algo...

— ¿Sabías que Evalin Ashryver era mi amiga? Ella pasó casi un año trabajando en esta cocina, viviendo aquí con nosotros, peleando para convencer a tu reina de que un semi-hada tenía un lugar en su reino. Ella peleó por nuestros derechos hasta el día en el que asesinó este reino, y muchos años después cuando fue asesinada por esos mons- truos a través del océano. Así que yo sabía. Sabía que era su hija en el momento en el que la trajiste a esta cocina. Todos los que estuvimos 25 años atrás la reconocimos por lo que es.

No era muy frecuente que Graham estuviera sorprendido...pero se quedó observando.

—Ella no tiene esperanza, Príncipe. No le queda nada de esperanza en su corazón, ayúdala. Si no es por ella entonces por lo que representa, lo que nos puede ofrecer y a ti también.

— ¿Y que sería eso?— Preguntó atrevido.
Emrys lo miró con determinación mientras susurraba, —Un mundo mejor.

oooooooooooo

Candy caminó y caminó hasta que se encontró a sí misma en la costa de un lago marcada por unos árboles, llamativo y brillante a la luz del medio día. Se dio cuenta de que era un buen sitio y se desplomó sobre la orilla musgosa mientras se envolvía fuerte con los brazos y se encorvaba sobre sus rodillas.

No había nada que ella pudiera hacer para sentirse mejor. Y ella estaba... ella estaba...

Un ruido parecido a un gemido salió de ella, sus labios temblando tan fuerte que tuvo que cerrarlos con fuerza para dejar el sonido dentro.

Pero el sonido estaba en su garganta, en sus pulmones y en su boca y cuando cobró el aliento, se quebró. Una vez que lo escuchó, todo el mundo comenzó a desmoronarse, hasta que arrastró a su cuerpo junto con él.

Sintió vagamente la luz desplazándose por el lago. Vagamente sintió el suspiro del viento, tibio como una pincelada contra sus húmedas mejillas. Y escuchó, tan suave como si estuviera soñando, la voz de una mujer susurrando. ¿Por qué lloras Fireheart?

Han pasado diez años, diez largos años desde que había escuchado la voz de su ma- dre. Pero la escuchó sobre el ruido de su llanto, tan claro como si estuviera arrodillada a su lado. Fireheart, ¿Por qué lloras?

—Porque estoy perdida—, le susurró a la tierra. —Y no conozco el camino.

Eso era lo que nunca le pudo decir a Nehemia, que por diez años, había estado insegura de cómo encontrar el camino a casa, porque ya no había ninguna.

Vientos de tormenta y hielo chocaron contra su piel antes de que se diera cuenta de que Graham estaba sentado a su lado, piernas estiradas y sus palmas apoyadas detrás de él. Candy levantó su cabeza pero no se molestó en limpiar su cara hasta que vio su re ejo en el lago.

— ¿Quieres hablar sobre esto?— preguntó él.

—No— tragando un par de veces, sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió la nariz, su cabeza aclarándose con cada respiración.

Se quedaron en silencio, ningún otro sonido aparte del chapoteo del lago en la orilla musgosa y el viento en las hojas. Después... —Bien. Porque iremos.

Bastardo. Lo llamó dentro de su cabeza. — ¿Ir a dónde?
Le dio una sonrisa forzada. —Creo que he comenzado a entenderte, Aelin Galathynius.

ooooooooooooo

—Por los malditos aros ardientes del infierno—, Jadeó Candy mirando jamente la boca de una cueva que estaba en medio de escarpadas montañas, — ¿Qué estamos haciendo aquí?

Había sido un largo camino de 5 millas. En subida. Con prácticamente nada en su es- tómago.

Enredaderas pegadas a los costados de las rocas grises uían desde la pendiente hacia abajo, hasta llegar a una cima cubierta de liquen que se transformaba en una capa anti-nieve que marcaba una barrera entre Wendlyn y Doranelle más allá. Por alguna razón, esta roca gigante hizo que los pelos de su cuello se erizaran. Y no tenía nada que ver con la briza congelada.

Graham dio un paso largo hacia dentro de la cueva, su capa gris pálida alborotándose detrás de él. —Apresúrate.

Poniéndose su propia capa, apretada, lo siguió. Esta era una mala señal, una horrible señal, la verdad, porque lo que sea que está en esa cueva...

Candy caminó a través de la oscuridad siguiendo a Graham por la luz de su cabello, dejando a sus ojos acostumbrarse a la penumbra. El suelo estaba rocoso, las piedras eran pequeñas y desgastadas. Estaba lleno de armaduras, armas y ropas tiradas y des- parramadas. No había esqueletos. Dios, hacía tanto frío que podía ver su aliento...

—Dime que estoy alucinando.

Graham había parado en el borde de un gran lago congelado, justo en medio de la total oscuridad. Sentado sobre una manta en el medio del lago, con las cadenas alrededor de sus muñecas sujetas debajo del hielo, estaba Luca.

Las cadenas de Luca rechinaron cuando levantó una mano para saludarlos. —Pensé que no vendrían, me estoy congelando— dijo y puso sus manos debajo de sus brazos, el sonido retumbó por el lugar.

La gruesa lámina de hielo era tan transparente que ella podía ver el agua debajo, junto con un montón de rocas en el fondo, lo que parecía ser raíces de antiguos árboles y ni un solo rastro de vida. Había una ocasional espada, daga o lanza en medio de las rocas. — ¿Qué es este lugar?

—Ve a buscarlo— fue la respuesta de Rowan

— ¿Estás loco?

Graham le dio una sonrisa que decía que estaba, de hecho, demente. Ella se dirigió hacia el hielo pero él bloqueó su camino con un brazo musculoso. —En tu otra forma.

La cabeza de Luca estaba torcida, como si intentara escuchar. —Él no sabe lo que soy— susurró Candy.

—Has estado viviendo en una fortaleza de semi-hadas. No le importará.

En cualquier caso, esa era la última de sus preocupaciones — ¿Cómo te atreves a arrastrarlo a esto?

—Tú lo arrastraste cuando lo insultaste, y a Emrys. Lo mínimo que puedes hacer es rescatarlo—. Dejó escapar aire a través del lago y la orilla comenzó a descongelarse, después más fuerte. Santo Dios. Él había congelado todo el maldito lago. ¿Era tan po- deroso?

— ¡Espero que hayas traído comida!— dijo Luca. —Me muero de hambre, apresúrate Elentiya, Rowan dijo que tienes que hacer esto como parte de tu entrenamiento y...— Siguió parloteando

— ¿Cuál es el maldito punto de esto?, ¿Castigarme por haberme comportado como una idiota?.

—Tú puedes controlar tu poder en tu forma humana, manteniéndolo oculto. Pero en el momento en el que tú cambias, en el momento en el que te agitas, te enojas o te asustas, el momento en que recuerdas cuanto te asusta tu propio poder, tu magia se alza para protegerte. No entiende que tú eres la fuente de esos sentimientos, no un trato exterior. Cuando hay un trato exterior, cuando dejas de temer a tu poder por un tiempo, tienes con- trol. O algo de control— Él apuntó de nuevo a la lámina de hielo entre ella y Luca. —Así que libéralo.

Si ella perdía el control, si dejaba salir a su fuego interno...bueno, fuego y agua no se llevaban muy bien ¿o no? — ¿Qué pasara con Luca si fallo?

—Se pondrá muy frío y muy mojado. También es posible que muera. — Por la sonrisa en su cara, se dio cuenta de que era lo bastante sádico como para dejar que el chico se fuera al fondo con ella.

— ¿Eran las cadenas realmente necesarias?, se irá directo al fondo— Un estúpido disparo de pánico estaba empezando a llenar sus venas.

Cuando preguntó sobre la llave para liberar a Luca, Graham negó con la cabeza. —El control es tu llave. Concéntrate. Cruza el lago y busca la manera de liberarlo sin que se ahoguen los dos.

— ¡No me des lecciones como si fueras un maestro místico sin sentido! Esta es la cosa más estúpida que nunca he...

— ¡Apúrate!— dijo Graham con una sonrisa lobuna, y el hielo crujió. Como si se estuviera rompiendo. Una pequeña voz en su interior le dijo que él no dejaría que el chico se ahogara, no podía confiar en él, no después de la última noche.

Dio un paso hacia el hielo. —Eres un bastardo—. Cuando Luca este sano y salvo en casa va a comenzar a buscar maneras de hacerle la vida imposible a Graham. Ella empujó su dolor hacia dentro, apenas notando sus cambios físicos.

— ¡Estaba esperando verte en tu forma de hada!— dijo Luca. —Todos estábamos haciendo apuestas cuando...—Y siguió y siguió.

Ella miró con el ceño fruncido a Graham, ahora su tatuaje estaba más detallado con su visión de hada. —Me conforta el saber que hay un lugar especial para personas como tú en el in erno.

—Dime algo que no sepa.

Ella le dio un gesto particularmente vulgar y dio un paso sobre el hielo.

Mientras avanzaba con pasos vacilantes, pequeños al principio, podía ver el fondo del lago inclinándose en la oscuridad, tragándose el bulto de armas perdidas. Luca por fin cerró la boca.

Solo cuando dio un paso pasada la repisa rocosa y se inclinó hacia la oscura profundidad su respiración comenzó a entrecortarse. Deslizó su pie y el hielo crujió.

Crujió y se quebró, una telaraña de hielo apareció debajo de su pie. Candy se congeló, boquiabierta como una tonta mientras el crujido crecía y crecía, luego, dejó de moverse, había otra grieta debajo de sus botas. ¿A caso el hielo se movió? —Detente— le siseó a Graham, pero no se atrevió a mirar atrás.

Su magia despertó, y se quedó petrificada. No

Pero ahí estaba, llenando todos los espacios dentro de ella.

El hielo emitió un crujido que solo podía signi car que algo frío y húmedo se avecinaba, ella dio otro paso, solo porque el camino de vuelta podría quebrarse. Ahora estaba sudando, la magia, el fuego estaba calentándola desde dentro.

— ¿Elentiya?— preguntó Luca y ella levantó una mano hacia él, un gesto de silencio para que cerrara su estúpida boca mientras cerraba sus ojos y respiraba, imaginando el frío aire que los rodeaba llenando sus pulmones, congelando todo su poder. Magia, era magia. En Adarlan era una trampa de muerte. Convirtió sus manos en puños. Aquí no había ninguna trampa mortal. En esta tierra, ella podía utilizar la forma que quisiera.

El hielo dejó de crujir, pero se había vuelto borroso y no alrededor de ella. Comenzó a arrastrar sus pies, manteniéndose tan balanceada y fluida como pudo tarareando una melodía, un pedazo de una sinfonía que solía calmarla. Ella dejó que el ritmo la tranquilizara y la anclara en el borde del pánico.

La magia comenzó a hervir lentamente hasta convertirse en ardientes brasas, pulsando con cada respiración. Estoy a salvo, se dijo a sí misma. Relativamente a salvo. Si Rowan tenía razón, y solo era una reacción para protegerla de algún enemigo...

El fuego era la razón por la que la habían expulsado de la Biblioteca de Orynth cuando tenía ocho años, después de accidentalmente incinerar una estantería de manuscritos antiguos porque se irritó con la lectura de su profesor. Había sido hermoso y horriblemente liberador despertarse un día, no muchos meses después darse cuenta de que la magia se había ido. Que ella podía tomar un libro, lo que adoraba más en esta tierra, y no preocuparse por que se convirtiera en cenizas si es que se aburría, cansaba o emocionaba.

Candy White, la gloriosa mortal Candy, nunca tuvo que preocuparse por si quemaba vivo a un compañero, o si tenía una pesadilla por la cual terminaría quemando toda su habitación. O quemar toda Orynth hasta los cimientos. Candy había pasado por todo, Aelin no. Ella había aceptado esa vida, incluso cuando sus logros fueran la muerte, la tortura y el dolor.

— ¿Elentiya?— ella se había quedado pegada mirando el hielo, su magia titiló otra vez.

Quemar una ciudad hasta los cimientos. Eso es lo que escuchó del emisario de Melisande que susurraba junto a sus padres y su tío. A ella le habían dicho que él venía para formar una alianza, pero más tarde se enteró de que venía a sacar información de ella. Melisande tenía una reina joven en su trono, y ella quería evaluar el reto de que Candy alguna vez iba a ser heredera de Terrasen.

Quería saber si Candy White iba a ser un arma de guerra.

Salió neblina del hielo junto con un crack que se propagó por el aire. La magia estaba presionando para salir de ella, mostrando sus dientes en cada respiración que ella toma- ba.

—Tú tienes el control ahora—, dijo Graham desde la orilla. —Tú eres su dueña.

Ya estaba a medio camino. Dio un paso más cerca de Luca y el hielo crujió más aún.

Sus cadenas chillaron, ¿Impaciencia o miedo?

Ella nunca había estado en control, incluso como Candy el control había sido una ilusión. Otros maestros habían podido contenerla.

—Tú eres la guardiana de tu propio destino— dijo Graham tranquilamente desde la ori- lla, como si supiera exactamente lo que estaba pasando por su cabeza.

Ella tarareó un poco más, la música encontró el camino hacia su memoria. Y de alguna manera... de alguna manera su llama interior se calmó. Candy dio un paso hacia delante, y luego otro. El poder ardiente en sus venas no la iba a abandonar jamás, era capaz de herir a alguien si no lo domaba.

Candy miró a Graham por sobre su hombro, que estaba ahora dando zancadas alre- dedor de la orilla, examinando algunas de las espadas caídas. Había un indicio de triunfo en sus ojos normalmente vacíos, pero se dio la vuelta y se acercó a una pequeña grieta en la pared de la cueva, buscando algo allí dentro. Ella siguió caminando, el abismo mo- jado profundizándose. Ella había adiestrado su cuerpo mortal como el de una asesina. Adiestrar sus poderes inmortales era otra cosa.

Luca tenía los ojos como plato cuando Candy se acercó por fin hacia él. —Ya no tienes nada que esconder ¿Sabes?, todos sabíamos que podías transformarte, de todas maneras— dijo —Y si te hace sentir mejor, la forma animal de Sten es un cerdo. Él no se trasforma por que le da vergüenza.

Estuvo a punto de reírse, de hecho, sintió su interior ladrando para dejar salir un sonido que estuvo escondido por meses, pero luego recordó las cadenas en sus muñecas. La magia se había calmado, pero ahora... podía derretirlos, ¿O, podría derretir el hielo alrededor de ellos y dejar que arrastra las cadenas hacia la orilla? Si fuera a por el hielo, fácilmente los enviaría al fondo de este lago, y si fuera a por las cadenas... también los enviaría al fondo y de pasada podría perder el control y quemar a Luca. Lo mejor sería hacer hervir las esposas. Lo peor sería calcinar sus huesos. Es mejor que arriesgar al hielo.

—Erm—, dijo Luca, —Te perdono por cada cosa horrible que dijiste antes si es que podemos ir a comer algo ahora. Huele horrible aquí—. Sus sentidos tenían que ser más agudos que los de ella, la cueva solo tenía pocas marcas de óxido, moho y otras cosas en sus paredes.

—Solo quédate quieto y deja de hablar— dijo ella, siendo más fría de lo que pretendía. Pero él cerró su boca mientras Candy se acercaba a donde Graham había congelado las cadenas. Siendo lo más cuidadosa que pudo, se arrodilló y distribuyó su peso. Deslizó una mano por el hielo mientras observaba la ruta de las cadenas que se ondulaban en el agua.

Ondulaban, debe de haber una corriente. Lo que signi ca que Graham tenía que estar constantemente juntando el hielo... el frío pedazo debajo de su palma, ella miró a Luca antes de volverse a mirar la orilla. Si el hielo se rompía tendría que agarrarlo. Graham estaba fuera de su maldita mente.

Tomó varias y largas respiraciones, dejando a la magia calmarse y uir. Después su mano presionada contra el hielo, dejó que una pequeña parte de su abrasadora magia saliera. Bajó desde su brazo, serpenteó alrededor de su muñeca y luego se estableció en su palma, su piel calentándose, el hielo... destellando con un brillo rojo. Luca aulló cuando pedazos del hielo volaron hacia ellos.

—Control—, ladró Graham desde la orilla, liberando una espada en malas condiciones que había sacado de la sura de la pared, su dorada empuñadura brillando. Graham se concentró en la magia tanto que era sofocante. Pero no era su ciente como para liberar la cadena.

Ella podía manejar esto. Ella podía manejarse a sí misma otra vez. Los conductos de su magia se llenaron pero la presionó hacia adentro, concentrándose solo para que un poco de magia deshaga el hielo, excavando como un gusano destruyendo el frío...Había un ruido metálico, un siseo y luego...— ¡Oh! Gracias a los Dioses—, se quejó Luca arrastrando la larga cadena fuera del agujero. Ella guardó su hilo de poder dentro de sí misma, en esa ruta, que estaba repentinamente fría.

—Por favor dime que trajiste comida— Dijo Luca otra vez.

— ¿Por eso viniste?, ¿Graham te prometió comida?

—Soy un chico en crecimiento—, Hizo una mueca de dolor cuando miró a Graham. —Y no puedes decirle que no a él.

No, de hecho, nadie podía decirle que no a él, y esa es probablemente la razón por la cual Rowan podía armar cosas como estas, y eran aceptadas. Candy suspiró y miró el pequeño agujero que había hecho. Una hazaña, un milagro. Cuando se iba a levantar para ayudar a Luca a volver a la orilla, le dio otra ojeada al hielo. No, no al hielo, al agua debajo.

Había un gigantesco ojo rojo mirando hacia ella.