Capítulo beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
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Capítulo 33
POV Bella:
—Bella, tranquilízate, por favor. —Rosalie me agarró de los hombros tratando de tranquilizarme. ¿Tranquilizarme? ¿Qué era eso?
—Rosalie —lloriqueé—, asesinaron a mi padre. —Solté en lágrimas.
— ¿Qué? —preguntó anonadada.
— ¡Bella! —gritó Edward.
— ¡Edward! —Me eché a llorar a sus brazos larga y profundamente. Mi padre estaba muerto, asesinado, mejor dicho. Sentía mi corazón totalmente roto.
—Lo siento —me dijo. Me abrazó fuertemente, transmitiéndome toda su paz.
— ¿Quién te llamó? —pregunté.
—Jacob —respondió—, ¿por qué?
—A mí no me ha llamado. Tengo que ir a Phoenix, rápido, Edward —le dije.
—Yo te acompaño, si quieres —se ofreció.
—Gracias.
—Bella, siento lo de tu papá —escuché que dijeron.
Me removí del abrazo de Edward y di mi vista atrás. Ahí, parada, con los ojos totalmente rojos, se encontraba Kate. ¿Qué demonios hacía ella aquí?
—Edward —llamé a mi ex esposo—, necesito que te quedes con los niños, yo viajo a Phoenix ahorita —le dije.
— ¿Estás loca, Isabella? —me preguntó—. No dejaré que vayas tú sola.
Abrí mi boca para contestar cuando sentí la vibración de mi celular. Era un mensaje.
"Lo siento", decía el mensaje.
— ¿Quién es, Bella? —preguntó Rosalie acercándose.
—No dice quién —contesté.
—Opino igual que Edward, Isabella. No deberías ir tú sola a una ciudad tan grande —dijo Kate. ¿A ella qué si me matan?
—Exacto —dijo Rosalie—. No vas a ir sola, Bella, los niños irán quieras o no.
Solo logré asentir.
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—Iré a la cafetería a comprarles algo a los niños —me avisó Edward.
Asentí. Rosalie se levantó con él y se encaminaron hasta la cafetería. Faltaban 10 minutos para que el avión saliera de Seattle a Phoenix. Kate se quedó a mi lado.
—En serio, Isabella, siento mucho lo que estás pasando —dijo un poco torpe.
— ¿Qué es lo que traes entre manos, Kate? —le pregunté ya harta de la situación. Ella era muy amable desde hace unos días—. Antes ni siquiera podías verme y ahora me tratas con tanta amabilidad que me enferma.
—Isabella... hay algo que tú no sabes, pero... —tartamudeó.
—Sé que estás embarazada de Edward, no quiero que me lo digas. ¿Estás feliz ya? Ya conseguiste lo que querías, tener a Edward.
—No es eso, Isabella —dijo en voz baja—. ¿Recuerdas cuando Eleazar tuvo el accidente?
—Sí. —Asentí—. ¿Qué tiene que ver eso? —pregunté.
—Es que Eleazar estuvo a punto de morir, por eso me confesó algo.
— ¿Y eso qué tiene que ver conmigo? ¿Te das cuenta que no me importa nada de tu vida? —le dije.
—Sí, lo sé, para mí tampoco fue fácil, pero he tratado con todas mis fuerzas aceptarlo.
— ¿Qué cosa?
—Eleazar me dijo que hace 26 años mi madre engañó a... Vladimir Denali.
— ¿Tu padre? —pregunté con una ceja alzada.
—Biológicamente, no. —Negó con la cabeza.
— ¿Cuántos años tienes tú? ¿26? —pregunté.
—Mi madre engañó a Vladimir con tu padre, con Charles Swan. Yo también soy una Swan —dijo.
— ¿Qué fue lo que dijiste? —pregunté.
—Que yo también soy tu hermana como Jacob, yo también tengo la sangre Swan en mis venas —me explicó.
— ¿Cómo sé que me dices la verdad? —pregunté.
—Podemos hacernos una prueba de ADN, ¿no crees? —me ofreció.
Sí, no estaba tan hueca la rubia...
—De acuerdo. No creo que seas mi media hermana, pero si es así... —me quedé callada.
—Sé que nunca podríamos llevarnos bien tú y yo, Isabella, pero tal vez...
—No —negué rotundamente—, yo no quiero nada contigo —le dije.
Edward, Rosalie, y los niños aparecieron de nuevo. Llamaron el número de nuestro vuelo y caminamos hacia nuestro avión correspondiente.
El viaje de Seattle a Phoenix era de 4 horas. Llegamos a la morgue a revisar si el cuerpo de mi papá estaba ahí. Solo Kate me acompañaba. Edward y Rosalie llevaron a los niños hacia un hotel.
—Familiares de Charles Swan —llamaron.
Kate y yo nos levantamos al mismo tiempo y caminamos juntas hacia esa habitación. El cuarto era demasiado helado, blanco por todos lados. En las camas reposaban los cuerpos sin vida. El oficial indicó cuál era el supuesto cuerpo. Era él. Yo conocía a mi padre perfectamente. Sabía cómo era hasta con los ojos cerrados.
Me acerqué lentamente hacia la camilla. Unas lágrimas resbalaron por mis mejillas y respiré profundamente. Destapé el cuerpo tapado con la sabana blanca, y lo único que pude hacer fue tirarme al piso. Kate emitió un grito mientras se tapaba la boca con las manos.
—Isabella... —dijo— es él —terminó.
Ella estaba llorando. Por increíble que pareciera, ella lloraba. Y yo... yo solamente estaba ahí. Mi mente se encontraba en un lugar, mi cuerpo aquí y mi alma ya no existía. Me la habían destrozado. Me habían arrebatado al único hombre que he amado con todo mi corazón, mi padre. Charles Swan, un padre ejemplar y el mejor amigo que podrías haber pedido. Mi papá ya no estaría conmigo, le habían quitado la vida de una forma brutal, a golpes y cuchillazos.
—Es él —dijo el oficial.
Taparon el cuerpo inerte de mi padre y nos obligaron a salir. Caminamos por el pasillo en silencio. Kate derramaba unas pocas lágrimas seguidas de sollozos. Yo caminaba como un zombi, sin saber a dónde ir.
Kate me dirigió hacia el hotel donde se hospedarían. Decidió ella misma ir caminando para despejar nuestra mente.
—Sé que no he sido la mejor persona contigo, pero si quieres desahogarte, adelante —me incitó.
Me senté en una banca del parque por donde pasábamos. Observé el parque, lo conocía perfectamente.
—En este parque, Kate, mi papá me enseñó a andar en bicicleta por primera vez. —Lloré. Ya no podía más, tenía que soltarlo—. Siempre me he preguntado que es lo que he hecho para sufrir tanto. Yo... nunca he sido mala con nadie, nunca le he negado mi ayuda a nadie, y Dios me castiga duramente. Dios me quita todo lo que amo en la vida, ¡parece que me odia! Primero fue Edward, me separó de la persona que amo con todo mi corazón, que siempre lo voy a amar, que daría mi vida por él. Y ahora mi padre, me siento incompleta. No sé si me comprendas, Kate, pero tener dos pérdidas en tu corazón se siente feo, no se lo deseo a nadie. Maldita vida que me toco vivir —dije llorando.
—Sé a que te refieres perfectamente, Isabella. Tal vez tú te preguntes por qué soy así, pero es la misma vida que me ha hecho de esta manera. Te envidio, Bella —confesó. La volteé a ver sorprendida—. Te tengo mucha envidia.
— ¿Tú a mí? —pregunté. Esperen, ¿eso era posible?
—Sí. Tú siempre has tenido lo que yo no. Sea como sea, tu familia siempre ha estado ahí para ti. Tienes personas que te aman con todo su corazón, que darían todo por ti. —Bufó—. Nadie de mi familia sabe que estoy embarazada, así de increíble es. Cuando no pude tener a tu familia, obvio, quise quitarte el amor de Edward, pero eso es más difícil. Edward te ama a ti, de eso no tengo duda. —Empezó a llorar—. Yo lo he visto llorar, lo he visto beber en tu nombre. No han sido pocas las veces en las que él dice tu nombre en sus sueños o a la hora del sexo. ¿Sabes que él se tatuó tu nombre, verdad? —me preguntó—. Cerca de su corazón están los nombres de sus hijos, en la espalda, del lado izquierdo, esta tu nombre. Isabella. Ya estábamos saliendo cuando él se lo hizo. Yo me molesté, claro, pero él dijo que ni al caso con mis celos, que aunque saliera con miles de mujeres más tú siempre ibas a ser la número uno, la única que mandará en su corazón. Él te ama, Isabella, y estoy segura que daría todo por regresar el tiempo y estar contigo —concluyó con una débil sonrisa.
POV Kate:
Habíamos llegado al hotel después de nuestra larga charla. Había descubierto que Bella, como ella prefería que la llamara, era una mujer genial. Ahora entendía por qué Edward la amaba tanto, pensé. Ella era honesta, sincera, te daba su opinión sin importar si tú te molestabas; en pocos términos, la mejor amiga que puedes pedir. Hubiera preferido no ser tan envidiosa y convertirme en su amiga, pero ya era tarde para remediar tanto daño.
Al subir a la habitación, nos topamos con Rosalie, Julia y Thomas, que me saludaron muy efusivos. Eran niños, aún no sabían. Rosalie le dio una mirada rápida, pero profunda, a Isabella. Esta sólo se encogió de hombros y tomó el pomo de la puerta para entrar.
Edward se encontraba ahí, caminando de un lado a otro por la habitación. En cuanto vio que llegábamos se tiró a los brazos de Bella quien lloró con toda la sinceridad de su alma. Pocas veces en mi vida había visto a alguien llorar con tanto dolor, e Isabella no era la excepción.
— ¿Qué pasó? ¿Era él? —preguntó Edward.
—Sí —dijo Bella en voz baja.
—Lo siento, princesa —le dijo y la volvió a abrazar fuertemente.
Lo volteé a ver a los ojos y le indiqué con la mirada que iba a salir, él solo asintió.
Caminar por las calles calurosas de Phoenix no era tan malo. Llegué a una pequeña cafetería, pedí un capuccino y me senté afuera. Las luces se fueron apagando mientras el atardecer caía. Las áreas de afuera eran donde las parejas se citaban, por eso la oscuridad.
La orquesta musical que no había visto cuando llegué empezó a tocar, y me dispuse a escuchar.
Tú, me das las cosas que yo quiero cuando menos me lo espero
Tú, me das el aire que respiro
Tú, serás lo que tanto buscaba y yo creía que no existía
Tú, vendrás robándome la vida pa' fundirla con la tuya
Y que será de mi cuando en tus brazos yo descubra
Que tú serás el cielo que jamás podre tocar
Es imposible ya lo sé, abrázame.
Tú me das un golpe de energía cuando estoy sin batería
Tú me das la vida en un instante
Tú serás la historia más bonita la que nunca se te olvida
Tú vendrás entregando tu vida para hacerte con la mía
Y que será de mi cuando en tus besos yo entendía
Que tú serás [serás] el cielo que jamás podre tocar
Es imposible ya lo sé
Que tan solo tú me das [me das]
La vida que yo siempre quise para mí
Pero es imposible ya lo sé, perdóname
Por pensar solo en mí
[Por pensar solo en mí, por pensar solo en mí]
Por no darte más de lo que te doy
[Por no darte más de lo que te doy]
Por amarte simplemente
[No me pidas hacer]
Lo que no puedo hacer
Si tú quieres, si puedes, olvídame tú
Tú serás [serás] el cielo que jamás podre tocar
Es imposible ya lo sé
Que tan solo tú me das [me das]
La vida que yo siempre quise para mí
[La vida que yo siempre quise]
Pero es imposible ya lo sé
Que tan solo tú serás
Pero es imposible ya lo sé, perdóname
Uuuuh. Ooohh. Perdóname
Aunque fuera imposible, me encontraba llorando. Esta era precisamente la clase de vida que teníamos Edward y yo. Él no me pertenecía, él no me amaba, eso me había quedado más que claro hoy al verlos tan tristes. Él la amaba, el dolor de ella era el dolor de él. ¿Por qué no podía dejarlo ser feliz? Él nunca me iba a amar, pero yo era demasiado envidiosa para dejarlo ir. Además, hoy tenía en mi vientre un pedazo de él.
Caminé de vuelta hacía el hotel cuando de repente sentí mi mirada nublarse, y lo próximo que supe fue que me encontraba en una negrura espesa.
•...•...•...•...•...•
Ñaca, ñaca 3:) ¿Qué creen que tenga Kate? Pues quien sabe :$
-Por cierto, perdón por no actualizar antes, se me había olvidado. Hay otra historia que quiero ir avanzandola más, pero en cuanto pueda se las dejaré también para que la lean :)
Gracias :D
LullabyStewPattz'
