NdA. He publicado antes de lo habitual porque me viene mal hacerlo mañana a la hora de siempre. Muchas gracias a todos por leer y comentar.
Capítulo 36 Lo más duro
Un poco después, Harry estaba en la cocina, haciendo un inventario de víveres. Quedaba un poco de té y un paquete de galletas sin abrir de la última vez que él y Albus habían estado allí, así como una botella de whisky de fuego que llevaba en el armario desde los últimos días de la guerra. Kreacher apareció allí para anunciar que ya lo había recogido todo.
-¿Has guardado ya mis cosas?
-Sí, amo.
Harry se sacó del bolsillo un pequeño lingote que equivalía a diez galeones y se lo dio a Kreacher.
-Ve al Caldero Chorreante y pídele a Hannah Longbottom de mi parte que te prepare algo de cena para llevar, por favor.
-Sí, amo.
Cuando el elfo se marchó, Harry se dejó caer en un sillón y se quedó allí sentado, sin saber muy bien cómo se sentía o qué debía hacer. Había preparado su habitación y había solucionado lo de la comida, pero ya no sabía qué hacer a continuación. Quizás habría sido distinto si hubiera vivido en el mundo muggle; entonces conocería un montón de casos de parejas divorciadas y habría tenido una idea de lo que tenía que esperar. Pero vivía en el mundo mágico y la única persona divorciada que conocía era Seamus Finnigan, cuyo caso había sido seguido con sumo interés por Corazón de Bruja, dada su condición de héroe nacional. Seamus había pasado todo el revuelo escondido en el piso de su amigo Dean, borracho perdido. A Harry no le parecía una mala opción en absoluto, pero su trabajo de auror se lo impedía.
No quería ni imaginar la reacción de la prensa cuando se enterara. Sienna Bullard había puesto fin a los titulares tan falsos como escandalosos acerca de su vida privada, pero Corazón de Bruja era otra historia, y si cualquier divorcio era motivo de intenso chismorreo en el mundo mágico, ¿qué iba a pasar con el suyo?
Y los niños lo pasarían mal, al menos al principio. Y también lamentaba muchísimo que eso fuera a separarle un poco más de los Weasley. Habría estado seguro del apoyo de Ron, que no estaba muy satisfecho con la actitud de Ginny, si no hubiera sido por la infidelidad; ahora ya no sabía qué esperar, porque sabía que a Ron le cabrearía que le hubiera puesto los cuernos a su hermanita. George y Bill apenas le dirigían la palabra desde que le había dado permiso a Albus para juntarse con Scorpius y lo había llevado a Malfoy manor. No estaba seguro de que Arthur y Molly fueran a perdonarle lo del divorcio.
El sombrío panorama no conseguía hacer que lamentara lo que había pasado, aunque aún se encontraba algo conmocionado por la magnitud del cambio. Todo había pasado tan rápido… Aquella mañana aún estaba dispuesto a volver con ella. Menos de doce horas después, le había sido infiel, había pasado de la teoría a la práctica en su bisexualidad y había terminado con una relación de más de veinte años.
Un chasquido en el aire le hizo saber que Kreacher ya había vuelto. Transportaba una cesta llena de comida hasta arriba: Harry se preguntó si Kreacher se habría gastado los diez galeones en una sola cena, pero al examinar su contenido vio que el elfo había añadido dos botellas de leche, bacon, pan, media docena de huevos, una lechuga y unos tomates, cosas que, desde luego, no se vendían tal cual en el Caldero Chorreante.
-¿De dónde has sacado todo esto? –esperando de todo corazón que no le hubiera contado a Hannah lo que pasaba.
-Los elfos sabemos cuidar de nuestros amos –dijo Kreacher, evidentemente complacido consigo mismo, mientras le devolvía el dinero que había sobrado-. Kreacher quiere que el amo tenga mañana un buen desayuno.
Harry miró las monedas de su mano y se quedó aún más sorprendido, porque le había devuelto siete galeones y el menú de Hannah costaba tres.
-¿Es que no las has pagado?
Kreacher lo miró como si le hubiera abofeteado.
-¿El amo cree que Kreacher ha robado esta comida?
-No, no, en absoluto –se apresuró a asegurar Harry con toda la convicción que fue capaz de reunir. Lo último que necesitaba era vérselas con una crisis existencial de Kreacher-. Sólo siento curiosidad.
Lo cual era sólo un poco mejor que la desconfianza; los elfos consideraban que los magos bien criados no indagaban sobre cómo hacían las cosas sus sirvientes, sólo esperaban ver sus órdenes cumplidas. Cuantos más elfos conocía, más se convencía Harry de que Dobby había sido único en su especie.
-El amo no ve que es demasiado importante para preocuparse por esas tonterías indignas de su posición y su sabiduría. –gimoteó el elfo, resignado-. Kreacher ha ido a Hogwarts, amo. Los elfos de Hogwarts le han prestado algo de comer porque saben que es para el gran mago Harry Potter. Mañana Kreacher irá al mercado y comprará lo mismo que ha pedido prestado
-Vaya… -dijo Harry, un poco sorprendido-. Bien pensado.
-Kreacher sabe hacer su trabajo. Kreacher es un buen elfo.
Harry asintió.
-Lo sé. No sé qué haría sin ti. Y escucha, aunque yo me haya instalado aquí, quiero que sigas protegiendo la casa de Andromeda y la de Ginny, ¿entendido? Yo ya te llamaré cuando te necesite.
-Kreacher hará lo que el amo le ordene.
Harry le dijo entonces que se marchara a seguir con la vigilancia y él se fue a la cocina a guardar toda la comida. A pesar de que la idea de comprarla había sido suya, no tenía mucha hambre. Se sentía un poco raro en esa casa, tan vacía de gente como llena de recuerdos. No era como cuando había ido allí con Albus, demasiado conmocionado por los sucesos del día como para pensar en algo más. Aquel era ahora su nuevo hogar y no sabía si realmente le gustaba.
Entonces llamaron a la puerta. O la aporrearon, más exactamente. Harry, absolutamente convencido de que era algún Weasley que quería hablar de lo que acababa de ocurrir, se acercó a ver de cuál de todos se trataba. A través de la mirilla, vio que era Ron, y parecía furioso. Harry respiró hondo y le abrió.
-Hola, Ron.
El puñetazo, en toda la cara, le hizo caer al suelo de espaldas.
-¿Tenías que ponerle los cuernos? ¡Joder, Harry!
Harry, desde el suelo, se tocó cautelosamente la mandíbula.
-No me siento orgulloso de ello –admitió.
Ron resopló con frustración y después le tendió la mano para ayudarlo a ponerse en pie.
-Necesito un trago.
Harry se levantó y se hizo un Episkeyo; después los dos fueron al salón. Mientras preparaba un par de copas, Harry observó a Ron de reojo y se permitió sentir un poco de esperanza. El puñetazo no tenía demasiada importancia; le conocía bien y sabía que si realmente hubiera estado pensando en mandarlo a la mierda, no habría entrado a beber con él. Entonces le tendió uno de los vasos y le dio un buen trago al suyo.
-Cuando regresé a casa sin haber logrado que los Malfoy retiraran la denuncia, Ginny empezó a decir barbaridades –dijo después-. No te las imaginas. Y en realidad… creo que fue esa noche cuando se rompió realmente nuestro matrimonio. Todo lo que pasó después sólo lo hizo aún peor.
Ron le dio también un buen trago a su vaso.
-Pero Ginny dice que ayer habló contigo y que estabas de acuerdo en hacer las paces. Y lo primero que haces hoy es decirle que quieres el divorcio y que le has estado poniendo los cuernos.
-Yo no le he estado poniendo los cuernos. Ha pasado sólo una vez, Ron. Ha pasado hoy.
-¿Hoy? –repitió, asombrado.
"Porque Ginny me habría convencido", comprendió de pronto. "Porque me habría hablado de los niños y de vosotros y de lo mucho que me ama cuando eso no es cierto y yo me habría sentido demasiado culpable para dejarla."
-Sólo pasó.-La expresión en los ojos de Cavan al apretar el botón de parada en el ascensor… Nadie en sus circunstancias habría resistido eso-. Pasó porque no quería volver a casa y que tu hermana me convenciera para quedarme.
Ron chasqueó la lengua.
-Joder… Joder, Harry… ¿Tan mal estaban las cosas?
-Es tu hermana, Ron. No quiero entrar en detalles.
Ron lo miró con el ceño fruncido, pero no insistió. Harry sabía que estaba disgustado con la noticia por varias razones. Porque Ginny era su hermana, porque pasado el primer momento, le había hecho mucha ilusión que su mejor amigo tuviera una relación con ella, y se casara con ella y entrara a formar parte realmente de la familia, porque había sido el padrino de boda, porque, simplemente, a los magos les parecía muy raro que un matrimonio se divorciara. Pero Harry comprobó con sincero alivio que su primera impresión había sido buena, y que Ron no le echaba la culpa de lo que había pasado.
-Sólo dime una cosa: ¿dejas a mi hermana para irte con esa otra mujer? Si te has enamorado de otra, te has enamorado, pero quiero saberlo.
-No, no creo. –Harry no sabía si decirle que en realidad era un hombre; Ron no se mostraría escandalizado en lo más mínimo, pero aun así, era difícil decirlo en voz alta. Por otro lado, ¿qué iba a hacer? ¿Esconderse? Le apetecía un montón volver a acostarse con Cavan. Al final, decidió contárselo-. Pero… no es… no es una mujer. Es un hombre.
-¿Ah, sí?-dijo, con un templado interés-. Pensaba que no podían gustarte.
-Bueno, estaba enamorado de Ginny así que… no pensaba en nadie más.
Aun sabiendo de antemano que a Ron le iba a dar lo mismo, Harry se sentía un poco decepcionado con el anticlimático resultado de su declaración. Para él había sido un poco difícil convivir con ese secreto. Ron, que se lo había quedado mirando unos segundos con expresión inquisitiva, abrió de pronto los ojos.
-Oh, claro, espera… ¿Quieres hablar de eso? ¿Es un trauma o algo?
Harry empezó a sentirse como un idiota.
-No, da igual, déjalo. Sólo quería que lo supieras. Pero no se lo digas a nadie de momento, ¿vale?
-¿Que es un chico? Claro, como quieras.
Parecía estar esforzándose por tomárselo en serio y no sonreír ante lo que debía considerar una pintoresca característica de los muggles. Harry decidió terminar con aquel tema cuanto antes.
-No sé si fue cosa de una noche o si volverá a pasar. Pero él no es la razón de que haya roto con Ginny.
Ron asintió.
-Bien. Es sólo que quiero saber a qué atener… -Entonces se detuvo a mitad palabra y lo miró como si acabara de decirle que practicaba la necrofilia con sus padres-. Espera un momento, ¿ha sido con Malfoy?
-¿Qué? –exclamó, escandalizado-. ¿Te has vuelto loco?
-Hermione me ha dicho que habéis hablado hoy en el ministerio.
-Entre hablar y follar hay una gran, gran diferencia, Ron –dijo Harry, aún impresionado-. No puedo creer que lo hayas pensado siquiera. Es una idea absurda.
-No sé, últimamente no entiendo muy bien qué pasa entre el hurón y tú.
-Intentamos tolerarnos por el bien de nuestros hijos. Dios, creo que necesito un Obliviate.
Ron suspiró.
-Nos apañaremos con otra copa.
Entonces usó la varita para acercar la botella de whisky y servirse otra copa. Harry lo miró, dudoso.
-Creo que debería cenar antes.
-¿No has cenado aún? ¿Tienes comida en casa o quieres que salgamos a comprar algo en algún sitio muggle?
-He mandado a Kreacher al Caldero Chorreante.
Al final acabaron sentados en la mesa de la cocina. Ron ya había cenado, pero le ayudó a terminarse el pastel de fresas que Hannah le había incluido como postre. Mientras, le fue contando cómo se había ido enterando de todo y Harry averiguó que Ginny se había ido a La Madriguera y les había contado a sus padres lo que acababa de pasar, haciendo especial énfasis, al parecer, en su infidelidad. Arhur había llamado a Ron y Hermione para explicarles lo que había pasado y preguntar si Lily estaba bien. Era entonces cuando Ron había ido a buscarlo, mitad preocupado, mitad furioso.
-Escucha… puedo entender que estés molesto con Ginny. Incluso que hayas dejado de estar enamorado de ella. Me duele, pero…esas cosas pasan. Pero… ¿un divorcio, Harry? ¿Por qué? No hay necesidad de ser tan drástico, no sé.
Harry suspiró, consciente de que un divorcio no significaba lo mismo en el mundo muggle que en el mágico.
-Si sigo casado con ella, aunque sea sólo sobre el papel… nunca me sentiré libre. No quiero avergonzaros a ti y a tu familia, Ron. Sabes lo mucho que todos significáis para mí. Pero he de hacerlo.
Ron se quedó callado unos segundos y luego se encogió de hombros, como si hubiera aceptado que aquello no dependía de él.
-Escucha, faltan sólo tres semanas para que los chicos vuelvan de Hogwarts. Y de los Estados Unidos. ¿No crees que Ginny y tú deberíais mantener un poco las apariencias al menos hasta que James y Albus vuelvan y podáis hablar con ellos tranquilamente? Lo digo sobre todo por Albus. La noticia no llegará a los Estados Unidos, pero aquí la prensa va a volverse loca y me imagino que no debe de ser agradable estar en Hogwarts y que todos los alumnos estén leyendo en el desayuno el último detalle sobre el divorcio de sus padres.
Harry consideró sus palabras.
-Tienes razón en lo de Albus, pero ¿qué se te ocurre? Yo no puedo volver ahora con Ginny. Si las cosas ya estaban tensas antes imagínate cómo estarán ahora.
-No, claro. Pero si no le decís a nadie que te has mudado aquí…
-Supongo que tendríamos que hablar con Lily. Si ve que vivimos en casas distintas, será difícil que no se lo cuente a Albus o a James. –Intentó pensar en algo, pero en ese momento no se le ocurría nada-. ¿Ha dicho Ginny algo sobre los niños?
-No que yo sepa. Pero me extrañaría que mi madre no le estuviera dando el mismo consejo que te he dado yo. De todos modos, iré mañana a hablar con ella y se lo comentaré también.
Harry asintió.
-No quiero que los niños lo pasen mal.
Ron suspiró y le dio un sorbo al vaso de whisky que se había servido antes de la cena.
-¿Qué vais a hacer con ellos?
-No sé… Imagino que pasarán la mitad de las vacaciones y la otra mitad con Ginny. Es lo más justo, ¿no?
-Supongo.
-Dios, suena tan raro… ¿Qué crees que querrán ellos?
-No lo sé, colega.
Harry se terminó también su whisky y sirvió una tercera ronda.
-La vida es una mierda.
Ginny había llegado a La Madriguera hecha un mar de lágrimas, pero a medida que le había ido contando a sus padres lo que había pasado la furia había borrado de nuevo a la tristeza y la decepción, No podía creer que Harry se hubiera portado así con ella después de todo lo que había hecho por él. Podría haber tenido una carrera brillante como jugadora de quidditch profesional. ¿Y por qué se había marchado de El Profeta? Sólo por él. Y ahora Harry se lo devolvía así, humillándola delante de todo el mundo con una infidelidad y un divorcio.
-Nadie esperaba algo así de él –convino su madre, muy seria, tendiéndole otra taza de té-. Lo que te ha hecho es horrible.
-Y un divorcio… -dijo su padre con incredulidad-. Somos su única familia. ¿Por qué quiere romper todos sus vínculos con nosotros?
-No sé, no sé cómo puede tratarnos así.
-Y esos pobres niños… -dijo él, chasqueando la lengua con pesar.
Ginny frunció el ceño.
-Ojalá le odien y no quieran verlo nunca más.
-¡Ginny! –exclamó su madre, sonando escandalizada. Ginny la miró, un poco sorprendida-. No digas eso, nena.
-Pero es la verdad –replicó, sintiéndose un poco traicionada. Su madre estaba de acuerdo en que Harry había hecho algo espantoso. ¿Por qué de pronto se ponía de su parte?
Pero ella no cedió.
-Mira, sé que estás enfadada y lo entiendo perfectamente. Yo también estoy muy disgustada con él. Pero eso no quita que quiera a los niños y que los niños le quieran a él. Y ahora vuestros hijos tienen que ser lo principal.
-Tu madre tiene razón, hija –dijo su padre-. Ellos os necesitan a los dos y deben teneros a los dos. No podrían ser felices del todo si tuvieran una mala relación con su padre.
Ginny tuvo que admitir a regañadientes que aquello era cierto, pero la herida que Harry le había causado dolía tanto, lo odiaba con tanta intensidad, que no sabía si iba a poder soportar estar cerca de él sin liarse a conjuros. ¿Por qué tenía que sufrir sólo ella? ¿Por qué tenía que quedarse sin nada mientras él y la guarra con la que se había debido liar lo tenían todo?
-No es justo –protestó, en voz baja.
-No, no lo es –dijo su madre, acariciándole la espalda-. Pero si quieres una lección, que vea lo que se ha perdido. No me extrañaría nada que dentro de un mes volviera con el rabo entre las piernas pidiendo que le aceptes de nuevo.
Aunque estaba con algo de resaca, Harry usó la Red Flú a la mañana siguiente para contactar con Ron y Hermione y preguntarles si Lily seguía aún allí. Como era así, pasó a verla. La niña le dio un abrazo, un poco inquieta.
-¿Dónde está mamá?
-En casa. Enseguida vendrá a recogerte –dijo Harry, aunque no estaba realmente seguro de lo que iba a hacer Ginny-. Sólo quería verte antes de irme a trabajar.
Le habría gustado tomarse la mañana libre, pero no podía, no cuando El Profeta y El Quisquilloso iban a mostrar en primera plana un retrato robot del monstruo. La cara de la criatura, hecha a raíz de su descripción y la de Malfoy, estaba algo disimulada para obviar en lo posible su origen humano.
Hermione y él se fueron al ministerio donde, efectivamente, todo el mundo estaba hablando de la foto en cuestión. Ellos dos parecían ser la excepción. Hermione le apoyaba con más decisión que Ron; Ginny sólo era su cuñada, no su hermana, y además para ella un divorcio no era una cosa rara que hacían gentes de otras culturas. Lo único que le censuró fue que se hubiera acostado con alguien antes de romper con Ginny, pero entendía, igual que Ron, cómo habían pasado las cosas.
-No habrá sido Chloe, ¿verdad?
-No, claro que no. Pero no empieces a decir nombres, porque no voy a decirte nada.
Hermione no insistió. A veces podría ser un poco entrometida, pero no en ese aspecto. A ella lo que le interesaba era ayudar a que las cosas fueran lo menos ingratas posibles.
Harry habría deseado que el resto de los Weasley adoptara la misma actitud, pero sabía que era un deseo poco razonable, y no le sorprendió demasiado que Arthur apareciera en su despacho a la hora del almuerzo, dolorosamente serio, y le dijera sin más que se sentía muy decepcionado con él y que no entendía cómo había podido hacerles eso. Se lo había esperado. Pero aunque Arthur era lo más parecido a un padre que había tenido y aquello dolía, Harry era incapaz de sentirse culpable.
-Me habría gustado que las cosas hubieran salido de otra manera, Arthur. Pero Ginny fue la primera en volverse contra mí y la primera en apartarme de su lado. Si para vosotros eso no cuenta, para mí, sí. Y yo no quiero vivir en un matrimonio que se ha convertido en una mentira.
-Bueno, desde luego Ginny tampoco quiere seguir casada contigo, después de lo que le has hecho –dijo, sonando un poco irritado.
-Entonces estamos de acuerdo en que el divorcio es la única solución –replicó, tensándose ligeramente-. Me gustaría hablar con ella sobre los niños. Ron me dijo ayer que era mejor que lo mantuviéramos en secreto hasta que los chicos volvieran del colegio y creo que tenía razón, pero a Lily tenemos que contárselo ya. Y también hemos de decidir cómo vamos a organizarnos ahora.
-Le diré que te llame –dijo Arthur, prácticamente a modo de despedida.
Harry sintió un nudo en el estómago al verlo marcharse así, pero se dijo que no era nada que pudiera solucionar en ese momento. Los detalles del divorcio también reclamaban su atención. A pesar de ser tan poco habitual en el mundo mágico, el procedimiento era bastante sencillo. Uno simplemente debía presentar una instancia en el ministerio y llevar a cabo un sencillo ritual delante de siete testigos. Como entre los magos no había abogados propiamente dichos, los miembros de la pareja decidían entre ellos los términos del divorcio; sólo si uno de los dos se mostraba verdaderamente irracional el caso podía terminar en el Wizengamot. Harry pensaba dejarle a Ginny la casa en la que vivían y cuidar de sus hijos como había hecho hasta entonces, así que no creía que fueran a llegar a ese punto, al menos por él. Pero no estaba tan seguro de cómo iba a reaccionar Ginny, de quien ya no podía esperar juego limpio. Pelearse por los niños parecía demasiado sórdido, así que lo único que podía hacer era rezar para que Ginny no le atacara por ahí.
Cuando llegó la hora de marcharse a casa, Harry se fue a Grimmauld Place. Kreacher no estaba allí, pero le había dejado una tetera preparada y le había llenado la despensa. Harry se sirvió un té y se fue a beberlo al salón mientras observaba a su alrededor con aire crítico. Las remodelaciones que había hecho tras la guerra no habían disipado del todo el aire un poco lúgubre de la casa. Entonces no le había importado mucho –pasaba más tiempo en La Madriguera que allí-, pero ahora lo encontraba demasiado deprimente, especialmente para sus hijos. Necesitaba hacer verdaderos cambios. Kreacher lo encontraría bastante estresante, pero le molestaría aún más verlo marcharse a otra casa.
Harry no esperaba que Ginny le llamara aquella misma tarde, pero lo hizo. La conversación no fue tan desagradable como había temido. Ginny actuaba como si estuviera representando un papel, uno en el que se sentía demasiado digna como para rebajarse a discutir con él en lo más mínimo, Al cabo de unos minutos, Harry empezó a encontrarlo ridículo, pero lo dejó correr. Si eso significaba que no iba a causar problemas no pensaba quejarse. Ginny aceptó que los niños pasaran la mitad del tiempo con cada uno y no objetó nada a la cifra mensual que él propuso para su manutención; sin embargo cuando él le dijo que estaba dispuesto a ayudarla también a ella hasta que encontrara otro trabajo, Ginny replicó fríamente que no lo necesitaba, dejando claro que no quería nada de él.
Una vez quedó todo aclarado, Harry fue con ella a su antigua casa y Ginny se marchó a recoger a Lily a La Madriguera. Harry había empezado a sentir un nudo en el estómago en cuanto había puesto los pies en esa casa, pero se sintió aún peor cuando Ginny regresó con Lily. La niña parecía aún más preocupada que aquella mañana y no se tranquilizó para nada cuando le dijeron que tenían que contarle una cosa. Sentada en un sillón y mirándolos a ambos con los ojos muy abiertos tras sus gafas parecía más pequeña y vulnerable que nunca. Ginny le hizo a Harry una señal con la cabeza: ella le había dicho en Grimmauld Place que ya que era él quien había decidido divorciarse y romper su familia, tendría que ser él quien se lo dijera a Lily.
-Escucha, Lily, ya eres lo bastante mayor para darte cuenta de que tu madre y yo hemos tenido muchas peleas últimamente. A ninguno de los dos nos gusta vivir así y yo he pensado que lo mejor es que me mude a Grimmauld Place. Tus hermanos y tú podéis venir a verme cuando queráis a través de la Red Flú y además, me gustaría que pasarais la mitad de las vacaciones conmigo. Sois mis hijos, las personas que más quiero en este mundo, y eso no va a cambiar, ¿de acuerdo?
Los ojos de Lily se habían llenado de lágrimas al oír lo de Grimmauld Place y cuando Harry terminó de hablar ya estaba llorando.
-¿Ya no vas a vivir con nosotros?
-Ya no voy a vivir en esta casa –contestó, sintiendo cada una de esas lágrimas como puñetazos-. Pero seguiremos viéndonos en Grimmauld Place.
Lily agachó la cabeza, llorosa, y no dijo nada. Ginny miró a Harry con reproche como si pensara que la estaba haciendo sufrir a propósito y después se dirigió a su hija con expresión mucho más suave.
-Cariño, ya sé que estás triste. Pero piensa que en septiembre ya empezarás a ir a Hogwarts y a partir de entonces pasarás más tiempo allí que con nosotros. Las cosas iban a cambiar de todos modos.
-¿Y qué? En vacaciones íbamos a estar juntos los cinco.
-¿Y habría sido divertido pasar las vacaciones discutiendo? –replicó Harry, con gentileza-. Lily, sé que ahora no lo parece, pero es mejor así. Y cuando te acostumbres verás que no es tan malo como crees.
-Por favor… -sollozó ella-. Por favor…
Harry tragó saliva, y tuvo un momento de duda. Pero no, no podía volver con Ginny. Eso era imposible.
-Lily… Por favor, cariño, no llores… Podrás venir a verme a Grimmauld Place siempre que quieras. Y cuando estés conmigo, podrás visitar a mamá. No será tan malo, de verdad.
Harry se preguntó si realmente había algo que pudieran decir que hiciera que Lily se sintiera mejor; en aquel momento, lo dudaba. La aceptación llegaría con el tiempo. Pero al menos consiguieron poco a poco que dejara de llorar y al verla más tranquila, o quizás resignada, Harry le preguntó si podía ocultar aquello en las cartas que intercambiara con sus hermanos.
-¿Por qué?
- Si se enteran de lo que ha pasado y aún siguen en el colegio lo van a pasar muy mal. Es mejor que lo sepan cuando estén aquí y puedan ver con sus propios ojos cómo están las cosas.
-¿Y si se enfadan conmigo por haberles engañado?
-No se enfadarán, pero si se enfadan, puedes decirles que yo te lo he mandado –la tranquilizó Harry-. ¿Qué me dices? ¿Prometes guardar el secreto?
Lily se mordió los labios.
-¿Puedo decírselo a Hugo?
-Claro –dijo, suponiendo que su sobrino ya debía de saber algo gracias a Ron y a Hermione-. Pero él no puede contárselo tampoco a nadie de Hogwarts.
-Está bien –dijo, asintiendo.
Harry le dirigió una suave sonrisa de aprobación y le alegró ver que ella se esforzaba en devolvérsela.
-Muy bien, Lily. ¿Quieres venir ahora a Grimmauld Place a elegir tu cuarto? Es casi la hora de cenar, pero será sólo un momento. Y si a tu madre le parece bien, podemos ir este sábado a mirar muebles y esas cosas.
Lily miró a Ginny, quien se encogió de hombros.
-Claro, ¿por qué no?
Entonces la niña se giró hacia él y volvió a asentir mientras se ponía en pie.
-Vale.
No se mostraba exactamente entusiasmada, pero al menos ya no parecía tan devastada por la noticia como al principio. Poco a poco, se dijo Harry, intentando convencerse también a sí mismo.
Continuará
