Deshicieron el abrazo, pero no se alejaron el uno del otro.

—Bien, herrero, ¿cómo podríamos salir de la celda?

—No veo la forma. Puede que si tuviéramos alguna forma de hacer palanca, pudiésemos sacar la puerta de las bisagras. Pero no hay nada con lo que hacerlo. La única forma que se me ocurre es que nos saquen de aquí por las buenas. Es decir, que nos inventemos alguna historia para que nos saquen.

—Supongo que podríamos decir que nos estamos pensando la oferta de Triana. Pero eso sólo nos llevaría a ella. Una vez allí no podríamos hacer nada.

—Podríamos intentar deshacernos de ellos en el camino.

Kristine rodó los ojos aunque su compañero no pudiera verla.

—¿En serio, Dave? ¿Dos muchachos débiles contra tres enanos enormes, fuertes y muy probablemente entrenados en la lucha?

—Ya, lo siento. La parte de "débil" no me deja pensar muy bien.

Se quedaron pensando unos minutos hasta que Dave habló:

—Esta idea no te va a gustar, pero a ver qué te parece: ¿y si intentamos comprar a los guardias con los anillos?

—¡Ni hablar! —contestó inmediatamente llevándose la mano al pecho y metiendo en su puño el tibio anillo que le colgaba.

Dave calló y dejó que Kristine pensara en ello.

Obviamente ella no querría separarse de los anillos de sus antepasados por nada del mundo. Pero seguro que ellos estarían de acuerdo con que los perdiera si eso hiciera que ella escapara sana y salva.

Aun así, tampoco era demasiada buena idea.

—¿Cómo compraríamos a unos enanos con un par de motas de oro? Son enanos. Si algo les sobra es oro.

—Pero no es oro normal. Es oro encantado.

—Aun así, ¿cómo lo demostrarías?

—Por la inscripción que tiene dentro. Está en Idioma Antiguo. Por cierto, ¿qué es lo que dice?

—"Ayúdame, Asesino de Sombras. Ayúdame, Escamas Brillantes" —Kristine se lo sabía de memoria—. Pero sigue sin servir de nada. No creo que a estos enanos en concreto les guste la idea de tener unos anillos encantados por elfos. Y mucho menos si se enteraran que fueron hechos por Eragon. Y algo más: tienen pinta de que no hablan más que idioma enano. Así que no podríamos comunicarnos con ellos.

Dave quedó convencido.

—Tenemos que inventar una razón para que nos saquen de aquí. Después podríamos "perdernos"; sí, lo más probable es que nos atrapen y nos vuelvan a traer aquí,… pero por lo menos tenemos que crear una oportunidad. ¿Conoces algún hechizo que pudiera hacer eso?

—No lo creo. Y aunque lo supiera, estoy fatal. Ni siquiera estoy segura de poder correr si se presentara la oportunidad.

—¿Qué sabes hacer?

—Pues, encender una luz, encender fuego, ver a otras personas en el agua,… ¡Oh, mierda!

—¿Qué?

Kristine fue hacia la pared de barras que daba al pasillo. Extendió su mano todo lo que pudo, pero no conseguía tocar con las manos la bandeja que le habían traído con la pieza de pan y la jarra de agua.

—¡Garzjla!

Una vez más, la estancia quedó iluminada, pero sólo para revelar que la bandeja ya no estaba allí.

—¿Qué es lo que buscabas?

—La bandeja que me trajeron antes con comida y agua. Podría haber intentado comunicarme con alguien con esa agua. Dudo que realmente lo hubiera conseguido, pero ya nunca lo sabremos.

Kristine dejó que la luz se extinguiera. Los dos aprendices se quedaron en silencio, sólo roto cada varios minutos para lanzar alguna idea,

—Podríamos hacer mucho ruido con las barras.

—¿Para que nos apaleen?

Ya estaban a punto de darse por vencidos y simplemente esperar a que volvieran a llamarlos a la presencia de Triana cuando por fin sus cansadas mentes dieron con lo que parecía una solución digna de ser intentada:

—¡Fuego! —exclamaron a la vez.

Kristine iluminó una vez más la estancia y encontró un viejo banco pegado a la otra pared del corredor.

Sabía perfectamente que era una idea muy estúpida. Pero también cabía la posibilidad de que saliera bien. Debía intentarlo. Ya luego podrían improvisar.

La chica se sacó el guante de la mano derecha y la extendió entre los barrotes para estar lo más cerca posible de su objetivo. Dejó que se extinguiera la luz que había creado y se preparó para intentar lo que iba a hacer.

Midió sus fuerzas, la distancia, y lo que debía hacer. Se concentró en un pequeño punto del banco de madera, pues era más importante crear una verdadera llama que perder todas sus energías tratando de prender todo el mueble.

—¡Brisingr! —exclamó Kristine a la vez que una tenue luz blanca salía de la palma de su mano iluminando por un instante el banco para después desaparecer sin más dejando una vez más paso a la negrura.

Pero en la oscuridad apareció un punto rojo. Que se hizo más grande. Que empezó a iluminar la estancia. Y, que finalmente, sumergió el banco en llamas.

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¿Os acordáis de los anillos? Quiero decir, ¡¿os acordáis de los anillos?! Si os acordáis, ya sabéis lo que va a pasar. Si no, podéis ir a Legado. O no, si no os acordáis podéis esperar al siguiente capítulo y ya está

Cafu.1993: ¡NO SABES LO FELIZ QUE ME HACES! Siempre he soñado con escribir de forma que pueda levantar en los demás esas ansias de saber que pasa (porque es lo que admiro de mis historias favoritas). Gracias, UN MILLÓN DE GRACIAS por tus palabras.

Yael Bones: claro, poco a poco se van a ir cerrando más preguntas. Y veremos si también las cicatrices del pasado.^^ Me encanta que te encante. Siento haber tardado un poco en actualizar. A ver si subo varios capítulos antes de desaparecer otra vez.

Carlos Shrrgnien: es definitivo: me he enamorado de tus comentarios.