Pistola

- No me gustan las armas. – Declaro con firmeza tras la propuesta de Seiya que la miraba con sus grandes ojos chocolates sorprendidos – Ni siquiera si son de juguetes.

- Es un juego, Saori. No es como si nos fuéramos a disparar de verdad, tiene municiones llenas de pintura. –Fue su justificación, manteniendo una expresión seria en su rostro debía después de todo convencerla de dejar la oficina aunque fuera un fin de semana.

- Es un arma. – Insistió.

- Por favor, es un juego de estrategia militar ¿No debería entusiasmarte la idea? – Cuestionó haciendo referencia a sus epítetos, como no parecía obtener resultados favorables uso su última técnica: Ojos de cachorro.

- Creo que has creado un monstruo. – Musito Hyoga tan silenciosamente como pudo, Saori, Shun e Ikki estaba en el mismo equipo mientras que ellos tres eran el otro, no solo descubrieron que cuando se lo proponía Saori tenía buenísima puntería sino que era competitiva al extremo, sus indicaciones precisas habían llevado a su equipo a la victoria, ganaban por varios puntos y nadie había logrado atinarle, demostrando que la joven diosa podía ser muy ágil y escurridiza.

- ¿Cómo iba a saber que se entusiasmaría tanto? Es una dama de sociedad armada ahora. – Musito Seiya con la espalda pegada a la pared intentando mimetizarse – Algo así como como Señor y Señora Smith.

- Nos ganaran Saori y Shun. – Comento Shiryu, que también permanecia alerta con la pistola cargada en posición para disparar al menor movimiento – Porque Ikki no ha aparecido. Debemos concentrarnos en ella, chicos.

- ¡Mucho planificar sin actuar no vale! – Grito con una gran sonrisa apuntándolos con la pistola lanzando varios disparos que terminaron con nuevas manchas de pintura rosada en sus trajes. – ¡Acábalos, Shun!

De un lateral el aludido dio tres disparos precisos y certeros a sus hermanos quienes suspiraron derrotados mientras los otros dos saltaban celebrando su victoria, Seiya sonrió ampliamente al ver a la adolescente reír alegremente.

- ¿Quién dice que no es buena idea tener a la Diosa de la Guerra Inteligente en tu equipo? – Comento Shun de forma retorica mientras pasaba su brazo por sus hombros – O que tiene voz de almirante cuando ladra órdenes.

- Creo que me emocione mucho. – Balbuceo, avergonzada ocultando su rostro en el hombro del chico – Me gustan los juegos de guerra. Por eso me gusta el ajedrez.

- Y batalla naval, damas chinas, ludo y ese de la estrella que no sé cómo se llama. – Completo Seiya sonriendo – Lo sabemos.

- Por eso Seiya insistió en que vinieras sabíamos que ibas a disfrutarlo y necesitabas salir del trabajo entre las Empresas Kido y el Santuario casi ni te vemos. – Comento Shun con una sonrisa amable.

- Tienen razón. ¿Podemos jugar otra partida? – Pregunto con ilusión a lo que sus chicos solo sonrieron asintiendo divertidos.

- Ikki. ¿Juegas ahora sí? – Saori se dirigió a un lado del pequeño laberinto de juegos para hablar con el mayor.

- ¿Para qué quieres que juegues sin puedes con ellos sola? – Cuestiono con una sonrisa divertida.

- Pero la idea es que juguemos todos. ¿Puedes participar por Shun y por mí? – Si alguien le preguntaba a Ikki podía asegurar con toda certeza que Athena sabia ser manipuladora.

- De acuerdo.

La siguiente ronda fue una masacre, Ikki también era un estratega natural y cuando lo unías a la joven se convertían en un equipo infalible, en menos de diez minutos los tres adolescentes estaban acorralados sus respiraciones agitadas mientras intentaban ungir un plan para ganarles.

- Vencidos. – Grito Saori sonriendo triunfadora.

- Felicitaciones. – Dijo Seiya una vez se quitaron el equipo, las balas de pintura lastimaban un poco si bien la chica apenas había recibido unos cuentos.

- ¿Por qué? – Cuestionó recogiendo su largo cabello en una cola alta, los demás estaban pagando en caja.

- Por ganar. – Comento como si fuera algo obvio.

- Bobo. Es un juego, te lo agradezco. – Susurro dejando que su mano acariciara suavemente su brazo – Por hacerme venir.

- ¿Con todo y que te cargue como un saco para sacarte de la oficina? – Pregunto con timidez.

- Con todo y que me trajeras como un saco de papas. – Aseguro sonriendo con afecto, besando su mejilla.