N. de la A.: Y sí… hemos llegado al último capítulo de este fic. No quisiera comenzar este testamento (porque se alargó increíblemente xD) sin, primero, agradecerle a todas mis chicas que me apoyaron, me dieron ánimos, me sostuvieron, son lo máximo y las adoro. Este fic es para ustedes :) y a quienes me leen, gracias por seguirme tanto tiempo, en algo que partió como un proyecto. Kassandra, no te tengo en face, por favor lee mis comentarios al final. Hay una sorpresa. Sin más, les dejo con el último cap, larguísimo, espero que les guste ^^
PD: Las canciones que me inspiraron son: I've been losing you de A-ha, Out of touch de Hall&Oates, En esta habitación de Libido, y Cover my Eyes de Marilion ^^
Chapter 35
Ni siquiera alcanzaron a planificar alguna cosa, pues antes que Noiholt abriera la puerta, ésta explotó de pronto. Retrocedió a tropezones y buscó a Leon con la mirada, preocupada por él. Lo vio apuntando hacia la masa de polvo que se había levantado, viéndola con la misma expresión. Le dio una sonrisa rápida, para mostrarle que estaba bien, y corrió hacia un lado para salir de la zona roja. Cualquier cosa que saliera de esa habitación podría ser abatida si trabajaban juntos, en lo cual ya tenían experiencia.
Leon le indicó con gestos que le sirviera de apoyo, por lo cual cambió su arma de mano y corrió hacia atrás, colocándose finalmente a su espalda. La polvareda recién comenzaba a disiparse, revelando la extraña criatura que se paseaba por el piso dieciséis del hospital Saint Thomas.
Era muy parecido a un Tyrant en altura, sin embargo la evolución del virus mostraba en él claramente sus ventajas. En tamaño superaba los dos metros y medio; su cuerpo humanoide, macizo y robusto, lo hacía imponente como una roca. Su piel irregular parecía sujeta con dificultad a los huesos, la cabeza masticada y escupida al suelo carecía de un cuello visible que la sujetara sobre los hombros, cadenas de metal cruzaban sus piernas en donde una trusa miserable apenas tapaba ciertas partes (si las había), pero lo que más llamó la atención de Leon fueron los brazos. Uno parecía el típico experimento de Umbrella: garra afilada y larga como una espada curva. El otro era como un tentáculo electrificado, que sonaba constantemente, advirtiendo de su presencia.
– Noiholt, el brazo – susurró.
– Lo vi, señor – en realidad, no lo perdía de vista.
– Vamos a ver si podemos deshacernos de este bicho indecente. ¿Segura que no hay más gente aquí?
– Mi equipo me informó que el edificio había sido evacuado en su totalidad. Probablemente pasaste sin problemas porque les avisaron que venías a investigar… o ni siquiera se han dado cuenta que estás aquí. – Bufó, pensando que esa opción era posible.
– Cuando noté que algo raro pasaba, le pedí a Chris que me enviara algunos de sus hombres como refuerzos, por si acaso.
– Buena idea.
Leon miró hacia atrás, y sus ojos se encontraron rápidamente. Volvió la vista hacia el frente y se preparó para el ataque. Por experiencia, tenía claro que su H&K VP70 no le sería de mucha ayuda, y por eso siempre tenía una TMP en la espalda. Con la información que Ada le había proporcionado, fue más que suficiente para tomar precauciones. Además, Chris le había confirmado la extraña actividad que se gestaba en los subsuelos del hospital. Pensando en esto, llevaba algunas granadas explosivas y de luz en el cinturón, con lo cual se sentía bastante seguro.
Como si el monstruo deseara hacerles notar a ambos que no estaba ahí de adorno, rugió por primera vez: un alarido ensordecedor que les obligó a taparse los oídos. Acto seguido, dio manotazos a lo loco, destruyendo parte del muro que le impedía salir de la habitación. Lo que no había salido volando hace rato, lo hizo ahora, y el concreto molido que flotaba en el aire les molestó la visión justo en ese instante. Leon retrocedió y tomó a Noiholt por un brazo, obligándola a correr hacia un costado, punto ciego del BOW, para refregarse bien los ojos y pensar en algo.
– ¿Qué armas traes? – Preguntó el agente.
– Mi Taurus, unas granadas, y en el primer piso dejé armamento escondido en caso de que me faltara.
– Excelente. Veremos qué tan jodido nos sale este infeliz, y de acuerdo a eso actuaremos.
– OK.
– ¿Tienes alguna orden especial?
– En lo posible, debo llevar muestras de los experimentos.
– La conseguiremos. Haz tu magia, cariño – murmuró, dándole una rápida caricia en la mejilla y luego volviendo al campo de batalla – ¡eres la mejor agente de apoyo que he tenido… así que lúcete!
– ¡Sí, señor! – Respondió con una sonrisa.
Leon disparó un par de veces directo a la cabeza del BOW, sabiendo que Noiholt corría detrás de él, atenta a cualquier peligro. Tener esa tranquilidad le ayudaba a pensar en estrategias de ataque, tanto para matar al enemigo como para huir si la situación se ponía insostenible. Un agente siempre debía saber qué batallas pelear, y cuales evitar.
El monstruo chilló de ira al recibir los impactos, se golpeó el pecho cual gorila y se lanzó rápidamente a devolver la ofensa. Era bastante rápido para su tamaño y en menos de tres zancadas ya se encontraba casi encima de Leon. Intentó partirlo en dos con su enorme garra, pero el agente se agachó justo a tiempo y saltó hacia adelante, escabulléndose entre medio de sus enormes piernas. Noiholt se adelantó y disparó la Taurus al brazo electrificado con la esperanza de, al menos, dejárselo inutilizable. Pero lo que normalmente sería un impacto mortal se transformó en una simple perforación de bíceps que apenas sangraba. Soltó un duro improperio y corrió en diagonal, para ubicarse nuevamente a espaldas de Leon. Si una calibre 45 no hacía más daño que ese, entonces estaban comenzando a joderse. Plan B.
– ¿Lo viste? – Inquirió, ansiosa.
– Sí. Esto no pinta nada bien. Tengo una idea, pero necesito que lleguemos a los elevadores.
– OK, sígueme.
Corrieron por el largo pasillo en dirección a los ascensores, carrera que llamó la atención del enorme experimento y provocó su instinto de cacería. Se lanzó detrás de ellos, pisándoles los talones y amenazando con darles una caricia gracias a su garra electrificada. Leon se detuvo a medio camino y sacó la TMP, indicándole a Noiholt con señas que pulsara el botón para abrir la puerta del elevador izquierdo, el mismo que usó antes para subir. Descargó buena parte de sus municiones en el cuerpo de la enorme masa purulenta que los amenazaba, sin hacerle ningún daño aparente. Esquivó por milímetros un ataque que iba dirigido a su cabeza; en ese momento Noiholt lo llamó. La puerta ya estaba abierta.
– ¡Vamos a atraerlo hacia el ascensor! – Gritó el agente, convencido de su buen plan.
Ella le sonrió, entendiendo la idea. Silbó para guiar al BOW hacia su posición y le disparó al pecho, dejándole un bonito agujero. Éste gritó enloquecido, obligándoles a taparse nuevamente los oídos. Luego, corrió para atacar a Noiholt, quien entró al elevador con el objetivo de meterlo también, consiguiéndolo con éxito. Una vez estuvieron en el interior, imitó a Leon y se escabulló entre medio de sus enormes y ulceradas piernas. Se arrastró con rapidez por el suelo y corrió hacia un rincón, para que Leon pudiera arrojar libremente la granada que constituía parte de su plan. En ese momento, la alemana sacó una pistola 9mm que tenía escondida en una pierna y disparó al artefacto explosivo, haciendo que detonara de inmediato. Leon alcanzó a llegar junto a ella a tiempo y se arrojó encima, protegiéndola de los pedazos de concreto y metal que volaron a su alrededor, acompañados del chillido espantoso con que el BOW les hizo notar su dolor. Si es que lo sentía.
Un trozo mediano de muralla impactó en la espalda de Leon, y algunos pedazos de la puerta metálica se incrustaron en la pierna derecha de Noiholt, pero era un pequeño precio a pagar considerando que no tenían heridas graves, y que continuaban vivos y coleando.
Gracias a la explosión, el elevador se desintegró por completo y cayó estrepitosamente, llevándose al monstruo consigo hasta el fondo de los cimientos. Su grito de rabia reverberó como un anuncio fatalista, hasta que finalmente… se extinguió.
– ¿Estás bien, Leon? – La voz de Noiholt sonó teñida de pánico.
– Sí, tranquila, ¿qué tal tú?
– Duele, pero nada terrible.
Ambos se observaron atentamente a través de la polvareda y el estropicio, hundiéndose en los ojos del otro, escrutándose en silencio, sintiendo como si el tiempo se detuviera y sólo existieran ellos habitando ese destrozado metro cuadrado. Leon esbozó una tierna sonrisa sin quitarse de encima; le acarició el rostro y el cabello, a pesar de lo extraño que le resultaba aún ver a Noiholt morena y de ojos color marrón. Ella nuevamente guió la mejilla al encuentro de su mano, pero esta vez Leon no la apartó. Así se quedaron por alrededor de un minuto, luego había que regresar a la realidad.
El agente se alzó de a poco hasta quedar medio sentado, el golpe en la espalda había sido bastante duro. Noiholt, en tanto, evaluó los daños en su pierna: sólo eran cortes de escasa profundidad. Rompió parte de su camiseta y se aprestaba para vendar, cuando Leon se adelantó y tomó el trozo de tela con firmeza.
– Yo lo haré. – Dijo en un tono que no admitía réplica.
Ella ni siquiera se atrevió a contradecirlo. Estiró su extremidad y lo observó cumplir con su cometido meticulosamente, hasta conseguir un vendaje perfecto. Luego, él se paró del suelo con gracia y sacudió sus pantalones. Noiholt sonrió sin darse cuenta, moviendo la pierna para ver el resultado desde diferentes ángulos.
– Gracias.
Leon estiró un brazo en su dirección, invitándola a levantarse. Lo tomó e inmediatamente abandonó el suelo, para luego ser apresada por los duros músculos del agente. Sintió sus grandes manos en la cintura, quemándole la piel ansiosa de su toque, y renuente se apartó. No convenía poner a prueba su autocontrol.
Leon la miró sin ocultar su decepción. Incluso, pudo leer fácilmente en su rostro que le dolía el rechazo.
Lo lamento pero tienes que entender… ya no estamos juntos… a pesar de lo mucho que me hiere apartarme de ti…
Pero el hombre se recompuso rápidamente y asintió, como siguiendo el hilo de sus pensamientos. Noiholt tragó saliva, sintiendo que su determinación iba muriendo a cada instante que lo tenía a su alcance y se veía obligada a rechazarlo.
– Tenemos que salir del edificio. Pero antes… – Leon caminó en dirección hacia donde se encontraba antes el elevador, agachándose de pronto – aquí está tu muestra, ¿tienes dónde ponerla?
– Sí, muchas gracias – se levantó la falda y dejó su pierna izquierda al descubierto, tomando una pequeña probeta escondida en el liguero.
Leon la miró descaradamente… Noiholt, falda, liguero. Una combinación explosiva para sus hormonas. Hizo un gran esfuerzo por desviar la mirada y calmar cierta parte de su anatomía que amenazaba con alzarse imponente, reclamando atención. Pero la chica notó el brillo demencial en sus ojos azules y retrocedió, temerosa de caer en su embrujo. No sabía cuánto más podría resistirse a la atracción fatal que los unía. Pasada la emoción de verlo nuevamente, luego de un año separados, su cuerpo añoraba las caricias que solía prodigarle y el suplicio de mantenerse alejada hacía estragos en su mente. No hubo un solo día en que no pensara en él. Y lo mismo pasaba a la inversa, pero ella no lo sabía. Pensaba que Leon definitivamente era pareja de Ada.
Sacudió la cabeza para no seguir pensando en cosas dolorosas; tenían que bajar al primer piso. Recogió la muestra que le había ofrecido y la guardó en el liguero, notando de refilón que Leon ahogaba un quejido y caminaba hacia cualquier parte, como huyendo. Ella se mordió la boca para distraerse. Entendió que él la deseaba y no quería sucumbir a sus ganas de echársele encima y besarlo hasta quitarle el aliento. Debo distraerlo…
– Vamos al elevador de servicio que íbamos a usar antes que apareciera esa cosa. Con él podremos llegar al primer piso sin problemas.
– Te sigo.
Trotaron suavemente hacia su objetivo. Noiholt apretó el botón y esperó, acomodándose la chaqueta gris perla que llevaba y sacudiéndose las piernas. Observó que Leon movía un hombro como si le doliera; probablemente a causa del trozo de concreto que le golpeó la espalda por cubrirla. Le miró con un rostro lleno de preocupación, él se dio cuenta y le dedicó una leve sonrisa.
– Son gajes del oficio. – Musitó, encogiéndose de hombros y recuperando su gesto adusto.
A Noiholt le tembló la barbilla visiblemente, delatando su estado de ánimo más profundo. Giró la cabeza y volvió a apretar el botón, por hacer alguna cosa, así no tenía que verlo con ese rostro taciturno, tan diferente a lo que recordaba de él. Le dolía en el alma verlo tan oscuro, tan siniestro.
Leon ladeó la cabeza, como preguntándole qué ocurría. Pero finalmente suspiró y cuando iba a abrir la boca, el elevador había llegado. Se abrieron las puertas y ambos ingresaron. Noiholt marcó el primer piso y comenzaron a descender con una lentitud exasperante. Paseó la vista por todos lados, mirando hacia arriba, las esquinas, el apoyabrazos, porque si enfocaba la vista en Leon perdería la batalla contra sus deseos, y no era buena idea considerando las circunstancias.
– ¿Estás bien?
La voz del que fue su hombre interrumpió el incómodo silencio. Sin mirarlo, apoyó un hombro en el enorme espejo que los reflejaba y bajó la cabeza.
– ¿Ya no me hablas?
El tono dolido de su voz la obligó a levantar la mirada en su dirección. Tragó saliva antes de contestar.
– Lo siento. Tengo… – vaciló, buscando la palabra adecuada – tengo… miedo de mis sentimientos por ti.
– ¿Y eso? – Frunció el ceño, sopesando la frase – ¿Por qué?
– Me afectas – se llevó una mano al corazón – sabes lo que me haces. Sabes que te quiero, Leon.
– ¿Y eso te hace dudar de lo que sientes por tu novio? – Escupió la última palabra con una mueca de disgusto, como si hubiera masticado algo muy desagradable.
Noiholt se ruborizó y escondió la cara, girándola hacia atrás. Pero Leon evaluó su reacción viéndola a través del espejo, y apretó los puños. Novio… si no era un adjetivo calificativo dirigido a su persona, sonaba como un insulto. Y aunque sabía muy bien que no tenía derecho a quejarse, los celos no son algo fácil de controlar. Cerró los ojos y trató de calmarse, contando mentalmente los pisos que faltaban para llegar a su destino.
Noiholt no levantó la cabeza por temor a perder la compostura. Y cuando por fin el elevador se detuvo, nunca le había parecido más oportuna la apertura de puertas, ni siquiera esa vez que se encontraron en el ascensor del edificio donde trabajaban.
Leon se adelantó y se interpuso en el sensor, para que no se cerrara de golpe. Noiholt avanzó mientras sacaba la Taurus, apuntando por si acaso se encontraban con alguna sorpresa. Aparentemente, todo estaba tranquilo. Bajó un poco los brazos y relajó ligeramente la postura, observando que la salida no estaba muy lejos de donde se encontraban. Leon llegó a su lado, también atento a cualquier movimiento.
– Parece estar limpio. ¿Vamos? – La invitó, con una reverencia provista de mucha galantería.
– Sí, señor. – Le sonrió, tomándole el brazo. Al verlo así de gracioso no pudo resistirse, le recordaba al Leon que ella conocía.
Lamentablemente, alguien no pensaba dejarlos salir así de fácil. El estallido de un elevador más allá los alertó del peligro. ¡El enorme monstruo del piso 16 había vuelto para vengarse!, con un aullido lleno de ira y malos deseos, destruyó la puerta que le impedía lanzarse contra sus enemigos y se golpeó el pecho, demostrándoles que ni siquiera él mismo podría dañarse, de quererlo así.
La chica retrocedió sobresaltada. Leon decidió actuar rápido, tenía previsto que el plan B fallara, así que ahora pasaremos al plan C.
– Noiholt, dame tu arma –le ordenó.
– Sí, señor –murmuró, entregándosela sin siquiera cuestionarlo.
El agente apuntó y con precisión milimétrica, acertó los tres disparos limpiamente en el pecho del BOW. Pero al igual que antes, éstos sólo dejaron grandes agujeros, sin ser heridas realmente mortales. El chirrido exasperante del brazo electrificado se intensificó de pronto, justo en el momento que la enorme masa de carne daba un salto gigante hacia ellos, estirando la enorme y escandalosa extremidad como si fuera de goma, con el propósito de electrocutarlos. Leon y Noiholt saltaron hacia lados opuestos, esquivándolo por muy poco.
El BOW chilló de furia, dando manotazos como un loco por todo el lugar, amenazando con derrumbar las paredes a golpes. Leon daba rápidos vistazos al perímetro, buscando puntos estratégicos que le sirvieran de apoyo para ejecutar su estrategia. Sabía que en cualquier momento llegaría el apoyo que había solicitado a Chris, así que sólo era cosa de ganar tiempo.
Noiholt silbó de pronto, atrayendo al monstruo, y le indicó a Leon con la mirada que corriera hasta el otro extremo. En la mano llevaba una granada. Él le respondió con un gesto veloz de cabeza: "no". Ella se encogió avergonzada y guardó el explosivo, luego levantó las manos, diciendo "¿qué demonios hacemos?".
Pero el enorme humanoide no tenía intenciones de permitirles conversar con señas, así lanzó su enorme garra hacia Noiholt, que le esquivó sin mayores dificultades. Se juntó con Leon en medio del lugar, momento que él aprovechó para explicarle rápidamente en qué consistía su plan. Ella escuchó atentamente, asintiendo y comprendiendo, tomando su arma de 9mm y preparándose para desarrollar el plan. Leon le dedicó una media sonrisa y se giró, volviendo a disparar la Taurus. El cuarto hoyo en el pecho terminó por agotarle la paciencia al monstruo, que rugió nuevamente, infinitamente furioso, y las emprendió contra la construcción, lanzando mesones por los aires, derrumbando unas columnas, usándolas para tirar muros y destruir todo a su alrededor. Noiholt se dio cuenta que, de seguir así, no sólo escapar les sería imposible, sino que además terminarían como puré cuando el techo cediera y les cayera encima.
– ¡Mierda! ¿Leon? – Exclamó, pensando rápidamente si tenían donde guarecerse.
– ¡Lo sé, sólo apóyame cariño! – Se llevó la mano al cinturón y cogió una granada, sosteniéndola firmemente.
La chica corrió hacia un lado con Leon detrás, disparando a momentos para que el BOW no se acercara demasiado. Pero éste no parecía rendirse, lanzándoles parte de una columna que se estrelló contra el muro más próximo a ellos. Leon vio de reojo cómo esa pared estaba a punto de derrumbarse. Tenían que quitarse, pero Noiholt no iba a conseguir esquivarlo…
Ni siquiera lo pensó. Jaló de su chaqueta y la arrojó hacia un lado con todas sus fuerzas, haciéndola rodar por el suelo, momento que el monstruo aprovechó para atacarlo. Lanzó su garra electrificada, la cual impactó en el costado derecho de la espalda del agente Kennedy. La corriente se esparció por todo su cuerpo, haciéndolo rugir de dolor.
– ¡LEON! – chilló la alemana, desgarradoramente desde el fondo de su garganta.
El aludido, al borde de la inconsciencia, alcanzó a cumplir su plan C: quitó el seguro a la granada y la embutió en el hoyo que había dejado la Taurus. Noiholt lo vio haciendo eso y disparó rápidamente hacia la garra, consiguiendo que le soltara. Corrió hacia él, se echó a Leon encima y, a cuatro patas, arrastró sus 83 kilos lo más lejos que alcanzó antes que la granada hiciera su parte. La explosión reventó la mitad del cuerpo putrefacto del BOW, creando una onda expansiva que terminó de lanzar a Noiholt y Leon varios metros más allá, bajo una lluvia de sangre y músculos, sin embargo no resultaron heridos sólo gracias a que la masa carnosa del monstruo absorbió casi todo el impacto.
Segundos después, la alemana abrió los ojos, algo confundida. Tanteó terreno dolorosamente, dándose cuenta que Leon no estaba con ella. Alzó medio cuerpo, buscándolo desesperada y lo encontró poco más allá, pálido. Se arrastró con dificultad hasta quedar a su lado y le tomó el pulso en el cuello… nada. Acercó la oreja a su boca… no estaba respirando.
¡Maldición!
Se quitó los dolores de un golpe, colocándose inmediatamente a su costado y cogiendo su transmisor.
– ¡Quiero una maldita ambulancia EN ESTE PRECISO INSTANTE! – Gritó desesperada – ¡me importa una mierda, envíala, joder!
Soltó el aparato y comenzó con las maniobras de resucitación. Treinta repeticiones, dos respiraciones. Intentó mantener la calma a toda costa, porque estaba a punto entrar en shock, y no podía permitírselo: la vida de Leon dependía de sus capacidades, y para eso mantener la cabeza fría era prioridad.
Terminó la primera ronda, se inclinó de inmediato. Nada.
¡Leon…!
Esta vez ya sin tanta calma, se lanzó de nuevo al masaje cardiaco. No tiene pulso, no respira…
En la tercera ronda ya casi no podía verle la cara. Tenía los ojos nublados de lágrimas y estaba a punto de ahogarse gracias al llanto contenido.
– Maldita sea, Leon… respira de una buena vez… – chillaba sin perder la cuenta – no te puedes morir, no aquí, no ahora, sin que me aclares qué carajos pasó hace un año… ¿por qué la elegiste a ella en vez de mí?, ¿crees que te voy a dejar así nada más?, ¡qué fácil sería para ti, idiota! – Golpeó su pecho cerca del corazón repetidamente – ¡respira y vive, para que yo pueda abofetearte por haberme abandonado así,… te quiero de rodillas, maldito playboy del infierno!
Acercó su boca para darle aire, cuando Leon abrió los ojos y comenzó a toser dificultosamente, escupiendo algo de sangre. Noiholt lo giró sobre su costado para que no se atorara con sus fluidos y apoyó la frente en su hombro, llorando agradecida de que hubiera vuelto de donde quiera que estuviera.
– ¡Leon…! – Sollozó.
– Hola… – saludó, en tono quebradizo.
– No hables, amor, por favor… – sorbió sus lágrimas ruidosamente – pedí ayuda, vienen en camino, no te muevas…
Leon esbozó una sonrisa. Noiholt no se dio cuenta que lo había llamado de la forma que solía hacerlo sólo en los momentos de mayor intimidad. Eso le dio una idea, pero no estaba en condiciones de pensar mucho: sentía el cerebro en llamas, casi frito.
– Respira, Noiholt… – balbuceó el agente, perdiendo de a poco el conocimiento por segunda vez – no te… ahogues…
.
.
Cuando Leon abrió los ojos, lo primero que vio fue la cantidad de cables que salían de su cuerpo. Pestañeó, algo desorientado. El sonido irritante del monitor cardíaco lo hizo despertar un poco más, oteando alrededor un poco ansioso. Se dio cuenta que le habían puesto una sonda por la nariz. Genial.
Alguien se removió a su costado. Dormida, sentada en un banquillo de plástico y descansando la cabeza sobre los brazos, se encontraba una chica de largo cabello negro. Confundido, se preguntó quién era.
Noiholt.
Como una cadena de sucesos, la memoria de Leon enlazó hechos recientes. Londres, Hospital Saint Thomas, Elizabeth Dankworth, piso 16, Noiholt, BOW, electrocución…
Apretó los ojos, sintiendo el dolor de cabeza aumentar conforme recordaba todo lo ocurrido. Los entreabrió ahora, mirando a la chiquilla a su lado. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que la encontró?
Estiró penosamente un brazo, alcanzando con sus dedos esa mejilla sonrosada. Noiholt despertó de pronto, sobresaltada, y sus ojos brillaron de emoción al verle despierto y con una expresión traviesa en la mirada.
– ¡Oh, Leon…! – Exclamó, cogiéndole la mano.
– Lamento haberte preocupado. Te ves terrible – observó, apreciando las oscuras ojeras que empañaban su piel de porcelana.
– Olvida eso, ¿cómo te sientes?
– Uf… es difícil decirlo, no sé qué me duele más. – Miró su pecho, sin poder moverse – haces un masaje cardiaco terrible, deberías saberlo – se burló.
– Apenas conseguí aprobar el ramo de resucitación. No hubiera servido para ser enfermera. – Hizo una mueca disconforme.
Leon se encontraba muy débil como para apretarle la mano de la forma que quería, pero Noiholt se dio cuenta y lo hizo ella, transmitiéndole así todos los miedos y la desesperación que había sentido cuando creyó que le perdía.
– ¿Cuánto tiempo ha pasado? – Preguntó el agente maltrecho.
– Dos días.
– ¿Qué dijeron que tengo?
– Algunas quemaduras internas, pero nada terrible. La corriente salió de tu cuerpo, por eso sobreviviste bastante… bastante entero. – Su mirada se oscureció, recordando el momento en que vivió el miedo más grande de su vida. Prefería pasar hambre mil veces, ser golpeada por su Kru Yai de Muay Thai para que aprendiera a defenderse, viajar kilómetros sólo a pie, sucia y devastada, incluso ser molida a patadas hasta quedar moribunda bajo los puños de Albert Wesker, cualquier cosa sonaba mejor para ella que ver a Leon sufriendo como lo hizo. Se aferró a la mano que aún sostenía y la pegó a su rostro, tratando de pensar en lo ocurrido como si hubiera sido un mal sueño. – Fuiste demasiado imprudente… ¿cómo se te ocurrió embutirle la granada en ese momento?, ¡pudo haber explotado contigo ahí!
– Sabía que me ibas a sacar del peligro como fuera.
– No vuelvas a darme un susto así… – cerró los ojos y volvió a acariciar su mano con la mejilla. Leon se quedó mudo por un momento, luego frunció el ceño.
– ¿Por qué tengo la sensación de que me llamaste idiota? – Algunos recuerdos del momento en que Noiholt le hacía maniobras de resucitación llegaron a su cerebro, como envueltos por una nebulosa.
– ¿Eh…? – Había olvidado por completo lo que dijo en esos instantes. Pestañeó un par de veces – no lo sé, puede ser.
– Aunque me lo merezca, todo está un poco confuso.
– Luego de que volviste a desmayarte, te arrastré hasta la puerta y dos hombres de Redfield llegaron en ese instante. Me ayudaron y revisaron el lugar, en algún momento se escucharon unos sonidos extraños desde los pisos subterráneos. A los pocos segundos, explotó una bomba abajo y tuvimos que salir corriendo, fue bastante… digamos, emocionante – soltó una risita nerviosa – como yo no podía cargarte, el novato lo hizo. Nivans, parece que se llamaba. Llegó la ambulancia que había pedido y te trajimos hasta aquí.
– Y por lo que veo, te quedaste desde entonces.
– ¿Por qué dices eso, huelo mal? – Inquirió, alarmada.
– Para nada. Simplemente sé cómo actúas.
Noiholt hizo una mueca disconforme, como si hubiera recordado algo en lo que no quería pensar. En ese momento, la puerta se abrió de golpe y un agraciado joven entró. Tendría unos 30 años, piel blanca y lindos ojos verdes, enmarcados por una corona de cabello negro azabache. Llevaba una bata blanca, y una identificación que ponía "Dr. Woodgate". Alzó una ceja al ver la escena que se gestaba ante sus ojos, y acomodó sus gafas a modo de llamarles la atención. Leon giró la cabeza en su dirección con bastante dificultad, y vio en él la incomodidad que sentía. ¿Qué le pasaba?
– Beth – murmuró el recién llegado.
– Dan – respondió Noiholt, para sorpresa de Leon. – Estoy ocupada, por favor hablemos luego.
El agente pestañeó varias veces, digiriendo aún lo que acababa de ver. Más aún: Noiholt había abandonado por completo su acento alemán, sustituyéndolo por un perfecto inglés británico. Además, respondió al nombre de "Beth"… ¿era su nombre de encubierto?, Beth… Elizabeth… ¿Elizabeth Dankworth?
¡Tenía que ser así, todo encajaba ahora!, no podía ser tanta coincidencia que justo la encontrara en el piso 16 por nada.
Ada… lo sabías, ¿cierto?
Leon sonrió, comprendiendo ahora todo lo ocurrido. Espero verte pronto para agradecértelo.
– Necesito revisar el estado del paciente.
– Entonces, saldré.
Al levantarse, Leon pudo ver que Noiholt también llevaba una bata. Y así confirmó su teoría, viendo la identificación que colgaba de su bolsillo. "Dra. Dankworth".
Al cabo de unos 10 minutos, la alemana no aguantó más la espera y decidió entrar nuevamente. El Dr. Woodgate parecía satisfecho, la medicación surtía efecto y Leon podría ser dado de alta en breve. Cuando vio a Noiholt entrar, frunció el ceño y habló usando un tono bastante seco.
– Necesito hablar contigo – e hizo un gesto con el brazo, invitándola a salir de nuevo.
– ¿Es urgente? – El doctor asintió con la cabeza – bien. Volveré en breve, señor Kennedy.
Leon no supo qué contestar, aún perturbado con ese perfecto acento inglés. Los vio salir, y a su mente acudió la peor idea que podría tener: ese tipo era el novio de Noiholt. Lo era, ¿verdad?, de lo contrario no tendría sentido que pusiera esa cara por verlos juntos. A pesar de su horrible dolor de cabeza, y del incesante pitido del monitor cardíaco, agudizó el oído lo más que pudo gracias a sus años de experiencia como agente, y consiguió escuchar la conversación que se daba afuera.
– ¿Por qué una siquiatra pasa dos días con un paciente que no sufre problemas… digamos, "siquiátricos"? – La última palabra sonó con una ácida nota de sarcasmo.
– El señor Kennedy sufre estrés post-traumático – se cruzó de brazos, Leon pudo apreciarlo por la sombra a través de la ventana – ¿sabes qué?, no debería darte explicaciones, Daniel.
– No puedes negar que se ve raro.
– Quéjate con RRHH, entonces. No pierdas el tiempo reclamándome por hacer mi trabajo.
La puerta volvió a abrirse. Noiholt entró muy molesta y tomó asiento nuevamente junto a Leon. Suspiró y apoyó los codos en la cama, descansando la frente sobre sus manos.
– ¿Te he causado problemas? – Preguntó con suavidad, ansioso de dar respuesta a sus cavilaciones anteriores.
– No lo digas ni de broma. Nadie podrá apartarme de ti hasta que salgas del hospital. – Negó con la cabeza, reafirmando sus palabras.
– ¿Ese tipo es… bueno, tu novio? – Volvió a decir el adjetivo como si fuera un insulto.
Ella levantó la cabeza, y sus ojos marrones mostraron evidente confusión. Leon apretó la mandíbula en un gesto reflejo, pensando a mil por hora.
– Me parece que no le quieres. Además, no sabe quién eres en realidad – observó, sin poder contenerse.
– ¿Por qué dices eso? – Intentó sonar enfadada, pero fracasó.
– Te conozco.
– Pues, si mal no recuerdo, hace más de un año actuaste como si no me conocieras en lo absoluto – replicó, ahora molesta.
Leon alzó una ceja. ¿Quieres jugar a esto?, muy bien. Juguemos.
– Te gusta fingir que estás enfadada conmigo, para luego sorprenderme desnuda en alguna parte. Te me has aparecido en la cama, en la ducha, en el coche, en…
– Uhm – interrumpió con un gruñido, girando la cara hacia un lado.
– Babeas mientras duermes, y arruinaste casi todas mis almohadas.
– ...
– Cuando bebes vodka, te agarra un hipo infernal que no se te quita con nada.
– ¿Podrías humillarme un poco menos? – Jadeó, sonrojándose como un foco.
– Después de hacerte el amor, me hablas sólo en alemán. Odias los documentales nazis que dan en el Discovery Channel. Escuchas "The Rhythm of love" de Scorpions a escondidas, como si cometieras un pecado. A veces usas zapatos con plataforma para verte más alta, y te gustaría aumentar la talla de tu sujetador. Pero no sabes… – sus ojos se suavizaron – no sabes cómo me gusta lo que tienes. Eres perfecta para mí.
– Ah… – su respiración se volvió irregular. Él ladeó la cabeza y continuó.
– A pesar de los años que han pasado aún te sientes culpable por la muerte de tu madre. Intentas olvidar que tienes familia y que no sólo no te quiere, sino que además te desprecia. Finges que te da igual, pero sé que es una herida abierta para ti. Tiene que dolerte, porque a pesar de tus esfuerzos, no puedes ocultarme que eres maravillosa. – Ella le miró sorprendida, dejando escapar una lágrima que fue rápidamente interceptada por los hábiles dedos de Leon – viajar por el mundo fue tu forma de escapar al dolor, porque no te sentías capaz de enfrentar tu infierno. Es la misma razón por la cual siempre tiñes tu cabello, es tu escudo. Eres atea, pero deseas con toda tu alma creer que tus padres están en un lugar mejor… porque así sus muertes no habrán sido en vano, y el dolor que tuviste que pasar tendrá entonces algún sentido.
Noiholt escondió la cara entre sus manos, incapaz de seguir escuchando. Leon tomó una y la apartó, mirándola con una expresión que ella nunca le había visto. Estaba llena de comprensión, entendimiento… de amor. Tragó saliva.
– ¿Por qué, Leon? – Murmuró, con voz quebrada – ¿por qué tuviste que dejarme así?
– Realmente pensé que te hacía un bien apartándome de tu camino. Nunca creí que estaba cometiendo el mayor error de mi vida, hasta que Claire me hizo entrar en razón.
– No fue un error. Eso te ayudó a darte cuenta que en realidad siempre has amado a Ada, y no a mí. Ahora deben estar bastante felices ustedes dos. Supongo que no le contarás que me encontraste – se tragó las lágrimas, ahora con ira contenida.
Leon movió la cabeza, visiblemente sorprendido.
– ¿Qué? – Abrió la boca, la cerró, luego la abrió de nuevo – ¿tú piensas que Ada y yo estamos juntos?
– No juegues con mi salud mental, joder – le gruñó – me dejaste para estar con ella.
– ¡Te dije que no fue así!, ¿acaso no escuchaste nada de lo que te expliqué ese día?
– ¡Pues te la follaste, maldita sea!
– A ver, estás muy equivocada.
– No quiero saber nada de eso, Leon. No me hagas más daño por favor. – Hizo ademán de levantarse, pero él la retuvo de un brazo con toda la fuerza que era capaz.
– Ésta vez no te me vas a escapar. Escucharás todo lo que tengo para decirte, de principio a fin, y luego puedes hacer lo que te plazca. Pero primero, óyeme.
Noiholt quería huir de aquella conversación, pero tenía miedo de interrumpir la recuperación de Leon si forzaba las cosas. El tono de su voz le dio a entender que no la dejaría ir sin que le permitiera explicarse, y sabía que era capaz de levantarse de esa cama con tal de conseguirlo, si ella amenazaba con largarse. Dando un bufido exasperado, volvió a acomodarse en el banquillo y se cruzó de brazos.
– Te escucho.
– Primero, Ada y yo NO estamos juntos – enfatizó la negativa – y NUNCA lo estuvimos. Yo cometí demasiados errores el año pasado, como darte a entender que la quería a ella. – Se quejó de forma audible, pensando si contarle… no, no debía dudar, debía decirle todo si aspiraba a tenerla de nuevo – esto es patético, pero cuando le hice el amor, fue pensando en ti.
– ¿Debo sentirme halagada? – Alzó las cejas.
– No. Pero es para que te hagas una idea de hacia dónde apuntan mis sentimientos.
Noiholt tragó saliva y su rostro se tiñó de un gesto doloroso.
– Cuando fuiste a mi apartamento, supongo que fue para contarme que estabas embarazada ¿no? – ella asintió, agachando la cabeza – ese día yo quería desesperadamente hablar contigo. Pero tú sólo te largaste y me impediste tratar de arreglar las cosas. Sé que me porté como el rey de los imbéciles, y gracias a eso todo lo que nos rodeaba se ha vuelto un montón de malos entendidos. Pero Noiholt… no pude olvidarte. No puedo.
– … – levantó la mirada, clavándola en sus profundos ojos azules.
– Vine hasta aquí para encontrarte. Me importa una mierda el bioterrorismo en este momento. – Se esforzó por quedar medio sentado, acercándose un poco más a la chica – sólo estoy aquí por ti. Y te esperaré, porque sé que no me has olvidado.
– ¿Qué?, Leon… – balbuceó.
– Estoy enamorado de ti.
Esas palabras fueron como un detonante para la alemana. Se quedó boquiabierta, sin saber qué contestarle, mientras Leon entornaba los ojos como si le doliera algo. Era su corazón, pero no el músculo que latía y lo mantenía vivo, era la profundidad de su confesión y la incertidumbre de lo que pasaría ahora.
– Vuelve a acostarte, podrías retroceder en tu recuperación – murmuró ella aún turbada, guiándolo con manos trémulas hacia el descanso en la almohada.
– Te esperaré, Noiholt – dijo vehemente.
– Leon… no deberías…
– Estoy consciente de que mereces mucho más que eso, pero es lo único que puedo hacer por ahora.
La chica apretó los ojos. Luego los abrió, cristalinos como el agua.
– Me hiciste mucho daño – sollozó – tengo miedo de que me hieras así nuevamente.
– Lo sé. Pero así como me lo dijiste tú un día, esta vez lo haré yo: te demostraré que soy el único que puede tenerte. Así me demore años.
– Leon, es que… – frunció los labios y bajó la cabeza.
– No te voy a molestar, ni te voy a acosar. Sólo estaré ahí.
Ante esa frase, Noiholt no pudo contener un sollozo. Empuñó las manos, tan fuerte que una de sus uñas le rompió la palma, pero ese dolor no era suficiente para distraerla del que sentía en su pecho. Leon alzó su rostro desde la barbilla y la observó con una expresión tan desamparada, que Noiholt se hubiera echado todo eso al hombro sólo para evitarle la angustia. No soportaba verlo sufrir.
– Perdóname, no puedo con esto – gimió ella – no quiero herirte. No funcionamos. No podemos hacerlo.
Leon frunció el ceño dolorosamente y apretó los dientes, mientras su respiración cambiaba y el monitor que medía sus pulsaciones se aceleraba rápidamente. Noiholt se preocupó, paseando su vista entre la pantalla y Leon, quien ladeó la cara en ese instante como si quisiera esconderse. Sin embargo no lo hizo lo suficientemente rápido, pues la chica alcanzó a divisar una lágrima que resbalaba por el rostro varonil.
Nunca en la vida había sentido un dolor tan agudo como en ese momento, viendo a Leon. Se levantó del banquillo rápidamente y retrocedió, asustada.
– Es… es mejor que me vaya.
Salió pitando de la habitación, horrorizada por lo que acababa de presenciar. Ese Leon dañado, destruido, ni en sus peores pesadillas habría imaginado verlo así. Herir a Leon era algo que no podría nunca perdonarse. A duras penas consiguió llegar a las escaleras de emergencia sin desplomarse por el camino, confundida y adolorida por las circunstancias. No sabía qué hacer.
Leon en tanto, inmovilizado por cables y vendas, había apoyado una mano en su frente y parecía un niño abandonado. La perdí, maldita sea…
No. No debía pensar así. Eventualmente la volvería a ver, y podría hablarle. Le demostraría su punto, y borraría todas las heridas que dejó anteriormente. La había dañado terriblemente, y por eso era el único capaz de convertir esas marcas en cicatrices. Era su tarea, le correspondía por derecho, y nadie más tendría esa misión.
Con ese pensamiento, se quedó dormido lentamente.
.
.
Noiholt no volvió a entrar en la habitación. Pero la veía vigilarlo desde fuera, atenta a cualquier cambio. Y aunque él se moría de ganas por hablarle, decidió respetar ese espacio que había impuesto, convencido de que sólo debía darle tiempo.
El día que recibió el alta, tomó sus cosas y se fue en completo silencio de aquel hospital. El Dr. Woodgate le recetó algunos medicamentos para asegurarse que no tendría secuelas posteriores, y parecía secretamente complacido por alguna razón. Leon creía saber cuál era, pero no le diría nada. Sería inútil iniciar una discusión sobre algo que, por el momento, no tenía remedio.
Esperaba ver a Noiholt aunque fuera de lejos. Buscó su largo cabello negro pero no pudo hallarla. Así, el taxi que lo recogió le llevó al aeropuerto, con el ánimo por los suelos y completamente desesperanzado.
Ya en el avión, pidió un brandy y cerró los ojos. No tenía ganas de mirar por la ventana, o de fingir que se sentía mejor de lo que parecía. Todo le daba igual en ese momento. Tal vez emborracharse como un adolescente le ayudaría a olvidar momentáneamente.
De pronto, un aroma familiar inundó sus sentidos. Y unos brazos blancos y suaves se apoderaron de su cabeza, atrayéndola hacia unos pequeños pechos que él conocía muy bien. Leon, que había abierto los ojos por la sorpresa, volvió a cerrarlos sin decir palabra y sólo disfrutó del momento. Si estaba soñando, pues era una situación muy agradable.
No, no es un sueño: Noiholt está aquí.
La sintió estremecerse. Trató de verla pero ella se lo impidió, apretándolo aún más contra su pecho agitado. Sintió sus lágrimas caerle en el cabello, pero no podía moverse, lo tenía aprisionado.
– No llores – dijo en un susurro, pues fue lo único que se le ocurrió.
Pero esa petición redobló sus sollozos, convirtiéndolos en un quejido auténtico de dolor. Ahora, Leon comenzaba a desesperarse. ¿Qué podía hacer?, no soportaba verla sufrir sin ser capaz de darle consuelo.
– Dime algo – pidió, alarmado.
– Idiota, estúpido, imbécil, cabrón, playboy maldito – balbuceó en tono quebradizo – te odio, porque a pesar del tiempo que ha pasado, no pude olvidarme de ti. Te odio, porque me haces confesarte que te he mentido. – Hizo una pausa, tratando de calmarse – cuando nos encontramos, creí que estabas con Ada. Y por eso te dije que tenía a alguien. Es mentira. Estoy tan sola como cuando me dejaste. – Volvió a apretar su cabeza contra su pecho, sintiendo que él quería voltearse a verla – y te odio, porque te amo más que a mi orgullo y a mi trabajo.
En ese momento, Noiholt lo soltó. Caminó hacia el asiento de al lado y se acomodó frente a Leon, secándose la cara con una mano y mirándolo a través de sus lentillas.
– Renuncié a la misión. Vuelvo contigo a los EEUU.
– ¡¿Hiciste qué?! – Exclamó, revolviéndose el cabello en un gesto nervioso.
– Ya les di lo que querían, averigüe lo más posible, les llevé su maldita muestra… y estoy aquí hace un año. Es suficiente, no quiero más de esta mierda. ¿Sabes lo difícil que es para mí esconder mi verdadero carácter y fingir que soy alguien diferente?, es un suplicio. No pensé en esos detalles cuando acepté. – Se removió en el asiento – no te preocupes. Ya me los había echado encima cuando pedí la ambulancia que te trasladó al hospital.
Ambos se miraron con intensidad, sin moverse, casi sin respirar.
– Vuelves conmigo… – musitó, aún sin creérselo del todo.
– Tengo un par de requerimientos para ti, herr Kennedy.
– Lo que quieras – respondió de inmediato.
– Si me da la gana de insultarte en chino, lo haré. O en cualquier idioma que me sepa. ¿Estamos? – Él asintió, sorprendido – y por favor, no vuelvas a disculparte por lo que ocurrió. Lo has hecho casi desde el día que me dejaste. No quiero nada más de eso.
– ¿Qué deseas, empezar de cero?
– Tampoco. Quiero que hagamos bien las cosas. Tú aprende en silencio de lo tuyo, y yo haré lo mismo con lo mío. Conozco mis problemas, sé de mis paranoias y de mis celos… ¿hay algo más que no te guste de mí?
– Lo dudo. Adoro tu celopatía. Recuerdo con mucho cariño ese día que me arrojaste los trastos por la cabeza, creyendo que había salido de copas con la chiquilla de contabilidad.
– Eso fue tu culpa, por no contestarme el celular… – su voz fue perdiendo fuerza, mientras enrojecía – como te vieron saliendo del edificio con… olvídalo.
Noiholt bajó la cabeza, completamente avergonzada. ¿Cómo era que Leon se acordaba aún de lo ocurrido en esa oportunidad?
– Sígueme – le pidió, sin más.
El agente se levantó de inmediato y la acompañó hacia donde se dirigía, para detenerse de pronto al ver el lugar: ¿baño de mujeres?, ladeó la cabeza, confundido. Ella lo jaló de un brazo y lo obligó a entrar, cerrando la puerta con pestillo. Se inclinó sobre el lavatorio y con mucho cuidado, extrajo las lentillas de sus ojos, arrojándolas a la basura. Lo mismo hizo con la peluca, todo esto bajo la atenta mirada de Leon, que no se perdía detalle de su transformación. Ella rompió la lanilla que sujetaba su cabello real, apareciendo el rubio en todo su esplendor. Sacudió la cabeza y se peinó con los dedos, mientras Leon tragaba saliva con lentitud. Cuando finalmente se volvió hacia él, creyó que su corazón latía con aún más fuerza que antes.
El cabello de Noiholt iba completamente natural. Nada de mechones negros y rojos, simplemente su rubio blanquecino de nacimiento le cubría hasta la altura de los pechos. Y sus ojos… Leon habría jurado que estaban más celestes de lo que recordaba.
Se observaron por espacio de unos minutos, sin decir palabra. El agente se encontraba en éxtasis; su alemana, la que él recordaba había vuelvo, su chiquilla de ojos color cielo.
Alargó una mano y acarició su mejilla, viendo cómo enrojecía bajo su contacto. Limpió de sus párpados inferiores el maquillaje corrido por su llanto de hace un rato, entonces ella suspiró.
– No vuelvas a dejarme. No así, al menos. – Y su voz se quebró.
– Ya no te abandono más. – Se encorvó, de tal forma que pegó su frente a la de ella – me traes tan enamorado de ti, que parece broma.
– Cursi –musitó, casi con una sonrisa.
– Es tu culpa, así que ahora te aguantas.
Y finalmente, después de tanto tiempo añorándolo, el beso llegó. Ambos unieron sus bocas al mismo tiempo, desesperadamente, succionándose, consumiéndose con frenesí imparable, intentando meterse el uno en la piel del otro, como si pudieran sentirse aún más de esa forma. Noiholt levantó los brazos y se colgó de su cuello, rodeándolo con las piernas por la cintura, sintiendo cómo su miembro ya despertaba en torno al reencuentro. Leon ocupó sus manos para pasearlas por todo su cuerpo menudo, sin dejar de besarla, se detuvo en sus muslos y encontró… ligas.
– Oh, mierda – susurró encantado, jalando los elásticos.
– Vi tu reacción ese día. – Le mordisqueó la boca – sorpresa…
– Vas a hacer que vuelva al hospital – sonrió, besándola de nuevo.
Leon la sujetó firmemente por la cintura y se trasladó hacia un costado del estrecho baño, apoyándola contra la pared. La tocó extasiado, recorriéndola sin descanso con sus grandes manos ansiosas, y una erección tan prominente que Noiholt casi se asustó. Movió lentamente la cadera, provocándolo para que la tomara sin cuidado, sin miramientos, sin detenerse a pensar en que podrían verlos o en si le hacía daño. Lo quería dentro de ella, ya mismo.
– Debí saber antes cómo te ponen las ligas – susurró, mordiendo su cuello y succionándolo apasionada.
– Son tus piernas principalmente – respondió, ocupado en quitarle la blusa.
– Oh, deja ya de ser tan cursi… – se burló, abriendo los brazos para que la prenda cayera.
– ¿Segura? – Y en sus ojos apareció aquella expresión traviesa que a Noiholt tanto le gustaba.
Leon terminó de arrancarle el sujetador casi a tirones, arrojándolo desinteresadamente al suelo. Se ocupó de atender sus pechos, que le parecieron más blancos que antes. Los rosados pezones se irguieron ante la mirada lasciva con que Leon amenazaba poseerlos, para luego ser succionados con firmeza. Por mientras, ella le quitó la camisa, acto seguido pasó sus uñas a lo largo de su ancha y musculosa espalda, marcándolo nuevamente como suyo. Leon rugió, dolor y placer unidos en su reencuentro.
La bajó cuidadosamente y cuando vio que sus pies tocaban el suelo, agarró la cinturilla de su falda y la apartó bruscamente de esa pared, para pegarla a la del frente y continuar recorriéndola. Se agachó y comenzó a tocarla desde los tobillos, subiendo por las pantorrillas, los muslos, eludió la parte que Noiholt más deseaba para desabrochar su falda y quitársela. Masajeó su trasero con devoción, bajándole las bragas con auténticas ansias de tenerla. Cuando la tuvo completamente desnuda, excepto por las ligas, se relamió. Era el turno de ella.
Noiholt se despegó de la pared y empujó a Leon para que se sujetara en el lavabo. Le quitó los zapatos, calcetines, pantalones, ropa interior, todo voló por alrededor. Tomó firmemente su erección y se lo llevó a la boca, succionando rápidamente y jugueteando con la lengua, masajeándolo al mismo tiempo que lo absorbía. Le rasguñó el vientre trabajado, haciendo que Leon se estremeciera de gusto y soltara un gemido extasiado.
– Ven aquí… – jadeó él, levantándola de un brazo y sujetándola de nuevo contra la pared – las piernas.
Ella le hizo caso, colgándose nuevamente de su cuello y rodeándolo con los muslos, haciendo que su erección entrara con mucha dificultad a su interior. Noiholt gruñó adolorida, un año sola le estaba pasando la cuenta. Leon la abrazó con fuerza y le acarició la nuca, relajándola para que no tuviera problemas.
– Vamos despacio… sshh… – lamió su pequeña oreja, haciéndola vibrar de gusto.
La sujetó con un brazo y la apartó levemente. Bajó una mano a su clítoris y lo masajeó concienzudamente, trazando los dibujos que a ella más le gustaban. La manejó como si fuera un gatillo, con precisión y habilidad, arrancándole suspiros y quejidos enamorados. Ella arqueó la espalda hasta tocar el muro con la cabeza, suspirando audiblemente. Leon se preocupó de que los escucharan y selló su boca, besándola apasionadamente mientras continuaba prodigando caricias expertas a su clítoris. Usó esta vez la palma de su mano y fue un poco más allá, recorriendo también su perineo.
– ¡Oh, mein Gott! – Exclamó, ahogada por la boca de Leon.
Éste introdujo un dedo en su interior y lo movió despacio, hundiéndolo hasta cierto punto rugoso que la aceleraba siempre con rapidez. Metió un segundo dedo, sintiendo su exquisita humedad aparecer en todo su esplendor. Quitó la mano y, ahora sí, introdujo su miembro erecto hasta el fondo, moviéndolo despacio para no incomodarla. Pero Noiholt estaba lejos de sentirse mal, con tanto tiempo sin hacer el amor iba a acabar asombrosamente rápido si Leon no se frenaba un poco.
– No te dejaré de nuevo – murmuró, mientras la embestía con fuerza por primera vez. – Eres deliciosa.
– ¡Himmel…! – Le mordió un hombro, para no gritar – ¡oh, herr Kennedy, sie wird mich umbringen werden...!
Se corrió en ese momento, jadeando su nombre como si lo pronunciara por primera vez. Pero Leon no se iba a conformar con darle sólo un orgasmo. Cuando su interior dejó de contraerse, se movió lento, extrayendo hasta el último resquicio de su placer, y cuando parecía calmarse la embistió de nuevo con fiereza, tocando con su miembro el hinchado punto G de su chica, frotándolo por dentro, activándola como a una pila.
La recostó en el suelo del baño, a ninguno les importaba que las frías baldosas fueran incómodas. Se puso encima de ella y comenzó a moverse con celeridad, haciéndola llegar al orgasmo por segunda vez.
La miró. Además del sudor que cubría sus cuerpos, Noiholt lloraba de placer. Tampoco era primera vez que la veía hacer eso. Lo mismo ocurrió el día que ella volvió de su entrenamiento luego de estar ocho meses separados, hace ya tanto tiempo.
Le dedicó una sonrisa, y ella le respondió igual.
– Agárrate fuerte, cariño – Noiholt asintió, ya sabía lo que eso significaba.
Se giró hasta quedar de pecho, luego arrodillada y se agachó, alzando el culo y apoyando los codos en el suelo. Leon la tomó de las caderas y se introdujo de nuevo, golpeando su interior repetidamente, causándole dolor y placer al mismo tiempo. Alargó un brazo y sujetó uno de sus pechos, masajeándolo con dureza, aumentando la cantidad de sensaciones hasta casi ser imposible manejarlas.
Leon se dio cuenta que Noiholt iba a correrse de nuevo. Estaba sorprendentemente receptiva, muy posiblemente por la ausencia de sexo tanto tiempo. Dejó de acariciarle el seno y se llevó el dedo pulgar a la boca, humedeciéndolo. Luego, muy despacio, lo introdujo en su otra entrada y lo giró con cuidado, aumentando aún más las sensaciones. Lo metió más, apretando cuando notó que la chica alcanzaba el clímax por tercera vez. Sintió sus contracciones y movió más el dedo, aumentando su placer y llevándolo también a la gloria, sintiendo el orgasmo más delicioso de su vida.
Se derrumbaron los dos sobre las baldosas del baño, que ya no estaban frías. Jadeaban, henchidos de amor y placer, sudorosos y enrojecidos. Leon tenía marcas de uñas y dientes en varios lugares de su cuerpo, y Noiholt se sentía algo adolorida, pero más feliz de lo que había estado en mucho tiempo.
– Tú roncas – susurró la chica – no importa la posición en la que duermas. Siempre llevas pequeños frascos de perfume en los bolsillos, más una peineta para que no se te revuelva el cabello
– Se me enreda con facilidad – explicó, con una amplia sonrisa traviesa.
– Tienes un corazón enorme. Ayudas a la gente sin importar quiénes sean o de dónde vengan. Por eso te han dañado tanto. No lo mereces, amor, y yo quiero encargarme de que no vuelvas a sufrir.
– Lo mismo digo. Yo haré que todas tus heridas se vuelvan cicatrices.
Se abrazaron en el suelo del baño, el lugar menos romántico, pero a ninguno le importaba. Volvían a estar juntos, tenían aún cosas que solucionar, pero todo mejoraría sin duda de ahora en adelante.
– No te has quitado las ligas… – observó el agente Kennedy, mientras su miembro volvía a la vida.
– Espero que no te busquen pronto. – Dijo, con ronca voz sexy.
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Dos días después de arribar a EEUU, Noiholt se presentó con sus superiores. Leon la esperó fuera de la oficina, preocupado por el destino que sufriría su alemana. ¿Y si la despedían, podría encontrar algún trabajo similar?, ¿la echarían del país?
Tabaleó los dedos, un gesto nervioso que no le ayudaba en lo absoluto.
La puerta se abrió de pronto, y una Noiholt compungida emergió del lugar.
– ¿Qué te dijeron? – Inquirió, ansioso.
– Estoy suspendida por dos meses, sin sueldo. – Hizo una mueca de disgusto – soy poco profesional, soy irresponsable, soy un montón de cosas malas. Pero soy buen agente de apoyo y además, la investigación estaba casi completa. Me dijeron que les agradeciera para siempre que no enviaran de vuelta mi trasero alemán al pueblucho de donde salí.
Suspiró, adolorida pero sin una gota de arrepentimiento.
– ¿Qué harás? –Ahora estaba mucho más tranquilo.
– Buscar un lugar donde vivir… no sé.
– ¿Y mi departamento?
– ¿Estás de coña? – Escupió – ¿pretendes que vaya al lugar donde te follaste a Ada?
– Lo lamento. No te lo dije con esa intención.
– … – se mostró arrepentida, tampoco quería incomodarlo – preferiría arrendar una habitación en el hotel más próximo. – Y viendo que parecía contrito, lo abrazó y apoyó la cabeza en su pecho – estaré bien, gracias. Tal vez me vaya unos días a Alemania, veré cómo está mi casa.
– ¿Acabas de volver y ya te quieres ir? – Su tono revelaba absoluta decepción.
– Será un poquito. Luego podrás tenerme completa.
Leon, muy a su pesar, vio la hora en su reloj pulsera. Ya debía volver a trabajar.
– Nos vemos esta noche –para él, no cabía discusión al respecto.
– Sí – alzó la cara, y recibió un maravilloso beso francés.
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El agente llegó pronto al hotel donde Noiholt se hospedaba. Golpeó la puerta y esperó, siendo recibido muy pronto por la chica recién duchada y enfundada en un lindo vestido corto celeste claro, resaltando sus orbes.
– Hice una cena alemana – señaló, entusiasmada.
– Qué bien. Me encanta cómo cocinas.
Ambos se dirigieron al comedor, donde la chica tenía todo preparado. Champaña, Eisbein (pernil de cerdo cocido con especias), Kartoffelbrei (puré de papas con pimienta), Zwiebelbrot (pan de cebolla), entre otros deliciosos platillos.
A la mitad de la cena, Leon decidió que era el momento de decírselo.
– ¿Cuándo te vas a Alemania?
– El domingo.
– Necesito que me digas en qué vuelo, para comprar el pasaje.
Ella pestañeó varias veces, ladeando la cabeza.
– ¿Vienes conmigo… y tu trabajo?
– Me debían muchas vacaciones. Las pedí hoy. Dos meses.
A Noiholt se le arrancaron los cubiertos de las manos. Ahogó un chillido de emoción y se levantó de la mesa, sin importarle la comida o lo que fuera. Leon giró la silla y la recibió en su regazo, abrazándola con mucha fuerza.
– Después de ir a tu país, iremos a algún lugar tranquilo, ¿qué te parece? – acariciaba su espalda, arriba y abajo.
– Estoy encantada. Gracias, Leon… muchas gracias…
Lo besó repetidamente en los labios. Sabían que las cosas nunca serían fáciles. Pero se tenían el uno al otro y, con dedicación, podrían superar cualquier obstáculo.
– Supongo que el bioterrorismo podrá esperarnos un par de meses, ¿no? – Comentó el agente, con una gran sonrisa.
– Eso espero, porque no pienso soltarte más.
– Ni yo – acarició su rostro – mi alemana de ojos color cielo. – Y la besó de nuevo, cerrando una tormentosa etapa de su vida y comenzando una diferente, en compañía de la chica que le había robado el corazón.
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Hola de nuevo :) ¿les gustó?, espero que sí :3 finalmente, el parcito terminó junto xD ajajajajaj, confieso que tuve muchas dudas en su momento de dejarlos juntos, pero creo que las situaciones se dieron para que volvieran. Por favor, díganmelo todo, lo bueno y lo malo, así mejoro para… ¡mi nuevo proyecto!
Así es. Publicaré un nuevo fic de Resident Evil, titulado "Fix me (no one can)", este nombre tiene una doble lectura que no puedo explicar ahora porque arruinaría parte del argumento xD pero no es sólo "arréglame", es un juego de palabras :P
Será un multi-pairing. Es primera vez que experimento con algo así, so les pido todo su apoyo nuevamente, con mi locura xD ¡sin ustedes, no soy nada!
Para quienes preguntaron si continúa esta historia, la respuesta es: sí, y no xD como es un multi-pairing no habrá pareja principal, pero tendremos: Valenfield, Hunniper, "Shake" xD, Claire x Adam (sí, el OC de Fatty Rose Malfoy), Leon x Noiholt, Piers x Deborah, y algunas parejas más que no he decidido :P
Otra cosa. Aunque este es el último cap, aún publicaré uno más. Un nuevo "outtakes" xD y alguna sorpresa más con Sam y David, el parcito que no se despega ni con agua fría xD ajajajajajaj.
Por eso, dejaré los reviews para el siguiente. Y porque esto ha sido un testamento y espero no haberlas aburrido xDDDDDD
¡Los quiero a todos y todas!
