El muchacho de los ojos azules se encontraba en su cuarto, revisando algo que había dentro de una pequeña caja -¿Será suficiente?- pensaba Ranma.
-¡Ranma!- llamó su madre.
-¡Un segundo!- dijo y apresurado guardó el objeto en un cajón –Buenos días mamá- saludó con alegría a su madre -¿Qué pasa?-
-Sólo quería anunciarte que el desayuno está serv-no terminó de decir al ver que su hijo aún se encontraba en boxers -¿Todavía no estás listo?-le interrogó al ver el estado de sus ropas.
-Es que no sé… que- respondió riendo nervioso.
-Apúrate, se hace tarde-
En la mesa como era usual padre e hijo devoraban como siempre el desayuno.
-¡Más!-anunció con un cartel, enseñando su plato a su esposa.
-Dime hijo ¿Cómo van las cosas con Akane?-preguntó al momento de estar sirviendo a su esposo.
-Mmmm…-
-Kasumi me dijo que supo de su cita del sábado y…-
-¡No fue una cita!-interrumpió -¡Sólo salimos a comer un helado!-exclamó.
-Como tú digas-le dio por su lado -También me dijo que Akane regresó muy molesta y que la escuchó mascullar algo sobre cretinos insensibles entre otras cosas-
-…-
-¿La has llamado?-
-No-
¿No piensas hacerlo?-
-No-
-¿De verdad pelearon?-
-Sí-
-¿Piensas resolverlo?-
-No-
-¡Ranma! ¡Eso no es varonil!-exclamó enfadada Nodoka.
-¡Yo no tengo la culpa que tenga un carácter tan volátil!-dijo exaltado.
-¿Qué hiciste?- preguntó su padre con un cartel.
-¡Nada!- Sus padres lo miraban expectante, ya sabían que su hijo no era tan inocente –Sólo le dije la verdad, que era una boba-respondió -¿Qué?-preguntó inocente. Ambos padres suspiraron exhaustos, poniéndose una mano sobre la frente.
-¿Cuándo aprenderás?- escribió su padre.
-¡Lo dice el experto!-reclamó al panda.
-7:30-anunció su madre.
-¡Qué!- salió corriendo hacia arriba para cambiarse.
-Tú tienes la culpa-
-Yo no hice nada- escribió rápidamente.
-¡Genma!-
Ranma se encontraba recorriendo las calles de Tokio. Qué día. Después de haber llegado tarde, en las siguientes horas tuvo que resolver dos exámenes. Tenía demasiada tarea para el fin de semana. Y ahí no había acabado la jornada. Hoy en su día libre recibió una llamada de su jefe diciéndole que tenía que cubrir algunas horas de un compañero ausente. Al menos recibiría una entrada extra y descansaría el sábado. En fin. Mirando por los vitrales de las tiendas y vio la tienda a la que planeaba entrar e ingresó en ella.
-¿Ese?- dijo señalando un añillo de diamante.
-Este-dijo. Sonrió y después anoto el precio en un papel, el cual pasó a manos del joven.
-¿Eh?- El muchacho casi cae de espaldas al leer el precio -¡Qué! ¡Es demasiado!- reclamó al hombre que le atendía.
-Si así lo que cree cómprele a los chinos- dijo el encargado, cerrando la vitrina de cristal y haciéndose paso para llegar hasta el joven -¿Por qué no le muestro el camino?-sugirió al momento que lo acompañaba a la salida y le cerraba la puerta en su cara.
-¡Me lleva! -exclamó enojado- -Ni siquiera podía costear a Akane un anillo digno de ella. Pateó con fuerza un bote que se encontraba en medio de la calle –Soy un perdedor- ¿Por qué?- ¿Ahora eso también se le estaba negando?-Apesadumbrado siguió caminando y vio otra tienda que al parecer también manejaba joyería. -¿Debería entrar?-se preguntó al estar frente a ella. El lugar era más pequeño y modesto que el que había visitado. De hecho parecía un sitio por el que ni pasaban las moscas. Indeciso se quedó un momento ahí, pero después movió negativamente la cabeza. Estaba decidido a retomar su camino…
-¿Por qué no entras?-le dijo una voz.
En seguida vio hacia donde se encontraba el dueño de aquella voz y vio a un hombre que rebasaba ya los cincuenta años de edad, le sonreía desde la puerta de su negocio.
-Ni se moleste no puedo costear nada-pronunció con derrota.
-¿Estás seguro?-tentó.
Entró en el pequeño negocio. Distintos tipos de joyería. Anillos, collares, brazaletes brillaban por doquier. El muchacho se detuvo en la sección de anillos. No le parecían gran cosa. Demasiado anticuados para su gusto.
-¿Qué es lo que buscas?-
-Es que… buscó… uno… ya sabe… para mi prometida-dijo entre tartamudeos, con un gran sonrojo en su rostro.
-Eres tan sólo un niño-sonrió - ¿Quieres ver alguno de esos?-señaló una vitrina que había visto con anterioridad.
-En realidad…-
-Demasiado feos. Sígueme -Ranma obedeció y siguió al dueño del lugar hasta otra vitrina que se encontraba más al fondo de ese local.
-¿Qué te parece este?- Le mostró un anillo con una gema esmeralda incrustada. Era lindo pero…
-No, no veo a Akane en esto-respondió.
-¿Akane? Lindo nombre. Tengo uno para ella. El hombre le mostró otros. Lo tomó en su mano y lo observó cuidadosamente. Era un rubí, también era bonito pero nada especial.
-No- dijo seguro.
-Mmmm ¿Qué hay de este?- Le mostró un anillo de oro blanco. La piedra era un hermoso zafiro con diamantes a su alrededor. El joven se quedo mirando la pieza. La tomó mirándola con suma atención. Autentico. Demasiado bueno para ser verdad, pero así lo era. Era perfecto.
-Tenemos un ganador-
-Es muy bonito-dijo encantado.
-¿Ves a tu chica en él?-
-La verdad sí…
-¿Se lo darás hoy? ¿Ya planeaste como hacerlo?-preguntó con curiosidad el amable hombre.
-No…-
-¿Por qué no?-
-Es que… peleamos y no he hablado con ella… no sé cómo hacer…-
-Bueno niño, tendrás que inventar algo para proponérselo, pero créeme cualquier enojo se le pasará cuando vea esta belleza- dijo el hombre y el muchacho sólo pudo observar el brillo sin igual que destellaba de él.
Puso en el bolsillo de su pantalón la pequeña caja. El anillo era bonito. Cuando lo vio, supo que era para ella. Era único y delicado, pero a pesar de que la pieza era bella, no podía perdonarse que lo hubiese conseguido en una tienda como esa ¿Tan bajo había caído que no podía conseguir un anillo en una tienda decente? Eso lo hizo sentir culpable. Akane merecía mucho más que eso ¿Por qué? ¿Por qué no era capaz darle todo lo que ella merecía? Algún día iba a cambiar esa baratija por uno de esos finos anillos que había visto en esa costosa joyería- pensó decidido.
Sí, algún todo sería diferente. Además no estaba tan mal. Tenía un empleo. Eso era bueno. Estudiaba en la universidad, no era estudiante de diez, sin embargo muy al contrario de sus compañeros de sus compañeros más cardiacos él si era capaz de pasar una prueba sorpresa con tan sólo haber puesto algo de atención o haber leído un poco. Cumplía con lo que se le pedía. Tenía que esforzarse en salir bien. Si quería tener a Akane debía tener algo que ofrecerle. Si seguía cómo iba, algún día todo cambiaría… así lo sería… se decía sonriente y positivo…
Sí que había sido un chiquillo ingenuo. Construyendo castillos en aire, sin saber lo que pasaría después… se decía a sí mismo pensando en su propia inocencia…
-Buenos días señorita Yukimura-saludó con alegría la asistente a una bella y elegante chica de cabello castaño rojizo.
-Hola Hatsu-devolvió el saludo la muchacha.
-¿Cómo le fue en el viaje que hizo a Nagoya?-
-Excelente, gracias-respondió amablemente -¿Hatsu, se encuentra el señor Kishaba?- interrogó con amabilidad.
-No ha llegado-sonrió con complicidad, sabiendo a que señor Kishaba se refería.
-No importa, lo esperaré en su oficina-
-Claro, adelante-le dijo y la chica sonrió en agradecimiento para tomar así la dirección hacia el lugar.
Cerró la puerta y después se sentó en la silla del dueño de su corazón. Sonrió satisfecha, ¿Cuánto lo había extrañado? Deseaba verlo en este instante. Lanzó un suspiro y después recargó sus brazos sobre el escritorio observando el orden de este… Esperen un segundo…-La joven frunció el seño. Faltaba algo. Efectivamente el espacio donde había colocado su fotografía estaba vacío -Qué extraño-pensaba confundida. Se levantó del asiento e inspeccionó con su mirada a lo largo de la habitación y debajo del mueble, creyendo que pudo haberse caído. Después se le ocurrió revisar el primer cajón –Papeles- fue lo que encontró, inspeccionó otro y así subsecuentemente hasta que llegar al último. Abrió la gaveta y ahí estaba ¿Qué hacía ahí?-sintió una punzada en su corazón -¿Hiroto lo habría puesto ahí?-temió. Tomó el marco con su mano y al levantarlo encontró una pequeña tela blanca. Puso el retrato sobre el escritorio. Confundida lo tomó en sus manos y comenzó a explorarlo. Tenía aroma, después lo olfateó -¿Perfume de mujer? -Lo extendió y vio una mancha de un color rosa claro. Lo miró más de cerca… no era una mancha más bien eran unos labios impresos. La mirada de la chica se descompuso totalmente -¿Qué significaba esto?-pensaba furiosa. Puso más atención buscando algo que pudiese decirle más. El pañuelo tenía un encaje muy femenino y en seguida encontró lo que estaba buscando. Tenía una A bordada en una de las esquinas -¿A? ¿Quién es A?-pensaba intrigada, mientras arrugaba con enojo aquel pañuelo y pensaba con desdén en la misteriosa dueña del mismo.
Estaba terminando de maquillar sus parpados con el delineador negro. Se miró el acabado y enseguida volvió a sacar el pincel para delinearse una delicada "alita" en la parte exterior del ojo, después continuó con el otro. Terminó. Sacó un labial "rosa durazno", el cual era su favorito, después e acomodó unos mechones que se habían salido de su cola de caballo. Cuando acabo sonrió a su reflejo en el espejo y tomó el bolso que estaba encima de ese pequeño peinador y salió... pero segundos más tarde regresó enseguida. Lo había olvidado. Puso el bolso en el mismo lugar de donde lo había tomado. Tomó la pequeña botella de su perfume y roció unos cuantos disparos en su cuello y muñecas. Ahora sí estaba lista. Esbozó una pequeña sonrisa, tomó otra vez su bolso y salió del cuarto.
-¿Qué?-preguntó al niño que la miraba muy fijamente ¿Tenía algo en la cara?-instintivamente se talló rápidamente con sus manos ambas mejillas. Ese Takeo siempre era tan extraño. Ya lo había encontrado varias veces mirándola así. En fin, ¿Qué podría saber ella?-se dijo a sí misma, poniendo las manos en el suelo donde estaba sentada.
-¡Nada!-dijo con las mejillas coloreadas y enfocó su mirada en el suelo.
-Si como no-masculló y después tomó del suelo juego de control remoto de Takeo.
-¡Oye suelta eso Maya!-le ordenó y después le quito el objeto.
-¿Por qué eres tan envidioso?-exclamó enojada al levantarse del piso.
-¡No soy envidioso!-respondió con el mismo tono e imitando su acción -Las niñas no juegan con estas cosas-
-¿Quién lo dice?-le retó.
-Todo el mundo-respondió con sorna.
-Entonces, ¿Qué quieres hacer?-preguntó aburrida.
-¿Por qué no jugamos ahí?-sugirió señalando la pequeña casa plástico que estaba frente a ellos en aquel campo de juegos escolar.
-¿Qué quieres hacer ahí?-preguntó extrañada, sin el más mínimo interés.
-Pues… podríamos jugar a… que tú fueras la mamá y yo el papá-dijo algo nervioso.
-¿Por qué crees que me gustaría jugar a eso?-preguntó con el seño algo fruncido.
-Bueno… -titubeó el niño.
-¿Bueno, qué?-dijo casi desesperada.
-Porque… porque un día tú y yo nos vamos a casar…-le anunció completamente rojo.
-¡Yo no me voy a casar contigo!-exclamó apresuradamente.
-¡Claro que sí!-dijo exaltado.
-Eres un tonto Takeo-pronunció molesta antes de empujarlo al suelo.
-Buenas tardes-saludó un joven. Llevaba una vestimenta muy formal con una tableta, un paquete y un sobre en sus manos. Al parecer era mensajero de una de esas compañías exclusivas y privadas de paquetería ya que además había una camioneta estacionada al lado de la suya.
-Buenas tardes, ¿Puedo servirle en algo?-preguntó Ranma saliendo de la puerta de la casa Tendo.
-Vine a dejar una entrega a la señora Akane Saotome, ¿se encuentra?-interrogó el joven.
-En este momento no está-
-¡Oh no!-masculló con pesar, tratando de que Ranma no lo escuchase.
-¿Sucede algo?-
-Nada señor, no se preocupe-intentó excusarse de su desliz.
-En serio-le aseguró cálido -Tal vez pueda ayudarte-
-Tengo que dejar este paquete-
-Déjelo conmigo, ¿Cuál es el problema?-
- No debería estar diciéndole esto… pero es que tengo que hacer otras entregas… estpy corto de tiempo y me dieron estrictas instrucciones de que le entregara este paquete en sus manos a la señora Saotome-
-¿Qué es lo que contiene?-preguntó curioso.
-No lo sé, pero al parecer el contenido es de muy alto valor, como la mayoría de las cosas que entregamos-
-¿Alto valor?-pensó intrigado –Ya se lo dije, puedo recibirlo, soy el esposo de la señora Saotome-
-Mmmm-dudó -Gracias por ofrecerse señor, pero puedo meterme en problemas. Además si se llegase a saber que no hice lo que me dijeron dejaré en mal a la compañía-
-Mis labios son una tumba- le aseguró -Además de cierta forma me ofende su desconfianza, cuando no tiene nada de que preocuparse-dijo mientras lo miraba fijamente - ¿Le parece que esta cara ha pisado una prisión?-sonrió encantador al mismo tiempo que pensaba en la ironía de sus palabras. Se sonreía interiormente al ver la reacción del mensajero. Jamás perdería su toque, bien era sabido que Ranma Saotome era el amo de la persuasión y sabía muy bien como convencer a cualquiera.
-Está bien-se rindió -Confiaré en usted –
-No fue tan difícil, ¿cierto? Todos salimos ganando-sonrió con satisfacción.
El muchacho sonrió levemente - Sólo escriba el nombre de su esposa- le pasó la tableta, la cual Ranma firmó -Tome- mencionó al momento de intercambiar el paquete por el gadget -Se le agradezco mucho señor. Que tenga buenas tardes-dijo amable antes de retirarse.
-Igualmente-le respondió. Intrigado Ranma entró en la casa y puso el paquete en el suelo. En un segundo averiguaría que era, pero antes tenías que saber quien era el autor de este misterio. Abrió con violencia el sobre -Espero que este obsequio sea de tu agrado, con todo mi cariño y admiración… -leyó con enfado y posteriormente arrugó el papel en sus manos –Hiroto Kishaba-dijo con desprecio. Abrió el paquete que había dejado sobre el suelo. Era una pequeña caja –Mikimoto Kokichi-leyó algo sorprendido la inscripción de la misma. La abrió enseguida y lo que encontró fue un reloj… un hermoso reloj. Lo sacó del estuche, observándolo cuidadosamente. El reloj era de oro blanco y la pulsera era un brazalete de hermosas perlas enlazadas. Lo apretó ligeramente en su mano, tentado a hacerlo a añicos, pero no lo hizo. Tomó de nuevo el estuche, puso en su interior la pieza y cerró rápidamente ese pequeño contenedor. Agarró del suelo la caja en la que la mensajería había puesto el regalo. Se dirigió hacia el comedor y la puso sobre la mesa mientras respiraba jadeante, conteniendo la ira que sentía… Examinó el reloj de pared ¡Vaya a Akane se le había hecho tarde! Seguramente su regalo le serviría mucho y él mismo haría su entrega para que no le volviese a ocurrir algo como eso otra vez, pensó él mientras sonreía cínico.
Notas: ¿Qué tal? Presiento que le irá muy mal a Akane…
Muchas gracias por sus reviews a: Mi55 5tarFir3, anne saotome tendo, CrisSs-LunaBell, xLittleRed y Akire-chan. Gracias por darle follow y favorito a IndeChan, GenRubi88 Jsakura.
¡Nos leemos pronto! ¡Dejen sus reviews, por favor! :D
