XXXVI. Acelera el colapso (Día 2/7)

— En el tribunal dijeron que podían adelantar tus vacaciones, así tienes tiempo para recuperarte ¿No es eso grandioso?

Escuchaba la voz jovial de Risako y de su madre mientras recogían sus cosas y lo ayudaban a levantarse. Aún seguía un poco débil, pero estando en su casa sentía que se recuperaría mucho más rápido, y aún más importante…

Estaría lejos de él.

― ¿Están todas las cosas?― le preguntó― ¿Quieres algo antes de irte?

Permaneció en silencio, demasiado ensimismado para responderle cualquier cosa.

― Shinobu, estoy hablándote― dijo mirándolo de frente― ¿Te sientes bien? Podemos decirle al doctor…

― Estoy bien― contestó con desgano― solo quiero ir a casa.

― Esta bien― contestó con media sonrisa, luego miró a los lados― ¿Yō no va a venir? Me extraña que no esté aquí ¿Sabes algo de él?

Aparte del hecho de que no soportara que él y su hermana se llamaran por sus primeros nombres, cosa que él mismo nunca había tenido el valor de hacer, en estos momentos que nada más se lo nombraran era como lanzarle sal a sus heridas.

Sumergido en sus pensamientos sólo podía recordar la conversación de la noche anterior con tristeza, y la peor parte era contener las lágrimas para que su madre o su hermana no lo vieran llorar, espesándose el grueso nudo en la garganta al recordar lo que le había dicho.

― ¿Qué dijiste?― preguntó confundido perforándolo con sus ojos azules, si seguía mirándolo así sabría que no hablaba en serio, su charada se caería.

― Lo que oíste― repitió con fingida seriedad― No quiero que te me acerques más. No quiero volver a verte… terminamos.

Suspiró sin soltar su mano.

― ¿Con qué te amenazó?― preguntó directamente sin más rodeos, con algo muy grave tenía que ser para que pidiera algo así, para que quisiera hacerlo a un lado sin decirle.

Permaneció en silencio, solo escuchó como intentaba no gimotear.

― ¿Qué dijo?― preguntó de nuevo― ¿Qué me mataría? ¿Qué destruiría mi carrera? Esas cosas no me importan, Shinobu… dime quien fue y te aseguro…

― ¡Que nadie me amenazó!― exclamó mintiéndole para que no insistiera más con sus preguntas, para que dejara de hurgar en sus emociones porque, si seguía de esa forma iba a terminar leyéndolo, como siempre― Simplemente ya no quiero que me busques más, ya no quiero que estés cerca de mí, quiero alejarme de esta pesadilla, volver a tener una vida normal… ¿Es eso tan difícil de entender?

Apartó sus manos de entre las suyas colocándolas a sus costados y apretando las sábanas entre los dedos.

― Tenías razón en un principio― susurró en voz baja― todo esto es un error, que tengamos este tipo de relación es un terrible error.

Dolía, dolía mucho decirle esas cosas, pero tenía que alejarlo de él, tenía que protegerlo. Aunque eso le causara el más terrible de los sufrimientos.

— ¿De verdad es eso lo que piensas?— preguntó, esta vez su tono de voz era más apagado, más gris.

Se mordió el labio inferior para contener las lágrimas. No podía ponerse a llorar ahí; tenía que mantener su acto hasta el final.

—S-si— contestó en un hilo de voz— E-es lo mejor para los dos.

Solo exhaló un profundo suspiro antes de levantarse.

— Está bien— dijo en el mismo tono gris mientras le daba la espalda— buena suerte entonces.

Y Salió cerrando la puerta tranquilamente, cediendo a su voluntad. Sintió un dolor tan parecido a que le estuvieran arrancando el corazón por los poros del cuerpo, que aunque quisiera gritar no le salía la voz.

Solo se apretó el pecho por encima de la bata del hospital mientras las lágrimas bajaban a mares por su cara.

― Shinobu― su madre se quedó mirándolo con preocupación. Tenía los ojos ya rojos e hinchados y el nudo en la garganta era difícil de tragar.

― Estoy bien― repitió ya hastiado y bajó el rostro― y no, Miyagi no va a venir… ya vámonos.

Y salió de la habitación arrastrando las ruedas del pesado equipaje para que no vieran como volvía a llorar.


― Bueno, ya está― dijo la enfermera colocando la motita de algodón usado en una bandeja relucientemente plateada como lo estaban las pinzas que descansaban sobre ella junto a la camilla― ¿Cómo se siente hoy?

Era contradictorio como se sentía tranquilo de que ninguna de las enfermeras lo tratara con desprecio o recelo al mirar su cuerpo lleno de cicatrices o el hecho de que eran muy pocas las que podían atenderlo dadas sus circunstancias, pero al mismo tiempo se sentía incómodo de que todas fueran demasiado atentas, y demasiado descaradas… ya ni siquiera controlaban sus sonrojos delante de él o sus miradas llenas de coquetería. Al principio lo tomó como vocación de servicio y disposición a cuidar de él, pero ya estaban cruzando esa delgada línea entre la atención desinteresada y la desfachatez.

Y el tener que soportarlo en silencio casi le hacía querer lanzarse por la ventana o pedir que le prohibieran que las enfermeras lo atendieran para poder hacerlo él mismo. Lo hizo cuando estuvo herido la primera vez, podía volver a hacerlo.

― Bien; gracias― le contestó con esa sonrisita gentil que lo hacía estremecer de rabia. Nunca había admitido en voz alta que estaba celoso, de hecho, los celos eran una emoción nueva en su catálogo y por el mismo motivo eran confusas y difíciles de manejar. Nunca se había sentido tan vulnerable, tan ansioso, tan desesperado porque no quitara sus ojos de encima de él.

Definitivamente el amor venía acompañado de sentimientos desesperantes.

― Le vamos a extrañar― comentó después de un largo suspiro cuando leyó la fecha de alta en su historia― Además, el doctor Tsumori debería replantear esa decisión ¿Quién va a cuidar de esa herida cuando vuelva a casa?

Abrió los labios para responder, pero la enfermera se adelantó.

― Yo puedo ir a cuidarle si no le molesta― ofreció de forma sugerente, tan descarada y cínica que casi Hiroki le salta al cuello ¿No podía disimular al menos?

― Gracias, pero estaré bien― le respondió con una sonrisa sincera.

― Pero… si su herida es delicada, además se ve que ha pasado por varios accidentes… si no se cuida bien…

― Señorita― le interrumpió él ahora, sin dejar de sonreírle tenuemente― no se preocupe, de nuevo gracias por su oferta… pero ya tengo alguien muy especial y estoy seguro que se ocupará de mi como es debido.

Le miró de reojo haciéndolo sonrojar y se maldijo mentalmente por ser como un libro abierto para él y sus miradas que escudriñaban en sus emociones sin ninguna dificultad.

La enfermera bajó el rostro y chasqueó los dientes antes de sonreír.

― Debí saberlo, alguien tan bueno es imposible que estuviera solo.

Él también rio y por alguna razón, esa risa suya venía acompañada de un sentimiento de nostalgia que le llenó el corazón de calidez.

― Gracias a esa persona soy quien soy ahora― dijo con voz esperanzada y agradecida.

― Deberé agradecerle en cuanto la vea― le respondió con voz calmada y se levantó para marcharse. Se despidió de él con un ligero movimiento de cabeza y salió de la habitación.

Caminó hacia la cama casi que a la velocidad de la luz y le dio una palmada en el hombro.

― ¿Puedes ser más obvio?― le reprochó con la cara roja hasta mas no poder, lo cual para Nowaki era absolutamente adorable aunque lo estuviera regañando y, por ende, no representaba autoridad en lo absoluto― En una posición como la nuestra es peligroso que se enteren de…

Se detuvo allí sin saber cómo terminar esa frase sin morir de vergüenza.

― ¿Qué?― preguntó ladeando un poco el rostro, a Hiroki se le antojó como un cachorro cuando no entiende una orden de su amo― ¿De qué te amo, Hiro? Sé que es peligroso, pero me gusta presumir con todo quien pueda cuanto he cambiado gracias a ti… y pensé que la propuesta de la señorita te estaba incomodando.

Lo leyó por completo o él era demasiado obvio. En cualquier caso, era frustrante.

― En fin― dijo con las mejillas quemándole― ten más cuidado con quien presumes… no nos servirá de nada 3 metros bajo tierra.

Nowaki sonrió y deslizando con malicia su mano por las sábanas, atrapó la suya impregnándola con ese calor nostálgico que tanto amaba de él.

― Esta bien― la atrajo a sus labios para besarla― haré lo que Hiro me pida si lo hace con esa cara.

Eso fue más de lo que pudo soportar su orgullo, tomó una de las almohadas debajo de su cabeza y comenzó a golpearlo con ella mientras lo insultaba por ser tan descarado, cínico y atrevido.

En medio de algunos quejiditos, estaban realmente pasando un buen rato (considerando las circunstancias y Hiroki se estaba divirtiendo más de lo que quería admitir) cuando Masamune abrió la puerta. Llevaba un suéter negro de esos con caperuza, unos pantalones de mezclilla desteñidos y el cabello despeinado. Sus ojos tras las gafas se pasearon de Nowaki defendiéndose con las manos a Hiroki con la almohada en alto a punto de golpearlo y no pudo hacer otra cosa que arquear las cejas.

― Lamento interrumpir lo que sea que estén haciendo en pro de salir de este problema― dijo con sarcasmo, aquello era a todas luces un momento demasiado romántico para el contexto en el que estaban todos―, pero hay algo que debo decirte.

Miró a Nowaki con una seriedad casi lúgubre y con un intercambio de miradas entre el ojiazul y el castaño dieron el pequeño juego por terminado para que pudieran hablar en paz.

Masamune caminó hacia la cama y soltó la bomba sin siquiera tomar aire.

― Usami no ordenó que mataran a Yukina.

El rostro de Nowaki cambió de confundido a furibundo en cuestión de segundos y se levantó sentándose en la cama casi con violencia.

― Nowaki cuida…

― ¿Qué estás diciendo?― preguntó con los dientes apretados y Hiroki giró el rostro exhalando un suspiro, por muy tranquilo que se mostrara a veces todavía el asunto de Yukina lo alteraba más de lo que él podía controlar con sonrojos o guerras de almohadas para mejorar su humor.

― Lo que escuchaste― respondió sin importarle que los ojos azules destilaran rabia al mirarlo― Por muy descabellado que suene, el señor Usami no ordenó que mataran a Yukina.

― ¿De dónde sacas esa teoría?― intervino Hiroki, aquella hipótesis era igual a la que ellos manejaban de que Usami no sería tan tonto para exponerse de esa forma. El secuestro de Shinobu había sido una jugada con más riesgos que provechos, porque si ahora se atrevía a declarar estaría hundido sin remedio.

― No es ninguna teoría. Es la verdad.

― ¿Y quién te dijo eso?― preguntó Nowaki mirándolo acusadoramente.

― Alguien― respondió sin más detalles.

― ¿Quién?

― No te voy a decir quien es para que el único informante vivo que nos queda termine muerto, Nowaki. No insistas― respondió afiladamente, no se trataba precisamente de proteger a Hatori, su amenaza había sido muy precisa, pero podía seguir obteniendo información de él si existía un tercer equipo en juego.

El ojiazul giró el rostro con sentimientos encontrados entre la rabia y la certeza de que él tenía razón.

― Takano, podemos…

― No vengas con que puedes protegerlos, Kamijō porque ninguno de los que nos ha ayudado ha salido vivo y ni siquiera ustedes han podido protegerse a sí mismos… y para probar mi punto tienes al muchacho y a nosotros dos aquí.

El castaño suspiró y se quedó callado. La verdad es que su trabajo de protegerlos no estaba dando los resultados que él quisiera.

― Como sea, el hecho es que hay alguien más que puede o no puede estar con Usami… o puede estar buscando eliminarnos a todos nosotros y eso pone las cosas aún peor de lo que están.

Para Hiroki aquello tenía sentido, fuese quien fuese quien estuviera detrás de lo que paso con Yukina y Kisa podía estar detrás de todos ellos por venganza o algún otro motivo. El hecho es que podía buscar ajusticiarlos y eso era un crimen también.

― ¿Cómo sabemos que la persona que te dio esa información es confiable?― preguntó.

― Tiene tanto que perder como nosotros, incluso más… ¿Qué ganaría al mentirme?

Esa respuesta no le resultó para nada satisfactoria, sin embargo la aceptó porque conocía que Takano era alguien demasiado reservado a fin de cuidar sus intereses.

Se masajeó el puente de la nariz para que la presión en su cabeza no se acumulara y cuando miró de reojo a Nowaki parecía más taciturno que de costumbre mientras apretaba los puños, como si debatiera dentro de sí mismo hacia quien dirigir su furia por la muerte de su hermano.

― Voy a buscar a Miyagi― dijo caminando hacia afuera― hay que pensar que haremos con esto.

― ¿Quién te dijo?― preguntó con voz lúgubre mirándolo afiladamente.

― ¿Crees que me vas a intimidar?― respondió con ironía― ¿Qué harás? ¿Lanzarme una almohada?

― Masamune…

― Mira Nowaki, quien me haya dicho no es relevante. Lo importante es que quien haya eliminado a Yukina quiere borrarnos del mapa a nosotros también. Así que define de una vez por todas de qué lado estás.

― ¡Por supuesto que de este lado!― exclamó enojado― ¿Qué nos asegura que quien haya dicho eso no fue enviado por Usami para que lo descartáramos?

― ¡oh vamos!― extendió los brazos exasperado― ¿De verdad crees que haría eso con todo en su contra?

― ¡Iba a entregarse!

― ¡Mejor aún! Si te detienes a pensarlo es realmente conveniente para ellos― dijo― él cree que fue la policía y nosotros creemos que fue él… y mientras nos perseguimos entre nosotros, acaba con todo. Es simple divide y vencerás… sé que estás molesto… pero debes tener en cuenta esto… no puedes salvarla.

Nowaki supo a quien se refería en el acto.

― No la voy a abandonar― respondió casi en un gruñido. Masamune solo entornó los ojos.

― ¿Sabes algo? Estoy cansado de esta conversación. Me rindo― levantó los brazos para golpearlos contra sus piernas en un gesto de absoluta incomprensión― algún día vas a tener que elegir entre los dos… porque dudo que la convenzas después de esto… porque lo más probable es que crea que TU dejaste morir a Yukina en manos de la policía.

― Puedo convencerla de lo contrario.

― Si… suerte con eso― masculló antes de caminar hacia la puerta.

Estás haciendo las cosas más dolorosas para ti… y no sé si eso es heroico… o patético― agregó antes de salir.


— Yui, querida— le abrazó y trató de reprimir la repulsión que le causó su gesto falto de estima, de calor humano, más por conveniencia que porque en verdad le tuviera estima, más porque para su burbuja de pretensión e hipocresía fuera conveniente que porque en verdad la quisiera tanto como expresaba con su voz falsa e hipócrita.

— Sra. Sumi— saludó. Era la esposa del fiscal de distrito y el receptor perfecto para poner en marcha su plan; ambas pertenecían a las mismas organizaciones de caridad y gracias a su dedicada y meticulosa observación había notado que era la persona perfecta a la cual contarle algo que querías que se supiera en todos lados. Era una chismosa por naturaleza y en el momento en el que le decías "no lo vayas a comentar" era arrancar el cronómetro de una bomba de tiempo.

Además, su esposo poseía una fuerte influencia dentro de los tribunales y eso le permitiría tener información detallada de cada uno de sus movimientos.

Lo que le había dicho a ese mocoso solo era el principio de la miseria que iba a proporcionarle.

— Oh querida, llámame Yuuta— le dijo tratando de ponerse a su nivel de fingida jovialidad juvenil— sabes que entre nosotras no deberían existir ese tipo de formalidades.

Rio un poco y a Yui se le antojó como una urraca, una urraca realmente fea.

— Bueno… Yuuta— dijo con algo de fingida vergüenza.

— ¿Cómo han estado tus cosas?— preguntó. Yui sabía que no se aguantaría, nadie había sabido de ella desde que se hizo público que Ryuiichiro era gay y también sabía que le picaba la lengua por tener la primicia de ese chisme de primera mano. Era la comidilla de los círculos sociales, de la élite.

Que patético.

— Bueno, acostumbrándome a estar sola— le arrojó el primer hueso, quería ser meticulosa, pero al mismo tiempo quería salir de aquella asquerosa situación lo más pronto posible— La casa se siente tan grande sin él.

— Te comprendo querida… te comprendo bien— respondió rodeándola con un brazo para que se sentara en el mullido sofá junto a ella. Miró a su alrededor y solo halló a un montón de cacatúas bebiendo vinos caros y comentando la vida privada de aquellas que no estaban en la reunión. Antes, aquellas escenas le generaban tanto tedio, pero ahora le causaban una profunda rabia, un sentimiento cercano a las náuseas. Pero tenía que aprovecharse de ellas, tenía que utilizarlas en su favor.

Por primera vez su vida fingida le generaría algún beneficio.

debe ser aún más difícil con todo este escándalo— dijo. Sabía que no se aguantaría.

Bajó la mirada al suelo.

— Ha sido humillante, Yuuta— se quejó— todas esas personas juzgándome, acusándome, señalándome… No sé cómo actuar ante algo tan embarazoso.

Escondió el rostro entre las manos fingiendo que lloraba.

— Tranquila querida, tranquila— acarició su espalda— sabemos que eras una buena mujer, él no lo supo aprovechar… oh, querida debió ser tan difícil.

— y más aún cuando quienes levantaron esa calumnia de mi Ryuiichiro no tienen moral.

— ¿Qué quieres decir, querida?— preguntó. Esa era la abertura que necesitaba para dejarle la bomba.

— No le comentes a nadie, pero…— se acercó en tono de confidencialidad— sé de buena fuente que Yō Miyagi lleva una relación con un niño diecisiete años menor que él.


¡Hola! sé que esto sonará a excusa, pero el capítulo se atrasó porque mi abuelo (el padre de mi papá) falleció este viernes y pues en medio de todo el dolor había que hacer demasiados trámites (el funeral implica demasiados trámites legales en Venezuela) y pasé casi que todo el fin de semana sin dormir...

Pero, como la vida continúa, también lo hace este fic. Solo les recomiendo con sinceridad que les demuestren a quienes aman cuán importantes son para ustedes mientras estén aquí... de esa forma no se arrepentirán de tantas cosas cuando se vayan.

Besos con labial rojo.