Antes que nada, quiero aclarar que la serie Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa "casualidad". Aclarado este punto quiero señalar que esta es una historia "paranormal" y desde ya aviso, no es apto para todo público, espero les guste esto es un Kagome/Sesshoumaru y a aquellos que no les guste esta pareja les aconsejo que simplemente escoja otro fic n_n

Agradecimientos especiales a mi querida beta Brujita Luna y a todos los que han seguido este fic con paciencia, como algunos abran soy de Venezuela y mi país está pasando por muchos conflictos desde hace varios años ya y ahora estamos en un "caos relativo" y fuera de eso tengo muchos problemas de salud y familiares, aun así sigo aquí publicando lento pero seguro y la razón por la que señalo esto es para recalcar, que no voy a abandonar este fic ni ningún otro que empiece a publicar, no teman este fic está terminado desde el día que publique el primer cap, así que no se preocupen verán el final de este fic y cualquiera que publique después de este, como madre de tres y esposa, me obligo a terminar un fic antes de publicar, lo que tarda es la edición, aclarando esto y agradeciendo una vez más el apoyo incondicional, les pediré que me dejen su opinión y los dejare seguir con la historia.

Atentamente:

La Autora

(Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)

"Como granos que fluyeron veloces en el reloj de arena, el flujo del tiempo trajo consigo la llegada de las fechas vaticinadas escritas en el destino que fueron en una vida mi pasado y ahora se han convertido en la epifanía de mi presente, que marcaran la historia de mi futuro… de nuestro futuro.

Con los fuegos de la ambición, vi caer a aquellos orgullosos youkai, demasiado orgullosos para ocultarse y que al final vieron en el fulgor de su ultima batalla por el derecho a vivir, la realidad que mis palabras siempre habían encerrado, eximiéndome al comprenderme tardíamente y cuando en el campo de batalla vi apagarse la vida en los ojos del mas joven guerrero y manche por primera vez mis manos con la sangre de los míos, ante la aberración de la que hacían presa a los caídos, en pie en la carnicería tras la desigual batalla en nombre de sus mismos señores que años después llorarían amargamente cuando toda soberanía sobre nuestra isla se fuera directo al infierno.

En aquellos ojos vacíos de vida, vi también el final de mi idilio y supe con certeza que el momento había llegado, hice de tripas corazón y corazón de tripas e inicie lo que seria mi más grande engaño.

si… estoy maldita… pero mi único consuelo, es que él viviría… y yo moriré en vida, aferrada al recuerdo de aquel que ame, amo y amare… para siempre.

K.H.

Japón 1580

Inicio del periodo Azuchi-Momoyama

Shogun Oda Nobunaga

Cap. 36: El tiempo no corre en vano.

El tiempo corría con rapidez, apenas meses después de que Shippo regresara a su exilio, Kagome descubrió para su completo horror, la esterilidad de su vientre, cuando al tomarse un tiempo para si misma tras el avance que estaban haciendo en todos los campos que tenían en agenda, noto entonces que su cuerpo no estaba pasando por lo cambios físicos que debía sufrir una mujer humana y el significado que esto traía era devastador tanto para ella como para Sesshomaru, muy a pesar de que él la había abrazado mientras ella lloraba desconsolada su esterilidad, consolándola con su amor y presencia recordándole que ellos tenían a Rin y a Shippo y cuando el tiempo llegara, tendrían también a los hijos de estos. Ella podía ver la tristeza y decepción de su bestia, dándole así aun mas fuerzas para seguir con su agenda personal, donde él se alzaría con alguien digna de él. Alguien que le daría los cachorros que él ansiaba tener y ella definitivamente no podía darle.

Así que tras una temporada de estar hundía en la más pura depresión, en la que llego al punto de retirarse a su refugio donde se dedico a desahogarse con su arte y levantando el viejo proyecto del invernadero que había estado aplazando, trabajando a su vez en los muchos proyectos que tenia en mente y ayudarían a cumplir aquella misión con mas facilidad. Hasta que finalmente Sesshomaru había ido hasta ella una vez más, de las muchas que había ido y la había traído consigo finalmente y ella a su vez se había lanzado una vez más a trabajar arduamente a su lado.

Cinco años después, finalmente notaron que ella no estaba envejeciendo. Entonces tras días de profunda meditación, Kagome decidió que algo había cambiado en ella cuando Kikyo había tomado su cuerpo y ella había cruzado los seis planos reclamado su cuerpo de regreso. Desde entonces este había estado suspendida en el tiempo, por eso no menstruaba, por eso estaba estéril, no envejecía por que en el mismo instante que ella cruzo el primer plano, el cosmos registro su presencia y no habiendo nacido aun, la había dejado suspendida en el tiempo tal vez hasta que el día de su nacimiento llegara y el tiempo empezara a correr nuevamente para ella; Sesshomaru había celebrado internamente aquello, sin importarle sacrificar su futura paternidad unos cientos de años más. Después de todo él era un Daiyoukai y un Inu-Kami inmortal. Y si eso significaba que su compañera permanecería a su lado sin cedérsela al tiempo, el podía ser magnánimo y renunciar a sus cachorros hasta que el tiempo de su compañera llegara y con ello sus cachorros. La amaba. Ella había sacrificado mucho. Él no podía más que aceptar y esperar.

Tal como había prometido durante aquel tiempo, Shippo se dedico entonces a visitar a su madre durante las lunas azules junto a un buen grupo de Kitsunes que se prestaron de inmediato a ser parte de aquel ritual. Takeshi y lady Mami, quien al final se había descubierto como su compañera y que fueron parte de aquellos pocos que siglos después se contarían entre los que habían sido parte de aquella maravillosa hazaña; lograron completar en el lapso de cuatro años las esferas que significaban la salvación de su raza. En el mismo lapso de tiempo, Shippo de había dedicado a conocer a Rin hasta que la edad de cortejo llegara, como había acordado con su madre y su compañero y había ganado su sexta y séptima cola volviéndose aun más fuerte.

Japón era Sengoku 1517

Dos años después Shippo regreso al Oeste donde en presencia de su madre, su compañero, representantes de las nueve casas youkai y las cuatro casa cardinales, recibió su ultimo cambio convirtiéndose en el Kyubi blanco de Inari, su mas alto y sagrado guerrero. Aferrado a las manos de su madre y su compañera, quien semanas después tomo, según la costumbre youkai con las bendiciones de su madre y Sesshomaru.

Para entonces los youkai se retrajeron por completo hacia sus ciudadelas y si bien los humanos conocían de su existencia, habían empezado a acostumbrarse a verlos muy poco rondando sus aldeas y siempre en términos de comercio. Los conflictos humanos de vez en cuando se acercaban a los youkai, mas siempre lograban aplacar todo antes de que se saliera de control.

Mientras el emperador humano trataba de recuperar los poderes sobre la isla sin lograr nada. El shogun seguía haciendo estragos a sus anchas, llevando solo miseria y sufrimiento a su pueblo.

Japón era Sengoku 1520

El conflicto humano ligado a la envidia de ver que mientras ellos los humanos, por las acciones del Shogun y sus Daimyos sufrían de hambrunas, guerras y enfermedades, impuestos astronómicos e imposibles de cumplir cuando las cosechas habían sido tan pobres y ellos, los pocos youkai que se veían de vez en cuando seguían viviendo en la obvia opulencia, llevaron a algunos grupos aislados de humanos inconformes a unirse en descontento contra los youkai. Cuando el Shogun apoyo abiertamente a estos grupos dándoles un matiz más oficial. Kagome decidió que el tiempo de desaparecer por completo había llegado, así que en el transcurso de dos noches había realizado nuevos rituales en cada ciudadela cardinal agregando los cambios que había desarrollado para la completa protección de cada ciudadela sus tesoros y habitantes. Porque ella una vez mas había sido firme a la hora de negarse a entregar ni una sola moneda al Shogun, para satisfacer sus excesos y crueldad contra su pueblo y mantenía ese ideal.

Pronto como Kagome había propuesto, mientras agregaba su firma al tratado; durante en primer intento ataque del Shogun al Oeste, sus hombres habían visto la cruda "batalla" desde una zona alejada y habían decidido no intervenir esperando acabar con el que saliera victorioso, retirándose finalmente hasta una ocasión mas propicia.

En aquella ocasión la casa del Sur y el Norte fingieron unirse y combatir al Oeste en un terreno baldío lejos de la ciudadela donde Kagome había levantado la ilusión de un poblado youkai, dando como resultado la "muerte" de la señora del Oeste que ocasionaría una "guerra" entre los youkai que para los humanos duraría tres años con el fin de las cuatro casas cardinales youkai y aunque por orden del shogun habían revisado la zona atravesando incluso la verdadera ciudadela sin verla a pesar de estar frente a sus ojos. Los humanos no habían encontrado más que humanos ancianos hundidos en la más extrema pobreza y los habían dejado estar, mientras los líderes de las aldeas pagaran el tributo en grano pues era lo único de "valor" que tenían entonces.

Los youkai usaron desde entonces activamente las esferas que se habían creado para su protección, con la sola excepción de un pequeño grupo que se había negado a ocultarse y habían vivido en las zonas mas salvajes a las que ningún humano se atrevía a acercase. Pues se sabía que allí estaban los "últimos" youkai que quedaban y estos eran temidos y reverenciados por igual.

Japón era Sengoku 1530

Diez años después. Una pareja cabalgaba al amparo de la luna. En silencio cada uno guiando a su montura con mano firme. La postura de cada uno denotaba calma absoluta. Cada uno parecía uno con su montura, ambos vestían Haori y Hakamas de colores oscuros envueltos en sendas capas de tejido tosco, no habrían llamado la atención a simple vista, pues ni aun las monturas valían mucho la pena de ver. Los caballos raquíticos no valdrían para mucho aun así hablaban de antigua riqueza, si alguien se hubiese tomado un segundo para observar mejor, habrían notado de inmediato, los rasgos patricios que se perfilaban en el hombre mas alto, los largos cabellos atados en una alta cola de caballo y la delicada complexión de su "compañero" mas propias en una mujer que en un hombre y no cualquier mujer una dama. Mas nadie les había dedicado una segunda mirada durante las largas travesías que ambos habían tenido a lo largo de Japón, los últimos cinco años. Nadie había notado al grupo que en las sombras se movía a la par con ellos, custodiando y guardando siempre.

Ningún monje o sacerdotisa habían percibido la presencia de ninguno de ellos en sus templos, ni aun cuando a cada Tori, al que se le ofrecía tributo, había resonado fuerte y claro con crudo poder, contenido por aquella mujer oculta de las miradas curiosas bajo un tupido velo negro alegando una terrible enfermedad que había mantenido a todo aquel que preguntara alejado de ella. Nadie había notado nada fuera de lo común. Cada cual sumido en su propia miseria, y los pocos que habían tenido la mala idea de robar a alguno de ellos se había encontrado en algún lugar lejos de sus aldeas sin saber como habían llegado allí; aquel peregrinaje había iniciado cuando el nombre del clan Nobunaga había empezado a cobrar cada vez mas fuerza. Azuzando con palabras maliciosas al igual que su predecesor la rebelión humana y los ataques hacia los youkai "restantes" que para entonces había acabado con gran parte de aquel grupo que se había negado a ocultarse.

Con cada peregrinaje, Kagome se iba retrayendo un poco más. Había aprendido a interiorizar su pena y a ocultarla por completo. Había aprendido a mentir, aunque la amargura de la acción quedara en su boca y se clavara en su pecho cada vez. Así alegando preocupación y concentración en la misión que tenia entre manos, Kagome había logrado calmar a Sesshomaru y a sus hijos.

Al amparo de la noche, Kagome miro a través de su tupido velo y Sesshomaru asintió a sus espías con un disimulado ademán. De inmediato se desplegaron en sincronía perfecta, peinando la zona con alarmante rapidez en busca de algún humano que pudiera verlos. En silencio ambos aguardaron y pronto de entre las sombras un hombre vestido de negro se dejo ver y con un silencioso asentimiento se mezclo en la oscuridad una vez más; sin esperar mucho, Kagome paso una pierna por encima del lomo del caballo y de inmediato Sesshomaru estuvo allí para ayudarla a bajar. Una vez sobre sus pies. Kagome apretó levemente el antebrazo donde se apoyaba y de un tirón se quito el velo mostrando su rostro, donde sus marcas de poder brillaban con fuerza, pues no había habido para ella esfera mágica capaz de ocultar su magia interna, pues cuando mucho podía ocultar su reiki.

Sin mediar palabra, Kagome subió los escalones de piedra seguida a una distancia prudente por Sesshomaru y sus hombres. Al llegar al Tori, Kagome le dedico una profunda reverencia en honor a la diosa a la que había sido dedicado el monumento y tras dibujar un circulo perfecto en el aire donde se reflejaron diminutos símbolos que Sesshomaru sabia que eran runas, él la había visto tejerlas tantas veces ya.

Kagome procedió a desenvainar su daga y con un fluido movimiento ellos la vieron repetir la misma acción que había estado realizando durante los últimos cinco años, mas ahora ninguno entraría en pánico ante el despliegue de poder. Pues su señora jamás había dañado a alguno de ellos; apenas la sangre de Kagome toco la "madera" del Tori, fue absorbida por este iluminándose por completo. Entonces el poder estallo de el y resonó con ella. Las líneas de magia cobraron fuerza y durante un instante ella agrego otra pincelada a la imagen que había estado construyendo en su mente con sumo cuidado y que seria el hogar de sus seres amados, pues al final ella había personalizado ligeramente aquel ritual, pues su visión así lo había exigido y ella no podía hacer mas que cumplir con lo necesario. Cuando el poder se retrajo dentro de ella, se volvió lista para abandonar aquel lugar, pues era el último Tori de aquella zona y debían moverse pronto a otra. Vio a Sesshomaru allí esperando por ella al final de las escaleras, y sintió su corazón golpear con dolorosa fuerza dentro de su pecho. Allí estaba él, tan hermoso, su amado compañero, ignorante de que a cada paso que daban se alejaban más. Cada vez que su sangre se derramaba en cada Tori, el inicio del fin para ellos se acercaba con alarmante velocidad.

¡Él vivirá! — Se recordó espantando a la fuerza, la culpa y la angustia que la futura separación le causaba y bajando los escalones con rapidez se reunió con él, y así como habían llegado se habían perdido en la noche. Ella jamás vio la mirada de preocupación que Sesshomaru le dedico en ese instante en el que ella había llegado hasta el y su bestia se había removido dentro de él, advirtiéndole que algo estaba molestando a su dama.

— ¿Estas bien? — Pregunto a kilómetros de distancia del templo y cualquier población. Como siempre, viajarían toda la noche hasta bien entrada la madrugada, entonces se detendrían en alguna posada que los admitiera con su compañero "enfermo" y repetirían todo una vez más y si de casualidad se encontraban en el despoblado, se refugian bajo un kekkai hasta que el atardecer cayera sobre ellos y la noche volviera a guardarlos.

— Solo estoy cansada — Dijo ella sin mentir. Realmente estaba cansada, cansada de viajar, de mentir, de callar, de fingir que todo estaba bien cuando en realidad todo estaba mal y no podía hacer nada para evitarlo. Porque ella se había fijado como meta personal que él viviría, aunque ella muriera en el proceso, él viviría, era su mantra y promesa, él viviría, era lo único que importaba.

— Hn — Murmuro él, sabiendo perfectamente la respuesta que obtendría. Si le sugiriera descansar; desde que el nombre de Katsumo Nobunaga había llegado a la corte, Kagome había empezado a trabajar más duro, exigiendo a su vez más. Había modificado las barreras de cada ciudadela haciéndolas aun mas complejas y finalmente había decretado que la hora de activar cada Tori había llegado y así el peregrinaje había empezado.

Rin y Shippo se habían encargado no solo de los nueve clanes Kitsune, sino de sus asuntos en el Oeste. Pues era mas que obvio que él no la dejaría ir sola a aquella misión. Los tiempos que corrían eran aun más peligrosos con Katsumo Nobunaga azuzando a los humanos y organizándolos. Los salteadores de camino se habían duplicado y los Daimyos humanos cada vez se mostraban mas audaces. Así que era lógico que él la acompañara y nadie cuestiono aquello.

Japón era Sengoku 1540

Y así el día había llegado. Aquella noche había sido planificada treinta y un años atrás, cuando le había confesado a Sesshomaru que su familia seria la guardiana de leyenda, de la suya y allí estaba entonces. Observando impactada los cambios que la antigua aldea había sufrido. Estrechas callejuelas se podían ver ahora, llenas de casas y tiendas que antes no habían estado allí, los sembradíos aun permanecían en su mayoría atendidos por los descendientes de aquellos que antes que ellos habían cultivado la tierra, y mientras avanzaba entre estas pudo vislumbrar alguna mujer imitando la moda establecida en su corte y que de alguna forma se había filtrado hacia la corte humana. Sabía que en Kyoto, las mujeres de la corte usaban su estilo de vestuario. Aquello le había causado gracia entonces, pues jamás se había visto a si misma como un icono de la moda, de hecho jamás se había visto a si misma como una sacerdotisa en primer lugar y allí estaba ahora.

Para entonces había en cada poblado un grupo de youkai mezclados entre los humanos ocultos por sus esferas dedicados a espiar y mantener informados a los señores y a mantener el comercio entre razas activo sin levantar sospechas. Después de todo a esas alturas muchos empezaban a dudar de la existencia real de los youkai en aquella época donde la gente moría relativamente joven a pesar de sus cuerpos envejecidos por la dura época en la que vivían. Los jóvenes eran mas escépticos a lo que ya no podían ver, aunque los cortesanos seguían creyendo pues su shogun en su obsesión no había cejado su intento por buscar aquel ansiado poder que aquellas criaturas poseían.

Sesshomaru la guío con la seguridad que le daba conocer de primera mano cada nueva callejuela y cada estructura, pues había estado allí con anterioridad justo para aquel día preparándose para aquella travesía nocturna.

— Ya hemos cerrado por hoy señor — Dijo el joven monje al verlos pasar bajo el Tori que coronaba la parte superior de las escaleras.

— Higurashi-sama nos espera esta noche — Anuncio Sesshomaru entonces, llamando la atención del joven hacia su acompañante que era obviamente una dama.

— Ya los anuncio señor — Dijo el joven mirando a la mujer una vez mas cubierta por el tupido velo que caía sobre el obi, antes de darles una rápida reverencia y echar a correr hacia la casa dejándolos allí frente al Goshinboku, al que Kagome había estado mirando desde que habían llegado.

— Es extraño… la estructura general no difiere mucho con mi casa Sesshomaru, sin embargo es tan extraño para mi ver todo esto — Dijo Kagome, despegando su mirada del árbol sagrado y viendo el templo y la casa en la que en el futuro ella crecería.

— ¿Estarás bien? — Pregunto entonces sintiendo su pesar y melancolía abrazarse a él como una segunda piel.

— Lo estaré, mira — Dijo Kagome, señalando con un ademán a la pareja que avanzaba lentamente acompañada de dos jóvenes más.

— Confió en que su viaje haya sido grato, mi lady — Saludo la mujer, dedicándole una leve reverencia que Kagome impidió con un ademán.

— Mi lady Misato, has crecido en edad y en sabiduría — Saludo Kagome a su vez, observando a la mujer frente a ella. Los años habían sido amables con ella. A sus cuarenta y tres años no era ya la niña de doce que había conocido una vez, aun así para la época, ella estaba muy bien conservada.

— Es un honor servirles, mi lady, mi lord — Dijo ella a su vez saludando a Sesshomaru, haciendo un ademán invitándolos a pasar al templo. Sesshomaru guío a Kagome y dentro del lugar estaban los ancianos de la familia. — Hemos estado esperando — Agrego, sentándose junto a al hombre que la había acompañado.

— Permítanos verlos por favor, señora — Pidió una de las ancianas entonces, justo después de que las puertas del templo se cerraran tras ellos. Kagome dejo ir su reiki barriendo el lugar y levantando a su vez una poderosa kekkai. Entonces Kagome se quito el velo y ellos contuvieron el aliento al ver su rostro y las marcas de magia que había en el y sus manos cuando procedió a retirarse los guantes que había estado usando, a su lado Sesshomaru retiro con velocidad las esferas, que fuera de la vista de otros estaban atadas a una cinta de cuero en su cuello y muñeca, en caso de que una se despegara, ella se había asegurado que otra estuviera allí para el y se alzo junto a ella en toda su gloria y ellos no pudieron mas que verlos embelesados mientras ambos se tomaban de la mano frente a ellos.

— Yo soy una de ustedes, pero eso ya lo saben. Hace treinta y una años vine a ustedes — Dijo Kagome con calma. La anciana que había hecho la petición, se aferraba las manos contra el pecho observándola con los ojos llenos de lagrimas de felicidad.

— Entonces fue el ser mas hermoso que mis ojos tuvieron la dicha y honor de ver mi lady, sigue igual que entonces — Dijo la anciana.

— Los dioses así lo han dispuesto. Pero no es eso lo que vinimos a discutir esta noche y me temo, que solo podremos tratar este tema con el líder del clan y les advierto tampoco él podrá soltar prenda — Dijo Kagome con seriedad. Uno a uno entonces se levantaron y tras una silenciosa reverencia a ambos, salieron del lugar dejando a Lady Misato a solas con ellos.

— Miko — Dijo Sesshomaru simplemente y Kagome coloco otra poderosa Kekkai sobre la estructura del templo. — Este Sesshomaru, señor de las tierras del Oeste, de la casa de la Luna, Inu Kami-Daiyoukai ha venido esta noche, a este clan, que es y será el clan de mi compañera a pedir formalmente se conviertan en los guardianes de leyenda de la casa y clan de este Sesshomaru y su clase — Entono formalmente las palabras cargadas de poder retumbando en el lugar, mientras Kagome observaba a su compañero y a una de sus antepasados.

— Yo Misato Higurashi, sacerdotisa, vidente y líder actual de este clan, en nombre de mi clan y la autoridad que me fue legada, acepto humildemente la tarea que nos esta legando el Señor de las tierras del Oeste y la casa de la luna, Inu Kami y Daiyoukai, compañero de nuestra sagrada señora — Respondió ella a su vez. Entonces las bandas de poder se entrelazaron, cuando ambos estrecharon sus manos y el ritual había concluido.

— Estos pergaminos, son solo para los ojos del líder del clan. Nadie mas debe tener esta información y el líder solo puede pasarla a su sucesor. Llegará el día en que yo naceré en este clan. Entonces no deberé conocer sobre la existencia de los youkai ni nada de lo que has escuchado esta noche, ni en el futuro; mi futuro no debe cambiar, Misato. Las consecuencias serian fatales para el pasado, tu pasado y tu futuro están ligados a esta noche y la responsabilidad que acabas de tomar — Dijo Kagome entregándole a Sesshomaru los pergaminos que él mismo había escrito años atrás y este a su vez le entrego a la mujer frente a él que los recibió con un ademán reverente. Los estuches de marfil tallados eran una obra de arte única, donde podían verse la forma del Inu Kami aullando a la luna y al pentagrama que esta abrazaba.

— Que así sea, mi lady. Ahora vayan… las noches en Edo se han vuelto muy peligrosas y me temo que aun este lugar no es seguro para usted — Dijo la mujer, levantando un panel del templo donde un nicho de metal aguardaba por los pergaminos que ella guardo de inmediato colocando la llave a resguardo alrededor de su cuello y ocultándolo bajo su traje de sacerdotisa, antes de colocar una serie de pergaminos sagrados y el panel nuevamente en su sitio.

— Cuídate mucho, Misato — Dijo Kagome, colocándose nuevamente el velo.

— Usted también, mi lady… sea fuerte — Dijo la mujer sosteniendo su mano un instante, antes de que ambos salieran del templo y se perdieran en la noche. — Ella merece ser feliz — Murmuro mirando al cielo, como reclamándole a los dioses.

Apenas habían salido de las luces de la ciudad en ciernes y un grupo de hombres habían intentado inútilmente de asaltarlos, con el mismo resultado de siempre.

Tres años después en 1543, de la mano de bucaneros portugueses llegaría el cristianismo con su naufragio en la Isla de Tenegashima, iniciando una dura era para las religiones y los youkai con la visión del bien y el mal del cristianismo y el choque étnico de las religiones niponas y su cultura.

Japón era Sengoku 1550

El jinete atravesaba los caminos a toda velocidad seguido de cerca por otro igual de veloz, había pasado todo el día cabalgando sin importarle la luz del día ni la pésima educación de los posaderos que se negaban a admitir a un enfermo entre ellos, mas a ninguno le importo. Sesshomaru había obtenido su pequeña venganza cada vez que el posadero lo invitaba a pasar y el "confesaba" ser el guardia personal del enfermo que se negaban a admitir que era a su vez un poderoso y acaudalado "señor" feudal. Sus caras de espanto ante tal metedura de pata era suficiente para hacer reír a su dama y eso calmaba un poco su ira ante tal desaire y ella, kami la bendijera, se limitaba a encogerse de hombros sin emitir queja alguna por las incomodidades que sufría en la travesía.

Más en aquella ocasión, Kagome había despertado aquella mañana agitada y sin decir más, había ensillado su montura debidamente concelada, para parecer mediocre y no la excelente montura youkai que en realidad era, y no había sido si no hacia el mediodía. Cuando se habían detenido para dar de beber a las bestias que ella le había dicho angustiada hacia donde se dirigían. La consternación que la embargaba era tal que el no pudo hacer mas que abrazarla y obligarla a comer y descansar un poco antes de retomar el camino. Vislumbrando entre el follaje a sus hombres, había enviado a un grupo de ellos adelante a asegurar el caminohasta el lugar donde iban.

Apenas caía la noche, cuando finalmente habían llegado al lugar. La casa era una estructura de una planta modesta pero espaciosa, maciza y bien cuidada, en la entrada en perfecto kanji podía leerse "familia Takani" y esta estaba cerrada, mas Sesshomaru llamo varias veces hasta que un joven hombre idéntico al monje que había sido amigo y aliado de compañera salio a recibirlos.

— Mi señor, esta noche me es imposible recibirlos mi padre…

— Está esperando mi visita muchacho, así que ábreme vengo a cumplir una promesa — Ordeno Kagome incapaz de esperar más.

— Déjala entrar, Toshio. Tu padre está esperando a la señora — Ordeno entonces una anciana y Kagome sintió sus ojos llenarse de lagrimas al ver en aquella mujer marchita por el tiempo, a la que una vez había sido su amiga y amada hermana. El joven hombre se apresuro a cumplir la orden y de inmediato Kagome entro junto a Sesshomaru.

— Sango-san, tanto tiempo — Saludo Kagome entonces.

— Él se va, mi lady — Dijo ella entonces, rompiendo a llorar aferrándose a su hijo mayor tan parecido a su Miroku. Después de haber contenido las lágrimas aquel día, cuando al amanecer su amado Miroku le decía que su hermana vendría a verlo esa noche. El significado de aquel anuncio era duro para ambos y a la vez algo le decía que el se alegraba realmente de ver a su hermana y de alguna forma, ella también.

— Hubiera deseado que mi presencia en tu casa no fuera tan triste — Dijo Kagome observando al joven consolar a su madre.

— No diga eso, señora. Vamos, él quiere verla — Dijo Sango señalando con un ademán el camino a seguir.

— Solo ustedes, Sango-san, solo ustedes tres — Dijo Kagome con calma y Sango asintió. En la puerta de la habitación su hijo se despidió y ambos entraron tras ella. En el futon recostado estaba la forma envejecida de Miroku, sus arrugas surcaban su rostro atestiguando una vida llena de risa y alegría, al igual que de trabajo duro y junto a él, Kirara estaba acurrucada a su lado. Ambos vieron a Sango sentarse junto a él y susurrar a su oído, entonces él abrió sus ojos, aun jóvenes pero cansados, alerta mirando a su esposa y a ellos.

— Monje, traje algo especial para ti — Dijo Sesshomaru, agradecido de la temprana advertencia de Kaede y su regalo.

— Aun como humano, sigue sonando como el lord que es, Sesshomaru-sama — Dijo Miroku dedicándole una temblorosa sonrisa, marcando aún más las arrugas de su rostro.

— ¿Dime hermano mío, lograste tener esos doce hijos? — Dijo entonces Kagome, retirándose el velo y pasando por alto la reacción de ambos, que la miraron perplejos.

— ¡Fueron trece, mi lady, me supere a mi mismo! — Dijo Miroku jocoso, respirando pesadamente y mirándola fijamente, al igual que Sango que apretaba su mano con fuerza. — No ha cambiado nada, mi lady, pero mi dama sigue siendo la más hermosa flor.

— Y así debe ser monje pervertido, mira que tomar como propio el merito de parir trece hijos — Dijo Kagome sentándose junto a él. Tragándose su propio dolor al ser incapaz de darle a su amado, tan siquiera uno. — El merito es de, Sango-san aquí presente — Añadió limpiándole una lágrima de las marchitas mejillas del monje.

— Monje, un trago por las viejas glorias — Dijo Sesshomaru sirviéndole una copa del sake mas duro de conseguir, al que solo sus creadores le permitían tomar a aquellos que estaban cerca de la muerte y que Kaede de alguna forma había conseguido y hecho llegar a él.

— ¡Buen Kami, eso es lo que creo que es, vamos pues! — Celebro el monje sonriendo como un niño travieso. Entonces Kagome le acerco la copa a los labios y este bebió con gusto relamiéndose del exquisito sabor.

— ¿No le hará daño, verdad? — Pregunto Sango entonces. Aunque Miroku ya le había hablado de ese licor, ella quería estar segura.

— No, Sango-san. Este licor lo ayudara a calmar el dolor que sienta haciéndole más fácil la partida — Dijo Kagome entonces extendiendo la mano y tocando la de su antigua amiga ahora marchita por el tiempo.

— ¡Tu no has cambiado! — Señalo Sango en tono acusatorio.

— El mérito no es mío — Dijo Kagome sin explicar más.

— Ella esta ligada a lord Sesshomaru, Sango, cariño así que ambos vivirán siempre — Dijo Miroku consolador.

— No es justo, que nosotros sucumbamos a la muerte y ellos sigan aquí — Dijo Sango rota de dolor.

— Amor, más bien es consolador, yo no querría vivir para siempre como ellos. Viendo las épocas cambiar y a todos los que conocen y aman morir. Ella nos recordara para siempre y conociéndola llorara nuestras partidas cada vez que nos recuerde. Entonces querrá tener lo que nosotros. El olvido de la muerte y la esperanza de otra vida, de otro inicio — Dijo Miroku, calmando a Sango y rompiendo el corazón de Kagome ante la verdad de sus palabras.

— ¿Es verdad? — Pregunto Sango, espantada ante aquella amarga perspectiva encerrada en la engañosa promesa de la inmortalidad.

— Si, Sango-san. En efecto, Miroku sigues siendo tan sabio como te recuerdo — Dijo Kagome, limpiando sus propias lágrimas inconscientemente.

— ¿Cómo lo soportan? — Pregunto ella, acongojada ante tan duro destino.

— Con el tiempo, se aprende, yo he vivido más que ella y ustedes juntos y aprendí a que el tiempo es algo que no puedo controlar y la vida sigue. — Explico Sesshomaru con calma.

— Yo a pesar de lo que diga mi apariencia sigo viendo las cosas como humana. Sintiendo de la misma forma, puedo decirte que si, con el tiempo he aprendido a aceptar a los que he perdido, mas nunca me permito olvidarlos y creo que jamás dejare de llorar a aquellos que llevo en mi corazón — Respondió Kagome con nuevas lágrimas deslizándose por sus mejillas.

— Ya veo — Dijo Sango, comprendiendo que su esposo tenía razón sobre aquella mujer. Ella siempre los recordaría y los lloraría, algo en ella se sintió triste por ello, pues no era justo llorar para siempre.

— ¡Oh mi lady que hermosa es su luz! — Exclamo entonces Miroku observándola con los ojos vidriosos.

— Llama a tus hijos Sango. El momento ha llegado — Dijo Kagome colocándose el velo, que para Miroku era completamente inexistente, ya que aun así el podía ver la luz emanar a raudales de ella. Sango obedeció de inmediato y rápidamente la habitación se lleno de los hijos e hijas de la pareja, acompañados de sus conyugues que miraron extrañados a la pareja mas ninguno se atrevió a decir nada.

— Estaré esperando por ti mi amada, Sango. En la otra vida volveré a pedirte el honor de darme hijos — Dijo Miroku sonriéndole a su amada esposa, a la cual veía tal cual la había visto el día que se conocieron, hermosa, altiva, poderosa y bondadosa, su amada Sango

— Tratare de no golpearte mucho entonces, Monje — Dijo ella entre lágrimas.

— Bendígame, mi lady y muéstreme el camino hacia la luz. Espero que me encuentre entonces algún día — Dijo aferrando las manos de ambas mujeres, sin dejar de ver a Sango que lloraba incapaz de decir nada más. Mientras Kirara maullaba por lo bajo con la cabeza sobre el pecho del monje.

— Que los dioses te bendigan, Miroku Takani y guíen tu alma al reencuentro de tu amada en la próxima vida. Con suerte nos volveremos a ver, hermano mío — Dijo Kagome aferrando la mano del monje y la de Sango, mientras Sesshomaru apoyaba sus manos en su espalda, en muestra de apoyo.

— Cuida de mi hermana, mi lord. Te amo Sango, los amo — Murmuro Miroku antes de dar un largo suspiro y partir pacíficamente. Sango se abrazo a él entonces y lo beso en los labios y con un deje resignado lo cubrió con la manta y miro a Kagome frente a ella.

— El día de mi muerte, quiero que vengas a verme. Quiero que me guíes a él. Si realmente me amaste se que lo harás — Suplico Sango, tomándola de las manos.

— ¡Madre! — Regaño uno de sus hijos.

— ¡Silencio! — Ladro el hombre que los había recibido, de inmediato todos callaron y salieron de la habitación.

— Ese día estaré aquí, si es tu deseo — Dijo Kagome con toda la calma que pudo reunir.

— ¡Gracias, gracias! — Dijo Sango entonces llorando desconsolada, todo control finalmente perdido en la angustia de la pérdida de un ser amado, y no cualquier ser, sino su otra mitad.

Quince días después Kagome regresaría la casa Takani y Toshio los recibiría nuevamente con el semblante decaído, llevándolos de inmediato hasta Sango y dejándolos a solas como su madre había pedido. Pues tras la muerte de su padre la pareja se había retirado y cuando ellos habían preguntado por la mujer. Su madre había dicho que era una poderosa Miko con la que habían tenido una fuerte amistad cuando eran mas jóvenes y ella había enviado por la mujer a petición de su padre que no deseaba mas bendición que la de ella y que cuando su hora llegara, la mujer regresaría y ellos cumplirían su ultima voluntad y así lo había hecho.

— ¿No pudiste esperar un poco más, Sango-chan? — Dijo Kagome mirando a su amiga mirarla con el mismo amor que una vez le había profesado tanto tiempo atrás. Comprendiendo que al final su amada hermana había regresado a ella apenas en el crucial final de su vida.

— Sabes que nunca pude vivir sin ese monje pervertido una vez entro a mi vida, Kagome-chan — Dijo Sango con los ojos llenos de lágrimas mirando a aquella mujer que tanto había dado por ellos. — ¿Cómo puedes perdonarme así de fácil?

— El amor lo perdona todo hermana. Tú estabas muy envenenada entonces por lo que sucedió, no eras tu… ¿como no iba a perdonarte entonces? — Dijo Kagome tomando sus manos en las de ella.

— ¿Crees poder aceptar una copa, Taijiya? — Preguntó Sesshomaru ofreciéndole el licor. Esta lo miro un instante y asintió.

— Si ella te ama lo suficiente para estar contigo, puedo confiar en ti, puedo confiar en que la cuidaras — Admitió ella después de tomar el exquisito licor. Aunque ella no era de mucho tomar, debía admitir que el trago era dulce como la miel.

Kagome bajo la mirada ante la declaración de Sango, aun después de tantos años de separación y ella aun podía leerla con facilidad y sus palabras la mortificaban aun mas por el significado que estas guardaban y por que ella había pasado treinta años mordiéndose los labios para no pronunciar aquellas palabras que luego herirían como cristales rotos

— Lo haré — Dijo Sesshomaru con calma.

— Kagome, se que una vez… te pedí tontamente… que me dieras tu palabra… te libero de esa promesa por favor lucha, si tienes que matar, humano o no lucha, cuando enfrentamos a Naraku jamás nos tembló la mano contra cualquier youkai que nos atacara. No dejes que tiemble tu mano contra aquellos que buscaran dañarte aun si es humano, ¡promételo! — Urgió Sango, apretando con todas sus fuerzas la mano de Kagome. Sus ojos vidriosos brillando con desesperación, sintiendo sus fuerzas fallar. Kagome miro a Sesshomaru y este asintió silenciosamente, aquello era después de todo una petición a las puertas de la muerte y esas eran las únicas que no podían negarse.

— Lo… prometo — Dijo Kagome finalmente, cerrando los ojos un instante ante la pesada promesa que había hecho. Sabiendo en su corazón que tendría que cumplirla si la ocasión se presentaba.

— Ya puedo irme en paz. Mis hijos están grandes. Mi familia está bien y tú, mi hermana, has conseguido a alguien digno de ti. Ahora si no te importa, creo que estoy lista para seguir, espero ver a mis padres y a Kohaku… sé que Miroku estará esperando. El monje lo prometió — Susurro Sango con una sonrisa en los labios, mientras Kagome se colocaba nuevamente el velo sobre la cabeza y Seshomaru habría la puerta y los hijos de Sango y Miroku entraban a despedir a su madre. — Kagome-chan… lleva a Kirara contigo, tu podrás protegerla mejor — Pidió Sango.

— Como desees amiga mía — Respondió ella.

— Miroku tenía razón como siempre, tu luz es hermosa. Vamos, Kags, déjame ir. Bendíceme a mi también, estoy segura que nos veremos algún día — Dijo Sango tomando la mano de su primogénito y la de Kagome.

— Que los dioses te bendigan, Sango Takani y guíen tu alma al rencuentro de tus seres amados en la próxima vida, si los dioses nos lo permiten, nos volveremos a ver — Recito Kagome entre lágrimas.

— Gracias — Suspiró cerrando los ojos y partiendo de aquel mundo con una sonrisa en los labios, rodeada de sus hijos y aquella mujer que había cambiado su vida casi cuarenta y un años atrás.

— Vamos, Kagome — Murmuro Sesshomaru ayudándola a levantarse mientras Kirara se restregaba contra el cuerpo de Sango una vez más y saltaba a los brazos de Kagome.

— Señora, se que mi madre le dijo que se llevara a Kirara. Pero ella no es un gato común es un youkai y es peligroso — Dijo una de las hijas de Sango, tan parecida a ella que era doloroso para ella mirarla.

— Mi querida muchacha, gracias por la advertencia, pero Kirara y yo somos viejas conocidas ella no me hará daño y a cambio yo la protegeré — Dijo Kagome con calma.

— Hana, deja a la señora en paz. Madre dio una orden, no te atrevas a desobedecerla — Dijo Toshio, acercándose a Kagome y a Sesshomaru. Lanzándole una mirada dura a su hermana. — Gracias por estar aquí para ella, mi lady, mi lord. Mi madre nos dijo que fue su padre y su madre quien nos cedió este feudo y estamos profundamente agradecidos. Por favor cuiden de Kirara a pesar de su naturaleza, ella no es malvada, muchos humanos lo son y son tan mortales como nosotros — Dijo el hombre acompañándolos a la entrada pues sabia que ellos no se quedarían, su madre se lo había advertido.

— Eres el hijo de tus padres Toshio y el guardián de leyendas digno de esta familia, que Kami te bendiga — Dijo Kagome antes de salir de la casa hasta los caballos que la esperaban de la mano de uno de los hombres de Sesshomaru y subir con su ayuda en el y alejarse por el camino iluminado por la luna.

— Fue un honor, mi lady — murmuro el hombre antes de cerrar las puertas y seguir velando a su madre. Sin saber que aquella mujer era descendiente directa de él por medio del hijo que su esposa recién había dado a luz semanas atrás.

Kagome lloro y llevo su luto por días. Para Sesshomaru y sus hombres había sido duro verla en aquel estado de depresión aun así ella no había dejado de ofrecer su tributo a los Tori, dispuesta a cumplir a cabalidad su misión. Pues no dejaría que su tristeza le impidiera terminar aquella misión.

Meses después, Kagome y Sesshomaru volvieron a Edo, llevando consigo un pesado baúl, tras hablar con la anciana sacerdotisa del templo quien de inmediato la había reconocido y había celebrado su presencia. La matriarca Fujimiya había llegado de Izumo muchos años atrás y que había fundado un templo en honor a Susano y Kushinada, como era la costumbre de los Fujimiya y según estaba predicho, Kagome dejo a su cuidado el cofre que estaría bajo el cuidado de su familia durante los próximos cuatrocientos sesenta y cuatro años a la espera de la llegada de su legitima dueña. La hija mayor del clan Higurashi, en el verano del año dos mil catorce. Teniendo así la tercera de las siete familias que serian los custodios, que guardarían la historia de lo reales que los youkai fueron alguna vez en el tiempo.

Japón era Sengoku 1560

De la mano de Oda Nobunaga, cosechando el sutil trabajo de su padre antes que él, las revueltas entre la población y los Daimyos se ha vuelto aún más cruel, mas increíblemente, Oda lograra tomar el poder y empieza a instaurar orden por la fuerza, mientras que el shogun poco a poco pierde cada vez mas terreno, odiado por sus mismos señores feudales y continuamente traicionado a pesar de sus muchas purgas, con ejecuciones de traidores a diario, que no ayudaba para nada a su causa. Muy a pesar de haber sido el mecenas de las artes más exquisitas nacidas en la capital de Kyoto, lo único por lo que al final se le daría valor alguno a su paso por el Shogunato.

Japón inicio del fin de la era Sengoku 1573

Oda Nobunaga destituye a Ashikaga Yoshimasa y lo ejecuta acusándolo de crímenes contra la nación y el emperador y toma la figura del Shogunato por clamor colectivo y siguió avanzando sobre Japón con su lema de "unificación del país", logrando el apoyo de los grandes clanes y ganando enemigos entre otros grandes clanes que no apoyaban sus formas totalitarias. Mas con los años El Oeste había sido el hogar de las facciones que se oponían a Nobunaga y se decía que existían allí un grupo de personas deformes que practicaban la brujería que se habían cobrado la vida de muchos de sus hombres y que era una mancha de "debilidad" que Oda no estaba dispuesto a tolerar. Así que tras su toma del poder, Oda Nobunaga tenía en la mira en las tierras del Oeste. Según su difunto padre las tierras del antiguo señor youkai mas poderoso y que seria la culminación de su obra y la joya mas preciada que él poseería, pues estaba seguro que los tesoros del antiguo señor debían estar ocultos en aquel lugar y él estaba mas que dispuesto en hacer peinar esas tierras en busca de las antiguas arcas del Oeste. Entonces el emperador caería y seria la hora del reinado de la casa Nobunaga, finalmente.

Japón fin de la era Sengoku 1580

La noticia había llegado demasiado tarde. La tormenta había hecho cerrar los caminos y habría sido sospechoso que los mensajeros se movieran a través de los caminos fangosos y accidentados sin levantar sospecha alguna, aun así cuando el mensajero había llegado. Kagome junto a Sesshomaru habían salido con una partida de guerreros para unirse a la batalla para defender la ciudadela que estaba por sufrir un ataque sorpresa. Kaede había tenido tantas visiones que había sido casi imposible llevar un record de ellas, aun así en cuanto había podido dar la alerta y el mensajero enviado. Los caminos siempre vigilados estaban intransitables, así que tanto el mensajero del Sur como el espía dentro de la corte habían estado retardados y la batalla estaba en su punto más cruel cuando finalmente habían llegado.

Kagome vio a lo lejos la última línea de la avanzada youkai, hembras y machos espadas en mano, combatiendo con fiereza contra las armas de fuego, que perforaban sus armaduras y destrozaban sus cuerpos sin piedad, a la vez que aferrándose a sus creencias, ellos mismos acaban con la vida de tantos como podían. Mas a pesar de espolear la bestia que montaba no pudieron llegar a tiempo en su ayuda, junto a Sesshomaru y sus hombres. Kagome miro con tristeza como la visión que años atrás había venido a ella se cumplía con un sentimiento de impotencia e inutilidad, entonces había escuchado el grito de agonía y había visto algo que había quebrado el último hilo de humanidad en ella.

Allí, en medio de la carnicería, el grupo de soldados humanos habían encontrado a un enemigo aun vivo y de inmediato los otros habían procedido a atravesar los cuerpos caídos en busca de mas sobrevivientes, mientras una vez mas el grupo torturaba a su victima, y arrancándole el casco descubrieron el joven rostro de una cachorra su jubilo había sido vulgar y sonoro y ni aun había caído la primera armadura para ejecutar el vil acto y Kagome había desaparecido ante los indignados ojos de los guerreros y el señor del Oeste y había aniquilado al grupo sin mirarlos dos veces, de inmediato los machos la siguieron internamente aterrorizados ante su acción. Pues ella jamás había derramado sangre humana hasta aquella noche.

— Mi lady — Susurro agónicamente la joven. Reconociendo de inmediato a la mujer a la que una vez había visto en la corte.

— Shh, no hables — Dijo Kagome retirándose los guantes llenos de sangre y levantándola levemente tratando de ver el daño.

— No hay forma, mi lady. Mi sangre esta ardiendo… mi padre — Gimió la joven estirando la mano hacia la derecha de Kagome. Donde un macho la miraba con los ojos vidriosos sosteniendo la mano llena de garras negras contra el pecho ensangrentado.

— Usted lo advirtió muchas veces, nosotros no escuchamos… haga algo por nosotros señora, purifique nuestros cuerpos, no nos deje para la burla de estos viles humanos, usted… no es como ellos… es… di…ferente… Yuki… per…don — Dijo exhalando su ultimo doloroso suspiro.

— Pa... dre… — Dijo la joven dando un respiro estrangulado que sonó como un horrible silbido que se corto abruptamente siguiendo al macho a la otra vida. Kagome vio entonces los ojos rosados de la joven apagarse de vida y opacarse, su cuerpo se volvió pesado y frio. Entonces levanto la vista y observo la carnicería alrededor de ella. Humanos y youkai vio a los recién llegados del Norte, Sur y Este. El olor a sangre revolvió su estomago y vio su mano derecha manchada de sangre, sangre que ella había derramado, sangre humana de aquellos que en su sed de guerra se habían convertido en verdaderas bestias sin mente, entonces entendió.

— Kagome — Dijo Sesshomaru, viendo en sus ojos azules el shock y horror de lo que había pasado, de la muerte alrededor de ella, de las que habían nacido del odio, la codicia y el salvajismo y de las que había dado ella de su propia mano.

Entendió que el momento había llegado finalmente: Ya no había lugar seguro.

— ¡Aléjense… Aléjense ahora! — Urgió Kagome espantada cuando sus poderes reaccionaron con brutal fuerza al significado de aquella muerte innecesaria. — ¡AHORA! — Grito ella genuinamente aterrada, sacando a los guerreros y a sus señores del Shock y poniéndolos en movimiento. Cuando la luz de Kagome exploto con fuerza desde dentro de ella y la apresurada Kekkai se levantaba justo detrás de ellos en el último segundo empujándolos lejos de ella. Cuando esta menguo, Kagome aun estaba agachada, mirando sus manos vacías donde segundos antes había sostenido a la joven Yuki, la ultima valiente y orgullosa guerrera youkai.

En silencio la vieron enfundar sus armas mecánicamente, las mismas que había dejado de lado a favor de la joven caída y acercarse a ellos pasando por encima de los cuerpos humanos sin verlos, sin importarle, hasta detenerse justo frente a Sesshomaru. Sus ojos vacíos de alegría, solo mostraban una profunda tristeza, los fieros guerreros sintieron temor por ella.

En el Devas. Los dioses que habían observado atentamente cada acción en el reino humano, vigilando de cerca y guardando lo más que podían a su campeona, observaron con pesar el momento exacto en que el momento cumbre se dio.

— ¡Sea! — Murmuraron todas y cada una de las deidades, iniciando los preparativos, para bien o para mal el momento había llegado.

N.A: Agradecería mucho que se tomaran el tiempo en dejar un review con su opinión, pensando en el tiempo que me he tomado en tejer esta historia que comparto con ustedes.

Atte.

Yo.

Gracias.

Owari.