La inquieta muchedumbre había vuelto a caer en el silencio al contemplar a sus más grandes iconos protegiendo a la morena, nadie se había esperado aquella reacción porque nadie conocía todas las experiencias que aquellos peleadores habían vivido al lado de la ojiazul, nadie sabía que ellos habían estado al tanto de la identidad de Korra desde tiempo atrás y nadie conocía el vínculo inquebrantable que unía a aquellos rebeldes a la joven Avatar, un vínculo que había nacido dentro de las peleas del coliseo mientras Korra crecía y ganaba fama entre la sociedad rebelde.

Korra supo que aquel momento de silencio era su oportunidad para retomar el control de la situación, ya las palabras habían sido dichas y no había manera de retractarse, lo único que le quedaba claro era que bajo ningún motivo podía mostrarse débil, si, ella era el Avatar pero eso no volvía a la Guerrera del Sur menos real, Korra era el Avatar y La Guerrera del Sur, el Avatar era la Guerrera del Sur, aquel apodo se lo había dado el público, ellos habían decidido bautizarla así, ellos habían nombrado a ese lado impulsivo y lleno de energía que el Loto Blanco la había forzado a esconder y controlar por años y que al final había logrado desatar dentro del coliseo de Bumi, sin embargo, los rebeldes no habían creado a la Guerrera del Sur, ella ya existía desde antes y su verdadero nombre era Korra, una joven descendiente de maestros agua que resultó ser el nuevo maestro de los cuatro elementos, Korra era su nombre, el nombre del Avatar y de la líder rebelde, no había diferentes personas y no había identidades falsas, solo diferentes maneras de referirse a ella.

- ¡Escuchen! – Gritó elevándose a un par de metros del suelo con el uso de su tierra-control. - Mi nombre es Korra, soy la hija del líder del asentamiento en las tierras frías del Sur, a los tres años de edad mis padres se dieron cuenta de que yo era el nuevo maestro de los cuatro elementos, el Avatar, desde entonces y hasta mis diecisiete años fui entrenada por miembros del Loto Blanco para iniciar la misión de intentar rescatar lo que queda del mundo, a los diecisiete años inicié mi primera aventura al viajar al asentamiento en las ruinas de Ciudad República. Tras iniciar un trato con los espíritus para revivir la tierra y tras enfrentarme al líder rebelde de nombre Amon... – Suspiró luchando con todas sus fuerzas para suprimir los sentimientos que le provocaba el recuerdo de Asami, la persona que le había salvado la vida en aquella ocasión. - Inicié mi viaje hacia estas tierras en dónde ustedes me conocieron y decidieron nombrar como "La Guerrera del Sur" – Pausó manteniendo los puños firmemente cerrados en un intento por calmar la ansiedad que se acumulaba en su pecho.

- Mi misión inició al plantar y darle vida a la selva que ahora tenemos en las afueras de las murallas y continuó con la búsqueda de la bitácora del Loto Rojo, con ayuda de Bumi encontré un camino seguro al unirme a ustedes para poder llegar a Kuvira, porque ella era la persona que tenía la Bitácora, cuando Kuvira admitió no tener la Bitácora decidí ir a las Tierras Frías del Norte en busca del documento porque debía entregarlo a los espíritus como paga por la ayuda que me habían brindado para darle vida a la selva. – Mantuvo sus palabras claras y firmes con un tono lo suficientemente alto para que todos los presentes alcanzaran a escucharla. – En aquellas tierras heladas me enfrenté a la muerte y afortunadamente logré escapar pero mi recuperación fue lenta y no me encontraba lo suficientemente fuerte para proteger a Bumi y a sus hombres cuando el Loto Rojo los atacó con la intención de alcanzarme. - Volvió a suspirar liberando el aire de sus pulmones lenta y pausadamente. - Logré salvar a la mayoría de los rebeldes que me habían acompañado en aquellas tierras pero Bumi y otros tantos se quedaron atrás, a esas alturas yo ya tenía la Bitácora conmigo así que se la entregué a los espíritus como se me había sido indicado y después de eso me dediqué a volver aquí para protegerlos, claro que debí planear el rescate de Bumi y los demás que habían sido tomados prisioneros así que cuándo el momento fue apropiado fui por ellos. - Exhaló pesadamente y tensó los brazos tras pasar el nudo que se le había formado en la garganta al recordar la muerte de su amigo.

- No logré salvar a todos pero pude traer a la mayoría de vuelta, y ahora estoy aquí intentando protegerlos, soy el Avatar pero también soy la Guerrera del Sur, antes de ser capturado, Bumi me pidió tomar su puesto de líder y eso significaba cuidar de todos ustedes, así que no piensen que estoy aquí a causa de alguna misión de Avatar o por interés propio, si así fuera me habría ido después de conseguir la Bitácora que los espíritus me pidieron, porque además de mi interés personal por el bienestar de los rebeldes no hay nada más que me mantenga atada a este lugar. - Alzó la mirada y se encogió de hombros mostrando una pequeña sonrisa.

- Soy Korra, la mujer que controla los cuatro elementos y lidera a la alianza rebelde, me pueden llamar como mejor les parezca porque en realidad no me importa la manera en que las personas se refieren a mí, solo quiero que sepan que no pienso obligar a nadie a nada, aquellos que deseen permanecer conmigo son bienvenidos a quedarse y aquellos que quieran partir podrán hacerlo, esta seguirá siendo una alianza rebelde y no planeo someter a nadie a las reglas de nuestros asentamientos aliados. – Concluyó observando con atención los rostros de las personas que la rodeaban, el público no hizo esperar su respuesta, la mayoría comenzó a aplaudir y a aclamarla, todo parecía igual que siempre, la única diferencia es que las aclamaciones ahora también celebraban el título de Avatar, fueron esas voces las que llenaron el corazón de la morena de un sentimiento cálido y reconfortante al saber que a pesar de todo mantendría el apoyo de la mayoría de los rebeldes.

- No entiendo cómo es que pueden someterse al Avatar así cómo así, hemos sido engañados ¡No hay nada que celebrar! - Gruñó Arpón, su rostro se mostraba enrojecido y las venas de su cuello se habían vuelto prominentes, el disgusto que la noticia le había causado era evidente e inconfundible, su mirada bastó para que Korra pudiera deducir que no habría manera de hablar con él para convencerlo de que permanecer en la alianza era lo mejor para él.

- ¡Sí! Aiwei tenía razón, La Guerrera del Sur nos estaba engañando. - Respondió alguien del público.

- ¿La culpan por esconder su identidad de Avatar? - Intercedió Kuvira poniéndose de pie a escasos centímetros del rostro del viejo líder rebelde. - ¿Qué harían ustedes si supieran que sus antepasados han sido brutalmente asesinados por el mismo grupo de personas que te rodean? – Preguntó. - Si el Avatar fuera parecido al Avatar Obscuro ninguno de ustedes estaría vivo en este instante. - Declaró con seriedad manteniendo sus ojos fijos sobre los del viejo Arpón. - El Loto Rojo no se esmeraría tanto en intentar atrapar al Avatar si este fuera parecido al Avatar Obscuro... hay que admitirlo, hemos sido unos idiotas y por años nuestra ignorancia les sirvió a los seguidores del Avatar Obscuro para utilizarnos a su beneficio. – Bufó dándole la espalda al viejo rebelde.

- ¡Tú odiabas al Avatar! - Acusó una voz femenina que salió de entre los pobladores.

- Sí, aún me siento insegura gracias a la sombra que el Avatar Obscuro dejó detrás de él, pero si pones las cosas en perspectiva te darás cuenta de que el Loto Rojo es el verdadero enemigo, tienen a maestros elementales y los usan a su conveniencia, hay una sola cosa que me queda en claro, el Loto Rojo asesina a todos aquellos que no le sean de utilidad y lo hace sin dudar, mientras tanto la lista de muertes que tiene el Avatar está reducida a casos extremos. – Expuso los pensamientos que había estado sopesando durante meses. - Así que ustedes decidan si quieren vivir bajo la amenaza del Loto Rojo o vivir en libertad bajo la protección del Avatar. - Concluyó logrando apaciguar a unos cuantos de los que se mostraban inconformes con la identidad de la morena.

- ¡No podemos vivir con el Avatar! - Reclamó otra voz anónima a la cual respondieron decenas de voces que saltaron en defensa de la ojiazul.

- ¡No tienen que hacerlo!

- ¡Si no quieren permanecer aquí pueden irse!

- ¡Cobardes!

- ¡Seguidores del Avatar Obscuro!

- ¡Ilusos!

La alianza comenzó a rechazar a las personas que se mostraban en contra de la Guerrera del Sur, Arpón y otras personas que lo apoyaban habían sido empujadas cada vez más lejos de la líder rebelde, de mano en mano y cuerpo en cuerpo comenzaban a ser rechazados por los rebeldes que estaban dispuestos a considerar trabajar con el maestro de los cuatro elementos.

- ¡Alto! - Ordenó Korra. - No creo que sea necesario desterrar a nadie, todos tenemos nuestras pertenencias en estas tierras y no planeo obligar a nadie a abandonar nada, si quieren quedarse serán bienvenidos, pero les advierto, cualquier tipo de agresión o falta de respeto a cualquier persona de la alianza los hará perder el derecho a vivir aquí y su destierro será severo pues no serán echados antes de recibir un castigo que la alianza crea apropiado. – Aclaró con firmeza.

- ¡No te tenemos miedo! – Arpón gritó al sentirse apoyado por el grupo de personas que habían respaldado su opinión.

- Bien, eso es bueno, no tienen porqué temerme. - Le respondió la morena sin prestarle mayor importancia.

- Mis seguidores y yo nos iremos de aquí, no nos quedaremos a ser arrasados por el Loto Rojo junto a ustedes. – El viejo líder bufó con indignación.

- Hagan lo que les plazca. - Korra bajó la roca que había alzado de la tierra hasta que sus pies se encontraron al mismo nivel que el de los demás.

- Por favor vuelvan todos a sus labores, pronto iniciarán las nuevas actividades, cuándo estén listas les haré saber para todos aquellos que se encuentren interesados en participar. – La morena concluyó con la intención de volver a su escondite para darse el tiempo de asimilar lo que acababa de ocurrir.

- Es una locura, no podrás defenderlos a todos, lo mejor sería que te fueras y nos dejaras en paz. – Arpón alegó al verla pasar cerca de él.

- ¿Y permitir que un cobarde como tú influya en las decisiones de la alianza? - Korra se abrió paso y caminó hasta encontrarse a un par de pasos del hombre que se había empeñado en provocarla, las palabras parecieron faltar en la boca del sorprendido líder del Este al sentirse bajo la mira de aquellos legendarios ojos azules, por años había contemplado a Korra mientras aniquilaba a todos sus enemigos dentro del coliseo y sabía bien el daño que aquella joven era capaz de infringir haciendo uso de nada más que sus manos.

- No tengo problema alguno en darle solución a tu ira de la manera más tradicional para todos nosotros, entra al coliseo conmigo ahora, te otorgaré una pelea. – La guerrera le ofreció pero el hombre retrocedió un par de pasos, no había sido un movimiento intencional sino instintivo pero el efecto de su retroceso era el mismo, los rebeldes podían ver que se mostraba débil e intimidado por la fuerza de la morena.

- Eso es absurdo, enfrentarte al Avatar... ¡Ja! No soy idiota. - Intentó justificar el motivo de su evidente nerviosismo.

- Dentro del coliseo nunca he hecho uso de mis poderes, las peleas son justas. El problema no es que yo sea el Avatar, el problema es que tú no eres un peleador. – Korra señaló golpeándole el pecho con su dedo índice lo que lo obligó a retroceder aún más.

- Esto no funcionará. - Repitió Arpón.

- Funcionará, nuestros números son mayores a los de ellos y estaremos preparados. – La ojiazul finalizó continuando su camino sabiendo que Arpón no tenía lo necesario para iniciar una pelea con ella, le faltaba valor y fuerza, no era un líder fuerte, era un hombre de edad algo avanzada que con el tiempo se había hecho de las ganancias suficientes para mantener una posición elevada y todo gracias a las apuestas del coliseo y los robos que sus seguidores lograban efectuar en el mar.

- Si no te callas ahora puede que ella no te castigue pero yo te encerraré y guardaré para la siguiente noche de pelea en el coliseo. - Kuvira amenazó al ver la manera en que aquel viejo se rehusaba a guardar silencio, Arpón no tuvo más opción que retroceder, aunque no se encontrara satisfecho con los acontecimientos de aquel día sabía bien que Korra tenía todo el poder y la fuerza de su lado, los peleadores más importantes la apoyaban y entre ellos se encontraba Kuvira, la temida líder rebelde que en su tiempo fue conocida por ser implacable, el viejo líder rebelde se sentía furioso e indignado pero no había nada que pudiera hacer, al menos no en ese momento así que luego de apartar su mirada de Kuvira se dio la vuelta y buscó refugio cerca de las personas que lo apoyaban.

De esta manera Korra continuó su camino sin más distracciones, la mayoría de la alianza había permanecido de pie observando a su líder alejarse hacia su guarida, todos continuaban pensando en ella y en todo lo que habían aprendido sobre su vida en aquellos escasos minutos, Kuvira suspiró sabiendo que lo que acababa de ocurrir era algo serio, un evento que marcaría la historia, los rebeldes volvían a formar parte de una humanidad que luchaba por resurgir de entre las cenizas de su catastrófico pasado.

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Al cruzar el umbral de la puerta a su guarida Korra se aseguró de sellar la entrada con su tierra control, aquello fue lo último que pudo realizar antes de que las piernas le flaquearan y su cuerpo se desplomara sobre el suelo, las manos le temblaban incesantemente y su respiración iba a toda prisa, sabía que estos eran los efectos que la adrenalina ejercía sobre su cuerpo, de alguna manera se las había arreglado para contener aquellas reacciones mientras se mantenía de pie frente a toda la alianza rebelde, pero la verdad era que se había encontrado al borde del colapso, era demasiado para procesar, Kuvira se había adelantado a lo que ella tenía planeado pero estaba segura de que aquella fue la mejor decisión, la reacción de los rebeldes no fue del todo desastrosa y solo unos pocos la habían rechazado como líder, la ojiazul apenas era capaz de concebir que aquello en verdad estuviera ocurriendo.

La alianza no se conformaba por la totalidad de los rebeldes que habitaban el continente, había más rebeldes vagando los desiertos y los esqueletos de ciudades abandonadas, lo que si era cierto era que la alianza se conformaba por la mayoría de los rebeldes del continente y ahora ellos habían aceptado al maestro de los cuatro elementos como su líder, los rebeldes conocían la identidad del Avatar y no planeaban asesinarla, los rebeldes se habían aliado con ella y estaban dispuestos a trabajar en equipo para lograr derrotar el legado del Avatar Obscuro, el Loto Rojo.

- Asami... – Korra murmuró sosteniendo la medalla del collar que hasta el momento se había mantenido oculto bajo sus ropas. - Me hubiera gustado que vivieras esto conmigo. - Sonrió al tiempo que una lágrima bajaba por su mejilla.

- ¡El Avatar trabajando mano a mano con los rebeldes! - Gritó dejando escapar una pequeña risilla, había logrado algo que parecía imposible y todo gracias a su impulsividad y fuerza bruta, dos de las cosas que el Loto Blanco había intentado eliminar de su personalidad.

- Que irónico. – Suspiró cerrando los ojos para calmar sus pensamientos, todo estaba pasando demasiado rápido porque la guerra así lo requería, si quería proteger a las personas de la amenaza del Loto Rojo debía prepararlos a todos antes de que el enemigo hiciera su movida, Korra era consciente de que su vida estaba destinada a ser así, apresurada y llena de situaciones complicadas, nunca se había lamentado del peso que el mundo depositaba sobre sus hombros, aún en ese mismo instante no maldecía ninguno de los caminos que su vida había tomado porque todo era parte del lugar que el Avatar debía tomar en el mundo, solo había una deseo egoísta que moraba en su corazón e inquietaba su espíritu logrando distraerla de su misión principal, Asami.

Sin importar cuánto meditara o cuánto intentara enfocarse en la importancia de la guerra, su mente siempre volvía a vagar en las reconfortantes imágenes del recuerdo de su amada ojiverde, sabía que nunca podría apaciguar su inquietud y que no pasaría un día que no deseara volver corriendo al portal espiritual con el fin de recatar a la dueña de su cariño, su vida parecía perder peso cuando Asami estaba a su lado, los problemas se volvían más llevaderos y su mente trabajaba con más claridad cuándo gozaba de su compañía.

Naga apareció a un lado de la joven ojiazul y se acercó pidiendo un poco de atención, Korra tardó un par de segundos en reaccionar pero al final sonrió y comenzó a acariciar la cabeza de su fiel espíritu acompañante.

- Me acostumbre a tenerla cerca Naga. – Murmuró su confesión permitiendo que el cuerpo de Naga la rodeara y acurrucara con cuidado, con los ojos cerrados permitía que los recuerdos de Asami inundaran sus pensamientos porque aquella parecía ser la única manera de apaciguar el deseo que tenía de abandonarlo todo para poder dedicarse a salvar a la persona más valiosa en su vida. El temblor de sus manos cesó, el latido de su corazón de regularizó y su respiración comenzó a volverse lenta y profunda, el agotamiento se apoderó del cuerpo de la morena quién ignoraba por completo la manera en que su conciencia se fundía con un mar de imágenes, sonidos y sensaciones que poco a poco iban cobrando vida dentro de su mente a medida que caía presa de un profundo sueño.

- Korra. - La llamó una voz pero la morena no tenía noción del lugar en el que se encontraba o de lo que estaba haciendo ahí.

- Korra. - Volvió a escuchar la misma voz pronunciando su nombre.

- ¿Aang? - Miró alrededor cayendo en cuenta de que se encontraba en un extraño mundo lleno de luz.

- Korra... no vallas la niebla de las almas perdidas – La voz le advirtió.

- ¿Qué? - Entrecerró los ojos intentando ajustar su mirada a la cegadora luz que la envolvía a ella y a todo lo que la rodeaba.

- No vayas a la niebla de las almas perdidas – Escuchó el mensaje repitiéndose como un sonido hueco que no parecía provenir de ninguna dirección en específico.

- Que no... ¿De qué hablas? Asami está ahí. - Balbuceo, con la mente adormecida batallaba para organizar sus ideas o entender lo que se le era dicho.

- No vayas a la niebla de las almas perdidas – Volvió a escuchar el mismo mensaje.

- ¿Aang? – Lo buscaba mirando en todas las direcciones dentro de aquel indefinido espacio luminoso.

- No vayas a la niebla... – Esta vez la voz se escuchó más lejana, así el mensaje continuó repitiéndose una y otra vez pero cada eco iba perdiendo la intensidad del sonido como si la persona se estuviera alejando más y más de la joven morena.

- ¿Aang? – Lo llamó una vez más con la esperanza de obtener una respuesta, esta vez su voz fue la que creó un eco en aquel enorme espacio vacío que de pronto fue invadido de un extraño humo ligero. - ¿Neblina? - Se preguntó notando como el humo comenzaba a subir lentamente desde el suelo, Korra caminaba sin dirección buscando el origen de la neblina que rápidamente escaló su cuerpo hasta absorberla por completo.

- ¡Sal de la neblina! – Le ordenó aquella voz pareciendo encontrarse a un par de pasos de la morena quién se estremeció inevitablemente al verse sorprendida por la cercanía de aquella persona.

- ¡Korra! – Su nombre fue pronunciado con desesperación por una voz femenina que la morena jamás podría confundir, el miedo se apoderó del pecho de la joven ojiazul, el sudor comenzó a perlar su frente a medida que avanzaba dentro de la niebla, el corazón le latía con fuerza y le retumbaba en los oídos, con la boca seca y una respiración irregular se negaba a rendirse en aquella búsqueda sin dirección.

- ¡Asami! – Gritó con todas sus fuerzas al tiempo que sus ojos se abrían solo para revelarle la imagen de las paredes y el techo de roca que la rodeaban. – Un sueño… - Murmuró con voz temblorosa. – Fue solo un sueño. – Se repitió a si misma esperando estar en lo correcto, el sudor le bañaba el cuerpo entero y el corazón le iba a mil por hora, entre sus brazos sostenía a Sai y a su lado se encontraba Naga, los dos espíritus la miraban sorprendidos pues los tres habían sido despertados por el mismo grito que se había escapado de los sueños de la morena.

- ¿Aang? - Korra murmuró mirando alrededor en busca de la imagen de su vida pasada. - ¡¿Aang?! – Gritó para asegurarse de que aquel espíritu no se encontrara ahí con ella en ese momento, luego de esperar en silencio durante un par de minutos Korra al fin fue capaz de liberar un pequeño suspiro que le trajo un poco de alivio a su alterada conciencia.

- Fue un sueño... – Murmuró una vez más. - Fue un sueño... porque no puedo viajar al mundo espiritual mientras duermo... – Volvió a inhalar profundamente. - No puedo viajar al mundo espiritual mientras duermo. – Pronunció un par de veces más para convencerse de que lo que decía era verdad. - No funciona así. – Comenzó a exhalar lenta y pausadamente.

Sai lamio con preocupación el rostro de la joven Avatar con la intención de sacarla del transe en el que había caído.

- Lo siento amigo. – Korra sacudió la cabeza y se puso de pie. - No quise asustarlos. - Se disculpó con ambos y caminó hacia la cocina de dónde tomó una taza para verter agua en ella y beberla.

- Si está ahí está sufriendo. – Murmuró sin intención. - No tengo que pensar en eso. - Inhalo y exhalo un par de veces siguiendo el ritmo que sus maestros de meditación le habían enseñado.

- ¿Korra? - Se escuchó una persona llamando a la puerta, aquella voz sobresaltó los vulnerables nervios de la morena quien aún no lograba escapar por completo de la ilusión que su mente había elaborada para aquel desagradable sueño.

- Voy. - Respondió limpiando las lágrimas que se habían formado en la orilla de sus ojos, suspiró silenciosamente y alineo su postura antes de usar sus poderes para abrir la puerta de roca.

- Lo siento, no quise molestarte pero mañana es jueves y los líderes se preguntan si habrá peleas en el coliseo.

- Oh... - La morena tomo aire y al cabo de un momento se encogió de hombros. - No lo sé. - Intentaba aclarar su mente y dejar de lado la pesadilla para poder pensar con claridad pero le estaba resultando difícil lograrlo.

- Me temo que esa no es una respuesta aceptable. - Bufó Baatar.

- Basta Baatar. - Le ordenó Kuvira.

- Lo siento... es solo que... – Korra sacudió la cabeza y bufó sabiendo que no estaba interesada en compartir sus preocupaciones. - No importa. - Resolvió internamente luchando contra sus inquietudes.

- ¿Que las peleas no importan? - Presionó Baatar.

- ¿Qué? – La morena arqueo una ceja mirando Baatar con una expresión poco amigable. - ¿Te importaría dejarme pensar por un momento? - Exigió y Kuvira sonrió de lado ante aquella reacción.

- ¿Todo bien? - Preguntó Kuvira.

- Perfecto. - Respondió Korra agachando la mirada.

- ¿Quieres hablar? – Insistió la de ojos verdes.

- No. – La joven Avatar habló con tono firme al tiempo que endurecía la expresión de sus ojos. - No podemos cancelar las peleas, si lo hiciéramos la economía de la alianza se vería severamente afectada. – Resolvió al ser capaz de escapar del estupor que hasta el momento la había estado atormentando.

- Si, pero tal vez podemos establecer otras actividades para compensar la falta de las apuestas, con los entrenamientos que están por venir no podemos permitir que nuestros peleadores más fuertes se lesionen en el coliseo. – Kuvira señaló evidenciando que ella ya había estado pensando al respecto, Korra no se apresuró a hablar demasiado rápido y guardó silencio por un momento mientras sorteaba las ideas que llegaban a su mente.

- Entonces que las peleas se enfoquen en lo que está por venir, haré que los bloqueadores de chi entren al coliseo y peleen contra nuestros gladiadores para que la gente vea lo que se puede lograr con esa técnica. – Declaró la morena con profunda determinación lo que logró sorprender a Kuvira quién no esperaba que la morena fuera capaz de mantener un razonamiento tan acertado bajo el tipo de presión al que se encontraba sometida en esos momentos, su respuesta no solo había estado llena de seguridad si no que había sido acertada y creativa demostrando así que la joven ojiazul tenía lo que hacía falta para ocupar el lugar de líder en la alianza rebelde.

- Me parece una buena idea, no solo atraerás interés en lo que estás por introducir a su entrenamiento si no que también añadirá una nueva atracción para las personas de la alianza. - Señaló la ojiverde.

- Si. - La respuesta de Korra fue breve delatando así el poco interés que tenía en aquel tema, le habían presentado un problema y le había dado una solución más que aceptable así que no tenía más que pensar al respecto.

- Bien, nos vamos. - Se despidió Baatar comenzando a caminar de vuelta al coliseo.

- Korra. – La llamó Kuvira atravesando una de sus manos para detener la puerta de roca antes de que se cerrara. - ¿Segura que no quieres hablar? Aún hay muchas cosas que quedan por hacer, no puedes dejar tu entusiasmo caer solo porque la alianza decidió aceptarte, si te confías las cosas podrían salir mal. - Kuvira intentó razonar con la desanimada ojiazul.

- Lo sé, no te preocupes, solo fue un mal sueño. - Le explicó con brevedad antes de volver a intentar cerrar la puerta.

- Korra. - Kuvira volvió a detenerla negándose a abandonar a la morena al verla en tal estado.

- ¡Kuvira! - Llamó Baatar.

- Es bueno verlos juntos de nuevo. - Bromeo la ojiazul y Kuvira rodó los ojos.

- Él no suele ser así, simplemente le desagradas. – Kuvira le respondió con tono divertido y ambas sonrieron. - De cualquier manera, recuerda que no puedes llevar esta carga sola, te necesitamos concentrada, si necesitas hablar búscame. - Concluyó la ojiverde para luego seguir a su acompañante quien ya se había alejado un par de metros.

Korra permaneció en silencio observando como Baatar y Kuvira se marchaban uno al lado del otro.

Kuvira tenía razón, tenía que hacer algo sobre la manera en que se sentía, sin embargo compartir su dolor era algo que no quería hacer pues a pesar de que hablar le servía para desahogar sus penas Korra sabía que no era una solución permanente, sabía que eventualmente su dolor volvería y cuando eso ocurriera ella debería volver a buscar el apoyo de alguno de sus amigos lo cual le daba la impresión de ser un ciclo interminable que por el momento no tenía sentido alguno para la joven Avatar.

Sentada a la pequeña mesa de roca la joven Avatar le daba vueltas a la misma situación en busca de una manera para apaciguar sus inquietudes, le tomó un tiempo hasta que su mente pareció encontrar la respuesta en la pesadilla que había tenido, tal vez no podía estar ahí físicamente pero a través de la meditación podía visitar el mundo espiritual y a pesar de no poderse aventurar al interior de la niebla, sí podía estar ahí y esperar por Asami o intentar investigar en la vasta biblioteca de Wa Shi Tong sobre alguna manera de sacarla de aquella terrible prisión, este nuevo plan había bastado para elevar los ánimos de la morena, el plan era bueno y era algo que podía hacer sin tener que abandonar las ruinas de Ba Sing Se.

De esta manera Korra dio el día por terminado, a juzgar por la posición del sol debían ser cerca de las seis de la tarde pero la joven Avatar había decidido no que no saldría más, era momento de visitar el mundo espiritual en busca de pistas que le pudieran ayudarla a extraer a Asami de aquella temible niebla, no podía continuar esforzándose en trabajar para remediar la guerra y pretender que no había nada más importante para ella en esos momentos, Asami no estaba muerta, estaba atrapada en una prisión y Korra estaba segura de que debía existir una manera de sacarla de ahí.

Adoptando la posición de loto en el medio de la habitación de entrenamiento la ojiazul comenzó a trabajar en su respiración, nunca antes había viajado al mundo espiritual de otra manera que no fuera a través de los portales pero sus maestros del Loto Blanco le habían contado historias de personas con una fuerte conexión espiritual que eran capaces de visitar el mundo de los espíritus a través de la meditación.

El entrenamiento espiritual siempre había sido el más complicado para la joven Avatar, conectar con sus vidas pasadas había sido todo un reto pues ella era de naturaleza más explosiva lo que le brindaba una ventaja sobre el dominio de las técnicas que requerían del uso de la fuerza física más que del uso de un pensamiento tranquilo y racional o de su sentido espiritual, así como adaptarse a las peleas del coliseo no le había costado demasiado esfuerzo, dominar los elementos no le había resultado difícil, era algo que se le daba bien, lo difícil para Korra era conectar con su espíritu y con todo aquello que no se pudiera percibir a simple vista, pero nada de eso importaba, con tiempo y esfuerzo había logrado dominar todas las técnicas espirituales que sus maestros le habían enseñado y ahora no se daría por vencida hasta lograr cruzar al mundo espiritual a través de la meditación.

Los minutos pasaron hasta volverse horas, Korra comenzaba a perder la paciencia, no sabía qué era lo que debía buscar, cómo debía buscarlo, o qué debía sentir al buscarlo, esto llevó a la morena al punto de la desesperación pues su único deseo era poder ayudar a Asami y cuanto antes fuera posible, mejor.

- ¡Argh! – Gruñó y golpeó el suelo con los puños cerrados. - ¿Qué se supone que debo hacer? - Preguntó viendo al par de espíritus que la observaban con atención desde el marco de la puerta.

- Necesito un descanso. - Se puso de pie y caminó hacia la mesa dónde volvió a servirse agua en la taza de roca pulida.

- ¿Korra? - Escuchó la voz de Tenzin llamando del otro lado de la puerta.

- Adelante. - Respondió removiendo los pasadores de roca que mantenían la puerta asegurada.

- ¿Interrumpo algo? - Tenzin entró y cerró la puerta detrás de él con cuidado de no azotarla pero asegurándose de que cerrara bien.

- No... – Korra exhaló pesadamente intentando no engancharse demasiado en aquel intento fallido por conectar con el mundo espiritual.

- Kuvira dijo que no debía molestarte pero creo que es importante que tengas alguien con quien hablar luego de todo lo que acaba de ocurrir. – Él se acercó y tomó asiento a un lado de la mesa en dónde Korra se encontraba.

- No quiero hablar de eso... - Respondió con desgano.

- ¿Por qué? Es uno de los logros más grandes que la humanidad ha tenido en generaciones. - Tenzin intentó entender el desinterés que Korra mostraba ante semejante acontecimiento.

- Oh... hablas de eso. - Los ojos de Korra se iluminaron por un momento y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. - Lo sé, fue... increíble. - Se integró a la conversación permitiendo que la emoción de aquel momento regresara a ella.

- Lo fue. - Tenzin sonrió. - Mi padre soñó toda su vida con eso. - Comentó llamando la atención de la morena.

- ¿Cómo fue Aang? Ya sabes, como Avatar. - Preguntó la ojiazul con genuina curiosidad, sabía que Aang había sido un buen Avatar pero ya que todas las actividades del Avatar eran secretas no había muchas historias sobre él, su vida o su personalidad.

- Él era... un hombre muy sereno y espiritual. - Resolvió a decir, la mirada de Tenzin lo decía todo, sus ojos resplandecían con el mero recuerdo de su padre, Korra pudo notar la diferencia en la reacción que él y Bumi habían tenido al enfrentar la misma pregunta, Bumi se había limitado a decir que Aang era un hombre cauteloso y que siempre trabajaba bajo la protección de las sombras, una descripción bastante pobre y limitada pero a diferencia de su hermano mayor era obvio que Tenzin tenía mucho más que decir sobre su padre.

- Eras muy apegado a él ¿No es así? – Señaló la ojiazul con una pequeña sonrisa.

- Si, Aang es mi más grande ejemplo a seguir... él siempre buscó el mejor camino para solucionar todos los problemas a los que se enfrentaba de la manera más pacífica posible. - Pausó. - Aunque claro, si la situación lo ameritaba también sabía cómo dar una buena pelea. – Agregó con orgullo.

- Bumi lo expresó de otra manera... – Korra rió con suavidad al comparar las palabras de ambos hermanos y sacar a flote las inconfundibles diferencias que había entre ellos.

- Si... mi hermano nació lleno de toda la energía, el espíritu aventurero y la rebeldía que mi padre carecía. - Tenzin reflexionó con una pequeña sonrisa llena de nostalgia.

- Katara no habla mucho sobre la manera en que ella y ustedes vivieron al lado del Avatar, como familia. - Korra lo miró con intriga.

- Oh... bueno, eso es porque no fue fácil, mi madre debió refugiarse con los miembros del Loto Blanco en la isla Kyoshi cuándo nosotros éramos niños porque viajar con el Avatar era peligroso así que por años lo vimos ir y venir mientras nosotros esperábamos fielmente en aquella isla. – Tenzin comenzó a narrar dejándose llevar por los viejos recuerdos de su niñez. - Y aunque él no era tan arriesgado como tú, el mundo seguía siendo una trampa para los Avatares, esperar por él siempre fue algo difícil de hacer, él intentaba apegarse a un itinerario para evitar preocuparnos pero a veces no lograba volver en la fecha que nos había indicado, recuerdo que esos eran los peores días para todos nosotros porque era imposible no empezar a imaginarse lo peor. - Sonrió. - Pero tú eres el Avatar, supongo que entiendes a lo que me refiero.

Korra asintió con la cabeza y rodó los ojos. - Es una locura. - Concordó.

- Si, y mientras nuestro padre salía en sus viajes mis hermanos y yo entrenábamos con el Loto Blanco, entrenamos duro porque los tres queríamos poder acompañar a papá en sus viajes. – Pausó arrugando las cejas por un momento. - Papá insistió en que todos debíamos esperar a que yo cumpliera quince años, claro que eso disgustó a mis hermanos porque ellos eran mayores que yo y no querían tener que esperar más tiempo, Bumi y Kya empezaron a involucrarse en distintas actividades del Loto Blanco mientras yo alcanzaba la edad adecuada para viajar así que cuando al fin llegó el tiempo ellos ya se encontraban demasiado ocupados en otras cosas como para acompañar a papá en sus viajes, como resultado yo fui el único que lo acompañó, mamá también debió quedarse en la isla Kyoshi a ayudar a Loto Blanco en actividades importantes que nunca se nos fueron explicadas con claridad. – Tenzin interrumpió su narración bruscamente al darse cuenta de que ahora tenía una pista que le ayudaba a llenar aquellos huecos de la historia.

- Aunque ahora que has descubierto la existencia de los maestros elementales... creo que mi madre se quedó a ayudar a Kya con su entrenamiento de maestra agua. - Meditó en voz alta, Korra alzó ambas cejas al entender lo que Tenzin le estaba diciendo, los dos guardaron silencio por un momento hasta que la morena se aventuró a hablar.

- Me sorprende que tú tampoco hayas sido informado sobre la existencia de los maestros elementales siendo que Kya y Katara pertenecen a tú familia…- Pausó. - Dos maestros agua además del Avatar. – Agregó pensando en lo extraño que le parecía que las cosas fueran manejadas de tal manera dentro de aquella misteriosa y antigua organización.

- El Loto Blanco tiene muchos secretos, incluso dentro de la misma organización, no todos los miembros conocen todos los secretos que guarda el Loto... papá murió sin saber que mamá era una maestra elemental. - Guardó silencio y Korra observó cómo Tenzin procesaba aquel tema, la expresión de su rostro demostraba confusión, Korra podía imaginarse el impacto que la noticia de los maestros elementales debió generar en Tenzin pues toda su vida había vivido acompañado de dos maestras agua y nunca se había percatado de ello, era algo similar al impacto que la noticia de su parentesco con Unalaq había generado en la morena, secretos familiares que se vuelven difíciles de creer al momento de ser descubiertos.

- Luego de que la noticia se diera a conocer tuve que hablar con mi madre porque me fue imposible asimilar aquella idea por mí mismo. – Inició Tenzin manteniendo la mirada fija sobre la superficie de la mesa. - Ella me explicó que nunca fue capaz de hablar con mi padre sobre sus poderes porque de hacerlo debería explicarle todo lo que el Loto Blanco hacía con los maestros elementales que tenían y sabía que mi padre se negaría a permitir que las cosas continuaran funcionando de la manera en que lo habían hecho durante años, el Avatar nunca permitiría que otras personas dieran su vida por él o ella y el Loto Blanco se negaba a seguir permitiendo que los grupos rebeldes acabaran con la vida del maestro de los cuatro elementos, el deseo del Loto Blanco por proteger al Avatar es tan fuerte que decidieron ocultar la existencia los maestros elementales, mi madre y Kya estaban preparadas para dar su vida con el propósito de salvar la de mi padre, Bumi se adentraba en el mundo rebelde y ponía su vida en peligro con tal de facilitar el trabajo de mi padre mientras yo viajaba con él y lo ayudaba en sus misiones. - Sonrió. - Caminar al lado del Avatar es difícil pero... gratificante. - Afirmó.

Korra sacudió la cabeza en un intento por ordenar sus pensamientos antes de hablar, la mirada de Tenzin irradiaba un calor fraternal demasiado sincero y satisfactorio para la comprensión de la morena, pero esta no era la primera vez que veía una mirada así, Asami siempre la miraba de la misma manera al hablar de todas las cosas pendientes que tenían por hacer, de todos los problemas que tenían por resolver y también al momento de brindarle apoyo emocional.

- No entiendo. - Aquellas palabras escaparon los labios de la ojiazul, no había querido decirlo, había pensado en voz alta pero aquella era su verdad, a pesar de comprender y ser capaz de corresponder el amor de Asami no era capaz de entender el motivo que alguien tendría para someterse a semejante estrés sin estar obligado a hacerlo.

- ¿Qué es lo que no entiendes? - Tenzin preguntó con calma dirigiendo su mirada al rostro de la morena.

- ¿Cómo puede ser gratificante para ustedes? Tener que vivir y enfrentarte a tantos problemas, claro, nadie puede controlar la vida al cien por ciento, pero aquellos que se acercan al Avatar y quieren ayudarlo se anotan para recibir más problemas que el resto de la población cuando en realidad lo que todos quieren es vivir en paz... – Arrugó las cejas y sacudió la cabeza brevemente - ¿Por qué sería gratificante? Dejar a tus seres queridos para seguir al Avatar y tal vez perder la vida, volverte esclavo o terminar siendo el centro de entretenimiento dentro de un coliseo en dónde la gente disfrutará viendo cómo eres torturado, o peor aún, volverte prisionero en un lugar místico que te somete a vivir tus peores pesadillas una y otra vez... - Bufó molesta, Tenzin la miró y entendió el motivo del actual estado de ánimo de la morena.

- Es gratificante porque a pesar de ser difícil, el camino del Avatar es el correcto. – Tenzin pausó sin despegar su mirada de la ojiazul quien sorprendida lo miraba de vuelta con una expresión triste. - Sería más fácil para todos, incluso para el Avatar, hacerse de la vista gorda e ir por ahí buscando lugares libres de peligro para asentarse y vivir en paz, pero eso no solucionaría nada y eventualmente se acabarían esos lugares seguros y los problemas nos consumirían a todos porque al no haber nadie intentando ponerles remedio estos solo se acumularían y eso nos conduciría a todos a un fina catastrófico. - Se encogió de hombros y volvió a sonreír. - Es gratificante hacer lo correcto, es difícil, pero ayuda a salvar a otros y a mantener a salvo a esos seres queridos que dejamos atrás para poder apoyar la causa del Avatar. - Suspiró. - Todos aquellos que entregan su vida por la causa están dispuestos a hacerlo y están conscientes de las posibles consecuencias. Tú eres el Avatar, tú sabes mejor que nadie lo que es salir al mundo con una misión y estar preparado para dar tu vida por dicha misión. – Concluyó con la esperanza de haber ayudado a esclarecer un poco la mente de la joven morena.

- A veces es difícil. - Un par de lágrimas cayeron del rostro de Korra. - Muchas veces quise escapar, tomar a la persona que más amaba y huir para cuidarla y asegurarme de que nada malo le ocurriera... – Sollozó. - Porque sé que estando a mi lado esa persona se encuentra en un terrible peligro que tarde o temprano la alcanzará de una manera u otra. - Limpió las lágrimas que habían mojado su piel solo para que otras remplazaran su lugar.

- Es natural que te sientas así. – Tenzin le dijo con voz cálida al reconocer el dolor que afligía a la joven Avatar, Korra era una mujer de más de veinte años pero ante los ojos de Tenzin no dejaba de ser una niña, él era padre de cuatro y le resultaba inevitable apaciguar su instinto paternal, Korra era el Avatar, gracias a las experiencias que había vivido al lado de su padre Tenzin estaba consciente de que eso no la volvía menos humana, Korra necesitaba el apoyo y el cariño de otras personas, la pérdida de seres queridos la afectaba tanto como a cualquier otra persona, la única diferencia era que ella estaba obligada a mantenerse fuerte para seguir llevando el peso del mundo sobre sus hombros lo cual no era algo fácil de lograr.

- No tienes porque hacerte la fuerte Korra, está bien que expreses lo que sientes... - Le aseguró, Korra asintió con la cabeza sin decir nada, el silencio resaltaba los sollozos de la chica quien mantenía la cabeza baja mientras permitía que sus sentimientos se apoderaran de ella y se manifestaran en las lágrimas que ahora le enjuagaban el rostro.

- Sé que debo concentrarme en mi misión pero no hay nada que quiera más que ir por ella, no me siento bien pensando que está ahí, atrapada en una pesadilla. – Gruñó. - Siento que la he abandonado. - Exhaló lentamente intentando controlar su llanto.

- Sabes que no es así, ese lugar es... un laberinto, si entras ahí podríamos perderte para siempre y eso...

- ¡Lo sé! - Lo interrumpió. - Eso es lo que me frustra aún más, si esta responsabilidad no pesara sobre mis hombros podría ir tras ella y no habría problema alguno, pero al ser el Avatar no puedo tomar el riesgo de perderme ahí dentro. – Gruñó molesta.

- No estás sola, te ayudaremos a rescatarla. – Tenzin le aseguró.

- Ella no merece estar ahí. - Frunció las cejas y miró a su amigo intentando encontrar respuestas en él.

- No, no está ahí porque lo merezca, está ahí para marcar los pasos que todos deberán seguir hacia el futuro que ella quiere construir... - Tenzin sonrió. - Incluso si no eres el Avatar puedes pelear por lo que es correcto, Asami es una chica fuerte con una determinación inquebrantable, no puedes culparte por lo que le ocurrió, estoy seguro de que ella habría encontrado una manera de enfrentarse a situaciones peligrosas sin importar si te hubiera conocido o no... Ella, al igual que su padre, no es de las personas que se conforma con lo que ya tiene, los Sato siempre intentan innovar y explorar nuevos horizontes.

- Si... - Korra concordó con una pequeña risilla que escapo de sus labios al recordar todas las veces que Asami la había desobedecido sin importar cuán serias fueran sus advertencias, Asami siempre hacía lo que a ella le parecía correcto o más apropiado y nunca lo que otros le recomendaran hacer.

- No te subestimes a ti misma Korra, eres una joven extraordinariamente fuerte y eso no significa que no puedas dolerte cuando este tipo de cosas sucedan. - Tenzin se acercó a ella y la rodeó con uno de sus brazos dando pie a que la morena se refugiara en su pecho.

- Gracias Tenzin. - Murmuró ella.

Así permaneció al lado de su amigo por un momento hasta sentirse más tranquila y luego de haberse calmado invitó a Tenzin a compartir una taza de té, las siguientes dos horas transcurrieron con calma, Korra compartió con Tenzin las experiencias que había tenido con Bumi y los rebeldes y lo extraordinario que había sido ganarse la confianza de todos hasta llegar a lo que había ocurrido ese día, la aceptación del Avatar en la sociedad rebelde.

Al avanzar la noche Tenzin se despidió y partió de vuelta a las ruinas de la ciudad en donde Suyin los había hospedado, Korra volvió a quedarse sola con Naga y Sai, esta vez se sentía más tranquila y con la mente más despejada así que optó por recostarse e intentar dormir para recuperar las energías que necesitaría para el día siguiente pues había que organizar a la alianza para los entrenamientos y la producción de las armas que utilizarían para defenderse.

- Descansen. – Korra le murmuró a los espíritus que la acompañaban y siempre estaban ahí para recordarle que no estaba sola.

/*/*/

Korra inició su día a las cinco de la mañana, la charla con Tenzin le había ayudado a tranquilizarse pero eso no significaba que hubiera abandonado la idea de investigar sobre la niebla de las almas perdidas en el mundo espiritual, así que después de darse un baño y desayunar un plato de arroz, se dirigió al cuarto de entrenamiento y tomó asiento en el centro de aquel espacio.

- Esta vez tengo una idea. - Le aseguró a Sai quien la miraba sentado debajo del marco de la puerta mientras Naga olisqueaba las orillas de la habitación sin ningún motivo en especial.

Adoptando la posición de loto Korra comenzó a concentrarse en su respiración, había alguien a quien podía consultar y que hacía tiempo no hablaba con él.

Después de todo lo ocurrido en las tierras frías del Norte Korra no había vuelto a intentar contactar con ninguna de sus vidas pasadas debido al miedo de encontrarse con Zaheer, temía que las palabras del Avatar Obscuro pudieran volver a confundirla, por este motivo había optado por mantenerse alejada del contacto con sus vidas pasadas, no quería tomar riesgos innecesarios y durante todo ese tiempo no había tenido ningún motivo que fuera lo suficientemente fuerte para obligarla a considerar el volver a intentar contactar a sus vidas pasadas, hasta ahora, el miedo de perder a Asami era más fuerte que cualquier otro miedo al que se hubiera enfrentado a lo largo de su vida. – Lo peor que puede ocurrir es que me encuentre de frente a Zaheer y deba ignorarlo para seguir buscando a Aang. – Se dijo a sí misma sin perder la concentración.

Establecer una conexión con sus vidas pasadas era algo que ya sabía hacer por lo cual entrar en el estado mental necesario para lograr establecer el contacto no era algo que le llevara mucho tiempo a la joven morena, exhalando lentamente comenzó a buscar a la persona con la que quería hablar sabiendo que solo tenía que esperar a que ambos se encontraran.

- Hace tiempo que no nos vemos. - Se adelantó el maestro aire al ver a la ojiazul aparecer frente a él.

- Aang. – Korra sonrió emocionada y aliviada de no haberse encontrado con Zaheer.

- Es un gusto verte de nuevo Korra. – Aang sonrió de vuelta.

- También es un gusto verte de nuevo Aang. - Aseguró liberando un profundo suspiro. - Tenía miedo de que al buscarte a ti terminaría encontrando a Zaheer... - Confesó.

- En realidad Korra. – Aang comenzó. - Me sorprende que hayas logrado conectar con Zaheer, él no es una de tus vidas más recientes y eso lo vuelve difícil de encontrar, pero de alguna manera tú lograste conectar con él... – Pausó mientras organizaba sus pensamientos. - O más bien, él logró conectar contigo. - Corrigió.

- Fue catastrófico... - Murmuró la morena.

- No tienes por qué temerle, Zaheer fue un Avatar como cualquier otro, la única diferencia fue que él tuvo la desdicha de nacer en un mundo dominado por Vaatu, como consecuencia de esto Raava desapareció por un momento y así las cosas se desarrollaron como todos recordamos. – Aang explicó. - Siempre que te sientas perdida busca a Raava, ella siempre está contigo Korra, ha estado ahí con nosotros a través de todas nuestras vidas. - Aang intentó calmar las inquietudes que el espíritu de Zaheer despertaba en la joven Avatar.

- Gracias. - Korra sonrió al entender las palabras de Aang, el Avatar guardaba al espíritu de la luz en su interior y gracias a eso podía dedicar su vida a la incansable lucha por conseguir el balance del mundo.

- Por años temí la idea de un Avatar Obscuro, sentía que mi destino se podía volver tan lamentable como el de Zaheer y temía que mis manos pudieran volver a causar el mismo daño que las manos de Zaheer causaron en aquel entonces, me aterraba pensar que yo era capaz de revivir aquella pesadilla. - Korra confesó el miedo que se había apoderado de ella durante su estancia en las tierras frías del Norte.

- No eres la única Avatar en enfrentarse a ese temor, yo también me vi atormentado por el mismo miedo y la única manera que encontré para superarlo fue conectar con Raava, ella me explicó el motivo por el cual Zaheer pudo ser corrompido y todo derivó de la desaparición del espíritu de la luz. - Aang respondió.

- Pero si Raava desapareció... ¿Cómo volvió a nacer? – Korra preguntó con evidente intriga.

- Nació en el siguiente Avatar... gracias a todas las personas que anhelaban el final de la guerra, muchas personas se percataron de sus errores y comenzaron a actuar para intentar poner remedio a la situación, la luz nació de la obscuridad y así Raava resurgió en el Avatar que heredó el legado de Saheer. - Aang sonrió observando a la joven morena quién permaneció en silencio mientras procesaba las palabras del maestro aire.

- Si no me equivoco tenías algo que preguntarme. – Aang volvió a romper el silencio.

- ¡Oh! - Korra exclamó saliendo del trance en el que se había perdido. - Quería preguntarte si conoces la manera de entrar al mundo espiritual a través de la meditación. - Respondió de inmediato.

- Si, sé cómo hacerlo y puedo enseñarte, pero tengo una advertencia para ti. – Aang pausó y antes de continuar hablando Korra se adelantó y completó su frase.

- No entres a la niebla de las almas perdidas. - Dijo ella. – Ya intentaste advertirme sobre eso antes. - Añadió y Aaang asintió con la cabeza.

- Sin importar cuán preparado te encuentres, nadie tiene garantizado el ser capaz de escapar de ese lugar. – El maestro aire aclaró.

- Lo sé. - Suspiró ella agachando la mirada. - Además Asami no quería que yo fuera detrás de ella así que... no entraré, solo intentaré buscar información que me pueda ayudar a salvarla y ya que no hay un portal cerca de Ba Sing Se pensé que podría entrar de esta manera. - Le explicó con sinceridad, Aang asintió con la cabeza aceptando la honestidad que Korra había mostrado.

- Si ese es el caso no tendré ningún problema en enseñarte la manera de entrar al mundo espiritual. – Accedió, Korra sonrió al sentir que la esperanza volvía a ella, solo tenía que aprender de Aang para luego poder dedicarse a investigar con los espíritus todo sobre la niebla de las almas perdidas.

- Gracias. – Korra hizo una pequeña reverencia que Aang devolvió de la misma manera y así ambos comenzaron a trabajar en el entrenamiento espiritual de la morena.

A las nueve de la mañana Korra abrió los ojos encontrándose en el medio del cuarto de entrenamiento, liberando un profundo suspiro preparó su mente para el día que tenía por venir, el entrenamiento no había sido sencillo, Aang le había explicado todas las técnicas que él utilizaba para meditar y también los mejores lugares para hacerlo, le había explicado lo que debía sentir para saber que se encontraba en buen camino hacia el mundo espiritual y también las cosas que debía ver, claro que al ser su vida pasada Aang no podía convertirse en su guía espiritual, él solo podía pasarle sus conocimientos y Korra debería encargarse del resto del trabajo por sí sola.

- ¡Korra! - Escuchó el llamado molesto de Kuvira. - ¡Korra! - Volvió a llamar con desesperación.

- ¡Voy! - Gritó y se apresuró a abrir la puerta.

- ¡Por todos los espíritus! Llevo cerca de diez minutos llamando a la puerta como una demente y tú a penas despiertas. - Bufó Kuvira. - Dime que no has hecho ninguna estupidez. – Le dijo mirándola de arriba abajo para asegurarse de que todo se encontraba en orden.

- ¿Qué? No, estoy bien... lo siento Kuvira, no quise preocuparte. - Korra se disculpó tomando a Kuvira por los hombros. - Estoy bien. - Le aseguró al notar la preocupación en la analítica mirada de su amiga.

- Si... no es normal poder dormir con todo ese ruido. - Kuvira resopló.

- No estaba durmiendo, estaba meditando. - Aclaró.

- ¿Y cuando meditas tampoco escuchas? - Kuvira preguntó con una mirada que expresaba su confusión.

- No, es más complicado que eso... conecto con mis vidas pasadas y mi espíritu viaja fuera de mi cuerpo por un momento... - Pausó al darse cuenta de que el tema era demasiado complejo para ser explicado en tan poco tiempo. - Es complicado. - Reafirmo sacudiendo la cabeza.

- Cosas de Avatar... - Kuvira se encogió de hombros. - De cualquier manera, hay muchas cosas que hacer y ya son las nueve de la mañana. - Gruñó.

- Lo sé, lo siento, vamos. - Korra tomó la delantera caminando hacia el coliseo, Kuvira alzó una ceja al ver como la morena se alejaba de su guarida dejando la puerta abierta detrás de sí pero antes de que la ojiverde pudiera decir algo al respecto la puerta se cerró sola lo que dibujó una pequeña sonrisa en el rostro de Kuvira, presenciar los poderes de un maestro elemental era una experiencia única.

- Iniciaremos con la pelea de esta noche, corre la voz, los visitantes pelearán contra nuestros gladiadores más fuertes, yo iré a elegir a los mejores peleadores de Mako, tú asegúrate de que la alianza esté al tanto de los cambios. – Korra sonrió sabiendo exactamente a quién pondría en el coliseo para lograr causar una buena impresión sobre los rebeldes.

/*/*/

- ¡¿Qué?! ¡No! De ninguna manera. - Renegó Mako.

- Eres uno de los primeros que aprendieron esa técnica de Asami. - Korra insistió.

- No pienso poner un solo pie en ese lugar, no quiero formar parte del entretenimiento para los rebeldes. - Mako resopló poniendo énfasis en sus palabras.

- Esos rebeldes son mi gente. - Korra se vio forzada a recordarle.

- Lo sé... pero... - Mako suspiró intentando razonar con la joven Avatar.

- Vamos Mako... eres el jefe de seguridad en ciudad República, estoy seguro de que puedes acabar con uno de esos grandulones como si fueran un saco enorme de patatas. - Bolin intentó motivar a su hermano.

- Lo sé, no dudo que sea capaz de terminar con todos ellos, no es que tenga miedo Bolin. – El hermano mayor aclaró arrugando las cejas.

- Ah... es bueno que lo hayas aclarado porque eso es justo lo que parece. – El tono burlón de la morena fue lanzado con la intención de provocar a Mako.

- ¿De verdad piensas que ese comentario me hará cambiar de parecer? – El joven se cruzó de brazos y alzó una ceja manteniendo su mirada sobre la figura de la morena, los tres se encontraban en las gradas del coliseo y Korra permanecía sentada en uno de los escalones en una posición relajada que evidenciaba su buen estado de ánimo.

- Esa es mi intención... pero si no es motivación suficiente entonces tendrás que conformarte con acatar órdenes. - Korra sonrió y se encogió de hombros antes de ponerse de pie y comenzar a bajar los escalones de las gradas.

- ¡Espera! No puedes obligarme a pelear. - Se quejó Mako caminando detrás de ella.

- Si puedo, tú serás mi estrella de esta noche, además de eso necesito que elijas a dos más de tus peleadores, procura que sean los mejores, cada uno peleará dos batallas, no habrá reglas y yo les recomiendo que terminen con todo lo más rápido posible para impresionar al público aún más. – La ojiazul concluyó antes de entrar a su oficina en dónde Tenzin y Varric ya la esperaban.

- ¡Ah! La estrella de esta ciudad. - Varrick sonrió.

- Nada de eso. - Korra aclaró. - ¿Ya has armado la brigada que necesitabas para juntar los materiales para las armas de neutralización? - Preguntó sin quitarle la vista de encima al moreno de ojos azules.

- ¡Oh! Si, esta ciudad es enorme, sus ruinas son diez veces más grandes que las de Ciudad República, hay mucho de dónde obtener materiales. – Afirmo con ese entusiasmo que era tan característico de él.

- Entonces inicia la extracción de esos materiales, necesitamos iniciar la elaboración de las armas cuanto antes. – Le ordenó la morena.

- ¡Al instante! Este es el tipo de juntas que disfruto, breves y directo al grano ¿Qué puede ser más productivo que eso? ¡Nada! Así que me marcho. - Varrick celebró, se puso de pie y salió de la oficina. - ¡Mako! Un gusto verte... pareces estresado, deberías intentar probar las frutas tropicales de este lugar ¡Son exquisitas! Estoy seguro de que te ayudarán a tener un buen sabor de boca. - Se escuchó su voz antes de cerrar la puerta detrás de él.

- Tenzin. - Korra sonrió dirigiendo su atención hacia él.

- Korra. - Respondió de igual manera.

- ¿Qué piensas de los recursos naturales que tenemos? - Preguntó ella.

- La selva provee recursos únicos, si encontráramos una manera de establecer comercio entre la alianza rebelde y el pueblo de Hiroshi todos gozaríamos de una amplia cantidad de alimentos vegetales. – Las palabras de Tenzin reflejaban el entusiasmo que aquella idea le generaba lo cual también alcanzaba a alegrar a la morena.

- Me imagino. - Sonrió Korra contemplando la posibilidad de establecer un comercio abierto entre las dos sociedades sin importar cuán diferentes pudieran llegar a ser las costumbres de cada una de ellas.

- Pero eso será para otra ocasión, por el momento he encontrado que la tierra de estos territorios se está beneficiando del clima de la jungla, la tierra está perdiendo la resequedad del desierto y claro, la tierra hidratada se presta para la agricultura, estoy seguro de que todas las semillas que hemos traído con nosotros podrán crecer aquí... solo hace falta que los locales aprendan sobre los cuidados apropiados para cada planta. - Concluyó.

- ¿Será posible que necesites iniciar clases con los locales? - Preguntó la líder.

- Tal vez, unas cuantas, lo más importante es que puedas conseguir a unas cuantas personas que puedan leer... - Pauso al dudar de las siguientes palabras que diría, o más bien, del nombre que se encontraba por mencionar al no estar seguro de que esto pudiera afectar el evidente buen humor de la joven ojiazul. - Veras, Asami creó un buen libro de botánica que le serviría a los rebeldes, incluye todo sobre hierbas medicinales, plantas, frutas y verduras comestibles. – Concluyó examinando la reacción Korra.

- Suena como algo que Asami haría. - Korra murmuró recordando los hermosos ojos de su amada pelinegra.

- Pide a Suyin que encuentre a las personas apropiadas e inicien una clase de botánica y agricultura. – Concluyó sin añadir más comentarios.

- De inmediato. - Tenzin asintió con la cabeza y salió de la oficina sintiéndose más tranquilo al darse cuenta de que Korra parecía más tranquila y compuesta de lo que la había visto la noche anterior.

- Ahora solo falta la clase de los bloqueadores de Chi. – Korra murmuro caminando hacia la puerta de la oficina.

- Desna. - Llamó al joven que se encontraba sentado en el trono del coliseo contemplando la arena en dónde se efectuaban todas las peleas.

- Korra... - Desna se puso de pie.

- ¿Cómodo? - Korra preguntó acercándose al trono.

- Lo siento, es solo que pensaba en la pelea de esta noche, bloqueadores de chi contra tus gladiadores. - Explicó él.

- Si, interesante ¿No? - Sonrió.

- Interesante pero... la pelea terminará demasiado rápido. – Desna señaló.

- Lo sé, el propósito de esta pelea es motivar a la gente a unirse a los entrenamientos, también daré una demostración para que vean lo que esa técnica puede lograr contra un maestro elemental. - Korra le explicó acercándose al trono para contemplar la arena.

- En ese caso será un espectáculo que todos recordarán. - Desna dejó escapar una pequeña sonrisa, la idea de ver al Avatar usando sus poderes frente a todos era algo emocionante, durante generaciones el mundo había olvidado lo que era presenciar a una persona manipulando los elementos así que volver a verlo era un evento memorable.

- Tal vez. - Korra se encogió de hombros restándole importancia al efecto que causaba su presencia en la arena, su objetivo no era que la atención se enfocara en ella si no en las ventajas que brindaba la técnica de los bloqueadores de chi para defenderse contra los maestros elementales.

- Necesito que informes a los gladiadores, esto no será ningún juego, deberán pelear con todas sus fuerzas. – Korra le indicó, Desna asintió con la cabeza conociendo ya la rutina que seguirían para la pelea de esa noche.

- Como tú ordenes... prima. - Bromeo y Korra sonrió al notar el tono juguetón en la voz de Desna.

- Por cierto ¿Qué se siente ser el Avatar y tener el apoyo de los rebeldes? - Preguntó el joven antes de emprender su camino, Korra guardó silencio por un momento al darse cuenta de que ella misma no se había permitido pensar al respecto, tenía la mayoría de sus ideas enfocadas en el rescate de Asami por lo que todo lo demás pasaba desapercibido siempre y cuando fluyera como era debido y sin presentar ningún tipo de problemas que requirieran de su intervención.

- Como un sueño, aún no puedo creer que sea real y si no lo hubieras mencionado no habría recordado que así es. - Korra respondió con sinceridad, los dos se miraron y sonrieron.

- ¿Quién lo pensaría no? - Desna comentó encogiéndose de hombros, Korra devolvió el gesto sin decir nada más, sin nada más que agregar Desna partió hacia la ciudad en busca de los gladiadores para informarles de la decisión que Korra había tomado para el evento de esa noche.

- ¿Algún otro pendiente? - Pensó en voz alta repasando mentalmente los pendientes que había tenido para ese día, al cabo de unos minutos confirmo que ya le había asignado una tarea a cada uno de sus seguidores, la pelea iniciaría hasta las nueve de la noche, todo parecía estar en orden así que Korra decidió que el resto del tiempo lo tomaría para dedicarse a su entrenamiento espiritual, al sentir que aún tenía un largo camino que recorrer para poder encontrar la conexión con el mundo espiritual, la morena estaba decidida a invertir todo el tiempo que fuera necesario para perfeccionar su técnica de meditación hasta al fin poder entrar al mundo de los espíritus en el momento y lugar que ella quisiera.

Esta vez no volvió a su escondite para entrenar, siguiendo las instrucciones de Aang optó por dirigirse a la jungla con el fin de sumergirse en un ambiente rodeado de naturaleza, de acuerdo a las indicaciones de su vida pasada, el contacto con la naturaleza le facilitaría entrar en un estado de meditación más profundo en menor tiempo, además de eso Korra encontró la ventaja de que al encontrarse al aire libre sería capaz de ver como bajaba el sol y así se podía asegurar de no llegar tarde al evento de la noche, de esta manera Korra se adentró en las profundidades de la jungla seguida de cerca por Sai y Naga, ambos espíritus ayudaron a la morena a encontrar el mejor lugar para continuar su entrenamiento y permanecieron a su lado para cuidar de su cuerpo mientras ella estuviera ausente.

Intento tras intento Korra sentía como se acercaba cada vez más a su objetivo, al atardecer tomó un pequeño descanso para comer, sin prestar mucha importancia a sus acciones simplemente caminó hacia las casas en donde servían comida y ahí pidió un plato de arroz, aquello no era algo inusual, ella solía hacer eso siempre que estaba en Ba Sing Se, al ser la líder la gente siempre le abría el paso pero ahora pudo notar algo inusual, todos los rebeldes la miraban con un interés especial, todos parecían querer preguntarle cosas pero nadie se atrevía a acercarse a ella.

- ¿Ocurre algo? - Preguntó abiertamente, las personas alrededor de ella parecieron sorprenderse con su manera tan franca de afrontar la situación y la mayoría se apresuró a apartar la mirada.

- No... Nada ocurre. - Respondió una joven que se encontraba comiendo en una mesa ubicada junto a la de la morena.

- ¿Tienen preguntas? – Korra insistió señalando la obviedad de la situación pero la gente volvió a negar con la cabeza, podía notar la intriga y el temor en ellos, Korra sabía que si las cosas iban a funcionar ella tendría que disipar cualquier pregunta que la gente pudiera tener pues cosas malas podrían ocurrir si permitía que esas preguntas se respondieran con rumores mal fundamentados.

- No tengan miedo de hablar conmigo, si no resuelven sus dudas directamente conmigo espero que no se dejen llevar por cosas que la gente dice en las calles. - Les advirtió tomando otro bocado de su comida sin perder ni un poco de la calma con la que había llegado.

- Es solo que es difícil verte y pensar que tú y el Avatar son las mismas persona... - La misma chica volvió a hablar llamando la atención de la morena quien alzó la mirada intentando no parecer autoritaria o intimidante.

- Algunos ya lo sospechaban desde todo lo ocurrido con Kuvira, pero verte a ti confirmarlo... - Pausó, claramente había confusión en la mente de la chica y Korra sabía que ella no era la única que aún se encontraba asimilando la noticia, pero lo que llamaba la atención de la ojiazul era que la chica no se mostraba molesta, su actitud era más bien de curiosidad y si ese era el punto de vista del resto de los rebeldes Korra podía sentirse más tranquila con los eventos que recién habían ocurrido pues la curiosidad distaba mucho de la inconformidad o la ira, la curiosidad era algo que podía moldear.

- Lamento no haber podido ser honesta desde el comienzo... mis motivos fueron obvios. - Le explico a la chica.

- Eso no tienes porque explicarlo... en aquel tiempo habrías terminado en medio de una persecución con lanzas y antorchas. - Sonrió la chica rebelde y Korra rió por lo bajo. - Aunque tal como Kuvira lo dijo ¿Por qué corren? - Preguntó la joven a la ojiazul quien la miro con duda en sus ojos.

- ¿Quienes corren? - Korra intentó aclarar.

- Todos los Avatares, generación tras generación, el maestro de los cuatro elementos, la persona más fuerte del mundo corre al ser perseguido por simples personas que no son capaces de manipular ni un solo elemento. - La chica observaba a la joven Avatar sin poder entender el motivo que aquella mujer tan fuerte tendría para actuar de manera tan sigilosa. - Incluso sin usar tus poderes eres capaz de moler al más fuerte de nuestros gladiadores. - Añadió y Korra volvió a sonreír.

- El Avatar Aang me explico que la respuesta no era eliminar a las personas que desconfiaban del Avatar porque eso solo traería más desconfianza, el Avatar debe ser un líder para todos y establecer el equilibrio, el equilibrio es algo delicado de lograr e intentar hacerlo todo por medio de la fuerza bruta no ayudaría a nivelar la balanza, por el contrario, la inclinaría demasiado hacia un solo lado y eso me alejaría de mi meta. - Pauso. - En pocas palabras... eliminar a mis enemigos no es el camino correcto aunque aparentemente todos lo vean como el más fácil. - Concluyo.

- Si yo fuera el Avatar habría arrasado con todos en un parpadeo. - Confesó la chica.

- No es tan fácil. - Respondió Korra. - Porque desde chico recibes la influencia de decenas de personas mucho mayores que tú y ellos te enseñan sus valores e ideales, cosas que son difíciles de ignorar cuándo ellos se aseguran de mostrarte la vida desde su punto de vista. - Habló entre dientes recordando a todos sus maestros del Loto Blanco.

- El Loto Blanco ¿He? - Preguntó la chica.

- Si, hombres y mujeres que han dedicado su vida a ayudar a sustentar la vida en el planeta... - Korra volvió a sonreír. - Todos trabajan como un equipo, viven como si fueran una familia... y si eso no fuera suficiente, el Avatar nunca está solo, el espíritu de la luz vive en su interior y además de ese espíritu el Avatar también es acompañado por los espíritus de sus vidas pasadas. - Pausó asegurándose de que la chica se encontrara siguiendo la conversación. - Entonces es difícil que un Avatar crezca sin los valores necesarios para hacer uso de sus poderes, incluso cuando se trata de un enemigo que pone en peligro nuestra vida se nos dificulta tomar acciones drásticas. - Aseguró encogiéndose de hombros y la chica rió con ironía.

- Y aún así eres la mujer más temida de toda la alianza rebelde. - Comentó.

- La muerte no es lo peor que le puede pasar a una persona, eso es lo que mostré en el coliseo y lo que ayudó a ganarme su respeto. - Korra respondió con tono presumido haciendo reír a la chica y a las otras personas que habían estado escuchando la conversación.

- Nuestra alianza se acaba de convertir el grupo con el líder más fuerte del mundo ¿Qué más podemos pedir? - Habló el señor que dirigía a todas las personas involucradas en la cocina.

- Tierras fértiles, agua limpia y buena salud. - Respondió Korra poniéndose de pie al haberse terminado sus alimentos, todos la miraron sorprendidos al presenciar aquel movimiento tan repentino pues aún se sentían vulnerables al encontrarse en presencia del maestro de los cuatro elementos. – De nada les va a servir tener un líder poderoso si la tierra en la que viven llega a perecer, recuerden eso. - Les aconsejó antes de hacer entrega de sus platos para después encaminarse hacia el coliseo con el fin de ayudar a organizar las peleas de la noche.

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- ¡Korra! - Gruñó Mako al ver a la morena entrar al coliseo.

- Cuida tu tono. - Advirtió la ojiazul.

- Lo siento, pero me estas pidiendo que haga algo que no tengo intención de hacer. - Bufó el joven - No pienso ser parte de tu espectáculo. - Renegó.

- ¿Quieres ganarte el respeto de los rebeldes? Entra al coliseo y asómbralos. – Korra respondió.

- ¿Respeto? Solo vine a enseñarles una manera de sobrevivir al ataque del Loto Rojo, no depende de mí si ellos prestan atención o no y no es mi trabajo motivarlos a querer vivir. – Mako confesó con franqueza.

- En esta alianza nada es sobre disciplina, todo es sobre respeto, debes mostrarles que estas a la altura. - Korra le aconsejó. - De cualquier manera no es como si tuvieras otra opción, pelearás esta noche y si quieres vengarte por esto te recomiendo que ganes todas tus peleas porque la final será contra mí. - Concluyó continuando su camino hacia la arena en donde Kuvira se encontraba organizando las armas que serían proporcionadas durante las peleas.

- ¿Ya avisaste a los peleadores? - Korra le preguntó acercándose por detrás.

- Si, yo pelearé en la tercera ronda. - Kuvira respondió sin prestarle interés a su respuesta.

- ¿Tú pelearas? - Korra preguntó arqueando una de sus cejas.

- Sí, quiero probar el verdadero alcance de esa técnica, no es que no confíe en el potencial de tus gladiadores pero... - Pausó. - Me resultará más fácil entender si lo experimento por mí misma. - Concluyó, Korra se encogió de hombros y asintió con la cabeza.

- La clave de esa técnica es agilidad y distancia, entre menos distancia exista en la pelea mayor será la probabilidad de que el bloqueador de chi salga victorioso. - Explicó la morena.

- En pocas palabras piensas que perderé. - Habló Kuvira haciendo a Korra reír.

- No, si eres lo suficientemente ágil podrás mantenerlos lejos de ti y golpearlos lo suficientemente fuerte para hacerlos perder la consciencia cuanto antes. - Korra sonrió y continuó su camino alrededor del coliseo asegurándose de que todo estuviera listo para el evento.

Al caer la noche la gente comenzó a llenar las gradas, los tambos se habían encendido mostrando el fuego característico que siempre iluminaba el coliseo, un grupo de veinte personas se encargaba de tocar un himno de guerra en tambores metálicos, era noche de pelea y todos esperaban con ansias para ver a los nuevos entrando en acción.

Korra debía ser la última en tomar su lugar, al sentarse en el trono indicaba que era momento de iniciar y así los gladiadores eran llamados a la arena. La primera pelea fue entre Verdugo y uno de los jóvenes guardias de Mako, la diferencia en la complexión y tamaño de ambos hombres era notoria, Verdugo era más alto y fornido que el joven guardia y aún así eso no evitó que la pelea terminara rápido cuando el joven penetró en la guardia de Verdugo y comenzó a dormir sus brazos, con movimientos veloces utilizaba los movimientos y la fuerza de Verdugo en su contra, encontraba aperturas en sus ataques y entraba para neutralizar la fuerza de su cuerpo hasta que Verdugo cayó al suelo incapaz de moverse.

La respuesta del público fue un silencio total, ya habían visto a Carmín efectuando aquellos movimientos pero ella nunca se había limitado a utilizar solo eso durante sus peleas así que nadie había tenido la oportunidad de contemplar la eficacia de aquella técnica, el primer combate había terminado en menos de tres minutos.

- ¡Siguiente! - Ordenó Korra dispuesta a terminar con el evento cuando antes.

Esta vez Mako y June entraron a la arena, todos observaron con atención esperando poder analizar los movimientos de los bloqueadores de Chi con la intención de entender la manera en que funcionaba pues el primer combate había sido demasiado rápido para que la gente pudiera procesar lo ocurrido.

El estilo de pelea de June era menos de fuerza y más sobre velocidad y técnica lo que llamaba la especial atención de Korra. Al iniciar la pelea Mako permaneció inmóvil esperando a que el primer movimiento viniera de June.

- Aprovechan los ataques del enemigo para encontrar sus propias entradas, no hay que ser demasiado listos para darse cuenta de eso. - June advirtió y Mako sonrió de lado.

- No es la única manera que tenemos de atacar. - Respondió él antes de lanzarse en un ataque frontal, June retrocedió un par de pasos para preparar su defensa la cual le ayudó a bloquear un par de golpes y una patada pero al detener la patada con el brazo extendido abrió una oportunidad para que el joven golpeara varios puntos sobre aquella extremidad hasta volverla completamente inútil.

- Maldición. - Gruñó ella.

La pelea continuó y aunque duró un poco más que la anterior el resultado fue el mismo, Mako salió victorioso y sin una sola herida.

- ¡Siguiente! - Ordenó la morena desde su trono.

A la arena entraron una chica por parte de los bloqueadores de chi y Kuvira por parte de la alianza rebelde, las dos mostraban el mismo rostro carente de expresión, ninguna dijo nada y al momento de iniciar la pelea las dos arremetieron con movimientos veloces, la guardia de Kuvira no era fácil de penetrar pero los movimientos de la bloqueadora de chi no eran torpes ni lanzados al azar.

- Impresionante, dos minutos y ninguna ha logrado dar ni un solo golpe. - Comentó Desna su inexpresiva voz.

- Kuvira no podrá. - Korra sonrió con emoción manteniéndose sentada en la orilla del trono.

- ¿En qué punto de tu vida comenzaste a disfrutar estas peleas? - Preguntó Desna al notar la evidente emoción que irradiaba de los ojos de la morena.

- No lo sé. - Korra se encogió de hombros. - Tal vez desde el inicio... en cuanto le perdí el miedo a toda la sangre que manchaba la arena. - Admitió logrando sorprender a Desna quién alzó ambas cejas al escuchar aquella confesión.

- Supongo que de otra manera jamás habrías logrado convertirte en la Guerrera del Sur. - Respondió él volviendo a mirar la arena solo para presenciar cómo Kuvira lograba golpear el rostro de la bloqueadora de Chi.

- ¡Kuvira! - Aclamó el público.

- Para atacar tiene que abrir la guardia... - Korra murmuró con una sonrisa, ella tenía ya mucha experiencia peleando contra los bloqueadores de chi gracias a las enseñanzas de Asami.

La bloqueadora de chi se recuperó lanzando una patada que alcanzó el abdomen de Kuvira.

- Solo es cuestión de que pierda la concentración. - Agregó Korra.

- ¿Tú puedes contra ellos? - Preguntó Desna.

- No del todo, si hay una abertura y ellos te alcanzan estás perdido... – Pausó. - Solía entrenar durante horas con Asami y créeme, era agotador. - Explicó. - Aunque nunca utilicé el poder de los elementos contra ella, pero creo que sería el mismo resultado, si ellos penetran tu defensa estás perdido y solo les toma un par de segundos. - Concluyó.

- ¡Agh! - Kuvira gritó al ser alcanzada por un par de golpes, su brazo derecho había sido inmovilizado y sabía que con esa desventaja su derrota era inevitable y al cabo de un momento la temida líder militar se encontraba en el suelo incapaz de moverse, Korra sonrió de lado y se puso de pie, el público aún no terminaba de creer lo que acababa de ocurrir, Kuvira había sido fácilmente derrotada por una chica que no lucía para nada fuerte o intimidante.

- ¡Saquen a Kuvira de la arena! – Ordenó la morena. - ¡Es momento de la pelea semifinal! Quien gane esa pelea peleará contra mí. – Anunció y el público celebró con gritos y aplausos emocionados al saber que podrían presenciar una pelea entre los bloqueadores de chi y su querida y respetada Guerrera del Sur. – Los tres ganadores de las peleas pasadas pelearán al mismo tiempo, espero que no se hagan perder el uso de brazos o piernas antes de llegar a mí. – Bromeo y el público rió con ella.

- Adelante novatos. – La Roca les indicó a los tres bloqueadores de chi de entre los cuales Mako era el que parecía más incómodo con lo que estaba ocurriendo.

- ¡Korra, baja a pelear conmigo! – Mako demando señalando a la líder quien sonrió de oreja a oreja al ver como los tres bloqueadores de chi se encontraban de pie a mitad de la arena.

- Aún no Mako, deberás pelear contra los otros dos vencedores primero. - Respondió la morena señalando a las otras dos personas que ocupaban la arena en ese momento, Mako rodó los ojos y bufó entendiendo que no podría escaparse o evadir las reglas que Korra impusiera sin importar cuánto le desagradara la idea de estar ahí como fuente de entretenimiento para los rebeldes.

A juzgar por el fuego que ardía en su mirada Korra presentía que Mako sería el único capaz de llegar a la final, era obvio que el líder de defensa no la dejaría salirse con la suya y querría castigarla por su falta de respeto así que se esforzaría por llegar a la última pelea solo para descargar su ira sobre ella.

Mientras tanto el público no sabía a quién apoyar, todos observaban emocionados intentando adivinar quién sería el afortunado vencedor que tendría el privilegio de pelear contra la Guerrera del Sur.

Cada movimiento contaba, hasta el más simple de los descuidos podía significar el final de la pelea para cualquiera de los combatientes, la persona con más experiencia en la arena era Mako así que naturalmente los otros dos planearon aliarse para derrotarlo pero Mako logró encontrar una apertura en la defensa del joven guardia, la chica observó mientras su compañero perdía el movimiento de su brazo dominante, estaba decidido, ese joven estaba descalificado pero la chica no perdió la oportunidad de intentar atacar a Mako mientras él se encargaba de terminar con su víctima.

- Te mueves rápido Mura. - Sonrió Mako apartándose de su rango de alcance.

- ¿De verdad quieres pelear contra el Avatar? No estoy segura de porqué estamos peleando. - Razonó ella.

- Me enfrentaré a Korra, tú estás peleando para demostrarle a esta gente lo que pueden llegar a hacer con nuestra técnica. – Respondió Mako cazando los movimientos de la chica.

- Creo que ya vieron suficiente. - Bufó la joven apartándose de un par de golpes.

- No ¿Aún no entiendes? El temor que domina a los rebeldes es el que sienten por los maestros elementales, creo tener una idea del rumbo que Korra quiere seguir con esta pelea. - Aseguró Mako.

- ¿Qué? ¿No es demasiado pronto? Ninguno de nosotros nos hemos enfrentado a un maestro elemental. – La chica continuó retrocediendo.

- No contamos con el tiempo necesario para practicar y ya todos saben su secreto así que no veo porque no hacerlo. - Respondió Mako.

- Quieres pelear con el Avatar... - Mura dijo al darse cuenta de las verdaderas intensiones de Mako.

- Quiero comprobar el alcance de nuestra técnica. – La corrigió él. – Porque tarde o temprano deberemos pelear contra maestros elementales y quiero estar listo para eso. – Concluyó.

Los ataques iban y venían, Mura era una joven habilidosa y gracias a ello había logrado mantener el mismo nivel que su maestro, el público parecía contener la respiración mientras ellos luchaban en un intento por no cometer ningún error pues el más mínimo descuido los llevaría a la derrota.

- Los dos dominan bien sus movimientos. - Comentó Desna.

- Si... casi tan bien como Asami. - Murmuró Korra.

- ¿Puedes decir eso con solo observarlos? - Preguntó Desna mirando a la morena quien no apartaba su mirada de la pelea.

- Si, Mako tiene la fuerza y la agilidad pero le falta la serenidad mental, Mura tiene la serenidad y la fuerza pero su agilidad se encuentra levemente disminuida... seguramente se encuentra nerviosa. - Explicó Korra.

- Un excelente análisis. - Sonrió Desna.

- ¿Qué otra cosa puedo hacer mientras me siento aquí a observar? – Se quejó Korra comenzando a quitarse las botas. – Pero creo que ya he analizado lo suficiente. – Concluyó poniéndose de pie.

- Bien, ya me han demostrado que son capaces de pelear a un buen nivel y ya que no quiero que pierdan sus energías por completo antes de pelear contra mí, les permitiré pelear a los dos. - Interrumpió la pelea saltando hacia el centro de la arena. - Y ya que tampoco quiero desperdiciar la ocasión, usaré esta pelea como demostración, utilizaré mis poderes sobre los elementos y ustedes deberán detenerme. - Concluyó haciendo al público rugir de la emoción.

- Demuestren que se pueden mover más rápido que un maestro tierra. - Les ordenó y atacó lanzando un par de proyectiles que había elevado del suelo, Mura y Mako esquivaron el ataque y avanzaron buscando una abertura en la guardia de su oponente.

Las rocas que Korra movía no eran demasiado grandes e intencionalmente ninguna de ellas iba dirigida directo a Mako o a Mura, las dirigía hacia un lado para permitirles esquivarlas con facilidad, sabía que a pesar de que Mako tuviera el poder del fuego ninguno de ellos se había enfrentado a otro maestro elemental gracias al trato que Asami había establecido con los espíritus, por este motivo Korra no quería presionarlos más de lo necesario pues el daño que podía ocasionar el golpe de una de sus rocas era considerable y potencialmente peligroso.

Mako fue el primero en entrar a una distancia aceptable para establecer contacto con la morena pero Korra se entretuvo moviendo el suelo sobre el cual su amigo se apoyaba haciéndolo perder el balance al mismo tiempo que elevaba una roca frente a Mura para bloquear su camino.

- ¡Agh! - Se quejó Mako al caer tras sentir como el compás de sus piernas se abría completamente por el movimiento de la tierra, el público observaba con admiración pero no pudo evitar reír al ver aquella acción mientras Korra se entretenía utilizando sus habilidades de esa manera pues pocas veces tenía la oportunidad de usarlos abiertamente y sin limitación alguna.

- ¿Te diviertes? - Preguntó Mako volviendo a trazar un camino que seguiría para alcanzar a la morena, Korra sonrió de lado y permitió que Mako penetrara en su espacio solo para demostrarle que era capaz de evitar sus golpes limpiamente.

- Si... me divierto. - Respondió a medida que retrocedía esquivando cada uno de los golpes que le eran dirigidos.

- Te mueves bien. - Sonrió Mako.

- Esta es mi arena. - Explicó Korra comenzando a bloquear y contrarrestar los ataques de su amigo hasta obligarla a detener sus constantes ataques para defenderse del contraataque de la Guerrera del Sur.

- ¡Mura! - Gruñó Mako al sentirse peligrosamente cerca de la pared.

- ¡Gerrera del Sur! - Aclamaba el público al ver como su líder era capaz de dominar a sus contrincantes sin la necesidad de hacer uso de los elementos, siempre había sido así, la Guerrera del sur tenía un poder temible que nunca se había apoyado en el control de los elementos y para ellos les resultaba sumamente natural verla actuar y dominar a sus enemigos de esa manera, haciendo uso de nada más que su agilidad y experiencia en las peleas.

Mura se aproximó por detrás de Korra y ella se limitó a agacharse para permitir que el peso y la velocidad de la chica hicieran todo el trabajo, el ataque de Mura falló y terminó por dirigirse hacia Mako quien con habilidad sujetó el brazo de Mura para desviarlo hacia un lado.

- Buenos reflejos Mako. - Le dijo Korra desde un lado. - Quiero aclarar que yo tuve la ventaja de entrenar con Carmín durante el tiempo que vivió aquí en la alianza conmigo, por eso sé cómo bloquear esos ataques pero los miembros del Loto Rojo no tienen ni idea y caerán tan rápido como Kuvira y el resto de los que vieron participar hace un rato. - Señaló Korra.

- Entrenaste con Asami... eso explica muchas cosas. – Mako jadeó comenzando a ser afectado por la intensidad de la pelea.

- También quiero que sepan que los maestros entrenados por el Loto Rojo no tienen los mejores conocimientos sobre el control de su elemento, por lo que pude ver puedo decir que sus técnicas son muy básicas así que no debería ser difícil aproximarse a ellos. - Aseguró la ojiazul.

- ¿Piensas terminar la pelea? - Preguntó Mako quien mantenía su guardia en alto, él y Mura mantenían rodeada a la morena a quién no parecía molestarle la posición aparentemente ventajosa de sus oponentes.

- Si, terminemos esto. – La Guerrera del Sur concordó dejando caer su cuerpo hacia el suelo para golpear la tierra con su puño lo que causó una fuerte honda que desestabilizó a Mako y a Mura, aprovechando la confusión Korra lanzó un par de proyectiles que se ajustaron a las manos de Mako previniendo que pudiera seguir haciendo uso de su técnica para bloquear el chi. - ¡Agh! - Bufó el joven viendo la manera en que la roca había cubierto sus puños por completo.

Mura no tardó en recuperar el equilibrio y corrió hacia la morena, si quería una oportunidad debía lograr alcanzarla, claro, Korra podía sentir las vibraciones en el suelo así que su reacción fue casi inmediata girando y utilizando su codo para desviar uno de los ataques de la chica.

Mako se resignó a seguir utilizando el bloqueo de chi pero vio la oportunidad de ayudar a Mura utilizando las rocas en sus manos como arma, Korra fue forzada a quitarse del camino antes de poder arremeter contra Mura, la chica coordinó sus ataques con los de Mako y ambos avanzaron obligando a Korra a retroceder.

Uno de los puños de Mako alcanzó el abdomen de la morena y el cuerpo de Korra se dobló al perder el aire, Mura tomó la oportunidad y durmió una de las piernas de la morena haciéndola caer, el público perdió el aliento al ver aquella acción, todo parecía indicar que Korra estaba por perder el combate pero la ojiazul se resignó a perder y haciendo un rápido movimiento de sus brazos levantó un par de placas de roca que la protegieron de los ataques que le eran dirigidos y antes de que Mako y Mura pudieran redirigir sus golpes Korra rodó para ganar un poco de distancia desde dónde manipuló la tierra para sujetar los pies de sus oponentes.

- ¡Hey! - Renegó Mako, los tres se mostraban bastante agitados, el sudor les bajaba por la frente, Korra sonrió encogiéndose de hombros y poniéndose de pie sobre la pierna que aún le respondía.

- Un maestro control necesita estar concentrado para manipular la tierra, el agua, el aire o el fuego, así que siempre asegúrense de cuidarse entre ustedes, no le permitan al maestro el tiempo que necesita para neutralizar a su enemigo, ataquen en grupos de tres o más y siempre procuren tener distintas posiciones para desviar la atención del maestro control, porque si todos se encuentran en el mismo punto será fácil para un maestro concentrar sus ataques contra ustedes como si fueran un solo objetivo. – Les aconsejó.

Mako bufó y se dejó caer para poder sentarse, era evidente que habían perdido la pelea, no había nada más que pudieran hacer, se encontraban a merced de su enemigo, Mako ya había observado a Lin y a su hermano manipular la tierra pero nunca había visto nada similar a lo que acababa de experimentar, Korra manipulaba los elementos como si fueran parte de su cuerpo lo cual era admirable e inspirador para el joven maestro fuego quien ahora sentía que debía entrenar aún más para alcanzar el nivel de control que poseía Korra.

- Oye, no te vayas a olvidar de nosotros. - Mako alzó la voz al ver a Korra caminar hacia la salida de la arena mientras el público le aplaudía.

- Por supuesto que no. - Sonrió la morena mirándolos por encima de su hombro y con un simple movimiento liberó a los dos de sus ataduras de roca incluyendo las manos de Mako.

- Es imposible enfrentar al Avatar... – Mura comentó con asombro.

- No cualquiera puede hacerlo... ten en cuenta que solo estaba haciendo uso de uno de los cuatro elementos. - Respondió Mako al ponerse de pie, los dos siguieron a Korra hacia el interior del coliseo para salir de la vista del público.

- Me pregunto quién habrá sido la persona que le enseñó fuego control a Korra. - Mako se preguntó en voz alta.

- Zuko, un viejo miembro de la Orden de Loto Blanco y viejo amigo del Avatar. - Respondió Suyin al aparecer detrás del joven. – Diste una buena pelea allá afuera. – Lo felicitó.

- ¿Buena pelea? Korra solo estuvo jugando con nosotros. – Suspiró secándose el sudor de la frente.

- Eso es porque Korra ya había practicado peleando con Asami, pero ustedes lograron impresionar al público. – Suyin le aseguró. – Derrotaron a Kuvira, eso ya es decir mucho. – Le explicó.

- Espero que esto haya servido de algo. – Mako murmuró observando a los gladiadores que iban y venían dentro de los vestidores, todos lucían contentos y satisfechos con el resultado de la última pelea, era fácil notar el apoyo que Korra recibía por parte de toda la alianza y por un momento el joven maestro fuego consideró ver a los rebeldes como a personas en las que algún día podría llegar a confiar.

- ¡Ah! Ahí están, los campeones de esta noche. – La Roca celebró con entusiasmo y Kuvira bufó desde la cama en la que la habían recostado para permitirle recuperarse del entumecimiento de su cuerpo.

- Su maldita técnica parece sacada de una pesadilla. - Renegó la ojiverde y los demás gladiadores rieron.

- Eso es porque nunca te enfrentaste a Carmín, nosotros ya estamos acostumbrados a la sensación. – Le explicó verdugo con una pequeña sonrisa.

- Ser incapaz de sentir o mover tu cuerpo... es desagradable. - Kuvira resoplo indispuesta a aceptar su derrota.

- Eres una excelente peleadora. - Aseguró Mura. - De no ser por la ventaja que obtengo de bloquear el Chi habría perdido contra ti. - Confesó y Kuvira sonrió de lado.

- Oh... eso te lo puedo asegurar. - Respondió la ojiverde antes de cerrar los ojos.

- ¿Qué tal les pareció la pelea de esta noche? - Korra preguntó al entrar a la habitación.

- ¡Tu tierra control es increíble! – La Roca respondió con emoción.

- Gracias. - Rió Korra. - Pero ese no era el objetivo de las peleas de esta noche... más bien quisiera saber lo que opinan sobre los bloqueadores de Chi. - Aclaró.

- Son demasiado rápidos... - June admitió con desgano.

- Letales... cualquiera que pueda reducir a su enemigo a un inmóvil costal de huesos en cuestión de segundos tiene la batalla asegurada. - Opinó Verdugo.

- Al público le gustó, seguro muchos querrán participar en el entrenamiento. - Añadió Kuvira.

- Pero no todos serán los más aptos para eso, así que quiero que me ayuden a hacer pruebas físicas para seleccionar a las personas con mejor condición y control de su cuerpo. - Korra pidió sabiendo que se encontraba entre gente de confianza y no hacía falta hacer uso de la personalidad agresiva y demandante de la Guerrera del Sur.

- Suena interesante... ¿Puedo ser yo quién asigne las pruebas? - Preguntó Kuvira y Korra sonrió.

- No podría haber nadie mejor para esa tarea. - Respondió la ojiazul.

- Espero que estés lista para recibir una lista con dos o tres personas en ella... - June dijo con sarcasmo y todos rieron mientras Kuvira, Korra y Mako esbozaban pequeñas sonrisas.

- Si es así confío que serán los mejores tres de toda la alianza... claro, además de todos mis gladiadores. - Concluyó la morena y Kuvira asintió con la cabeza.

- Así sea uno, ten por seguro que se tratará de la persona mejor calificada para el entrenamiento. - Kuvira continuó con la broma y el grupo volvió a reír.

- Entonces espero que inicien con eso mañana, yo estaré en la jungla, si necesitan algo no duden en llamarme. - Concluyó la morena para luego salir de la habitación con el fin de volver a su escondite y descansar pues sabía que sus días se mantendrían más que ocupados con todo lo que estaban organizando, todo marchaba de acuerdo al plan, ella continuaría entrenando para lograr entrar al mundo espiritual mientras los rebeldes se preparaban para enfrentarse al Loto Rojo, por fin había encontrado una manera de equilibrar sus sentimientos y no iba a permitir que nada se le escapara de las manos, ganaría la guerra y lograría sacar a Asami de la niebla.


Gente! Solo quiero avisarles que tal vez no pueda actualizar esta semana que viene, pero seguro si actualizo la otra.
Saludos!