Capitulo 36

La chica se quedó de una pieza, lo miraba confundida, con la boca entreabierta y más pálida de lo normal.

—¿Estas bien?— preocupado le levantó el rostro, Silvana seguía sin moverse —¿Sy estas bien?— insistió.

—Yo, me encantaría, es decir ¿Qué opina Ray?— tartamudeaba y temblaba como una hoja.

—Eso lo hablo con él mañana, ¿recuerdas la tarde que hablamos en el parque? Después de revisar la casa de Evangelina—

—creí que solo eran palabras—

—eran más que eso— le sonrió acercándose para besarla –antes que cualquier cosa me gustaría darte ese gusto, sería algo muy pero muy privado, solo nosotros y el sacerdote—

—pero no eres católico—

—tu familia o al menos tus padres lo son, así también serviría para cubrir nuestra verdadera relación—

—¿no te molesta que sea así?—

—¿a ti te molesta?— le devolvió la pregunta y por respuesta la muchacha se lanzo a sus brazos.

—¡claro que no!—

Caminaron en silencio por el jardín, el ruido del bar se escuchaba a lo lejos y preferían mantenerse en un lugar tranquilo, donde solo ellos pudieran escuchar lo que tenían que decirse; volvieron a la habitación donde Raymond ya roncaba profundamente, sin hacer ruido se mudaron de ropa.

—¿Dónde voy a dormir?— susurró Silvana mirando confundida las camas

—por ahora con Ray, no respondo de mi en este instante— sonriendo le dio un beso en la mano guiándola hasta donde su amigo dormía, con mucho cuidado de no despertarlo Sy se acurrucó entre las mantas.

—buenas noches— dijo ella en voz muy bajita.

—buenas noches— respondió él en el mismo tono, ambos sin dejar de mirarse.

Ray no se dio cuenta de que dormía con Silvana sino hasta las seis de la mañana que sonó el despertador, se las había ingeniado para acurrucarse abrazándolo con una pierna y ambos brazos sujetándole el brazo derecho que ya comenzaba a hormiguearle.

—hola perezosa— la despertó cuando se movió para verla mejor.

—hola— contestó aun adormilada – ¿descansaste bien?—

—si— le besó la frente – quedé de verme con Seretta ¿quieres ir?—

—no…gracias— susurró acurrucándose aun más en él –creo que Egon tiene planes—

—Ok, entonces— hizo un gesto de disgusto, no quería que le soltara –necesito mi brazo— ella lo soltó riendo bajito –y ¿podrías devolverme mi pierna?—

—no— contestó abrazándose a su torso –así estoy muy bien—

—¿segura?— con una mirada picara y torciendo los labios en una sonrisa burlona comenzó a acariciarla por debajo de la pijama.

—mjm— contesto apretando los labios para no delatarse.

—¿de verdad?— la atrajo para que sintiera que él estaba comenzando a dudar si era realmente importante cumplir su cita con el arqueólogo.

—ok eres libre— respondió con una risita quitando la pierna que tenía sobre él.

—renunciaste muy rápido— haciéndose el remolón ahora no la soltaba.

—tenemos cosas que hacer— se defendió –si es que quieres que nos liberemos tanto de mí querida amiga como de mis parientes—

—esta bien— refunfuñando se levanto –pero no creas que me doy por vencido tan fácilmente— entró a la ducha, Sy se levanto y saltó a la cama donde Egon comenzaba a despertarse.

—hola— le ronroneo como gatito mimoso frotando su nariz con la de él —¿dormiste bien?—

—algo, aunque hubiera preferido tenerte conmigo toda la noche— contestó atrayéndola —¿lista?—

—solo deja que Ray desocupe la ducha y en veinte minutos podemos salir— se levantó veloz y comenzó a buscar su ropa.

Un desafinado "tra la la" hacia eco en el baño cuando Silvana se duchaba, Egon aprovechó ese momento para hablar con su amigo.

—le propuse matrimonio—

—¿Cómo?— confundido dejó de atar las cintas de sus botas —¿Qué hiciste que?— se acercó a Spans —¿Qué te dijo?—

—acepto— respondió sonriente –espero que no te… ¿moleste?— pregunto un tanto receloso.

—¡en lo absoluto! ¡Felicidades!— le dio un abrazo fuerte y sincero –yo no soy de la idea del matrimonio, pero si a ti te nace hacerlo…—

—ella tiene la ilusión, además no quiero que Mario o Violeta vayan a querer averiguar más cuando nos mudemos juntos a la granja—

—das por hecho que mi tía va a vendértela— lo miró escéptico –ella adora la granja—

—y ya me la ofreció un par de veces— respondió con suficiencia –como sea, hoy voy a hablar con la hermana Romelia para ver que se puede hacer—

—usando tus influencias, dudo mucho que llegues soltero esta noche—

—eso espero— respondió sonriendo.

Cuarenta minutos después se despedían de Ray que abordaba un taxi para dirigirse a Chichen Itzá a unas horas de distancia.

Lo espero un poco impaciente sentada en una de las bancas dentro de la iglesia, hacia un fresco agradable y miraba curiosa cada obra de arte sacro.

—No me gusta ver eso— reclamo en su nuca Nahama –verlo así, lleno de sangre y herido— se refería a una antigua figura de Cristo llevando una cruz.

—¿si existió?— le preguntó Silvana curiosa.

—¿quieres saberlo?— preguntó y la muchacha asintió —¿para que? ¿Eso va a cambiar tu manera de pensar?—

—No lo sé, creí que siendo un espíritu tan antiguo algo debías de saber—

—y lo se querida, pero insisto, de nada te va a servir conocer esos secretos, si existió o no… ¿Cuál es la diferencia?—

—¿Silvana?— Egon la distrajo en ese momento, la llamaba desde la puerta que daba a la oficina de la sacristía.

La hermana Romelia le prestó una bonita mantilla blanca para que la utilizara como velo nupcial, el ramo constaba de pequeñas florecitas blancas y azules que una de las novicias cortó del jardín apresuradamente y el anillo resultó ser el de la graduación de la universidad de Egon.

Nahama escuchaba atenta las palabras del cura, y le eran tan conocidas y gastadas pues las había escuchado cientos de veces en los cuerpos de las Carrasco que invadiera desde cientos de años atrás, ahora era distinto pues sentía como latía el corazón de Sy, un calorcito agradable la envolvía cada vez que miraba a su pareja y no comprendía por que algo que debía ser un instinto totalmente animal se encontraba actualmente en calma, reposando dócilmente.

Temblando como un adolescente Spengler apenas pudo sujetar la mano de la muchacha para ponerle su anillo, al principio había tomado todo como un detalle, quería hacerla sentir feliz y realizada llevándola al altar aunque fuera uno católico, pero después de escuchar al sacerdote, de verla frente a él, con un brillo especial en sus ojos castaños algo se movió dentro de si mismo.

Cuando el sacerdote los declaró marido y mujer Silvana ya derramaba lagrimas de alegría, lo miró nerviosa, sin parar de temblar.

—puede besar a la novia— indico como es costumbre el sacerdote.

Fue un beso distinto, ella reía cuando atrapo sus labios con los dientes.

—te amo— susurró él mordisqueándola con ternura.

Devolvió la mantilla a la hermana Romelia, depositó el ramo de flores en el altar del Cristo ensangrentado y tomó de la mano a su flamante esposo.

—¿vas a llamar a tus padres?— preguntó tras un buen rato de no hablar, caminaban por la soleada calle en silencio, tomados de la mano.

—No lo se— respondió sin mirarlo –ignoro como vayan a tomar esto—

—Violeta no se, pero espero que Mario no vuelva a México para asesinarme—

—Papá te estima muchísimo, mamá es la que no se como vaya a tomarlo—

—de tu abuela ni decirlo ¿verdad?— sonrió burlón, había ganado un punto en contra de todos los planes maquiavélicos de Evangelina.

—la abuela va a reventar, igual que Nando— soltó una risita – como sea, no me arrepiento de nada—

Entraron al hotel dirigiéndose a su habitación, por un segundo Egon dudó y la levanto en sus brazos.

—¿Qué haces?— pregunto entre risas nerviosas.

—¿es una tradición no? Cargar a la novia hasta su lecho nupcial—

Abrió con cuidado la puerta cerrándola de inmediato, se escuchó como puso llave y seguro.

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Enigma... cierra la boca jajaja...xk viene lo mejor ;D