Capítulo 35

Más problemas.

La mirábamos con algo de duda.

―Digo ―prosiguió― son las últimas chicas que conociste...

―Aunque conocí a muchas chicas en la Academia, recuerda que es una escuela mixta ―aclaré.

Se quedaron pensativos. Pasó un rato y el silencio había vuelto a cubrir todo. Escuché un bostezo por parte de mi amigo, quien se estiró de pies a cabeza y rascándose la nuca dijo:

―Será mejor ir a descansar.

Asentimos y yo me dirigí a la puerta. A mitad de camino me voltee y sonreí.

―Iré a ver si Karissa está más calmada ahora ―reí un poco al pensar en el ataque de furia y el escándalo que debía estar armando ―. Seguro tiene alguna riña con Sphintus-kun, será mejor detenerlos antes de que algo malo pasa.

Continué mi camino, pero las voces de ellos hicieron que nuevamente me volteara.

―Siempre que nos necesites, ahí estaremos ―me miraron con tristeza.

No pude evitar sonreír, luego de eso me retiré. Mientras avanzaba por los vacíos corredores me hacía todo tipo de preguntas.

¿Y si es verdad? ¿Y si ellas tienen que ver con esto? Estoy seguro que sí... en mi sueño estaba la estrella de ocho puntas, la marca del conquistador de laberintos, Karissa está metida en esto. Pero ¿Tsuna también?

Suspiré entrecerrando los ojos.

Cuando veía esa silueta alejarse sentía impotencia, sentía que no podría dejarla ir pero no podía avanzar... si esa silueta pertenece a esa persona ¿qué haré? Siento lo mismo cuando la veo triste, preocupada o en peligro. Si todo lo que veo en estos sueños se cumple, seguro que se irá y no podré hacer nada...

Fruncí el ceño y apreté mis puños, uno de ellos sostenía mi báculo. En el que se posó un pequeño rukh que parecía estarme viendo. Sonreí un poco y vi cómo se alejaba junto con las demás aves del alma. Unos pasos retumbaron e hicieron que me volteara. Era Tsuna, ella jalaba a Karissa del brazo junto a Alanna-san. Ya que ella ponía bastante resistencia. Cuando se pararon frente a mí, trataron de recuperar el aliento y muy agitada, Tsuna me dijo:

―Fue difícil ―tomo aire― pero ya está más tranquila.

La miré a ella y luego a Karissa que estaba bastante frustrada.

―Disculpa mi reacción y lo que te dije ―miró a otro lado.

Alanna-san le dio un codazo en el brazo, ella se quejó y me miro algo roja.

―Es que odio que la gente manipule a otras con propósitos egoístas...

Le sonreí.

―Lo entiendo ―cerré mis ojos por unos momentos― ¿es por lo que me contaste esa vez? ―le pregunté.

Ella asintió.

―Todo esto ―la miré fijamente― debe estar pasando para hacernos más fuerte... pase lo que pase, lucharé por el mañana ¿ustedes que harán?

Las miré esperando una respuesta. Ellas se miraron las unas a las otras y asintieron sonrientes.

―Si esto es para hacerme más fuerte ―desvainó su espada y la puso frente a ella― usaré este poder que se me otorgó para proteger a los que más quiero ―sonrió.

―Yo también ―Tsuna entrecerró sus ojos y tomó su báculo con sus dos manos― haré lo necesario para encontrarme con mi hermano y lucharé junto a todos para seguir con ustedes... ―me sonrió.

Le devolví la sonrisa.

― ¡Yo también! ―exclamó Alanna― ¡Estar con todos es lo mejor que me ha pasado, no dejaré que se arruine por nada!

Reímos ligeramente al instante. De repente vi el rukh amontonarse alrededor de la espada de Karissa, Tsuna lo notó y miró dicho objeto con asombro. Las demás nos miraban como si estuviéramos locos.

― ¿Están bien? ―ella bajó su espada, aunque todavía no la guardó.

El símbolo de la estrella surgió del metal claro como la nieve y brilló incandescentemente. Dos esferas azules surgieron de este, pero al parecer solo ella y yo podíamos verlos, por el hecho de ser magos. Se transformaron en dos pequeñas aves azuladas se dirigieron al báculo de Tsuna y a la daga de Alanna, introduciéndose en ellas. Esto me pareció familiar al instante. Lo mismo había pasado cuando Mor-san se afilió al contenedor de Alibaba-kun. Pero... ¿por qué pasó lo mismo con Tsuna? ¿Si se supone que los magos no pueden manejar contenedores domésticos?

― ¿Qué a-acaba de pasar Aladdín? ―Tsuna me miró algo desconcertada.

Sin decir nada me aproximé a ella, quien retrocedió un poco. Tomé su báculo sin avisarle y lo examiné.

Estaba hecho de un material increíblemente dorado, formaba un pequeño espiral que tenía en su centro una gran gema esférica verde la cual acababa de tornarse de color azulado. Podía ver mi reflejo a través de ella, de repente vi a Tsuna que también se había asomado. Son sus grandes ojos miraba la piedra sin saber que pasaba. Estaba muy cerca de mí y eso me causo cierto nerviosismo que Alanna llegó a notar. Quien comenzó a mover sus cejas de arriba abajo, claro signo de que pensaba en cosas raras. Decidí ignorarla, puse mi mano en al azulado objeto y entrecerré mis ojos. El símbolo de mi frente comenzó a brillar y las tres se alejaron de mí.

― ¿¡Qué diablos es eso!? ―exclamó Karissa.

Entonces Alibaba-kun y Mor-san salían del cuarto de reuniones y vieron lo que pasaba. Corrieron hacia mí, pero mantuvieron una distancia considerable de mí.

― ¿¡Pasa algo malo Aladdín!? ―Alibaba-kun me miraba desconcertado mientras me preguntaba eso.

― ¡Estás usando Ábrete sésamo! ―alzó la voz Mor asombrada.

Tsuna y Karissa nos miraban sin comprender lo que pasaba.

―Alanna-san ¿sabes que pasa? ―consultó Tsuna.

―Es un conjuro que Aladdín-san utiliza que es muy especial ―explicó.

Karissa le dio un codazo en el brazo bruscamente.

―Oye, eso no nos dice nada.

Yo escuchaba su conversación. Cuando la estrella se desvaneció, me voltee a verles diciéndoles:

―Hay muchas cosas que no les he dicho.

―Esta es un ejemplo ―bufó ella mirando a otro lado.

―Lo ciento ―les dije sonriendo ligeramente.

Inmediatamente le tendí a Tsuna su báculo. No me dijo nada, solo se me quedó viendo con impacto.

―Solo usé esa magia para analizar el báculo de Tsuna ―miré a dicho artefacto― sin duda alguna, es un contenedor doméstico.

Mor-san y Alibaba-kun se asombraron enormemente.

― ¿¡Eso es posible!? ―me preguntaron al unísono.

Yo balancee mi cabeza un poco.

―Realmente no lo sé ―les confesé― Yam-san me dijo hace tiempo que los magos no pueden contenedores domésticos porque las órdenes que los djiins y mangos envían al rukh son distintas ―me quedé pensativo― realmente no sé por qué pasa eso...

―Entonces ya tengo contenedores familiares ¿eh? ―susurró Karissa.

Asentí varias veces.

―Al parecer ustedes tres son bastante unidas ―acotó el de Balbadd sonriendo.

―Bueno ―Karissa se entusiasmó demasiado― ¡¿Por qué no vamos a probar estas cosas nuevas?! ―exclamó determinada.

Todos asentimos. Nos encaminamos a uno de los jardines menores del país donde podíamos practicar. A penas estuvimos por llegar, un escalofrío hizo que me estremeciera. Me detuve en seco, reflejando algo de alarma en mi rostro.

― ¿Pasa algo? ―me preguntó Alibaba-kun.

Yo no respondí.

― ¿Qué pasa? ―interrogó Tsuna.

Me di vuelta y puse mi borg frente a ellos, evitando un fuerte ataque de hielo. Jadee un poco pero me reincorporé al instante.

― ¡Cuidado! ―alcé la voz viéndolos sobre mi hombro― ha vuelto ―fruncí el ceño.

―Así que ya me tienes identificado ―dijo esa voz tan familiar.

―KAYSON ―Tsuna quedó paralizada al verlo.

―Tiempo sin vernos ¿no? ―le sonrió.

Apreté mis dientes, mirándolo fijamente. Reparó en mí y sin decir nada me lanzó otro de sus ataques. Esperando que me inmutara, sin embargo no tuvo éxito.

―Eres muy fuerte, casi lo olvido ―me dijo calmadamente.

― ¡Ahora me las pagarás! ―gritó Karissa corriendo hacia él.

Su espada se tornó del color del hielo y la impactó sobre la barrera que lo rodeaba. Ella apretó sus manos esperando causar algún daño, pero nada. Se alejó de un salto, ubicándose a mi lado.

―Se más precavida ―le dije viéndola.

―Lo tendré en mente la próxima vez ―me contestó.

Eso me causo cierto fastidio, sabiendo lo imprudente que era. Me recordaba a mí bastante.

―Oye Tsuna ―todos la miramos― ¿no quieres tener noticias de tu hermano y tu amiga?

Ella abrió sus celestes ojos anonadada. Vaciló por unos momentos hasta que dijo:

― ¿Están bien ambos?

―Mejor que nunca ―le dijo satisfactoriamente.

―No te creo ―lo miró con desconfianza.

Kayson suspiró.

―Nuestro rey estaría complacido de tenerlos a todos ustedes a su lado ―nos informó.

― ¿A quién te refieres? ―le pregunté.

― ¿A quién más? ¡Al rey de Jahat!

Me asombré, proseguí diciendo:

― ¿Quién es? Si se puede saber...

Él rio un poco.

―Es alguien a quien conocen bien ―elevó su oscuro báculo e hizo un gesto con la mano.

De repente Karissa se tambaleó un poco y flexionó las rodillas.

― ¿Qué pasa? ―la miré.

―Es que... me siento rara, además ―se tocó el costado de su abdomen― me duele.

El ver en ese lugar, tenía una pequeña cortada. En seguida lo relacioné con lo que Tsuna había tenido en su brazo. Ella se balanceó nuevamente y lentamente comenzó a cerrar sus ojos. Me alarmé al igual que todos. Para que no se cayera, me aseguré de sostenerla por los hombros y puse mi báculo delante de ambos. Preparado para defenderme del próximo ataque.

Ala Raqesa ―pronunció agitando dicho cetro.

Una gran masa de oscuridad se acumuló a su alrededor. Activé mi borg y lo aseguré enfocando mi magoi en el. Mi prioridad era proteger a Karissa. Pero alguien se poner delante de nosotros... era ¡Tsuna!

― ¿¡Qué haces!? ―le gritó Alanna.

― ¿Qué piensas hacer? ―incliné la cabeza.

Ella se volteó y dijo:

―Protegerlos ―sonrió.


N/A

Oigan! ¿Qué creen que le pase a Tsuna? Porque les aviso que ¡Algo grande se viene! 7u7

Noami-chan