Era extraño, todo un año había pasado demasiado rápido, visto en retrospectiva se podía inervar todo y percatarse la gran cantidad de cosas que pasaron y sin embargo, el haber vivido en un eterno presente tenía una repercusión, no se podía notar que en el transcurso del tiempo, se hacían tantas cosas.
Se había terminado de editar el anuario escolar, ciento treinta y seis páginas de los clubes, los hechos más importantes y los estudiantes destacados. Pero además, las fotos de todos estaban allí, era una cosa bastante tradicional, de hecho muchos ya podían considerarlo como una pérdida de recursos, pues el mismo trabajo venía a hacer My Stable y con una versatilidad mayor, no obstante, si algo había en esas páginas eran algunos de los hechos desconocidos, con sus personajes en igual medida apenas conocidos por la multitud de estudiantes, podía verse por ejemplo al enigmático equipo de ajedrez y descubrir que había ganado las nacionales, justo después de todos los actos populares, la banda del colegio, los equipos deportivos populares, los equipos de futbol, en cierta medida.
Melancolía, en cierto grado, pero además un aroma a lo extraño, la aventura se hallaba a solo unas horas de distancia, una mezcla similar solo podía darse en los alumnos del último año del colegio; así como muchas veces se repetían a sí mismos y sabían bien, los caminos a recorrer de cada quien finalmente se diferenciarían en la actividad, promesas de mantener el contacto, de usar los grupos de My Stable para hacerlo; planes de reencontrarse dentro de un mes, una fiesta… sí, todas esas cosas que componen el final de una etapa de la vida de la mayoría de los humanos en Equestria.
Con un sentimiento de incomodidad, Big Mac observaba las fotos de los equipos del colegio y justo al lado estaba el evento de la batalla de bandas y un reconteo de las últimas cinco princesas del baile de otoño. Claro que muchas de esas eran Sunset Shimmer, en los equipos estaba Rainbow Dash, Fleetfoot, Spitfire, las hermanas Cloud, las batalla de las bandas. Tantos recuerdos de los últimos tiempos, bien podían ser de otros años, pero para los de la generación de Big Mac, simplemente no se podían olvidar, eran de esas cosas increíbles en la vida que se guardan más por ser extremadamente implausibles para cualquiera que no estuviese en ellos.
- Vamos Big Mac, tienes media hora para prepararte. – Anunció Applejack poco antes de subir las escaleras, llevaba consigo unos cosméticos que ni sabía que existían, en fin, todo era parte de la costumbre.
Ese era otro detalle, uno muy interesante por cierto, llegar a ese viernes, el último viernes de clases del colegio, todo estaba terminado, una etapa de costumbres en la vida era finalizada, solo quedaba el último baile de colegio, una fiesta donde quizás la melancolía sería vencida en una última danza bailada con fulgor al estrépito de la música, un adiós o un hasta luego, dependiendo de quién y del futuro.
Un detalle curioso, se quedó viendo el anuario solo para hacer pasar el tiempo y evitar ir a la ducha, la razón, las amigas de su hermana se estaban arreglando en su cuarto, Rarity llegó a arreglar el cabello de su hermana y como sus dotes en el arreglo eran fundamentales y colosales en comparación al del resto del grupo, salvo claro por Fluttershy quien podía competir hasta cierto punto, obviamente forzó al resto a llegar a su casa para arreglarse para la fiesta.
La última semana pasó demasiado rápido y fue por demás exigente, actuando con un criterio de costo beneficio, pudo dar atención a las materias con mayor riesgo y desatender muchas en las cuales ya tenía una nota asegurada, lo cual se traducía a toda una semana de clases en anochecidas estudiando, realizando ensayos, proyectos… todo para tener una nota pasable, no era ni una buena, ni una mala… intermedia; pero con eso le bastaba, no podía esperar para dormir en esa misma noche. Pero antes, necesitaba solo una última actividad, no se perdería el baile final por nada del mundo.
Aun si no tenía pareja, aun si de traje solo poseía una camisa, no importaba, estaría allí, trataría de sacar alguna chica a bailar… hasta donde se enteró el jueves, a esa tal Fleetfoot le gustaba un poco. Con todo eso, seguramente algo podría hacer. Bien, no esperaría más, apostando a que el baño ya no estaba siendo ocupado por alguna de las varias féminas… pues así como a Applejack y sus amigas les hacía falta la ayuda de Rarity, a Scootaloo, Applebloom y Sweetie Belle también, por lo cual, también ellas estaban allí. Era incómodo que tantas féminas estuvieran allí arriba. No obstante, al menos tendría una buena entrada al baile, entraría acompañado con nada menos que seis chicas, antes de que estas se encontraran con sus respectivas parejas claro.
Ingresó a su cuarto, tomó una toalla y se dirigió al baño, cerrando la puerta, comenzó a ducharse, rezando porque esas coincidencias de la vida no volvieran a estropear el seguro de la puerta y una de las muchachas entrara solo para verlo en la regadera. Para minimizar ese posible incidente, puso la toalla al alcance y tomó la ducha con toda la velocidad posible, terminando en unos pocos minutos, se puso la toalla a la cintura, se miró en el espejo… se veía bien; abrió la puerta, miró a los costados para evitar entrar en el campo de visión de las amigas de su hermana. Afortunadamente, todo estaba despejado, salió del baño y se dirigió a su cuarto.
- Sí claro, lo traeré enseguida. – Esa era Twilight, abrió la puerta y mientras mantenía toda su atención en sus amigas respondiendo su pregunta, no se percató de que Big Mac estaba pasando justo frente a ella.
El resultado inmediato fue que Twilight chocó de lleno el fornido brazo del mancebo, debido a la masa superior de este, la fuerza del impacto fue contra la fémina, rebotando de forma graciosa, mientras sus lentes estuvieron a punto de caer, colgando de solo una de sus orejas, apoyada con sus dos manos en el piso, el estrépito causado pronto alerto al resto de sus amigas, quienes se voltearon de inmediato para ver a una Twilight en el piso y a un Big Mac aturdido por el golpe, viendo a la adolescente en el piso, extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.
Obviamente los ojos de las féminas no perdieron detalle del hecho, más que observar a su amiga en el piso, sus ojos fueron a dar con el fornido cuerpo de Big Mac, algo que Applejack advirtió de pronto.
- Perdona, no te vi… - Twilight se ruborizó al percatarse de que el hermano mayor de Applejack tenía un cuerpo hercúleo, lo habían visto antes, pero no de tan cerca. Ni siquiera Flash podía presentar algo similar.
Un muchacho puede sentirse usualmente atraído a la idea de observar a una chica en paños menores; mas, aquella situación era sumamente vergonzosa para él, ayudando a Twilight a ponerse de pie, pronto se dirigió a su habitación emprendiendo una inteligente retirada. Ya en su cuarto, se percató de lo acalorado que estaba su rostro, así como los varios tonos que había subido el color del mismo.
Mejor era olvidar el incidente pronto, tomó sus pantalones negros, una camisa blanca y con eso era suficiente, tan pronto como se los puso, pasó a buscar unos zapatos, de esos de suela delgada y que parecen embutir el pie; pero considerados elegantes. Buscó su corbata por dos minutos, solo para hallarla enrollada en el fondo de su ropero. Eso era todo, puede que el pantalón estuviese arrugado, quizás un poco menos que la camisa… pero estaba bien, no había razón para preocuparse.
Sorprendentemente terminó de vestirse en menos de quince minutos, saliendo al cabo de un rato de su cuarto para bajar las escaleras e ir a ver la televisión para esperar a sus hermanas y sus amigas.
- ¡Ah! – Un grito terriblemente agudo llegó a sus oídos a los pocos metros de salir de su habitación.
La puerta de la habitación de su hermana continuaba abierta, así que Rarity pudo tener una clara visión de la vestimenta del joven Apple, teniendo una clara reacción.
- No, no, no, no, no… querido. Simplemente no puedes vestir así, no te lo permitiré.
Las manos de Rarity, presas de una especie de instinto de la moda se dirigieron rápidamente donde el mancebo; quien, paralizado, sentía las manos de Rarity husmeando en el cuello de su camisa; en aquel trance en el cual la modista se hallaba, nada más podía importar que arreglar aquel terrible conjunto, era un crimen contra la moda. Applejack desde luego estuvo a punto de tratar de despertarla de aquel estado. Sin embargo, fue Pinkie Pie quien la tranquilizó.
Era un curioso espectáculo desde fuera, que pronto terminó cuando Rarity sacó su celular.
- Hola, ¿Papá? Sí, tengo un traje en el tercer muestrario de mi habitación, ¿Podrías ser tan amable de traérmelo? No… es para el hermano de Applejack, sí, ajá… bien, apresúrate por favor.
Nunca, absolutamente nunca nadie habría pensado en algo semejante, aunque conociendo a Rarity, de antemano se podía saber que ella tenía algo en su repertorio. Una vez terminado, la modista volvió a entrar a la habitación de su hermana.
Extrañamente, bien poco era lo que se podía decir en contra, el hecho perdió irrelevancia pronto. Regresando dentro de la habitación de Applejack, las seis chicas estaban en un arreglo que parecía eterno, allí se veía a prueba cierto afán por lucir bien para unas horas, así también, en contados casos como Applejack y Rainbow era la paciencia la cual se encontraba puesta a prueba unos fijadores, unos pasantes, la molesta preparación del cabello, de la piel, los tratamientos a los cuales Rarity exponía a sus amigas, todo para quedar bien por aquella noche.
- Oye Rarity, cuánto tiempo tengo que estar con esto en la cabeza. – Cuestionó la vaquera señalando los pasadores, si bien su cabello era lacio, existía uno que otro detalle que se podría cuidar.
- Solo unos minutos más querida, deja actuar al acondicionador, tu cabello no ha sido querido en mucho tiempo y no puedo hacer milagros. – Le espetó la modista mientras colocaba una serie de tirantes al vestido de Twilight.
- Fluttershy, juro que si siento un tirón de nuevo arrojaré el cepillo lo más lejos de mi.
- Rarity… - Llamó la de voz tímida tratando de ser cuidadosa con la cepillada en el cabello de Rainbow Dash.
- Querida, ¿Qué te dije de tu cabello?
- Ash…
- Oye Applejack, no creo que esté haciendo esto bien y los aretes… no sé cuáles son los míos.
- Calma, todas van a quedar hermosas, solo denme una chance. – Afirmaba la de piel blanca poco antes de tomar unos aretes de la cama y dárselos a Pinkie Pie, quitar las molestas trabas de la cabeza de Applejack y caminar unos pasos para tomar el cepillo que había salido volando por los aires.
No obstante, a la futura gran diseñadora se le salió un pequeño suspiro y sus ojos se entristecieron al ver unos aretes sobre la cama, ninguna lo había notado hasta que ella los levantó y los expuso ante la vista de todas.
- Estos eran para Sunset Shimmer. – Dijo de pronto, sintiendo la gran pena que producía el apreciarlos.
Una línea roja partía a la mitad la gema de fantasía, la cual era una aguamarina que debía contrastar tanto con los ojos, haciendo conjunto con una sombra de párpados celestes, así, los ojos de Sunset Shimmer, que bien podían llegar a ser hipnóticos, serían realmente dos faros ineludibles ante la atención de cualquiera.
- ¿Hiciste estos vestidos hace mucho? – Preguntó de pronto Fluttershy.
- Hace meses atrás, antes de que Sunset Shimmer se fuera… - Era difícil superar la ausencia de la pelifuego, enserio se había ganado un lugar en el corazón de las seis, en especial Twilight que todavía solía usar la chaqueta negra de su mejor amiga.
De pronto la tristeza se apoderó de todas, se supone que terminarían el colegio juntas, después… bueno, nadie sabía que pasaría con Sunset después, lo que importaba era terminar el colegio juntas, unidas.
- Oigan, yo creo que Sunset no hubiese querido que estuviéramos así en este instante. – Finalmente Rainbow tuvo uno de los mejores argumentos.
Tratando de alejar el recuerdo de la mejor amiga de las seis féminas, estas pusieron la mejor cara que pudieron y comenzaron la fase final de la preparación, lo que, en el caso de Rainbow Dash, Pinkie Pie y Rarity era encajarse el vestido que bien podía ser hermoso, una obra de arte, pero, el coste era una falta de comodidad, sobre todo en el caso de Rainbow Dash; no obstante, valía la pena lucir bien para un evento semejante, Rarity siempre lograba que quedaran como el centro de atención y eso… en el fondo, era algo que cada una deseaba a su manera y con sus propias medidas.
Eso es, meter la barriga un centímetro, ayudarse con él en el caso de Pinkie y de Fluttershy; mas Rainbow por suerte solo tenía una falda y no un vestido, lo cual agradecía enormemente a su amiga, además claro de ser algo holgado en su caso. El brillo de algunas lentejuelas discretamente colocadas, unos cuantos brillos en el corte inferior en el vestido de Twilight. Rarity realmente tenía el talento para crear vestidos y ropa en general. A tal grado era la expectativa, que cuando el sonido del timbre se hizo presente, no solo Rarity, sino el resto de las muchachas salió a ver por el barandal.
Efectivamente, el traje para Big Mac había llegado; de vestimenta para hombres Rarity podía admitir no saber un montón; no obstante, tenía algo que el gran pack del talento trae consigo: la intuición. Pero debían esperar por el resultado unos minutos; el mancebo obviamente se topó con la mirada expectante de todas las muchachas al subir las escaleras, aceptándolo de buena gana, se limitó a ingresar a su habitación para realizar los cambios.
- Bueno señoritas, solo falto yo.
- O sea que ya puedo… - Interpeló Applejack llevando sus manos a su cabello.
- Adelante. – Le respondió la modista. A lo cual, la interlocutora respondió con una mirada llena de agradecimiento.
Así pues, luego de encajar a Pinkie Pie en su vestido, de seleccionar los aretes, y collares en algunos casos, todas estaban ya listas; Rarity, Applejack y Rainbow fueron a la habitación de al lado para ver a sus hermanas menores, solo para comprobar que habían podido lidiar con todas las dificultades que implicaba el prepararse para una fiesta, Sweetie Belle había aprendido algo, aunque era muy probable que el trabajo manual hubiera sido tomado por Applebloom y Scootaloo. Llegaba a ser algo bastante gracioso que todas bajaran a la sala a esperar a Big Macintosh. El celular de Pinkie sonó de repente, lo mismo de Applejack y el de Twilight, ni qué decir, incluso tenía un tono especial para diferenciar el contacto que la llamaba.
Sospechosamente, una fue a la cocina, la de cabello rosa salió afuera, mientras que Applejack se limitó a separarse por unos metros.
- Quién era. – Cuestionó Fluttershy a Applejack, quien tan pronto como contestó, colgó.
La vaquera, no deseaba contestar, tampoco podía mentir, por lo cual decidió guardar silencio. Sin embargo, ni bien entró Pinkie Pie con su carácter extrovertido.
- Chicas, me llamó Cheese, dice que nos verán a todas allá; ¿a ti también te lo dijo Trent? – Cuestionó la fiestera a la vaquera, quien ruborizándose no tuvo más que afirmar con la cabeza.
Desde luego, eso era algo supuesto entre todas, mas aceptarlo era otra cosa bien diferente.
Finalmente, el sonido de las escaleras con el contacto con los calzados del joven Apple hizo de anunciante, la mirada de las seis muchachas se fijó en el muchacho que ahora se veía increíblemente atractivo, meterse en un traje no era precisamente un placer para Big Mac, mas, sus hombros anchos, el color contrastable de su piel con el negro y el blanco, su porte erguido y su altura respetable conformaban una figura bastante atrayente, no en vano sus miradas lo pusieron incómodo, dado que nunca antes había experimentado semejante atención por parte de un grupo de féminas. La había visto en Sunset Shimmer, pero ahora era terriblemente incómoda.
No tardaron en bajar también las hermanas menores y la mismísima Rarity, quien en un conjunto pegado en la cintura, pero holgado en los muslos, tenía un toque sugerente, pero nunca "burdo" como a ella le gustaba llamar, un color violeta era idóneo tanto con su color de piel como el de sus ojos; así mismo, su cabello lucía probablemente mucho más radiante que de lo común, si es que algo así era posible. En fin, las menores llevaban vestidos más holgados, con colores vivos y unos arreglos en el cabello que incluían unos pequeños brillos en el caso de Sweetie Belle, un pasador en forma de flor en Scootaloo, y una pequeña manzana en Applebloom.
Mujeres, Big Mac a duras penas lograba estar tranquilo viviendo en una casa donde era el único hombre, y ahora todavía más, pues le costaba ver hacia algún lado, puesto que las seis adolescentes estaban increíblemente bellas, incluso para alguien con tantos miramientos como él; así pues, las hormonas, el instinto, llámeselo como quiera, obligaba a sus ojos a pasarse a ver los conjuntos, la forma, la figura, su imaginación debía ser detenida antes de pasar por uno de esos momentos en los cuales la mayoría de los muchachos, sino todos, llegan a hacer el ridículo o incomodar a las damas.
En fin, tratando de mirar a los ojos y solo a los ojos de las muchachas, el mancebo se controló de forma casi impecable; o al menos así fue hasta que su vista se topó con la de Rainbow Dash; su vestido a mitad de muslo en su pierna derecha, bajaba hasta la rodilla en la izquierda, sus colores fríos se unían con una blusa con varias líneas de colores cálidos, no era un vestido como en el caso de las demás amigas; así se hacía clara su participación en el diseño. Bajando por el cuello, mirando el diseño de una nube hecha con líneas de distintos colores, hasta la zona media que estaba algo ceñida, ampliando el busto de la deportista, para terminar en el impresionante vestido que llevaba consigo, que al final, tenía una tela de gasa negra que contrastaba tanto la piel como con el vestido. Así, volviendo nuevamente al rostro de la fémina de piel cian pudo fácilmente percatarse de la ausencia de labial, pero la presencia de sombra azul, sus párpados delineados hacían de aquellos ojos violeta todavía más hipnotizantés. ¡Lo que se puede ver en menos de cinco segundos! Para cuando llegó al final de las escaleras, el grupo ya estaba completo, la limusina llegaría pronto, hasta ese momento, el grupo se reunió en la sala, Pinkie fue a tomar una gaseosa mientras que Fluttershy comentaba algo con Rarity acerca del escote, pues el colmo de una muchacha extremadamente tímida como lo era ella, era pues el hecho de tener un busto superior al del común, cosa que obviamente no pasaría inadvertida por parte de los muchachos y pasaría por la animadversión de las muchachas. Las CMC se la pasaban hablando de una de sus ideas para hacerse populares en el baile, mientras que, Twilight mantenía una charla amena con Applejack. Finalmente, Rainbow se limitaba a escuchar dicha conversación mientras observaba de reojo a Big Mac.
¿Por qué debía verse tan… atractivo? Allí estaba de nuevo, a ella no le gustaba pensar en esas cosas, los muchachos casi siempre le causaban problemas y eran de esos problemas con los cuales por nada del mundo desearía batirse. En ese aspecto, no era ni valiente, ni atrevida. No obstante, eso no evitaba que se deleitara la mirada ante el muchacho que hasta ese día despertaba sentimientos tan contradictorios. Y la verdad es que durante la última semana había intentado arreglar las cosas, desde luego, el carácter de la fémina era una barrera lo suficientemente infranqueable como para que un muchacho de pocas palabras y de actitud calmada pudiera traspasar, a fin de cuentas esa era quizás la mayor diferencia entre Soarin y Big Mac.
Rarity se lo había dicho un montón en el pasado y ahora lo consideraba mejor, lo cual daba como resultado una de esas cosas que el profesor Discord llamaba determinismo, es decir, de antemano estaba dicho que Soarin estaría con ella, mientras que Big Mac terminaría a un lado… y las razones eran simples, Big Mac, un muchacho tímido, con un carácter tranquilo, calmado y bastante pasivo era todo lo contrario de ella; Soarin era una pareja perfecta porque era un muchacho más vivaz, más activo, más intrépido y competitivo, justo como ella.
Pero… al final se quedó sola, negando a ambos y pese a que Soarin había intentado por todos los medios ganarse su corazón, no lo había logrado, es más, aunque en varios momentos de impulsividad hubieron momentos de abrazos, besos, juegos que mediaban entre lo inocente y una pasión propia de los adolescentes, aún después de eso… no podía decir que podía volver con él. Y lo peor de todo era que, durante todo ese tiempo, mantuvo aquellos pequeños episodios en secreto solo para evitar que Applejack se enterara, porque en el fondo, no quería que Big Mac se enterara de nada.
¿Y por qué? No sabía decirlo con certeza.
El sonido del claxon de la limusina la despertó de pronto, todas comenzaron a salir, Big Mac desde luego se quedó hasta el final para poder cerrar la puerta con llave, Winona estaba dentro… pobre perra, se decía para sus adentros, de todos, era ella quien necesitaba hacer ejercicio, trabajar en los campos, estaba escrito en su naturaleza y su carácter había cambiado bastante desde su llegada. Pero, no había de otra.
El viaje fue corto obviamente, la cuestión era llegar en una limusina y así lo hicieron, el sonido de los tacones de las muchachas lograba acompasarse, mas Big Mac trataba de no reírse de ese hecho simple que por alguna razón le causaba gracia. No pasó mucho tiempo hasta que se toparon con las miradas extasiadas del grupo de parejas que les tocaban, y, efectivamente, estaban todos.
Es difícil, extremadamente difícil, para un muchacho, conocer el corazón de una muchacha, podrá acostumbrarse a su forma de ser, podrá saber cuándo le molesta algo o no, podrá memorizarse sus deseos, mas no puede sentir lo que siente y por tanto, comprender lo que siente. Big Mac, finalmente podía convencerse de esa norma tan vieja como el homo sapiens mismo.
¿Cómo era posible que una chica, siendo consciente de que un muchacho le hace tanto daño, pueda seguir con él, perdonarlo? Un hombre a duras penas lograría perdonar a una mujer las transgresiones y faltas que acomete contra ella; por un momento, su sangre parecía hervirle; durante esa última semana estuvo a punto de pedirle ser su pareja para el baile de otoño, pero de antemano la actitud de la de cabello multicolor pudo frenarlo en seco y ahora, ese maldito estulto sin escrúpulos, en una sola tarde lograba ganarse la aceptación.
Era la misma historia de todo el año, ver cómo alguien que no sabía querer a Rainbow Dash, lograba tener esa relación que bien sabía, él podía tener en un estado cualitativamente superior. ¿Acaso Rainbow Dash era una estúpida? ¿Acaso las mujeres en semejante situación eran estúpidas?
Dudas semejantes inundaban la cabeza del mancebo, pues ¿es que acaso eso que llamamos amor podría develarle sus secretos? Un conocimiento tan anhelado, tan preciado por los corazones rotos, por los ilusionados probablemente no podría ser entendido en su totalidad por ningún humano en ese instante. Sentir, comprender, experimentar, usar, manipular, repetir, representar, conquistar, dominar, someter; arte, ciencia, filosofía, ninguna podía dar una explicación completa, mucho menos podía develar aquello que se escondía detrás de ese sentimiento tan poderoso.
Millones, si no billones de vidas se han perdido por amor, millones han venido al mundo gracias al amor, el arma secreta para tantas atrocidades como bellezas en el mundo, un sentimiento tan puro, tan determinado e incontrolable al mismo tiempo. Alguna vez el humano llegará a entenderlo, mas no en ese instante, no para Big Mac, quien, después de veintiún meses desde que por fin encalló en el mar de ese primer amor a otra persona que no fuera su familia, esa que hubiera deseado de formas tan distintas, desde las más puras hasta las menos inocentes, fuese como fuese, allí estaba al final de aquel camino recorrido; Cuando Soarin ingresó dentro del gimnasio con una de sus manos en la cadera de Rainbow Dash, y de forma similar su prima y Cheese Sandwich, Trent y su hermana, Flash y Twilight…
Entre irse con el rabo entre las patas, sin pareja y perplejo todavía por aquella revelación tan directa, tan seca y expiada de todo romanticismo, o quedarse y ver qué más había, ciertamente eligió sin pensar la segunda opción, al diablo Rainbow, al diablo Sunset, pues, a fin de cuentas su felicidad era algo que en mayor grado dependía de él y de lo que decidía hacer… un año del demonio no podría vencerlo, era un silencioso superviviente y como tal seguiría adelante.
Al abrir las puertas, no pudo sino impresionarse ante la escena, el lugar estaba decorado con una gran minuciosidad, uno de los mejores trabajos de Pinkie Pie sin duda, ponche, dulces, bocadillos, realmente pocas sillas; justamente para obligar a todos los presentes a bailar, incluso Vinyl llevaba un conjunto de gala para bailar, en fin, era la última fiesta dentro de Canterlot High.
La música comenzó a sonar, de momento se mantendría en un nivel bajo, evitando sobre extenuar a los asistentes antes de que llegase el baile final, una ronda donde todos bailarían entre sí, donde en una auténtica muestra de júbilo, las voces, los movimientos y los lazos se separarían en la mayoría de los casos y donde una despedida se daría de forma implícita entre risas, letras populares de las canciones del momento así como los pasos mejor practicados.
Durante quince minutos, Big Mac hizo algo bastante propio de su carácter, dar unas vueltas alrededor de la fiesta, para después salir afuera; en esos momentos extrañaba a Sunset Shimmer, ella siempre lograba sacarlo a bailar, era una de las pocas chicas que podía romper la regla y hasta cierto punto eso la hacía extremadamente especial para él. Necesitaba un instante para pensar, pues realmente era necesario hacerlo. Era terrible sentirse como antes, como excluido de la fiesta, saberse como un autoexcluido que sin embargo estaba allí.
No pasaron ni diez segundos desde que salió a la parte trasera del colegio cuando oyó la puerta abrirse a sus espaldas.
- Ven aquí primito, no te pierdas la fiesta.
Pinkie Pie lo tomó por un brazo y como era costumbre en ella lo llevó a cuestas estando muy cerca de romperle el brazo por el enérgico empuje que tenía en otros diez segundos ya estaba en la pista de baile con su prima, debía reconocerlo, aquella prima era enserio atenta, era una gran familiar, de esas que están al borde de la extinción.
Desempolvar los pasos, uno, no mirar a los pies, dos, mover el resto del cuerpo, tres, en caso de desconocer un paso tratar de copiar al del lado, cuatro, no contar los pasos, cinco y más importante, divertirse.
En vista de que sus pasos irregulares, faltos de práctica y que hacían todo menos divertirlo, Big Mac decidió parar de repente. A fin de cuentas valía poco que pudiera reproducir los benditos pasos, no era quién para seguir la moda. Recordó entonces algo que era bastante obvio, pero también interesante para él.
Crear un paso, recuérdese que un paso no es más que un movimiento sincronizado con respecto a un ritmo, uno, tomar un movimiento reproducible, dos sincronizar dicho movimiento al ritmo de la música y repetirlo.
Movió su pie derecho adelante y hacia atrás, subió su mano derecha frente a sus ojos para hacer el ademán de estar buscando algo; miró de un lado a otro, después, levantó sus dos manos en L invertida para ir primero a la derecha, después a la izquierda; consecutivamente, dando una vuelta, se paró en la punta de un pie para hacer el primer ademán con uno el pie derecho elevado a treinta grados con relación a su otro pie. De inmediato, el bailarín a su lado le tomó atención, tanta como su pareja y al ver que era el último baile, con la emoción cargada de ese momento en específico, comenzó a imitar a Big Mac, así, en menos de un minuto, toda la fila comenzaba a imitar el paso recién creado al que de inmediato llamaron "el marinero".
En medio de las risas por las caídas de algunos muchachos, del intento de las chicas con tacones por imitarlo, de pronto pasó algo, una sonrisa se estrechó en el rostro del mancebo. Una carcajada de pronto lo inundó al compás del resto de los adolescentes. El baile paraba de pronto, no había una noción exacta, incluso Pinkie sonreía ante lo hilarante que resultaba ese momento y contexto exactos. Apenas escuchaba su risa por la amplificación, pero no importaba, el hecho era que sentía finalmente ese júbilo compartido por todos los presentes.
No muy a lo lejos, Applejack ayudaba a Trent a levantarse, pues en el giro, su centro de equilibrio se desvió de tal forma que terminó sobre su trasero en el piso y con una mirada de absoluta falta de entendimiento de lo que había hecho mal, a su vez, Pinkie bailaba con Rarity y Fluttershy en una triada donde pronto se unían más y más bailarines.
Pero pronta fue la intervención de un apagón de luces.
Se encendieron las luces del escenario, apareciéndose de pronto un estudiante conocido solo de vista por todos, un estudiante quizás más desconocido que el propio Big Mac; pero al que pusieron atención de pronto. Era Bright Idea si no estaba equivocado.
- Compañeros, no soy ni el presidente de la clase ni el atleta popular ni ninguna de las heroínas de la escuela, soy un chico corriente de último año, me gustan los videojuegos y amo la computación. Hemos estado juntos durante los últimos años y probablemente han sido de los más intensos de mi vida. A todos nos esperan momentos difíciles, felices, decisiones vitales, aquí los de la 2017 estamos a punto de salir y afrontar el futuro… pero oigan, al menos yo sé que no los olvidaré.
Finalizado aquel corto discurso que era quizás una pieza para la historia personal de cada uno por al menos los próximos tres meses hasta la llegada de la universidad o el primer trabajo, fuese lo que fuese, todos aplaudieron efusivamente al muchacho y ante tal muestra de emotividad, los reflectores volvieron a encenderse para que la música continuara.
La ronda de bailarines sin pareja continuaba de pronto, uniéndose más y más gente, hasta acrecentarse de forma abrupta a los confines, al final las parejas ya no importaban más, todos bailaban entre sí, cambiando parejas de forma arbitraria, las luces de colores, el espectro de la neblina, algunos papelillos brillantes, de esos que antes eran de papel de regalo pero se cuertan y ya. En medio de aquel ambiente era imposible decir que el final se estaba suscitando, que una etapa de la vida finalmente terminaba.
Sí, era una gran noche, independientemente cómo las cosas hayan empezado, Big Mac daba una vuelta y de pronto Fluttershy, su pareja eventual se separaba para ir a los brazos fuertes de Bulk Bíceps que la recibía con tal delicadeza que a duras penas se podía considerar que tuviera una fuerza descomunal. Por su parte, pronto llegó cerca suyo una muchacha, la reconoció casi de inmediato, bastó ver el color de sus cabellos, incluso balo el cambio de tonalidad que adquirían con las luces de colores sería casi imposible cambiar aquel patrón en su cabello.
Sus ojos violetas, no, marrones, no, rojizos… cambiados con la luz, se mostraban frente a él. De pronto, las manos de la fémina lo tomaron de las manos para jalar de él hacia fuera de la ronda y cual muñeco de trapo fue arrastrado fuera del gimnasio, cruzaron ambos bajo el manto nocturno toda la cancha para llegar a las graderías de madera desde donde tantas veces la había visto.
Sentándose a su lado, los ojos de la fémina se mostraron ante la luz de la luna. El silencio se mantuvo por bastante tiempo, en el fondo quizás no tenían mucho qué decir…
- Escucha, le dije que sí porque insistió hasta que tuve que hacerlo…
- No tengo problema. – Afirmó Big Mac sin entender lo que Rainbow deseaba decirle, pues a esas alturas podría ser cualquier cosa.
- No, si es un gran problema Mac, todo el tiempo lo fue y nunca hicimos nada para remediarlo.
La mano de Rainbow pronto estrechó la suya…
- Rarity me hizo practicar esto un montón… enserio no sé cómo decirlo Big Mac, pero en realidad, enserio quería decirte que sí.
- Pero no lo hiciste. – Interfirió el mancebo de pronto.
- Lo sé, todo este tiempo fui una tonta, no pude ver lo que perdía. Yo… no soy buena para estas cosas, anda ayúdame.
- Lo siento Big Mac. – Dijo de pronto el mancebo ante la mirada expectante de una Rainbow Dash que a falta de argumentos y de toda posible causalidad previa contoneó su cabeza.
- Lo siento Big Mac.
- Lo siento Rainbow Dash. – Le espetó de pronto para poner sus manos en el rostro de la fémina.
Al fragor de los parlantes, al acoplamiento de la luna y las estrellas, su rostro era todavía más hermoso de lo que recordaba, faltaba pues noción del tiempo para dejar de hacerlo. Ojos risueños, preocupaciones, un ligero temblor en la mano derecha. Pero cómo lograba sentirse al respecto, era la gloria, el cielo. Un diminuto espacio en el tiempo que lograba abrirle hasta una felicidad que se le hizo tan preciada como ausente por lo que podría considerar mucho tiempo.
Existía así un vínculo entre ambos, imposible negarse; mas cuán prestos estaban a demostrárselo que no hicieron falta palabras, ella, rodeó al mancebo con sus brazos, mientras que este sostuvo las caderas de aquella muchacha de cabello arcoíris, sin evitar apreciarlo a la luz de la luna; aquel primer amor, esa ilusión se concretaba en un beso en plena obscuridad que apenas alcanzaría a concretar una nada en la vida cualquiera de los dos; la intensidad era lo que importaba, dos corazones latiendo al unísono, dos vidas paralelas incompatibles en un inicio. Pero a fin de cuentas, la unión se realizaba con un embelesamiento tal que apenas sabían responder.
Como si algo se apoderara de ellos, una fuerza interna, un instinto o un sentimiento puro y sincero se estrechaban, quizás fuera esa la razón por la cual el mundo se ha acostumbrado a tener solo una pareja, quizás esa intensidad justificase la fidelidad eterna. Fuese como fuese, durante los segundos que aquel contacto entre labios, aquel acalorado emparejamiento de sus brazos, sus dedos sintiendo el contacto con la piel del otro, o incluso con la mera ropa… la textura del cuello de la camisa de Big Mac, la firmeza de las caderas de Rainbow Dash, sus pelos haciendo contacto en sus rostros; los ojos cerrados amplificaban aquella sublime sensación.
Extraño, sabía diferente a como Big Mac lo había imaginado, por alguna razón, pensó sentir el sabor vainilla directamente de los labios de Rainbow Dash, mas esa sensación provenía solo de su aroma. Y no obstante, la fémina de cabello arcoíris apenas lograba saborear algo seco, áspero… desconocido para ella; mas no desagradable.
Al fragor de los parlantes, al acoplamiento de la luna y las estrellas, su rostro era todavía más hermoso de lo que recordaba, faltaba pues noción del tiempo para dejar de hacerlo. Ojos risueños, preocupaciones, un ligero temblor en la mano derecha. Pero cómo lograba sentirse al respecto, era la gloria, el cielo. Un diminuto espacio en el tiempo que lograba abrirle hasta una felicidad que se le hizo tan preciada como ausente por lo que podría considerar mucho tiempo.
Existía así un vínculo entre ambos, imposible negarse; mas cuán prestos estaban a demostrárselo que no hicieron falta palabras, ella, rodeó al mancebo con sus brazos, mientras que este sostuvo las caderas de aquella muchacha de cabello arcoíris, sin evitar apreciarlo a la luz de la luna; aquel primer amor, esa ilusión se concretaba en un beso en plena obscuridad que apenas alcanzaría a concretar una nada en la vida cualquiera de los dos; la intensidad era lo que importaba, dos corazones latiendo al unísono, dos vidas paralelas incompatibles en un inicio. Pero a fin de cuentas, la unión se realizaba con un embelesamiento tal que apenas sabían responder.
Como si algo se apoderara de ellos, una fuerza interna, un instinto o un sentimiento puro y sincero se estrechaban, quizás fuera esa la razón por la cual el mundo se ha acostumbrado a tener solo una pareja, quizás esa intensidad justificase la fidelidad eterna. Fuese como fuese, durante los segundos que aquel contacto entre labios, aquel acalorado emparejamiento de sus brazos, sus dedos sintiendo el contacto con la piel del otro, o incluso con la mera ropa… la textura del cuello de la camisa de Big Mac, la firmeza de las caderas de Rainbow Dash, sus pelos haciendo contacto en sus rostros; los ojos cerrados amplificaban aquella sublime sensación.
Extraño, sabía diferente a como Big Mac lo había imaginado, por alguna razón, pensó sentir el sabor vainilla directamente de los labios de Rainbow Dash, mas esa sensación provenía solo de su aroma. Y no obstante, la fémina de cabello arcoíris apenas lograba saborear algo seco, áspero… desconocido para ella; mas no desagradable.
Para cuando sus bocas reconocieron un alto y sus ojos volvieron a abrirse, el tiempo era apremiante.
- Vamos, nos perderemos la lluvia de globos. – Enunció la adolescente recordando las palabras de Pinkie Pie.
Así, tomada de la mano, la última pareja de la fiesta ingresaba dentro del gimnasio para ser expectante de aquellos últimos momentos de su vida como estudiantes de Canterlot High.
Si se han quedado con la boca abierta, si ahora mismo tienen un shock, están igual que yo al terminar de escribir este capítulo, bien amigos míos, nos leemos dentro de dos semanas.
