Habían pasado ya otras dos tranquilas semanas en las que los jóvenes no sabían más que de "paz" y buenos momentos. En especial Ga Eul y Woo Bin, quienes ya cumplían un mes de noviazgo.

Su relación era tranquila y romántica, además de ser ya muy formal ante todos sus familiares. De más está decir que la hermana y la madre de Woo Bin se emocionaron al enterarse de su noviazgo… ya saben, de esa pequeña felicidad que te hace realizar una enorme fiesta de celebración invitando a casi la mitad de todo Seúl… pero así era la omma de Woo Bin… sencilla.

Mientras tanto, Yi Jung se enfocó al 100% en su próxima exposición, tratando así de ocupar su mente en algo que no fuera emborracharse para tratar de olvidar lo idiota que era. De vez en cuando recibía la visita de Lindsay, quién parecía su guardián, siempre vigilando que no se estuviese emborrachando. Aunque estas visitas disminuyeron cuando Jessie fue dada de alta, ya que la joven heredera Lander se dedicaba más al cuidado de su prima.

Jun Pyo y Jan Di… buenos, ellos estaban bien. Su relación seguía siendo tan extraña y "amorosa" cómo siempre lo había sido, aunque la escolar ya no lo golpeaba tan seguido, y cuando lo hacía de vez en cuando se disculpaba.

Y finalmente estaban Ji Hoo y Jae Kyung. Su relación se encontraba algo más extraña de lo usual. No por parte de él, más bien la mono últimamente estaba demasiado rara, demasiado explosiva y susceptible ante los comentarios de los demás, es decir… ¡Lloraba por todo! Aunque ella se mantenía firme en su idea de que sólo era una depresión pasajera. Aun así no se despegaba de su novio, más bien se había vuelto más empalagosa, algo que a Ji Hoo le molesto en un principio, pero con el paso de los días no pudo más que resignarse con un cansado suspiro.

¿Que por qué éste breve resumen? Pues porque a su autora favorita no se le dio la gana describir estas situaciones en algún capítulo en específico… pero bueno, volviendo con la historia.

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-Unnie… ¿Segura que quieres comer más? –preguntó Ga Eul en voz muy bajita, mirando cómo la mayor de sus amigas devoraba con rapidez su cuarto plato de avena. La joven sólo se encogió de hombros, dejando el plato vacío junto a los otros

-no te preocupes Ga Eul, ya luego me encargaré de quemar todas estas calorías con la ayuda de Ji… -la frase de la chica se vio interrumpida por la mano del chef, quien cubrió su boca a una velocidad increíble. Las escolares lo miraron extrañadas

-¿Eso por qué? –Preguntó esta vez Jan Di, viendo cómo su amiga luchaba por liberarse. El chef de la tienda sonrió nerviosamente, quitando su mano del rostro de la heredera del grupo JK

-nada, sólo me aseguraba de que se hubiese tragado toda la avena que tenía en la boca –contestó rápidamente, dándole una atemorizante mirada a la mono, quien hizo un exagerado gesto de "ya entendí" –bueno Jan Di, Ga Eul… la tienda ya va a cerrar, y no quiero que sus guapos novios se molesten conmigo porque no están temprano en casa

-yo no vivo con Woo Bin sunbae –aclaró Ga Eul frunciendo el ceño. El mayor se alzó de hombros a la par de que Jae Kyung se levantaba de su asiento

-pues ya nos vamos de todas formas… ya me dio sueño

-¿Tan temprano unnie?

-¿Segura que estás bien?

-¡Ya Jan Di, Ga Eul! ¿Quién es la omma aquí? Aish… Ga Eul-sshi… puedo acusarte con Ji Hoo appa de que me faltas el respeto

-pero unnie, nadie te ha faltado el respeto –susurró Jan Di extrañada.

-¡Encima lo siguen haciendo! –sollozó sonoramente la otra, comenzando a llorar de forma exagerada, con tanta fuerza que unas lágrimas más y terminaría inundando toda la tienda.

-Jae Kyung, lo sentimos, no volveremos a faltarle el respeto –se apresuró a decir Ga Eul acercándose a ella para tratar de calmarla

-¿Lo prometen? –las jóvenes asintieron rápidamente, quitándose los delantales del uniforme. Hicieron una venia a su jefe y salieron llevándose a la sensible chica con ellas.

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La menor de los presentes se levantó desanimadamente de la mesa, casi arrastrando los pies hasta llegar al sofá más próximo, donde se dejó caer con escándalo. Ji Hoo llegó a sentarse a su lado unos minutos después, viendo de reojo cómo su abuelo entraba a la casa cargando su maletín. El anciano saludó a la novia de su nieto, quien seguía devorando cosas sentada a la mesa, ignorando el hecho de que los otros dos la habían dejado comiendo sola.

Luego de que ya no quedara nada comestible, fue a sentarse en el sofá junto a su novio y su amiga. Se estiró alegremente, abrazando luego el brazo del músico, quien rodó los ojos sin dejar de leer el libro que tenía entre sus manos.

-Jae Kyung… -habló Ji Hoo apenas Ga Eul se fue a su habitación –creo que ya sé qué tienes…

-¿Qué tengo? ¿De qué hablas?

-ya sé el motivo del aumento en tu apetito y lo sensible que te has vuelto –la otra se hizo la desentendida, mirándose las uñas como si en eso se le fuera la vida –creo que deberías hacerte un examen

-no sé a qué te refieres… yo… ¡Olvidé que ya me tengo que ir! –gritó ella levantándose. Besó la mejilla de su novio y salió de la casa, dejando tras de sí sólo una figura de polvo

-no soy tan despistado Jae Kyung –susurró sabiendo que ella no podría escucharlo.

Sacudió la cabeza desviando la mirada de aquel libro al que poco y nada de atención le prestaba, centrándose esta vez en el anciano hombre frente a él que lo miraba con expresión ceñuda y pensativa. El mayor le sonrió torcidamente cuando Ga Eul volvió a entrar a la estancia, vistiendo un tierno pijama de gatitos de dos piezas. La escolar se fue a sentar junto a Ji Hoo.

-Ji Hoo sunbae…

-hmm… -el mayor regresó su atención al libro que leía, dándole miradas esporádicas a la joven de cabellos oscuros

-yo… quería preguntarle algo –él la miro de reojo, sonriendo al momento en que se fijo en el nervioso juego que mantenía la menor con sus dedos –sunbae… ¿Cree que esté bien dejar a Yi Jung sunbae solo en un momento así? –suspiró bajando aun más la mirada –q-quiero decir… sólo queda una semana para la exposición y n-no lo hemos v-visto…

-Yi Jung está bien –claro que lo estaba. Algo que la menor no sabía era que Ji Hoo sí había estado visitando al alfarero, encontrándolo sobrio durante casi todas las últimas dos semanas. Eso era algo bueno, pero no se lo había comentado a Ga Eul antes, ya que no quería que eso afectara de algún modo la nueva relación que la escolar mantenía con el heredero So –te lo aseguro. Te aseguro que la exposición será un éxito

Ella asintió regalándole una tímida sonrisa antes de volver a levantarse para ir a dormir. El mayor suspiró dejando de lado el libro que sostenía entre sus manos. Podía perfectamente ayudar a los demás a solucionar sus problemas y conflictos internos, pero no era capaz de enfrentar directamente su mayor preocupación en ese momento. Jae Kyung… esa mujer lo haría envejecer mucho antes de lo debido.

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No había sido un día sencillo para él. Jessie había recibido el alta médica, pero sus terapias y curaciones seguían siendo estresantes para todos en la mansión, eso sumado al reciente ataque que su padre había sufrido, fallido por cierto, tenían al heredero So al borde de un colapso nervioso. Lo único que podía pensar era en su bella princesa y en que la vería al día siguiente. No necesitaba nada más dentro de su cabeza en ese momento.

Bueno. Nada era una palabra muy grande teniendo que vivir bajo el mismo techo que ciertas personas de cabellos color chocolate y actitud similar al de un conejo saltarín de medias blancas y falda tipo escocesa. El joven suspiró cansinamente viendo como la muchacha se detenía justo frente a él, mirándolo con expresión de cachorro abandonado.

-oppa… -Lindsay sonrió mirando por sobre su hombro –saldré esta noche

-¿Dónde irás? ¿Cuántos hombres llevas? Es más seguro quedarse en casa –la menor resopló desviando la mirada con frustración

-Woo Bin oppa… no recuerdo haberte estado pidiendo permiso para salir, más bien te estaba avisando. Saldré esta noche, si te molesta, pues te aguantas –pisó fuerte, haciendo casi un berrinche frente a su primo

-Lindsay…

-¡TU SHHH! Paso todo mi día cuidando de Jessie y de tú hermanita, es una pena que el tío esté en la clínica, hay que estar agradecido de que el atentado falló, pero no por eso me quedaré aquí atrapada

-prefieres salir a emborracharte

-pues sí, eso resume muy bien lo que había planeado para esta noche –balbuceó rascando su nuca con desinterés –Ki Bang oppa está con Jessie en este momento, y Min Ji está dormida… me voy

-espera –la detuvo él sosteniendo su muñeca –cuídate… ¿De acuerdo?

-descuida… regresaré con vida

El príncipe Song solo pudo ver como la joven desaparecía por los pasillos dando pequeños brinquitos. Sabía que no volvería a saber de ella hasta el día siguiente, por lo que sólo pudo cruzar sus dedos e implorar que no fuese a tener problemas. Suficiente tenía ya con todos sus preocupaciones.

Uno de sus hombres llegó de pronto, trayendo con él una gruesa carpeta repleta de papeles que el heredero Song observó desconfiadamente. La tomó entre sus manos y el hombre se alejó luego de hacer una venia. Bien, tenía una larga y nada grata reunión con sus hombres, y no estaba para nada de humor.

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-te ves fatal –rodó los ojos obviando la observación de su amigo, volviendo a centrar su atención en aquella pieza de cerámica que no formaba parte de su exposición, pero que tenía planeado terminar lo más pronto posible. Últimamente había creado un montón de bellas piezas artísticas sólo con el fin de mantener su mente ocupada en otra cosa que no fuera su patética existencia –oye… ¿me darás ese plato?

-es una vasija –corrigió al otro si n siquiera mirarlo –Jun Pyo… ¡Aish! ¡Deja ese plato en su lugar!

-yo sólo lo estaba viendo –se excuso el otro encogiéndose de hombros -¿Qué tienes?

-no dormí bien…

-saliste a emborracharte –no fue una pregunta, y el alfarero no lo corrigió tampoco –Yi Jung…

-Jun Pyo… no estoy de humor para nadie

-¿Se puede saber porqué?

El otro sacudió la cabeza sumiéndose en sus propios pensamientos, o más bien, tratando de entender cómo fue que terminó en la misma cama que esa chica la noche anterior. Definitivamente no podía decirle al líder de los F4 sus preocupaciones, ya que éste armaría un verdadero escándalo antes de servirle para absolutamente nada. Así era el "Gran Jun Pyo", y ya estaba absolutamente resignado a que su amigo no era de mucha utilidad en algunas ocasiones.

-¿Sabes? –Jun Pyo dejó de jugar con las herramientas de trabajo del otro para ponerle atención a su amigo –ayer alguien atacó al chico que estacionaba mi coche en el bar al que fui…

-¿Qué dices?

-le metieron una bala justo en medio de las cejas cuando bajaba del coche. Yo ya estaba bebiendo en ese momento –dibujo figuras amorfas en la cerámica ya arruinada, suspirando con cansancio. Muchas cosas para una sola noche. –no se tiene ninguna sospecha de quién fue el culpable… pero una de las teorías de la policía es que la persona muerta debía ser yo

-¿Dices que alguien quiere matarte? –El mayor se escandalizó, levantándose de golpe de la silla en la que, por milagro de Dios, había permanecido sentado durante más de 10 minutos -¿Y tú tan tranquilo? ¡Dios Yi Jung!

El alfarero se encogió de hombros sin darle mucha importancia. Su vida estaba segura según él mismo, además, tal vez el chico que murió realmente tenía algún enemigo, ¿Por qué alguien querría matarlo?

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-¡NO PUEDO CREERLO! –grito el joven golpeando con fuerza su escritorio. La ira se escapaba por cada uno de sus poros, cosa que no tardó en asustar a sus hombres. Muchas veces sus enojos terminaban en verdaderas masacres -¡2 veces! ¡Ha

n fallado 2 condenadas veces! ¿Cómo es posible que sean tan ineptos?

-señor… con todo respeto… ambos jóvenes eran realmente parecidos –Frank le dio una mirada asesina, lanzándole en la cara las fotos que tenían de So Yi Jung y el joven asesinado fuera del bar.

-a mí no me vengas con esas basuras ¿Me oyes? Este idiota no tienen ningún parecido con el mejor amigo de ese maldito Song… ¡UN MALDITO ERROR MÁS Y DATE POR MUERTO! –la dura mirada del joven paralizó al mayor, aun estando separados por el escritorio era capaz de sentir el aura asesina del otro –quiero a todos los amigos de ese imbécil muertos y 50 metros bajo tierra, ¿Entendido?

-s-sí señor… n-ningún error m-más

-retírate

Frank no era el tipo de personas que olvidaban fácilmente una humillación, y eso había hecho Song Woo Bin. Lo había humillado y se había entrometido en algo que era entre él y las primas Lander. Y pagaría. ¡Oh sí! Claro que pagaría por su atrevimiento.

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El palacio Gyeonghuigung era uno de los lugares más bellos que podía conocer viviendo en Seúl. La arquitectura, belleza y elegancia de este lugar tenían más que fascinada a la joven escolar que lo observaba todo con clara impresión. Ella nunca había ido a ese lugar, jamás se lo había planteado tampoco entre sus planes. Siempre fue primero estudiar, trabajar y ayudar a sus padres en lo que pudiera. Pero ahora, de la mano de su atractivo novio, la muchacha disfrutaba al máximo su primera cita "Oficial" con el príncipe Song.

Pero sin duda lo que más había llamado su atención fue el hermoso estanque de flores de loto. Ahí, de pie en medio del puente que atravesaba dicho estanque, admiraba la belleza de las flores mientras entrelaza con firmeza sus dedos con los de Woo Bin. Cerró sus ojos dejando que la fresca brisa de aquel mágico lugar jugara con sus cabellos sueltos, inhalando lentamente. A su lado, el príncipe Song sonrió enternecido, acariciando con su pulgar la mano de ella, mientras que con su mano libre rebuscaba en el bolsillo de su abrigo.

-Ga Eul… -la oscura pero brillante mirada de la más joven se volvió hacia él, regalándole una linda sonrisa

-¿Sí sunbae?

-yo… Ga Eul… sabes que no puedo asegurarte estar contigo para siempre… porque no sé cuánto tiempo signifique para mí ese periodo –ella asintió acomodándose de tal forma que quedó frente al pecho de su novio, alzando la mirada para poder verlo a los ojos

-estaremos juntos el tiempo que Dios tenga planeado para nosotros sunbae –su bajo tono de voz y el efecto que tenía la brisa en su cabello lo hicieron sonreír cariñosamente

-no puedo asegurarte nada… conoces muy bien los negocios de mi familia

-y no me importan mientras sunbae me quiera a su lado y…

-te amo –la interrumpió besando con ternura la punta de su nariz –por eso necesito pedirte esto ahora que puedo estar contigo… -balbuceo sacando de su bolsillo una diminuta cajita forrada en terciopelo color rosa.

Lo había estado pensando mucho esa semana. El atentado a su padre era solo una advertencia de que vendrían cosas peores. Y él necesitaba saber que podría tener ese bello momento con Ga Eul aun si ambos eran jóvenes. Necesitaba sentirla completamente suya y no dejarla ir nunca, al menos no hasta que sólo la muerte fuera capaz de separarlos.

La escolar se llevó ambas manos a la boca para disimular la inmensa sorpresa que le provocó ver aquel simple, pero bellísimo anillo que el príncipe Song le ofrecía.

-Ga Eul… Cásate conmigo

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Ya sé que les prometí actu antes de fin de mes, pero ¿Les digo algo? ¡Con mi mamá y el internet no se metan jamás! XD! Ajajjaja mi mamá y sus cosas… bueno ya, en verdad, perdón por tardar tanto…