Espero les guste. Estoy enferma, así que adelanto un poco porque me da flojera venir. Lo tenía en un cuaderno (lo había escrito mucho antes de empezar el fic. Así lo veía).


Severus se había quedado detenido en frente de la jovencita, mientras ella suspiraba en silencio. Ya no podía soportar la carga. Tenía que decirlo.

— Mentí. Profesor Snape, le mentí.

Pero el profesor de pociones ya sabía eso. ¿Qué había de nuevo en todo eso? La observó mientras ella miraba un punto cualquiera en el suelo. No quería verlo a los ojos en cuanto dijera la verdad.

— Mentí al principio. La apuesta no se trataba de que le dijera que lo amaba. Solo se trataba de que lo hiciera reír. Lo intenté durante mucho tiempo, pero no funcionó. No quería perder así que en cuanto usted me atrapó espiando, le dije que estaba enamorada de usted y quería saber todo acerca de su persona. Quería evitar el castigo.

Snape se había quedado en silencio, mientras ella cerraba los ojos y esperaba por el regaño.

Pero el profesor continuaba en silencio.

— Quiere decir que realmente...

— Sí. Sí lo hice a libre albedrío. Me arriesgué creyendo que por una vez podría vencer a los gemelos Weasley y ponerlos en su sitio. ¡Son tan desesperantes! Que no quieran seguir el común denominador. Siempre metiéndose en problemas. Violando las leyes.

Y Snape permanecía quieto en su lugar. Había algo de todo eso, que no estaba bien. Era como si el tiempo y el espacio se hubiesen detenido y ella no escuchara ni viera nada más que él allí, quieto.

¿Por qué no había comenzado a gritar? ¿A decirle que era una estúpida mentirosa Gryffindor y que sabía que no debía confiar en ellos nuevamente?

— Pero entonces...¡comenzó a entablar una relación amistosa conmigo y comencé a valorar todo! Lo entendí, entendí por qué se sentía tan "incómodo" con el resto. ¡Solo necesitaba una oportunidad! Amigos de verdad y entonces...yo quería...pero me equivoqué. Quise ser su amiga luego de todo lo que sucedió, pero sabía que usted nunca podría perdonar lo que hice. ¡Le digo la verdad! Me arrepentí.

— Y ya era muy tarde. ¿No es así, señorita Granger?

— No precisamente.

El profesor había parpadeado confundido. ¿A qué se estaba refiriendo?

— No si empezaba a enmendarlo.

— Pero lo complicó todo diciendo que estaba enamorada de mí.

— Pensé que... si hacía otra cosa, desviaba todo el asunto, al final usted podría comprenderme. Pero me equivoqué. ¡Enamorada de usted! Como si usted fuera a creerse semejante estupidez.

Estupidez. Pero...¿por qué sí sentía que lo creía y que al final de cuentas, la verdad "dolía" más que la humillación en sí?

— Suena más racional que decir que quiere hacerme reír.

— Eso pensaba, pero no funcionó. Y ahora...justo ahora...

El profesor había negado con la cabeza y ella había guardado silencio. Sí, no iba a tener sentido que lo dijera. No iba a significar nada.

— Está castigada. Ya es suficiente explicación. Apenas lleva cuatro días de castigo, no se busque días extra.

— Aún no termino.

— ¿Para qué yo querría escuchar el resto? ¿Para qué me tomaría la molestia, Granger? Iré por sus amigos, los gemelos Weasley, para castigarlos.

— Porque quiero decirle que me sucede algo. Lo estuve reflexionando y al final, sentí que una parte de mí estaba tan "lastimada" como usted. Como si hubiese perdido un gran amigo. No sé cómo le llaman a eso. Ginny Wealsey cree que estoy enamorada.

Severus se había detenido, con la mano sobre el picaporte de la puerta.

— No, Granger. Eso no es amor. Eso se llama culpa.

Y con eso se había ido, dejándola en la oscuridad del despacho y sin apetito. Bueno, le había confesado la verdad y sin embargo no había significado nada.

Era hasta mejor mentir.

— Bien, al menos hiciste todo lo que estaba en tus manos.

Y antes de salir, había pegado un brinco con una suave voz que se había dirigido a ella en aquel frío pasillo de las mazmorras.

— Si quisieras, Hermione, yo te podría ayudar con Severus. Es un poco testarudo, pero él comprenderá.

— ¿Pro...profesor Albus Dumbledore? ¡Pero qué hace allí parado!

— Pensaba decirle a Severus, que los gemelos Weasley lo esperaban en el vestíbulo. Minerva les pidió que la siguieran hasta allí para encontrarse con Severus y bueno, no pude evitar escucharte.

¡Perfecto! Ahora hasta el director había escuchado todo lo sucedido. ¿Y por qué sonreía? Inspiró, apenada, entrelazando sus manos, nerviosa.

— ¡Lo siento tanto! Fue una tonta apuesta que no tuve por qué acceder.

— Bueno, a lo hecho pecho. Y en cierta forma lo siento por Severus. Estaba convencido de algo y se ha desencantado, lo veo en su mirar. Pero ya se le quitará. ¿No es así? Ya le has dicho la verdad, no tardará en recapacitarlo.

— ¿Me está diciendo que está bien que me enamore de mi profesor de pociones y él de mí?

Albus Dumbledore había sonreído, mientras se adentraba en el despacho de su colega y admiraba una curiosa masa que flotaba en una sustancia viscosa, dentro de un frasco en una esquina. Bajo la pobre luz de una vela, parecía que un ojo la observaba dentro de aquel frasco.

— Solo digo que... podrías recuperar su "amistad". El resto que suceda, no le concierne a este anciano. Pero tienen que cuidarse de las miradas. A muchos no les gustará lo que hagan.

¿Lo que hagan? Albus volvió a sonreír en cuanto le dio la impresión de que Hermione, no había comprendido lo que había querido decir.

— Ya encontraré una forma de resolverlo. Mientras, creo que deberás cumplir tus castigos durante el verano. En eso no puedo ayudarte, realmente. Aunque que tus amigos te ayuden, lo hará más llevadero. Eso creo.

Y así se había ido, tarareando y ella se había quedado allí. Confundida.

El director no podía hablar enserio con eso de ayudar y aprobar lo que fuese que sucediera entre ambos. Eso no estaba precisamente bien.

La diferencia de edad, los valores, muchas cosas.

Pero adentro, muy adentro, estaba feliz de que hubiese una esperanza de recuperar lo que una vez estuviera perdido a causa de su estupidez.