Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.
Capítulo 34
Emmett
Rose entró a mi habitación después de haber acompañado a la Dra. Maggie a la puerta, caminó hacia donde estaba, en el suelo junto a mi cama, y se sentó a mi lado sin decir nada. Ella olía a vainilla. Ella me hacía sentir mejor, mucho mejor de lo que me hizo sentir la charla con la doctora.
Después de que atendiera a Bella, la Dra. Maggie había pasado una hora entera hablando conmigo acerca de lo que Jasper había dicho. Cuando lo escuché decirlo, me enojé, creyendo que estaba diciendo mierdas al azar sobre la muerte de mis padres para lastimar a Bella, pero al ver la reacción de ella, me confundí. No sabía por qué ella no estaba haciéndolo retractarse de sus palabras, solo se quedó allí, herida con el comentario, como si le doliera que él sacara a relucir un recuerdo tan doloroso.
Mi mente se negaba a creer que fuera cierto, porque la abuela dijo que los bomberos habían investigado y encontrado fallas eléctricas en la casa, tenía entendido que eso había provocado el incendio. Pero la expresión en el rostro de Bella decía una cosa diferente. Confirmaba lo que había dicho Jasper. Luego tuvo un horrible ataque en cuanto escuchó mi voz. La doctora dijo que había sido un ataque de pánico o trastorno de ansiedad. Estuve muy asustado, creí que ella estaba teniendo un infarto, por un momento pensé que también iba a perderla.
- ¿Lo sabías? – pregunté a Rose en un susurro, pero luego resoplé, claro que ella lo sabía - ¿Por qué no me lo dijiste?
- No era mi secreto para contar – respondió en voz baja – Te conté el mío.
- ¿Por qué ella no me lo dijo? – cambié la pregunta.
Tomó mi mano y la puso en su regazo, entre las suyas – Por la misma razón por la que tú no le has dicho tu secreto. Dijiste que no planeabas decirle nunca porque no querías lastimarla, y que tampoco querías que ella te odiara. Para Bella era lo mismo.
- Yo jamás la odiaría – dije con firmeza.
Rose apretó mi mano con gentileza – Lo sé, ella tampoco lo haría.
Apreté los dientes – Pero le di la espalda y me fui.
- Para buscar ayuda.
Sacudí la cabeza en negativa – Era débil y tenía miedo.
- Solo tenías siete años, Emmett. No podías haber hecho otra cosa.
- Porque no podía hacer más que correr asustado, mi tía Victoria murió.
Rose soltó mi mano, se puso de rodillas frente a mí y puso las suyas en mis mejillas – Y lo lamento mucho, de verdad. Pero quiero que entiendas, quisiera que tú y Bella entendieran, que ustedes no tuvieron la culpa de nada. El que tu tía Victoria muriera al final de las escaleras no fue tu culpa, ni tampoco fue culpa de Bella que su familia muriera dentro de esa casa en llamas.
Levanté mis manos y las puse alrededor de su cintura para atraerla hacia mí, ella descansó su frente contra la mía – Te amo – susurré, porque, repentinamente, ese sentimiento llenó mi mente por completo.
Ella unió sus labios con los míos y me besó gentilmente, sus labios tenía un sabor dulces, como todas las veces anteriores en que la besé – Yo también. Te amo, aunque sea una inútil en relaciones.
Alejé mi frente de la suya para poder mirarla a los ojos – Yo… a veces siento que de verdad necesito acariciar tu piel, y cuando sea hora de ir a la cama, quiero quedarme dormido abrazándote – acaricié su mejilla izquierda – Pero no tiene que ser ahora, Rosie. Te dije que iba a esperar por ti y voy a cumplir mi palabra, no tienes que apresurar las cosas. No digas que eres una inútil en relaciones, simplemente no estás lista todavía.
Me alegraba poder tener la oportunidad de decirle esto finalmente, había estado tratando de hablar con ella por casi dos semanas, pero seguía evitándome. Y sabía que era porque se sentía avergonzada de lo que pasó entre nosotros en Chicago.
- Siento… siento haber enloquecido luego de haberte engatusado para tener sexo conmigo – susurró escondiéndose en mi cuello – Sé que fue muy estúpido de mi parte, es solo… yo… estaba tan celosa de Bella, quería…
La abracé fuerte y besé su sien – Sshh. No tienes que disculparte, está bien.
Rose suspiró agotada – Todos nosotros somos un puñado de gente realmente jodida.
Una esquina de mis labios se levantó con amargura – Lo somos, ¿cierto?
- ¿Emmett?
Me tomé mi tiempo para mirar hacia la puerta, esperé a que Rose sacara su rostro de mi cuello y me mirara a los ojos para infundirme valor, acarició mi mejilla y me besó los labios rápidamente antes de levantarse y salir de la habitación. Después de ver la espalda de Rosie desaparecer, trasladé mi mirada hacia Bella, quien estaba de pie en la puerta con Edward detrás de ella. Se veía pequeña y delgada, siendo sostenida por el brazo de Edward en su cintura, pero me partió el corazón ver su rostro. Estaba retorcido de angustia. Sus ojos estaban rojos, húmedos y llenos de temor.
Ella de verdad tenía miedo de que la odiara.
Se separó de su novio y caminó para sentarse en el suelo frente a mí, y mientras lo hacía, encontré la mirada de Edward. Su rostro estaba hecho trisas y se me revolvió el estómago recordar que yo le hice eso, lo castigué por algo que él no había hecho. Abrí la boca para disculparme, pero él lo advirtió y negó con la cabeza, desvió la mirada hacia Bella antes de regresarla hacia mí, mirándome significativamente.
Sabía lo que quería decir: "No quiero que te disculpes, pero si de verdad te sientes mal por lo que hiciste y quieres hacer algo por mí, por favor, no la lastimes"
Él no tenía que decirme eso. Ella era mi hermana pequeña, la que me había jurado a mí mismo proteger después de lo que sucedió, y aunque no he cumplido a cabalidad mi promesa, lo último que quiero es lastimarla. Incliné la cabeza para hacerle saber que no tenía que preocuparse, y no pude evitar pensar que él fue lo mejor que le pasó a Bella cuando sus ojos se llenaron de gratitud antes de cerrar la puerta quedándose fuera.
Pasaron unos buenos cinco minutos en los que ninguno habló, porque simplemente ninguno sabía qué decir. Bella se concentró en oprimir sus dedos del pie y yo me concentré en mirar como lo hacía. El silencio acabó cuando ella empezó a sollozar repentinamente. Levantó la cabeza para mirarme con sus enormes ojos llorosos y su labio inferior tembloroso – ¿Me odias?
Exhalé sorprendido, luego la miré con una media sonrisa, ella tal vez no lo recordaría, pero habíamos pasado por esto antes.
Renata estaba sosteniendo la puerta abierta para que mis padres entraran a casa y yo asomaba mi cabeza por el borde del espaldar del sofá de la sala. Ahora yo siempre me escondía, me gustaba ver como las personas se comportaban cuando no creían que yo estaba alrededor. Cuando eran ellas mismas.
Papá entró primero, traía a Bella en brazos. Ella tenía los brazos apretados alrededor de su cuello y su cabeza descansaba en su hombro, cuando papá pasó por el sofá hacia las escaleras, pude ver que sus ojos estaban cerrados. Estaba dormida.
- ¿Emmett?
Mamá había entrado a casa y me estaba mirando desde el brazo del sofá, me había distraído tanto con Bella, que me había olvidado de permanecer oculto. La miré sin decir nada, como lo había hecho desde ese día que tenía que olvidar, y ella extendió su mano hacia mí para que la tomara, así que lo hice.
Subimos las escaleras y caminamos hasta la habitación al final del pasillo, que antes estaba vacía, pero ahora era de Bella porque Renata había trasladado todas las cosas de ella hacia allí. Papá estaba cobijando a Bella cuando entramos, y ella no se movió en ningún momento.
Sabía que este era el momento en el que tenía que hablar, pero no fue fácil hacerlo. Respiré profundo varias veces, repitiendo en mi mente que no tenía que gritar, o llorar, solo tenía que formar palabras. Aun así, mi frente estaba poblada de pequeñas gotitas de sudor cuando finalmente la voz salió de mi garganta – ¿Quién es ella? – pregunté, mi voz estaba ronca y entrecortada. Tenía ganas de gritar, pero cerré la boca antes de hacerlo. Papá y mamá voltearon a verme con los ojos muy abiertos, no dijeron nada por un momento. Cuando ya no tenía ganas de gritar, volví a abrir la boca – ¿Quién es ella?
Me asusté cuando mamá cayó al suelo sobre sus rodillas y me atrajo a sus brazos, apretándome con fuerza. Estaba llorando – Es una señal. Esta es una oportunidad para que nuestra familia pueda seguir adelante sin ese horrible suceso pesando sobre nosotros.
Sentí la gruesa mano de papá acariciando mi cabeza – Todo va a estar bien a partir de ahora – su voz estaba ronca también – Vamos a comenzar de nuevo.
Al día siguiente, no vi a Bella hasta después del desayuno, cuando coloreaba en un libro de animales sentado en el suelo de la sala de estar. Evitaba el color rojo.
Bella estaba tomada de la mano de mamá, quien la hizo sentarse frente a mí mientras papá se arrodillaba a mi lado. Ella estaba mirándome y parpadeaba dos veces cada cierto tiempo - Un niño – dijo señalándome.
Mamá puso sus manos sobre los pequeños hombros de ella – Voy a hacer algunas presentaciones, ¿bien? – nos señaló a cada uno por turnos – Emmett, ella es Isabella. Isabella, él es Emmett – volvió a señalarnos a los dos – Ustedes son hermano mayor y hermana pequeña.
Me sorprendió cuando ella sonrió ampliamente, llena de felicidad por tener un hermano mayor – Hola, Emmett.
Papá palmeó mi espalda con delicadeza cuando no le devolví el saludo - ¿No vas a saludarla? Puedes decirle Bella.
No podía con esto. Creí que podía ser fuerte y olvidarlo si me esforzaba, pero no podía. Se supone que ya nos conocíamos, se supone que ya sabíamos el nombre de cada uno, se supone que ya sabíamos que somos hermanos. No quería esto, esto apestaba, no lo quería.
Otra vez quería gritar y llorar. Y eso hice.
Papá me abrazó y arrulló como si fuera un bebé – Todo está bien, campeón, todo está bien – me susurró al oído. Yo no le creía, nada iba a volver a estar bien. Al menos no para mí.
De repente, unos estridentes sollozos empezaron a escucharse por toda la sala de estar, sobresaltándonos a todos. Salí de los brazos de papá, asustado, y me giré hacia Bella para ver como las enormes lagrimas que salían de sus ojos descendían por sus mejillas. Creí que mamá la abrazaría como lo había hecho papá conmigo, pero no lo hizo porque estaba llorando también, sobre sus manos.
- ¿Me odias? – preguntó Bella con voz entrecortada y labios fruncidos.
- No, no, cariño – dijo papá inclinándose hacia adelante para tomar su mano - Emmett no te odia, él solo está sorprendido, eso es todo.
Bella dejó de llorar, aunque seguía hipando, como yo. Se pasó el antebrazo por debajo de la nariz y volvió a mirarme con ese extraño parpadeo, esperando que confirmara lo que papá había dicho. Yo no la odiaba, pero no quería hablar. Tampoco quería que ella volviera a llorar.
Me incliné un poco más y, despacio, entrelacé mi dedo índice con su dedo meñique. Ella miró nuestros dedos entrelazados con atención, antes de subir la mirada hacia mí. Entonces, me sonrió. Brillantemente.
Estaba haciendo eso de nuevo. Había dejado de llorar y estaba mirando nuestros dedos entrelazados con atención, pero en lugar de sonreírme como lo hizo aquella vez, frunció el ceño con confusión. Ella lo recordaba, solo que no sabía de dónde.
- No te odio, Bella – dije en voz baja – Yo no podría odiarte nunca.
No me miró – Pero estás enojado, ¿no es así? Vas a estar enojado por un largo tiempo – maltrató los dedos de su pie izquierdo mientras las palabras salían rápida y atropelladamente de su boca – No debería pedirte que me perdones, porque eso sería egoísta, pero quiero que lo hagas, por favor – sacudió su cabeza – Sigo diciendo que soy egoísta, y quejándome por eso, pero no hago nada para remediarlo. Sigo pensando en mí, en lo que podría hacerme feliz.
Ser feliz es lo que ella siempre ha merecido, no sé por qué la vida simplemente no le permite serlo. Aun así, tenía que ser sincero con ella – No sé cómo me siento, es… difícil saber que la muerte de ellos no fue un accidente, sino un acto intencionado de otra persona, pero no creo que estar enojado contigo vaya a hacer que me sienta mejor sobre eso. Después de todo, tú no lo hiciste, y ellos están muertos hace más de un año… culparte o no por lo que les pasó no va a devolverlos.
Sus sollozos regresaron, aunque ella trató de detenerlos – No te merezco, Emmett.
- Puedes estar segura de eso – bromeé. Tiré de su dedo meñique para que se acercara y dejara de mutilar los dedos de sus pies – Ven aquí, quiero que me cuentes lo que pasó.
Se sentó a mi lado, abrazó mi brazo derecho y recostó la cabeza en mi hombro. Me contó cómo fueron las cosas. Me dijo dónde y cómo conoció al tipo, cuanto tiempo mantuvieron su relación en secreto y me describió en detalle la noche del incendio.
- No supe que él lo había hecho hasta dos meses después – susurró – Y fue… – suspiró – Doloroso. Horrible. Eso me desgarró por completo.
- ¿Qué sucedió con él? – pregunté.
Levantó la cabeza de mi hombro para mirarme con una pequeña sonrisa – No va a volver nunca más. Me aseguré de eso.
- ¿Como?
Bajó la mirada - ¿Sabes? Él estaba loco, completamente loco, pero me amaba. Y como él utilizó mi amor para manipularme, yo usé su amor para manipularlo. Hice que tomara una decisión. Cualquiera de las dos opciones que le di iba a destruirlo, y él lo sabía. Una de las dos opciones podría destruirme a mí, pero no me importaba.
Entrecerré los ojos, esto era bastante críptico. No podría llegar a saber cuáles eran las opciones de Bella, pero sabía cuál opción el tipo había tomado – Él eligió la opción que no te destruiría – ella asintió – ¿Sabías que él escogería eso? – negó – ¿Por qué arriesgarte?
Volvió a mirarme. Entonces, supe por qué – Yo ya estaba destruida, Emmett. Ese hombre había destruido todo mi mundo. Así que… ¿por qué no podía él simplemente acabar con lo que había empezado? En el fondo, eso era lo que yo quería.
No podía creer que mi hermanita haya pasado por tantas cosas sin que yo me diera cuenta. Pasó por eso sola. Tanto dolor. Sin que pudiera hacer algo por ella.
De pronto, me di cuenta que lo único que no dijo en toda la historia fue su nombre. No dijo absolutamente nada sobre la vida personal de aquel sujeto. Y no me dio buena espina, es más, nada de lo que me contó me dio buena espina. Me hizo recordar cosas.
- ¿Quién era ese hombre? – pregunté – No has dicho su nombre.
Bella se quedó en silencio por lo que pareció una eternidad, antes de responder – ¿Puedo guardar eso para mí? – pidió, volviendo a recostar su cabeza en mi hombro – Solo… permíteme tener este secreto.
Debería haber exigido que me lo dijera, pero no quería tener rencores por una persona que ni siquiera conocía. Iba a cargar con ese terrible sentimiento en mi corazón si le ponía un nombre.
Besé su cabello – Está bien.
Hola!
Espero que les haya gustado el cap.
Seguimos enterándonos de lo que ha sucedido en el pasado, aunque aun falta. ¿Qué opinan?
Les agradezco sus comentarios, me encanta leer sus suposiciones sobre el pasado de Bella y Emmett.
Un beso y abrazo para ustedes, nos leemos en el próximo capítulo.
Bye!
