Código: Guardianes
Capitulo 36
Un mes. Ese fue el tiempo transcurrido desde que aquella extraña aventura empezara, en Noviembre de ese mismo año. Casi sin darse cuenta, poco a poco había llegado Diciembre, con todo lo que conlleva el último mes del año consigo: un frío terrible que te calaba hasta los huesos, largas jornadas de estudio para estudiar los exámenes de evaluación, la nieve que todo lo recubría… y por supuesto la Navidad.
-¡Ya veras, Aurora, te va a encantar!- le dijo Sam a la angelida. Aurora la miró con curiosidad. Durante las últimas semanas, había escuchado a sus compañeros hablar sobre el tema, pero no les preguntó acerca de que era eso de la Navidad, más que nada porque tenían cosas más importantes de las que preocuparse, como el destino de la Tierra y de Asmara, por poner solo un ejemplo.
-La navidad es una época maravillosa del año, las calles se llenan de hermosas luces que lo adornan todo, las calles se recubren de nieve, y la gente hace regalos a su familia y amigos- le dijo, mientras ambas chicas andaban por el pasillo- Y la comida… hmm, ya verás cuando Rosa haga sus típicos platos el último día del trimestre, para chuparse los dedos- le dijo, mientras a Sam se le hacía la boca agua. Aurora estaba pensativa.
-Me recuerda a una festividad que tenemos en Asmara que se llama Nativia, ¿sabes? Y…- le dijo Aurora, aunque paró de explicarse al ver un ligero hilillo de baba salir de la comisura de los labios de Sam, quien seguía fantaseando con el banquete que iba a organizar la cocinera. Sonriente, Aurora le dio un codazo, sacándola de su ensoñación súbitamente.
-¡En fin lo importante es que te va a gustar, créeme!- le dijo. Aurora asintió, contenta, aunque recordaba con bastante añoranza a sus familiares que quedaron en Heavenland. En momentos como ese, se preguntaba como estaría su familia allí, y de cuando les echaba de menos. Claro que enseguida se recuperaba al recordar a sus nuevos amigos, a quienes ya consideraba familia.
-¿Habéis visto a los chicos? Es que no les vemos por ningún lado…- Tanto Sam como Aurora identificaron esa voz como la de Aelita.
-A lo mejor están en la sala de recreo, jugando al futbolín- dijo Sam- es posible…- murmuró Aelita.
-Si quieres puedes venir con nosotras, precisamente íbamos para allá ahora- le comentó Aurora, mientras sonreía.
Aelita asintió, mientras las seguía- ¿Y de que hablabais, por cierto?- preguntó, curiosa- Le estaba explicando a Aurora que es la Navidad- dijo Sam.
Aelita rió- Entonces supongo que está en buenas manos, Aru- le dijo Aelita. Aurora se hizo la ofendida- Ya sabes que no me gusta que me llamen así, LI-TA- le dijo la chica, mientras vocalizaba cada silaba con retintín.
-¡Venga chicas, no os peléis!- les dijo Sam, mientras las separaba, pues a pesar de que sabía que no se harían daño, era mejor prevenir que cura, por lo que pudiera pasar.
Tras reír un poco, y como ya estaban en la puerta de la sala de recreo, entraron. Tal y como Aelita había dicho, ahí estaban los chicos jugando al futbolín. De un lado, William y Ulrich, y del otro, Percy y Odd. A su lado, los primos Belpois, Herb y Nico les observaban expectantes.
-¡Uyyyy!- dijeron todos, mientras Ulrich se llevaba las manos a la cabeza y Percy y Odd chocaban las manos.
-¡Pero esa hasta Jeremy lo hubiera hecho bien!- gritó Nico, mientras se reía del guardián del fuego. El aludido le miró mal, mientras el resto solo reía. Tras eso, echaron otra vez la bolita al campo, y, tras dar un par de golpes, y con gritos de alegría, William y Ulrich celebraron el gol, mientras Percy y Odd, simplemente se alejaban algo tristes, mientras Jeremy y Patrick s colocaban en el sitio que antes ocupaban sus compañeros.
-¡Venga va Will, a por la segunda consecutiva!- le dijo Ulrich, mientras metía una moneda en la maquina y escuchaban como bajaban las pelotitas para jugar.
-No me lo puedo creer, Jeremy jugando la final, ¿en que clase de mundo paralelo hemos acabado, tío?- comentó Percy a Odd- Después no te quejes si no te ayudo con química estas navidades, Percy- le dijo Jeremy, mientras el resto reía y Percy solo sonreía nervioso.
-¡Ya llegaron por quienes llorabais!- dijo alegre Sam, mientras se colocaba para ver el partidillo.
-¿Cómo vais?- preguntó Aurora- Ahora…- dijo Will, mientras le daba un golpe al balón, colándolo en la portería rival- Empatados a dos- acabó, mientras chocaba con Ulrich y Patrick ponía en juego la tercera bola.
Tras cinco minutos llegaron el resto de sus compañeras, quienes también se colocaron a ver el partidillo del futbolín.
-¡Toma ya, comete esa, William!- le dijo Patrick, mientras colaba la bola en la portería contraria- La última bola, o todo, o nada- dijo William , mientras la colocaba en el centro.
Justo entonces, tanto William como Patrick le dieron a la vez, y, como fue Patrick quien le dio con más fuerza, la bol fue directa a la portería rival y…
-¡Toma ya, venga!- gritaron ambos primos, mientras chocaban palmas, mientras que ni William ni Ulrich se lo creían.
-Enhorabuena, chicos- les felicitaron las gemelas- ¡Bien jugado, chicos!- les felicitaron Yumi, Electra y Sam.
-Venga, ahora a pagarnos una ronda a todos, chicos- dijo Patrick- ¿Una ronda de que, exactamente?- les preguntó inquisidoramente Yumi- Tranquila mama, nada malo, solo una ronda de cerve…- las palabras de Odd se cortaron por sus compañeros varones- Una ronda de coca-cola, por supuesto Yumi, ¿Qué nos crees, unos borrachos? Por favor, me siento insultado- dijo Percy rápidamente.
La japonesa alzó una ceja, completamente escéptica por la reacción de sus amigos- ¿Y a donde vais a ir, chicos?- preguntó Aelita- Íbamos a ir al bar que está cerca de la plaza, a ese en el que Odd se tomó un día como diez pinchos, ¿recordáis?- dijo Jeremy.
-Como para no, ese día nos gastamos un autentico pastizal- comentó Sam, mientras un pequeño escalofrío la recorrió.
- En todo caso, dudo que hubierais podido ir, ya sabéis que el sargento Jimbo está vigilando la puerta para impedir las fugas generales que se suelen dar estos días- les dijo Sissi, mientras señalaba a la puerta de salida. Efectivamente, allí estaba el orondo profesor de gimnasia haciendo guardia como si un perro guardián fuera.
-Me pregunto si tendrá vida más allá del colegio…- musitó Susan.
Electra iba a decir algo cuando sonó la campana que indicaba que era hora de ir a comer. Juntos, el grupo se dirigió hacia la cocina, mientras charlaban animadamente y hacían planes para esa tarde. Como tenían mucho tiempo libre al ser las fiestas, no tenían que estudiar nada, y, aunque tuvieran algo, no tendrían cuerpo para hacerlo, a quien querían engañar. Por ello, decidieron que harían planes por grupos.
-¡Hey Herb!- el chico se giró ante la llamada. Era Sissi- Tengo que ir a hacer un encargo para el diario del colegio, ¿te importa acompañarme?- le preguntó. Eso sorprendió a Herb- ¿Desde cuando colaboras con el diario del colegio?-le preguntó. Sissi río- En realidad es un favor que les hago por que ellas no pueden ir ya que lo que tengo que hacer es por la noche y a ellas no les dejan, ¿sabes?-le respondió ella. Herb sonrió- Claro que te acompaño, mándame un mensaje con el sitio y la hora, ¿de acuerdo?- le sugirió. Sissi asintió.
-Oye Electra…- la chica rubia se giró para encarar a su interlocutor, William- ¿Te gustaría venir conmigo a dar una vuelta esta tarde?- le pregunto el chico, mientras se ponía a su vera, y se metía las manos en los pantalones.
-A las seis en la puerta de salida, ¿vale?- le dijo ella, mientras se giraba lo suficiente para verle. Él solamente asintió, con una ligera sonrisa- Por cierto, es una lastima que perdierais al futbolín…- comentó ella, mientras William solo asentía.
Mientras, Percy estaba metido en sus pensamientos cuando una voz la sacó. Era la de Aurora- Oye Percy, tengo un ticket de descuento en un restaurante de comida rápida, pero no puedo comer tanto yo sola, ¿Qué te parece el plan?- le preguntó. Ante la idea de comer en gran cantidad, Percy solo asintió- Por supuesto, puedes contar conmigo para lo que quieras, ¿vale?- le dijo, mientras sonreía y chocaban palmas.
Por su lado, Ulrich se acercó a Yumi- Oye Yumi- le dijo él algo nervioso. Ella le miró- Necesito ir a comprar unas cosas al centro comercial, ¿quieres acompañarme?- le pidió. Ella sonrió- Precisamente tengo que ir a una tienda allí, así que allí nos veremos, ¿te parece?- le dijo. Ulrich sonrió- Genial- respondió, mientras su conversación tomaba otros rumbos.
-Oye Marin, ¿te gustaría vivir una fantástica experiencia conmigo hoy bajo la luz de la luna pescando? -Le dijo de repente Nico. La chica sonrió mientras una ligera gotita de sudor corría por su frente- Me encantaría- le respondió- ¿Tienes caña?- le preguntó- Si, descuida, en Nueva Delhi iba a pescar muy a menudo- le respondió ella- Pues genial, ¿paso yo a buscarte al cuarto con las cosas o…?- No tranquilo, ya voy yo a tu cuarto, después concretamos hora, ¿te parece?- le dijo ella. Nico solo asintió, mientras sonreía ligeramente.
-De verdad que no se lo que le ves…- le susurró Susan- Es mono…- respondió Marin, algo sonrojada
Al mismo tiempo que Nico se iba, se les acercaba Patrick, solo que él se dirigió a Susan- Oye Susan, como tenemos la tarde libre, había pensado que podríamos ir al cine a ver una película, ¿Qué te parece?- le dijo el chico. Susan se quedó sorprendida en un principio, pero después asintió- Si claro, cuando quieras Patrick- le dijo ella. El chico asintió, contento, mientras se ponía a su altura y seguían hablando.
Mientras, Aelita y Jeremy conversaban animadamente, cuando a Aelita se le ocurrió algo- Oye Jeremy…- le dijo ella. El chico la miró- ¿Podrías ayudarme a manejar el agua, por favor?- esa petición tomo a Jeremy desprevenido- Pero tu ya la controlas bien y…- la chica le cortó- Ya, pero creo que puedo mejorar, quiero estar bien preparada para lo que pueda pasar- le respondió. Jeremy sonrió- Claro que te ayudaré, Aelita- le respondió. La chica sonrió- Gracias- le dijo. Jeremy se sonrojó un poco-Para lo que quieras- le respondió para, acto seguido, seguir con el tema anterior.
Al final del grupo estaban Sam y Odd. Ambos hablaban muy animadamente- ¡Yo creo que esa fue la mejor parte, cuando te pisaron la cola sin querer! ¡Que bote pegaste del dolor!- rió Sam, así como Odd. El chicointentó tranquilizarse- Oye, había pensado en ir al zoo, ¿quieres acompañarme?- le preguntó. Sam asintió, mientras se metía las manos en los bolsillos- Si, claro, cuando quieras- le dijo la chica.
Con todo aquello, ni siquiera se habían dado cuenta de que habían llegado a la cafetería, y, tras entrar a la misma, cogieron sus bandejas y se sirvieron el plato especial de Navidad, pollo asado con patatas y manzana asada, de segundo una ración generosa de mariscos, y de postre tarta de varios tipos, entre ellos, chocolate y nata, fresa, etc…; en resumidas cuentas, todo un banquete.
-¡Que rico esta todo!- dijo Aurora, contenta, mientras masticaba otro trozo de carne del pollo.
-Ya te dije que cuando Rosa se pone a cocinar salen cosas riquísimas- le respondió Sam, mientras se tomaba la segunda gamba.
-En Heavenland tenemos también comidas muy típicas, como el jadaator a las ricas hiervas, pero este pollo está también muy bueno- dijo la chica, mientras degustaba la pieza.
Ante las miradas de sus compañeros, y como Aurora estaba con la boca llena de comida, fue Aelita la que respondió- Es un ave muy típica de Asmara parecida a la gallina, solo que un poco más grande y con las plumas de color grisáceo- les respondió ella, mientras se limpiaba las manos.
-¿Y está rico?- preguntó Odd. Aurora asintió- Sí, pero su carne es algo más jugosa que la del pollo, aunque yo prefiero esta- les explicó.
-¿En Gallifrey no tenéis alguna festividad como esta así, importante?- les preguntó Ulrich a las gemelas. Estas asintieron- Bueno, está la fiesta planetaria, en la que se conmemora la unión den todo nuestro planeta bajo un solo gobierno, pero muy, muy descentralizado, a decir verdad- les explicó Susan.
-Me pregunto cuanto dinero se habrá gastado el director este año…- comentó Jeremy, mirando todas las viandas- Tampoco te creas que es mucho, eh? Mi padre no se suele gastar mucho dinero en estas cosas, además, lo que se gasta en esta noche se recupera rápido con excursiones y demás- les explicó Sissi.
-En todo caso, este año sin duda ha tirado la casa por la ventana, nunca había visto tanto marisco junto…- comentó Electra, impresionada.
En ese momento, Percy sacó su móvil y empezó ha hacerle fotos a la comida- ¡Venga ya, tío, no me seas hipster!- se quejó William, mientras le miraba mal. Percy solo sonrió divertido, tras lo cual, siguió fotografiando la comida.
Tras una risa general por eso último, el grupo siguió hablando animadamente hasta el final de la comida, que fue el momento en el que se despidieron entre ellos y cada uno se fue a su cuarto a descansar para esa tarde. Justo en el momento en el que se separaron el grupo de chicos y chicas, se miraron entre ellos con caras cómplices, sonriendo, y deseándole suerte mentalmente al de al lado, esta acción se dio más entre ellos que entre ellas.
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Mientras esto pasaba en la Academia, en la Hermita todo era calma, y a esas horas de la tarde, todos estaban durmiendo la siesta o amodorrados en el sofá de la casa. Todos menos Cesar y Asmeya, es decir, la mitad de los que vivían allí. Ambos jóvenes se encontraban de paseo por la ciudad. Él había conseguido convencer a Asmeya para que se tomara una tarde libre para desconectar un rato y poder salir a disfrutar de la ciudad en su muy hermosa estampa navideña.
-¡Mira, cuantas luces tan bonitas!- la mirada soñadora de la de pelo rosa tenía embobado a Cesar, quien también admiraba las hermosas luces que decoraban la ciudad. Al tener que luchar contra Virio prácticamente desde que tienen uso de memoria, ambos apenas han tenido oportunidad de disfrutar de estos pequeños momentos, por eso los vivían con mucha intensidad cada vez que podían.
-Hacía años que no veía estas luces, ¿y tu?- le dijo Cesar. Asmeya asintió- Las he visto hace algunos años, perorada año son más bonitas, ¿a que si?- le dijo ella, a lo que Cesar solo pudo asentir.
Tras eso, y como tenían algo de frío, se metieron a una cafetería para tomar algo caliente.
-Bueno, veamos que tenemos por aquí…- dijo Cesar, mientras se frotaba las manos para entrar en calor aunque fuera un poco y cogía la carta de encima de la mesa. Tras pedir un par de cafés , siguieron hablando.
-Debes estar muy contenta, ahora que los guardianes están tan unidos, ¿verdad?- le dijo Cesar, mientras bebía de su café un ligero sorbo- Si, sobre todo por encontrar a mi hermanita, no sabes la alegría que me dio- comentó Asmeya.
Cesar sonrió, aunque era una un poco triste- Me pregunto como estará mi familia en Asmara…- se dijo. Asmeya colocó su mano encima de la de él- Estoy segura que tu madre estará bien, y también que tu padre, esté donde esté, está orgulloso de ti, Cesar- le dijo ella. Cesar la miró- Gracias, Asmeya- le susurró, mirándola directo a los ojos.
Así se quedaron unos segundos hasta que el camarero les sacó de esa situación- El cambio, señor- les dijo, mientras les entregaba un platito de plástico con algunas monedas encima
- Gracias- dijeron ambos, mientras Cesar cogía las monedas y se las metía en la cartera.
Tras ese curioso momento, ambos jóvenes siguieron hablando mientras tomaban el café, hasta que, media hora después, salieron de la cafetería.
-¡Uy que costita más mona!- Asmeya dio un gritito al ver a un cachorro de labrador corretear por el parque, mientras se acercaba a jugar con él.
-Venga Asmeya, es solo un cachorro- le comentó Cesar, mientras reía. Ella le miró mal- Pero es monísimo- le respondió ella, mientras jugueteaba con el animalito.
En ese momento, un niño de unos seis años se les acercó- ¡Hola, ese es mi perrito!- les dijo, mientras se sentaba- ¡Hola, me llamo Asmeya? ¿y tu?- le preguntó ella, mientras chocaban las manos- Me llamo Pablo, y este es Fido- les dijo, mientras señalaba al perro, que se acercó a su dueño para jugar con él.
-Bueno Pablo, nosotros nos vamos, ¡cuídate!- le dijo Asmeya, mientras se levantaba y se despedía del niño con la mano.
Ya algo más lejos, Asmeya se pegó al brazo de Cesar, mientras este se mantenía firme como un palo de los nervios, aunque ella tampoco estaba mejor, aunque no lo dejaba ver pues miraba constantemente al suelo. Tras un rato andando así, llegaron a un banco, donde se sentaron. Estuvieron sin decir ni una palabra durante un buen rato, hasta que Cesar habló.
-Pues…- dijo, intentando buscar una excusa para hablar- Gracias, Cesar- dijo ella, de repente.
Eso le trastocó un poco- Gracias por ayudarme en todo este lío con Virio, a pesar de que no sea tu guerra- le dijo ella- Asmeya, esta guerra contra Virio no es solo del reino de los humanos, también es la de los feélidos, la de los angélidos, la de los reinos, repúblicas y democracias de Asmara, es la guerra de un mundo entero contra el mal que Virio trae consigo. Aunque no nos conociéramos nada más que de vista, yo y mi pueblo te ayudaríamos, y lo sabes bien- le dijo.
Asmeya sonrió- Tus palabras son bonitas, pero hay mucha gente que está en contra de nuestra cruzada también- le respondió ella.
-Por que ellos viven con el miedo de que Virio les hará pasar por terribles tormentos si se niegan a obedecer, y muchos de ellos no han conocido otra cosa que no sea el poder de Virio, por eso están en nuestra contra- le respondió ella.
-Y por eso nosotros luchamos, para que vean que hay otras formas de gobierno a parte del totalitarismo de Virio, que existe otra forma de pensar, y que la vida no se resume en muerte, dolor y sufrimiento como Virio les ha inculcado desde pequeños- le replicó Cesar, mientras sus ojos irradiaban una gran pasión, confiriéndoselas a sus palabras también.
-Se nota que eres un heredero al trono, Cesar- rió Asmeya por el discursito del chico. Este carraspeó, algo avergonzado- Solo he dicho lo que pienso- murmuró, mientras ella reía.
Una vez que pararon de reír, Asmeya se acurrucó en el pecho de Cesar. Este la miró curioso y bastante nervioso, pues ella alzó la cabeza, mirándole directo a los ojos. Entonces, se acercaron poco a poco, hasta rozar mínimamente sus labios, para, finalmente, besar al otro con un enorme cariño, y el corazón desbocado como un caballo salvaje, tiñendo sus mejillas de carmesí. Cuando se separaron, volvieron a cruzar miradas, sonriendo.
-Has abierto mucho la boca…- murmuró ella, aún sonrojada. Él la miró confuso- ¿Pero lo hice bien?- le preguntó, nervioso. Ella sonrió, mientras le cogía la mano, y reía, confirmándole al chico dos cosa: que tampoco lo haría tan mal, y que la joven de pelo rosa era toda una bromista.
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William y Electra ya habían salido a dar una vuelta por la ciudad. Con todo el ajetreo que suponía la lucha contra el mal, los integrantes del grupo que eran de fuera, como ella, apenas conocían algo fuera del interior de la academia, y lo poco que conocían de la ciudad era porque sus compañeros les habían llevado de excursión para celebrar alguna victoria, o por que habían ido a alguna cosa en específico y necesitaban de la guía de alguno de los autóctonos.
-Y aquí tenemos lo que se conoce como "El Caballo"- dijo William. Era una estatua bastante grande de un hombre montado a caballo, con una armadura puesta y la espada desenvainada, apunando hacia una avenida, y con el caballo apoyándose en las patas traseras.
-Es bonita, la verdad, ¿Quién es?- preguntó Electra, mientras fotografiaba la estatua. William se encogió de hombros- Se supone que es de un rey del siglo XVII al que llamaban el "rey Sol", pero no se muy bien ahora a quien se refieren, la verdad- le respondió. (1)
Electra entonces se fijó en algo en la otra punta de la calle, más allá de la estatua que servía de rotonda para los coches. Era un grupo de jóvenes que, por lo que parecía, estaban metiéndose con otro chico de su misma edad, pero este último no resaltaba precisamente por su físico, es más, se podía apreciar que era bastante enclenque por su naja estatura. William enseguida se dio cuenta de lo que ocurría.
-Electra, no hace falta hacer uso de la violencia, y…- las palabras de William se cortaron por el estallido de un rayo. Entonces, ella le miró, sonriendo, mientras concentraba un poco de electricidad en sus manos. William solo pudo suspirar, Electra era la defensora de los inocentes, y sea la situación que sea, ella siempre está dispuesta a ayudar. Entonces, ella liberó esa electricidad, la cual recorrió la distancia que les separaba a una enrome velocidad, siendo, por tanto, solo perceptible para ellos dos. Tras recorrer la calle, la electricidad lanzada por Electra golpeó a uno de los chicos, haciéndole dar un salto y soltando al otro, que rápidamente huyó de allí, mientras que los compañeros del otro iban a socorrerle. Electra rió ante eso.
-Que cruel eres- rió también William. Electra no le miró, pero una ligera sonrisa adornó su cara- Se lo merecía…- comentó, mientras se giraba- ¿Alguna cosa más que mirar, Will?- le preguntó .
El chico se lo pensó. Tras estar un par de horas dando vueltas por la ciudad, ya habían recorrido los sitios más característicos, y ya solo restaba que vieran un sitio, el, a juicio de William, más hermoso- Si, queda uno, venga, estamos muy cerca- le apremió, mientras se dirigían hacía allí a paso ligero, esquivando a la gente.
-Oye, que no estamos de misión, ¿recuerdas?- le dijo Electra, divertida, viendo el chico daba largas zancadas, casi para ponerse a correr- Lo siento, hay es la costumbre- le dijo, sonriendo, mientras desaceleraba y se ponían a un ritmo más lento.
-¿Y que es lo que nos falta?- le preguntó ella. Will sonrió- Ya lo verás, es muy bonito- le dijo, mientras esperaban a pasar por un paso de cebra.
Tras pasar y cruzar un par de calles a lo ancho, llegaron a una plaza. Nada más llegar, el dulce aroma de las castañas asadas les llegó a la nariz, haciendo que a ambos les apeteciera probar el rico alimento. Pero no estaban por eso, sino por lo que había en el centro, un enorme árbol navideño de unos quince metros de alto, adornado con toda clase de cosas, y perfectamente iluminado por las luces de neón que, junto con la decoración, hacían que la plaza y el árbol brillaran con intensidad y gran belleza.
-Guau…- murmuró Electra, impresionada, mientras hacia varias fotografías.
-¿A que es bonito? Este es considerado el mejor árbol de toda la ciudad- le dijo, mientras se colocaba a su derecha.
-¿Hay más árboles en la ciudad?- le preguntó ella. Will asintió- sí, pero este es colocado por unas monjas de uno de los conventos de la zona próxima a la ciudad, y la verdad es que cada año se superan- le explicó.
Mientras admiraba la gran belleza y majestuosidad del árbol, William se dio cuenta de que había un gato en lo más alto del árbol, pero nadie, ni siquiera Electra, se había percatado. En un movimiento muy rápido, el chico llegó hasta donde estaba el animalito, cogiéndolo con cuidado para no hacerle daño, tras lo cual, se volvió a posar en el suelo, todo en un lapo de tiempo muy pequeño, por lo que nadie le pudo ver.
-Tranquilo pequeñín…- le dijo el chico, mientras se acercaba de nuevo a Electra. Esta le miró curioso- ¿Y ese gato?- le preguntó. El la miró- Estaba atrapado en el árbol, pero por las luces del mismo y el ruido, nadie podía verle o escuchar sus maullidos- le comentó.
Cuando Electra se fijó mejor, se dio cuenta de que el gato era de color negro con los ojos de color oscuro, y, por el tamaño, debía ser de poca edad, pues era pequeño, pero lo suficientemente grande para valerse por si mismo. Su pelaje era algo áspero al tacto, signo de la falta de su cuidado. El animalito se retorcía ante las caricias del chico, maullando contento.
-Parece que le caes bien…- comentó ella, mientras cogía al animal. Este maulló al pasar de unas manos a otras, aunque se seguía hacer mimos- ¡Y tu también le caes bien!- rió Will al ver como, en un movimiento rápido, el gatito le arañó un poco y se escurría de las manos de la chica, saliendo a correr en una dirección. Ella bufó, algo enfadada.
Tras eso, ambos chicos se sentaron a los pies del árbol, donde había varios bancos, para así descansar de la larga caminata. Electra se estiró, mientras se repanchingaba en el banco, que, aún de madera, era cómodo, así como William, que se metió las manos en el bolsillo de la sudadera que llevaba.
-¿Qué te pareció la excursión?- le preguntó él. Ella sonrió- Era todo precioso, muchas gracias- le dijo, mientras se le acercaba un poco.
-Ha sido un placer- le respondió. En ese momento, Will se perdió en los zafiros que formaban los ojos de la chica, y, engatusado por sus ojos, poco a poco se fue acercando. Mientras él hacía eso, ella se ib a sonrojando poco a poco, pues sabía cual eran las intenciones de él, y, aunque no lo admitiera, la verdad es que quería besarle, por eso, ella también poco a poco se iba acercando hasta que…
-¡Cuidado con el balón!- ese grito hizo que ambos salieran de su mundo de fantasía, sobre todo Will, quien recibió todo el balonazo en la cara, y, aunque no le hizo daño, si que le dio un buen susto.
-¡Lo siento!- les dijo un niño, mientras se acercaba. Electra le sonrió, mientras le pasaba el balón, para luego reír al ver la cara de conmoción de William.
Aprovechado, ella se acercó rápidamente, y le dio un ligero pico, completamente sonrojada, así como él. Este parpadeó rápidamente varias veces, mientras de vez en cuando se pasaba la mano por sus labios y la miraba, sorprendido, mientras ella bajaba la cabeza poco a poco por la vergüenza.
-Creo que es hora de que volvamos a Kadic- murmuró ella, al fin. William asintió- Si, cero que es buena idea…- comentó, mientras se levantaban y se cogían de la mano instintivamente.
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Mientras caminaba hacia el centro comercial, Ulrich iba recitando mentalmente el discursito que previamente se había preparado para esa ocasión, colocándolo mentalmente para que, llegado el momento, le dijera a la japonesa lo que él sentía. Tan metido estaba en sus pensamientos, que apenas se dio cuenta, había llegado a su destino. Tras tomar aire y soltarlo poco a poco para calmarse, entró al interior del edificio, el cual estaba en su totalidad engalanado con luces de neón, con un Papa Noel por allí deseándole feliz Navidad a todo el mundo y fotografiándose con los niños. Su vista se centró en uno de los bancos internos del sitio, donde se encontraba Yumi ensimismada con su móvil. Al sentir a alguien cerca, la chica alzó la vista.
-¡Hola!- dijeron ambos a la vez, mientras Yumi le hacía hueco al chico para que se sentara. Este asintió- ¿Qué compramos primero, lo tuyo o lo mío?- le preguntó.
Yumi se encogió de hombros- Como quieras, por mí…- le respondió ella. Entonces, Ulrich sacó una moneda de su bolsillo- Que lo decida "La Sembradora"- dijo, mientras sacaba una moneda de 50 cents (2)- Si sale cara, vamos primero a lo tuyo, si sale cruz, vamos a lo mío, ¿te parece?- le dijo. La chica asintió conforme, y Ulrich procedió a tirar la moneda tres veces, saliendo como resultado cara, cruz, cara- Pues venga, vamos a la herboristería, creo que está en la segunda planta - le dijo.
Ulrich asintió, mientras ambos se levantaban e iban hacia allí y comenzaban ha hablar- ¿Y que tienes que coger de la herboristería?- le preguntó él. Ella sonrió- Voy a comprar algo de abono para las plantas de casa y una regadera nueva. Podría usar mis poderes para mantener a las plantas bien alimentadas, pero eso sería muy cantoso, ¿no crees? Le preguntó .Ulrich asintió- Además, el abono que uso es muy beneficioso para ellas, sobre todo para las amapolas- le explicó ella.
-Me imagino la cara de tu madre si te viera usando tus poderes- rió Ulrich, mientras se imaginaba la escena. Yumi rió ligeramente- Le daría algo, eso desde luego- le respondió.
Tras eso, llegaron finalmente al sitio. Era una herboristería bastante modesta, con algunos tenderetes en el medio llenos de artículos tales como semillas de diferentes plantas, regaderas, paletas para mover la tierra, etc. A los lados, en las paredes, estaban colgadas las herramientas más grandes, como tijeras de podar y rastrillos; y los sacos de abono justo debajo, apoyados en la pared.
-¡Buenos días!- saludó la japonesa alegremente. De la trastienda salió una mujer de edad avanzada, de unos sesenta, con una camisa de manga larga y pantalones oscuros, c notas de color verde, y gafas de montura.
-Buenos días, Yumi, ¿Qué deseas?- la saludó la mayor. Yumi sonrió- Muy bien, gracias, Anna- le dijo la japonesa, inclinándose respetuosamente. Ante la mirada de viso de Yumi, Ulrich hizo lo mismo. Anna rió- No hace falta que te inclines, chico, ni tu tampoco, Yumi- le dijo la mayor. La japonesa asintió- Me gustaría comprar algo de abono para las platas de interior, y también una regadera, por favor- le respondió ella.
Anna asintió, y se internó a la trastienda para coger los artículos. Un minuto después, volvió con la regadera y, con algo de dificultad, del saco de abono. Tras ayudar a la buna mujer a tirar del mismo y pagar por todo, ambos jóvenes salieron de la tienda, con Ulrich cargando con el saco, aunque Yumi le dijera varias veces que podía con el perfectamente, aunque Ulrich no la dejó, pese a que probara que podía sin ningún problema.
-¿Y tu que tienes que comprar, por cierto?- le preguntó Yumi- Tengo que ir a la tienda de informática para comprar una cosa que Jeremy necesita para arreglarme el portátil- le respondió.
Yumi asintió-¿Y que le pasa a u portátil, por cierto?- le preguntó- Se supone que cuando pasa cierto tiempo se apaga de golpe y tengo que comprar una cosa que Jeremy me apuntó aquí, en un papelito- le dijo. Yumi se rió, haciendo que Ulrich se sonrojara- Sigues siendo tan nulo en informática como antes- rió ella.
Tras un corto andar llegan finalmente a la tienda de informática. Tras pedir la pieza que el guardián del fuego buscaba, y tras pagar, salieron de la tienda en dirección a ninguna parte.
-Oye, ¿Qué te parece si entramos aquí y nos pedimos algo para comer? No se a ti, pero a mi me rugen las tripas- le comentó Ulrich. Yumi asintió- Y yo, pero no tengo mucho dinero hora…- dijo ella. Ulrich sonrió- Tranquila, yo te invito- le dijo él, a pesar de que ella le insistiera varias veces en que no hacía falta.
-De verdad, no me importa invitarte, Yumi- le dijo el alemán por enésima vez. Yumi suspiró- En fin, como supongo que ahora no puedo pagar mi parte ya lo haré más tarde de otra manera- dijo, mientras le guiñaba un ojo. En ese momento, Ulrich tosió con violencia, pues estaba bebiendo un poco de su refresco, provocando la risa de Yumi.
-¡No es divertido!- le replicó él a duras penas, intentando sonar amenazante, pero fracasando estrepitosamente. Yumi solo sonrió, divertida.
-Estas muy mono cuando te enfadas, ¿sabes?- murmuró ela, lo suficientemente alto como para que él la escuchara, por lo que él se sonrojó fuertemente, así como ella, que lo dijo casi sin pensar.
-Bueno, yo… ehmm…- se excusó ella, mientras miraba a otro lado- Yumi, no podemos seguir, tenemos que dejar de una vez en claro nuestra relación- dijo él. Ella le miró- Ya te dije que solo amigos…- le respondió ella- Es evidente que no podemos ser solo amigos Yumi, lo que siento por ti rebasa por mucho la mera amistad, lo que yo siento es… amor- eso último lo dijo en apenas un susurro y con la cabeza gacha, pero Yumi lo oyó perfectamente.
-Y yo- respondió ella. Ulrich alzó la vista de repente, mirándola a los ojos. Eso si que no se lo esperaba- Para que engañarme, yo también siento eso por ti- dijo ella, mientras se le acercaba.
Ulrich estaba en ese momento en una nube. El momento que el tanto ha anhelado estaba sucediendo, al fin Yumi le correspondía. Estaba tan sorprendido que no supo como reaccionar y se quedó estático, por lo que fue Yumi la que se aproximó, rozando sus labios con los del chico. En ese roce él reaccionó, y finalmente retomó control sobre su cuerpo, y le devolvió el beso a la chica. Fue solo un segundo lo que duró el beso, pero para ambos ese segundo fue el más intenso de sus jóvenes vidas, más aún que cualquiera de sus batallas, incluso la emoción que sentían al obtener sus armas no se comparaba con besar a la persona que quieres.
Tras separarse, ambo se miraron a lo ojos, y, de un momento a otro, Yumi empezó a reír. Ulrich la miró confuso, sin entender lo que le ocurría a la chica. Se preocupó al pensar que se estaba riendo de él, pero Yumi rápidamente eliminó esa sospecha- Finalmente hemos dejado la cabezonería a un lado y lo hemos hecho- dijo ella, tras recuperar un poco de su habitual compostura.
Ulrich asintió- ¿Quieres otra ronda?- le preguntó. Yumi asintió- Por supuesto, mi querido Ulrich- rió ella, haciendo reír también al chico- Será un placer, mi amada Yumi- le respondió, también riendo.
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Aelita se dirigía a través del bosque en dirección al río cercano a la fábrica a la que antaño solían ir para combatir a Xana, y que no habían vuelo pisar desde que sus profesores se fueron a Asmara de misión, aunque de vez en cuando iban allí para entretenerse un rato o para entrenar en solitario, o en grupos, como era la ocasión. Al principio le sorprendió a Aelita la localización en la que se citó con Jeremy, pero después pensó que era lógico que el guardián del agua la entrenara cerca de una gran masa de agua. Tras un corto andar, llegó al puente que conectaba la salida del bosque de Kadic con la fábrica abandonada.
-Que raro que no esté aquí ya…- murmuró ella, mirando la hora en su móvil, pues ya llevaba allí diez minutos, y el rubio aún no llegaba.
-Así que estabas aquí arriba- dijo alguien, detrás suya. La chica rápidamente le reconoció como Jeremy. Y no se equivocaba, allí estaba con una mochila a la espalda, con ropa deportiva y un par de bolsas de plástico de las típicas que daban en los supermercados en la mano.
-Bajemos hasta la rivera, allí empezaremos- le dijo él, mientras empezaba a bajar la cuesta hacia la orilla del río. Eso extraño a la pelirosa, pero decidió no preguntar. Una vez abajo, Jeremy se posicionó al lado del agua, y, con un ademán, le pidió a Aelita que hiciera lo mismo. Una vez ambos estaban juntos, Jeremy se inclinó hasta tocar el agua con su mano.
-¿Puedes notarlo?- le preguntó, mientras se reincorporaba. Ella le miró curiosa- Este río lleva una pequeña corriente, muy débil, pero el agua se mueve un poco- le explicó. Ella entonces se concentró, y, efectivamente, pudo notar una corriente mínima en el agua.
-¿Qué sabes hacer con el agua, por cierto?- le preguntó Jeremy. Aelita miró entonces al agua- Se hacer unas pocas cosas, hacer figuras pequeñas con el agua, crear esferas y poco más…- le dijo. Jeremy sonrió, mientras le pedía con un gesto que se sentara, lo cual hizo ella.
-Ser el guardián del agua no es solo hacer cosas con ella, es ser el agua- le dijo- Eso es algo que Destro me enseñó, y que supongo que tu madre te enseñó también, ¿verdad?- le preguntó, a lo que Aelita asintió con prontitud- Mama me ha enseñado mucho, es cierto- le respondió.
Jeremy sonrió, tras lo cual, metió su mano de nuevo en el agua, solo que en ahora una ligera aura de color azul le rodeaba. Entonces el agua del río, antes turbia, se empezó a aclarar, pudiéndose ver sin muchos problemas el fondo del río y a los peces nadar. Aelita lo vio impresionada, mientras veía como cada vez más agua se aclaraba- El agua estaba muy sucia, y no creo que a ninguno le hiciera mucha gracia meterse en un agua tan sucia- le explicó.
Aelita le miró horrorizada- ¿! Pretendes que me meta dentro del agua, Jeremy1?- casi gritó. Jeremy rió- Tranquila que no te mojaras ni sentirás frío, te lo juro- le dijo el, mientras se metía en el agua como si nada. Para probarlo, después sacó sus dos piernas fuera del agua y efectivamente, no estaba mojado en absoluto. Aún dudando, Aelita metió la mano en el agua, y, para su sorpresa, el agua estaba hasta caliente, además, su mano estaba completamente seca.
-¿Te convence ahora?-le preguntó Jeremy. Ella sonrió, y tras levantarse, se metió en el agua poco a poco. Podía notar como el agua a su lado estaba a buena temperatura, pero no que su piel o ropa se mojaran en absoluto, y aunque supiera que Jeremy lo estaba haciendo, eso aún la sorprendía.
-Primero veamos ¿Qué sabes hacer con el agua?- le preguntó. Aelita entonces fue rodeada por una luz blanca mientras iba cerrando los ojos, tras lo cual, el agua a su alrededor empezó a moverse sinuosamente, adquiriendo formas básicas, además de pequeñas columnas rodeándola, las cuales, de golpe, subieron muy alto y con gran violencia, aunque Aelita logró controlar su caída. Una vez que el agua volvió a su posición, esta empezó a moverse alrededor de Aelita, mientras tomaba la forma de un dragón que volaba a su alrededor. Una vez que se posó en la cabeza de la chica, hizo como que rugía, y, de un salto, volvió a formar parte del agua del río.
Tras ver el espectáculo, Jeremy aplaudió- ¡Muy bien, Aelita!- le dijo él, alegre. Ella se sonrojó ligeramente, mientras sonreía- Intenta hacer esto…- le pidió él. Tras ser rodeado por un aura de color azul, Jeremy se empezó a elevar poco a poco en el aire gracias a que tenía su cuerpo de cintura para abajo metido en el agua. Aelita hizo eso mismo, mientras hacía un ademán con su mano para elevarse, aunque al principio estuviera bastante desestabilizada. Una vez que logró mantener esa posición, ambos fueron subiendo poco a poco en el aire, mientas las columnas de agua que les sujetaban iban aumentando en altura. Una vez situados a cinco metros de altura, Jeremy la miró, orgulloso- Ahora es el momento de hacer algo que, estoy seguro, te gustará…- le dijo, sonriendo. En ese momento, el aura que le rodeaba se intensificó muchísimo, y, tras colocarse como si fuera a esprintar, empezó a volar usando el agua para impulsarse, dejando a Aelita atrás en apenas unos segundos, y recorriendo mucho espacio en muy poco tiempo. La chica sonrió, mientras hacía eso mismo, y le seguía de cerca.
-¡Venga Aelita, que te estoy dejando atrás!- le gritó riendo, mientras recorrían la ciudad a gran velocidad, sorteando edificios constantemente, y con algo de agua rodeándoles para poder moverse por el aire. Aelita no entendía como podían hacer eso, pero, ¿que importaba? ¡Estaban volando por el cielo con agua rodeándoles!
-Parecemos los personajes de Dragon Ball volando así, ¿no crees?- le dijo ella, poniéndose a su altura. Jeremy asintió- Eso mismo le dije a Destro cuando lo hicimos por primera vez, que por cierto, no lo haces nada mal para ser la primera vez, yo casi me estrellé contra unos ediícios varias veces- rió el rubio, así como Aelita.
Tras volar un poco más, ambos adolescentes volvieron a las inmediaciones del bosque de Kadic, algo cansados, pero contentos por la experiencia- ¿Desde cuando puedes hacer esto, Jeremy?- le preguntó- Lo descubrimos hace muy poco realmente, el día anterior a que los profesores se fueran, pero no dije nada por que antes quería perfeccionar la técnica- le respondió- Aunque no lo has hecho nada mal, a veces te quedabas algo atrás, pero es normal, yo al principio también iba más despacio que ahora- le felicitó él.
Aelita sonrió- Gracias…- murmuró ella- De nada, Aelita- le respondió- No solo hablo de que me enseñaras ahora, sino de todo en general, siempre me has ayudado, desde el principio, incluso cuando pensabas que no era más que un ente virtual me quisiste ayudar- le dijo ella-Eso me hace sentir un poco mal conmigo misma…- comentó por lo bajo.
-Aelita, si te sientes mal porque no puedes defenderte, tendré que sacarte de tu error- le reprendió Jeremy, serio. Ella le miró sorprendida, pocas veces se ponía así- Es cierto que al principio debíamos defenderte, pero con el paso del tiempo te has vuelto cada vez más fuerte, es más, si te lo propusieras ahora, serías capaz de vencernos a todos. Solo William podría pararte en estos momentos- le explicó él. Aelita bajó la cabeza- Jeremy, yo…- murmuró ella, avergonzada.
-Es la realidad Aelita, tu eres la más poderosa, controlas varios elementos a la vez, aprendes rápido y eres capaz de hacer cosas que incluso a mi me llevó tiempo aprender- siguió Jeremy- Además, ninguno pensó jamás que eres una carga, si era eso lo que te preocupaba- acabó él, mientras se sentaba, así como la chica.
Estuvieron en silencio cosa de un minuto, hasta que ella lo rompió- Jeremy…- le dijo ella. El chico se giró, cuando, de repente, notó como ella colocaba una mano detrás de su cabeza y se le acercaba. Entendiendo lo que quería, Jeremy recortó distancias, y, entonces, sus labios chocaron finalmente, profundizando ligeramente en la boca del otro, aunque se separaron segundos después, nerviosos hasta la medula, y con una sonrisa tonta en la cara.
-Te quiero…- dijeron ambos a la vez, mientras se miraban a los ojos, perdiéndose él en sus esmeraldas y ella en lo profundo de los océanos que formaban los ojos del otro.
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Percy esperaba pacientemente en las escaleras de subida a los dormitorios de la planta baja a que Aurora llegara. Estaba bastante emocionado, no por el hecho de ir a un restaurante de comida rápida, lo que significaba comida gratis y en gran cantidad. No. A él lo que realmente le emocionaba era ir con Aurora. Su pelo de color morado le pareció sencillamente mágico, así como sus ojos color rosa. Y no solo su físico, también su forma de ser le parecía mágica, había conocido muchas chicas a lo largo de su vida, y, siendo sinceros, algunas más tractivas que la propia Aurora, pero ella tenía algo especial, algo que la hacía diferente, y única a los ojos de Percy.
-¡Hola Percy!- ese saludo hizo que el chico saliera de sus pensamientos para ver a la chica que rápidamente identificó como Aurora- ¡Hola!- le respondió, mientras se levantaba- ¿Vamos?- le dijo Percy, a lo que ella asintió.
-¿Y que restaurante es?- le preguntó- No recuerdo muy bien el nombre, mira…- le dijo ella, enseñándole el ticket. Este era de color rojo con una W de color amarilla pintada y con una montonera de productos puestos en una lista, muy probablemente a los que afectaba el descuento, además de una chica disfrazada de payaso con una hamburguesa en la mano, una enorme sonrisa, y el pulgar en alto. Percy rápidamente la identificó (3) como uno de los restaurantes que estaban en las cercanías de la academia, pues muchas veces iba allí con Odd a comer cuando lo que daba Rosa no era suficiente con repetir el plato, lo cual pasaba bastante a menudo, aunque así tenían una excusa de usar sus poderes fuera de las misiones.
-Pues queda bastante cerca, la verdad- comentó el chico. Tras andar unas pocas decenas de metros, llegaron al establecimiento en cuestión. Tenía la W en lo alto del techo, con decoración en rojo en el interior, y en las cristaleras, había publicidad de los productos que vendían dentro, desde descuentos, especiales, bebidas, etc. Una vez que entraron, y tras coger una mesa dejando los abrigos, ambos jóvenes se acercaron al dependiente para pedir.
-A ver…- dijo Percy- Danos unas alitas de pollo doble con ketchup, una hamburguesa deluxe, una normal, dos coca-colas, aritos de cebolla caramelizados, y patatas fritas de acompañamiento, gracias- le pidió el chico. El dependiente tomó pedido, y, tras ver bien todo lo que ponía les preguntó- ¿Tenéis ticket de descuento para este menú?- preguntó. Entonces, Aurora se lo entregó, junto al dinero que aparecía en el ticket. Tras verificar que todo era correcto, el chico les pidió que esperaran un momento para que diera la orden a cocina y que se llevaran el pedido.
Un par de minutos después, ya estaban sentados a la mesa, con una bandeja cada uno para poder llevar toda la comida sin tener que dar dos viajes. Entonces, se sentaron a comer, y, a decir verdad, Aurora debía reconocer que todo tenía muy buena pinta, y no sabía muy bien por donde empezar. Tras ver detenidamente toda la bandeja, decidió que empezara por la hamburguesa, y así procedió, tras destaparla, le dio el primer mordisco. Mientras masticaba, notó que Percy no comía al ritmo habitual, sino mucho mas despacio de lo habitual, casi a su ritmo.
-Que raro Percy, no estás devorando ya las patatas- rió ella. Percy también rió- Es que me gusta saborear bien los platos a veces, ¿sabes?- le respondió. Aurora le miró con cierta gracia- ¿Tu, saborear la comida?- le dijo- Claro, ¿Por qué no?- le replicó él. Aurora río- ¡Venga, reconoce que te gusta engullir!- le dijo la chica.
Ahí Percy tuvo que darle la razón, mientras sonreía- Te doy la razón en que me gusta engullir, pero también se disfrutar de estas cosas, aunque no lo parezca, soy muy sibarita- le dijo. Aurora le miró curiosa, mientras le daba pequeños mordiscos a su hamburguesa. Durante el siguiente cuarto de hora, Percy le fue hablando de las virtudes de varios platos típicos de su país natal, Eritrea, mientras poco a poco iban comiendo de sus bandejas. Para cuando hubo acabado, ya habían acabado de comer hacía tiempo, pero ahí seguían,, hablando de sus osas. Cuando Percy acabó, Aurora miró la hora, y se dio cuenta de lo mucho que estuvieron en ese restaurante.
-Creo que es hora de volver, Percy- comentó ella, mientras se levantaba. Percy asintió, y, al igual que ella, se levantó de la mesa. Tras salir, reprendieron el camino de vuelta a Kadic.
Durante el mismo, ambos estaban en silencio, mientras pensaban en lo mismo, aunque sin saberlo: como decirle al otro lo que sentía. Las amistades de ambos, los chicos para Percy y las chicas para Aurora, les habían dicho a cada uno que el sentimiento era correspondido con gran probabilidad, pero la duda estaba ahí, y a ninguno de los dos le gustaría romper una amistad como la suya por algo como eso.
-¿Qué puedo hacer?-pensaba Percy, mientras miraba de reojo a la chica. Esta miraba al suelo con las manos en los bolsillos.
-Podría darle algún tema de conversación interesante y, de alguna manera, ligar las palabras para decirle lo que siento- pensó la chica, mientras hacía el mismo gesto que él.
Siguiendo su idea, Aurora fue sacando algunos temas de conversación, pero nada, no era capaz de quitar la extraña tensión que se había formado. En ese momento, la mente de Percy dilucidó un plan, uno arriesgado, pero había que intentarlo. Precisamente, como si el destino así lo hubiera querido, pasaron cerca de una fuente de agua.
-No sé tu, pero o tengo bastante sed, así que voy a beber de la fuente- le dijo el chico, mientras se acercaba- Yo también tengo algo de sed…- comentó ella.
Percy se inclinó para beber, le dio al botón para que el agua fluyera, y dio varios sorbos. Una vez saciado, se levantó, cediéndole el puesto a la chica, que procedió igual. Una vez que ella se levantó, Percy vio su oportunidad, y se acercó a ella de una zancada. Ella tuvo que apartarse para evitar el contacto, ya que tenía la boca aún con agua dentro. Una vez que tragó, fue ella la que se acercó, reavivando las esperanzas de Percy, que pensaba que le estaba rechazando. Y allí, bajo un árbol, sus labios hicieron contacto, efímero como un parpadeo y apenas lo suficiente para saborear los labios del otro, pero para ambos fue lo más intenso que han vivido en mucho tiempo.
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Susan se dirigía ya hacia el cine donde había quedado para ver una película con Patrick. Podría usar uno de los portales que utiliza su hermana para llegar allí en apenas unos instantes, pero prefería ir andando para disfrutar del aire frío que discurría por la calle, además de las hermosas vistas que había por las decoradas calles de la ciudad. Si había una tradición de la tierra que la joven dama del tiempo disfrutaba era la Navidad. Aunque durante un tiempo la celebró casi sola, ahora tenía una familia, la que formaba con sus amigos a los cuales le hubiera gustado conocer en otras circunstancias. Aún así, echaba a su familia de menos casi a diario, así como a Gallifrey, su planeta natal, aunque lo hubiera visto hace poco. Mientras pensaba en eso, y casi sin darse cuenta, llegó hasta los cines de la ciudad, donde se aglomeraba ya un número importante de personas, formando una larga cola.
-¡Susan, aquí!- gritó alguien. Buscando con la mirada, Susan identificó entre el gentío a Patrick, quien se encontraba a la mitad de la cola, más o menos, y con la cartera ya preparada para pagar.
-¡Hola!- le saludó ella, mientras se acercaba y se ponía a su altura- ¿Cuánto queda para que empiece la película?- le preguntó- Tenemos tiempo, aún quedan diez minutos- le respondió- Y si no lo tenemos tu te lo inventas así que…- rió el chico, así como Susan.
-Parece que la cola avanza deprisa, mira- comentó Susan, mientras veía como la gente iba entrando al cine a buen ritmo- Oye, ¿vas a querer palomitas o algo así?- le preguntó Patrick, a lo que Susan asintió, mientras avanzaban un par de pasos más. Una vez en la taquilla, Percy se inclinó para hablar con la chica de la ventanilla.
-Dos entradas para ahora de la sala tres, por favor- le pidió-¿Centro o atrás?- le preguntó la chica-Centro, por favor- le respondió Patrick- Son 10,50€, chico- le dijo la dependienta, quien, tras recibir quince, les devolvió el cambio. Una vez dentro, y como tenían tiempo, se pidieron unas palomitas grandes cada uno, junto a un refresco mediano.
Una vez que les picaron las entradas, entraron a la sala en cuestión, la cual estaba bastante llena de gente, tano, que tuvieron que acudir a los acomodadores para poder llegar hasta sus asientos sin perderse. Tras darles las gracias, se sentaron cada uno en sus correspondientes sitios, tras lo cual, dejaron el refresco en el posavasos que había delante, y con las palomitas en el regazo. Mientras esperaban, siguieron hablando.
-Vaya que si está lleno, suerte que quedamos con antelación…- comentó Patrick.
-Si, si tiras un alfiler se pican diez- comentó Susan, provocando la risa del guardián de la tierra- ¿Qué dije tan graciosa?-dijo ella con una sonrisilla- Es que me hizo mucha gracia la manera en lo que lo dijiste- rió él, mientras se tapaba la boca para no hacer mucho ruido. Susan rió ligeramente por eso, generalmente la gente se sorprende al saberlo. Entonces, las luces se apagaron y empezaron los anuncios previos a la película, obligando a Patrick a serenarse un poco.
Una vez empezada la película, ambos jóvenes intercambiaban pareceres según pasaban las cosas, en voz baja para no molestar a los de al lado, aunque lo hacían muy de vez en cuando. Además, mientras veían la película, de vez en cuando cogían una palomita y se la llevaban a la boca, mientras veían embelesados el filme. Ras hora y media de película, y tras la escena final de un hombre andando hacia la puesta de sol, aparecieron los créditos, las luces volvieron a encenderse, y el público de la sala se fue levantando para marcharse. Y así hicieron Patrick y Susan, quienes, tras coger los restos de palomitas que habían dejado, así como los vasos ya vacíos desde hacía rato y los abrigos, salieron de la sala, ambos bastante satisfechos.
-¿Qué te pareció la peli?- le preguntó Patrick. Ella sonrió- Fue muy buena, me gustó mucho- le respondió ella- Yo pienso igual, me encanto la escena en la que el bueno derrotó a casi doscientos malos de un golpe- siguió Patrick, a lo que ella le dio la razón.
-Lo único en lo que falla es en que a veces es un poco fantasiosa, pero a parte de eso, está bastante bien, ¿no crees?- le comentó ella. Patrick se encogió de hombros- A veces sí, pero ten en cuenta que en ese momento el protagonista obtiene mucho poder- le respondió.
Y así siguieron hablando sobre la película un rato más, y aunque intentan darle algo de lógica, no eran capaces de explicar ciertas cosas, además, a cada rato Susan iba corriendo datos históricos que según la película pasaron realmente, aunque Susan lo desmintiera reiteradamente. Durante la charla, y como aún estaban con algo de hambre a pesar de comer palomitas en el cine y les quedaba algo de dinero, se metieron a una tienda de golosinas a comprar unas bolsas y algo de beber. Una vez cogido todo, y tras salir de la tienda, se sentaron en un banco cercano en la avenida de enfrente. Tras sacar las cosas, se pusieron a comer.
-Bufff, que hambre tengo…- comentó ella, mientras habría una bolsa de patatas- ¿Quieres?- le ofreció ella, pero el chico le dijo con un ademán que no hacía falta.
Aunque en realidad tenía hambre, Patrick tenía en mente otras cosas, en concreto, a cierta dama del tiempo que estaba sentada a su derecha. Se preguntaba muchas cosas, entre ellas, si lo que el sentía por ella era real o solo un producto de su imaginación, pues nuca se había enamorado de nadie antes, ya que todas las chicas a las que fue conociendo tarde o temprano le acabaron decepcionando. En cambio Susan no, al contrario, le impresionó desde el primer momento, no solo por su belleza, pues había conocido a muchas chicas bastante más atractivas que ella, sino también por su inteligencia. Susan era la única capaz de lograr que él la atendiera constantemente, el resto de conversaciones con chicas se limitaban a lo imprescindible, con ella no. Por eso, decidió que sería esa noche la que él sabría si lo que sentía por Susan era amistad o trascendía esa barrera. Por ello, decidió seguir un plan que llevaba preparado de antemano.
-¡Uff, estoy completamente agarrotado!- dijo el chico, como quien no quiere la cosa, mientras se estiraba como un gato, y aunque Susan no se giró a verle, sabía lo que estaba haciendo. Tras eso, y con disimulo, colocó un brazo en el reposacabezas, de tal manera que abrazaba a la chica por la espalda.
Susan en ese momento ya sabía perfectamente de las intenciones del chico, pero le dejó seguir actuando, con las mejillas algo coloradas, y dejando la bolsa de patatas en su sitio. Tras eso, Susan miró hacia abajo, pero con la cabeza girada hacia el chico, quien, con suavidad, retiró parte del pelo de la chica que le impedía verle la cara. Entonces, muy poco a poco, ambos se acercaron con los ojos cerrados y la boca ligeramente entreabierta, para, finalmente, besar al otro con dulzura, o eso hubiera pasado, si sus narices no hubieran chocado.
-¡Ouch!- se quejó Patrick, mientras reía y se frotaba la punta de la nariz, así como Susan. Tras recuperar la compostura, volvieron a intentarlo, y, en esta ocasión si, sus labios se juntaron en un beso, el cual duró muy poco, apenas unos segundos, pero para ambos jóvenes, duró toda una eternidad.
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Nico se encontraba ya a la orilla del río al lado de la fábrica abandonada con yodos sus utensilios de pesca preparados para su uso: ya tenía las cañas colocadas, el sedal tenso, el cebo en el agua, una manta en el suelo para que, si sacan peces, ponerlos allí y que no se hagan daño… en resumen, el equipo pesado de pesca. En principio se iba ha hacer al lado del puente que conectaba la fábrica con el bosque de Kadic, pero allí se encontró a Jeremy, que le pidió que se alejara un poco por que allí iba a entrenar con Aelita. En compensación, Jeremy le dijo que, ya que le quita el sitio para la "cita", le ordenaría a los peces de por allí que le picaran con más facilidad, aunque Nico insistió en que no pasaba nada. Aún así, le agradeció la ayuda al rubio, y, tras desearse suerte, cada uno se fue por su lado.
-Esperemos que sea buena noche, sería muy cutre si no pica nada…- murmuró, mientras observaba el agua, bastante más clara de lo habitual, producto, supuso, de la intervención d Jeremy. En ese momento, escuchó un ruido de hojas pisándose. Tras darse la vuelta, vio allí a Marin con varias bolsas en las manos, y una más larga colgada a la espalda. Ante eso, Nico se levantó para ayudarla a poner las cosas en el suelo y a montar su propio equipo al lado de el del chico. Tras sacar las cosas, se pusieron manos a la obra para colocar las cañas y ponerles cebo.
-En este río se pescan siluros, por eso utilizo esto- le dijo, mientras le mostraba una bolsa con carne- con esta carne, los peces caen como moscas- le dijo. Marin lo vio mas de cerca- Si, además esta aromatizada, si es que huele desde aquí- río ella, mientras ponía parte de su cebo en su propia caña. Tras colocar una buena cantidad, y tras levantarse, echó la caña al agua, tras lo cual, colocó un palo con forma de Y para colocarla bien y que no se cayera. Una vez que hizo eso, vio como Nico repetía el proceso con otra de sus cañas. Se sorprendió de la gran maestría con la que lo hacía, pues el chico no tenía pinta de ser de manos ágiles, al contrario, parecía ser más un manazas que otra cosa.
-Vaya, parece que lo hayas hecho toda tu vida…- comentó ella. Nico la miró, sonriente- De hecho, llevo pescando desde los siete años, literalmente la mitad de mi vida- río, mientras seguía a lo suyo, al igual que Marin, que también reía.
Una vez que terminó, Nico colocó la caña, en total, había tres cañas preparadas para que algún incauto pez pique el anzuelo. Durante la espera, estuvieron hablando.
-Que buena noche hace, a pesar de que estemos a finales de año…- comentó Nico, mientras se sentaba. Marin asintió- Supongo que nuestros compañeros que controlan el clima están contentos, ¿no crees?- bromeó ella. Nico asintió- Si, estoy seguro de que sí- le respondió él.
Tras eso, cada uno se metió en sus pensamientos, aunque aún seguían vigilando las cañas. Durante ese lapso de tiempo, Marin no pudo evitar mirar a su compañero. No se caracterizaba por su brillantez o belleza, pero en Nico había visto una sinceridad y naturalidad que nunca había visto en nadie. Generalmente la gente actúa un poco ante los demás, aunque sea de manera inconsciente y solo cambien unos pocos aspectos del comportamiento de esa persona, es, en definitiva, una pequeña actuación. Con Nico eso no pasaba, ella podía notar que él era completamente natural, sin maquilar su comportamiento aunque fuera solo un poco. Y por eso a ella le gustaba, aunque al principio le odiara por ponerse del lado de Virio, tras su vuelta al lado de los buenos, ella descubrió su manera de ser real, para nada parecida a la que mostraba cuando luchaban contra ellos, lo cual le demostraba, además, que tenía un gran corazón. Por eso se enamoró de él. Pero su línea de pensamientos se rompió cuando escuchó el sonido de la caña moverse. Raudos, ambos fueron a coger la caña, llegando primero Marin, que rápidamente empezó a forcejear con el pez.
-¡Vamos Marin, tu puedes!- le dijo el chico, animándola, al verla luchar con toda su fuerza. Cada vez que podía recogía algo de sedal y dejaba salir otro poco para que se cansara y así que fuera más fácil sacarle del agua. Claro que con lo que no contó la chica fue con que el pez diera un fuerte tirón, haciendo que Marin perdiera el equilibrio y se metiera de lleno en el agua.
Asustado, Nico fue corriendo a sacarla del agua, aunque se sorprendió de que el agua no estuviera para nada fría, ni que tampoco mojara, aunque en aquel momento no se paró a pensar por que pasaba eso. Tras agarrarla por la cintura, la sacó del agua con cuidado para que no se hiciera mas daño pues había tragado agua , pero no estaba fría, ya que el agua estaba, gracias a Jeremy, a buena temperatura, además de que no mojaba tampoco, por lo que solo tenía el tragar agua. Aún así, Nico estaba nervioso.
-¡¿Marin, responde!?- le pedía, mientras podía su oreja en el pecho de ella para comprobar que respirara. Tras comprobar, aliviado, que así era, colocó dos de sus dedos en el cuello de ella, justo debajo de la unión entre las mandíbulas, para comprobar su pulso. Dos corazones latiendo, por lo que todo en orden. Aliviado, procedió a colocar la cabeza de ella sobre su pecho para facilitarle la respiración, y, entonces, le dio dos golpes en la espalda. Rápidamente, Marin empezó a toser y a echar algo de agua, para alivio de Nico, quien suspiró, contento. Una vez que se recuperó de eso, Marin le preguntó que fue lo que pasó, a lo que él le respondió. Tras saberlo, rápidamente abrazó al chico con efusividad por ayudarla, a lo cual el chico no se negó.
Cuando se separaron, se quedaron estáticos en el sitio, mirándose a los ojos. En ese momento, Nico deseaba con todas sus fuerzas besarla, pero le daba mucho corte hacerlo, más que nada por su reacción. La sorpresa llegó cuando ella empezó a acercarse poco a poco, haciendo que Nico temblara, pues sabía de sobra cuales eran sus intenciones, y aunque también lo deseaba, no pudo moverse nada. Cuando los labios de Marin tocaron los suyos, y como si un hechizo se hubiera roto, Nico reaccionó, y empezó a devolverle el beso a la chica, que, encantada, sonrió durante el proceso. Cuando se separaron, se quedaron embelesados mirando al otro, hasta que un mismo pensamiento llegó a su mente.
-¡LAS CAÑAS!- gritaron ambos, mientras iban corriendo a cerciorarse de que estaba todo correcto.
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Odd se encontraba esperando a Sam a la entrada del zoo de la ciudad, donde habían quedado para ver a los diversos animales que allí cuidaban. Llevaba desde hace un tiempo esperando para hacer esto con Sam, pues desde que era guardián de las bestias, Odd sabía mucho de los animales, y desde que recibió su gema hace ya varios meses, él quería ir al zoo para poder hablar con animales de todas partes del mundo. Además, estaba el plus de ir con Sam, la chica de sus sueños, la cual, a pesar de su comportamiento al principio, supo conquistarle desde el principio. Odd sonrió para sus adentros, el amor podía ser muy caprichoso a veces, como una de sus hermanas.
-Odd, ¿estas en la Tierra o en Asmara?- bromeó alguien. Al levantar la vista, Odd vio en frente suya a la chica, con una sonrisa traviesa en los labios- A, perdona, estaba pensando…- se excusó. Sam rió- Si, eso ya lo vi, ¿vamos dentro?- le preguntó, a lo que Odd asintió.
Tras entrar a la venta de entradas y pagarlas, ambos chicos se metieron por el caminito que discurría por el parque, el cual estaba lleno de gente que aprovechaba para ir allí por el buen tiempo que hacía y para ver a los animales, los cuales, por alguna razón, estaban bastante animados y juguetones aquel día. A la primera parte a la que se acercaron fue al recinto de los suricatos, unos animalillos bastante monos, parecidos a un roedor pero más estilizado de figura, de cuerpo largo, color marrón y que viven en grandes grupos. Estaban todos ellos esparcidos por su recinto, buscando comida en el suelo los mayores, y jugueteando los más pequeños.
-¡Uy que monos, míralos, Odd!- le dijo Sam, señalando a una de las crías. Esta estaba jugando con un baloncito de fútbol, subiéndose encima para intentar tumbarse encima, pero le era difícil, y constantemente se caía. Ambos rieron al ver como al final desistió de su intento y se tumbaba encima de una piedra.
-¿Por qué no me puedo subir?- se quejó el animalillo. Odd sonrió- No puedes subirte por que no tienes una base estable debajo- le contestó Odd. El animal se sorprendió- ¿Puedes hablar conmigo?- le preguntó- Contigo y con cualquier animal- le respondió. Entonces, siguiendo el consejo de Odd, el animal colocó una piedra justo al lado del balón, de tal manera que no se movía ni rodaba. Al ver que funcionaba, el animal sonrió contento, y se subió, feliz. Odd rió al ver su expresión, tras lo cual, le explicó a Sam lo ocurrido, por lo que ella también río.
Tras eso, pasaron por el recinto de muy diversos animales: elefantes, jirafas, leones, rinocerontes, osos, lobos, tigres, cebras, jaguares, delfines, koalas, panteras, bisontes… todos y cada uno de ellos haciendo vida, pero con algún problema que no podían comunicar a sus cuidadores, y que Odd tuvo que solucionar como mejor supo. Como a los tigres, que estaban debatiendo la posibilidad de usar unos troncos para poder salar hacer deporte, aunque con la ayuda de Odd decidieron que era mejor usar unas piernas que había en su recinto paraíso; o las cebras, que no eran capaces de encontrar una solución para decidir el orden para el abrevadero. Una vez que recorrieron medio parque, y como estaban algo cansados, y, tras pedir unos bocadillos en el puesto cercano, se sentaron en un banco para descansar. En realidad no estaban muy cansados, solo era una excusa para sentarse y charlar más tranquilamente. Y eso hicieron, mientras comían fueron hablando de todo un poco.
-Sabes, te tomas tu trabajo de guardián muy en serio, sabes mucho de animales- le comentó ella. Odd asintió- Bueno, siempre me gustaron los animales, supongo que me siento cómodo entre ellos, además, yo ya sabía mucho de ellos antes de ser guardián- le explicó.
Sam pensó un poco- Me pregunto que pensarían nuestros padres si supieran de nuestro cometido…-comentó ella. Odd suspiró- No sé, supongo que estarían muy preocupados por nosotros, pero que también se sentirían muy orgullosos, ¿no crees?- le sugirió él. Ella asintió, sonriente- Supongo que sí…- dijo ella.
Se quedaron allí sentados un rato más, mucho más tarde de que hubieran acabado los bocadillos que compraron antes. Durante ese tiempo, ambos estuvieron pensando en muchas cosas, pero una primaba sobre las demás: decirle al otro lo que sentían. Precisamente Sam estaba ya debatiendo el como decírselo. No sabía si debía ser directa o tantear primero un poco el terreno, era la primera vez que lo hacía y estaba bastante nerviosa.
-Oye Odd…- le comentó ella. Este s giró al verla- Bueno… yo…- desde ese momento, Sam maldijo a todo lo maldecible. Durante los siguientes diez minutos solo le salían incoherencias de la boca, nada tenía sentido, y Odd la miraba cada vez más extrañado, sin entender muy bien que era lo que le quería decir. Llegó un momento en el que la chica ya no sabía muy bien que más decir.
-Sam, ¿Qué me estás intentando decir?- le preguntó. Sam estaba que se daría de cabezazos contra la pared- ¡Lo que estoy intentado decirte es que te quiero!- soltó ella, de repente, sin controlar la fuerza con la que lo decía. Cuando se dio cuenta de lo que hizo, se llevó las manos a la boca, completamente avergonzada, mientras veía a Odd mirarla completamente rojo también. Entonces, Odd se le acercó rápidamente, y, tras poner una mano en su espalda, se la acercó, tras lo cual la besó. Ella estaba bastante confusa, pero supo reaccionar a tiempo, devolviendo el beso con idéntica fuerza, peo, sobre todo dulzura.
-Siempre te quise decir eso…- comentó ella, tras separarse- Yo también te quiero, Sam, y siempre lo haré…- le dijo él, mientras le besaba la frente a la chica. Esta se sonrojó fuertemente.
Entonces, oyeron unos aplausos. Extrañados, se dieron cuenta de que no estaban solos, y que la gente de por allí aplaudía su unión, algunos hasta silbaban. Eso hizo que ambo se pusieran más sonrojados aún, mientras se reían con ganas, tras lo cual, la multitud volvió a lo suyo. Tras eso, ambos, animados, se levantaron, y, cogidos de la mano, prosiguieron con su vuelta por el zoo.
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Herb esperaba a Sissi a la entrada del edificio en el que los padres de la chica vivía. Habían ido allí para buscar algo que necesitaba Sissi para poder hacer el encargo de las reporteras de la academia. Era de altura normal , puede que de nueve plantas, con la fachada pintada de color blanco y grafittis de diversos colores en la parte de abajo, alguno de mal gusto como eran la firma de alguno de los que hicieron las pintadas, y otros mucho más elaborados que servían como una excelente decoración para el edificio. Mientras veía los grafittis, un flash le iluminó de repente, provocando que mirara al lado, viendo así a Sissi, sonriente, mientras miraba la pantalla de su cámara fotográfica, una de aspecto profesional, la cual llevaba colgada al cuello por una cinta, y, en la cintura, la funda de la cámara. Ella le saludó.
-¿Qué tal, Herb?- le saludó- Con chiribitas en los ojos por el flash de la cámara, pero por lo demás bien- bromeó Herb. Sissi rió- Venga, tenemos que ir hasta el mueso de la ciudad ha hacer las fotos- le dijo ella. El chico asintió, mientras se ponía a su altura y se ponían a hablar.
-¿Y que es lo que tienes que hacer exactamente?- le preguntó- Tengo que fotografiar varias cosas del museo y después una cosa especial…- le dijo ella, mientras metía la cámara de nuevo en su sitio. Herb solo se encogió de hombros, supuso que ya sabría que era esa cosa especial que tenía que fotografiar la chica.
-¿Y de que es la exposición?-le preguntó el chico- Sobre cultura griega, además, según parece, como tienen que hacer un trabajo sobre el tema para historia, matan dos pájaros de un tiro- le explicó ella. Herb asintió, comprendiendo.
Tras un corto paseo, ambos adolescentes llegaron hasta el museo. Tras pasar la entrada, llegaron a la primera sala de la exposición, donde había diversas estatuas de dioses y héroes. Mientras Sissi fotografiaba las estatuas y apuntaba los nombres de cada una, Herb observaba también las diversas estatuas que había por la sala. Algunas de ellas tenían partes rotas, como los brazos o parte de la cara, pero todas ellas estaban, en general, bastante bien conservadas. Junto a las estatuas, además del nombre del dios o del héroe que representaba, aparecía también información del mismo, así como algún que otro mito en el que el dios aparecía. Mientras las miraba, se dio cuenta de que algunos de esos dioses tenían en sus muñecas lo que parecían brazaletes. Sonrió por eso, seguramente aquellas estatuas estaban basadas en sus predecesores. Su línea de pensamientos se cortó cuando Sissi le tocó el hombro.
-Venga, vamos a la siguiente sala- le pidió. Herb asintió- ¿Hiciste muchas fotos?- le preguntó. Sissi sonrió- Desde luego, tengo que darles muchas fotos a las chicas. Además, también quiero guardarme algunas de ellas- le dijo. Herb simplemente la acompañó hasta la siguiente sala, mientras miraba por encima alguna de las fotos que ella había hecho.
Durante los siguientes 45 minutos, ambos estuvieron dando vueltas por el museo, mirando cada estatua u mosaico con detenimiento, y cogiendo información de lo que iban viendo. Llegó un momento en el que llegaron a la conclusión de que era mejor usar un cuaderno para recabar la información, y, por suerte, Sissi llevaba un bloc de notas y un bolígrafo para poder apuntar cosas. Mientras ella seguía haciendo fotos, Herb se ofreció a recabar la información que aparecía al lado de las estatuas. Tras cogerla toda, Herb reencontró con Sissi de nuevo a la salida.
-¡Muchas gracias, Herby!-le dijo. El chico se sonrojó- ¿Y ese mote?- le preguntó. Ella le miró triste- ¿No te gusta?- le preguntó. Herb negó- No, si me gusta, pero no se, es extraño…- le comentó. Ella entonces rió- ¡A bueno, entonces nada!- rió ella. Mientras caminaban por la calle, Herb se acordó.
-Por cierto, ¿Qué era lo otro que querías fotografiar?- le preguntó. Sissi sonrió- Tenemos que ir a una zona un poco alejada, con menos iluminación- le dijo. Herb se extrañó, pero igualmente la acompañó.
Entonces, tras ir por una zona donde no pasaba nadie, Sissi abrió un portal, por el cual se metió, acompañada de Herb. Después de que ambos pasaran, el portal se cerró, abriéndose en una zona con algún que otro árbol. Al salir ambos, Herb notó que apenas había luz, y que estaban en lo que parecía un descampado. Curioso, le preguntó a Sissi- ¿Dónde estamos?- le preguntó.
Sissi se giró para verle- Estamos en un parque al lado del campus de la ciudad- le respondió. Herb entonces recoció el sitio gracias a esa información, pero aún había una pregunta sin respuesta. Iba a formularla cuando vio a Sissi fotografiando algo que estaba hacia arriba. Curioso, Herb se le acercó y levantó la vista para ver que era lo que Sissi fotografiaba. En ese momento, Herb se quedó impresionado con la visión del cielo, a rebosar de estrellas y reluciente, sin ninguna duda, una de las visiones más bellas que jamás había visto.
-Guau…- comentó el- ¿Verdad que sí? El cielo nocturno en todo su esplendor, Marin hoy debe estar contenta- río ella por eso último.
Herb la acompaño en la risa- Si, seguramente, la vista es preciosa- le comentó. Sissi entonce guardó la cámara en su funda y se sentó a observar las estrellas. Herb la imitó.
-Mira, allí está Capricornio…- le dijo el chico de repente, señalando a la constelación. Ella siguió con su mirada el dedo del chico- Y por allí la Osa Mayor, y a su lado, la Menor- siguió el chico, señalando a las estrellas.
Sissi estaba impresionada, ella solo veía un montón de puntitos sin poder diferenciar unas de otras, en cambio, de las reconocía todas- Vaya, sabes mucho Herb- le dijo ella.
Herb se pasó la mano por la nuca- siempre me gustó mucho la astronomía, me parece muy curiosa- le dijo él. Ella le miró- Vaya, si que es un gusto curioso…- murmuró ella.
-Me viene desde pequeño, mi padre cada fin de semana me llevaba a ver las estrellas a un campo cercano. Hacía mucho tiempo que no veía un cielo tan despejad como este…- comentó.
En ese momento, ambos se quedaron callados, mientras observaban el cielo estrellado, y, de manera inconsciente, ella acabó apoyando su cabeza en el hombro de él, y este apoyándose sobre la cabeza de la chica. Entonces, Herb suspiró, haciendo que Sissi le mirara.
-Sabes Sissi…- empezó- Este cielo me recuerda a ti- le comentó. Ella le miró, expectante- Por que nuca había visto antes una cosa tan bella- murmuró, rojo de vergüenza, y ella también, por el piropo.
-Gracias…- dijo ella- Tu tampoco estás nada mal…- dijo, en casi un susurro, pero que Herb escuchó perfectamente.
-Seré directa Herb- dijo ella, d repente, haciendo que Odd se asustara- ¿Yo te gusto?- le preguntó. Herb se puso más nervioso, pero asintió- Si, Sissi- le respondió.
Entonces, sin decir nada más, ella le besó profundamente en apenas un parpadeo. Herb al principio no supo reaccionar, pero al sentir la lengua de ella queriendo entrar en su boca, reaccionó y le devolvió el beso. Así estuvieron unos segundos, hasta que la imperiosa necesidad de aire les separó, jadeantes.
-Sissi…- murmuró él. Ella le miró- ¿Quieres ser mi novia?- le preguntó. Ella asintió, mientras daba palmadas, contenta como si fuera una niña recibiendo un caramelo, a lo que Herb solo pudo reír por su reacción
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¡Al fin de vuelta, chicos! Siento infinitamente la tardanza, pero es lo que tiene la universidad, con trabajos por todos lados, pero al menos no es tanto como los de magisterio, esos hacen un trabajo mínimo por semana ^^U. En fin, este capítulo está especialmente dedicado a todos aquellos que, con sus reviews, hacen que me den ganas de escribir este fic, muchas gracias a los 108, de verdad, sois geniales! Especial dedicación a Alejito480, TsukihimePrincess y a DarkClaw1997 por su empeño y dedicación al mandarme siempre review y, en ocasiones, a ayudarme ha hacer las cosas, y, por supuesto, a todos los anónimos que me mandáis. Y como olvidarme de aquellos que, aún no dejando review, siguen mi historia cada vez que subo. A todos vosotros… GRACIAS DE CORAZÓN! Un último apunte, para aquellos que se lo pregunten, lo confirmo: cuando acabe guardianes, seguiré dándolo todo con su continuación en colaboración con Dark, que será, os lo aseguro, ÉPICA. Y hasta aquí puedo leer o mejor dicho escribir para no romperos la sorpresa. Por cierto, leed sus historias, son muy buenas, aunque no muy valoradas, por desgracia.
(1) El rey sol era Luis XIV de Francia, se le puede considerar el monárca absoluto por antonomasia, y una de las principales figuras de poder de su época.
(2)La Sembradora aparece en las monedas francesas de 10, 20 y 50 cents. y fue creada por el señor Oscar Roty en principio para una medalla, pero no llegó a usarse hasta ahora por la polémica que generó.
(3)Creo que es obvia la marca aquí representada, la verdad…
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who
