El discurso de siempre :P Nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la autora de la historia es MissWinkles, yo solo traduzco.

Muchas gracias a mi querida amiga y Beta Erica, por seguir acompañándome en este nuevo año que inicia.


Treinta y cinco


"Bueno, tendré que encontrar mi pasaporte…"

"Entonces…" Se me queda viendo por un momento, el helado aire nocturno levantándose a nuestro alrededor. "¿Vienes conmigo?"

Meto el cabello detrás de mis orejas con mis manos que tiemblan por el frío y la adrenalina que está corriendo por mis venas.

Mi voz suena temblorosa, pero entre más tiempo paso ahí parada la idea se afianza más en mi mente. "Sí… sip. Voy a ir a Río."

Edward cruza el espacio entre nosotros en dos largas zancadas, entrelazando sus dedos con los míos y tirando de mí detrás de él al dirigirse directamente hacia la casa. "Entonces, será mejor que nos apresuremos. El vuelo sale en unas cuantas horas."

A su favor, él está relativamente calmado mientras me ayuda a empacar, pero cuando me pregunta por décima vez si estoy segura, estoy casi lista para matarlo a golpes con mi pasaporte. El hecho es que si no me voy ahora me arrepentiré en el minuto que se vaya sin mí. Y esta vez no se lo voy a permitir. No otra vez.

Empaco en tiempo récord, me pongo algo cómodo y estoy lista para partir, cuando me doy cuenta que olvido algo importante.

Cinco minutos más tarde Rosalie está despierta y fuera de la cama, viéndose desaliñada pero alerta.

"¡Rosie!" Grito, impaciente y más que un poco nerviosa de que vayamos a perder el vuelo. "¡Entra en el coche!"

Con el cabello todavía desordenado por el sueño, se mueve nerviosa en su recámara, con su pasaporte en una mano y su bolso en la otra. "No puedo solo irme," dice, mirándome desde el otro lado de la habitación, con los ojos amplios. "No puedo solo irme… ¿o sí?"

"Sí," digo, todavía metiendo cosas en su maleta. "Así que, concéntrate y vámonos."

Todavía está en pijamas pero tiene bien puestas sus botas ugg y sus maletas están empacadas y, que Dios me ayude si tengo que meterla en la van yo misma, lo haré.

El sonido de la bocina del coche atraviesa la noche una vez más – Edward se está impacientando. "¡Ven, Rosie, vámonos!" Le trueno mis dedos. "¡Apúrate!"

Pero no se mueve. "No puedo," dice, sacudiendo su cabeza, viendo como trato desesperadamente de cerrar su atiborrada maleta. "No puedo simplemente dejar a mi hermano y mi trabajo y a mi familia y… de hecho, a la mierda mi hermano. Pero no puedo simplemente irme a Río." Se detiene, sus ojos moviéndose rápidamente por la habitación. "¿O sí?"

Todavía vibrando por la adrenalina, la agarro por los hombros y la sacudo con fuerza. "Si no lo haces—" Sigo sacudiéndola "—te arrepentirás. Es ahora o nunca. La vida es demasiado corta. Toma el toro por los cuernos y toda esa mierda. Solo entra al maldito coche."

Con las mejillas sonrojadas y su cabello rubio cayendo de su cola de caballo hacia su rostro, Rosalie me devuelve la mirada. "¿Cuándo te hiciste tan sabia?"

Le echo un vistazo a mi muñeca desnuda, haciendo una mueca al darme cuenta que había olvidado mi reloj. "Como hace media hora."

El sonido de fuertes pasos hacen eco por el pasillo justo cuando Rose mete su pasaporte en su bolsa de mano y poco después Edward aparece en la puerta viéndose tan nervioso como nosotras dos. "Lo siento, damas," dice, acercándose para besarme rápidamente y darme unas palmaditas en el trasero. "Es hora de irnos."

Y con eso, agarra las caderas de Rosie con sus manos, la arroja sobre su hombro, y partimos.


Después de dos largos días de viaje ininterrumpido, aterrizamos en Galeão Internacional justo al salir el sol, un día antes del inicio del Billabong Río Pro. Estoy cansada y malhumorada, mi cuello está rígido por tratar de dormir en el avión, y Edward no deja de sonreírme. Estoy haciendo todo lo que puedo por devolverle su entusiasmo, pero la emoción de estar en un país nuevo desapareció en alguna parte entre una escala de ocho horas en Dubai y luego un vuelo de trece horas junto a Rosie, que ronca como un tren de carga. Hago lo que puedo por verme feliz, pero estoy sucia y cansada, y para ser honestos… estoy jodidamente preocupada.

Rose no ha dicho una palabra en las últimas horas, y mientras caminamos de prisa por la terminal la tensión sale prácticamente a oleadas de ella. No estoy segura si es porque está tan fastidiada como nosotros y a punto de un ataque de histeria, o si está preocupada por sorprender a Emmett. De cualquier forma ha sido una perra cascarrabias en las últimas horas, de modo que entre más callada esté mejor.

Agarrando mi pasaporte en una mano y la mano de Edward con la otra, pasamos por la aduana, sin duda con apariencia soñolienta y arrugada. Una vez que pasamos, Edward se queda en el reclamo de equipaje esperando nuestras maletas mientras Rosie y yo buscamos un baño para refrescarnos.

Después de casi quedarme dormida en el inodoro, lavo mis manos y salpico algo de agua en mi rostro. Cuarenta y ocho horas viajando no me ha hecho ningún favor; mi piel está manchada y seca, y combinado con las bolsas debajo de mis ojos y el pelo lacio y desordenado, parezco una adicta a las metanfetaminas. Paso los dedos por mi enredado cabello antes de recogerlo encima de mi cabeza con una liga. Mis dientes están sucios y estoy muy segura que tengo un desagradable aliento matutino, pero ya que tenía mucha prisa como para pensar en empacar un cepillo de dientes en mi maleta de mano, tengo que conformarme con un chicle y una cepillada rápida con el dedo.

"Mierda," susurra Rosie junto a mí, mirando a nuestros ojerosos reflejos en el espejo. "Estamos en Brasil."

Mi piel hormiguea por la emoción y le sonrío, pero por ahora es todo lo que puedo evocar. "Demonios sí, aquí estamos," digo asintiendo. Solo tengo energía para arrojar un brazo por encima de su hombro al salir del baño, pero aun así, el saber que alguien más está pasando lo mismo que yo es reconfortante – sobre todo cuando esa persona es mi mejor amiga.

El aeropuerto está concurrido. Casi me derriba una mujer y su maleta rodante, y dos veces tenemos que volver por dónde vinimos cuando Rose se da cuenta que en alguna parte dimos la vuelta equivocada. Finalmente, veo a Edward a través de la terminal. Nuestras maletas están a sus pies y hay tres o cuatro adolescentes frente a él, todo un desastre de sonrisas nerviosas mientras le ofrecen gorras y camisetas para que las firme. Agarro la mano de Rose y la meto en un puesto de revistas cercano, dándole a él algo de espacio.

Incluso a la distancia puedo ver el cansancio irradiando de él, sin embargo, sonríe para las fotos y charla alegremente con el grupo de jovencitos. Conciliar a este chico con el que vi enseñando a nadar a un montón peques regordetes es surreal; parecen dos personas diferentes de mundos diferentes.

Pretendiendo hojear una revista, me inunda una repentina oleada de incertidumbre cuando subo la mirada para observar a Edward interactuar con sus fans. De pronto, no puedo evitar preguntarme si puedo adaptarme a su mundo. Si estoy hecha para ser parte de algo tan diferente, tan nuevo, tan inmensamente contrario a lo que estoy acostumbrada. Mis manos tiemblan, y siento que fue una mala idea consumir el sospechoso desayuno del avión cuando se revuelve en mi estómago.

Inhalo una respiración profunda. La sostengo. La sostengo hasta que mis pulmones duelen y los nervios se disipan un poco. Dejo salir el aire lentamente, imaginando todas mis preocupaciones escapando poco a poco por entre mis labios, evaporándose en el aire a mi alrededor. Enderezándome, echo mis hombros hacia atrás.

No más miedos.

No más 'y sí'.

No más aferrarme a ideas de lo que mi vida "debería" de ser.

No solo tengo que tener confianza en Edward para que me ayude a hacerme camino en este nuevo mundo, tengo que tener confianza en mí misma. Tengo que dejar ir el miedo y aceptar el hecho de que, por ahora, mi vida no está planeada u organizada, mi futuro no está escrito. Quién sabe dónde podría conducir esto.

"Tranquila, Bella," susurro bajo mi aliento. "Tú puedes con esto."

Con Rose una vez más a mi lado, me dirijo hacia él justo cuando el último niño se marcha, agarrando la camiseta firmada entre sus manos. Edward me ve casi de inmediato, y no importa lo desaliñada que creo que me veo, el desastre que creo que soy, la forma en que él me mira provoca que se relaje cada uno de los músculos de mi cuerpo, y esa sensación de opresión en mi pecho desaparece. Viéndolo mirándome, sé en lo más profundo de mí que esto es lo correcto.

"¿Estás bien?" Pregunta, estirando su mano para tomar la mía.

Asiento. "Sí, estoy bien."

Un coche está esperándonos afuera, y la sensación del aire del clima caliente en mi piel es suficiente para provocar una pequeña oleada de emoción dentro de mí. Unos minutos más tarde nos meten en el asiento trasero y recorremos la ciudad, observando pasar rápidamente el color y las maravillas de Río de Janeiro.

El ambiente dentro del coche es callado. Rosie todavía está nerviosa, y Edward está molido, y cansada o no, todavía no puedo creer que estoy viajando en la parte trasera de un coche privado por las calles de Río. La pobrecita de mí, Bella, una chica de campo convertida en vagabunda de playa. Es más que surreal.

Cuando llegamos al hotel en que los chicos se han estado quedando, es como si la tensión de Rosie aumentara un poco más. Incluso Edward lo nota.

"¿Quieres dejar a un lado los nervios?" Le dice en voz baja, sacando nuestras maletas del maletero del coche. "Va a estar muy emocionado."

"¿Eso crees?" Dice Rose, y resisto el impulso de sacudirla de nuevo. Una vez probablemente es suficiente. "¿Y si se pone como loco y no me quiere aquí? ¿Y sí-"

Edward pone sus ojos en blanco, su límite de mujeres emocionales al máximo. "Por supuesto que te quiere aquí. Si no creyera que ibas a decir que no, te hubiese invitado hace siglos."

"¿En serio?"

Edward suspira, tomando mi mano en la suya. "En serio. Ahora te aguantas, princesa. No soporté tus ronquidos por catorce horas solo para te des la vuelta y vuelvas a casa."

Seguro que Edward no se anda con rodeos. Y, en serio, era lo que Rosie necesitaba escuchar. La veo enderezar sus hombros y levantar la cabeza, la Rosie Hale que conozco y quiero resurgiendo al arreglar su cola de caballo y recoger su mochila.

Y por azares del destino, al final no hubo tiempo para los nervios. Ya que al pasar por las puertas principales del hotel, Emmett aparece del grupo de ascensores a nuestra izquierda. Se para en seco, sus ojos girando de mí a Rosie a Edward y de regreso.

"Mira lo que me encontré el duty-free," bromea Edward, haciendo un gesto con su cabeza hacia nosotras dos.

El color ruboriza las mejillas de Rosie, y prácticamente puedo ver los restos de su ansiedad evaporarse de su cuerpo. "Hola," dice en voz baja.

El ruido de las sandalias de Emmett contra sus pies hace eco en el lobby del hotel cuando se acerca a zancadas. Lo veo con una sonrisa cuando sus musculosos brazos rodean a Rose con fuerza, levantándola del suelo mientras ella se aferra a él, y él a ella. Puedo escucharla susurrándole suavemente, sus dedos enredados en la tela de su camiseta.

Un momento después, Emmett levanta su cabeza del hombro de Rosie, sus ojos azules mirando a Edward. "Gracias, hermano," dice en voz baja, sus ojos llenos de gratitud.

Edward se encoje de hombros, su boca elevándose un poco, con sus ojos mirando hacia abajo. "Todo bien."

Nos quedamos a un lado por un momento, dejando que Rosie y Emmett tengan su momento, pero cuando es claro que en realidad no queremos estar ahí para verlos manosearse, agarró a Edward con una mano y mi maleta con la otra. "Los dejaremos solos."

Justo cuando nos estamos dando la vuelta, Emmett llama a Edward. "Oye, tal vez quieras llamar a Marcus. Está que echa chispas porque te fuiste."

Con un gemido, Edward asiente, sus ojos cayendo un poco. "Sí. Lo haré."

Supongo que Marcus, el mánager de equipo de Edward, está menos que impresionado por su acto de desaparición. Me siento mal casi por un minuto, pero luego recuerdo que Edward voló a través del mundo solo para verme, y la culpa se evapora. El viaje en el ascensor al cuarto de Edward, posiblemente es el más largo viaje de mi vida. Se pasa todo el tiempo mirándome, y sonriendo. Diría que me estoy hartando, pero es una total mentira. Su sonrisa, y la forma en que sus ojos azules merodean por mi cuerpo, poseen promesas de cosas que hacen que mi corazón se acelere y mi piel se sonroje. Además, nunca me cansaré de esa sonrisa, o cualquier encarnación de la misma que me dio ese primer día en la playa. Nunca.

Somos un lío de manos y besos incluso antes de que Edward tenga la oportunidad de cerrar la puerta de su habitación de hotel. "No puedo creer que estés aquí," dice, cuando dejo caer mi mochila a mis pies.

Retrocedo hasta que mis piernas topan con la cama, viendo cómo se quita los zapatos y tira de su camiseta por encima de su cabeza, todo el tiempo sonriéndome. Me dejo caer en la cama y todo lo que puedo hacer es sonreírle en respuesta mientras me quitó rápidamente mi camiseta y mis jeans. Edward sube a la cama junto a mí, luego se inclina sobre mí y me besa lentamente, como si tuviera todo el tiempo en el mundo para hacerlo. Su piel está caliente, y aunque los dos necesitamos una ducha, todo lo que deseo es a él.

La cama es suave, con enormes y esponjadas almohadas y sábanas suaves y limpias, y después de pasar los últimos dos días durmiendo sentada, se siente como el cielo. Mi cuerpo se relaja y suspiro mientras Edward pasa su mano caliente por mi estómago, con sus dedos rozando la parte superior de mi ropa interior.

Mi piel todavía hormiguea, enardecida por sus caricias, y no puedo evitar que mis ojos se cierren, preguntándome si alguna vez desaparecerá la sensación, con la esperanza de que no sea así.


Lo que siento como un momento después, abro mis ojos cuando siento que se hunde la cama. Un poco desorientada y confundida, siento las piernas de Edward acurrucarse a las mías por detrás, sus brazos rodeando mi cintura.

"No puedo creer que sigas dormida," dice en voz baja, su cálido aliento haciendo cosquillas en la piel debajo de mi oreja cuando mete su rostro en la curva de mi cuello. Lo escucho inhalar, y siento sus brazos apretarse a mi alrededor.

¿Dormida?

"¿Me quedé dormida?" Mi boca está seca como el algodón y mi voz suena ronca.

Siento sus labios curvearse en una sonrisa contra la parte de atrás de mi cuello. "Sip."

"Y no hicimos…"

"Nop."

"¿Qué hora es?" Pregunto, enroscando mis piernas alrededor de las suyas hasta que estamos pegados como cucharas.

"Como las tres de la tarde."

"¿Qué?" Me alejo de los brazos de Edward, y parpadeo para alejar el sueño de mis ojos.

Se rueda sobre su espalda, metiendo las manos por debajo de su cabeza cuando me incorporo. "Sí. Estuviste dormida casi todo el día."

Mi cabeza se siente vacía, como si me hubieran zarandeado en una secadora, dejándome desorientada. Supongo que toda la excitación me estaba pasando factura. Mirando a Edward por encima de mi hombro, frunzo el ceño cuando me doy cuenta que ha estado levantado y haciendo cosas mientras yo estaba dormida.

"¿Fuiste a surfear?"

Edward asiente, alcanzando su teléfono. "Hice un par de rondas. Vi a Marcus."

"¿Oh, sí? ¿Cómo te fue con eso?"

Edward hizo una mueca. "Se cabreó. Amenazó con echarme del tour."

Me siento derecha, con los ojos amplios. "¿Qué?"

De alguna forma, Edward sonríe. "Na, lo dice todo el tiempo. Nunca me echaría del tour."

El ritmo de mi corazón se estabiliza, y mis músculos se relajan. "Oh. Excelente."

"Aunque, tengo que estar en el gimnasio a las cuatro treinta de la mañana durante la siguiente semana." Esta vez los dos hacemos una mueca.

Por más que quiera estar despierta para salir y hacer cosas, el ver a Edward, medio vestido, con su piel bronceada contrastando con las sábanas blancas, me hace querer volver a meterme y nunca volver a salir. Como si sintiera mi cambio de humor, Edward arroja su teléfono a un lado cuando me vuelvo a meter debajo de las sábanas, encontrando su piel caliente con la mía.

"Pensé que te ibas a levantar," dijo, deslizando sus manos alrededor de mis caderas antes de ponerme encima de él.

Descansando mis manos a un lado de su cabeza, le sonrío. "Lo estaba pensando."

Todavía no he asimilado que él está aquí. O que yo estoy aquí con él – en Río. Tengo que seguir recordándome que no se va a ir cuando llegue el amanecer. Bueno, sí – esa necesitada perra azul todavía tiene sus garras enterradas muy dentro de él – pero sé muy bien que él volverá. Por primera vez en siglos, me tomo un momento para mirarlo de verdad. La forma en que las puntas de su cabello se han aclarado con el perpetuo sol de verano, dejándolo del color de la miel. La ligera barba oscura en la línea de su mandíbula. El hueco en la curva de su hombro donde mi cabeza cabe muy bien. Es tan perfecto, que apenas puedo soportarlo.

Moviéndome despacio, me inclino hacia adelante, presionando mis labios en la pequeña constelación de pecas en su esternón. Sonrío cuando el aroma y el sabor de su piel golpean mis sentidos. Me asombra que no importa cuánto tiempo pase él en la ducha, no importa cuánto tiempo pase entre una surfeada y otra, él siempre tendrá el sabor a playa para mí; como calor de verano y océano salado, con un toque de Sex Wax de coco.

Me sigo deslizando aún más bajo las sábanas y continúo dejando un sendero de besos hasta que estoy lo bastante cerca para tomarlo en mi boca. Cuando giro mi lengua alrededor de la cabeza, su estómago se flexiona, y siento que sus caderas se mueven ligeramente debajo de mis manos. Cuando lo tomo más profundo hasta la parte de atrás de mi garganta, la clave indicadora de mi propia excitación empieza a arder en lo más profundo de mi vientre, una excitación que solo se enciende más cuando Edward gime bajito.

"No es que me esté quejando," dice un minuto o algo así después, levantando la sábana para poder mirarme con sus ojos azules y párpados pesados, "Pero si sigues así voy a – oh, joder – probablemente me voy a correr en tu boca."

Soltándolo por un momento, descanso mi cabeza en su muslo y le sonrío. Sus caderas se flexionan y su pecho se eleva con su respiración entrecortada cuando lo tomo con mi mano. "¿Qué te parece si dejas que yo me preocupe por eso?"

Sonríe, encogiéndose un poco de hombros. "Solo estoy tratando de ser un caballero."


Aunque mi piel está húmeda por el sudor por estar envueltos él uno con el otro, me acurruco más, sintiendo esa oleada de emoción cuando recuerdo dónde estoy. "Si pudieras hacer lo que sea en este momento, ¿qué sería?"

Medio dormido, Edward gira su cabeza hacia un lado, una expresión adormilada pero satisfecha pegada en sus rasgos. "¿Te refieres a algo más que una repetición de la última hora?"

Pongo mis ojos en blanco. "Obviamente."

Se queda mirando al techo por un minuto, tarareando mientras sus dedos rascan distraídamente su pecho hacia arriba y hacia abajo.

"De acuerdo," interrumpo, apoyando mi cabeza en mi mano de manera que pueda verlo. "Diferente pregunta: ¿cuál es tu día absolutamente perfecto?"

Una sonrisa serena se abre paso en su rostro y su mano se detiene a medio rascar.

"Una playa desierta en alguna parte," dice. "Un par de tablas, una playa llena de olas de casi dos metros que golpeen todo el día, sin estrés, sin cámaras, sin relojes—"

"¿Sin novia?"

Gira su cabeza hacia un lado y me mira como si fuera una estúpida. "Difícilmente sería un día perfecto sin ti, ¿no crees?"

Dejando caer mi cabeza en su hombro, suspiro mientras suaves dedos se desvían lentamente por la inclinación de mi espalda. "Suena perfecto."


Despierto media hora después y, determinada a no quedarme dormida otra vez, me levanto y salgo de la cama.

Edward bosteza. "¿Quieres ir por algo de té u otra cosa? Estoy hambriento."

Abro mi boca para responder, pero mi estómago me gana.

Edward arroja sus piernas a un costado de la cama. "Tomaré eso como un sí."

Después de una ducha rápida, me echo encima un vestido sin mangas y me pongo unas sandalias. Me esponjo un poco el cabello, tratando de que se acomode, y luego me pongo también algo de brillo de labios. Justo cuando estoy por terminar, decido ponerme algo de rímel y perfume también. Edward, por otro lado, se cambia una camiseta por otra y se sienta en la cama, esperando a que termine.

Afuera, el sol está empezando a ocultarse, proyectando en la costa una bruma de vivos colores rosa y naranja. Caminamos de la mano pasando junto a centros turísticos en la playa con restaurantes exóticos y cafés al aire libre. Seguimos caminando hasta que encontramos algo pequeño y lleno de locales. Edward reconoce a algunas personas al entrar—un surfista francés y su esposa; un par de surfistas americanos y sus equipos – pero en lugar de socializar, nos escabullimos a una esquina y pasamos la noche comiendo lo que sea que el camarero ponga enfrente de nosotros. Empanada. Feijoada. Algo con carne picada y especias que hace arder mi boca y que mis labios hormigueen. Para las nueve treinta estoy algo alegre por la Cachaça (1) y cerveza fría, mi piel está sonrojada, y mi cuello está mojado por la húmedad.

"¿Vas a ir a Fiyi conmigo la semana próxima?" Pregunta Edward, terminado con lo que queda de pan.

Me echo a reír, sintiéndome con las mis mejillas rosas y confundida por todo el alcohol. "Probablemente."

Edward me da una sonrisa grande y trasparente, con ojos relucientes y dientes perfectos. "¿Sí?"

"Sí," digo, sorprendiéndome un poco yo misma por mi respuesta. "Tal vez también a California."

Sus ojos se abren y se sienta un poco hacia adelante. "¿En serio?"

"¡En serio!" Respondo con una carcajada. "Me prometiste ir a Disneylandia, ¿recuerdas?"

Sonriendo, Edward baja la vista, viendo su dedo dibujar una línea en las boronas sobre el mantel. "Lo recuerdo." Y entonces se queda callado, mirando fijamente al mantel.

"¿Estás bien?" Pregunto, inclinando un poco mi cabeza, contemplando el repentino silencio de Edward.

"¿Edward?"

Al fin, levanta la cabeza, sus ojos azul grisáceo llenos con algo tan feroz que hace que me dé un vuelco el corazón y mi cabeza de vueltas. "¿Por qué cambiaste de opinión?"

A nuestro alrededor, el sonido del restaurante se eleva, y de pronto, el alcohol girando en mi cabeza me hace sentir inquieta, como si no pudiera precisar un pensamiento apropiadamente. "Supongo que…" Me enderezo en mi asiento, moviéndome nerviosa, jugueteando con el dobladillo de mi vestido. Me trago los nervios y trato de pensar a pesar de la bruma en mi cerebro que tiende a aparecer cuando las cosas se ponen un poco difíciles.

"Siempre he tenido miedo de dejarme llevar," le digo, bajando la vista a mis manos en mi regazo. "De deambular por la vida y terminar en alguna parte donde no quiero estar. Supongo que acabo de darme cuenta que donde quiero estar es contigo – donde sea que estés."

Edward se quita la gorra de su cabeza y pasa una mano por su cabello un par de veces antes de volvérsela a poner, todo el tiempo callado. "¿Y qué pasa si sigo compitiendo? Vas a venir conmigo o…"

"Bueno… por ahora, sí. Me refiero a que, después de todo lo que pasó con Embry y su cáncer—" La expresión de Edward se frunce casi imperceptiblemente "—sabes lo corta que es la vida. Lo rápido que las cosas pueden cambiar." Mi cabeza se aclara cuando siento que todo encaja, mi propia comprensión de las decisiones que he tomado, tomando forma en mi corazón. "No estoy diciendo que vaya a seguirte para siempre, pero en este momento no puedo imaginarme sentada en casa mientras tú viajas por el mundo. Dejarte ir de nuevo sería…" Mi respiración se detiene por un momento al mismo tiempo que algo en mi pecho se retuerce dolorosamente. "No podría hacerlo."

"Sí, pero…" Las mejillas de Edward se sonrojan un poco, y frunce el ceño. "No tendrías por qué esperarme, Bella. No soy tan pendejo. Entiendo que esto –" hace un gesto hacia el restaurante a su alrededor "—no es lo que toda chica quiere: hoteles y autobuses de turismo, meses lejos de casa y lidiando con mi mierda pretenciosa todo el tiempo. ¿Qué hay de lo que tú deseas?"

Suspirando, muevo mi silla alrededor de la mesa hasta que estoy justo a un lado de él. "Sé que otras chicas no querrían esto, no sé si te das cuenta pero—no soy como otras chicas. Soy tu chica. Y lo que quiero es a ti, y todo lo que viene contigo."

"Incluso si significa—"

"Incluso si significa seguirte desde aquí a Dios sabe dónde y de vuelta, Edward. Lo haría en un instante. Y no va a ser fácil—vas a tener que ayudarme a lidiar con mis inseguridades y mi incapacidad apabullante para tomar decisiones. Vas a tener que dejar que me queje y lloriquee cuando esté cansada de surfear y por el jetlag (2), y probablemente vas a tener que ayudarme a comprarme una maldita tabla decente para que no me quede todo el tiempo en la playa. Pero te seguiré a dónde sea que vayas, porque te amo y quiero estar contigo. Eso es todo. Ya no puedo echarme para atrás."

Me siento derecha en mi silla, mi espalda rígida, sosteniendo mi cabeza en alto mientras mis nervios se retuercen en mi interior. Espero a que diga algo. Ignorando a los invitados en torno a nosotros, Edward se inclina hacia el frente despacio para darme un beso que me deja sin aliento y deseosa, el tipo de beso que me calienta desde el interior, calmando mis nervios y mi acelerado corazón hasta que estoy segura que deja de latir por completo.

"Te amo," susurra, su boca tan cerca de la mía que siento el calor de sus palabras en mis labios. Estira su mano por debajo de la mesa para entrelazar sus dedos con los míos. "Gracias por venir conmigo. No te arrepentirás, te lo prometo."

Sonrío, tirando de la punta de su gorra. "Lo sé."


La mañana siguiente es el primer día de la competencia y, después de estar despierto desde las cuatro de la mañana, Edward me despierta a una hora estúpidamente temprana y me mete a una van que espera. Emmett y Rose están callados en el asiento delantero mientras Edward y yo compartimos el asiento trasero. El viaje a la playa es en silencio, y me siento reacia a romperlo. Emmett tiene puestos unos auriculares, y puedo escuchar la música a todo volumen desde mi asiento detrás de él. Edward, mientras tanto, está tranquilamente sentado junto a mí, su cabeza hacia atrás y sus ojos cerrados. Si no lo supiera, pensaría que estaba dormido. Sus constantes respiraciones profundas y los incesantes golpecitos de su dedo contra su pierna es lo que lo delata. No había estado junto a Edward antes de una competencia, y no puedo evitar contagiarme por los nervios y la emoción.

Cuando deslizo una mano por el asiento y mis dedos en los suyos, él gira su cabeza y abre los ojos.

Una versión de mi sonrisa favorita, la que inclina su boca hacia un lado, se extiende en su rostro, y presiona sus labios en el dorso de mi mano cerrando los ojos una vez más.

Diez minutos después, cuando empezamos a bajar la cuesta hacia la playa, Edward se incorpora, enderezándose en su asiento. Lo veo cambiar del Edward que conozco al Edward competitivo. Sus ojos se endurecen, y su rostro adopta una expresión determinada. El dedo que golpeaba suavemente contra su rodilla se ha transformado en dos manos golpeando ambas rodillas con un ritmo rápido. Para algunos, podría parecerles que está nervioso, pero para mí solo se ve emocionado.

"¿Estás bien?" Pregunto, empujándolo suavemente.

El tamborileo de sus dedos se detiene, y se vuelve hacia mí, asintiendo.

La van se detiene, y cuando estoy a punto de salir, Edward aprieta mi mano, impidiendo que me mueva.

"¿Estás lista para esto?" Pregunta, ojos azules acerados bajo la visera de su gorra.

Y en ese momento sé que no está hablando de la competición. Me está preguntando si este es el momento.

Si estoy decidida.

Y justo en ese momento, estoy de vuelta en Clearwater, aguantando más allá de donde rompe las olas, remando, remando, remando, esperando la ola perfecta. Siento como si hubiese estado esperando una eternidad, pero este es el momento. No va haber otro más perfecto que este.

Como tratar de atrapar las olas perfectas, algunas veces solo tienes que subir de un salto y montarlas. No sé lo que depara el futuro. Para mí. Para Edward. Para nosotros. Pero, por primera vez, la incertidumbre no me molesta. Porque sin importar lo que haga o dónde vaya, sé que soy fuerte y capaz, y que a mi lado está un chico que pone mis pies en la tierra, que me recuerda que la vida no tiene por qué ser difícil, que la vida es lo que tú haces de ella.

Con un suave apretón a su mano, asiento. "Estoy lista."


(1) La cachaza (en portugués, cachaça, llamada pinga, branquinha, caxaca, caxa o chacha) es una bebida alcohólica destilada de Brasil. Se obtiene como producto de la destilación del jugo de la caña de azúcar fermentado.

(2) Jetlag – también conocido como síndrome del cambio rápido de zona horaria, síndrome transoceánico, descompensación horaria, disritmia circadiana o síndrome de los husos horarios, es un desequilibrio producido entre el reloj interno de una persona (que marca los periodos de sueño y vigilia) y el nuevo horario que se establece al viajar a largas distancias, a través de varias regiones horarias.


¡Por fin! Están juntos y por lo que dijo Bella planea seguirlo hasta el fin del mundo y de regreso. Como dice el título del fic 'Siguiendo el Sol' en diferentes playas del mundo, disfrutando de un verano sin fin. Y que buena amiga Bella que también se llevó a Rosie con ella, sino lo hubiera hecho, Rosie seguiría esperando a Emmett en Clearwater. Pues este es el último capítulo de esta historia, solo falta el epílogo, y ya está traducido y revisado por mi querida Eri. Así que si quieren leerlo pronto, ya saben que tienen que hacer. Dejen su review diciéndome qué les pareció el capítulo, o si no saben qué poner, con tan solo un gracias, un saludo o hasta una carita feliz me conformo. A ver si podemos hoy decirle adiós a esta historia, o mañana, depende de ustedes.

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Paola Lightwood, Cathy, Roxy Sanchez, alejandra1987, paosierra, Torposoplo12, Ali-Lu Kuran Hale, YessyVL13, Masilobe, Adriu, Hanna D.L, Laliscg, Antonia, Tata XOXO, lagie, dushakis, Ale Navas, Milh Llop, tulgarita, Yoliki, ariyasy, bbluelilas, rjnavajas, somas, carolaaproboste.v, angelabarmtz, gsaavdrau, Vanina Iliana, samy, fernanda A, Bertlin, Techu, freedom2604, Srher Evans, saraipineda44, EmmaBe, patymdn, Ericastelo, Mafer, sabeloque, Sully YM, Manligrez, glow0718, Alfa, lizdayanna, DenniChavez, injoa, , Maribel, Gabriela Cullen, y algunos anónimos.