CAPITULO 35. CENA CON LOS WEASLEY

Era la hora de salida de Herm, así que subió al primer piso para avisarle a Draco que ya se iba. Cuando entró al despacho se encontró también con Blaise, el moreno no había resistido la curiosidad, quería saber como le había ido al rubio con los amigos de su mujer.

- ¡Hola Blaise! – lo saludó la castaña.

- ¡Hola Hermione! ¿Cómo estas? – dijo el moreno amablemente mientras él y Draco se ponían de pie y le indicaban que se sentara (n/a tan caballerosos como siempre).

- Muy bien, gracias –contestó mientras tomaba asiento.

- ¿Qué pasa Jane? ¿Necesitas algo? – preguntó cariñosamente el rubio aun imaginando la respuesta.

– Solo vine a avisarte que ya me voy, amor – dijo ella.

- Ok… ten cuidado, en cuanto termine mi turno me voy a la Mansión – Draco se puso de pie para despedir a la castaña.

- Bien… entonces me retiro – Herm hizo lo mismo (n/a ponerse de pie) – Me dio gusto verte Blaise – se dirigió al moreno.

- A mi también Herm… cuídate mucho y cuida a mi futuro sobrino – dijo sonriente.

- Si… gracias – sonrió también – Por cierto… suerte con la cena de hoy – dijo justo antes de cruzar la puerta del despacho acompañada de Draco.

- Cuídate mucho… te amo – le dijo el rubio mientras le daba un tierno beso de despedida.

- Yo también te amo – contestó y a continuación se fue.

Draco regresó a su despacho para seguir conversando con su amigo y al igual que su esposa, le deseó también suerte con la cena de los Weasley, acto seguido el moreno se fue para terminar su trabajo y posteriormente ir a la Madriguera con su novia…

Era casi hora de la cena, Blaise y Ginny iban juntos hacía la casa de los Weasley. A pesar de que lo negaba, el moreno estaba un poco nervioso, se imaginaba la idea que tenían los padres de la pelirroja de él, sobre todo por ser un exslytherin e intimo amigo de la familia Malfoy (n/a los padres de Draco).

Cuando llegaron a la Madriguera, fue Molly quien les abrió la puerta. La Señora Weasley, traía un vestido largo de color ocre y no portaba su acostumbrado mandil.

- ¡Hola mamá! – saludó la pelirroja en cuanto la Señora Weasley abrió.

- ¡Hola querida! – contestó - ¡Buenas noches joven! Soy Molly Weasley – se presentó con Blaise.

- Mucho gusto Señora Weasley – dijo mientras le besaba la mano, elegante y respetuosamente.

- Que caballeroso – se sonrojó Molly – Adelante… pasen – les indicó con ese tono autoritario que la caracterizaba.

Al ella parecer no era la única que se había arreglado para la ocasión. Cuando entraron a la casa, Arthur, que vestía un traje sastre de color gris rata, los esperaba en la sala acompañado de George y su novia Angelina Jonhson, Bill y Fleur también estaban ahí, sus hijas Victoire y Dominique se hallaban arriba jugando con Molly y Lucy hijas de Percy y Audrey que igualmente estaban en la sala.

Entraron tomados de la mano, al ver a gran parte de la familia Weasley ahí reunida, la piel de Ginny empalideció, al igual que la de su acompañante. La pelirroja no tenía idea del tipo de cena que habían planeado sus padres, temía por la integridad (n/a y por la vida, por supuesto) de Blaise teniendo a la mitad de sus hermanos ahí. Afortunadamente el hecho de que fueran acompañados de sus esposas y en el caso de George de su novia, aminoraba su preocupación, estaba segura de que si por alguna razón se alteraban, ellas los controlarían.

- ¡Buenas noches! – saludó educadamente el moreno, aun pálido por la impresión de ver a los Weasley.

- ¡Buenas noches! ¿Blaise verdad? – Arthur se acercó para darle un amable y efusivo apretón de manos.

- Si, Sr. Weasley – asintió Blaise, mientras correspondía al saludo.

- Mucho gusto – dijo – Ejem, ejem – carraspeó dirigiéndose a sus hijos.

- ¡Hola! Soy William… Bill- el mayor de los hermanos Weasley se puso de pie para presentarse mientras miraba a su hermana pequeña - supongo que conoces a mi esposa… Fleur – dijo señalando el sitio donde se encontraba ella.

- Si… claro… - le dedicó una respetuosa sonrisa a la rubia.

- A mi también ya me conoces –le recordó Percy con desgana mientras le estrechaba la mano – Ella es Audrey… mi esposa.

- Mucho gusto –dijo dirigiendo igualmente una sonrisa a la esposa de Percy.

Ginny solo sonreía nerviosa sin soltar la mano de su novio, mientras saludaba también a sus cuñadas.

- ¿No piensas saludarlo? – preguntó Angelina molesta en voz baja, al tiempo que le daba un codazo a George.

- No – contestó él con fastidio – No soy tan hipócrita – añadió.

- Es el novio de tu hermana… no seas así – le reprendió y dirigió una mirada fulminante.

- Está bien – accedió el pelirrojo, forzado por su novia - Ya me conoces serpiente… soy George – dijo apático y sin ponerse de pie.

- ¡George por favor! Compórtate – le ordenó Arthur.

- ¿Yo qué papá? Le dije serpiente por que perteneció a la casa de Slytherin… no porque crea sea un animal ponzoñoso – contestó sarcásticamente con cara de inocencia.

Angelina solo movía la cabeza en forma reprobatoria al igual que Ginny.

- Bueno… bueno, la cena ya esta lista – la señora Weasley decidió que era mejor cambiar de tema.

- Entonces ¿les parece si pasamos al comedor? – preguntó Arthur a la pareja – Después de la cena tendremos tiempo para platicar ¿verdad Molly?

- Si, Arthur – asintió su esposa al tiempo que Ginny se sonrojaba imaginando a lo que se referían.

Molly llamó a sus nietas, las cuatro pequeñas bajaron de inmediato ante los acostumbrados gritos de su abuela. En cuanto vieron a Ginny, se lanzaron a sus brazos, todas a excepción de la pequeña y tímida Lucy de 4 años de edad, quien fue la primera en percatarse de la presencia del desconocido moreno y decidió refugiarse en el regazo de Audrey.

- ¿Quién eres tu? – preguntó la mayor de ellas, la intrépida Victoire de 9 años.

- Hija… no seas imprudente – le reprendió Bill.

- No te preocupes – le dijo el moreno a su cuñado - Soy Blaise Zabini – le contestó con una sonrisa.

- ¿Y qué haces aquí? – esta vez fue la pequeña Molly de 7 años.

- El… es… mi novio – añadió Ginny mientras su cara volvía a sonrojarse.

- ¿Tu novio tía? – se sorprendió Dominique (n/a 6 años) y enseguida se escucharon tres lindas risitas.

- Basta niñas… dejen a Blaise y a su tía en paz – las regañó Percy, la familia ya se dirigía al comedor.

- Psst… niñas, les doy dos galeones a cada una… si continúan molestando al novio de Ginny – les propuso George poniéndose a su altura, justo cuando los demás entraban al comedor.

- ¡Por Merlín George! No les digas eso – Angelina se había dado cuenta del plan del su novio y fruncía el ceño en señal de reprobación.

- Ok – dijo resignado, en el fondo se arrepentía de haberla invitado, con ella cerca no podría hacer de las suyas.

Todos los presentes tomaron su lugar alrededor de una rectangular, antigua y mullida mesa de roble. La señora Weasley, con ayuda de su varita, comenzó a servir la cena para todos los invitados. Además había una gran cantidad de charolas repletas de diferentes platillos a lo largo de la mesa. Todos empezaron a comer enseguida, incluso Blaise aun con timidez, esto debido a que la comida era exquisita no solo a la vista, también al olfato y por supuesto al gusto, eran bien conocidos por todos los dotes culinarios de Molly Weasley.

Durante la cena ninguno había dicho palabra alguna, cosa rara entre la familia Weasley, acostumbrada a conversar en la mesa. Ese silencio era incomodo para todos, principalmente para Ginny y Blaise, mas aun por el constante intercambio de miradas entre todos, no había mas ruido que la apenas perceptible respiración entrecortada del moreno y el choque de los cubiertos con la vajilla (n/a pobre Blaise! que incomodo).

Cuando terminaron de cenar la señora Weasley, de nuevo ayudada por su varita, hechizo los trastos para que flotaran hasta el fregadero. La mesa quedó limpia en pocos segundos, solo las pequeñas sobrinas de la pelirroja se levantaron de su asiento, en cuanto a los adultos tal parecía que conversaría ahí mismo.

- Bueno Blaise… espero que te haya gustado la cena – habló primero Arthur.

- Así es… estuvo deliciosa – comentó y le dedicó una sonrisa a su tal vez futura suegra.

- Entonces… ¿cuáles son tus intenciones con mi hermanita? – Bill fue directo al grano.

- ¡Oh Bill! – dijo Ginny con enfado al tiempo que se sonrojaba.

- No te preocupes – le susurró Blaise que se encontraba a su lado.

- ¿No vas a contestar? – preguntó George con malicia, enseguida Angelina le lanzó una mirada asesina.

- Claro… les aseguro que mis intenciones son la mejores – dijo serio mientras tomaba la mano de su novia –Amo a Ginevra y me gustaría casarme con ella.

- ¿De verdad es esa tu intención? – preguntó el Sr. Weasley –Para mi no hay nada mas importante que la felicidad de mi hija… y por eso espero que hables en serio.

- Mi padre tiene razón… Ginny no esta sola – le advirtió Percy.

- Eso me queda claro… no se preocupen, jamás le haría daño – miró tiernamente a la pelirroja.

- ¿Y en cuanto tiempo sería la boda? – curioseó Audrey entusiasmada, Percy la miró en forma reprobatoria.

- En cuanto antes mejor… la decisión es de Ginevra – contestó el moreno sin dudar.

- Momento… no hay que apresurar las cosas, no llevan mucho tiempo saliendo ¿o si? –Molly miró a la pareja con los ojos entrecerrados.

- No mamá – se apresuró a contestar Ginny – A penas unos meses.

- Menos mal – murmuró la señora Weasley.

- Estoy de acuerdo con mis esposa… el matrimonio no es cualquier cosa, deben estar seguros de lo que quieren.

- Lo estamos – dijeron al unísono.

- Hija… - Arthur miró a su pequeña con nostalgia – cuentas con mi aprobación, siempre y cuando se den tiempo para conocerse.

- ¡Gracias papá! – dijo ella, Blaise solo asintió con la cabeza.

- ¡Yupi!… tengo que celebrar que emparentamos con las serpientes – murmuró George para sí.

- Ya basta – se molestó Angelina – deja a tu hermana en paz… mejor vámonos de aquí – sugirió mientras se ponía de pie.

Angelina tiraba de su novio que no ponía resistencia alguna, mientras tanto los demás veían la escena sin atreverse a decir nada. Después de aquel hecho siguieron conversando, ahora en confianza, sin los comentarios y el mal humor de George, los hombres Weasley parecían interrogar a Blaise, querían asegurarse de entregar a Ginny en las mejore manos.

Más tarde los Weasley comenzaron a despedirse, los primeros en retirarse fueron Percy y su familia, seguidos de Ginny y el moreno, quien estaba mucho más tranquilo, después de todo no les había ido tan mal como esperaban. Bill y Fleur permanecieron una rato más y después se retiraron dejando a los señores Weasley solos, ya que George no había vuelto…