El tigre por la cola II – Costos del servicio
Capítulo 11 – Lecciones con Snape
Se tropezó cuando entró por la chimenea y cayó de cara contra el suelo golpeándose dolorosamente la barbilla. —¡Mierda! —maldijo, se sentó y se puso a frotarse la agredida mandíbula— ¡Mierda! —volvió a exclamar cuando se dio cuenta de que se le había rajado uno de los cristales de los lentes.
Se puso de pie, se sacudió la ropa y arregló los anteojos. Miró alrededor, Grimmauld Place estaba en silencio, las lámparas estaban apagadas y el polvo lo cubría todo. La casa parecía más abandonada que nunca. Empezó a sentir lástima por Snape que tenía que vivir en un lugar tan deprimente.
—¿Profesor Snape? —llamó vacilante— ¡Hola! ¿Hay alguien? —como no obtuvo respuesta enfiló a la cocina. Maldijo otra vez, se había golpeado la rodilla contra un banquito. El Lumos de su varita no alcanzaba a hacer retroceder del todo la densa oscuridad del edificio. La cocina estaba en penumbras pero había signos de ocupación reciente. Había un plato con restos de comida sobre la mesa y otros platos sucios en la pileta. Sonrió apenas, al parecer Snape no era muy hacendoso. Encendió las lámparas con la varita. Como no tenía nada mejor que hacer se puso a lavar los platos, era algo para lo que tenía mucha práctica. En realidad no sabía por qué se ponía a hacer todo eso, parecía un ama de casa que estuviera esperando a que su marido volviera del trabajo. Se estremeció, ¿acaso siquiera por un segundo había imaginado a Snape como su marido? Realmente estaba perdiendo el juicio.
Cuando terminó se dio cuenta de que ya había pasado media hora. Puso la pava al fuego y se sentó a esperar. Como siempre, en la casa pululaban los crujidos, silbidos y otros ruidos raros y había corrientes de aire que hacían vacilar la luz de las lámparas. La casa tenía como una vida propia, no necesariamente maligna pero sí inquietante. Así y todo sentía cierto apego por ella y había pasado allí buenos momentos con Sirius y los Weasley.
—Potter, ya está acá. —le llegó la voz conocida, se sobresaltó un poco— Me parece bien. —agregó sacándose la capa, debajo llevaba la habitual toga negra— Y veo que se dedicó a algo útil mientras esperaba; el agua ya está hirviendo, prepare un poco de té.
—¿Dónde estaba? —preguntó poniéndose de pie para ocuparse del té, había preguntado más que nada por decir algo, lo más probable era que Snape no se molestara en contestarle
—Interrogando a Bellatrix Lestrange, ya que lo pregunta. —respondió Snape y tomó asiento.
—¿Pudieron sacarle algo? —inquirió Harry sorprendido de que le hubiese contestado, y sin tonos ni gestos desdeñosos.
—Prácticamente nada. —dijo Snape y aceptó la taza de té que le ofrecía, Harry también le acercó la azucarera pero Snape no la tocó— Todo parece indicar que le modificaron la memoria, hay signos de bloqueo… extensivos.
—No parece algo que haría Voldemort. —apuntó Harry— Él directamente los mata, es más simple y efectivo.
—Ciertamente. —dijo Snape, parecía como si estuviera reflexionando en voz alta— Lo cierto es que parece ser un bloqueo muy antiguo… casi como si… —no concluyó la idea, apuró el resto del té y se puso de pie— Ya no perdamos más tiempo, Potter, tenemos mucho trabajo que nos espera.
oOo
La clase tuvo lugar en uno de los salones. Harry se preguntó si correspondía que se disculpara por haber espiado en el pensieve o si era mejor hacer de cuenta que nunca había ocurrido. Decidió que cabía la disculpa.
—Perdón, por haber espiado en el pensieve esa vez…
—Se tomó su tiempo, Potter, ya pasaron dos años.
—Bueno, en realidad yo hubiese querido hacerlo antes…
—Sí, sí… —dijo Snape con impaciencia— mejor dejémoslo así. No tengo tiempo para oír excusas trilladas… si estoy aquí es sólo porque Re… Lupin me lo pidió. Ya no perdamos más tiempo.
Harry estuvo a punto de replicarle que era él el que había llegado tarde, pero se contuvo. Adoptó posición de duelo y …tengo que vaciar la mente, se recordó.
—¡Legilimens! —pronunció Snape. Harry pudo percibir volutas de recuerdos tomando cuerpo en su cabeza, como en un sueño y algo que trataba de abrirse camino entre sus pensamientos. Dio un paso, hacia atrás y se tropezó con una silla, cayó al suelo y el vínculo mental se interrumpió —¡No estaba listo! —protestó.
—No espere que alguien que quiera usar el encantamiento sobre Ud., le vaya a avisar de antemano, Potter. —le replicó con una mueca de desdén.
—Pues yo estaba convencido de que debían hacerlo por escrito y por triplicado. —dijo Harry sarcástico, frotándose el trasero dolorido.
—Potter, soy un hombre muy ocupado, no tengo por qué estar aguantándole los lloriqueos, ya póngase de pie y…
—¡Legilimens! —gritó Harry desde el suelo apuntándolo. Chocó contra una barrera sólida que lo rechazó instantáneamente.
—No piense que puede sorprenderme fácilmente con la guardia baja. —lo increpó Snape con desprecio— Ud. carece de todo talento, aunque todos los demás estén convencidos de lo contrario.
Harry no se molestó en pensar una réplica, se incorporó del suelo y se sacudió el polvo de la ropa. En ese instante le vino a la memoria la noche en que Snape había escapado de Hogwarts, había bloqueado todos los hechizos que le había disparado; sin dudas Snape era un mago muy poderoso que sabía atacar y defenderse con maestría. Mejor así, pensó Harry, estaba dispuesto a aceptar el desafío, tenía que aprender a dominar esa habilidad para que se le permitiera participar de las reuniones de la Orden. No le iba a hacer el juego a Snape, no se dejaría arredrar por sus comentarios denigratorios. Volvió a tomar instancia de duelo. —Estoy preparado. —dijo.
—Muy bien. —declaró Snape y en lugar de proceder, desvió la vista hacia un rincón. Harry giró la cabeza y obviamente no estaba preparado cuando el encantamiento no pronunciado lo impactó.
De repente se vio otra vez en el despacho de la directora, discutiendo con McGonagall sobre Lucius Malfoy y un segundo después estaba en el pasillo abrazando a Draco y metiéndole la mano debajo de la toga…
Y al segundo siguiente estaba de vuelta en el salón, la cabeza le martilleaba y todo le daba vueltas. Snape se había agarrado una muñeca y tenía una expresión dolorida en la cara. —Oclumencia deplorable pero al menos sabe cómo quemar una muñeca. —dijo con su sempiterno desdén y seguidamente pronunció un encantamiento para curarse— Potter, ¿ya se ha decidido la fecha en que comenzarán sus clases especiales de entrenamiento en Defensa?
—No. —respondió Harry y estiró una mano para sostenerse del respaldo de una silla, de otro modo se hubiese desplomado. —¿Pero es que acaso…? ¿tiene que ser Lucius el…? …¿no podría otro…? —farfulló, no podía coordinar las palabras, la sensación de vértigo no cedía.
—No es el instructor elegido lo que me preocupa… —dijo Snape haciendo girar la muñeca— …sino los que elijan para vigilarlo. La Orden, el Señor Oscuro… todos subestiman a Lucius. Pero Ud. podría aprender mucho de él, Potter. Sabe de Artes Oscuras incluso más que yo… lo cual es mucho decir.
—Así y todo terminó en prisión. —le recordó Harry que no veía con agrado que se elogiara a Malfoy padre.
—Pero puso en juego su inteligencia y otras dotes para escaparse. —señaló Snape.
—Sirius también. —puntualizó Harry desafiante— Y eso que había dementors…
—Después de haber estado pudriéndose durante doce años en una celda infecta, seguramente los dementors ya habían perdido todo interés en él. —dijo Snape con una sonrisa maligna— Después de un tiempo a Black ya no debe de… —se interrumpió de repente, frunció el ceño, la expresión de la cara cambió completamente.
Harry había estado a punto de atacarlo con una maldición, que los sentimientos de Remus por su galán se vayan a la mierda, pero la visión se le había tornado borrosa y tambaleaba.
Snape le agarró un hombro, lo sacudió levemente y lo ayudó a equilibrarse.
—Interesante. —murmuró Snape— ¿Cómo no se me ocurrió pensar en eso?
—¿Podemos retomar la lección de una vez? —lo instó Harry impaciente.
—Por supuesto, Potter. Como Ud. diga. —replicó Snape sarcástico. Y empezaron una vez más.
oOo
—¿Es Lucius un legilimente? —preguntó Harry ruborizado después de otro lance fracasado para bloquear a Snape. Una de sus peores memorias, su intento fallido de tener sexo con Ginny era lo que Snape había logrado atisbar en su mente. Por suerte no había sido el recuerdo de su cruce con Lucius esa noche en el Club. Era muy avergonzante, no porque Lucius lo hubiese inmovilizado sino porque su cuerpo había respondido con Lucius igual que con Draco. Era algo que lo confundía y lo hacía sentir culpable. Era como haberle sido infiel a Draco… ¿acaso Draco reaccionaría igual a los avances de su padre?
Suspiró. Le dolía la cabeza terriblemente… le dolía todo el cuerpo. —No puedo seguir. —dijo finalmente— Estoy muy confundido… y ya es muy tarde…
—Muy propio de un Potter admitir la derrota tras un par de traspiés. —dijo Snape después de un largo silencio, al parecer había estado ensimismado en sus cavilaciones y por eso había demorado un poco en encontrar un insulto apropiado— En cuanto a su pregunta, no que yo sepa, pero no lo conozco tanto… no es mi amante.
Extraño comentario, ese último, pensó Harry. Había sonado casi como alguien que niega una acusación. ¿Quizá Lucius tenía sobre Snape él mismo efecto que sobre él?
—Pero es muy diestro manipulando a las personas. —dijo Harry limpiándose con la mano las gotas de sudor encima de su labio superior— ¿Es gay? —preguntó siguiendo un impulso repentino.
—¿Gay?, Potter. Ése es un término tan… muggle. Le convendría repasar bibliografía sobre comportamientos, reglas y etiqueta de los sangrepura… o quizá sería mejor que le preguntara a la señorita Granger, Ud. ni debe de saber dónde está la biblioteca.
—¿Pero es o no es? —insistió Harry— Sangrepura aparte, como persona… —en realidad no sabía si la distinción que planteaba tenía sentido.
—Lucius es de los que creen que toda persona tiene su precio. Dinero, influencia, poder… siempre encuentra qué es lo que una persona ansía y eso es lo que les promete… y a veces les da, para que hagan lo que él quiere… y si con alguno no le da resultado, recurre a la tortura. Podríamos decir que su habilidad es una empatía espuria… sabe detectar los deseos de las personas… los deseos más o menos lógicos o explícitos y los deseos ocultos… Si el precio es sexo, eso promete o da, se trate de una mujer o de un hombre. Pero en cuanto a sus preferencias reales… no sabría decirlo. Probablemente le dé igual.
—¿Y cree Ud. que de esa forma puede haber manipulado a Draco para que se aviniera a sus deseos?
—No me extrañaría. Es un virtuoso en ese arte. Por eso podía dominar a Fudge, por eso estuvo durante años en el Comité de la escuela a pesar de la oposición de Dumbledore… y por eso ahora logra, a pesar de ser un prisionero, acceder a una posición cercana a Ud. y a su hijo.
Y lograba también, quizá sin proponérselo, que se la pasaran hablando sobre él durante un montón de tiempo.
—Entonces, Potter. —dijo Snape levantando la varita. Harry sabía que en el estado en que se encontraba no iba a poder resistir otra acometida. El único impulso que le brotó fue prevenir el asalto atacando antes.
—¡Legilimens! —exclamó y se vio inmerso en algo extraño, un entorno grisáceo y algodonoso… no era ésa su mente… debía de ser la de Snape… pero parecía vacía. Y entonces recordó que Snape vaciaba muchas de sus memorias en un pensieve antes de una clase… o quizá había vaciado su mente para interrogar a Bellatrix… Pero no podía haber vaciado todos sus recuerdos, algo debía de haber… y Harry se internó más profundamente. Y como en un calidoscopio empezaron a presentársele imágenes.
Un Remus Lupin mucho más joven y muy enojado lo aplastaba con fuerza contra una pared. Harry podía percibir el sentimiento de indefensión de Snape frente al otro que era más bajo pero mucho más fuerte. —¡La culpa no es sólo de Sirius! ¡Vos podés ser tan fastidioso como él! ¡Ya es hora de que los dos se dejen de joder!
En los subsuelos, frente a un caldero humeante… y un sentimiento de profunda frustración. Otro intento fallido. ¿Así que a Snape también se le malograban ocasionalmente las pociones?, pensó Harry con regocijo. Era comprensible después de todo, en esa época todavía no era un experto.
Una celda desnuda de paredes blancas. Bellatrix acurrucada en un rincón. Con renuencia, Harry tuvo que admitir que seguía siendo muy bonita y que sus ojos refulgían de malevolente inteligencia y también de demencia… había algo muy perturbador en esa locura que le brillaba en los ojos. Tenía los rizos negros sueltos… y brillantes… como los de Sirius. Los ojos del mismo tono del fondo marino, azules con matices grisáceos… como los de Sirius. El odio en la mirada que se clavaba en Snape… el mismo odio que había visto en la mirada de Sirius cuando aparecía Snape…
—Snivellus [llorón] —saludó ella con voz aguda— ¡Como en los viejos tiempos! ¡Vos, yo, Lucius… los tres juntos! ¿En trío?, pensó Harry a medias escandalizado y a medias divertido.
Snape no se molestó en responder, estiró una mano en la que sostenía un frasco de Veritaserum.
—Oh… ¿para mí? —dijo ella con una risita de fingida complacencia, se lo bebió de un trago y le clavó los ojos desafiante— Sos taaan bueno para meter un montón de cosas en una olla y obtener algo delicioso… vas a resultar una excelente esposa para tu licántropo…
Un segundo después, Harry se encontró de espaldas sobre el suelo, un labio sangrante… gusto metálico en la boca. ¿Qué le haría Snape por habérsele colado en la cabeza sin invitación? Sintió arcadas… se sentó lentamente tratando de contenerlas. No parecía que se hubiese quebrado ningún hueso pero debía de haberse dado un fuerte golpe en la cabeza, le dolía intensamente la parte por encima de la nuca.
—Buen trabajo, Potter. —sorprendentemente no había desprecio en el tono— Otro intento poco diestro que se vio favorecido por una buena dosis de suerte. Suficiente por hoy. Continuaremos mañana.
—¡¿Mañana?! —protestó Harry.
—El día que le sigue al de hoy… por si no lo entendió. —dijo Snape con hosquedad.
—Pero… —protestó— Las clases iban a ser sólo una vez por semana.
—No lo estoy obligando. Puede hacer lo que le plazca. Pero sepa que le conviene tener escudos poderosos cuando le toque entrenar con Lucius Malfoy.
Harry bajó la vista, nada podía objetarle a ese argumento. Incluso en el breve encuentro que habían tenido, Lucius había sabido jugar con su mente y no había podido hacer nada para evitarlo. —Tiene razón. —admitió renuente.
—Y hay otra que debe saber, Scrimgeour no ha mejorado con el antídoto. Si Fudge vuelve al poder lo harán presentarse para interrogarlo. Y con Veritaserum… muy probablemente. La Oclumencia ayuda a contrarrestar el efecto del suero… yo puedo enseñarle cómo.
Harry no dijo nada, de golpe había empezado a sentirse mareado, se dejó caer pesadamente sobre la silla que tenía al lado, apoyó los codos sobre las rodillas y escondió la cara en las palmas. El veneno que afectaba a Scrimgeour era el mismo que había recibido él. ¿Significaba eso que también iba a morirse? ¿O acaso sería diferente porque él había recibido una dosis menor?
—Está bien. —dijo finalmente incorporándose con movimientos estudiados. Sabía que los movimientos repentinos tendían a afectarle más el equilibrio. El mareo iba cediendo. —Creo que ahora es mejor que me vaya… eh… gracias, señor.
Snape lo acompañó hasta la chimenea, Harry tomó un puñado de polvo Floo.
—Er… ¿Draco le ha pedido dinero? —preguntó Snape como por impulso.
—¿Cómo? —preguntó Harry dándose vuelta, el polvo se le escurrió entre los dedos.
Snape chistó irritado e hizo desvanecer el polvo derramado con un moviendo de varita. —Draco me envió una carta hace poco… pidiéndome dinero.
—¿Y por qué…? —preguntó Harry desconcertado.
—Sus cuentas están congeladas tiene que justificar sus gastos ante el Ministerio. Draco tiene gustos caros. Le aconsejé que recurriera a Ud., y por lo que vi en sus recuerdos… parecen llevarse bien…
—Gracias… —dijo Harry con voz muy queda— …por habérmelo dicho. Me ha hecho un gran favor. Quizá él no se habría animado… y si necesita dinero debe de ser por una buena razón.
—Cuán Gryffindor… pero quizá le convendría averiguar para qué lo quiere antes de dárselo.
Harry agarró otro puñado de polvo. —Es posible que tenga que ver con esa chica. —dijo como pensando en voz alta.
—¿Pansy Parkinson? —dijo Snape frunciendo el ceño— Supuse que a estas altura ya habría recuperado la sensatez…
—No, una chica Hufflepuff de primer año, Cybele… a la que le cobró afecto.
—¿Ah sí? —dijo Snape con evidente desconcierto.
Por alguna razón a Harry se le cruzó por la cabeza un extraño pensamiento: quizá Lucius tenía cierta debilidad por las nenas. Sacudió la cabeza; ¿qué tenía eso que ver con nada?… ¿y por qué de repente se ponía a pensar en Lucius? Estaba cansado, todavía algo mareado y el cerebro parecía habérsele desconectado. Le empezaba a doler la cabeza y le entraron unas ganas tremendas de irse a dormir… y había un deber que tenía que redactar… y las estrategias para el partido Ravenclaw-Gryffindor…
—Será mejor que me v… —pero no alcanzó a terminar la frase, el vértigo se le intensificó de golpe y todo alrededor empezó a girar como un tornado… y el polvo Floo volvió a escurrírsele… y ya no recordó nada más.
oOo
Abrió los ojos, veía con poca nitidez pero el techo era conocido. Le dolía la cabeza… y la espalda… y sentía un gusto en la boca a pis de gato. Se sentó con lentitud y dejó oír un gruñido. Estaba en su cama, en la habitación de Grimmauld Place… las sábanas tenían el mismo olor a humedad.
—¿Cuánto hace que viene pasando esto? —preguntó una voz, Harry giró la cabeza.
—No es que viva desmayándome ni nada de eso… —replicó desafiante.
—No fue ésa la impresión que me dio. —dijo Snape sentándose y acomodándose la ropa. Había estado recostado en la cama de al lado.
—Quiero decir… —Harry se bajó de la cama y se puso de pie, algo vacilante, estiró la mano para agarrar las gafas que estaban sobre la mesita de luz. El piso se sentía muy frío bajo sus pies descalzos. —…siento algunos mareos muy de vez en cuando, nada importante. Ya me siento mejor, tengo que volver… —no sabía durante cuanto tiempo había estado inconsciente pero si se daba prisa quizá todavía podía hacer el deber de Encantamientos y una ducha le vendría bien…
—Siéntese, Potter. —dijo Snape con sequedad— Voy a dejar que se vaya si puede caminar hasta la puerta… sin tambalear. Pero creo que lo mejor es que tome asiento y me cuente exactamente todo sobre el problema.
Era mejor que obedeciera, igual las piernas le temblaban y no hubiese podido llegar hasta la puerta. Snape tenía razón… no se sentía bien. ¿Por qué? Si antes de venir había estado de lo más bien… ¿sería un efecto secundario de la lección de Oclumencia?
—No tengo ningún problema. —todos debían de estar muy preocupados de que no hubiese regresado. Van a pensar que Snape me mató y que escondió el cadáver en la bodega. Sonrió. —Tengo que avisarles a los demás…
—Ya les avisé… hablé con el Jefe de su Casa, le informé que hoy no iba a poder asistir a clases… él seguramente se lo habrá comunicado a sus amigos.
—Ah… —dijo Harry y se colocó los anteojos con un gesto nervioso. Habían pasado más horas de lo que había supuesto… ya era el día siguiente.
—¿Desde cuándo viene sintiéndose así?
—Ya me siento mejor…
—Harry. —otra voz le llegó desde la puerta.
—Remus… ¿qué…?
—Vine tan pronto pude… me preocupé mucho cuando Sev me dijo que te habías desmayado.
Sev, Harry sonrió para sus adentros. Snape se levantó y salió, Remus vino a sentársele al lado. Aumentó la intensidad de las luces y a pesar de las protestas de Harry lo examinó minuciosamente y le hizo varias preguntas.
Harry finalmente se rindió y lo dejó hacer, después de todo era bueno tener a alguien que se preocupara por uno. Una vez terminada la revisación, Harry recostó la cabeza sobre el hombro de Remus y cerró los ojos… era tan confortante, Remus le pasó un brazo por encima de los hombros, se sentía tan seguro y cómodo…
Snape regresó unos minutos después. —Veneno de basilisco. —dijo. Harry se sobresaltó, había empezado a dormitar sobre el hombro de Remus.
—¿Qué hay con el veneno de basilisco? —preguntó Remus.
—Creo que descubrí la razón por la cual no está respondiendo bien al antídoto. Ya en otra oportunidad había sido inoculado con veneno y es posible que su organismo haya desarrollado resistencia a alguno de los componentes del antídoto. —dijo Snape con tono triunfal. Remus lo miró con una mezcla de admiración y de exasperación.
—¿Y podés hacer algo para que Harry no se desmaye en situaciones de estrés?
—¡Pero si yo no me desmayo en…! —protestó Harry.
—Sí se desmaya. —dijo Snape.
—¡No!
—¡Sí! Potter, acaba de pasar. Se desmayó después de una lección de Oclumencia.
—Es que estaba con el estómago vacío… estoy bien.
—¡Eso no es sino una excusa pueril!
—Chicos no peleen. —los exhortó Lupin con una sonrisa.
—Perdón… —dijo Harry— Díganme qué es lo que me pasa y yo…
—Sufrís resabios de los efectos del veneno. —explicó Lupin— Necesitás algo de reposo y remedios apropiados. Estaba pensando que sería mejor que te quedaras acá un par de días, Severus te va a administrar las pociones que hagan falta y de paso aprovechás para practicar Oclumencia.
—Pero… —protestó Harry frustrado— …¿y las clases? ¿y los deberes? ¿y la práctica de quidditch? —en realidad lo último que quería en el mundo era verse obligado a pasar tanto tiempo con Snape.
—Por un día o dos, nada más.
—Pero es que no quiero… —insistió poniéndose de pie.
—Hagamos un acuerdo. —propuso Lupin, Harry volvió a sentarse, Snape dejó oír un gruñido impaciente.
—¿Qué acuerdo? —preguntó Harry con curiosidad.
—Quedate hasta el viernes a la tarde, tomá las pociones que Severus te dé y el viernes podés volver para la práctica de quidditch. No conviene que vueles tan pronto, pero podés dar instrucciones desde abajo. Hermione te puede mandar una copia de los apuntes y podés hacer los deberes acá… y podés seguir con la práctica de Oclumencia. Hay una reunión de la Orden la semana que viene… se va a discutir la cuestión de cómo se van a llevar a cabo tus clases de Defensa con Lucius Malfoy… y si Sev… si el profesor Snape da su acuerdo, vas a poder estar presente.
Finalmente Harry aceptó, la posibilidad de poder asistir a la reunión fue lo que lo convenció.
Snape dijo que tenía que ir a controlar una poción que estaba preparando y volvió a salir.
—La verdad es que no me está yendo muy bien con la Oclumencia. —dijo Harry— Me resulta difícil vaciar la mente y…
—Creo que nadie puede vaciar la mente del todo. —dijo Lupin con una sonrisa— Pero hay ciertos trucos que ayudan… por ejemplo, concentrarse en un objeto… ayuda a mantener apartados otros pensamientos… una flor podría servir, centrás toda tu atención en la forma, en cada uno de los detalles… siempre es mejor pensar en algo concreto.
—Voy a ensayarlo. —dijo Harry.
—Ésa es una forma de empezar, el siguiente paso es traer al frente de tu mente recuerdos triviales que no revelen nada importante, de modo que si alguien sondea sólo pueda ver eso.
—Voy a tratar. —dijo Harry sin mucho entusiasmo; y de pronto tuvo un impulso repentino y preguntó— ¿Sirius y vos eran amantes?
Remus se sobresaltó un poco. —No… ¿qué te hizo pensar algo así?
—Es que… hubo comentarios… pero hasta Hermione…
—No todo el mundo es gay. —dijo Lupin con un dejo de aspereza— Diría que tu padrino llevaba una vida sexual muy activa pero hasta donde yo sé prefería el sexo opuesto… y conmigo… éramos muy amigos, pero nada más.
—Oh… —dijo Harry sintiéndose muy estúpido— Es que… como Snape lo detestaba… yo pensé que quizá…
—No sé si esto te va a ayudar… pero Snape me gustó prácticamente desde que lo conocí y eso es decir mucho tiempo. —no había fastidio en el tono de Remus— Sirius se dio cuenta, creo que estábamos en tercero… y trató de disuadirme… no de mala manera, pero la homosexualidad lo… escandalizaba… quizá sea un término demasiado fuerte… la idea lo afectaba mucho… creo que tiene que ver con la educación sangrepura. Y Snape también tenía sus rollos, a pesar de ser de mediasangre, le costaba aceptar sus sentimientos por otro chico, y Gryffindor para peor. En Slytherin le hubiese significado muchos inconvenientes si se enteraban… tenía miedo de lo que sentía por mí… nos veíamos pero en secreto…
—Y Sirius quería separarlos y por eso tramó lo de esa noche…
—Sirius creía que era mejor para los dos, para Snape y para mí, que nos separáramos. Creyó que si Snape me veía transformado… que me iba a cobrar aversión… Sirius no sabía cuánto me gustaba Snape. Y yo era un cobarde, cuando Sirius y tu padre se burlaban de él… yo no hacía nada. Y Snape es una persona difícil… ya lo era por entonces, Sirius no confiaba en él… creía sinceramente que era mejor para mí alejarme de él… sin embargo se metía en cosas que no le concernían y actuaba demasiado impulsivamente.
Harry empezaba a desear no haber tocado el tema. —Bueno… pero por lo menos ahora… las cosas parecen ir bien.
Remus se sonrojó. —Sí… y algo más que conviene que sepas… yo vengo seguido después de trabajar… y compartimos la habitación… espero que no te importe.
Harry lo miró sorprendido durante uno segundos y luego rompió en risas. —¡Estás acostándote con Snape…! ¡Oh Dios! ¡No puedo…! Quiero decir… sabía que… pero…
—Espero que no te moleste. —dijo Remus ruborizado y con un tono que delataba incomodidad pero que en cierta forma también buscaba aprobación de su parte.
A Harry lo conmovió que le confesara abiertamente la naturaleza sexual (¡Eew!) de su relación con Snape. Agradecía tal franqueza.
—Espero que sepas como poner un encantamiento de silencio. —comentó burlón.
Hubo un sonoro carraspeo. Harry dirigió la vista hacia la puerta, Snape le traía la poción que debía tomar. Tenía una expresión muy avergonzada en la cara que Harry no le había visto nunca antes.
Sonrió para sus adentros, después de todo parecía que las cosas no iban a resultar tan mal
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