The secret's in the telling

Original de Sakuri

Traducción de Dulzura Letal

Todo Harry Potter es de JKRowling, por supuesto.

Capítulo 36: Arriesgándose

En algún lugar del fondo de su mente, Draco se preguntaba qué mierda estaba haciendo. ¡¿Dónde estaban todos sus, muy bien pensados, argumentos contra este curso de acción?!

Como, por ejemplo, el hecho de que no era gay. Eso no solía ser motivo de duda. Nunca, ni siquiera miró a otro chico, antes de ahora, y menos que menos a Harry. Esa era la cuestión, seguía sin mirar a otros chicos ni hallarlos atractivos. Sólo lo era el jodido Gryffindor. Por supuesto. ¿Él tenía que ser la excepción en todo...siempre?

Lógicamente, Draco sabía que el origen de la atracción era el lobo en él. El lobo quería a su pareja. Pero, aún así, ¿cuál era la excusa para que él reaccionara tan fuertemente con este abrazo? Cuando, de pronto, Harry comenzó a responder al beso, hizo todo lo posible por no proferir algún patético gemido ni saltarle encima allí mismo –a pesar de no tener la menor idea de cómo...se hacía, semejante cosa-. Deseaba al Gryffindor, y al demonio con todo.

Aún así, al mismo tiempo, cada fibra de su instinto de preservación gritaba, en protesta. Si se rendía en esta situación, sería su fin. Estaría unido a Harry, irrevocablemente; mientras que el chico seguiría tan libre como siempre. No tendría ninguna obligación hacia Draco, inconsciente de su propio estatus, como pareja del lobo. Si quisiera que esto fuera una mera cosa rápida –poniendo al Slytherin al mismo nivel de Chang- bueno, no habría ningún daño para él...¿verdad? Pero, para Draco...

Otra vez, se halló a sí mismo, dejando que su pareja tomara el control, lo girara y lo apretara contra la pared.

Harry se separó por un momento, con la respiración agitada, y buscó algún tipo de permiso en la cara de Draco. El rubio no quiso que le diera la oportunidad de reconsiderar, ni de pensar completamente en lo que estaba haciendo; de modo que levantó la mano, lo volvió al sitio y cerró los ojos a la realidad -con fuerza-. Podía fingir, sólo por un rato, que esto no tenía nada de complicado –nada de consecuencias imprevisibles, nada de problemas inevitables-. No estaban haciéndolo en un pasillo, con la esperanza temerosa de que nadie pasara y los viera. Podía fingir que tenía algo de control sobre sus propias acciones.

-Odio esto-, dijo, hacía apenas un momento. Bueno, así era, nunca se había sentido tan vulnerable en toda su vida, y no había absolutamente nada que pudiera hacer al respecto.

Harry se estremeció, sintiendo que la considerable fuerza del hombre lobo se sometía a la suya. Sí, Draco podría haberlo arrojado a un lado si quisiera, podría haber tomado el control de la situación, fácilmente –como demostró un rato antes con Nott-. En cambio, pareció someterse totalmente, aceptando toda caricia que Harry eligiera ofrecerle. Ese tipo de sumisión, era casi abrumadora.

Harry debió retroceder, por temor a volverse completamente adicto a esa sensación.

El rubio se quedó mirándolo, luciendo momentáneamente mareado y perdido. Harry levantó una mano hasta su boca, y descubrió que Draco lo había mordido, en la insistencia del beso; sus dedos tenían una pequeña mancha de sangre.

-¿Qué estás...? ¿qué fue...? Draco...-. Sacudió la cabeza, impotente, luchando contra la ola de excitación y hormonas que lo invadieron desde el instante en que el Slytherin lo agarró.

-Yo...yo no...-. El rubio cerró los ojos, un segundo, y pareció sacudirse lo que fuera que lo afectó. –Lo siento-.

-No lo sientas-. Murmuró Harry, masajeándose la nuca, incómodo. –Yo...pensé que no querías...-. Hizo un gesto, señalando entre ellos. -...lo que sea que es esto-.

-No lo quería...no lo quiero-. Draco pensó que esa era una verdad a medias. Observó cómo la expresión del Gryffindor cambió y se cerró. –Yo...no puedo evitarlo-.

Harry bufó. -¡Qué bueno!-. Respondió, sarcásticamente. –Realmente, muy bueno-. Sin mirar al Slytherin, lo rozó para tomar la Saeta de fuego que había dejado caer.

En el momento en que giraba, para alejarse, el hombre lobo le tomó la muñeca. -¿Y ?- Preguntó, queriendo que se oyera defensivo, pero permitiendo que una curiosidad genuina se deslizara en su tono de voz.

Harry suspiró. -¿Qué?

-¿...quieres esto?

Se miraron a los ojos, con incomodidad, Draco seguía sosteniendo suavemente la muñeca del Gryffindor, y Harry parecía, de repente, no hallar palabras. ¿Cómo se suponía que debía responderle? Tan directamente...

¿Quería continuar con esto?

Lo que fuera 'esto'...

Y eso le llevó a la pregunta, ¿qué era lo que Draco consideraba 'esto'? ¿Era, apenas un...experimento? ¿Algo para no estar aburrido? Y si...

Desde que Harry comenzó a conocerlo más, había llegado a respetar la determinación del Slytherin para sobreponerse a todo; y hasta la frialdad con la que perseguía ese objetivo, pero ahora un pensamiento indeseado se le acababa de ocurrir...tal vez...

Bueno, tal vez...éste, era un método más para que Draco ascendiera la escalera del poder.

A Harry nunca le preocupó, en verdad, que alguien quisiera usarlo por su nombre, y le resultaba irónico que la primera persona que le alarmaba que lo hiciera, fuera el Slytherin, el que siempre despreció su fama –y quien Harry sospechaba que aún la despreciaba-. Eso...era...

No. Cortó velozmente ese tren de pensamientos, antes de que descarrilara la confianza que ya habían alcanzado.

Además, Draco nunca podría fingir inocencia y nervios, de modo convincente, y estaba mostrándole ambas emociones en este momento. Lo que sólo servía para poner más nervioso a Harry.

-¿Potter...?

Harry parpadeó, dándose cuenta de que, otra vez, el rubio estaba más cerca de lo que debería –pero no parecía darse cuenta del hecho, y de cómo se vería si alguien daba vuelta en esa esquina-. Lentamente, de manera que el Gryffindor supuso que era inconsciente, los dedos de Draco bajaron y rozaron la palma de Harry.

-...Yo lo quiero-. Admitió, finalmente, en un susurro; haciendo, posiblemente, la confesión más difícil que haya hecho nunca. Inmediatamente, bajó la cabeza, avergonzado y aterrorizado, pues no quería ver una mueca de diversión o victoria en la cara del Slytherin.

La expresión de Draco no tenía ninguna de las dos emociones, en cambio, él lo miraba fijamente. -¿De verdad?

Harry no pudo evitar poner los ojos en blanco. -No, esta es mi idea de una broma.

-Vamos, Potter...

-Usa mi primer nombre-.

El rubio se quedó en silencio, aparentemente mudo de asombro. Examinó con curiosidad al Gryffindor y luego asintió, casi imperceptiblemente. Y sonrió.

-...Harry.

-xxxx-

Ron volvió a la sala común, suspiró cansado, y automáticamente se fijó en quiénes estaban presentes. No muchos, notó con rapidez, dirigiéndose directamente hacia Hermione. La mayor parte del equipo se había quedado en el campo de quidditch, charlando entusiasmados sobre las habilidades que acababan de presenciar, preguntándose en voz alta si podrían incorporar algunas de esas movidas en sus partidos. Katie, furiosa porque su buscador se había estado guardando para sí sus habilidades, y asombrada porque Malfoy las equiparaba. Para cuando Ron los dejó, ella había quedado despotricando incoherentemente, planeando el castigo que le daría al chico de anteojos, mientras lo elogiaba al mismo tiempo.

Hermione levantó la vista cuando él se dejó caer sin ceremonia, junto a ella en el sofá, resoplando.

-Escuché toda esa conmoción por el juego de buscadores de Harry-. Dijo la bruja, con aire ausente, marcando un lugar en el libro. -¿Fue tan bueno como dicen?

-Mejor-. Respondió el pelirrojo, de mal humor. -¿Ý ahora, dónde está? ¿Arriba?

Ella lo miró, sorprendida. -No, no volvió. En verdad, creí que se había quedado con el equipo.

-No, desapareció con Malfoy.

-Ah...

Ron resopló y negó con la cabeza. –No entiendo-. Murmuró, aunque sin el mismo calor que últimamente. –Sí, ya sé, el pendejo vuela mejor que el año pasado. Y, tal vez, sabe un poco de magia, pero...- Otra vez, negó con la cabeza y se encogió de hombros.

Hermione lo miró, comprensiva. -Harry lo conoce mejor que nosotros, Ron. Obviamente, hay algo más que...

-Pero, no puede ser-. Se inclinó hacia adelante y apoyó los codos en las rodillas. -¡Es Malfoy! ¿¡Por qué parece que soy el único que lo recuerda?!

Bueno, decidió ella, oficialmente, ya es suficiente de ese pensamiento circular. Puso el libro a un lado y giró, para poder enfrentarlo bien. –No es que no lo recordemos, ¿sabes? Es que somos capaces de ver que ha cambiado.

-Pero-

-¡No me digas que eso es imposible! Admito que parece...improbable, pero sucedió. ¿No has prestado atención a nada? ¿A Lucius Malfoy desheredándolo? ¿A Dumbledore dándole confianza con el ED? ¡¿A Harry confiando en él?!

Ron la miró fijamente, sin decir nada.

Hermione dejó salir un sonido exasperado. –Cambió de bando.

El pelirrojo parpadeó y luego frunció el ceño. -¿Estás bromeando? ¿¡Malfoy?! ¿Cómo puedes creer eso?

-¡Porque no soy ciega! ¡Por favor, Ron, deja de ser testarudo! Habla con Harry–

-¡Hermione! ¿Por qué debería hacerlo yo? Sí-

-Él iba a hablar contigo-, dijo ella, cortándolo –cuando regresaste, él iba a explicarte que se había hecho amigo de Malfoy.

-Bueno, ¿y por qué no…?

-¡Porque lo golpeaste, Ron! ¡Lo golpeaste y trataste de maldecirlo, y fue Malfoy quien te detuvo!

El pelirrojo se revolvió en su lugar. –¡Pero, yo he sido su amigo desde primer año! ¿Eso no cuenta para nada?

-Sí, cuenta, Ron. Pero, esta vez, estás equivocado.

Él se dejó caer contra el respaldo de su asiento, como si ella lo hubiese abofeteado.

Hermione continuó. –Harry no te está pidiendo que te agrade Draco. Probablemente, se asombraría si intercambiaran alguna palabra educada. Lo único que pide es que no se maldigan uno al otro, apenas verse...¡y eso fue lo que hiciste apenas volviste!

-¡Él se lo merecía!

-¡Ah, no! ¡No se lo merecía!- Lo reprendió, rápidamente. –Tampoco Harry se merecía ese espectáculo…Y tal vez te interese saber que él fue quien te trajo hasta aquí, y te puso a salvo, aún después de que tú lo golpeaste sin una razón válida.

Ron frunció el ceño y desvió la mirada, ya sin viento en sus velas; la manera calma y objetiva de la reprimenda le hacía imposible replicarla, aún cuando su resentimiento seguía hirviendo bajo la superficie.

En ese momento, la puerta del retrato se abrió y ambos se dieron vuelta para ver que el que entraba, no era otro que Harry.

Últimamente, cada vez que Harry posaba los ojos en el pelirrojo, su buen humor, instantáneamente menguaba ; pero, esta vez, su ridículamente brillante sonrisa, ni siquiera parpadeó. Sonrió ampliamente a los dos, como si hubiese olvidado completamente que debería estar enojado con uno de ellos, y se pasó la mano por el cabello alborotado. Llevaba su escoba sobre un hombro, e iba dejando huellas húmedas sobre la alfombra. Hermione reprimió las ganas de reprenderlo.

En cambio, lo observó con interés y un dejo de sospecha. –Pareces contento-. Comentó. -¿Fue un buen juego?

Harry parpadeó. –Ah...el juego...Sí, fue grandioso.

-Ajá. Ron estaba comentando eso, justamente.

Los ojos verdes parpadearon, sorprendidos, mirando al pelirrojo. -¿En verdad?

Ron se puso colorado y lanzó una mira enojada a Hermione. Sólo porque ella creía que estaban listos para hacer las paces, no significaba que fuera cierto. –Estuvo bien, supongo.

-Gracias. Mm, necesito una ducha. Los veré más tarde, chicos-. Se dio vuelta y marchó hacia las escaleras, dando saltitos.

Justo antes de alcanzarlas, Hermione lo llamó. -¿Estuviste con Draco hasta recién, Harry?

La sonrisa idiota regresó en toda su brillante gloria. –Sí. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

Ella negó con la cabeza. –Nada. No importa.

Ron esperó por un tiempo prudencial, hasta que estuvo seguro de que Harry había desaparecido en los baños de arriba, entonces, lentamente se volvió hacia la bruja. –Bien. Entiendo que son amigos, por más atemorizante que suene decirlo en voz alta...pero, ¿no crees que hay algo...no sé...raro?

Con una gran fuerza de voluntad, Hermione mantuvo su rostro inexpresivo. -¿Qué quieres decir?

-Como si...quiero decir...-. Se detuvo y frunció el ceño. –Nada...es estúpido-. Merlín, tal vez ella tenía razón y él estaba viendo problemas donde no había ninguno. Era la única explicación para el pensamiento espantoso que se le había pasado brevemente por la cabeza.

Sabiamente, Hermione contuvo su lengua.

xx-xxx

Más tarde, Hermione se hallaba sola con sus estudios, en la sala común. A excepción de un pequeño grupo de chicos de primer y segundo año, cerca del fuego, pero que no le molestaron, y pudo ponerse al día con su revisión de Pociones –porque sacó una calificación menor que Draco en un examen sorpresivo de Slughorn, el primer día de clases-.

Suspiró, apoyó la espalda en el respaldo de su asiento y se masajeó los ojos. Había sido un largo día, pero por primera vez, en mucho tiempo, sentía como si hubiese logrado algo, finalmente. Ron estaba comenzando a ver la razón, aunque parecía luchar contra ello. Ella podía ver que su enojo con Harry había menguado, lo que le resultaba un alivio. No era capaz de lidiar con más quejas amargas del pelirrojo.

Estaba a punto de retirarse, cuando el sonido de unos pasos le hizo levantar la vista. Harry apareció, más limpio que antes; y con una sonrisa cansada se le unió en el sofá.

-Me agotaron a preguntas-. Dijo, a modo de explicación, refiriéndose a la carrada de preguntas que le habían lanzado, Katie y los otros miembros del equipo, tan pronto como pudieron acorralarlo.

Hermione asintió y esperó a que hablara del tema que tenía en mente. Conocía a Harry, y cuando él la buscaba de este modo, solo, usualmente quería hablar sobre algo en particular. Podía verlo en su expresión, miraba fijamente a un punto alejado, como si la alfombra gastada tuviera todas las respuestas del universo.

-¿Qué pasa?- Instó, eventualmente, cuando él no dijo nada. –Parecías tan contento, más temprano.

-Estaba, quiero decir, estoy contento-. Se volvió a quedar callado y frunció el ceño.

-¿Harry...?

Harry respiró hondo y pareció forzarse a hacer contacto visual. -¿Qué opina el mundo mágico sobre...los g-gays?

Las cejas de la chica se elevaron, lentamente. Bueno. Si alguna vez tuvo sospechas, aquí, aparentemente, estaba su confirmación. Vaciló, insegura en cómo reaccionar. ¿Harry pensaba que estaba siendo sutil? ¿Qué se suponía que debería responderle?

Finalmente, decidió usar la verdad desnuda. –El asunto tiene las mismas implicancias que en el mundo muggle-. Él la miraba fijo, inexpresivo, hasta que ella continuó. –Las generaciones jóvenes, como nosotros, tienden a ser más abiertas de mente con todo el asunto.

-¿...y la gente mayor?

-Tienden a desaprobarlo, especialmente las familias de sangre pura-. Puso en énfasis en la última parte, observando cuidadosamente la expresión de su amigo. Era mejor que Harry supiera en qué se estaba metiendo, si era eso lo que estaba haciendo. Los Malfoy, después de todo, eran la familia sangrepura. –Y, por supuesto- agregó, -cuando las celebridades salen del armario, la reacción tiende a ser mucho mayor en ambas direcciones-. Lo miró fijamente, hasta que él se ruborizó y se cubrió la cara con ambas manos.

-No puedo creer que estemos teniendo esta conversación-. Se oyó la queja amortiguada, entre sus dedos.

-Tú empezaste-. Apuntó ella. –Harry, Harry, mírame. ¿Asumo que esta conversación completamente hipotética tiene un propósito?

Los ojos verdes mostraron una cantidad monumental de alivio, porque le estaba dando una pequeña ruta de escape. –Yo...sólo me preguntaba...en verdad...Ya sabes, por curiosidad...

Interiormente, Hermione puso los ojos en blanco y continuó con falsa despreocupación, como si tuvieran este tipo de conversación todos los días. –No es que eso resulte de peso, algunas veces...

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, en el curso de la historia hubo casos de brujas y magos famosos que han tenido amantes de su mismo sexo. Hubo rumores hasta sobre Dumbledore, y nadie lo tuvo en cuenta...

-¿¡Qué?!

Hermione se encogió de hombros. –Bueno, los hubo...¿ves a dónde quiero llegar? A veces, la reputación puede compensar lo que algunos magos consideran una falla. Y, además, hay casos en los que la persona no tiene opción, en realidad...

Otra vez, Harry pareció perdido.

Hermione se mordió el labio, preguntándose si hacía lo correcto, arriesgando esa información; luego se lanzó sin más. –Bueno, como en los casos de los veelas...o las parejas de los hombres lobos.

Harry parpadeó y su expresión seria mostró que estaba escuchándola -por una vez-.

-Toma a Sirius y a Remus, por ejemplo-. Dijo, ignorando su ligero respingo, ante la mención de su padrino. -Remus no hubiese podido decidir nada sobre su relación con Sirius. El mundo mágico en general, incluyendo a los de sangre pura, hubiesen tomado eso como un aspecto más de la maldición.

Harry suspiró y se apoyó en el respaldo, luciendo tan atribulado como al principio. Ausentemente, Hermione hojeó su libro de texto, dejándolo pensar en lo que acababa de decirle –se retraería completamente si ella tratara de presionar en la conversación antes de que estuviera listo-.

El silencio contemplativo continuó hasta que Hermione sintió que sus párpados se cerraban, cuando temió dormirse, él habló.

-Y entonces...¿cómo...cómo sabes si lo eres?

-Asumiría que te atraen los chicos, o las chicas, si fuera el caso.

Harry se mordió el labio. -¿Y si...y si no es así? ¿Y si sólo me atrae una persona?

Nuevamente, ella se preguntó si él creía que estaba siendo sutil. Sacudiendo la cabeza, exasperada, trató de darle forma a su respuesta. –Entonces...tal vez no te atrae el género, tal vez sólo te atrae Draco, como persona.

-Pero...¿¡Qué!?- su cabeza giró, para mirarla con ojos desorbitados.

Hermione sonrió, indulgente. –Lo siento, ¿se suponía que no tenía que adivinar tanto?

-Eso no...no es...¡Hermione!

-¿Qué? No es nada para avergonzarse.

-Pero-

-¿Lo besaste?

Rápidamente, el chico se puso rojo, y ella rió.

-¡Ah! ¡Por eso estabas tan contento esta tarde!- Sonrió ampliamente, y no pudo evitar preguntarle. -¿Y? ¿Fue mejor que Cho?

Hermione no recordaba haberlo visto tan horrorizado. En su desesperación, Harry volvió a taparse la cara, hundiéndola en los almohadones.

A pesar de todo, Hermione no pudo evitar la chispa de diversión, tenía que reconocérselo a Draco: el Slytherin debía estar haciendo algo bien porque, hasta ahora, ella no hubiese creído que Harry pudiera inclinarse hacia él, en realidad tampoco hacia ningún otro chico.

-¿Crees que estoy comportándome como un estúpido con esto?- Susurró, eventualmente, en un murmullo apenas audible.

Hermione lo examinó con cuidado. ¿Lo creía? ¿Cómo podía explicarle que no, que por más irónico que fuera, ella comenzaba a pensar que el hombre lobo era su mejor opción…? Aunque quisiera, Draco jamás lo lastimaría ni lo traicionaría, jamás flaquearía en su lealtad. El hombre lobo lo protegería con la totalidad de sus poderes, usaría toda su fuerza, su magia y su astucia…Y más, aunque ella frecuentemente desaprobaba sus métodos, era capaz de reconocer las ventajas de disponer de la fría inteligencia del Slytherin abocada a beneficiar a Harry.

Y, si Harry aceptaba que mantener una relación con Draco lo hacía feliz –algo que ella no hubiese creído posible-, bueno, mejor que mejor…

Por eso, Hermione sonrió.

–Creo que es la cosa menos estúpida que has hecho en un muy largo tiempo.

Harry levantó la vista y la miró, parpadeando sorprendido.

Hermione suspiró, juntó sus libros y se paró, cubriendo un bostezo. –Cuéntame más mañana, Harry. Lo siento, pero voy a quedarme dormida si sigo sentada aquí.

Él se quedó mirándola con la boca abierta. -¡¿Qué, eso es todo?! ¿No hay sermones, ni siquiera…preguntas? ¿¡Nada?!

Hermione sonrió de lado. –Parece que estuvieras alterado porque no te hago problemas por esto.

-Bueno…pensé…

Cariñosamente, ella estiró la mano y le tironeó del cabello, antes de girar en dirección a su dormitorio, respondiéndole por sobre el hombro.

-Harry. No todos queremos hacerte las cosas más difíciles.

Xxxxxxx Dulzura Letal, 1 de abril de 2013 xxxxxxxxHD