Aviso: este capítulo tiene contenido sexual

Vigésimo primer encuentro – parte 3

Magnus

Finalmente, Alec levantó su cuerpo, reclinándose en su codo y le miró directo a los ojos.

— ¿Sería inapropiado si quisiera besarte? –le preguntó a Magnus. —Sería algo así como que te estoy usando para calmar mi dolor, y no se siente del todo bien.

Alec era así, siempre honesto y abierto. No cabía la mentira en él y Magnus lo sabía. Él estaba siendo sincero. No quería que Magnus pensara que lo estaba usando.

—Puedes besarme. –contestó Magnus. —En verdad, no hay problema.

Se estiró para tocar la mejilla de Alec y tiró de él. La boca de Alec alcanzó la suya con un arrebato de urgencia. Magnus sentía el dolor y la desesperación de ese beso mientras sus labios se abrían por la presión que Alec ejercía en ellos. Este introdujo su lengua en la boca, explorando el espacio con una necesidad latente. Tomó el rostro de Magnus con su mano libre en un movimiento rápido, de esos que solo los cazadores de sombras pueden lograr. Después se posó encima de él. Magnus rodeó su cuerpo con sus brazos y jaló para acercarlo. Deslizó sus manos en la espalda de Alec y estas desaparecieron bajo la playera que este estaba usando. Magnus se había quitado los zapatos, los jeans y el suéter antes de meterse a la cama. En respuesta a las caricias, Alec pegó su cuerpo y presionó las caderas contra él. Un suave gemido se le escapó de la garganta al momento de mover su boca contra la de Magnus.

Magnus sintió el hervor de la sangre partir desde su estómago. Sentir a Alec encima de él mientras una de sus manos se enterraba entre su cabello y otra encontraba el camino a la costura de su playera para meterse abajo esta, le hacía perder el control. Aprovechó para mover las manos que tenía sobre la espalda de Alec, marcando suaves caricias a lo largo de cada músculo y cada cicatriz. Alec se liberó del beso y elevó su cuerpo ayudándose de sus hombros. Jaló su propia playera por encima de su cabeza y la aventó al piso, solo para regresar a la boca de Magnus, besándolo con pasión. Tenía ambas manos bajo la playera de Magnus y tiraba de esta hacia arriba para sacarla. Como resultado, el perfecto torso de Magnus tocaba el suyo, excitándole aún más. Alec se levantó sobre Magnus nuevamente, respirando con dificultad, tomó nuevamente la orilla de la playera y logró sacarla de un solo movimiento. Magnus le alcanzó arriba para acomodar un mechón de pelo tras la oreja de Alec. Los ojos de este estaban oscurecidos con una mezcla de dolor y pasión.

Ante el movimiento de Magnus, Alec dudo un tanto y buscó la mirada de Magnus.

— ¿Está bien? ¿Está bien que estemos en esto? – preguntó, pareciendo repentinamente muy joven y muy vulnerable.

—Está bien por mí, -aseguró Magnus. — ¿Está bien para ti?

Alec rodó sobre su propia espalda con el pecho aún agitado por el esfuerzo de controlarse y mirando al techo, decidió volcar algunas verdades. —Quiero hacerlo. –se animó. Con voz casi inaudible. —Pero no solo, porque quiero aliviar algo del dolor que siento.

Magnus ladeó su cuerpo para trazar con sus dedos, algunas de las figuras en lo alto del brazo de Alec. –pensativo y dudoso se atrevió a preguntar. — ¿Cuál es la razón, entonces?

—Alec giró su cuerpo y su cabeza y le sostuvo la mirada a Magnus. —Porque…-dijo bajando su voz a nivel de suspiro. —Creo que te amo.

De todas las cosas que Alec podría haber dicho, esta fue una que Magnus no esperaba. Su corazón pegó un salto tan fuerte que se atragantó. Alec le había ofrecido presentarle con sus padres y este le había buscado en un momento de dolor muy grande. Incluso había llorado en su hombro y le había contado historias de su hermano. Pero llegar a esto. Escucharle decir que le amaba, era algo que Magnus no había anticipado en lo absoluto. Por lo que a él concernía, Alec seguía enganchado a su parabatai Jace y el sentimiento de saber que él hombre del que se había enamorado, le correspondía, era indescriptible.

El hervor de la sangre se esparció por las venas. Se sentía más vivo de lo que podía recordar en siglos. Sus ojos brillaron con más intensidad y su rostro se iluminó completamente. Una sonrisa de felicidad apareció en su rostro. Una que alcanzaba para desaparecer la tristeza de las últimas horas. Él chico hermoso que tenía en su cama le veía con asombro, inquietó, pero finalmente le devolvió la sonrisa. De ninguna manera pensó que fuese posible hacer sonreír a Alec ese día, pero lo había logrado. El rostro de Alec se iluminó también, tal como si una luz interior hubiese sido encendida.

Magnus movió su mano de donde descansaba en el brazo de Alec, hacia su mejilla y le acarició con su pulgar. —Mi Alec, -suspiró, asombrado de encontrar su propia voz para contestar, —Yo también te amo.

Se inclinó un poco para besarle. Alec lo tomó y tiró de su cuerpo. Magnus sintió su corazón explotar debido a lo intenso del beso. Las manos de Alec divagaban en su espalda, deslizándose sobre su espina dorsal hasta bajar a la cinturilla de sus boxers. Magnus colocó las suyas encima de las de él para urgirlo a seguir. Alec, motivado por la reacción de Magnus, metió las manos dentro de los boxers, acariciando lentamente el trasero de Magnus y deslizando los boxers hacia abajo de su cadera lentamente. Las manos de Magnus copiaron el movimiento, y con mucha mayor experiencia y confianza, este le desvistió de un solo movimiento. Entonces sintió el agarre de Alec en su miembro y jadeó quedo. Colocó su mano en la muñeca de él y le pidió, "Alec, deja que yo vaya primero."

—No, -contestó Alec en seco.

Tomó a Magnus a la altura de sus hombros y le empujó hacia abajo para recostarlo en la cama. Lo beso tiernamente y volvió a bajar su mano. Magnus tuvo que cerrar sus ojos al sentir el movimiento a lo largo de su erección. Lento al principio pero con un poco más de fuerza y velocidad después. Magnus estaba sorprendido de la habilidad de Alec. Sabía exactamente la cantidad de presión y el lugar perfecto. Magnus abrió sus ojos para poder ver a Alec a la hora de terminar. Alec tenía fija la mirada en su mano deslizándose arriba y abajo en la longitud de Magnus, pero al sentir su mirada, levantó la cabeza. Le sonrió y se inclinó a besarlo. Alec aceleró el movimiento de su mano disfrutando de la dureza y la suavidad de este. Magnus recibía oleadas de éxtasis y jadeaba frenéticamente. Alec estaba enfocado en su tarea de complacerle y le sonreía con descaro. Magnus cedía al placer de tener a Alec satisfaciendo su urgente necesidad de tenerle. Los espasmos aumentaron. Magnus arqueó la espalda y embistió la mano de Alec, para terminar con un fuerte gemido. Alec no le soltó, hasta que Magnus terminó con los espasmos y se quedó tendido tranquilamente sobre su espalda.

Contento con la labor realizada y sonriendo complacido para Magnus, le miraba extasiado. Cuando, finalmente, Magnus recobró la respiración, abrió los ojos para verle. Entonces Alec habló. "Lo siento, yo no puedo conjurar toallas de papel." -dijo tímidamente. Magnus sonrió y chasqueó sus dedos. Una caja de pañuelos apareció en la cama junto a ellos. Alec tomó unas piezas y limpió el estómago de Magnus con estas.

Alec se tomó su tiempo para limpiar y al terminar, sintió a Magnus jalar de él. Quedó justo encima de Magnus y este le plantó tremendo beso. Sentía sus manos en la espalda y poco después en su trasero, apretando y acariciando. Alec gemía contra su boca. Entonces, Magnus le giró con extrema gentileza y lo hizo recostarse sobre su espalda contra la cama. Le besaba el cuello y su garganta. Lamía y chupaba la piel encendida de Alec. Magnus estaba disfrutando los besos pero aún más los eróticos gemidos que escapaban de la boca de su amor, cada que sus labios le tocaban. Descendió los besos al pecho mientras jugaba entre sus dedos uno de los pezones. La excitación de Alec estaba nublando su mente. Magnus tomó el segundo pezón, esta vez con sus labios y succionó suavemente. Alec, arqueó su espalda contra Magnus al sentir la caricia y tiró aún más de él para acercarlo. Este repitió la succión en el otro pezón, antes de bajar a su estómago. Besaba su ombligo y su abdomen. —Yo no tengo uno de estos. –murmuró Magnus contra su piel caliente.

—Un ombligo. Es todo un misterio para mí.

Alec rió nerviosamente y Magnus continúo el descenso de su boca. Sintió a Alec inhalar cuando Magnus acomodó su cuerpo entre las piernas de este y beso su muslo izquierdo. Posó sus manos en la cadera de Alec, mas para sostenerle que para acariciarle y movió sus labios a la base de la dura erección de este. Magnus comenzó a lamer su miembro lentamente. Alec gemía sin control. Poco a poco fue subiendo las caricias a la punta, abrió la boca y succionó suavemente la cabeza del pene. Los gemidos de Alec se hicieron más fuertes. Sus dedos se enterraban en los hombros de Magnus. Este cerró una mano en la base de su miembro y ahueco la boca para introducir en ella, tanto como le fue posible. Al mismo tiempo que succionaba, su mano subía y bajaba. Alec se movía embistiendo un poco con cada movimiento y Magnus lo recibía con todo lo que era capaz. El cuerpo de Alec comenzó a temblar. Gemía y hundía su miembro con más fuerza, retorciéndose de placer.

—"Voy a terminar" –dijo finalmente.

Magnus sabía lo que quería Alec. Este le avisaba para que se retirara, pero Magnus no estaba dispuesto a hacerlo. En vez de eso, succionó con más fuerza y sintió a Alec terminar en su boca. Su sabor era dulce y salado y tenía mucho de ese "Aleccy" que Magnus adoraba. Magnus tragó todo el fluido liberado y solo entonces le soltó. Movió su cuerpo para verle el rostro de Alec, que yacía recostado con su cabeza aún hacía atrás y con los ojos cerrados. Se recostó junto a él y acaricio su cara.

—No puedo creer que hicieras eso. –Dijo Alec abriendo los ojos. —Eso estuvo ardiente.

—Lo sé. –replicó Magnus con ojos aun brillosos por el placer. —Me encantó, te amo y te lo mereces.

—Yo también te amo. –confesó. —No solo creo que lo hago. Lo sé. Te Amo.