Phichit, sentado entre Yuuri y Seung, se pasó la mayor parte del trayecto contándole al ruso lo genial que era Kenjirou, demostrando su justo sentido del juego limpio en la campaña que se vendría. Claro que no perdió oportunidad en recalcarle a Nikiforov que él lo había conocido primero, que viajarían todos los días juntos de ida y regreso de la escuela, que lo cubriría con su ala protectora y...
—Votaré por quien me convenza más y mejor, Phichit —Yuuri zanjó el tema con una simple oración.
—Justo —declaró Seung y agregó—, puedes dejar de acosarlo ahora, Phichit.
Inflando las mejillas, el tailandés suspiró, asintió y luego rio.
—¡Intercambiemos música, Yuuri! —animó de lo más sonriente—, un paso perfecto para conocer a alguien es a través de sus gustos musicales.~
Bajando su oscura mirada hacia la pantalla de su teléfono con carcaza azul de caniches, Yuuri dudó.
—¿Te agrada la música clásica?
—¿Clásica? —Phichit ladeó la cabeza.
—Mozart, Bach —enumeró Seung, a su derecha.
—Sé cuál es la música clásica, Seunie.
Erizándose por el apodo y ante la mirada curiosa de Yuuri, Seung perdió por unos segundos su perfecta expresión de póker.
—No he oído mucha —confesó con una pequeña risa Phichit—, ¿a ti te gusta la electrónica?
—Escucho de todo.
—Excelente —sonrió el tailandés—, enciende tu Bluetooth.
