¡Hola!

Este, quizá, sea uno de los capítulos donde haya más diálogos. Ha sido pesado escribirlo, pero era importante explicar algunas cosas y, aunque a veces sentía la necesidad de correr, he tenido que seguir el ritmo del resto de capítulos. ¡Mejoraría un montón de cosas que he escrito aquí!

¡Espero que no se os haga muy pesado!

¡Muchas Gracias!

- P.D: La mayoría de personajes y mundo pertenecen a Bioware. Yo los he tomado prestados para hacer mi propia versión de la historia, añadiendo algún que otro personaje de mi propia invención.


"Adiós"

["Te dará fortaleza, amigo mío. Recuerda lo que fuimos y por lo que luchamos. Sé que Ferelden estará bien en tus manos".]


"Teniente, descansaremos aquí. Avisad a los reclutas."- hizo un gesto con su mano en el aire, y varios miembros de la caballería se replegaron por las cercanías.

La mujer asintió y se alejó de él con un pequeño contingente de reclutas a pie.

El sol se hallaba ya en el horizonte por el oeste. El trayecto desde Gwaren no había supuesto mayor dificultad. Salvo algunos animales salvajes, el camino se encontraba libre de monstruos y bandidos. Después de todo, puede que esto no sea una verdadera Ruina- pensó mientras se bajaba de su corcel. Su mano acudió a la crin del caballo, que acarició con delicadeza.

Magnus era el nombre del pura sangre que le regaló Maric antes de partir en barco aquel fatídico día. Desde entonces, su única montura era este portentoso alazán zaíno de crines blancas y mirada intensa. La raza era una mezcla exclusiva de potro marqueño y frisón fereldeno; pura fuerza y sangre. Algo de lo que él estaba tremendamente orgulloso. Sea donde sea que él fuese, Magnus le acompañaba, siempre imperturbable, siempre valeroso y obediente. En cierta forma, le recordaba que Maric seguía junto a él de algún extraño e indirecto modo. Cada vez que acariciaba su corcel, recordaba el momento en que su amigo se lo obsequió antes de dedicarle, sin él saberlo, las que serían sus últimas palabras – Te dará fortaleza, amigo mío. Recuerda lo que fuimos y por lo que luchamos. Sé que Ferelden estará bien en tus manos - Aún sus palabras resonaban en su mente y corazón. Era una despedida, y no una despedida cualquiera, sino una definitiva. "Maldito seas Maric…"- replicó para sí, mientras intentaba despejar su mente de viejos y dolorosos recuerdos.

Cogió las riendas de su caballo, y se dirigió hacia donde se encontraban la infantería y caballería reunidas para descansar de la larga jornada. El improvisado y temporal campamento, se hallaba repleto de caras cansadas y cuerpos derrengados que parecían buscar el descanso, desesperadamente.

"Teniente, ¿novedades de los exploradores?"- después de dejar su corcel, se acercó a su subalterna, que se encontraba con expresión sombría mientras daba indicaciones a un soldado.

"Mi señor, aún no han regresado"- contestó inquieta mientras le hacía una señal al joven para que se marchase.

Él sabía que no eran buenas noticias. Los exploradores solían alejarse del grupo principal pero, aunque iban a pie, eran tan veloces en su reconocimiento que volvían a los pocos minutos de su marcha. Sin embargo, estos, aún no habían regresado y ya había transcurrido un tiempo más que considerable.

De repente un alboroto cercano le sacó de sus pensamientos.

"¡Aquí!"- alguien gritó.

Se volteó hacia el tumulto que se formaba a unos pocos pasos de donde se encontraba, y se acercó a grandes zancadas mientras apartaba a varios soldados que se agolpaban alrededor.

"¡Qué sucede!"- dijo molesto mientras se abría camino hacia el foco del alboroto.

Desvió sus ojos hacia el suelo, deteniendo su mirada en el bulto que allí se encontraba convulsionando violentamente. Tardó un par de segundos en reconocer que esa masa informe, en realidad, era un hombre… o lo que quedaba de él. Uno de sus brazos había sido arrancado de cuajo de su torso, y parte de sus intestinos colgaban hacia el suelo, ensuciándose, con cada espasmo de su cuerpo, de arena y hojas. La cara del individuo era de agonía y horror. Sus ojos estaban a punto de salírsele de las órbitas y su boca ensangrentada, se hallaba desprovista de varios dientes que parecían haber sido arrancados fruto del fuerte golpe que había dejado una gran marca morada en su mejilla.

Él se acercó hasta el muchacho que balbuceaba entre espumarajos rojos, saliva y sangre – "¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto?"

El joven luchaba por coger aire e intentaba hablar, pero no salía voz alguna, sólo gruñidos y ruidos mientras su garganta y boca buscaban articular cualquier palabra. Parecía desesperado pero, sobre todo, asustado. Su boca estaba llena de sangre, sus ojos comenzaban a ponerse en blanco y una palidez grisácea comenzó a cubrir su rostro.

"¡¿Dónde demonios está el cirujano?!"- gruñó. De repente, una figura nerviosa apareció a su lado y comenzó a atender inmediatamente al herido.

"N-no creo que dure mucho, Señor"- dijo el médico mientras inspeccionaba las heridas del soldado y peleaba por mantenerle estable ahí mismo.

Él dudaba seriamente de que el joven sobreviviese, así que debía actuar pronto. Algo había ocasionado esto y por la mirada de horror del soldado, no era algo habitual. Se dio la vuelta buscando a su subalterna, y la vio de pie detrás de él, mirando horrorizada al joven herido que seguía sufriendo fuertes estertores.

"¡Teniente! Enviad dos grupos en vigilancia ¡Ya!"- la mujer asintió y, con un grito que no admitía réplica, despejó automáticamente el arremolinamiento de soldados curiosos, para después salir corriendo hacia un grupo de infantería que se encontraba descansando a la sombra.

La vio partir y después dirigió de nuevo su mirada al joven que aparentaba experimentar cierta calma. Pero algo en su rostro le llamó fuertemente la atención. Unas oscuras venas comenzaban a subir desde su cuello hasta sus mejillas. Cada poro de la piel del joven exudaba gotas gordas y calientes de sudor que se deslizaban por su piel al instante, para volver a generarse de nuevo.

"Deberíamos llevarle en camilla, señor. La suciedad de la tierra no ayuda"- el cirujano luchaba por limpiarle las heridas y el joven seguía convulsionando ligeramente entre pequeños gruñidos y gemidos.

Es casi un niño…- pensó mientras que, con el ceño fruncido, observaba nuevamente al joven. Dolía tomar una decisión así, pero había que hacerlo. Levantó la mirada y observó con determinación al cirujano – "Acabad con su sufrimiento. No sobrevivirá"- se levantó torciendo su boca en una mueca de desagrado, sin apartar la mirada de los ojos del médico que le observaba ahora con incredulidad.

"¿M-mi señor…?"-

"Me habéis oído bien. No podéis hacer nada y vos lo sabéis. No tiene sentido dejar que sufra más."- se dio la vuelta y antes de iniciar la marcha, continuó – "Quemad su cuerpo después".

Escuchó al médico tragar saliva y asentir con voz temblorosa, pero no replicó. Al cabo de unos segundos, no se oyeron nada más que sus pasos cuando se alejaba del ya cadáver.

Varios soldados observaron la escena con horror y muchos murmuraban entre dientes. Él miraba al frente, ignorando sus miradas inquisitivas, y se dirigió a paso ligero hacia donde su subalterna. Al llegar, la mujer se encontraba dando órdenes a diestro y siniestro a varios soldados nerviosos que obedecían sin rechistar.

"Reforzad los flancos izquierdo y derecho, capitán. No quiero ver ni un espacio libre"- gritaba ella.

"¡Teniente!"- su voz brotó más seria de lo habitual.

"Mi señor"- se sobresaltó la mujer- "Ya están apostados los grupos de vigilancia. Estaba reforzando los laterales para-"

"Dejadlo. Levantad el campamento de inmediato. Ordenad a la infantería que se ponga en posición de alerta y ataque. El viaje acaba de complicarse más"-

"Señor… ¿A qué os referís? ¿Es por las heridas del soldado?"- la mujer se acercó un poco más a él, y continuó algo confundida – "E-el explorador parece haber sido atacado simplemente por una bestia."-

"Bestia es, sin duda, pero con armas y armaduras, Ser. Nos enfrentamos a algo más maligno. Dad las órdenes a reclutas y oficiales, el entrenamiento real comienza ahora. No quiero errores, Teniente. El Rey nos espera."- y diciendo esto, se dio media vuelta y se dirigió a paso firme hasta su caballo que pastaba indiferente, completamente ajeno al revuelo del campamento.

Antes de que pudiera llegar hasta su corcel, un silbido agudo llamó su atención y, por el rabillo del ojo, observó un movimiento extraño. Actuando por instinto, se abalanzo hacia adelante, dio una voltereta en el suelo y, levantándose en el acto después, se giró para ver el origen del ataque. Una oscura y grasienta flecha se hallaba donde antes él se encontraba de pie. La pluma oscura y torcida del proyectil, junto con el color verdoso pastoso que la recubría, no dejaban margen de duda. Abrió los ojos en sorpresa y desenvainó inmediatamente su espada - "¡Todos a cubierto!"- gritó mientras salía corriendo hacia donde se hallaba su teniente mirándole incrédula.

Gritos y voces siguieron al segundo después. Flechas de fuego volaban por los aires, varias de ellas impactando en los torsos de jóvenes labriegos disfrazados de soldados que buscaban, con su poca destreza, proteger su nación. Su estómago se retorció con la visión de las bestias que plagaban el campo con sus oscuras y sucias presencias. Sus gruñidos y chillidos invadían el corazón de sus hombres de un terror tan puro, que sus rostros parecían transformarse en auténticas máscaras de dolor y horror, haciendo que su valor se drenase de sus inseguros cuerpos a una velocidad abismal.

"A vuestras armas, ¡Ya!"- gritaba mientras corría a socorrer soldado tras soldado que se veía superado en número.

Su corazón latía con fuerza, sus piernas le llevaban velozmente hacia donde él las dirigía y su cuerpo respondía con terrible rapidez. Sentía la adrenalina invadir su torrente sanguíneo proporcionándole esa resistencia y determinación que tanto uso hizo de ellas en el pasado. El ímpetu con el que había reaccionado se sentía un poco desconocido para él, sobre todo teniendo en consideración los últimos años de su rutinaria y casi sedentaria vida, pero su garra y destreza seguían tan latentes en su cuerpo y alma, que afloraban con la mínima tentativa de lucha. Se sentía vivo – Vivo, finalmente- recordó esa sensación de su juventud, y una súbita imagen asaltó su memoria; el hermoso rostro de esa joven elfa y su cuerpo reaccionando tan violentamente con la cercanía de aquellos imposibles ojos verdes. Se estremeció con el recuerdo. Sacudió su cabeza para apartar la incomodidad del descubrimiento y continuó su carrera.

"¡No retrocedáis!"- chilló al ver varios reclutas trastabillar hacia atrás mientras observaban, horrorizados, a varias de esa bestias acercarse con sus espadas y ballestas. Corrió directo a ellos y se colocó entre los jóvenes y aquellos monstruos que detuvieron su paso, un breve instante, para observarle con curiosidad.

"Son simples bestias, y mueren con nuestros filos y puntas. ¡No os rindáis!"- vociferó con determinación, mientras blandía su espada en alto, amenazante.

Sin previo aviso, se abalanzó sobre el monstruo más grande del grupo. El enorme casco con cuernos de la bestia, y su gran hacha, no duraron mucho frente a la velocidad y fortaleza de su ágil ataque; con un grácil y rápido movimiento del brazo, cortó instantáneamente la cabeza de la bestia que caía rodando al suelo entre chorros de sangre oscura que manchaba los alrededores, levantando un hedor tal, que le obligó a taparse la nariz un instante para soportar las ganas de devolver.

Él recordaba ese hedor, el color de esa sangre y el terror. Los caminos de las profundidades habían sido determinantes en su vida por varias razones. Una de ellas, era la revelación de que, las leyendas de monstruos corruptos, eran ciertas. De que debajo de Ferelden, había monstruos que buscaban saciar su sed de sangre sin propósito aparente. El porqué de encontrarse de nuevo con ellos en la superficie, no lo sabía con certeza, pero quizá los Guardas Grises estuvieran en lo cierto y que, después de todo, esto sí era una Ruina o, al menos, la antesala a ella. Sin embargo, no quería darlo todo por hecho aún. Demasiadas interrogantes y muy pocas respuestas o evidencias.

En cuestión de pocos segundos, él solo acabó con el grupo de bestias que amenazaban con asesinar a los asustados reclutas. Cuando hubo terminado, se dio la vuelta y observó a los ojos a aquellos jóvenes, mientras contorsionaba su cara en un gesto de determinación y fuerza– "Levantad vuestras espadas y luchad, soldados. Son ellos, o vosotros ¡No os rindáis!"- se alejó de ellos y corrió hacia otro grupo que se veía superado en número, para ayudarles con presteza. Cada vida era importante, y él lo sabía.

No tenía miedo. Su cuerpo era una máquina; una máquina de asesinar. No sentía nada. Quizá sólo impotencia por no poder acabar él solo con toda la amenaza y evitar así más muertes innecesarias, pero él era tremendamente consciente de que, en una guerra así como en la vida misma, las pérdidas eran inevitables. Sólo le quedaba lanzar tajo tras tajo a cualquier enemigo que se acercase a él o a los suyos. Tenía que ser un buen líder; el buen líder que Maric siempre pensó que era.

Poco a poco, todo a su alrededor comenzó a cobrar un nuevo orden. Varios soldados le observaban atónitos mientras él corría de un lado a otro para salvar a cuantos pudiera. Su teniente y capitanes gritaban órdenes que se obedecían de inmediato, logrando así repeler el ataque en gran medida. Los monstruos iban cayendo como moscas y muchos de sus reclutas también. Algunos salían corriendo pero eran capturados, al poco tiempo, por soldados que les hacían volver a la lucha con renovadas fuerzas y moral.

Se sentía orgulloso de su gente, de sus soldados y oficiales, pero sabía que este pequeñísimo ataque no sería más que una leve introducción a lo que les esperaba en Ostagar. Si las noticias eran ciertas, estos muchachos que aquí luchaban desesperados, no durarían ni dos segundos en la batalla que les esperaba. Sea como fuere, esto les vendrá bien – pensó - así verán el horror a los ojos y podrán plantarle cara.

En el fondo, sentía cierto alivio al comprobar que sus soldados resultaban una fuerza a tener en consideración, a pesar de los nuevos e inexpertos reclutas. También se sentía tremendamente orgulloso del entrenamiento y disciplina que parecían demostrar; todos unidos como un gran ser vivo, con consciencia y voluntad propia. Era hermoso de presenciar.

Los segundos parecieron horas pero, eventualmente, la lucha cesó y todos sus soldados lesionados terminaron lamiéndose las heridas. Varios reclutas perdieron la vida, y sus cuerpos se quemaron juntos después de rendirse los honores militares correspondientes. Algunos soldados fueron también asesinados, y estos fueron honrados por sus compañeros de diferentes formas. Aunque el tiempo era muy valioso y debían llegar cuanto antes, no soportaba la idea de abandonar, sin más, sus cuerpos en el frío barro del camino. Él mismo se encargó de encender las piras funerarias. No dijo nada; no pudo. No se le daba bien inspirar en la muerte, así que Ser Cauthrien se encargó de los rezos y honores.

No habían sido muchas pérdidas, pero él no era un hombre puramente de números, aunque, al final, siempre se reducía a ellos; él valoraba la vida de cada hombre que servía a su nación, sabía cada nombre de sus soldados y reclutas, incluso de personas de sus familias. Era la forma de hacer que aquellos números cobrasen cierta humanidad, cierto honor cuando la muerte era el resultado final. Después de todo, él siempre era el responsable de ello.

La noche terminó cayendo sobre ellos como un manto lúgubre y frío. Sus ojos miraron brevemente el camino que dejaban atrás, con aire sombrío. Una ligera humareda oscurecía más la bóveda celeste, creando una columna grisácea que opacaba la tenue luz de las estrellas. La luna llena iluminaba el camino pero no así las almas de los soldados que se encontraban marchando con aire solemne aunque triste. Todos habían perdido ese día, pero todos eran conscientes de que, seguramente, perderían más al llegar. Era una guerra y sus tropas lo sabían. Él lo sabía… y, por primera vez en su vida, quiso estar lejos de allí.


"Por favor, sé su guía, su protector."-

Los grandes ojos ámbar del elfo la miraban agónicos. Su cara ensangrentada, sus ropajes oscuros y empapados envolvían el delicado cuerpo que se hallaba en el suelo encharcado en sangre. Hojas y ramitas secas flotaban en el rojo líquido, y su débil cuerpo temblaba con cada pequeño esfuerzo.

Ella le observó aterrorizada, su corazón latía fuertemente, pero sabía que nada de lo que hiciera podía salvarle; era demasiado tarde. Una terrible tristeza inundó su corazón y quiso llorar, pero no pudo. Tampoco pudo acercarse a él ni hablarle. Se movía desesperadamente pero nada parecía funcionar.

Sin apartar su triste mirada de ella, el elfo extendió una mano como buscando alcanzarla, pero ella se alejaba cada vez más de él. Luchaba por ayudarle, salvarle, pero la distancia entre ellos se hacía cada vez más grande y no sabía por qué. Los delicados labios del elfo se apartaron ligeramente y su dulce voz resonó como un trueno en su mente.

"Lyna… Ar lath ma, da'vhenan… Dareth Shiral"-

Ella golpeó con fuerza sus alrededores, pero fue inútil. Por sus venas la sangre fluía como un torrente descontrolado, al borde del abismo. Se sentía impotente e insegura, y de nada valía luchar, pues nada surtía efecto. Se sentía demasiado débil, otra vez.

Finalmente, los enormes y hermosos ojos ámbar del elfo, se apagaron lentamente con un último destello final que envolvió su corazón de la más absoluta desolación. Ella gritó hasta casi ahogarse, pero no hubo sonido alguno. Todo lo que hiciera parecía mitigado por algo que la rodeaba, que la cubría y aislaba.

Sin previo aviso, una luz intensa la cegó durante un breve instante y luego una voz la sobresaltó –

"Aquí estoy… no me iré de tu lado…"

¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Dónde estoy?- buscaba las palabras, pero ninguna brotaba de su garganta.

"Soy yo. Estás a salvo"-

De repente, la oscuridad se la llevó de nuevo. Algo la arrastró súbitamente enviándola hacia otro lugar; un lugar frío y triste. Se oía un llanto, un temblor, un grito. La voz de una mujer en agonía. Unas manos frías la rodeaban. Ella lloraba, alguien más lloraba, y todo pasaba muy rápido. Cerró los ojos y ahí estaba de nuevo esa luz.

"Todo irá bien"-

Pero algo no iba bien. No sentía calor, se sentía sola e insegura. Lloró de nuevo. No entendía nada, pero tenía mucho frío y hambre.

"Es lo único que te queda de él. Debes protegerla"-

Más llanto, pero esta vez no era de ella. Una mujer lloraba a lo lejos. El llanto de una desconocida. Inesperadamente y sin verlo venir, la oscuridad la volvió a engullir. Su mundo dio vueltas hasta detenerse súbitamente en un lugar que no conocía, que apenas veía, pero cuyo olor invocaba al recuerdo.

Dos voces hablaban, voces familiares. ¿Discutían sobre ella? No estaba segura. Sólo llegaba a oír trozos que parecían no tener sentido.

"¿Cómo es posible que haya hecho esto?"- una voz femenina y joven resonaba a su alrededor.

"Debemos ser fuertes. Ella nos necesita"- esta vez una voz experimentada, serena, se hizo presente, pero un atisbo de tristeza se intuía con cada palabra.

"Todo irá bien. Sé valiente"-

De repente, dolor. Mucho dolor. La agonía era tal, que sentía su cuerpo sacudirse bruscamente. Su cabeza golpeaba una y otra vez el duro material sobre el que estaba reposando. La oscuridad hizo su presencia de nuevo, pero esta vez, una sensación de paz inundó su cuerpo.

"¿Por qué? ¿Por qué?"-

El llanto de un hombre la sobresaltó. No veía nada, sólo oscuridad. Sintió parpadear varias veces, hasta que su visión se centró en una figura solitaria que yacía de rodillas en el suelo.

"Dioses, no… ella no…"-

Ella podía moverse. Volaba sobre la oscuridad que la envolvía. Se acercaba con cada paso hacia el desconocido. Algo en él le resultaba conocido.

Su curiosidad logró saciarse cuando, al estar a pocos pasos de él, la silueta se hizo evidente – ¡Zathrian!- se llevó las manos a la boca. Pero su sorpresa fue aún mayor cuando, junto a él, yacía el cuerpo inerte y ensangrentado de una mujer. La mueca de dolor en el rostro de Zathrian, estremeció su alma. Su corazón se encogió de tal tristeza, que sus manos acudieron instintivamente al elfo que lloraba desconsoladamente. Al tocarlo suavemente, su cuerpo se desvaneció, como si de ceniza y aire se tratase y, los restos, la envolvieron lentamente como un manto de color que la tranquilizaba y saciaba. Era cautivadoramente placentero. Se estremeció, o eso creyó hacer pues no sentía ni veía su cuerpo.

Sin previo aviso, su cuerpo comenzó a caer al oscuro vacío que se encontraba bajo sus pies. Los destellos de luz e imágenes se sucedían en segundos, en instantes apenas medibles, y a pesar de lo onírico del momento, el dolor era insoportable. No era sólo el dolor físico que tiraba de ella, sino un dolor más allá del plano existencial; algo que la hacía más real, más ella.

Varias imágenes y recuerdos acudían ante sus ojos como visiones oscuras de su vida; memorias de su existencia, de sus errores y éxitos, de sus esperanzas y tragedias.

"Tamlen…"- susurró cuando vio al joven elfo besarla en aquel mágico recuerdo. Su corazón dio un vuelco, y aceleró su paso dolorosamente.

"Fenarel…"- casi pudo sentir sus caricias al observar aquella dolorosa aunque única visión. Su cuerpo se volvió a estremecer, y un cosquilleo brotó en sus extremidades.

Más imágenes de su pasado y presente inundaban su mente. Su cuerpo caía con más fuerza, más insistencia, irremediablemente. No sentía miedo, sólo incertidumbre.

"Sé valiente… Sé tú, Lyna"-

Un rostro marcado y sereno – "Marethari"-

Una sonrisa cálida y un olor familiar – "Ashalle"-

Una mano firme y cómplice – "Ilen"

"…Tú…"- el fuego y hielo de esa mirada detuvo al instante su inexorable caída. Su corazón comenzó a latir con tanta fuerza, que el dolor que sentía se tornó placentero, embriagador. Se llevó las manos al pecho para intentar calmar su paso, pero fue inútil. Esa mirada se clavaba en ella como una flecha, una gruesa y envenenada flecha obligándola a sufrir sensaciones que jamás antes había experimentado. Su cuerpo se agitó con fuerza con cada nuevo recuerdo que comenzaba a revivir - Su cálido cuerpo sobre el de ella. Su aliento, el olor de su piel. Su sedoso cabello…- Quiso apartarse de esas visiones, pero su mente parecía insistir en recordar aquel fugaz pero intenso encuentro que tuvo con él, con su misterioso desconocido.

"No te rindas. Falta poco"-

Ella cerró los ojos, pero esas imágenes seguían invadiéndola… y fue entonces cuando gritó.

Todo a su alrededor resonó. Un eco insoportable hirió sus oídos y una fuerza invisible volvió a tirar de ella, pero esta vez, a una velocidad y con una fuerza tal que la estremecieron desde lo más profundo de su alma.

Cayó hasta que no pudo más y, aun así, siguió cayendo hacia el oscuro túnel que la engullía bajo sus pies. El dolor que sentía, parecía no tener fin. Quería gritar de nuevo, calmar su agonía de alguna forma, pero nada que hiciera, ayudaba. Todo era inútil. Toda lucha o resistencia era fútil.

De repente, su mundo cobró luz y color…

"¡Tú!"- gritó con tanta fuerza que sus ojos se abrieron con la sorpresa. Se incorporó súbitamente, mientras que sus extremidades se estremecían bruscamente sin control.

Un dolor insoportable se hizo patente al instante, y se dejó caer de nuevo al suelo entre gemidos de dolor.

"Shhh, da'len. Todo irá bien. Has sido valiente. Estamos aquí… Bienvenida de nuevo."- una dulce voz resonó sobre su cabeza y ella parpadeó para aclarar su visión, sin mucho éxito. Pero no le hacía falta ver para saber quién era.

"¿Ma-Marethari?... Dón-"- tosió violentamente y un pinchazo agudo le atravesó el pecho, haciendo que se doblase del dolor.

"Calma, Lyna. No te muevas. Aún no estás bien"- la cálida mano de la Custodia acarició su frente con suavidad y ella cerró los ojos con el gesto. Un inesperado calor cubrió su cuerpo, relajándola instantáneamente.

"¡Gracias a los Creadores!"- la voz ronca y suave de Ilen fue lo último que escuchó antes de que quedarse dormida.

Y soñó. Soñó con un bosque lleno de cadáveres. Soñó con un soldado, un hombre de armadura brillante y gran envergadura. Le vio correr por todo el terreno mientras despachaba velozmente a más de un monstruo que se cernía sobre él y otros soldados. Su voz fuerte, grave, cruda, ordenaba no rendirse. Los hombres a los que salvaba, se llenaban de su fuerza y valor. Era invencible, lo más letal que ella jamás había visto. Su simple figura ofrecía un gran estandarte de valentía y temeridad que parecía un foco de luz dentro de tanta oscuridad. Un foco de luz que la atrajo, arrastrándola más hacia la escena. Pudo divisar los cuerpos deformes en el sucio suelo, el olor a carne putrefacta, los gemidos de algunos soldados heridos y, al fondo, detrás de todo el caos… se encontraba él. "¡Tú!"

Otra vez él. Pero ¿Qué era? ¿Quién era? Intentó acercarse más, pero la escena se diluyó y un fuerte dolor la devolvió a la consciencia.

Fenedhis!"- gruñó mientras levantaba una mano hacia su abdomen.

Abrió los ojos e intentó aclarar su visión frotándose con las manos que tenía vendadas.

"Da'len. Estate quieta…"- Ilen la reprendió mientras la obligaba a bajar su mano de nuevo a la improvisada cama.

Ella giró la cabeza para mirar a sus alrededores y, de repente, lo recordó todo.

"¡Oh, Dioses! ¡Tamlen!"- intentó levantarse pero una mano fuerte la detuvo.

"Tranquila, Lyna. Él está bien."- Marethari se agachó hacia ella y le pasó un trapo húmedo por la cara, para quitarle el sudor que le dificultaba la visión.

"¿Dónde está?"- logró decir mientras intentaba estirarse un poco para desentumecer el cuerpo.

"Está con Zathrian y Merrill en mi aravel"-

"¡Zathrian! ¿Él está… está bien?"- levantó el rostro para mirar a su alrededor, y sólo vio a Ilen y Marethari a su lado.

Marethari la observó con curiosidad antes de contestar – "Sí, da'len. Está también bien"

Lyna soltó un suspiro de alivio y se sorprendió a sí misma con la inesperada reacción ante la noticia.

"¿Custodia?"- una voz masculina se oyó al otro lado de la entrada de la tienda.

"Adelante, da'len…"-

Las cortinas de la tienda se descorrieron descubriendo el rostro congestionado del elfo "¡Lyna!"- Fenarel corrió hacia ella y se lanzó de rodillas a su lado, mientras que, con una mano, la acarició suavemente el rostro – "Oh, gracias a los dioses que estás viva. Estábamos muy preocupados por ti"- se acercó más y apoyó su frente sobre la de ella en señal de afecto. Ella cerró los ojos un instante y sonrió aliviada por verle.

"Hace falta algo más que desangrarme para deshacerte de mí, lethallin"- intentó reír, pero el dolor se lo impidió y tosió nuevamente.

"Al parecer, así es. Ahora tendremos que seguir soportándote, niña"- otra voz surgió cerca de la entrada y Lyna levantó el rostro para ver a Duncan de pie, con una media sonrisa y los brazos cruzados a la altura del pecho.

Ella soltó una ahogada carcajada seguida de un gemido de dolor y más tos, pero se recuperó al instante aunque maldiciendo al humano entre medias.

"No te fuerces, Lyna. Aún no estás del todo bien."- Ilen miró con rabia al Guarda Gris y luego a Lyna con expresión de enfado, mientras sujetaba sus hombros para mantenerla acostada, al tiempo que Marethari seguía usando su magia sobre ella.

Los cinco se mantuvieron en silencio un rato más, hasta que Lyna lo rompió.

"Custodia… creo que… deberías descansar"- levantó su mano y la puso sobre la mano de Marethari.

Ésta la miró a los ojos y sonrió – "Ya descansaré luego. Aún tengo maná y tú no estás fuera de peligro. Has… perdido mucha sangre"- la última frase se atascó ligeramente en su garganta y Lyna notó la incomodidad del momento.

"¿Qué ha sucedido?"- intentó levantarse pero Ilen se lo volvió a impedir.

"No creo que sea el mom-"-

"¿Qué ha sucedido, Custodia?"- dijo en tono severo, mientras sujetaba fuertemente la muñeca de Marethari evitando así que continuase con la curación.

La anciana cerró los ojos y suspiró.

"Está bien, da'len… como desees"- dijo en tono cansado.

La siguiente media hora Lyna escuchó con detenimiento lo que había sucedido. La temporal curación de Tamlen, el ritual y sus complicaciones, la actitud de Zathrian y su milagrosa recuperación. Nada de lo que le contaron, en realidad, la sorprendía. Todo entraba más o menos dentro de lo normal, excepto la parte que ella había experimentado cuando estuvo inconsciente. Esa parte la alteraba de sobremanera. Pero no diría nada hasta no estar a solas con la Custodia, pues no quería preocupar ni alertar al resto. Ellos la querían, pero pocos la comprendían como Marethari.

Inesperadamente, un ruido en la entrada sacó a Lyna de sus pensamientos.

"¡Lyna!"- Ashalle entraba corriendo en la tienda sin previo aviso y prácticamente se lanzaba sobre Lyna para abrazarla. Ella no dijo nada, a pesar del dolor que sintió, cuando la elfa la abrazó con fuerza, aunque fue Ilen quien, finalmente, la apartó bruscamente para que Lyna pudiera respirar de nuevo sin dificultad.

"Oh, ir abelas, da'len. Ha sido la emoción de verte despierta. He… hemos estado muy preocupados. Hubo un momento que casi pensamos que…"- la voz se le entrecortó y se tapó la boca para evitar sollozar.

Lyna levantó su mano y la puso sobre ella para tranquilizarla – "Estoy aquí. Sigo viva y preparada para seguir dándote disgustos, Ashalle"- sonrió, y la elfa le devolvió la sonrisa – "Aunque… me comería un buey gordito ahora mismo. ¡Estoy hambrienta!"- su estómago, inesperadamente, confirmó con un gruñido sus palabras y todos alrededor no pudieron evitar reír aliviados al fin.

Después de un par de horas de silencios interrumpidos, conversaciones diversas, comida y magia, Lyna logró sentarse por fin, a pesar de las quejas de su maestro.

Lyna se había dado cuenta de que todos, a excepción de Duncan, se hallaban en un estado de nerviosismo importante. Aunque intentasen disimularlo, ella los conocía bien y sabía cuándo le estaban ocultando algo. Pero decidió esperar hasta preguntar. Necesitaba sentirse mejor, con más energía, así que decidió que había llegado el momento de volver a la normalidad. Quizá así, recuperase un poco de esa fuerza que le faltaba.

"Bueno… estaba muy rica la comida, Ashalle, ma serannas."- le extendió el cuenco vacío y se volteó hacia la Custodia.

"Custodia, me gustaría… limpiarme y vestirme, si es posible"-

Marethari se le quedó un instante mirando y asintió vacilante – "Está bien, da'len. Si te sientes con fuerzas te dejaremos a solas para que te prepares poco a poco"- la Custodia se movió para levantarse, pero Lyna la detuvo.

"Acompañadme, Custodia. Hay… algo de lo que quisiera hablar"- La Custodia la miró con recelo pero aceptó. Después, se volteó para mirar al maestro Ilen y él comprendió al instante.

"Venid. Dejémoslas solas"- dijo el maestro al resto de los presentes. Todos obedecieron, aunque Fenarel puso mala cara, pero Lyna le sonrió suplicante y él, finalmente, aceptó a regañadientes.

Cuando hubieron salido todos, Marethari le alcanzó un cubo de agua y un trapo a Lyna para que se aseara. Lyna se lavó en silencio mientras intentaba recordar el cúmulo de cosas que quería hablar con la Custodia desde que abandonó el campamento. Quería aclarar su mente y su corazón de la angustia que venía sintiendo todo este tiempo, quería encontrar respuesta a la gran lista de preguntas que tenía, pues sabía que sucedían más cosas de las que ella creía. Algo en ella no estaba bien y eso era algo que no se quitaba simplemente con un trapo y agua.

Cuando terminó, se colocó poco a poco su armadura y, con ayuda de la Custodia, se trenzó el cabello de nuevo. Su piel ardía un poco, y las heridas de sus muñecas aún no estaban del todo sanadas pero, a medida que transcurrían los minutos, se sentía cada vez más fuerte. Casi como si nada hubiera pasado. Claro está, la magia de Marethari era la principal causa de su mejoría.

Justo cuando se disponía a hablar, la Custodia la interrumpió- "Da'len… sé que tienes muchas preguntas… pero ¿no crees que primero debes descansar un poco más? Has pasado por mucho estos días…"

Lyna se colocó de frente a Marethari mientras la miraba intensamente a los ojos sin pestañear – "No descansaré hasta saber lo que necesito saber, Custodia, y sé que tienes muchas de las respuestas, si no todas…".- insistió.

Marethari la observó a los ojos y suspiró – "Ma nuvenin, Lyna…"- dijo resignada al tiempo que juntaba sus manos sobre sus rodillas y esperaba paciente el interrogatorio.

Lyna no sabía por dónde comenzar, así que, sin más, soltó lo primero que se le pasó por la mente, sin pensar el orden inicial de sus dudas ni el tono con el que iba a preguntarlas.

"Háblame de mis padres…"-

La Custodia dio un respingo apenas perceptible y carraspeó, pero asintió - "¿Qué quieres saber?"

"Todo…"- se apresuró a contestar –"Por favor…"

"Está bien, da'len. Intentaré contarte todo lo que sé"-

Marethari era, normalmente, una mujer que llevaba puesta encima siempre una máscara de serenidad absoluta que lograba calmar al más nervioso ser sobre Thedas pero, esta vez, Lyna pudo notar una gran incomodidad a medida que avanzaba su relato.

Durante los minutos que la Custodia hablaba, Lyna escuchaba y se imaginaba cada cosa que Marethari le contaba. Sus ojos se le llenaban de lágrimas constantemente e incluso pensó que no soportaría conocer toda la verdad pero aguantó estoicamente. Debía saberlo todo. Su cansado corazón golpeaba fuerte en el pecho con la revelación de su pasado, de su familia, su vida…

"Y… es así como terminaste siendo hija del clan. Somos tu familia desde entonces…"- Marethari bajó la mirada y tragó saliva. Parecía bastante afectada por el relato y ella lo notó.

Lyna se quedó un rato observándola con lágrimas en los ojos y, antes de intervenir, se frotó la cara para despejar toda expresión de dolor que pudiera estar haciendo de forma inconsciente. Estaba cansada de sentirse débil y expuesta, pero había cosas que no podía evitar sentir.

"Entonces… ¿mi madre me abandonó?"- su voz tembló ligeramente con la pregunta.

"No es lo que piensas, Lyna. Ella realmente no tuvo elección"- se apresuró a decir Marethari.

"¿Que no tuvo elección?... si lo que me has dicho es verdad y no me ocultas nada, entonces… ¡siempre tuvo elección!"- Lyna no podía creer las palabras de Marethari. Acababa de descubrir que su madre la había abandonado para adentrarse después en el bosque y desaparecer así para siempre de su vida, y la Custodia la defendía, pero ¿por qué?

"No, Lyna. Ella había sufrido mucho… perdió a tu padre por culpa de esos bandidos… estaba trastornada. Él era el gran amor de su vida y no supo sobrellevarlo…"- Marethari parecía muy nerviosa esta vez. Comenzó a juguetear con sus dedos, cual niña.

Lyna la observó un instante, incrédula. Parecía defender a su madre a pesar de que la evidencia mostrase claramente otra cosa; mostraba que Lyna nunca había sido suficiente para ella, no más que su padre, y por eso la abandonó.

Conocer esto de su vida no la hacía más feliz. Al contrario, la llenaba de una tristeza profunda, una tristeza que le rompía el corazón en mil pedazos. Su madre no la quiso lo suficiente y la abandonó a su suerte y, a su padre, lo asesinaron unos bandidos sin escrúpulos. Con eso ahora tendría que vivir. Pero, conocer esto ahora, no le proporcionaba ninguna respuesta realmente. Marethari había hablado de sus padres, pero no de quiénes eran.

"Custodia… ¿Qué quieres decir con que mi padre era importante para el clan? ¿Era algún maestro o anciano?"- preguntó confusa mientras luchaba por ocultar la tristeza que inundaba su corazón.

Marethari suspiró y ofreció en tono cansado – "Era importante porque… fue el anterior Custodio de nuestro clan, Lyna."

Lyna abrió más los ojos en sorpresa. Su corazón comenzó a latir con tanta fuerza que tuvo que tragar varias veces para evitar que se le saliese por la garganta.

"¿Q-qué…? ¿C-cómo… es po-posible?"- tartamudeó.

"Lyna… tienes que entender que la situación de tus padres no era fácil. Tu madre era de otro clan y tu padre, al ser Custodio, tenía deberes para con su propio clan. Finalmente, tu madre abandonó a su familia para irse con tu padre. Luego… luego pasó todo lo demás…"- carraspeó para aclararse la voz y continuó – "Su amor, Lyna… su amor era lo más hermoso que tenían, hasta que… hasta que llegaste tú. Entonces su amor se volvió aún más grande, más profundo, pues te iban a tener a ti."

"¿Amor por mí? ¿De verdad? Te olvidas de que mi madre no me quiso… ¡Me abandonó!"- Lyna se levantó de golpe y trastabilló un poco pero logró mantenerse en pie sin caer.

"Lyna"- dijo nerviosa Marethari – "No es como piensas. Ella no te abandonó por que no te quisiera, sino porque te quería demasiado."

"¿Qué? ¿Me estás diciendo que me abandonó porque me quería? ¿Pero qué clase de amor es ese? ¡Dioses!"- Lyna se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos al sentir un dolor punzante taladrar sus sienes. Los latidos de su corazón le impedían incluso respirar y el nudo en su garganta se hacía cada vez más grande.

"Ella… ella nos dio el mayor regalo que tanto Ashalle, Ilen y yo hemos recibido jamás. Ella sabía que serías más feliz sin ella, sin su dolor, sin su recuerdo y amargura… lo hizo por ti, Lyna… por ti."- la Custodia se levantó y caminó hacia ella, pero Lyna se apartó.

"¡No la defiendas!"- gritó – "¿Qué clase de madre abandona a su hija de esa forma? ¿Qué clase de madre deja a su hija sola, sin un padre ni madre, ni historia, ni respuestas? ¿Qué clase de madre se niega a coger en brazos a su hija al nacer? ¿Eh?"- Lyna chillaba de dolor. Sus lágrimas brotaban a mares y su cuerpo temblaba del cúmulo de emociones que se le agolpaban en su interior.

Marethari abrió los ojos en sorpresa ante las palabras de Lyna – "Pero cómo… ¿cómo sabes eso?"- dijo incrédula.

Lyna tardó un segundo en darse cuenta de lo que acababa de decir. Era como si no hubiera sido ella quien lo dijera. Pero comenzó a temblar aún más bruscamente al percatarse de la revelación espontánea que había realizado – "Es… No sé… Lo supuse… pensé… ¡Da igual!"- se dio la vuelta y quiso escapar corriendo de la tienda pero se detuvo en el acto. Aún había muchas preguntas que hacer, así que cerró los ojos y respiró profundamente, antes de proseguir.

Pero cuando se dispuso a continuar, una cálida mano se posó sobre su hombro y ella no pudo aguantarlo más. Se dio la vuelta y abrazó fuertemente a Marethari, mientras lloraba desconsoladamente. Ésta le respondió a su vez con un débil llanto que se unió al de Lyna, inundando la tienda de un pesar tal, que estremeció la parte más profunda del alma de la elfa.

Las dos sollozaron unos instantes más, ambas sin dejar de abrazarse, hasta que Lyna consiguió recomponerse un poco y se apartó de la Custodia para enjugarse las lágrimas que corrían ampliamente por sus mejillas.

"Quiero saber por qué… Custodia… ¿por qué hoy? ¿Por qué me revelas esto justo ahora?"- la miró a los ojos, buscando una explicación plausible en aquella mirada intensa.

Marethari respiró profundamente y ofreció débilmente – "Porque no queríamos que crecieras pensando lo que hoy piensas. Tu madre sí te quería, Lyna… te quiso hasta el final"- levantó una mano y le acarició la mejilla, mientras Lyna la miraba con ojos vidriosos.

"Dices que se marchó… ¿Adónde? ¿Está… está viva?"- la incomodidad de Lyna volvía a aumentar pero no quiso dar demasiada muestra de ello.

"Nadie lo sabe… un día se adentró al bosque y… y ya no volvió"- Marethari bajó la mirada, mientras que recordaba, como si fuera ayer, el llanto de Lyna cuando su madre partió. Parecía que ella, a pesar de que era un bebé de días, sabía qué jamás la volvería a ver.

"Ya… ya veo…"- Lyna se terminó de separar de Marethari, pero no apartó la mirada de los ojos de la anciana que la observaba ahora con aire de súplica, como si quisiera evitar más preguntas.

"Mi padre"- continuó decidida – "Era mago, ¿cierto?"

"Sí. Un mago muy poderoso…"

"¿Cómo era?"- necesitaba saberlo… necesitaba saber a quién se parecía, de quién había heredado los rasgos, su carácter, sus manías… conocer su identidad, esa que le era tan esquiva últimamente.

"Pues… era un hombre magnífico."- ofreció Marethari con nostalgia en su voz- "Era muy alto, tenía tu mismo color de cabello y… y unos ojos color ámbar tan intensos que el Sol se ruborizaba ante ellos…"- sonrió. Ella misma se había sentido algo atraída por su belleza, pero su corazón ya pertenecía a Ilen para entonces.

Lyna abrió los ojos y la boca en sorpresa – "Su Vallaslin… ¿Cómo era?"

"Era igual que-"

"¿El mío?"- terminó de decir Lyna de repente.

Marethari se sorprendió pero asintió finalmente y dio un paso más hacia ella.

"Lyna… hay algo más que debes saber"

Lyna iba a interrumpir con otra pregunta pero se detuvo al ver que la mirada de Marethari se tornaba más seria de lo normal, y esperó paciente a que la anciana continuase.

La Custodia tragó saliva y continuó con determinación en su semblante – "No sé si sabes que, a menudo, los… hijos de magos suelen…"- hizo una pausa incómoda y siguió con cautela – "presentar ciertas… habilidades mágicas"

Lyna asintió y algo en su interior se agitó. Sabía lo que podía significar, pero no sabía qué tenía que ver con ella.

"Bien. Pues… Lyna, creo que…"- tragó saliva antes de continuar – "Creo que, gran parte de lo que te pasa actualmente, es… es por ello"

Lyna abrió los ojos como platos, mostrando una expresión de absoluta sorpresa. No daba crédito a lo que oía. Tampoco lo entendía bien, así que intentó decir algo pero sólo balbuceó.

Sin embargo, Marethari pareció comprender su reacción y siguió – "Tus… sueños y pesadillas, tus reacciones cuando te suceden cosas demasiado… intensas"- recordó cuando Lyna acudió a ella por algo que había pasado con sus manos cuando estuvo con Tamlen – "todo eso puede, y digo puede porque no es seguro, tener su origen en… la magia"

"¿Q-qué estás diciendo, Custodia? ¿Q-que s-soy una maga?"- Lyna comenzó a temblar y no supo qué más hacer. Sólo se quedó de pie, atónita, mientras intentaba asimilar lo que la Custodia le contaba.

"No, da'len. No creo que esa sea la razón, pues si ese fuera el caso, habrías mostrado señales de magia mucho antes"-

"¿Entonces?... ¿Qué intentas decirme?"-

"Sólo digo que, parte de tu ser está ligado de alguna forma al Velo y el Más Allá. Tus sueños siempre han tenido un gran componente premonitorio. Eso sólo se justifica si, por tus venas, corre la sangre de Dioses; la magia. Y tu padre era mago, y uno muy poderoso, como pocos. No sería de extrañar que, su única hija, tuviera alguna… habilidad especial"- Marethari quería calmar a la joven que se encontraba bastante asombrada y aterrorizada. Y es que era comprensible. La magia siempre había atemorizado los corazones de las personas, en mayor o menor medida y, Lyna, no era diferente. Ella respetaba la magia pero, en cierta forma, la temía también.

Lyna no podía creer lo que la Custodia le contaba pero, a medida que le seguía explicando las implicaciones de la magia y sus enormes posibilidades, más se convencía de que Marethari estaba en lo cierto, pero ¿Cómo? Los magos, tal como mencionó la Custodia, solían presentar muestras de ello en etapas mucho más tempranas y ella era ya toda una mujer. Tener habilidades especiales implicaba, en cierta forma, tener magia pero ¿Qué significaba aquello? Y lo que era más importante ¿Cómo podía controlarlo? Ahora entendía muchas cosas, ahora todo parecía cobrar más sentido. Los sueños, las visiones, su conexión con Tamlen, la reacción de sus dedos cuando estaba en éxtasis… incluso los sucesos recientes con los bandidos y su fuego nuevo… todo, quizá, tenía su origen en ello.

"Custodia… si lo que dices es verdad"- se aclaró la voz para continuar sin que ésta temblase – "¿Cómo puedo controlarlo? ¿Cómo puedo evitarlo?"- soltó un suspiro y se frotó la cara con desesperación. La magia era algo que la aterraba. Jamás pensó que, el origen de su actual metamorfosis, fuera algo tan elemental y radical, algo tan terrorífico y desconocido para ella.

"Esto no es una enfermedad, Lyna, así que no puedes evitarlo"- ofreció Marethari con cierto tono de molestia – "Pero… puedes aprender a controlarlo. No es tan complicado una vez que sabes cómo activarlo, aunque necesitas mucha práctica, y varios años para perfeccionar las habilidades."

"¡Pero no puedo!"- gruñó desesperada Lyna. Se llevó las manos a la cabeza y miró desesperada a la Custodia, que se encontraba sorprendida por la inesperada reacción – "Es… demasiado tarde, Custodia"- soltó un suspiro de impotencia y miró con tristeza a Marethari.

La Custodia abrió la boca en sorpresa, y su corazón se aceleró. Algo sucedía y, por la cara de Lyna, no era bueno - "Da'len… ¿A qué te refieres? Tienes todo el tiempo que quieras. Yo te ayudaré. Además, Merrill tambi-"

"¡No lo entiendes! ¡No puedo! ¡Ni siquiera estaré aquí para hacerlo!"- volvió a gritar y cerró los ojos de la impotencia. Su vida no sólo había cambiado cuando se marchó del clan hacia Gwaren, sino mucho antes, y sin ella saberlo. La vida que creía conocer, la Lyna que creía ser, no existía.

"¿A qué te refieres, niña? ¿Qué ocurre?"- Marethari alzó la voz. La reacción de Lyna la estaba asustando y sabía que algo tenía que ver con el humano que la acompañaba.

"Necesito hablar con Ilen también, Custodia… necesito… necesito contaros todo a todos. Vámonos… necesito salir de aquí"- suspiró y agachó la cabeza al tiempo que se giraba y salía de la tienda.

Marethari no habló. Sólo asintió y salió, con aire sombrío, detrás de Lyna. Su corazón latía con fuerza pues, en lo más profundo de su alma, sabía que el día de hoy, cambiará su vida para siempre.

Al salir, varias caras conocidas se dieron la vuelta y muchos murmuraron palabras entre sí, pero nadie se acercó a saludar a Lyna excepto un Fenarel ansioso.

Lethallan! Me alegro de verte de nuevo de pie. Tienes incluso buena cara. ¡Menudo susto nos has dado!"- levantó una mano y acarició la suave mejilla de la elfa. Tenía muchísimas ganas de abrazarla y besarla pero sabía que no era el momento. El resto de los miembros del clan les observaban y Lyna parecía sumida en sus pensamientos más de lo normal, así que decidió esperar.

"Ma serannas, lethallin. Estoy ya mucho mejor. ¿Dónde está Ilen y el resto?"- preguntó en tono distante. No se sentía con ganas de nada. Descubrir, no sólo que su madre la había abandonado, sino que su padre había muerto a manos de unos bandidos y que ella había heredado parte de sus habilidades mágicas, era demasiado que asimilar. Necesitaba tiempo y espacio. Además de eso, Lyna pronto dejaría el clan… aún guardaba algo de luz, pero sabía que Duncan no cejaría en su empeño, y ella estaba cansada de luchar contra los elementos.

Fenarel se extrañó por la respuesta tan directa de Lyna pero supuso que estaría cansada. Después de todo, casi muere en el ritual y eso no era algo que tomar a la ligera – "Ilen está en su puesto con Ashalle. Ella le está ayudando con unas cosas. Zathrian, Merrill, Tamlen y ese shem con el que has venido están en el Aravel de la Custodia. ¿Por qué?"-

"Por favor, Fen, dile a Ilen y Ashalle que vayan al carromato de la Custodia. Necesito hablar con todos vosotros y no quiero esperar más para hacerlo"- Lyna se giró y continuó andando hasta el aravel de Marethari, seguida por ésta en silencio.

Fenarel parpadeó varias veces, con incredulidad, pero asintió e hizo lo que Lyna le ordenó sin replicar.

Lyna llegó al aravel y, al entrar, un olor a metal y flores inundó su nariz. Levantó una mano para frotarse un poco los ojos y parpadeó hasta que su visión se adaptó a la semi-penumbra.

Acostado en un diván, se encontraba Tamlen. Al lado, Merrill y Zathrian se hallaban con sus manos puestas sobre él, mientras que Tamlen parecía descansar en calma. Duncan observaba de lejos, recostado sobre una pequeña estantería.

"¡Lyna!"- Merrill pegó un pequeño saltito y separó sus manos de Tamlen. Corrió hacia Lyna y le puso las manos sobre sus hombros en señal de afecto – "Me alegro que estés bien. ¡Gracias a los Dioses!"- sonrió la joven. Lyna le devolvió la sonrisa pero no dijo nada. Su mirada se desvió hacia Zathrian, que la observaba ahora con el ceño fruncido y la mirada brillante. Ambos parecieron compartir algo que nadie más sabía y los dos comprendieron al instante lo que sucedía.

"Necesito hablar con todos. Ahora."- ofreció Lyna en tono serio.

Al oír su voz, Tamlen comenzó a abrir los ojos y a balbucear. Parecía aturdido y algo dolorido, pero el corazón de Lyna se agitó con la visión.

"¡Oh Tamlen!"- no pudo evitarlo y corrió hacia él. Se sentó cerca y le sujetó las manos fuertemente mientras le observaba con lágrimas a punto de desbordarse de sus ojos.

Zathrian se apartó dejando espacio para ellos y se alejó hacia una esquina, observando con detenimiento su obra.

"¿L-Lyna? ¿Eres tú?"- Tamlen abrió los ojos y su corazón casi se desboca al instante. Ahí, junto a él, se encontraba su amada. Se sentó de golpe y abrazó fuertemente a la elfa que comenzó a llorar de alivio entre sus brazos.

"Vhenan… Los Dioses han sido benévolos. Aquí estás, conmigo… por fin."- le susurró al oído. Lyna se estremeció y levantó la cara para verle directo a los ojos. Ambos se quedaron un breve instante mirándose, sin decir nada, hasta que Lyna se acercó y, suavemente, le besó en los labios ante la mirada atónita de todos los presentes.

En ese mismo instante, la puerta del aravel se abrió y entró Fenarel seguido de Ilen y Ashalle. A Fenarel casi se le escapa el corazón por la boca al ver a Lyna besando a Tamlen y tuvo que hacer gran acopio de voluntad para no gritar y salir corriendo hacia ellos para separarles. La ira le hervía por dentro. Deformó sus manos en puños y cerró la puerta de golpe, bruscamente, sobresaltando a todos.

Lyna se dio un pequeño salto cuando la puerta del carromato se cerró fuertemente. Se giró para ver la causa y observó a Fenarel, de pie y con el rostro contorsionado por la rabia y los celos. Lyna tragó saliva y se separó un poco de Tamlen, pero no quiso darle más importancia. Fenarel ya sabía a qué atenerse y, tanto si le gustase como si no, debía respetar su decisión.

Lyna volvió a mirar a Tamlen y sonrió – "Me alegro de verte bien, lethallin."- se levantó, dejando atrás una última caricia en el rostro de su amigo y se giró para ver a todos los que se encontraban allí. No sabía cómo empezar y no quería dar demasiadas vueltas en el asunto pues su voluntad y fuerza comenzaban a mermar, así que decidió no dar rodeos.

"Antes de nada, Zathrian"- dijo, mirando al Custodio a los ojos con intensidad – "Mi agradecimiento es eterno por lo que has hecho. Has salvado a mi amigo, y eso jamás será olvidado. Ma serannas, hahren"

Zathrian asintió con la cabeza y ofreció una media sonrisa, pero no hizo mayor gesto.

"Custodia, Fen, Merrill y Ilen, el mismo agradecimiento os lo ofrezco a vosotros. Sin vuestra ayuda, ni Tamlen ni yo seguiríamos respirando. Gracias"- todos asintieron y sonrieron, excepto Ilen, que frunció el ceño en respuesta, pero Lyna no le hizo caso. Ella le conocía bien y sabía que él se alegraba por ella.

"He querido hablar con vosotros porque hay algo que debo deciros sin más demora"- Lyna observó a los ojos a cada uno de los asistentes, todos con expresión de incertidumbre y curiosidad y, cogiendo aire profundamente, continuó, mientras mantenía su mirada en el rostro del Guarda – "Hoy… hoy me marcho. Y… no sé cuándo volveré…"

Todos abrieron los ojos en sorpresa. Ilen y Marethari miraron al tiempo al Guarda, que guardaba su expresión serena e indiferente. Antes de que ella continuase, Fenarel interrumpió – "¿Qué? ¿Qué dices, Lyna? ¿De qué estás hablando?"

Ante la réplica de Fenarel, Tamlen se levantó del diván y quiso intervenir pero Lyna levantó una mano y cerró los ojos, mientras intentaba recopilar toda la voluntad posible para no echarse a llorar – "Es una promesa que hice y debo cumplir. Espero que lo comprendáis"

En ese instante, varias voces más se alzaron con diferentes preguntas. Tamlen se acercó a ella y le dio la vuelta para que le mirase a los ojos. Fenarel comenzó a preguntar más cosas que ella no lograba entender debido al resto de voces que se sumaban a la réplica pero, Lyna no logró identificar las voces de Zathrian, Ilen, Marethari ni Duncan.

Apartándose lentamente de Tamlen, se giró y miró al shem. Duncan asintió y dio un paso al frente.

"Por favor, es importante que escuchéis"- dijo en tono grave y sereno mientras descruzaba los brazos y los alojaba a ambos lados de sus caderas.

"¿Quién te ha dado a ti permiso para hablar, shem? ¿Qué le has hecho a Lyna?"- Fenarel se acercó, rojo de ira, mientras retorcía los puños de rabia y miraba al Guarda con asco.

"Fen… Todos… debéis escuchar, por favor"- suplicó Lyna mientras se posicionaba al lado del Guarda.

Fenarel se detuvo y miró a Lyna con incredulidad, pero ella le devolvió una mirada de resignación que él no logró comprender. ¿Estaba aceptando su marcha sin más?

Ante la petición de Lyna, todos los que hablaban, se tranquilizaron al instante. Varios de los presentes, entre los que se encontraban Tamlen, Fenarel, Merrill, Ilen y Ashalle, llevaban puestas muecas de confusión y rabia que no lograban disimular. En cambio, Marethari y Zathrian guardaban la compostura, aunque la primera juntaba las cejas en señal de preocupación.

"Bien. Duncan… por favor… necesito que nos expliques a todos el porqué de mi decisión y las implicaciones"- Lyna quería terminar con esto ya, así que dejó que el Guarda explicase todo, incluso aquello que aún no le había dicho.

Duncan la miró de reojo y asintió. Después, dijo con voz suave – "Como ya sabéis, Lyna fue apresada en Gwaren. Su liberación lleva consigo una promesa; la promesa de que, a cambio de su libertad, ella tendría que… venir conmigo y…"

"¿Unirse a los Guardas Grises? ¿Es eso, shem?"- interrumpió Ilen con rabia. Lyna nunca había visto a su maestro con esa furia en su mirada. Era como si un fuego resurgiera de repente en sus pupilas.

Pero ella se apresuró a intervenir – "Maestro… es mi decisión. Tú me has enseñado que las promesas se cumplen, y que el deber está por encima del interés personal. Es… es mi decisión y no hay nada más que podamos hacer… ¿no?"- dijo mirando al Guarda, esperando una pizca de esperanza.

El Guarda la observó con ternura y asintió – "Es tu deber ahora, Lyna. Nada se puede hacer".

"Es demasiado pretensioso pensar que vamos a dejar a nuestra protegida en vuestras manos, Guarda. Es demasiado inconsciente por vuestra parte también pensar que no haremos algo para evitar que ella sea vuestra esclava. No os olvidéis que estáis en nuestras tierras, en nuestro clan y, aquí, son nuestras reglas las que imperan, no su manchada orden de viejas glorias"- Lyna se sorprendió al ver a Marethari hablar con tanta frialdad, tanta amenaza junta en su voz. Era como si hubiera rejuvenecido de repente cincuenta años. Su rostro era una máscara feroz que mostraba lo peligrosa que podía llegar a ser. Sus labios se apartaban para dejar correr libre el veneno que salía por ellos y su cuerpo, impasible, se mantenía de pie, recto, fuerte, altivo. Lyna observó con dulzura la forma en la que su Custodia y maestro la defendían. Su corazón se llenó de orgullo y alegría al comprobar que, después de todo, sí tenía familia.

Pero reaccionó a tiempo antes de que se unieran otras voces a la amenaza. Sabía que, en este momento, todos los presentes elfos sentían ganas de acabar con la vida del Guarda. Ella no podía permitirlo. No después de lo que él hizo por ella.

"Custodia, ¡Alto! ¡Parad todos ya!"- gritó mientras miraba a todos los presentes con rabia.

"Es mi maldita decisión… y así será. ¡Ya no soy una niña! ¡No soy tu hija Marethari, ni la tuya Ashalle, ni la tuya… Ilen!"- su corazón tembló con la frase. Ella les quería como si fueran sus padres, su familia – "¡Yo no tengo padres!"- respiró profundamente de nuevo y continuó – "Agradezco todo lo que habéis hecho por mí. Sois mi familia, mi clan, y siempre lo seréis. Pero esto es parte de lo que soy, no puedo retractarme de una promesa así como así. Ilen, tú debes entenderlo mejor que nadie"- le miró y el elfo agachó la mirada, avergonzado – "Soy adulta y ya puedo tomar mis propias decisiones y ésta ya la he tomado. No hay vuelta atrás… nada podrá impedir que me vaya con Duncan"

"Pero Lyna, ¿Cómo vas a irte con un shem? ¡Te va a usar y tirar! Siempre lo hacen"- intervino con angustia Fenarel. Tamlen le secundó afirmando sus palabras pero Lyna les detuvo con un movimiento de la mano- "¡Basta los dos! Es mi decisión y es mi vida. Os pido respeto, os pido comprensión. Si me queréis, lo aceptaréis."

"Lyna, cariño… ¿De verdad es lo que quieres?"- Ashalle se acercó a ella temblorosa mientras sus ojos se colmaban de lágrimas, y sujetó las manos de Lyna.

Ella asintió – "Es lo que debo, Ashalle"- tragó saliva para evitar llorar.

Ashalle la abrazó fuertemente y le susurró al oído que la quería y que siempre sería así. Tuvo que contenerse para no llorar. Al cabo de unos instantes, sin más, la elfa se dio la vuelta y se marchó del aravel entre sollozos. Lyna sabía que Ashalle era débil en las emociones, vulnerable, y que no podía soportar que ella se marchase, pero tendría que superarlo. Todos tendrían que aprender a vivir sin ella, y ella sin ellos. Aun así, siempre quedaba una pequeña esperanza de volver.

Duncan se acercó más a Lyna y colocó una mano sobre su hombro, para intentar reconfortarla. Después, se apresuró a decir - "Es importante que entendáis que, una vez que Lyna forme parte de los Guardas Grises, jamás podrá volver"

Lyna sintió como si un balde de agua fría le cayese de golpe sobre el ardiente cuerpo. No es que fuera del todo sorpresa pero, escuchar al shemlen decirlo sin más, fue como si le arrancasen el corazón de golpe. Sin embargo, ella debía mantenerse impasible, no debía mostrar su agitación ni tristeza, debía ser la piedra fuerte que sostuviera a los demás que amenazaban con desmoronarse de un momento a otro.

"Lyna… no… ¿Qué es lo que dice este humano?"- Fenarel se acercó a Lyna con lágrimas en los ojos y ella notó a Tamlen tensarse al lado de ella. Ellos quizá serían los que más tardarían en asimilarlo y aceptarlo, así que decidió coger las manos de ambos y acercarse a ellos para dedicarle unas palabras.

"Fen, Tamlen… no os entristezcáis por mí. Yo estaré bien."- levantó ambas manos y acarició las mejillas de sus dos amigos al unísono. Ellos, al instante, inclinaron las caras para sentir más la caricia de Lyna. Ese gesto, la entristeció de sobremanera y no pudo evitar dejar correr algunas lágrimas.

"Lyna… no puedes… debes quedarte. Te necesitamos. Somos tu familia… tu… hogar. Te… te queremos…"- Tamlen se acercó más a ella y apoyó su frente sobre el hombro de Lyna, mientras sollozó como un niño. Fenarel la observaba con lágrimas en los ojos pero no dijo nada. Sólo alternaba su mirada entre los ojos de Lyna, como si estuviera buscando alguna pizca de esperanza.

Fenarel no podía creer lo que estaba oyendo. Lyna, su Lyna… se marchaba para no volver. Ni la peor de las pesadillas, salvo su muerte, podría superar lo que ella, tan resignada, les contaba. Su corazón estaba al borde de romperse en miles de pedazos. Su cuerpo temblaba involuntariamente, como temblaba el de Tamlen que se apoyaba, tímidamente, sobre el de Lyna. En cambio, su amiga, se hallaba en un estado de absoluta aceptación. Sus ojos, aunque con lágrimas, mostraban calma, determinación... mostraban un adiós sin retorno, sin esperanza. Eso le mató por dentro.

"S-si… si es lo que deseas, Lyna…"- las palabras se le ahogaron de repente. Tamlen no podía creer su suerte. Había revivido para perder lo que más adoraba en esta vida, su Lyna. Sintió por un momento que se iba a desmayar, pero se sujetó bien de Lyna que le agarró y le ayudó a sentarse en el diván detrás de ellos.

"Merrill, por favor, quédate cuidando a Tamlen mientras termino de hablar con Lyna fuera"- Marethari le dio un toque en la espalda a la elfa que se hallaba nerviosa y triste. Ésta corrió al lado de Tamlen, que se negó un instante en permanecer acostado, pero finalmente obedeció y se sumió, casi al instante, en un profundo sueño.

Lyna le miró por última vez y sonrió. Tamlen… te echaré de menos- pensó mientras sentía que otra lágrima se deslizaba por su mejilla. Carraspeó un poco para guardar de nuevo la compostura y se dispuso a salir del aravel seguida de Ilen, Marethari y Fenarel.

"Guarda Gris, quisiera hablar con vos."- dijo bruscamente Zathrian mientras se adelantaba unos pasos.

Duncan asintió y luego se volteó para mirar a Lyna – "Lyna, adelántate y… ve preparando tus cosas, por favor"

Lyna asintió y terminó de salir del carromato, cerrando después la puerta tras de sí.

Caminaron unos pocos pasos y Marethari se detuvo en seco – "Sé que no soy tu madre… sé que ninguno de nosotros somos tu familia de sangre… pero nos importas, Lyna. Y mucho"- la voz le tembló.

Lyna se dio la vuelta y observó a Marethari con los ojos colmados en lágrimas y sus manos temblorosas sujetas entre sí. La visión de ella, que era casi como una madre, rota de dolor, era más de lo que pudo soportar y se acercó a ella para fundirse en un fuerte abrazo – "Ma serannas… por ser la madre que nunca tuve, por quererme y protegerme. Ar lath ma, mamae"

En ese instante, la Custodia comenzó a sollozar intensamente. Fenarel e Ilen se quedaron un instante callados y ambos bajaron la mirada al suelo, mientras se limpiaban las lágrimas que les corrían por las mejillas.

Ilen quería ser fuerte, pero la visión de Lyna llamando madre a Marethari, fue un golpe directo al corazón. Después de todo, ella había sido la hija que Marethari y él nunca pudieron tener y, verla partir, iba a ser uno de los momentos más tristes de sus vidas. Sin pensarlo, se acercó a ellas y las abrazó a las dos, mientras apoyaba la mejilla en la espalda de Lyna y las acompañaba en el llanto.

Fenarel observaba la escena como si fuera irreal, como si todo fuera un mal sueño, una pesadilla de la que se despertaría lleno de sudor y temblando, pero no. Nada de lo que sucedía era un sueño, todo era real y su corazón lo sabía. Pero, debía ser fuerte. Lyna era así, imprevisible, cumplía sus promesas y, cuando tomaba una decisión, nada ni nadie le hacía cambiar de parecer. Debía haberlo visto venir. Debía haber sabido que ella, no sólo no sería de él, sino que no pertenecería ni al propio clan que la vio crecer y la crió. A pesar de todo, él sabía, en su fuero interno, que ella no se quedaría mucho tiempo con ellos, con nadie. Suspiró y se frotó la cara para apartar parte de la tristeza que amenazaba con llevarle al agujero más oscuro de su alma. Tenía que ser fuerte, y sabía que no sería la última vez que vería a Lyna. De eso estaba seguro.

Al cabo de varios minutos, Lyna se separó lentamente de su Custodia y Maestro y les apretó delicadamente los hombros en señal de consuelo. Ellos la miraron y sonrieron débilmente como un par de ancianos que parecían despedirse de un hijo que iba a la guerra. Y en cierta forma era así. Ella se iba y no sabía qué le depararía el camino, pero sabía que tendría que hacer uso de sus habilidades, pues era precisamente por eso que el Guarda la había reclutado.

Antes de ir a su tienda, Lyna se detuvo un instante delante de Marethari, que seguía algo temblorosa y triste – "Custodia, antes de… irme, me gustaría que me hicieras un último favor"

"Sí, Lyna… lo que desees"- dijo Marethari en un hilo de voz.

"No sé cuánto tiempo tardaré en volveros a ver, pero sé que estaré lejos de vosotros mucho tiempo"- los ojos de Ilen y Marethari se volvieron más cristalinos con aquellas palabras, pero Lyna continuó – "Esto supondrá un nuevo comienzo, sobre todo para mí, y quiero llevarlo siempre como recuerdo" – se giró hacia su Custodia y siguió – "Custodia, quiero someterme de nuevo al rito del Vallaslin"

"¿Qué? Da'len, esto no es un simple tatuaje que puedas hacerte. Tiene un simbolismo importante dentro de nuestra cultura. Se hace por una razón"- cuestionó algo molesta la Custodia.

Lyna entendía las reticencias de su Custodia, pero ella necesitaba esto; necesitaba que cada poro de su piel contara una historia de lo que era, de quien fue cuando estuvo en el clan, de su cultura y raza, de su gente y hogar. Quería que cada vez que alguien la acariciase, supiera que ella no era de nadie, que ella ya tenía dueño y señor y que él era su hogar, su clan.

"Custodia, comprendo las reservas, pero es algo que necesito. Es un final y un comienzo, es un compromiso y, por encima de todo, sois mi pasado, presente y futuro. No me neguéis esto… por favor"- sujetó temblorosa a Marethari y ésta cerró los ojos un instante.

Fenarel se quedó callado mientras observaba a Lyna convencer a la Custodia. Sin mediar más palabras, ambas asintieron y se retiraron a la tienda de Lyna. Marethari se desvió un instante hacia su aravel y salió al poco tiempo, llevando consigo un saquito pequeño.

"Maestro… ¿por qué Lyna hace esto?"- preguntó Fenarel a Ilen mientras que ambos observaban a la Custodia entrar en la tienda de Lyna en la lejanía.

Ilen suspiró y ofreció con tono cansado – "Porque la educamos demasiado bien, da'len… porque es así como todos deberíamos ser"

"¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Cómo puedes quedarte sin más observando como tu pupila se marcha con ese shem? No entiendo nada…"- Fenarel seguía resistiéndose pero sabía que resultaría tremendamente inútil.

"Da'len… no es nuestra decisión. Así que será mejor que lo aceptes y sigas adelante con tu vida. Todos debemos hacerlo. Sé que a ella le irá bien donde vaya… es fuerte, es decidida y tiene más potencial que cualquiera de nosotros. Será una buena Guarda"- volvió a liberar un suspiro y se frotó las sienes.

Fenarel le observó y preguntó con curiosidad – "¿Qué significa ser un Guarda, hahren? Ese humano parece demasiado seguro de sí mismo y hay cosas que no entiendo…"-

Ilen le miró de reojo y sonrió cansado – "Ser Guarda es servir a un bien mayor, da'len. Servir a Thedas. Pero, todo tiene un precio…"- dijo en tono de tristeza.

"Y el de ella es… abandonar su hogar. Entiendo… pero… si su propósito es servir, entonces, será una esclava, y más siendo elfa, hahren. ¿No os preocupa eso?"- quizá estaba exagerando pero ver la calma con la que Ilen respondía, le estaba poniendo de los nervios. No es que buscase una excusa para hacer que Lyna se quedase, es que temía por su bienestar.

El maestro sonrió con esas palabras – "En cierta forma, lo será, da'len… pero no es como lo piensas. Todos somos esclavos de algo. Ella no servirá a un hombre, nos servirá a todos. Su sacrificio será el mayor que alguien pueda hacer y… su destino ya está sellado"

Esa explicación dejó a Fenarel más intranquilo pero, cuando se dispuso a replicar, Ilen ya se había dado la vuelta para marcharse. – "Mejor será que prepares tu corazón para una dura despedida, da'len… Lyna se va para no volver"- y diciendo esto, se marchó, dejándole más triste e intranquilo que antes.

No sabía cómo iba a poder sobrevivir sin Lyna, sin sus besos y caricias, sin su presencia. No sabía si tan siquiera sería capaz de llevar una vida normal, pero ella ya había decidido y eso marcaba una sentencia. Su corazón se rompió de nuevo, y el aire le faltó por un momento pero respiró profundamente y dio unos pasos al frente, indeciso. ¿Adónde iría ahora? ¿Cómo viviría? Su mirada recorrió varios de los rostros de sus compañeros que se hallaban repartidos por el campamento y una risa, de repente, llamó su atención.

Mithra se encontraba sentada junto al fuego con Deygan, Cammen y Varathorn completamente ajenos a lo que sucedía. Quizá no eran su familia ni su clan, pero era la distracción que necesitaba ahora. Hoy sería uno de los días más dolorosos de su vida y necesitaba fortalecerse para cuando la hora de la despedida llegase. Nada volvería a ser igual para él, y ya tenía miedo de seguir sin ella.

Avanzó varios pasos hasta llegar a dónde se encontraban ellos sentados y se recostó en un tronco en silencio. Todos notaron su presencia, pero continuaron con su charla. Fenarel observó la tienda de Lyna por última vez y se volteó para mirar el fuego de la hoguera. "Lyna… siempre te querré"- murmuró para sus adentros con tristeza. Se agachó para recoger una jarra de madera con cerveza élfica y se la llevó a la boca sin preguntar de quién era. Le daba igual, nada podía ser peor que perder la mujer que amaba.

… … … … … … …

Lyna se sentía anestesiada, embotada, sus sentidos estaban prácticamente ausentes. Y es que la tristeza en ella solía tener ese efecto.

Al entrar en la tienda, comenzó a quitarse poco a poco la armadura. Se desnudó por completo y se quedó tumbada en el suelo, sobre una tela a modo de alfombra, hasta que entró Marethari.

La anciana llevaba puesta una pose formal, pero sus ojos la traicionaban. La tristeza era la gran protagonista en su expresión.

Se agachó cerca de Lyna y extrajo, de uno en uno, los elementos para el rito. Normalmente, el ritual, implicaba mayor ceremonia y alegría, pero en esta ocasión, todo llevaba consigo un halo de agonía y desolación intensa.

"Lyna… ya sabes qué sucederá. Nunca antes he practicado el Vallaslin en otra zona que no fuera la cara, así que no sé cómo va a reaccionar tu cuerpo. ¿Estás… preparada?"- preguntó indecisa.

Lyna la observó a los ojos y asintió – "Siempre"

Marethari la observó un instante más y liberó un suspiro.

Las manos de la anciana se juntaron y comenzó a frotarlas. Una pequeña aura de luz púrpura salió de sus dedos y palmas, electrificando toda la tienda. Al segundo después, ese foco de luz se tornó de un verde muy brillante.

Lyna cerró los ojos. Sabía lo que venía después.

Los dedos de la Custodia, poco a poco, fueron cortando la piel de Lyna con precisión, mientras que la ardiente aura de magia fusionaba de nuevo su carne, creando cicatrices suaves y uniformes por todo su cuerpo.

Lyna no sentía apenas dolor. Era extraño. Se suponía que este rito era siempre un evento temido entre los de su raza pues resultaba sumamente doloroso, pero ella lo experimentaba por segunda vez, sin mayor agonía. Quizá era su mente la que lograba calmar el dolor de sentir los cortes y su sangre hervir, o quizá es que todos solían exagerar, pero la realidad era que ella, ahora, apenas sentía algo.

Los dedos de la anciana tallaban intrincadas figuras en su torso y caderas, muslos y pies, espalda y cuello. Todo el cuerpo de Lyna se prendió en fuego y sangre y el aire se llenó de un humo gris denso que invadió las fosas nasales de Lyna, pero ella no se movió. Tampoco necesitaba hacerlo. Confiaba en Marethari, sabía que la Custodia dibujaría aquello que Lyna necesitase recordar.

Durante varias horas, Marethari continuó su labor, descansando un par de veces para recuperar su maná y fuerza antes de continuar. Pero en todo ese tiempo, Lyna no habló, ni abrió los ojos. Se mantuvo concentrada en sentir, por poco que fuera, cada figura que la anciana tatuaba en su piel.

Sintió la marca de Mythal de nuevo, esta vez en su vientre, llegando casi hasta su centro. Retazos de Andruil, Elgar'nan y Dirthamen plagaban su torso, espalda, piernas y pecho. Pero hubo una figura que no logró discernir. Sus trazos eran complejos, profundos, y Marethari los grababa con más lentitud de la habitual. La figura, escrita en sangre y magia, la creaba en un costado. Fue la que más le dolió, pero tampoco dio muestras de ello. Debía mantenerse impasible, complacida y honrada.

De repente, la tienda se llenó de luz, y Lyna sintió como si un fuego líquido invadiese sus venas, quemando todo su cuerpo por completo. Las manos de la Custodia se posaron finalmente en la figura del costado. Antes de continuar con su magia, Marethari liberó varias palabras en élfico antiguo que Lyna no pudo entender y, de repente, un fuerte dolor congestionó sus pulmones, haciendo que ella casi se doblase de la impresión. Un hedor a carne quemada y a metal inundó la tienda y Lyna apretó los dientes, pero logró evitar el gemido que se le formaba en la garganta con cada segundo que pasaba.

Así pasaron varios minutos más hasta que, finalmente, Marethari se detuvo y, con suavidad, comenzó a limpiar con calma y detenimiento cada herida que había infligido, en silencio.

Aunque sus heridas escocieran y su tristeza no hubiera mermado, Lyna se sentía más llena que nunca de su gente, de su hogar. Sabía que todos echarían de menos tenerla cerca pero, al final terminarían por aceptar su lejanía. En cambio ella… ella se iría, y estaría aún más sola, más triste. Necesitaba esto. Necesitaba que cada parte de su ser, gritase lo que era y lo que había dejado atrás. Necesitaba sentirse más que nunca parte de algo, justo cuando parecía que iba a transformarse en un recuerdo que todos guardarían en algún baúl oculto de su corazón.

"Lyna… está hecho. ¿Estás bien?"- Marethari le sujetó una mano y se la apretó suavemente.

Lyna abrió los ojos y sonrió – "Sí. Ma serannas, Custodia… Honraré a mi clan allá donde vaya. Lo prometo"- sus ojos se colmaron por un momento de lágrimas, pero parpadeó para evitar volver a llorar. Ahora más que nunca debía ser fuerte.

En silencio, Lyna se colocó de nuevo la armadura. No quería ver aún los trazos en su piel. No se creía capaz de soportar la nostalgia que aquello le produciría, así que, sin más, terminó de vestirse y salió de la tienda con Marethari y su alforja llena de sus recuerdos, ungüentos y demás posesiones, ninguna valiosas.

Ya era noche profunda cuando salieron de la tienda, y muchos de los elfos del campamento se habían ido a dormir o hacían sus guardias. Lyna se alegró al ver que, tanto Fenarel, como Tamlen, Ilen, Ashalle, Merrill, Zathrian y Duncan se encontraban alrededor de la hoguera, conversando. A pesar de las caras largas y tristes, los elfos del otro clan, mantenían el ambiente algo más animado. Mithra no paraba de observar a Fenarel y ella sonrió con la imagen. Quizá algún día él se dé cuenta de que ella le convenía más que yo- pensó mientras se pasaba una mano sobre el rostro, en señal de cansancio. Tamlen, por otro lado, estaba callado mirando el suelo mientras rompía, con ambos dedos, una pequeña ramita. Duncan y Zathrian se hallaban sentados el uno al lado del otro, en silencio, pero ambos bebiendo de una jarra. Ilen y Ashalle estaban sentados comiendo algo, y Merrill jugueteaba con sus pies en el barro del suelo. Mithra, Deygan, Varathorn y un cazador que les acompañaba, se encontraban hablando calmadamente.

Lyna y Marethari se acercaron finalmente hasta donde se encontraban todos, y tanto Fenarel como Tamlen e Ilen se levantaron en el acto.

"Lyna… todo… ¿bien?"- preguntó Ilen con cierta angustia.

"Sí, hahren. Todo bien…"- sonrió. Sus ojos se desviaron hacia el humano y éste se levantó.

"Es hora de… irnos, Lyna. No podemos perder más tiempo"- dijo Duncan con voz suave.

"¿Ya? ¿No podéis esperar al alba? Es… es demasiado pronto… no nos hemos despedido como debe ser… aún hay mucho de lo que hablar… mucho que decir"- Fenarel comenzó a alterarse y Lyna sonrió con ternura. Su amigo había resultado ser más, en estos días juntos, de lo que esperó jamás. Habían vivido momentos inolvidables que ella jamás olvidaría y sabía que a él le iba a costar sacarla de su corazón.

"Lethallin… no es un adiós para siempre."- se acercó a él y acarició su mejilla – "Nos volveremos a ver. Lo sé"- acercó su frente a la de él y le miró a los ojos. Él parpadeó varias veces y luego cerró los ojos, soltando un suspiro al mismo tiempo. La resignación pareció llegar en ese instante a él, y ella lo comprendió.

Finalmente se separó de su amigo y miró a su alrededor. Todos la observaban, tristes y enfadados, nerviosos y cansados. Los sentimientos y emociones a flor de piel, y ella no quería retrasar más su marcha.

Quizá podría haberse despedido de Fenarel y Tamlen de otra forma. Quizá dándoles una última noche a los dos. Quizá pudo despedirse de Ilen practicando una vez más su Alineación, Anclaje y Tiro, o sentarse junto a Marethari a preparar ungüentos y venenos extraños, o tejer junto a Ashalle alguna camisa para el invierno. Pero ya era demasiado tarde. Todo lo que habían vivido hasta entonces, es lo que dejaría para el recuerdo.

"Guarda… cuando queráis"- Lyna levantó su alforja y se la colocó en el hombro, mientras miraba con determinación a Duncan, que le devolvía la mirada con cierta tristeza.

"Antes de partir, hay algo que he de comentaros"- el Guarda dio unos pasos al frente y colocó sus manos detrás de su espalda en pose formal. Volteó su cabeza hacia Tamlen, y éste asintió.

Tamlen se levantó en el acto y, con voz congestionada por la tristeza, ofreció – "Yo también me despido hoy de vosotros, pues… parto con ellos a Ostagar"

Lyna abrió los ojos en sorpresa, y soltó su alforja cayendo ésta al suelo y sobresaltando a los demás con el ruido.

"¡¿Qué?! ¡¿Qué es esto, shem?! ¿No te basta conmigo?"- gritó furiosa Lyna mientras se acercaba al Guarda, amenazante.

Una mano en su hombro detuvo su avance. Lyna giró su rostro y observó dos grandes ojos azules mirarla con intensidad y tristeza – "Lethallan… es… es la única manera de poder salvarme"

Su corazón se rompió de nuevo, y un gran nudo se le formó en el estómago. No comprendía nada, todo parecía sacado de un mal sueño, pero la mirada de Tamlen bastó para confirmar la veracidad de sus palabras. Un pinchazo le atravesó el pecho y se llevó ambas manos al corazón. Este día, y su agonía, parecía no tener fin.

… … … … … …

Jamás lo hubiera supuesto, pero Lyna era aún más fuerte de lo que pensaba. Sobrevivir a un ritual así, donde su cuerpo casi se vació por completo de su líquido vital, era una gran hazaña.

Él casi terminó inconsciente, a pesar de que la cantidad de sangre suya que usó para el ritual, era mínima. Sin embargo, durante el rito, notó una conexión especial con el Velo que jamás antes había sentido. Su mente, durante un breve instante, se perdió en un momento trágico del pasado y, así como si nada, se desvaneció, quedándole la sensación de que había compartido ese momento con Lyna de alguna forma.

Después, la fuerte luz azul cegadora que vio, le resultó bastante reveladora. Pero todo a su tiempo – pensó mientras veía a Lyna despedirse de los suyos.

Sin duda, el viaje hasta el clan Sabrae había valido la pena. No sólo había descubierto cosas nuevas sobre Lyna, sino sobre lo que sucedía en Ferelden.

Pronto, Lyna… pronto nos volveremos a ver – sonrió con la expectativa.


Shemlen: niños rápidos. (Nombre despectivo que se le da a los humanos. Shem; rápido.)

Lethallin: término de cariño usado hacia un hombre y/o elfo.

Da'len: pequeño niño/a

Da'vhenan: pequeño corazón

Vhenan: corazón.

Ar Lath Ma: Te quiero

Mamae: Madre, mamá

Dareth Shiral: buen viaje, o viaja seguro.

Hahren: anciano. Muestra de respeto.

Ir abelas: lo siento. Arrepentimiento.

Ma serannas: gracias, agradecimiento.

Fenedhis: mierda, maldición.

Ma nuvenin: como desees.