Cap. XXXIV: "De cero"

10 horas duraba el viaje a New York. Quinn se echó contra la ventanilla, observando el paisaje dejar atrás y se reprochó no saberlo antes. Apenas llevaba unos minutos dentro del tren y ya quería bajarse, reencontrarse con Rachel y abrazarla, decirle lo que iba pensando y deseando que los nervios no le jugaran en contra al verla.

¿Había tomado una decisión al azar y locamente incorrecta? Quizá. Nunca se había arriesgado tanto en su vida pero su cuerpo, su mente y cada sentido de su interior, se pusieron de acuerdo cuando intentó detener a la morena, rogándole que no se fuera y continuaran juntas.

Cualquiera podría reprochárselo, como cualquiera otro podría apoyarla y en realidad no buscaba ninguna de las dos opciones. Solo quería volver a ser la novia de Rachel, estar juntas y compartir momentos juntas, como meses atrás y donde su estabilidad emocional era la adecuada. Las opiniones más allá de la diva, poco le importaban porque sabía que no mediaría en el resto de sus accionares.

Algunos lo llaman destino, otros el ciclo de la vida. Ella lo llamaba amor. Nadie más que ella y Rachel influían en esa relación, en esa burbuja que armaban cuando se miraban, cuando se juntaban y cuando se sonreían. El destino podía llegar a ser una señal equivocada, conduciendo por el camino equivocado y estrellándose tras llegar al final erróneo.

El ciclo de la vida era uno. No podía ser eso, pensó Quinn mientras una pareja ocupaba el asiento frente a ella y le sonrieron cálidamente antes de continuar en lo suyo. La rubia los observó un momento. Ciclo de la vida era lo que estaba comenzando en el vientre abultado de la chica y él no dejaba de acariciar. Tomar decisiones para la felicidad, no era parte de ese ciclo. Era parte de la independencia que conllevaba desprenderse de ese ciclo.

Y haberse enamorado de Rachel, haber sido su mayor fastidio dentro del McKinley con sus granizados a diario, haberle respondido que sí, a la pregunta de ser su novia y haber tomado la decisión de acabar ese mismo compromiso, no podía encontrar a otra responsable más que a ella misma. Era la culpable de las infelicidades pasadas de Rachel, sí. Pero también había sido su mayor brote de felicidad sincera y que la misma morena solía asegurárselo. Por lo que, mantenerse a su alrededor y rogando por más oportunidades, solo era consecuencia de que continuaba amándola.

Nadie más que ella misma entendía el flaqueo de la diva con ella ni nadie más que Rachel podía negarle la oportunidad por la que iba dentro de ese tren. Todos cometen la mayor locura de amor solo una vez en la vida y la seguirían cometiendo por esa misma persona. Y la suya era Rachel.

Podía sonar egoísta, retrógrada y poco inteligente. Pero no podía aferrarse a un futuro de ensueño que Europa le brindaba si solo soñaba con ir de la mano de Rachel a donde ella fuera. Los sueños no se atrasan ni se abandonan, solía repetirle su ex novia. Y ella no estaba atrasándolo ni dejándolo ahora, no. Iba rumbo a el.

Además su vello se crispaba y su garganta se atoraba de tan solo imaginarse cada mañana despertar junto a la morena. Verla dormir, acariciándola mientras dormía y oírla cantar y ensayar para sus futuros éxitos de teatro, todo eso formaba una laguna ilusionada en su cabeza y solo quería cronometrar el tiempo y que empezara a suceder.

Rachel la amaba y ella a Rachel. Los padres de su novia lo sabían. Se mordió el labio y su respiración se aceleró unos segundos ¿volvería a ser su novia? Ella no tenía dudas de que sí. Sus mejores amigas, su hermana, Kurt. Las personas más cercanas a ellas lo sabían y eran el soporte que allí estuvo desde el inicio. Solo sus padres se quedaban fuera de esa lista.

Quinn se removió y se recostó más contra el respaldar. Iba a ser complicado hablar otra vez con Russel de Rachel y, cuando él se enterara de que estaba en ese momento viajando hacia ella, posiblemente todo empeoraría. Pero todo estaba acomodándose para su bienestar y, las negaciones de su padre, no ayudaban a mantenerlo. Por lo que la balanza entre ambos, ya estaba inclinada hacia uno.

Se supone que la vida se trata de tomar un riesgo de vez en cuando, o muchos y dejar lo doloroso y lo que no genera felicidad atrás. Y sus padres, por muy cruel que sonara, ya no le aportaban lo que Rachel y una libertad juntas sí. Por eso se estaba aferrando a esta última oportunidad, de ir con la diva y admitirle que sus sentimientos aún estaban, inmunes a alguien más y aguardando por ella. Solo por ella como cuando nacieron.

Sonriendo tras fantasear cuando bajara, horas después y se estrellaran en un abrazo, Quinn cerró los ojos e incluso tras aquella oscuridad siguió viendo a Rachel, que la esperaba a un lado de la estación y corrían al encuentro de la otra.

No supo en que momento se durmió y aún menos cuando la pareja frente a ella la despertó, susurrándole que ya habían llegado a New York:

- Si no bajas, en cinco minutos el tren continúa por otro recorrido- le sonrió la muchacha y ella asintió, respondiéndole con el mismo gesto y viéndolos tomar sus bolsos-

- Gracias- musitó con la voz adormilada y pestañeando, intentando despertar del todo. Se puso de pie y caminó tras ellos, hasta dejar el transporte y finalmente bajar, pisando la ciudad de la que Rachel tanto idealizaba desde pequeña-

Quinn avanzó unos pasos y giró sobre su mismo círculo, buscando con determinación el tren por el que tendría que haber descendido la morena. Supuso que ya debería haber llegado, unos minutos antes que ella por lo que corrió y llegó al conductor del tren que estaba detenido delante del de ella.

- Disculpe…disculpe, señor- lo llamó tocando su hombro y tragando saliva cuando él volteó a verla, sorprendido- disculpe ¿los pasajeros que su línea llevaba ya han bajado?-

- Si- respondió él secamente antes de girar y terminar de cerrar la puerta de su locomotora-

- Y… ¿a dónde se dirigen por lo general? –

- ¿Disculpe?- murmuró sin entenderla y volviendo a verla-

- Entre sus pasajeros ¿vió a una chica? Quiero decir, llevaba un abrigo rojo, largo y una maleta rosa. Y era preciosa- agregó con una sonrisa pero él frunció ceño-

- No la he visto-

- Señor- murmuró entre dientes y rodeándolo, hasta detenerse frente a él que parecía no querer prestarle atención- ella viajó en su tren y en uno de los últimos vagones, debía bajarse aquí en la estación y…-

- Señorita, no es mi deber cuidar pasajeros. No soy el padre de nadie, solo debo conducir. Para eso debe hablar con John, el guardia de seguridad- le informó, señalando el hombre que abría un paquete de cereal bajo la sombra de un árbol-

- Haberlo dicho antes… ¡John!- le gritó con confianza y llegando a él- John, que bueno que aún no te fuiste- agregó agitada y deteniendo la mano en su hombro, a recobrar aire. Cuando alzó la vista y lo observó más de cerca, notó que era el mismo hombre que había insistido para que Rachel le diera su boleto, en Lima y antes de emprender el viaje- me recuerda ¿cierto?-

- No-

- Sí, sí lo hace. Por favor, Rachel bajó aquí ¿cierto?-

- ¿Quién es Rachel?-

- Rachel, mi novia. Ella venía a New York y bajaría en la estación ¿la vió tomar un taxi o irse por algún lado?-

- Lo siento señorita, pero no recuerdo a la chica y mucho menos sé por dónde puede haberse ido. Tengo que irme- le dijo pasando a su lado y ella intentó detenerlo, pero él continuó avanzando y lo vió reunirse con el conductor.

Quinn refunfuñó por lo bajo y golpeó el suelo, antes de buscar entre sus ropas. Maldijo al recordar que no llevaba el móvil porque hacía días que ya no tenía uno, luego de que su padre lo estrellara contra la pared.

Frustrada, dejó sus manos sobre la cabeza y lanzó aire. Si había media hora de diferencia entre ambos trenes, posiblemente Rachel ya estaría caminando lejos de allí o peor aún, en el departamento que sus padres habían alquilado para ella. Y Quinn no tenia idea en dónde estaba.

¿Por qué eran tan crueles las consecuencias de una decisión volátil? Sollozó, cubriéndose el rostro y entiendo que quizá, las cosas no deberían haberse manejado a su antojo. Ahora no tenía dinero ni idea de cómo continuar buscando a la morena, por lo que sentó a la orilla de la fuente de agua a metros y le dió un vistazo a su alrededor. Pero nadie lucía como la chica que amaba y mucho menos la diferenciaba entre el tumulto.

Era tanta la insistencia por recuperarla que no midió las acciones y los efectos que su necesidad iba a generarle. Oyendo el agua caer tras ella, dejó los codos en sus muslos y aguantó las ganas de llorar. Era tan patético y tan liberador llorar por alguien, que en ese momento solo se entregó a eso.

- Disculpa- escuchó y alzó la vista al instante, descubriendo la pareja que había viajado frente a ella- ¿estás bien?-

- No- respondió con sinceridad y antes de volver a mirar a los alrededores-

- ¿Necesitas ayuda? ¿Podemos ayudarte?- ella negó ligeramente, con su labio titubeante y el sonido de las lágrimas en su nariz. Dos desconocidos no podían ayudarla- está bien… ¿estás segura? Yo solo lloro de esa manera cuando Kevin toma sus vuelos a otros países- le dijo la chica y señalando a su novio, pasos más atrás- y entonces lo extraño, sé que no voy a verlo por unos días y lloro. Lloro como tú lo estás haciendo ahora-

- Estoy bien- mintió y desvió la mirada. Detrás de la chica y metros en diagonal, había un teléfono público. Se puso de pie y volvió a sentarse con pesadez, recordando que no llevaba monedas-

- ¿Qué sucede?...¿Necesitas usar el teléfono o hablar con aquel muchacho?- le preguntó la chica, deduciendo que había observando el aparato o el joven parado al lado-

- Tengo que usar el teléfono- aseguró- pero no traigo monedas y…gracias- susurró segundos después, cuando la chica le tendió algunas y ella las recibió avergonzada- viviré en New York ahora y cuando escuches hablar de Rachel Berry, la mejor actriz de teatro, recuérdame como su novia y búscame. Te las devolveré- le dijo señalándola mientras corría de espalda al teléfono-

La chica solo sonrió a lo lejos y luego ella los vió alejarse.

Quinn llegó al aparato y colocó las monedas con tanto temblor que pensó iban a caer, rodar lejos y la llamada nunca se haría. Sin embargo nada de eso pasó y, por el contrario, marcó el número que conocía de memoria y aguardó, sacudiendo su pierna derecha por cada tono de espera que oía.

- ¡Rachel!- exclamó emocionada al oírla del otro lado- Rachel, mi amor, que bueno que atiendes, dónde….

- Quinn ¿eres tú?-

- Sí, sí, soy yo…

- Oh, Quinn, lo siento mucho. No debí haberme ido así, sin otra despedida pero…-

- No, no tienes que disculparte por eso, fui yo quién intentó detenerte…Rachel ¿dónde estás?-

- En New York. Llegué hace un momento y…-

- Pero en dónde, Rach. Dónde. La llamada se cortará y no quiero seguir vagando aquí sin verte. Dime dónde-

- ¿Qué? ¿Allí dónde? ¿Dónde estás?- Quinn se removió apenas, en su pequeño lugar y lanzó un suspiró ¿cómo tomaría Rachel la estrepitosa decisión de haber ido tras su tren? Si colgaba y no volvía oír su voz, la entendía. Pero si no, si le daba la posibilidad de explicarle para recordarle que aún la quería, entonces el conteo que llevaba para ellas iba a detenerse y volver a comenzar. De cero, intentando mejorar la marca anterior-

- Estoy aquí también- musitó- en New York y en la estación. Vine a buscarte. No a llevarte ni regresarte a otro lado, solo vine a quedarme contigo. Quiero quedarme contigo- agregó con total sinceridad y todo se silenció unos segundos. Esa era una opción, se dijo. Y ahora Rachel debía pedirle que no volviera a buscarla y cortar. O darle la dirección de su departamento y ninguna de las dos diría adiós-

- ¿En la estación de New York? ¿Viajaste en el mismo tren?-

- No- respondió e ignorando el hecho de que la morena aún no tomaba una de las dos opciones- en el siguiente y…Rachel, por favor, si quieres hablar conmigo tanto como yo contigo, dime dónde estás para ir a buscarte-

- Está bien… ¿lo recordarás? O anótalo, es…-

- ¿Rach?- la llamó cuando la señal se perdió y ni la respiración de la diva se escuchaba- ¡Rachel!... ¡Por qué! ¡Por qué! Demonios- se quejó golpeando el tubo contra el teclado repetidas veces al notar que, en efecto, la llamada ya había sido cortada y no tenía más dinero- ¡Demonios! Maldito teléfono… ¡Maldito, maldito!-

- Vas a tener que pagar eso- oyó de repente y se detuvo. Las mismas ganas que tenía de verla, estaban ahora torturándola al alucinar su voz y era como si todo a su alrededor se paralizara también- y creo que será bastante costoso- Quinn volteó enseguida y allí estaba: su nueva oportunidad, su conteo deteniéndose y la nueva página volteándose. Rachel la miraba con media sonrisa a unos metros y con el celular en mano, casi burlándose de que ella misma había colgado-

No se contuvo porque simplemente ya no podía aguantar más. Avanzó con lentitud, un pie se movía tras el otro cada vez más rápido y hasta detenerse frente a Rachel. De inmediato la tomó entre sus brazos. La abrazó con tanta fuerza y protección que la alejó del piso un momento y la morena se sostuvo con firmeza tras su cuello.

La emoción la invadió por completo y debió morderse el labio para no demostrarlo. Para no llorarle contra su mentón a pesar de que solo unas horas atrás la había visto.

Pero ahora era distinto. Se sentía tan distinto porque definitivamente a pesar de incluir a las mismas personas, el paisaje y la situación bastaban para invertir el final y cambiar la agonizante despedida por un cálido reencuentro. Ahora la tenía allí, de nuevo entre sus brazos y las lágrimas de Rachel tras la puerta del vagón, ahora eran caricias en su espalda y risas en su hombro.

Definitivamente, compartir la misma burbuja con la morena cambiaba el gris de ella por una gama infinita de colores.

- No puedo creer que estés aquí- murmuró la diva contra su mejilla y antes de dejarle un beso. Ella la regresó al suelo con suavidad y estiró su mano, tocando el calor de su rostro hasta acomodar un mechón de cabello tras su oreja- ¿por qué?-

- Porque si. Porque así debía ser- la morena sacudió la cabeza, en una seña de que aún no comprendía- porque ya no quiero ser la cobarde y mentirosa que conociste-

- Ya no lo eres. No digas eso- musitó Rachel casi en reproche-

- Quizá- murmuró ella con una sonrisa- pero solo dejo de serlo si estoy contigo. Es como si entrara a otro mundo cuando estoy contigo y sé que no debería responsabilizarte de mis actos pero…eres como esa influencia positiva que todas las madres quieren en la tierna infancia de sus hijos- agregó con un toque de diversión- sé que quizá esté estropeando tus planes y molestándote más que antes, Rachel pero…pero nuevamente tomé una decisión errada y no quiero vivir en ella…si quieres, puedes decir algo- susurró frente al mutismo de su ex novia-

- Es que no entiendo… ¿cuál es la decisión errada?-

- Haber terminado nuestra relación- aseguró y observándola con vehemencia- y puedes negarte, si quieres pero no creo que continuar separadas sea lo correcto. Dos personas que se aman no pueden estar separadas, Rachel-

- A veces amarse es la razón por la que dos personas deben estar separadas, Quinn…pero tampoco creo que sea nuestro caso- dijo la morena, dando un paso atrás y subiendo a la cerca que rodeaba la fuente. La rubia avanzó los pasos para cortar la distancia y, cuando sintió las dos manos de la diva en sus hombros, dejó una de ellas en su cintura- Sabes que elegir entre una persona y tu futuro no se toma a la ligera ¿verdad?-

- Lo sé. Es difícil si las opciones son Europa y tú pero…estoy eligiéndote a ti y no puedes decirme que no lo haga o pedirme que lo piense bien. Créeme que lo he hecho. Si tenemos que terminar en algún momento, bien, lo haremos pero ahora no es ese momento. No podemos dejarnos ir así como si nada, Rachel-

- Cómo sabes que no es ahora si desde que terminamos no hemos estado separadas realmente-

- Porque nos amamos… ¿estás dudando? ¿Esto es como cuando te insistía con una cita y te negabas? ¿Vas a obligarme a que me vaya?-

- Quinn, no. Tú lo acabas de decir, no puedo ordenarte qué elegir. Pero no quiero que dejes tus sueños por mí. Por nadie, en realidad. No es justo que hayas soñado con Dauphine desde siempre y ahora que la tienes simplemente la dejes ir-

- Pues si tengo que soltar una de las dos, no te soltaré a ti. La soltaré a ella- aseguró dejando en claro que la Universidad, en ese momento, solo representaba un simple edificio- Santana sacrificó su sueño, también. Ella no quería salir de Ohio pero tampoco alejarse de Britt. Ambas van a vivir en Los Ángeles ahora. Mi madre dejó su cuidad tras irse con mi padre luego de conocer el embarazo de Frannie… ¿por qué yo no puedo hacerlo? ¿Por qué los demás pueden elegir a la persona que aman por sobre cualquier cosa y yo no? Una vez te dije que eres una egoísta. Pues sí, lo serás si no me dejas compartir contigo lo que las dos queremos…porque tú también quieres esto ¿cierto?- preguntó con dudas y un gesto de temor. Rachel le sonrió ampliamente, por primera vez con ese brillo en sus destellos marrones y se inclinó apenas, hasta rodearle el rostro con sus manos-

- Solo quería oír cuán segura estabas- le susurró contra sus labios-

- Lo estoy- afirmó y sin más sus bocas chocaron, con intensidad inmediata y el sonido del desenfreno que durante días no tuvieron. Mientras Rachel conducía el contacto atrapando bajo su cabeza, ella entreabrió la boca y buscó su lengua. En una exigencia tácita, exploraron el interior de la otra y se separaron minutos después, con la respiración agitada y por falta de aire- ¿tú lo estás?-

- ¿Segura? Por supuesto. Te he imaginado conmigo aquí desde que aceptaste ser mi novia...pero te imaginaba también en Europa. Es decir, al principio cuando me lo dijiste no fue muy motivador pero era tu decisión. Y no iba a privarte de ella-

- Lo sé, por eso soy yo la que se está privando de si misma-

- Tampoco quiero eso-

- Y yo tampoco quiero Europa ahora. Te amo, Rachel y eso significa que cuidaré de ti, estaré contigo y algún días nos casaremos- le garantizó con un leve temblor en su garganta. La morena alzó una ceja y dibujó una sonrisa divertida, antes de reír por lo bajo y asentir-

- Eso suena muy lindo. Pero primero debemos comprometernos, luego es el matrimonio-

- Claro, como tú lo quieras- le dijo antes de jalarla nuevamente contra ella y besarla.

Cuando el roce subió de intensidad, Quinn comprendió que el nuevo conteo ya había iniciado y los segundos marchaban sin obstáculos. Porque no era un contacto pasional indiscreto. Rachel la sujetaba con tanta dulzura y ella la besaba con adoración que solo los sonidos del exterior sobraban.

¿Qué había hecho? ¿Había tomado una decisión caótica? Sí, la había tomado. Caótico había sido tomar el próximo tren. Pero no equivocado.

Había sido de las decisiones más acertadas a lo largo de sus 17 años. Y eso era algo así como lo mejor que había hecho en su vida.


- Creí que ibas a vivir con Kurt-

- Sé que vendrá, solo que ahora que tiene novio está algo dudoso….gracias- agregó Rachel en un susurro cuando Quinn sostenía la puerta y le cedió el paso. Habían dejado la estación de trenes media hora atrás y, luego de un recorrido rápido por los alrededores, estaban ahora en el departamento que había elegido junto a sus padres- hay dos habitaciones, un baño, la cocina y podemos hacer un pequeño espacio para un living-

- ¿Y pasar tardes viendo películas?-

- Y pasar tarde viendo películas- la apoyó ella con una sonrisa ¿Cómo sería pasar toda una tarde recostada contra la rubia y mirando la televisión? Excepcional. No había otra palabra para describirlo. Rachel se adentró en el lugar y se detuvo de espalda a una pared de ladrillos. El resto en general no tenía una buena fachada pero el espacio era grande y por eso lo había adquirido. Con unos retoques y adornos, sabía que todo tomaría otro ambiente y se vería mejor, casi tanto como otra casa- ¿sabes pintar?- le preguntó, tomando un pincel sobre un bote abierto a un lado. Quinn asintió con una sonrisa y se acercó-

- No mucho, pero algo podemos hacer- dijo y Rachel giró, sintiendo a la rubia pegarse a ella y atraparle la mano que sostenía el rodillo. Dejando caer un hilo de color verde, Quinn alzó los dos brazos derechos y condujo el movimiento hasta formar un corazón grande, ocupando gran parte de la pared- bueno, quizá no sea tan buena para el arte como tú-

- ¿De qué hablas? Quedó justo como lo quería-

- ¿De verdad?-

- De verdad- le respondió girando y recibiendo un fugaz beso en los labios- sé que quizá esto te sea molesto pero… ¿quieres que veamos algunos folletos de universidad? La facultad de economía está algo alejada pero debes tomar mi mismo ómnibus para llegar ¿qué dices?-

- Que sí, aún tengo tiempo para inscribirme y tú me acompañarás a conocerla ¿cierto?-

- Por supuesto, voy a llevarte a dónde quieras…tengo que avisarle a mis padres de mi llegada, tú quieres… ¿tus padres saben que estás aquí?-

- No y papá no lo tomará muy bien pero pretendo hablar con ellos y dejarles claro que esto no tiene nada que ver con alguno de los dos. Se trata de mi y solo espero que lo entiendan-

- ¿Y si no lo hacen?- inquirió ella preocupada. Quinn le acarició la mejilla, con un cariño especial en su pulgar y alzó levemente los hombros-

- Es un riesgo que viene de la mano de este. Y si tomé este, entonces debo tomar y responsabilizarme por los que vendrán. En verdad espero que lo entiendan, porque voy a necesitar mucho de su apoyo-

- Ojalá, la lasaña vegana de mi suegra es muy rica como para que ya no me la cocine- bromeó la diva y Quinn rió, mientras se estiraba hasta su boca y volvía a besarla-

El silencio del lugar, sus cuerpos juntándose hasta pegarse y sus labios chocando de un lado a otro, dejó el romanticismo y la diversión a un lado.

Con las manos de la rubia en su rostro y su lengua buscando la suya a cada rato, Rachel descendió sus dedos por la espalda recta de Quinn y los ascendió por su abdomen hasta su pecho. Desabotonó el abrigo sin romper el contacto y la rubia echó sus brazos atrás, permitiéndole que lo quitara.

Con el dominio acostumbrado en Quinn, sintió sus mejillas ser cubiertas nuevamente mientras ella abría su pantalón. Sabiendo que la puerta estaba cerrada y nadie más que ellas estarían allí dentro por algunas horas o días, separó sus bocas con un fuerte sonido para recobrar aire y hacerle una pregunta.

- ¿Quieres ver mi habitación? La que compartiremos-

- Me encantaría- respondió la rubia con la voz agitada y siguiéndole los pasos, abrazándola por detrás-

- Solo que hay una cama y es pequeña-

- Eso quiere decir que deberé dormir sobre ti o tú encima de mí- gimoteó Quinn y colando los dedos bajo su camiseta-

- Cualquiera de las dos opciones está bien por mí- murmuró la diva y girando, sintiendo un leve empujón por los hombros. Rebotó apenas sobre el colchón cuando la rubia se acomodó sobre ella y volvió a besarla-

Sus padres solían decirle que nunca durmiera sobre una cama que no era la suya; que no compartiera vaso con desconocidos o se duchara con agua fría en invierno.

Pero la vida no iba de prohibiciones. No cuando se tenia la libertad fresca e ingenua de optar por algo más, por algo mejor y algo que la satisfacía sin hacerle mal a ella o a alguien.

Porque suponía que dejar caer el agua helada en invierno solo era momentáneo. En los minutos siguientes, su piel volvería a la normalidad y con un poco de calor no se resfriaría.

Tomar un riesgo, aunque sea solo una vez en la vida, era comenzar de cero e ilusionarse por algo más. Que no detiene a nadie hasta lograrlo.


Otro cap queridisimas lectoras y el próximo es el epilogo ya..Muchas gracias por leer y sobre todo tomarse el tiempo en comentar, son un amor así como Becca diciendo que el gigo es genial. Adiós Robchele, soy paetzchele shipper ahora..

AndruSol: No, tranqui, no me molesta tu comentario y como bien decís, las historias gustan o no. Entiendo tu opinión, totalmente respetable, pero a diferencia de las otras historias que publiqué, esta es una experiencia personal, por lo que escribirla vendría a ser como una catarsis. Sé que no es excusa porque podria haberle dado a Quinn otro tipo de pensamiento y no el "el amor todo lo puede", pero en ningún momento mi decisión fue que terminaran separadas. Discrepo solo en algo de tu opinión porque para mi tener 17 años si es actuar de una manera que no actuaria cuando tuviese 25 o 30, por eso se le puede dar la oportunidad a la rubia y que termine de madurar junto a Rachel con el paso del tiempo. Te repito, no me molesta el comentario y tu opinión. Al contrario, sos de las pocas lectoras que no leen por leer y es agradable ver este tipo de rws (todavia te debo LCP, no me odies de más por eso, ya lo voy a hacer jajaj) Saludos!

Ni Glee ni sus personajes me pertenecen, lamentablemente o de lo contrario AHS tambien y Emma aparecería en esta temporada, obvio. Que estén bien, saludos!