Capítulo 35 – "La Gran Verdad"
Una mujer se levantaba sobresaltada en la cama. Le dolía el pecho. Había vuelto a tener una pesadilla.
A su lado estaba un joven moreno de ojos verdes, mirándola con preocupación.
-¿Has soñado otra vez, no? – preguntó en tono de afirmación. Sabía de los sueños de su amiga, pero lo inquietante era que, como en otras ocasiones, se lesionaba de forma física por lo acontecido en ellos. Muchas mañanas aparecía con moratones en el cuerpo, por haber estado soñando alguna batalla contra los seguidores del Señor Tenebroso.
Hermione no contestó.
-¿Ha sido otra vez ella, verdad? – volvió a preguntar preocupado. Desde que Bellatrix Lastrange torturó a la castaña no había vuelto a ser la misma. La Orden, aquella fatídica noche, horas más tarde encontró a Hermione y la pusieron a salvo de las torturas de la mortífaga.
La habían encontrado llena de heridas y magulladuras por la piel, inconsciente por la cantidad de hechizos utilizados en su contra. Bellatrix huyó bajo su estridente risa al ver aparecer a Ojoloco y Potter en busca de su compañera.
La recuperación de la joven había sido bastante larga, su cuerpo no lograba recuperarse de las torturas a las que fue sometida, crucio tras crucio, cada uno más largo y tortuoso que el anterior.
Hermione asintió esta vez.
-¿Por qué me ocurre esto? – preguntó ella, mirando al vacío de la habitación.
-Hablé anoche con Remus – empezó Harry que había ido a verla con la intención de contárselo – han estado investigando a cerca de la profecía que lleva tu nombre. Todo está unido.
Miró a la bruja que esta vez, le miraba atenta.
-¿Terminará algún día? – preguntó con gotas de desesperación en su tono de voz.
-A eso voy. Sí. La profecía tiene la misma duración que la que nos nombra a Voldemort y a mí. Cuando uno de los dos venza, tus sueños desaparecerán, al igual que tu poder de la luz. – Explicó Harry todo lo que sabía- Esas pesadillas que sufres, son casi como si lo vivieras de verdad, y eso es porque son una especie de premonición. – dijo el niño que vivió.
-Gracias – musitó ella.
Hermione sin decir nada se levantó con lentitud de la cama y se dirigió al comedor de los Weasley, sin decir una palabra. Aquello se había vuelto costumbre.
Muchos miembros de la Orden estaban muy preocupados por la situación de Hermione. Desde la visita a la Mansión Malfoy, hace ya cinco meses, no había vuelto a ser la misma. Harry sabía perfectamente qué era. La persona que más quería en el mundo le había traicionado de la manera más cruel, dejándola en manos en la seguidora de Voldemort más temible. Era absolutamente lógico que se encontrara así.
Desde aquella noche Hermione había cambiado. Sólo hablaba con Harry, y en contadas ocasiones con Ginny Weasley. Él se había convertido en su único apoyo, quizá en la única persona en quien podía confiar. Comía lo justo para que nadie le recriminara su poco apetito. Las noches las pasaba junto a Harry, cuando éste no dormía con la pelirroja, de quien cada vez estaba más enamorado.
En la lucha contra los mortífagos Hermione se había convertido una pieza clave, y había mejorado de una forma sorprendente su habilidad con la varita. Atacaba a ellos con fiereza y sin ningún miedo, dispuesta a apresar la mayor cantidad posible. Aquello también preocupaba a sus amigos, la furia con la que atacaba la castaña no era sana para sí misma. Harry había intentado hablar todo aquello con la joven, pero ésta rehuía diciendo que sólo quería la paz en el mundo mágico.
El mundo mágico había cambiado en los últimos cinco meses. Lord Voldemort y sus seguidores se estaban expandiendo con mucha rapidez y lugares como el Ministerio, San Mungo o la prisión de Azcabán corrían peligro. La Orden les vigilaba muy de cerca todos sus movimientos y daba caza a todos los que podían.
Sin embargo, el punto fuerte de los mortífagos era atacar a los muggles o todos los sangre sucia que estuvieran a su alcance. El número de víctimas asesinadas era aterrador; pero aun peor era el número de desaparecidos. Se conocían decenas de casas incendiadas, asesinatos de personas muggles con una posición privilegiada, o simplemente familias en las que algún miembro era mago eran torturadas hasta suplicar la muerte. Tanto Hermione con sus padres, y Harry con sus tíos, habían utilizado todo tipo de hechizos protectores que les habían proporcionado los miembros de la Orden del Fénix.
En cada reunión de la Orden se hablaba sobre los nuevos ataques. Draco Malfoy era el autor de la mayoría. Hermione permanecía impasible al oír aquél nombre. Lo único que deseaba era vengarse de él y vengar la muerte de Ron Weasley con la paz del mundo mágico, tal y como él hubiera deseado.
Pansy Parkinson aparecía como un fantasma por la Madriguera cada pocas semanas, explicando nuevos datos sobre su misión, y marchándose sin decir palabra. Hermione discutía en varias ocasiones con Harry por no saber cuál era la misión de Parkinson. Potter le había repetido una y otra vez que no se lo decían por su seguridad, pero aun así no estaba satisfecha con ello.
Aquella mañana, Granger se vistió y bajó a desayunar al comedor Weasley en donde estaban Ginny, el matrimonio Weasley y Harry, que bajaba junto a ella. Comentaban, sin emoción, que aquella tarde la pequeña de los pelirrojos y Molly irían a visitar a los gemelos a la tienda de Sortilegios Weasley, para hablar con ellos sobre nuevos asesinatos cerca de uno de los barrios más pobres de Londres muggle.
Se levantaron a recoger todos los platos, cuando Severus Snape aparecía en el salón del hogar con el rostro desencajado.
-Ya vienen – avisó – Potter protégete – ordenó sabiendo cuál sería el principal objetivo – Voy a avisar a la Orden, ¡deprisa! – alentó el profesor.
Cada uno de los que se encontraban, se movieron con torpeza, sin saber exactamente qué hacer, presos del miedo. Hermione cogió con fuerza su varita e intentó mirar a todos lados. Lanzó varios hechizos de protección pero era demasiado tarde.
Una nube de polvo inundó aquella sala, impidiendo a los que estaban una buena visión de lo que ocurría. Surgieron varias siluetas, con una capa larga negra que les cubría por completo. Tenían sujetas con firmeza la varita, eran cinco siluetas en total.
Potter fue el primero en atacar cuando la polvareda hubo cesado un poco.
-DESMAIUS –chilló atacando a una figura, que rechazó el hechizo con un simple gesto. Debían de ser los mortífagos mejor preparados. De lo contrario no se habrían arriesgado a estar frente a los miembros más relevantes de la Orden. Aquello les asustó mucho a todos.
Las figuras avanzaron hacia ellos.
-EXPELLIARMUS – chilló una de las capas hacia Ginny, quien no había previsto el ataque y se golpeó contra la pared más lejana.
Potter comenzó una pelea junto a otro mortífago, que parecía ansioso por querer atacarle.
-DIFFINDO
-¡PROTEGO!- chilló Potter, sin problemas. Intentó no quitar ojo a Ginny, quien parecía que se defendía con agilidad frente a su adversario. No dudaría en dar la vida por ella.
Arthur luchaba contra un mortífago de alta estatura, que lo intentaba desarmar.
Molly, sin embargo, se estaba encargando de dos mortifagos, que parecían algo confundidos por los hechizos que la señora Weasley les había lanzado.
Hermione luchaba contra uno de media estatura, que no se parecía amedrentar frente a los potentes hechizos de la castaña.
-CRUCIO – chilló con fiereza la castaña, quien dio de lleno en la persona que tenía en frente. La escuchó chillar, era una mujer. Cuando se pasó el efecto del hechizo, se levantó lentamente, mirándola a los ojos mientras se quitaba su capa y su máscara. Se trataba de Bellatrix Lastrange.
Harry intentó ir donde ella al descubrir de con quien se estaba enfrentando, pero su amiga le paró con un gesto ya que él también debía de enfrentarse a su rival.
-Has mejorado impura – siseó la bruja mirando divertida a la castaña. Le excitaba la situación - ¡EXPELLIARMUS!
Hermione cayó al suelo en un sonoro golpe. Su muñeca izquierda se había roto. Sin embargo, se levantó con rapidez sin parar de apuntar con su varita a Bellatrix. La joven bruja estaba dispuesta a capturar de una buena vez a la seguidora más fiel.
-Petrificus Totallus – exclamó petrificando a la morena.
-CRUCIO – chilló Hermione una vez paralizado a la bruja. No se pudo retorcer del dolor a causa de su inmovilidad, pero su rostro producía muecas de dolor expresando lo qué estaba sintiendo.
Bellatrix, segundos después se levantó torpemente, se enfrentó duramente a la castaña. Ambas brujas intercambiaron palabras, reproches e insultos. Los hechizos volaban entre ellas dos, y cada vez eran más violentos y potentes. Hermione daba la vuelta para poder esquivarlos, cada vez más agotada. La demente mortifaga reía al notar a su contrincante cada vez más débil.
-Avada Kedav…. – comenzó a decir con una tortuosa sonrisa.
-PROTEGO – chilló la bruja con toda la fuerza que pudo unir.
-Desmaius – volvió a dirigirse a Bellatrix, quien lo evitó al moverse más a la izquierda.
-DESMAIUS – volvió a gritar otra voz, dándole de lleno en el pecho de Lastrange. Hermione miró hacia donde venía la voz y sonrió. Harry la había salvado. Se dirigió hacia él y se fundieron en un tierno abrazo. La castaña miró a su alrededor, Ginny había acorralado a uno de los encapuchados, que se trataba de Fenrir Greyback, uno de los seguidores más sanguinarios.
Por otro lado Arthur estaba luchando con el mismísimo Lucius Malfoy en una afilada batalla. Molly Weasley había sido herida por Anthony Dolov, quien estaba observando la escena, cauteloso.
Harry se dirigió hacia Bellatrix con la intención de atraparla, pero ésta se levantó con una rapidez casi inhumana y lo apuntó con la varita sin ningún miramiento. Hizo un gesto a Dolov y tras echar una mirada de desprecio a Greyback se desapareció junto al otro mortífago.
Sólo quedaban dos mortifagos en aquella sala, Lucius Malfoy, y otra silueta. Ginny se fue a ayudar a su madre con aquella herida, intentando parar la sangre que salía del hombro de su madre. Harry fue a ayudar al señor Weasley con el patriarca de la familia Malfoy.
Quedaba un mortífago, que miraba la escena con tranquilidad. Hermione sabía perfectamente quien era, se dirigió hacia él con paso firme, sin parar de retarle con la mirada. Llegó donde él con decisión, apuntándolo con la varita. Deseosa de lanzarle algo. Harry al ver el panorama que se presentaba intentó pararla.
-¡Hermione no! – le gritó, en vano, ya que la chica miraba con furia hacia aquella silueta.
-EXPELLIARMUS – bramó la joven dándole a aquella figura que cayó al suelo desde una altura de dos o tres metros. Se levantó con agilidad. La figura le apunto, esta vez, a ella también en su defensa, sin quitar la mirada.
-Desmaius – lanzó a la castaña, quien esquivó con un Protego.
-Sectusempra – exclamó ella, pero su adversario también lo esquivo con el mismo hechizo.
Hermione respiraba agitadamente, su pecho subía y bajaba con prisa, nerviosa por la situación que se presentaba.
-Expelliarmus – se adelantó él dándole a Hermione que chocó contra las escaleras de la casa. La joven gruñó del dolor al chocarse, la muñeca le dolía cada vez más y se incorporó con torpeza.
-DESMAIUS – lanzó ella debilitando a su rival, haciendo que su máscara cayera al suelo. Ahora estaban en igualdad de condiciones. Su rostro seguía como lo recordaba. El pelo lo tenía por debajo de las orejas y su flequillo caía desordenado por su frente. Mantenía una barba de unos cuatro días, dándole un aspecto condenadamente atractivo. La castaña sintió enfado consigo misma al darse cuenta de sus pensamientos. Draco, que le había estado observando, rio, enfadando aún más a la castaña.
-Sectusempra – bramó con fuerza, haciendo que algunos cortes aparecieran por el cuerpo que tanto conocía del rubio.
Malfoy cayó de rodillas por el dolor que producían esos cortes y con un hechizo no verbal comenzaron a cerrarse. Levantó la cabeza para enfrentarse a ella.
-EXPELLIARMUS – volvió lanzar la castaña, ocasionándole otro golpe al rubio.
Hermione comenzó a lanzar despiadados hechizos contra él, haciéndolo golpear con fuerza contra las paredes o el suelo del lugar. El rubio la atacaba de igual manera, intentarlo desarmarla en todo momento. Hermione esquivó con agilidad los hechizos que aquél mortífago le lanzaba, respondiendo a los siguientes cada vez con más furia.
El enfrentamiento entre aquellos crecía por momentos, lanzándose hechizos más potentes, intentando dañar al adversario. La castaña, en concreto, estaba fuera de sí. Su mente había dejado paso a un único pensamiento, vengarse de todo lo que había sufrido. Lanzaba cada conjuro como si se tratase del último. Evitaba con destreza cada defensa y volvía a atacar con rudeza.
Llegó un momento en el que ambos jóvenes estaban agotados, mirándose sin parar.
-expelliarmus – Lanzó la castaña, desarmándolo, esta vez de verdad. Hermione le miró triunfal, sabiéndose vencedora.
-CRUCIO – lanzó aprovechando la ventaja que tenía. Sin embargo, nada más pronunciar aquel hechizo, desvió su varita a propósito hacia otro lugar que no fuera Malfoy. No había sido capaz. Algo se removió en el interior de Hermione, haciéndola sentir asquerosamente vulnerable frente a ese mortífago.
Draco le miró con seriedad. Hermione se giró, dándole la espalda, esperando que alguno de sus compañeros le capturase. Harry se dirigió donde ella. Hermione se tambaleó y comenzó a caerse cuando unos fuertes brazos la agarraron. Se dio la vuelta y vio la eterna sonrisa de Harry, quien la sujetó comprensivo mientras la castaña se aferraba a él como si fuera lo único que tenía en la vida.
Era una escena conmovedora. Se veía el corazón desgarrado de la castaña cómo era ayudado por el mejor amigo que podía tener, que siempre estaría ahí. La joven comenzó a sollozar sin parar. Cientos de lágrimas luchaban por salir de sus ojos, y lo consiguieron. Intentó zafarse del abrazo de su amigo, pero Harry la sujetó intentado protegerla. La castaña se revolvió y cayó al suelo, sin poder parar de llorar.
Harry se arrodilló junto a ella, intentando calmarla. Chilló cosas mientras una rabia la invadía sin piedad. Golpeó la pared con sus manos, rasgándose la piel y produciéndose heridas. Tenía la muñeca hinchada a causa de la rotura. Pero le daba igual en aquellos momentos, solo deseaba quitarse aquella rabia que sentía a base de golpes. Se consideraba la persona más débil que conocía. Se había enamorado de un asqueroso mortifago y además, no era capaz siquiera de hacerle daño.
Después que él la había engañado para ser torturada y había previsto la muerte de su mejor amigo.
El hecho de acordarse de Ron incrementó su furia y su angustia en su interior. Harry paró a la castaña. La sujeto con fuerza de la cintura y la atrajo hacia sí con firmeza.
-Ya paso Herms – le susurraba Harry, conociendo el dolor que estaba sintiendo su amiga.
Hermione comenzó a calmarse un poco, apoyando su cabeza en el pecho de Harry, quien le acariciaba el pelo para tranquilizarla y hacerla sentir querida. La castaña comenzó a respirar más lento, dejando de un lado los sollozos.
-No he podido Harry, y Ron pensará… -empezó a balbucear Hermione, pero Harry la cortó.
-Ron te quería más que a nadie Hermione – le dijo con calma, para que lo entendiera con facilidad.
Todos los presentes estaban observando aquella escena. Para Molly, Arthur y Ginny era de esperar, e incluso se alegraron en cierta medida, que Hermione explotara y expresara sus sentimientos. Sin embargo, Draco Malfoy observaba la escena acongojado. Jamás había visto en tal estado a Granger, y pensar que era por su culpa no lo animaba. Tenía sus ropas rasgadas, y se había rasgado las manos tras golpearse en la pared. Su pelo estaba revuelto, a causa de la situación que acababa de vivir y sus mejillas brillaban por las lágrimas que soportaban. Los ojos de color avellana sólo estaban abiertos en una fina línea, sin fuerza para abrirlos más. Estaba abrazada al cuello de Potter como si nada más importara en aquellos momentos.
La Orden del Fénix llegó y capturó a Lucius Malfoy y Greyback, que fueron llevados a Azcaban junto a los otros mortífagos apresados.
Hermione consiguió dormir aquella noche con ayuda de Harry y Ginny que la escucharon hasta que se durmió y encontró la tranquilidad. Se pasó durmiendo más de medio día y al atardecer del día siguiente salió de su habitación, preparada para enfrentarse a un nuevo día. Sin embargo, algo iba mal en aquél lugar.
En la mesa de la cocina, había personas que jamás habría esperado encontrar, al menos una de ellas. Harry estaba de pie, apoyado en la encimera tomando un café mientras Draco Malfoy hablaba con él, de forma distraída, sentado en una de las sillas de la mesa.
Ambos se giraron al verla en la puerta mirándolos desconfiada. Aquello no iba pero nada bien. ¿Qué coño hacía ese cabrón en la cocina? Encima Potter lo miraba con normalidad, como si nada extraño ocurriera. La castaña intentó rápidamente coger su varita para defenderse y lo apuntó con ella con decisión, entrecerrando los ojos intentando analizarlo.
-Hermione verás… - comenzó a decir Harry.
-¿Qué hace ese mortífago aquí? – le cortó Hermione penetrándole con la mirada.
-Déjale hablar Hermione – dijo Harry intentado que su amiga le escuchara. –Él… no es un mortífago Hermione – dijo de la forma más pausada que pudo.
Hermione sintió como si le faltase al aire y entró en cólera cuando escuchó aquello. Observó a Draco, que no le miraba a los ojos, sólo la mesa. Se le veía hundido, temeroso de la reacción que tuviera aquella joven.
-Desde la Batalla de Hogwarts he estado trabajando para la Orden a escondidas de los mortífagos – dijo Malfoy levantando la cabeza y mirándola a los ojos, lleno de pavor hacia ella.
Hermione le miró con asco, llena de desconfianza.
-¿Te crees que soy tan estúpida como para creerme eso? Eres un autentico hijo de puta que sólo se ha dedicado a matar sangre sucias como yo – le gritó acercándose a él, apuntándolo con la varita. Harry se acercó a ella con urgencia. Estaba furiosa, no creía nada de lo que estaba diciendo aquél rubio, pero algo en su interior deseaba escucharle.
-Atácame si quieres, pero sólo te he dicho la verdad Hermione – dijo Draco mirándola, reuniendo toda la sinceridad que fue capaz.
-Ni se te ocurra nombrarme – le cortó mirándolo con desprecio. Una rabia increíble nació dentro de ella. No supo cómo reaccionar ante aquella noticia. Su corazón quería escuchar más acerca de aquella verdad, quería poder entenderlo y perdonarle todo. Para así ella misma encontrar tranquilidad. Pero no podía. El sufrimiento que tenía en su interior era más grande que cualquier otra cosa. La rabia y la furia con la que llevaba conviviendo meses eran demasiado fuertes como para desaparecerse de repente. Supo que era verdad lo que Malfoy decía al ver que su amigo Harry confiaba en él. Sin embargo, para ella sólo significaba un acto más de cobardía por su parte.
Se acercó a él con pausa, mirándolo a los ojos. Sus ojos estaban tristes, y el gesto de su rostro lo acompañaba. La miraba con aprensión intentando adivinar sus pensamientos.
Llegó a estar a pocos centímetros de su rostro cuando alzó su mano, y la estampó con fuerza en el rostro de aquél rubio. Harry miró impactado la escena, sin saber qué hacer. Draco Malfoy miró al suelo, sin saber qué decir. No le sorprendía aquél gesto de la que fuera su chica, se lo tenía merecido. Pero ello no quitaba que aquél golpe había atravesado también a su corazón. Hermione lo miró con toda la rabia que llevaba acumulada y salió corriendo fuera de la madriguera de los Weasley.
Corrió por la explanada que había fuera de la casa de los pelirrojos. Todo lo rápido que sus piernas le dejaban. Había nevado la noche anterior y todo se encontraba pintado de blanco, la Navidad se acercaba. Cuando comenzó a cansarse decidió parar y se sentó en la nieve, mirando al horizonte.
No podía negar que se había quitado un peso de encima al escuchar lo que Draco le había dicho. Al menos no se había convertido en un despiadado mortifago. Pero el rechazo que sentía hacia él era inevitable. Se sentía traicionada. A pesar de haber ayudado a la Orden no podría dejar de pensar en cómo él la había dejado en manos de Bella Lastrange, a sabiendas de la tortura que iba a sufrir. O pensar también en cómo había luchado contra ella la pasada noche, lleno de fuerza y preparado para vencerla.
Habían pasado ocho largos meses desde la Batalla de Hogwarts, desde que Draco y Hermione dejaron de ser uno sólo. Draco no estuvo a su lado en tantos momentos que lo había necesitado. Una rabia nacía dentro de ella al pensar en cómo él no se había dirigido a ella en ningún momento, ni siquiera con la muerte tan dolorosa de Ron. Aquello era todavía peor, teniendo en cuenta que Malfoy pertenecía a la Orden.
Debía de haber hablado con ella, al menos un par de palabras para decirle que estaba bien, que le sirvieran a la chica de aliento en aquellos momentos tan duros. Pero no había sido así. El mago había hablado con Harry y otros miembros, pero hacia ella nunca se dirigió. Prefirió atacarla y dejarla ser torturada por otros compañeros mortifagos.
Le dolía pensar en todo aquello. Unas tímidas lágrimas se deslizaban por sus mejillas, heladas a causa de las bajas temperaturas del ambiente.
Recordó tras la muerte de Ron el desgarro de su corazón lo doloroso que fue. Intentó calmarlo pensando en cómo Draco estaría intentando protegerla de algún modo. Pero al no recibir nada por su parte empezó a desconfiar de todo. Sin embargo, el punto de inflexión fue la batalla en la Mansión Malfoy. La rabia nació dentro de ella, olvidándose del dolor, al recordar cómo él formaba parte de los mortífagos más sanguinarios de la actualidad.
Sin embargo, lo que más le dolía, era reconocer que para ella ya no podrían ser una pareja nunca más. Ahora, de verdad, había terminado todo. No podía aceptar todo lo ocurrido y volver con él sin problemas. Ella no era así. Podría enfrentarse a él y ganar la guerra junto a él, pero nunca más como una pareja. Y eso sí que dolía. Más lágrimas comenzaron a nacer de sus ojos, volviendo más entrecortada su respiración.
Tras la Batalla de Hogwarts, e incluso tras la lucha en la mansión de los Malfoy, jamás había tenido tan claro que no iba a estar con Draco Malfoy. Ahora sí. El saber que él pudo hablar con ella, y no traicionarla de aquella manera la hacían entender que, a pesar de perdonarlo, nunca podría olvidar aquello. Le dolía el alma al pensar que todo había acabado. Que no habría un siguiente capítulo en su historia.
Escuchó unos pasos chocar contra la nieve. Dedujo quien era, y lo adivinó cuando se agachó en frente suya.
La observó con parsimonia. Los ojos de la chica permanecían cerrados, pero varias lágrimas bañaban su angelical rostro. Tenía las mejillas rojas y la nariz también a causa del frio del lugar.
-Quisiera estar sola – dijo ella sin abrir los ojos, con la voz rota. No podía enfrentarse a él. No en aquellos momentos.
-Sé cómo te sientes – comenzó él con la voz algo temblorosa.
-No – le cortó ella – no lo puedes saber – dijo con tristeza. Nadie podía comprender su sufrimiento.
-Créeme que sí Hermione. – Dijo seguro de sí mismo. – Todo lo he hecho por ti. Espera, déjame explicarme y luego podrás pegarme, darme una patada o no volverme a hablar en tu vida – dijo el mago al ver que la chica iba a replicar. Hermione le miró con atención. – En la Batalla de Hogwarts – comenzó desde el principio – te dije todo lo que sabía, todo lo que Voldemort me había dicho, porque lo más importante para mí era que tú estuvieras bien. Y lo sigue siendo. Verás… - dijo algo nervioso, sin saber cómo seguir – en aquella batalla todo se complicó. Weasley no debía de morir. Vi cómo luchabas contras el cabrón de Krum y Cho Chang, incluso pensé en ayudarte cuando ese hijo de puta te lanzo aquél sectusempra que casi te mata, pero Ron te ayudó. Y la verdad, siempre se lo agradeceré. Pero él decidió salvarte, no se lo puedes reprochar Hermione, que estoy segura que lo haces. – dijo mirándola. Hermione miró al suelo, no podía creer lo que sus oídos estaban escuchando, era inaudito. – Vi cómo te dirigías a él y cómo gritabas y sollozabas abrazada a su cuerpo. ¿Quién no vio aquello? Dio la vuelta a medio mundo mágico. – explicó cada vez más nervioso, sin poder mirar a Hermione a los ojos, que la escuchaba atenta, con débiles gotas en sus ojos – Quise ir donde ti, ayudarte, abrazarte. Pienso que sé mejor que nadie lo que Ron significaba para ti y sé que nunca podrás superar su muerte, pero deseaba estar junto a ti, hacer que no te sintieras tan sola como sé que te sentías. Pero los mortífagos decidieron huir y no pude siquiera darte unas palabras de apoyo. – Draco paró unos instantes, no sabía cómo expresar lo siguiente que ocurrió – Horas más tarde de huir me uní a la Orden del Fénix. Me hicieron todo tipo de preguntas y varios interrogatorios para poder creerme. Ojoloco Moody intentó darme veritaserum, pero Lupin no se lo permitió. Me pidieron que no te dijera nada. Potter insistió bastante en esto y yo lo entendía. Decía que si tú supieras que estaba en la Orden correrías más peligro ya que sólo intentarías protegerme. Cada noche le preguntaba a Potter por ti. Se lo mal que lo has pasado por no saber nada de mí y por la muerte de Weasley. Moría por hablar contigo, pero por mi protección y la tuya propia no debías saberlo.
-¿Por tu protección? – balbuceó la castaña, escuchando atenta lo que le explicaba.
-Sí hubieras sabido todo quizá los mortifagos lo habrían descubierto todo. He tenido que andar en los dos bandos para que no sospechara el Señor Tenebroso. Todavía piensan que soy uno de ellos. De los mejores, de hecho. – explicó sin un ápice de orgullo en su voz. – Pasaron unos tres meses y volví a verte en mi casa. Severus me había explicado que vendríais, y tú entre ellos. Intenté mantenerme en un segundo plano en toda la batalla. Vi lo que le hiciste a Krum, y me preocupaste. Le atacabas llena de un odio absolutamente pasional, hasta que entraste en razón y le capturaste. Y, desgraciadamente, te fijaste en mí. Te observé hasta que te quedaste frente a mí. Seguías igual de preciosa, aunque tu rostro estaba sin mostrar grandes emociones y eso me dolió. Quise decirte mil cosas, decirte cuánto sentía no haber estado ahí contigo, pero aquello era imposible. Creía que entendías la situación en la que estaba hasta que me empezaste a atacar. Ahí me asusté y vi que la muerte de Ron y mi ausencia te habían llevado a esa situación. Me sentí lo peor del mundo Hermione, de verdad. – dijo sincero – Pero nada podía hacer.
-¿Era necesario torturarme? – dijo con rencor la chica, mirándolo con ojos penetrantes.
Draco miró al suelo.
-Mi tía me ordenó atraparte y llevarte donde ella. Aquél día fue de los peores de mi vida – dijo con sinceridad- Vi el temor en tus ojos cuando viste a Bella. Sabias lo que iba a ocurrir. Desaparecí lo antes posible y fui a avisar a la orden para que te rescataran. No podía sentirme peor, Potter me contó cómo estuviste después de eso. Bella te torturó varias veces aquella noche, y eso no es fácil de superar; te lo digo por experiencia. Sé que tus pesadillas aún no han desaparecido. Y también lo poco que te alimentas últimamente – dijo con advertencia. – Anoche te volví a ver y te vi realmente atormentada Hermione. Luchabas con ferocidad contra Bellatrix y contra mí. Harry ya me había dicho tus progresos y con la rabia con la que solías enfrentarte a las luchas, pero no me imaginaba hasta qué punto. Intentabas vencerme por encima de todo, tu mirada no tenía luz propia hasta que, al fin, desvías el cruciatus.
Hermione contemplaba el suelo. No podía mirarlo a la cara.
-Imagino cómo te sentiste al no poder torturarme. Sé que creías que estaba preparada, pero a mí me alegró ver aquello. La Hermione de la que me enamoré seguía estando ahí. El ataque de ansiedad, lo hablé esta mañana con Harry, fue la peor visión que he presenciado. No por ningún motivo, sino porque eras tú quien lo sufría. Entiendo cuánto has sufrido Hermione, más que nadie, sé la rabia que sentías al no poder enfrentarte a mí, o cuando no he estado apoyándote con la muerte de Ron, pero ha sido sólo por ti. Cada minuto, cada segundo me ponía en contacto con Harry o Pansy para saber de ti.
-¿Pansy? – preguntó confusa, mirando esta vez aquellos ojos grises.
-La misión de Pansy era comunicarse conmigo – explicó. Hermione abrió la boca sorprendida. Ahora entendía el porqué del misterio de la misión que llevaba a cabo Parkinson.
-¿Qué ocurre con los mortífagos y Voldemort? – preguntó con voz débil.
-Ellos seguirán pensando que estoy en su bando hasta que la guerra termine. Nadie sospecha nada, he estado en varios ataques y creen que soy uno de ellos. Pero nunca he matado a ningún inocente – explicó con rapidez al ver la mirada de ella – no te niego que no haya matado a algún traidor a la Orden que ayudaba a los mortífagos, pero nunca a ningún inocente. Mi madre no trabaja para los mortifagos, les dejó nuestra casa como el cuartel general del Señor Tenebroso y el Lord quedó satisfecho con ello. Ella sabe todo y me defiende ante mi padre.
-Atrapamos a tu padre.
-Lo sé, y menos mal. Durante estos meses había estado asesinando a cientos de muggles por puro placer. El poder le estaba volviendo loco. Mejor que esté en Azcabán pudriéndose, y sin molestar a mi madre – dijo con voz dura.
-Creía que tus padres pensaban como tú – inquirió ella, insegura de qué decir y cómo actuar.
-Mi padre siempre ha tenido obsesión por el poder, excepto cuando comenzó la guerra y vio que su vida corría peligro. Pero comenzamos a ganar, y el poder le comenzó a nublar la vista otra vez y lo único que quería era matar y matar. Por eso lo expuse a la Orden y que lo atraparan, mi madre y yo colaboramos para que sucediera; él sólo la hacía infeliz a ella con sus demencias – dijo con odio. Al menos ahora su madre se encontraba en paz sólo estando preocupada por la seguridad de su hijo.
-¿Me crees? – preguntó Draco obviando el tema de sus padres, interesado en la respuesta de ella, que lo miraba asustada por la situación y todo lo que acababa de escuchar.
-Jamás habría imaginado que estabas metido en todo esto – dijo con voz extremadamente pausada para los nervios del rubio. – Sí que te creo, te lo agradezco de hecho y me alegro que no seas el asesino que creía. Lo he pasado realmente mal estos meses – explicó con cautela. Draco la miraba ansioso – pero no puedo olvidar lo que ha ocurrido en esta guerra.
Malfoy la miró con temor, su voz había sonado demasiado decidida para su gusto. Sabia lo terca que podía llegar a ser la joven, pero siempre le quedaba la esperanza que una vez aclarado todo se solucionase.
-Hermione antes de que todo comenzara te dije que siempre te iba a proteger, que nunca me iba a olvidar de lo nuestro. Hasta tú me prometiste que lucharías por lo nuestro – dijo con un deje de rencor. – Pero no lo quieres entender. Pensé que entendías a qué situación nos enfrentábamos – dijo levantando levemente la voz.
-Claro que lo entiendo Malfoy – dijo levantando la voz Hermione, le había molestado aquello – pero por mucho que te haya querido no puedo olvidar que no hayas estado ahí en todos estos meses, por mucho que digas que mi seguridad estaba en peligro, podías haberlo intentado al menos. – Gritó alzando las manos, indignada- Sabía a qué situación nos enfrentábamos, pero no contaba con las cosas que han ocurrido en la guerra. Lo he pasado fatal por toda esta situación, y sé que lo has hecho por nosotros y te lo agradezco de verdad – repitió ella – pero no puedo volver contigo.
-No recuerdo haber roto, Hermione – dijo serio el mago.
-Entonces quizás debemos hacerlo ahora – dijo con voz rota, sin mirarle.
-¿Me has olvidado en estos ocho meses? – preguntó con voz ronca, sin poder creer lo que estaba ocurriendo. Todo por lo que había luchado, había puesto su vida en peligro, estaba dejando de tener sentido para él.
-Claro que no Draco – dijo con suavidad- pero han pasado tantas cosas, tantas cosas que nos han marcado, que no lo puedo olvidar y me impiden estar contigo. Creo que nuestro momento ha terminado. – La castaña se levantó, seria y decidida, y dejó a aquél joven rodeado de nieve mientras ella se iba adentro de la Madriguera.
Los días siguientes fueron muy incómodos para aquella pareja. Se hablaban lo justo y necesario, cuando había reuniones de la Orden del Fénix, para hablar y planificar nuevos ataques hacia los mortífagos. Draco seguía estando en ambos bandos aparentemente y ello facilitaba el trabajo para la organización. Había momentos en los que se quedaban a solas, por casualidad, en la habitación y el silencio reinaba en el lugar. Hermione odiaba aquella situación, y quería mantener una relación cordial con él, pero ello era imposible. El sólo hecho de mirarlo ya le producía escalofríos.
Por las noches su mente daba cientos de vueltas, pensando si su decisión había sido la correcta o no. Cada vez más dudas la atacaban, pero nada podía hacer.
Draco evitaba mirarla y cuando lo hacía era de reojo, sin mostrar sentimientos aparentes. Las frases que se regalaban eran cordiales, llenas de frialdad.
Él mismo había informado el ataque final de Lord Voldemort, creando miedo dentro de la Orden. El ataque se efectuaría al día siguiente, dentro del Ministerio de Magia. Los principales líderes comenzaron a organizar un buen ataque hacia ellos. Harry debía de estar protegido en todo momento para destruir la serpiente de Voldemort y poder asesinarlo. Hermione y Nymphadora debían den luchar contra los mortífagos más protegidos del Lord, y así debilitarlo. Tanto Lupin como Ojoloco y McGonagall debían de truncar los planes de ellos, que eran liberar los prisioneros de Azcaban y controlar el Ministerio por completo. La familia Weasley se le había asignado a cada uno, un departamento, para custodiarlo y defenderlo. Estaba todo preparado para la Gran Batalla Final.
La mañana de aquél día todos amanecieron nerviosos, sabiendo de la importante misión a la que se dirigían. Era imprescindible que todo estuviera bajo control, por lo que se hizo una reunión a primera hora de la mañana para repasar cada detalle. Ningún cabo podía quedar suelto, o sería el fin del mundo mágico. Los nervios inundaban la estancia de la familia Weasley. El temor de perder algún miembro de la Orden hacía temblar sus almas.
Debían de estar atentos, preparados a que Draco Malfoy les mandara una señal, cuando él y los mortífagos se adentraran dentro del Ministerio.
Harry y Hermione habían repasado hechizo y practicado con algún boggart que había en la casa, intentando que multitud de conjuros les vinieran a la mente para cuando llegase el momento, hechizarlos con agilidad. Potter había entrenado con precisión a Ginny, para que se defendiera perfectamente y saliera victoriosa de aquella situación. El mayor deseo de ambos era terminar con la guerra y celebrar la victoria con su propia boda.
Una lechuza completamente negra volaba con decisión hacia una de las ventanas de la sala de la Madriguera. Era la señal de Draco. Lupin se levantó rápidamente de su asiento y puso en alerta a toda la organización. Tal y como estaba planeado, cada miembro se empezó a desaparecer para ir al Ministerio de Magia. Harry se despidió de Hermione con un tierno abrazo, seguro de volverla a ver horas más tarde, cuando todo terminara. La castaña lo aprisionó con fuerza, y le deseó suerte todas las veces que pudo. Los nervios la invadían y temía que eso le influyera en el ataque.
La joven bruja se apareció junto a Tonks, y vieron a cinco enmascarados que intentaban adentrarse al departamento de misterios. Un hechizo de Nymphadora les sorprendió y se percataron de la llegada de sus adversarias. Uno de los enmascarados conjuró un hechizo que impactó a Hermione y cayó al suelo con fuerza. Se levantó y conjuró a la silueta que tenía en frente. Comenzó una batalla en la que Tonks y Hermione eran menores en número y sabían que se enfrentaban a los mejores mortífagos.
Rayos verdes atravesaban la amplia sala. Uno de ellos rozó a la bruja más madura, que lo esquivó con agilidad con un hechizo protector.
Al atacar a uno de los integrantes, el que parecía el líder se enfadó y comenzó a insultar a las hechiceras mientras descargaba su furia mediante los hechizos. Hermione empezó una agitada pelea con dos de ellos, uno parecía algo novato, y el otro por el contrario excesivamente habilidoso. Se vio apurada cuando los dos lanzaron hechizos a la vez. El resultado fue un doloroso chillo de la joven que notó como uno de sus huesos del brazo desaparecía. El dolor era tremendo.
Tonks había atacado a uno de ellos, que se hallaba inconsciente en el suelo. De los dos restantes, uno de ellos le lanzó la imperdonable asesina, pero la castaña la desvió con un movimiento de varita. De pronto, un estruendo inundó aquél lugar. Las paredes comenzaron a resquebrajarse y el humo apareció en la sala. Los tabiques se cayeron y las dos brujas se pusieron en un lugar a salvo de la explosión. Huyeron corriendo cuando, sin saber a dónde dirigirse, escapando también de los mortífagos que no supieron qué habrían hecho. Escucharon otra explosión, y sin pensarlo corrieron dónde provenía. Hermione ahogó un chillo con ayuda de Tonks, que le dio fuerza. Lord Voldemort estaba frente a Harry con una expresión indescriptible en el rostro. Naginni acababa de ser asesinada y Potter le apuntaba con la varita. Tenía varios rasguños en el rostro, pero su vista estaba fija en Él.
La vista de Hermione fue de un lugar a otro. Su corazón estaba a punto de salirse por la boca. La temible Bellatrix Lastrange, sorprendentemente, estaba en una lucha en contra de su propio sobrino; Draco Malfoy. Las piernas de Granger, sin saber cómo, se dirigieron hacia ahí.
-Siempre fuiste un necio – escuchó que le decía su tía a Draco - ¿Creías que no sabía de tu traición? – siseó para después torturarlo con un Crucio.
Hermione se estremeció al ver aquella impactante imagen. El rubio estaba en el suelo retorciéndose de dolor. Su boca no pronunciaba ningún sonido, ninguna muestra del dolor que, sin duda, estaba sintiendo. Vio como sus pupilas se dilataban y sus brazos se movían con descontrol, hasta que el hechizo paró. Draco Malfoy se incorporó con valentía mientras se enfrentaba a ella. Sin embargo, la joven sintió como, en una milésima de segundo sus ojos grises se posaban en ella. Entonces Hermione comprendió todo. Cuán tonta había sido. Debía protegerle. Daba igual lo qué ocurriera con ella, todo valdría la pena con tal de protegerle a él.
Avanzó con decisión hacia el lugar, Bellatrix la vio y comenzó a reír estrepitosamente, aquello aún divertía más su sed de venganza. Desde el momento que vio cómo la sangre sucia miraba a Draco en la Mansión Malfoy sus alarmas se dispararon.
-Estaba esperando que salvaras a tu amado – exclamó con voz dramática, con una mirada de diversión en su rostro. Draco entonces posó sus ojos en ella, debía apartarla de ahí. Bella les miró con inocencia absurda, maquinando cómo sería un ataque lo suficientemente eficaz para hacerles sufrir. Sólo quería asesinarlos lenta y dolorosamente para poder sentirse feliz. Entonces su mente brilló. La muerte de cualquiera de ellos sería la muerte en vida del que sobreviviera.
Miró a Draco fijamente. Aquél ser repugnante era familia suya, e igual le daba. Debía de morir por deshonrar el grandioso apellido Malfoy y traicionar al ser más superior de la tierra como era Lord Voldemort. Su destino más justo sería la muerte, y así ella jugaría con la sangre sucia, que siempre era un aliciente.
El joven mago vio como le miraba su tía, estaba preparado para cualquier ataque. Sin embargo, debía también estar atento a cualquier movimiento de Hermione; quien estaba atenta en Bella. Sólo debía poner a salvo a la castaña, eso sería suficiente para su propia tranquilidad; el resto daba igual.
-AVADA KEDAVRA – chilló Bellatrix Lastrange con euforia, apuntado con decisión al pecho de Draco Malfoy. Un rayo verde se dirigía con decisión al cuerpo del joven, pillándolo de improviso por la velocidad del hechizo. No pudo evitarlo, cerró los ojos, sin pensar en nada más que en Hermione y cómo iba a estar ella, y esperó a que su hora llegara.
Pero algo ocurrió en esos momentos. El cerebro de Hermione maquinó a toda velocidad intentando evitar la muerte de él, pero ningún conjuro se le ocurría nada. No podía permitir aquello. No podía morir. No él. Avanzó con decisión y se interpuso entre el rayo verde y Draco Malfoy. El hechizo explotó con fuerza en el pecho de Hermione, que cayó inerte empujando a Draco en la caída, quien abrió los ojos y comprendió lo que acababa de ocurrir.
Esto ya se esta termianndo amigos! Siento muchísimo el retraso, espero que os haya gustado este capitulazo. No os quejareis de largo verdad?
Bueno, el siguiente capitulo ya será el final, más el epilogo. Espero muchos apoyos y palabras de opinión! Me encantáis.
Mil besazos, y gracias por estar siempreahí. Os quiere, donna.
