La danza de los mil perdones, perdón, perdón, perdón, ya por mil, jajajajaja. En fin, a contestar reviews:
dafloveaioros: ¿Locuras de Milo? Jajaja, culpo a la complejidad de mi imaginación, pero bueno, ¿querían algo diferente de la serie original, o no? Pues bueno, diferente es igual a epic-complex (osease, extremadamente complejo) Jajaja, pues bueno, ya hice todo esto aún más complejo. Lo de la rana, anotado, un punto contra la rana, ya veremos que le hacemos dependiendo de la cantidad de votos. Y Marín tendrá sus momentos de gloria, descuida, ya llegaremos a eso.
TsukihimePrincess: ¿What? No, la verdad no me expliqué, Kanon está buscando aliados, no un reemplazo en cualquiera de sus funciones, pero sí debe elegir entre ser Patriarca o Caballero de Géminis. Y lo pensé el que Marín pudiera usar las técnicas de Afrodita, pero creo que ella es demasiado masculina para ello, además de que tenía que demostrar que son novatos, y que no es tan fácil ser un Caballero Dorado, por lo que tendrá que aprender a las malas. Mu no murió, se desintegró al ser transportado al Inframundo, no te preocupes por él, chance y no me expliqué bien otra vez T_T. Qué bueno que te gustó la historia de los tres Jueces, y perdóname por despacharlos tan pronto, pero esta es una magno-saga, no se me ha hecho nada fácil, sufro sufro. Por cierto, en este capítulo hay pequeños destellos de la saga de Zeus, que sí va a haber, pero nadie se la imagina cómo (ni tú) ya sé T_T.
KaguyaMoon: Amm… yo no fantaseo con Milo, fantaseo con Kary pero eso es punto y aparte (No tienes fantasías muy sanas que digamos) ¡Soy un Escorpio! ¡Deal with it! En fin, ya estoy saliendo de la friend zone poco a poquito, gracias por tus preocupaciones y regaños, me hizo volver a la realidad y animarme. Muchas gracias por el soporte espiritual, y te contaré si todo resulta, a decir verdad, el que no me diga que si pero acepte mis invitaciones a comer me tiene algo incómodo (Mujeres) ya sé T_T nos torturan… sniff…
Diana de Acuario: ¿17 que? Ya me confundí. Shura aún no está definido como vivo o muerto, aún me lo estoy pensando, pero en vista de que no tengo otro Capricornio potencial para reemplazarlo (comencé a explorar a Ban como posibilidad pero mejor lo lancé por la borda) muy probablemente sobreviva, pero no es seguro. Por cierto, Hades no solo no nos permite descansar en paz, espera a que veas lo que nos toca en la muerte en el Tártaros Tour 05 N.G. Y sí, mientras hayan reviews, habrá saga de Zeus (Los estas condicionando) ¿Qué, no debo? Soy un Escorpio convenenciero (Eso te hace mala publicidad) Ya tengo novia, ya que (Pretendiente) T_T bueno ya me porto bien (eternal Friend Zone) ¡Cállate!
cuatecatl88: Recomendación anotada, pero creo que va a ser un poco más diferente que eso, pero ya me di cuenta de que va a ser imposible presentar a los 108, así que ya dispuse de varios de ellos, T_T, en fin, eso lo leerán después. ¿Triángulo amoroso? Bueno pues ya, sí, hay un pequeño triángulo amoroso, así que ni modo. ¿Cheshire? Ya es de los chicos buenos, despreocúpate. ¿De luto por Minos? ¿Qué hay de los dorados muertos? Minos se llevó a tres… no espera… a seis (Shura, Saga, Shiryu, Mephisto, Afrodita, Aldebarán/Geki) Bueno seis y medio.
Isagamboa7; Si, no mereces vivir por no dejarme reviews T_T (pero te perdona) si, te perdono, jajajajaja. ¿Qué es minecraft por cierto? Al menos recibí review de dos capítulos de tu parte, (dos de tres) si, también se me hizo raro, pero en fin. Jajaja, a mí también me molesta Seiya, hasta en mi historia. Y amm… no te entendí lo del Dunamis de Milo, pero Milo es el dios de la guerra sin Dunamis, por lo que los otros dioses pueden sentir su presencia, hay que dejarlo hasta allí. Qué bueno que te gustaron los capítulos (entonces por qué la calificación tan baja) yo que sé, no soy maestro (si eres) bueno, pero mis preguntas son de opción múltiple, a mí ni la guía de estudio me han mandado con lo que significa la calificación (tortura mental) Oye… ya me estoy preocupando, mi cerebro tiene mente propia (No, solo soy un producto de tu imaginación, tú no tienes cerebro) y ahora me gana en el juego de palabras, eso sí debería calificarse. Por cierto, ¿cómo puedes estar feliz de que muera Saori? T_T
DaanaF: Los nuevos clientes siempre son bienvenidos, welcome, y que tengas una feliz estadía, vaya que debe de haber sido una lectura muy larga, espero que haya sido placentera. Ya van dos puntos contra el sapo, y la recomendación de rostizarlo, ya veremos que le hacemos al sapo, ustedes sigan dando ideas, jajajajaja (debiste haber abierto un pool) como quiera nadie los vota. Lo del feliz final para Pandora… umm… no lo sé… ¿está en la lista? (No soy tu secretario, ni lista tienes) ¿Alguien quiere cambiar cerebros? El mío me molesta, solo tiene como 25000 kilómetros.
Scorpio-26: ¡Sí! ¡Me estoy esforzando! ¡Jajajajaja! (Más bien estás arrepentido por tu traición y buscas el perdón de tus lectores que siempre te perdonan por más descorazonado que seas) T_T enserio, no quiere alguien un cerebro, es de medio uso, casi ni lo he utilizado en mi vida (¿Quieres que te mande la factura por palabra de esta historia que me has obligado a pensar? ¿Por qué crees que tienes problemas?) Síguele y tomaré cerveza y te estropearé (No hay muere, toma tu mugre historia) Gracias por los buenos deseos, y lo de licuarme el cerebro… umm… no es mala idea (¿Que me vas a queeeeé?)
RedHood941: ¿Te emocionaste desde el título? Pues espera a que leas el de este capítulo. Y siendo sinceros, ¿Omega ha complacido a alguien? Yo la verdad lo dudo mucho, con sus transformaciones tipo Sailor Moon y su desapego a lo original, ¿cómo está eso de que ahora es contra dioses romanos y no griegos? (desvarías, regresa al punto) Perdón. De cualquier forma, que bueno que te agradan los nuevos dorados, y créeme que planeo utilizarlos bien.
dafloveaioros: ¿Otra vez? (Es el review 220) Ok, no me quejo. Lo de que vio a Milo un día y ya lo ama no es del todo cierto. Siempre lo ha visto, por eso lo ama tanto como lo hace Saori (Oye oye, eso es un spoiler) ¿Enserio? ¿Osea, ya la regué? (Bueno, todavía lo puedes borrar) Umm… nah, mucho trabajo (con un Espectro de Hades, ahora el que busca nuevo dueño soy yo, me vendo barato, y tengo buena ortografía) ¡Mentira! Lo de un happy ending no es muy mi estilo, pero ya veré que puedo hacer.
EDITADO: 21/05/2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya).
Saint Seiya: Guerras Doradas.
Saga de Hades - Infierno.
Capítulo 7: Dioses del Olimpo.
El Hades, Giudecca. 02 de Agosto de 05 N.G.
—No todos los Espectros se han reunido en tu palacio todavía amado mío —habló Perséfone con una sombría sonrisa dibujada en su rostro, y mientras observaba al grupo de Espectros que se encontraba arrodillado frente al trono de Hades en Giudecca—. Los Espectros de Radamanthys de Wyvern, así como tu querida hermana Pandora, no han respondido al llamado a tus servicios —prosiguió Perséfone, enalteciendo lo obvio, visiblemente orgullosa por el fracaso de Pandora—. ¿Lo ves? Te había dicho que debiste permitirme ser tu principal consorte desde un inicio. Pandora tan solo terminó por enviar a su muerte a todos los Espectros de la división del Wyvern por su egoísmo, además de que sus acciones le has costado la vida a tus otros 2 Jueces. ¿De qué otra forma se explica que Sarpedón de Quimera, Estrella Celeste de la Firmeza, se encuentre a la cabeza de los ejércitos de Hades?
—Perséfone, ya basta —habló Hades, poniéndose de pie frente su trono, y Perséfone se mostró insultada por las palabras de su esposo—. Con los Espectros que tenemos aquí bastará para empezar —Hades extendió su mano, y sus Espectros callaron y lo observaron—. Que se sepa alrededor de las 8 Prisiones del Inframundo, que los Jueces de Wyvern, de Garuda, y de Grifo, han caído —comenzó Hades, y los Espectros se mostraron preocupados—. Pero no hay nada que temer… los infiernos estarán bien resguardados, ya que hoy se alza un Juez más poderoso que sus hermanos en guerra. Sarpedón de Quimera, Estrella Celeste de la Firmeza. Ahora solo existe un único estandarte. La Quimera traerá gloria a Hades —y los Espectros aclamaron el nombre de la Quimera, y Sarpedón caminó frente a los Espectros.
—Los enemigos de Lord Hades encontrarán su juicio y castigo. No habrá treguas —agregó Sarpedón, y los Espectros lo aclamaron nuevamente—. Reúnan a los Espectros Terrestres a las orillas del rio Aqueronte, llevaremos la guerra a Atenas nuevamente. Esta vez el Santuario está debilitado, acabaremos con las fuerzas doradas, yo mismo lideraré la carga —pero antes de que pudieran cumplirse sus órdenes, las puertas de Giudecca se abrieron de repente, y Zelos de Rana entró en paso tambaleante—. Al parecer, queda un Wyvern con vida.
—2… mi señor Quimera —agregó Zelos mientras respiraba pesadamente—. Cheshire de Caith Sith nos ha traicionado. Y la señora Pandora ha brindado información valiosa a los Caballeros Dorados que quedan. Son 9, hicieron reclutamientos, viene también uno de Bronce —y los Espectros hablaron entre sí, algunos preocupados—. La misma diosa Atenea viene a nuestro encuentro, pero está débil, usó su sangre para resucitar las Armaduras Doradas —y Hades se impresionó por la noticia, Sarpedón notó la expresión de su dios pero se limitó a observar a Zelos—. No solo eso mi señor, Milo de Escorpio planea entrar en el Tártaros con la ayuda de Atenea y resucitar a Cronos, planean regresarle el trono a su señor padre —y los Espectros continuaron susurrando el atrevimiento de los Caballeros Dorados—. Y ahora un deleite para sus oídos mi señor. La traición de Pandora se debe a que nuestra antigua soberana carga en su vientre el fruto de su traición. Pandora espera el hijo de un Caballero Dorado —y Hades enfureció—. Espero mi brillante tarea de espionaje haya resultado de su agrado, mi señor —y Sarpedón caminó en dirección a Zelos, quien observó al Juez de la Quimera sorprendido por su presencia.
—Zelos de Rana, Estrella Terrestre de lo Extraño —habló Sarpedón, y Zelos lo observó sorprendido—. En tiempos del mito, juraste lealtad al señor Hades —y Zelos sonrió, y asintió con falsa humildad—. Juraste serle fiel, ¿no es verdad? —y Zelos volvió a asentir—. ¿Y acaso no es verdad que le has jurado lealtad también a Radamanthys de Wyvern? ¿Y qué doblaste tu rodilla en señal de lealtad a tu señora Pandora? —y Zelos no lo comprendió, pero de igual manera asintió—. Zelos. ¿Me jurarías lealtad? —y Zelos sonrió.
—Con mi vida de por medio, le juraría lealtad a usted y al señor Hades 1,000 veces, mi señor Sarpedón —agregó Zelos mientras hacía una reverencia frente a él. Sarpedón observó a Zelos con detenimiento, y en ese momento alzó la pierna, y comenzó a patear a Zelos en el suelo—. ¡Aaaaah! ¡Señor Sarpedón! ¿Qué está haciendo señor Sarpedón? —y los Espectros se horrorizaron por la golpiza que le estaba propinando el Juez al Espectro—. ¿Qué he hecho para merecer su ira mi señor Sarpedón? —y Perséfone observó a Hades, que se mantuvo pensativo, observando lo que acontecía. Tras romperle los huesos de los brazos y las piernas, Sarpedón dejó de patear a Zelos, que se estremecía en el suelo y lloraba de miedo—. ¿Qué clase de recompensa es esta por mis valiosos servicios, señor Sarpedón?
—¡Silencio! —gritó Sarpedón—. Un hombre sabio dijo alguna vez: «si eres capaz de mentir por mí, eres capaz de mentirme a mí. Si eres capaz de matar por mí, entonces eres capaz de matarme a mí »—y Hades comenzó a comprenderlo, y una malévola sonrisa se dibujó en su rostro—. Has jurado lealtad a Radamanthys de Wyvern y a la señora Pandora, pero has traicionado tu juramento, has venido a hablarme de su traición. No puedo hablar por Radamanthys, ha muerto, cumpliste con tu juramento, pero también le juraste a Pandora, y cuando te pregunté si serías capaz de jurar lealtad a mi nombre, has dicho que con tu vida de por medio —y Zelos siguió sin comprenderlo, mientras Sarpedón colocaba su bota sobre la cabeza del mallugado Espectro—. Déjame traducírtelo… si eres capaz de jurar lealtad… mentir… y traicionar por mí… entonces eres capaz de jurarme lealtad a mí… mentirme a mí… traicionarme a mí… palabras más sabias jamás han sido mencionadas. Así que, en vista de que incumplirás tu juramento de todas formas… me cobraré tu vida.
—¡Espere señor Sarpedón! —gritó Zelos, y Sarpedón comenzó a aplastarle la cabeza—. ¡Espere! ¡Yo le he sido fiel! ¡Le he brindado información! ¡Es mi trabajo señor! ¡Espereeeee! —y entonces Sarpedón le aplastó la cabeza, matando al Espectro. En ese momento, Hades rio con malicia, aunque nadie más lo comprendía.
—En verdad me diviertes, Sarpedón —habló Hades, y Sarpedón lo volteó a ver sin expresión en su rostro—. Te tengo entonces una pregunta… Sarpedón, solo por curiosidad de saber qué se te debe de responder—y Sarpedón asintió—. ¿Matarías por mí? —se burló Hades, y Sarpedón se mantuvo inquebrantable.
—Mataría… porque es mi deber —y Hades sonrió—. Si mi deber es matarlo… tenga por seguro que lo haré —y la carcajada de Hades resonó por toda Giudecca—. No hay nada más fuerte que el deber —y Sarpedón se volteó a mirar a los Espectros—. Terrestres, hay cambio de planes, reúnanse en las orillas del rio Aqueronte, pero no se atrevan a cruzar el rio. Celestes, dividan sus fuerzas a los alrededores de Atlas, Suplicios Obsidiana, reúnanse en las 8 Prisiones. Los Caballeros Dorados no serán subestimados. Les daremos una pelea justa. Perséfone —continuó con las ordenes Sarpedón, y Perséfone enfureció—. Levanta la barrera del Inframundo, los Caballeros Dorados no deben llegar tan rápido como el Espectro muerto —y Perséfone se puso de pie iracunda.
—Has lo que dice, Perséfone —habló Hades, y Perséfone se indignó—. Si Sarpedón es capaz de ordenar por mí… entonces yo soy capaz de ordenarlo a él —y Perséfone asintió, elevó su cosmos junto al de su marido, y juntos levantaron la barrera de Hades.
El Hades, El Monte Yomotsu.
—Milo… Milo… despierta… Milo —escuchó Milo lo melodiosa voz de Saori, que lo invitaba a despertar. Sus ojos parecieron proyectar su imagen y encontrar los suyos, más no eran zafiros los que veía reflejados en las cristalinas ventanas de los ojos de su amada, sino que encontró esmeraldas, y su corazón volvió a romperse. ¿Cuántas veces más habría de romperse? Pareciera inclusive que estuviera destinado al sufrimiento—. ¿Milo?
—Debe ser imparcial… mi diosa… —agregó Milo, que lentamente se puso de pie para intentar descubrir dónde se encontraban—. El monte Yomotsu —habló Milo, y entonces se alegró de ver que Mu y Aioria comenzaban a ponerse de pie también, aunque con cierta dificultad—. No es una sensación muy grata el estar de regreso —agregó Milo, y Atenea notó el dolor en su alma, pero no podía hacer nada por ayudarlo, ella no era Saori Kido, no era su esposa, aunque no podía negar haber comenzado a tener sentimientos por Milo. Después de todo, Atenea siempre observó a Saori. Era natural que solo tuviera ojos para Milo en esos momentos.
—¿Qué haremos ahora? ¿Cuál es el plan? No es como que sepamos qué dirección tomar —agregó Aioria, y ayudó a Mu a ponerse de pie—. Pienso que lo primero es encontrar a esa rana tonta —aseguró Aioria.
—Es muy tarde para eso —habló Pandora, y hasta ese momento, el grupo no se había percatado de que la antigua regente de los Espectros los había seguido—. ¿Pueden sentirlo? Es igual que en el castillo Helstein, una barrera que impide el viajar a la velocidad de la luz y debilita a los Caballeros Dorados. Hades la ha levantado, pero esta barrera no está siempre activa, debemos asumir que Zelos ya llegó ante Hades y le ha contado todo.
—Estamos muertos entonces —habló Cheshire con temor evidente en el tono de su voz—. ¡Se-señorita Pandora! ¡Dígame otra vez por qué estamos traicionando a Hades de esta manera! ¡El señor Hades va a estar muy enojado y nos va a torturar! —y Milo se fastidió y apuntó su aguja al rostro de Cheshire—. ¡Me callo, me callo, no hay necesidad de tanta violencia!
—Te he dicho que no tienes por qué servirme, Cheshire —agregó Pandora—. Pero ya lo he decidido… la muerte, no es la salvación… al menos no esta muerte… los Campos Elíseos deben volver a albergar almas de bondad —y Cheshire se estremeció—. Debiste haber sido más bueno en vida, Cheshire —se burló Pandora.
—Pero señorita Pandora, ser bueno es muy aburrido —aclaró Cheshire, pero de pronto se tranquilizó—. Necesitarán un guía en el Inframundo. Zelos ya debe haberle contado todo al señor Hades. Se perderán en las Prisiones si alguien no los guía —y Aioria observó a Cheshire confundido—. ¡No te creas que la idea me gusta mucho! —y Aioria elevó su cosmos, amenazando a Cheshire—. ¡Era broma! ¡Solo una broma!
—Me quedaré a esperar al resto de los Caballeros Dorados —habló Pandora, y Cheshire se preocupó más—. Todos llegarán por aquí. Si Zelos ya ha informado a Hades, levantará las debidas protecciones alrededor de Atlas, las Prisiones, y seguro aguardarán sorpresas en el Tártaros —y los 3 Caballeros Dorados asintieron.
—Un momento. ¿Atlas? —preguntó Aioria, y Pandora apuntó con su tridente hacia un grupo de montañas, mismas que parecían estar respirando—. ¿Atlas? ¿El gigante primigenio que carga el cuerpo inerte de Urano sobre sus hombros? —preguntó Aioria sorprendido.
—Para destruir el Muro de los Lamentos por completo, Urano deberá caer sobre el muro. Eso significa que el gigante que sostiene su cuerpo debe morir —y esta vez hasta Milo y Mu se mostraron sorprendidos—. Hay que dividir las fuerzas de los Caballeros Dorados… en un inicio irán todos juntos, hay 8 Prisiones en el Inframundo, Cheshire los guiará a través de ellas. Cuando lleguen a la sexta prisión, deberán dividirse, uno desviará rumbo a las montañas, y deberá asesinar a Atlas. No será tarea fácil —aseguró Pandora—. Mientras tanto, el otro deberá seguir hasta Giudecca, y combatir a Hades… pero, el señor del Inframundo no puede morir, Atenea deberá llegar para combatirlo, y aun así, es muy poco probable que lo venzan. No solo tendrán el tiempo en su contra, sino que Hades es un dios de la Trinidad Divina… yo creo que asesinarlo es imposible pero, al menos podrán romper su cuerpo actual, ganar tiempo, mientras Atenea y Milo llegan.
—¿No vendrán con nosotros? —preguntó Aioria, y en ese momento, Milo movió su cabeza en negación—. ¿Así que Mu y yo nos daremos de golpes contra el ejército de Hades, Atlas, y el mismísimo Hades mientras tú y Atenea se van al Tártaros? No pienso dejarte hacer esto solo.
—¿Te vas a partir el rostro enfrentando a Hades y te preocupas por que yo vaya al Tártaros? —y Aioria asintió—. Aioria, solo los dioses pueden entrar al Tártaros, y me guste o no, asesiné a un dios, por lo que por derecho, su trono en el Olimpo me pertenece. Solo yo puedo entrar, no pueden acompañarme —y Aioria cerró sus manos en puños—. ¿Dónde está el Tártaros? —preguntó Milo.
—Para llegar al Sexto Infierno, donde se encuentra la puerta del Tártaros, deberás atravesar primero los otros 5 infiernos —y Milo suspiró en señal de molestia—. El Monte Yomotsu es el infierno a donde llegan las almas de quienes son grandes pecadores, o no enorgullecieron a los dioses al morir en batallas. Para el resto, los valientes de corazón y los nobles, les espera la condena en las 8 Prisiones, donde normalmente los 3 Jueces castigan todos los pecados hasta perdonarlos y permitir la reencarnación de las almas —comentó Pandora apuntando al Monte Yomotsu—. A la boca del monte saltan los infieles, los asesinados sin dar batalla, los criminales que han asesinado a sus familiares, los que han suplicado por sus vidas, y los que han roto un juramento, o quienes han muerto seniles sin orgullecer a ningún dios, son escoria que no merecen siquiera ser juzgados por los Jueces, y pierden el derecho a la reencarnación. En las 8 Prisiones, eres condenado por tus pecados pero al menos se te permite reencarnar —continuó Pandora—. Dentro del monte están los infiernos eternos, los 6 mundos, el sexto es el mundo humano, y escondido en su interior está la puerta del Tártaros. Hades la ha escondido allí para cerciorarse que ningún alma fuerte pueda acercarse al infierno de los dioses y liberar a los condenados en su interior, ya que un alma que entra dentro del monte Yomotsu… no podrá reencarnar jamás.
—Entonces me tengo que lanzar al interior del Monte Yomotsu —sonrió Milo—. Eso es en extremo conveniente, ya que hay alguien a quien deseo saludar —y Pandora asintió—. Guía el camino, Cheshire —agregó Milo de forma arrogante, y el Espectro se indignó y le mostró los colmillos a Milo, pero Pandora colocó su mano frente al Espectro, lo tranquilizó, y Cheshire se mordió los labios con molestia antes de asentir.
—Para llegar al rio Aqueronte primero hay que pasar por el calabozo de Mandrágora a faldas del Monte Yomotsu. Vengan, los guiaré por el camino más rápido —y Cheshire comenzó a correr en 4 patas, como un animal cualquiera, y los 3 Caballeros Dorados lo miraron confundidos, pero corrieron tras él. Milo inclusive cargó a Atenea nuevamente para no perder velocidad, y el grupo se alejó, mientras Pandora los miraba con esperanza.
Atenas, Grecia. El Santuario.
—¿Cómo que no piensas ayudarme a cambiarle los pañales a Shaula? —se quejó Jabu mientras miraba a Hebe, que se mantenía de brazos cruzados mirándolo atentamente—. Jamás en mi vida he cambiado un pañal, vamos Hebe —suplicó Jabu.
—Fui derrotada en batalla por Aioria de Leo, ahora soy su sirviente —agregó Hebe con frialdad—. Lo lamento Jabu, pero las reglas son reglas, solo Aioria puede ordenarme ahora —continuó con su explicación la Daimón. Más en ese momento, la Caballero de Paloma se acercó al grupo, tomó a Shaula en sus brazos, la colocó sobre la cama de Atenea y comenzó a atender a la bebé.
—Gracias, es bueno saber que algunas personas tienen respeto por un antiguo Caballero Dorado —habló Jabu con la arrogancia natural de los Escorpio, y momentos después, la Caballero de Paloma le entregó a la bebé que sonreía divertida—. Tú eres la Piscis que se entrena actualmente en la Casa de Sagitario, la que conocen como desconocida de Paloma ya que tienes amnesia, ¿verdad? —y Jabu recibió un golpe en su nuca de parte de Shaina, que tenía un humor horrible por ser dejada atrás con los demás en lugar de formar parte de la guerra en el Inframundo—. ¡Ow! ¡Óyeme Shaina ese sí me dolió!
—¡Más respeto, Jabu! ¡Habrás sido un Caballero Dorado pero ello no te da derecho a burlarte de las desgracias ajenas! —y Jabu se frotó la cabeza—. El señor Afrodita encontró a Paloma sirviendo como asistente de un herrero en los mercados del Anillo Medio. La joven no tenía nombre, el herrero la había encontrado en las faldas de las montañas, inconsciente, y con una horrible herida en la cabeza —y Jabu miró a Paloma con detenimiento—. El señor Afrodita la llevó a su templo para tomarla de discípula, había un pequeño cosmos en su interior, y Afrodita pensaba que entrenarla le regresaría las memorias perdidas. Más al pasar por la Casa de Sagitario, la joven llamó a Seiya por su nombre.
—¿Qué tiene eso de extraño? —preguntó Jabu, que miró a Paloma con intriga, la joven que portaba la máscara de Plata no dijo nada, solo se mantuvo en silencio—. Todos en el Santuario conocen el nombre de los Caballeros Dorados, me atrevería a decir que en toda Europa, en Lemuria, incluso en la Atlántida que apenas está siendo colonizada. No debería ser sorpresa que una admiradora lo supiera —más Shaina movió su cabeza en negación.
—Jabu, Paloma no había dicho palabra alguna desde que el herrero la encontró a faldas de la montaña —explicó Shaina—. Hasta ese momento, todos pensaban que era muda. Al ver a Seiya… fue la primera vez que la escuchamos hablar. Marín tiene una teoría, pero hasta que Paloma recupere la memoria, debe entrenarse en la Casa de Sagitario con Seiya —concluyó Shaina, y Jabu se rascó la barbilla con intriga.
—¿Cuál es esa teoría? —preguntó Jabu, observando a Paloma. Shaina entonces miró a Paloma fijamente, y su mirada fue suficiente para que Paloma entendiera que debía salir de la habitación. Solo cuando estuvieron solos, Shaina le reveló la verdad a Hebe y a Jabu.
—Marín piensa que Paloma es en realidad la hermana de Seiya… Seika… —y Jabu se sorprendió por esa revelación—. Pero… no pretendo darle a Seiya falsas esperanzas. Le pedí a Marín mantener ese secreto. Antes de revelárselo a ustedes, solo lo sabíamos Marín, Afrodita y yo. Pero ahora… el señor Afrodita ha muerto, y Marín combate en el infierno. Debo cerciorarme de que más conozcan a Seika para ayudarla a sanar… sería horrible que Seiya muriera sin que Seika lo reconociera. Seiya… —y Shaina cerró sus manos alrededor de sus hombros, y sus uñas afiladas le sacaron sangre—. Me he mantenido… lo más alejada posible, igual que Marín de Aioria… deben concentrarse en su deber, todos ustedes deben… hasta que Hades no sea derrotado, no habrá paz… terminen con esto… solo entonces podremos serles enteramente sinceras… solo entonces, Seiya. Hasta entonces tienes que ser fuerte… —y Shaina lloró, y Jabu se mostró sumamente sorprendido, no se esperaba que Shaina sufriera tanto—. ¿Por qué no puedo vestir una Armadura Dorada yo también? —se quejó Shaina iracunda—. ¿No te molesta quedarte atrás, Jabu? ¿No te molesta volver a ser desplazado y volver a vestir el Bronce?
—Shaina, sé cuánto deseas estar junto a Seiya en este momento pero, quienes portan las Armaduras Doradas en estos momentos son los más adecuados —y Shaina se mordió los labios iracunda—. Preferiría ser siempre un Caballero de Bronce, si eso conserva al maestro Milo con vida. Eso no me quitará méritos, haber vestido el Oro y volver al Bronce no es una deshonra. Tan solo significa que las palabras del maestro Milo son ciertas. Las armaduras… son solo una condecoración… —y Shaina desvió la mirada con molestia—. Parece difícil de creer pero es verdad… si aún tienes duda, solo mira quien a pesar de vestir de Bronce, es temido por Titanes, Daimónes, Marinas, Espectros y Caballeros Dorados por igual —y Shaina observó a Jabu curiosa—. Si él puede vestir de Bronce con semejante orgullo… entonces… yo haré del Unicornio, lo que Ikki ha hecho del Fénix… una armadura, que solo yo sea digno de vestir.
Castillo Helstein, Alemania.
—Las puertas del infierno —habló Ikki, que veía las flamas verdes frente a él, y admiraba la mezcla de esplendor y terror que eran capaces de transmitir. Detrás de él se encontraban los demás Caballeros Dorados, a Ikki no le interesaban los rangos de las armaduras, tan solo le importaba su propia superioridad. No respetaba, no seguía órdenes, al menos no de buena gana, y de poder hacerlo se enfrentaría a los 108 Espectros él solo. Sin dudarlo, intentó lanzarse a los interiores de las flamas, solo que esta vez alguien más tenía algo que decir y detuvo a Ikki al posar su mano contra su hombrera.
—Espera Fénix —habló Kanon—. Como auxiliar del Patriarca, tuve acceso a varios pergaminos que solo pueden ser leídos por el Patriarca y el Caballero de Altar. Entre ello lo que significan estas flamas —y Kanon miró al grupo—. Son las flamas que atraen las almas al Cocytos, seremos atraídos a su interior si nuestros cosmos no son superiores al octavo sentido. Si desean volver… este es el momento. Si saltan sin que sus cosmos sean suficientemente altos… serán condenados —aseguró Kanon, y el grupo intercambió miradas.
—No hay tiempo para pensar en pequeñeces —habló Ikki con arrogancia, y en ese momento Kanon se volvió a impresionar por su seguridad—. Mientras hablamos, Atenea se encuentra en el Inframundo. No perderé el tiempo preguntándome si mi cosmos es o no suficientemente alto. Si lo dudo… significa que no lo es —e Ikki se lanzó sin pensarlo, siendo abatido por las flamas verdes. Kanon se enorgulleció de aquella actitud, y siguió al Fénix, el resto se quedó quieto e intercambiaron miradas.
—Ikki es en verdad una bestia —agregó Seiya, y Hyoga asintió, aunque su mirada reflejaba cierta seguridad—. De todas formas, no voy a quedarme de brazos cruzados y también voy a saltar, pero… Ohko… Nachi… Marín… apenas y se han convertido en Caballeros Dorados —y Marín empujó a Seiya con rudeza fuera del camino, y fue la siguiente en saltar—. ¿Marín?
—Seiya… creo que los subestimas —agregó Hyoga, y ambos vieron a Nachi y a Ohko saltar también, sin demostrar debilidad alguna—. El maestro Milo siempre quiere hacerlo todo él. Piensa que todo debe siempre recaer en sus hombros, y es nuestra obligación el demostrarle lo contrario… no siempre debe cargarlo todo él solo —y Seiya asintió—. Esta es la última de las Guerras Santas contra Hades, y espero, que cuando el momento llegue, cuente con tu apoyo, Seiya —le pidió Hyoga, y Seiya tan solo parpadeó un par de veces.
—Si te refieres a lo que creo que estás pensando, dalo por hecho, Hyoga —agregó Seiya con orgullo—. Por lo pronto concentrémonos en rescatar a Atenea, no pienso dejarle todo a tu maestro —y los caballeros restantes saltaron dentro de las flamas verdes.
Monte Yomotsu, el Hades.
—¡Muévanse Caballeros Dorados! ¡Los Espectros ya deben de haber llegado a sus puestos de batalla! ¡Son tan lentos! —se quejó Cheshire, que fungía como guía de los Caballeros de Atenea, un poco retrasados pues Atenea seguía recuperándose, y a pesar de estar despierta, Milo tenía que continuar cargándola. El perder tanta sangre al resucitar las Armaduras Doradas realmente la había debilitado—. ¿Qué esperan? —se volvió a quejar Cheshire—. Por Hades, sí que son lentos —y el grupo se detuvo momentáneamente, pues Milo observaba fijamente una prisión cercana a los límites del rio Arqueronte—. Ese es el calabozo de Mandrágora. Allí, Fryodor de Mandrágora y Marchino de Esqueleto castigan a las almas fuertes. Las doblegan para que se lancen dentro del Monte Yomotsu sin quejarse —explicó Cheshire.
—Ahora vuelvo —habló Milo con frialdad, y colocó a Atenea sobre una de las formaciones marrones de roca que adornaban el Inframundo, antes de dirigirse a los interiores del calabozo con su aguja brillándole de escarlata—. ¡Adivinen quien ha venido por un poco de venganza! —gritó Milo, y en ese momento se escucharon los gritos de 2 Espectros, y el calabozo comenzó a iluminarse de luces escarlata. Entre las ventanas del calabozo, Atenea observó a Milo tomarle del cráneo a un Espectro con calva y aplastarle la cabeza, permitiendo que su sangre manchara las paredes. El asesinato del Espectro fue tan brutal que Atenea sintió que vomitaría. Entonces Atenea comenzó a escuchar más gritos de terror, y a ver destellos de luces escarlata que se disparaban por todo el calabozo.
—¡Piedad! ¡Piedad! ¡No más por favor! ¡Yo solo he seguido órdenes! —suplicó un Espectro, y de pronto Atenea vio un brazo sin cuerpo ser lanzado fuera de la estructura, y la diosa se horrorizó más y más mientras escuchaba los gritos de agonía y desesperación—. ¡Aaaaah! ¡No más! ¡No más! ¡No más! ¡Por favor te suplico misericordia! —y el Espectro fue impactado contra la pared, que se rompió, y momentáneamente Atenea vio su rostro ensangrentado y moribundo, antes de que Milo volviera a jalarlo al interior del calabozo y resumiera su brutal castigo—. ¡Señor Hades, ayúdeme! ¡No por favor! ¡No! ¡Nooooo! —y de pronto, se escuchó un sonido horrible, como el crujir de los huesos, y Milo salió del calabozo después de tirar un objeto redondo al suelo, que Atenea estaba segura de que era la cabeza del Espectro al que Milo le había arrancado el cráneo del cuello. Milo salió completamente bañado en sangre, y tanto Mu como Aioria estaban horrorizados, aunque no tanto como Atenea y Cheshire, que estaba que se desmayaba del miedo por presenciar tan brutal asesinato.
—Malnacidos… se merecen esto y mucho más, pero estén satisfechos de que no he tenido tiempo de torturarlos de verdad —agregó Milo, limpiándose la sangre del rostro—. Iban a morir de todos modos, pero les juré que me vengaría por las torturas que recibí de sus manos. Fryodor de Mandrágora y Marchino de Esqueleto ya no son una amenaza.
—Si… bueno… por Atenea, eso… me ha dado un escalofrió que no olvidaré fácilmente —confesó Aioria, y Mu detrás de él asintió—. ¿Ahora a donde, Cheshire? —preguntó Aioria, y Milo observó al Espectro, que se horrorizó y se apresuró a dar respuesta.
—¡Aaah! ¡Sí! ¡De inmediato! —y Cheshire apuntó a la sima del monte Yomotsu—. Por esta senda podrán llegar a la boca del monte por el lado contrario de donde caen las almas, les será más cómodo saltar desde allí —y Milo asintió, y se acercó a su diosa para cargarla, solo que Atenea lo detuvo, aún se estaba recuperando de las náuseas—. El de Leo y el de Aries, espero que traigan monedas. Caronte es muy importante como para que le hagan estallar la cabeza. Sin Caronte, aún si se restauran los Campos Elíseos, no habrá pasaje —y tanto Aioria como Mu intercambiaron miradas—. ¡No me digan que no traen cambio! —se quejó Cheshire.
—Tendremos que hacernos pasar sin monedas —aseguró Mu, y Cheshire se horrorizó, pensando en que Caronte podría morir asesinado y ya no habría pasaje al Hades—. De todas formas, ¿para qué quiere un Espectro dinero? —y Aioria no supo responderle, pero en lugar de discutir pequeñeces, ambos miraron a Milo unos instantes, quien se despidió de ellos con un movimiento de su cabeza en señal de aprobación—. Nos vamos —y Aioria siguió a Mu y a Cheshire por el Inframundo.
—Ciertamente… aquel despliegue de brutalidad no ha sido digno de un caballero de tu calibre… —habló la diosa. Un tono de molestia era más que evidente en su voz—. Por un momento, te has comportado como todo un dios de la Brutalidad en la Guerra. Deberías avergonzarte por semejante comportamiento, es indigno, sumamente reprobable —y Milo asintió sin siquiera negar las acusaciones—. Límpiate la sangre antes de llevarme —ordenó la diosa.
—Abajo y en 4 —susurró Milo, y Atenea lo miró sorprendida—. No… no tiene importancia… diosa Atenea —y Milo se quitó la capa, y comenzó a limpiarse la armadura con esta. Solo cuando estuvo enteramente limpio, tiró lo capa al suelo, cargó a Atenea, y siguió con su camino—. Debo decirle que ha sido una reprimenda que ha reflejado el nivel de autoridad que se espera de usted, diosa Atenea —aseguró Milo, pero Atenea no estaba satisfecha por el alago—. Disculpe mi atrevimiento… diosa Atenea… pero… antes de saltar al Inframundo… —comenzó Milo, y Atenea lo miró con curiosidad dibujada en su mirada aguerrida—. Antes de saltar al Hades… mi señora, aquel beso… yo… no comprendo sus intenciones —comenzó Milo.
—No debes hacerlo —fue la respuesta rápida y cortante de Atenea, y Milo se preocupó por unos momentos—. Tienes prohibido el volverlo a mencionar. ¿Has entendido? —y Milo asintió solemnemente—. Por Zeus… podrías al menos enfurecerte un poco. Tú y Antares son igual de obstinados —y Milo no lo comprendió, pero pensó ver dibujado en el rostro de Atenea un gentil rubor—. Si mi rostro está mugriento, es cortes hacérmelo saber —habló Atenea al percatarse del cómo la veía Milo, y el de Escorpio apartó el rostro, sintiéndose incómodo.
—Hemos llegado —habló Milo, que observó el inmenso cráter en la cima del monte, y comenzó a admirar a las almas de los condenados. Atenea entonces se empujó a sí misma fuera de los brazos de Milo, y con cierta debilidad, comenzó a elevar su cosmos, rodeando todo el monte con este.
Mientras Atenea se preparaba, Milo continuó observando las almas de los condenados. Los veía caer, a todos con un grito ahogado de dolor mientras aceptaban la condena del infierno. Era esta la razón por la que Milo había resucitado a Atenea, por brindarles a las almas otra oportunidad. Los Campos Elíseos eran el paraíso, y eran muy pocos los que sabían que Hades le había negado el paraíso a los mortales desde hace más de 3,500 años. Este conocimiento, solo lo tenían los Patriarcas del Santuario, y quienes fueran sus más cercanos confidentes. Aioros le había revelado este secreto tanto a Camus como a Milo, y por ello se habían vuelto traidores. El solo presenciarlo, deprimía a Milo. El fracaso no era una opción.
De pronto, el corazón de Milo se precipitó, y su mirada se quebró por la sorpresa. Acercándose a la boca del monte, con la mirada perdida y sangre cayéndole del cuerpo desde un agujero en su pecho, estaba Saori. Su mirada estaba vacía, su alma a escasos metros de la boca del monte, y Milo, no pudo soportarlo más.
—¡No! —gritó Milo, y Atenea lo miró sobresaltada—. ¡No voy a entregarte a Hades tan fácilmente! —y Milo corrió por toda la boca del cráter, tan rápido como se lo permitía la barrera de Hades. Atenea no comprendía sus razones, pero entonces encontró con la mirada a Saori del otro lado, y vio a Milo empujar almas a un lado, mientras Saori ponía un pie en el aire, y se lanzaba al vacío—. ¡No voy a perderte! —gritó Milo, que saltó tras ella y la atrapó de la cintura, mientras que con su otra mano intentaba agarrarse de la boca del cráter—. ¡Te tengo! —más en ese momento, el alma de Saori comenzó a patalear intentando liberarse, e incluso intentó arañar el rostro de Milo, en las pocas ocasiones en que logró alcanzarlo, le abrió una herida un poco por debajo de su ojo izquierdo, liberando algo de su sangre—. ¡Saori! ¡Soy yo! ¡Deja de moverte que nos vas a hacer caer! —los pies de Saori patearon los suyos, su alma desesperadamente intentaba entrar al monte—. ¿Por qué no me escuchas?
—¡Milo! —gritó Atenea—. ¡No es la forma! ¡Su alma está destrozada! ¡Debes dejar que se recupere antes de que pueda devolverla a la vida! —y Atenea intentó correr en dirección a Milo, pero seguía muy débil, y sus piernas se entumecieron—. ¡Déjala ir! —y Milo se mordió los labios con odio, sus ojos lloraron, y se negó—. ¡Milo! —gritó Atenea.
—No volveré… a perderla jamás… —y Atenea mostró preocupación en su rostro, mientras Milo comenzaba a resbalarse—. Saori… tienes que despertar… si no lo haces, ambos caeremos y tal vez no vuelva a verte… solo tienes que resistir… —y el alma de Saori entonces cacheteó a Milo, y el impacto lo desconcentró. Saori comenzó a caer, tragada por la oscuridad, volviendo a romper su corazón—. Soy un fracaso… —habló Milo con tristeza.
—No lo eres… tan solo… debes ser fuerte… —habló Atenea, y Milo la miró con tristeza—. No pierdas la esperanza caballero… yo te juro que te regresaré a tu amada. No es demasiado tarde aún para salvarla —y Milo se mordió los labios iracundo, y escaló de regreso, y comenzó a caminar frente a Atenea, y entonces se arrodilló—. Milo… —habló Atenea con ternura y preocupación evidente en el tono de su voz.
—Le ruego me disculpe mi señora… fui… fui débil… yo… no me merezco las condecoraciones de las que hoy dispongo… estoy consumido por el miedo… estoy cegado… yo… soy débil… —y Atenea suspiró en señal de desaprobación—. La acompañaré mi señora… pero… pretendo quedarme en el infierno donde se encuentre mi esposa… yo… no soy tan fuerte… —y Milo lloró, y Atenea se mostró orgullosa de él.
—Levántate… Milo… —agregó la diosa, y le tendió su mano—. Tus preocupaciones, aunque comprensibles, no están bien infundadas —y Milo se sobresaltó, la sonrisa de la diosa era idéntica a la de Saori, pero no solo por ser su mismo cuerpo, de ella emanaba el mismo sentimiento—. Te la devolveré… te lo juro… solo confía, nada le pasará a tu amada —y de inmediato, Milo se puso de pie—. ¿Milo?
—Diosa Atenea… perdóneme… es mi deber servirle, no volveré a presentar semejante debilidad —y Atenea notó odio en los ojos de Milo, no hacia ella, pero sí ante sí mismo y su comportamiento tan deplorable—. Es mi deber… ya no me queda duda, no me merezco la satisfacción del placer humano. Los dioses me han castigado, ahora lo comprendo. Por favor no desperdicie su tiempo intentando compensarme… mi esposa se ha ido —y Milo le tendió su mano a Atenea—. Usted es lo único que me importa ahora —Atenea se ruborizó, y tomó de la mano de Milo—. La lealtad… es lo más importante… —y ambos cayeron al interior del Monte Yomotsu, y al hacerlo, una luz morada envolvió el monte, como un cosmos creado por la montaña.
—Así que… el de Escorpio siente un amor profundo por el alma humana que alguna vez formó parte del cosmos de Atenea —habló un Espectro, que en ese momento se materializó sobre la boca del monte. Su aspecto era el de un anciano de barba larga y mirada fiera, vistiendo una Suplice con la forma de un cráneo con las fauces abiertas desde la cual asomaba el anciano su rostro, y con un par de alas largas a sus espaldas como si fuesen de un demonio—. Milo de Escorpio, dios de la Brutalidad en la Guerra, espero que estés preparado pues estás por ser juzgado por Telefo de Archfiend, Estrella Celeste de la Muerte, uno de los 12 Suplicios Obsidiana, y el más poderoso de todos —y el Espectro desapareció, y mientras lo hacía, fue seguido por unos pétalos rosados que se adentraron dentro del monte Yomotsu.
Rio Aqueronte, el Hades.
—Los Espectros han comenzado a reunirse a orillas del rio —habló Caronte de Aqueronte, Estrella Celeste del Intervalo y quien fuera el Espectro encargado de transportar las almas de los mortales de un lado del rio hasta sus respectivos infiernos, en caso de que mereciesen ser juzgados claro está—. Presiento, que no me facilitarás mi tarea, Cheshire de Caith Sith, Estrella Terrestre de los Animales —aclaró Caronte, que en ese momento se volteó para ver a los Caballeros Dorados que se encontraban frente a su embarcación—. Espectro traidor —fueron la palabras de Caronte, y Cheshire se molestó.
—A ti no te interesa la lealtad, solo te interesa el dinero —y Caronte blandió su remo, y Cheshire lo evadió y corrió a ocultarse detrás de Aioria, quien le rugió y en su lugar Cheshire se escondió detrás de Mu—. Basta Caronte, no me hagas meterme en más problemas de los que ya tengo. Solo sigo las órdenes de la señorita Pandora y llevo a estos Caballeros Dorados ante el señor Hades —le explicó Cheshire.
—Ya declararon a Pandora una traidora. El que sigas sus órdenes también te convierte en un traidor —y Cheshire se estremeció de miedo al pensar en la furia de Hades—. De todas formas, ni por todo el oro de Grecia le plantaría cara a los Caballeros Dorados… pero… mi pasaje tiene un precio —y de pronto, Caronte se detuvo y observó a Aioria—. Umm… ya entiendo… pueden pasar… —habló Caronte, y les permitió pasar a su embarcación. Antes de hacerlo sin embargo, Mu y Aioria intercambiaron miradas, desconociendo las razones del Espectro—. Por cierto, Caballero de Leo… —habló Caronte, y en ese momento Aioria elevó su cosmos, sospechando una traición, más en su lugar encontró a Caronte tendiéndole la mano—. Tu cambio, caballero… —agregó Caronte, y le entregó a Aioria unas cuantas monedas de oro.
—No lo entiendo —preguntó Aioria, pero Caronte lo ignoró y comenzó a remar, forzando a Aioria a sentarse, ya que el movimiento lo había hecho perder el equilibrio—. Caronte, explícame. ¿Por qué nos has permitido el paso sin oponer resistencia alguna? —y Caronte sonrió en ese momento.
—Pareces confundido, Caballero de Leo —agregó el Espectro—. Pero veras, ya he recibido el pago por tu pasaje. De hecho, fue dinero suficiente para permitir el de tu compañero de Aries —y Aioria no lo comprendió—. Hace aproximadamente unos 2 años, llegaron 3 Caballeros Dorados con dinero de sobra para el pasaje. Me hicieron jurar que te devolvería tu cambio, o uno me perforaría hasta desangrarme, el otro me congelaría hasta los huesos, el tercero tan solo rio, y se ofreció a remar por mí si eso ahorraba algunas monedas. Por lo que me sobraron 7 monedas de oro —y Aioria se sorprendió, y recordó el día en que combatió a Degel de Acuario.
—Lo sabían… —agregó Aioria con lágrimas en sus ojos—. Degel… Kardia… Hasgard… —y Aioria casi podía verlos, a los 3 Caballeros Dorados llegando ante Caronte con un puñado de monedas de oro, 2 para pagar el pasaje de Kardia y Degel, probablemente tras algunas cuantas amenazas del de Escorpio, y las negociaciones pacíficas del de Acuario, que resultaron en Hasgard remando en lugar de Caronte, brindándole un descanso—. Aún en muerte… velaron por el bien de Atenea… —y una sonrisa más que evidente se reflejó en el rostro de Aioria.
—Caballeros de Atenea hasta el final —agregó Mu algo sombrío, y aquello ganó la atención de Aioria—. Los Caballeros Dorados… siempre… seremos los defensores de Atenea… es nuestra responsabilidad… nuestro deber, lo es todo para nosotros… —y Aioria asintió—. ¿Dónde queda Saori en todo esto? —y Aioria se sobresaltó—. Desearía ser tanto el protector de Atenea… como de Saori… pero ya es muy tarde para eso —y entonces Mu vio a Aioria entregarle las 5 monedas de oro restantes a Caronte—. ¿Aioria?
—Caronte… deseo facilitarle el trayecto a al menos 5 Caballeros Dorados más —agregó Aioria, y Caronte aceptó las monedas, más no sin antes observar a Aioria con curiosidad—. Prométeme… prométeme que cuidarás de estas monedas hasta que otros Caballeros Dorados nos alcancen… nosotros jamás perderemos la fe en Atenea… —y Aioria miró a Mu, que se mostró sorprendido—. Ni en Saori… Milo la traerá de vuelta… —y Mu sonrió, asintió, y el grupo siguió con su camino.
El Primer Infierno. El Mundo Infernal.
—Esto… es inclusive más horrible de lo que jamás imaginé —habló Milo horrorizado, y se cubrió los ojos momentáneamente intentando borrar las imágenes. Atenea estaba igualmente horrorizada, más elevaba su cosmos, manteniendo los horrores alejados de ellos. Solo los dioses podían repeler las agresiones a sus alrededores, y solo el cosmos divino de Atenea mantenía a Milo cuerdo—. ¿Qué clase de castigos hay en la muerte? ¿Acaso esta es la condena que todos los mortales están destinados a sufrir? Comparado con recibir juicio de los Jueces, incluso Cocytos, todo es más placentero que esto.
—Por fin comprendo el terror en los corazones de los Titanes —habló Atenea, y el alma de Milo se estremeció al pensar que Saori estaría sepultada en algún lugar de este infierno—. El Tártaros, es azotado por los 6 infiernos. Los Titanes seguro han recibido esta penitencia también. Es de esperarse entonces que odiasen tanto a los Olímpicos, semejante castigo… es… horrible… —y el alma de Atenea se estremeció, y las bestias se abalanzaron sobre ellos, forzando a Milo a lanzar sus agujas por mantenerlos a raya.
—El Mundo Infernal —se escuchó la voz de un viajero entre los gritos de las bestias, y entre las sombras que se estremecían con violencia, Milo divisó a un Espectro vistiendo una Suplice en forma de túnica oscura, un sombrero de hechicero y un cráneo del mismo color de la Suplice colgado de su cuello lo adornaban también—. El primero de los infiernos. Los condenados se ahogan en un océano de fuego, conectado a ríos de sangre hirviendo. Montañas mórbidas aprisionan a los hombres, los cielos lloran azufre. Y el temor es implacable. Quienes caigan en este infierno solo encontrarán sufrimiento, y terror —habló el Espectro—. Mi nombre es Eurípilo de Nigromante, Estrella Celeste del Espíritu —habló el Espectro, que alrededor de sus ojos tenía tatuado un antifaz—. Ustedes deben ser almas errantes que aún conservan conciencia. He venido a ofrecerles el unirse al ejército del dios Hades. Solo así escaparán de esta pesadilla —más entonces, el Espectro dejó de hablar, y en su lugar observó—. Ustedes no son almas en pena… ¿quiénes son? —y Milo atacó, desesperación era más que evidente en su rostro, pero el Espectro logró elevar su cosmos y desviar la aguja de Milo—. ¿Un Caballero Dorado? —preguntó el Espectro—. No es posible —se molestó el Espectro.
—Sigan declarando imposibles, Espectros… mi deporte es desmentirlos —y Milo continuó lanzando sus agujas, y el Espectro se movió con gracia entre los condenados. Milo no podía apuntar correctamente, el horror lo estaba dominando—. Hasta mi cordura… tiene sus límites… —y Milo se arrodilló, impotente, sobresaltado por la realidad que lo envolvía. Atenea por su parte se mantuvo firme y desafiante.
—¿Una diosa? —se asombró Eurípilo, y Atenea forzó sus manos a resplandecer, y los demonios se apartaron, algunas de sus almas inclusive encontraron el perdón y subieron por la boca del Monte Yomotsu, y encontraron la reencarnación. Atenea entonces se estremeció de dolor, y cayó de rodillas junto a Milo—. Una diosa débil… llegará el momento en que caigas ante los dominios del Tártaros… pero deja que te ahorre ese sufrimiento, acabaré contigo aquí y ahora. ¡Devorador de Almas! —gritó Eurípilo, y en ese momento, Milo se puso de pie, colocó su mano en el camino y bloqueó el relámpago oscuro lanzado por el Espectro—. ¡Inaudito! ¡No debieras ser capaz de bloquear mi ataque! —se quejó Eurípilo—. ¿Acaso eres un dios? —y Milo respondió con su cosmos tornándose rojo y agresivo, y una lanza formándose en sus manos—. ¿La lanza Brotaloigos? —se sorprendió el Espector, y en su distracción Milo le atravesó la cabeza al Espectro, dándole una muerte rápida.
—Dios de la Brutalidad en la Guerra —se escuchó otra voz, y Milo se cubrió los oídos, escuchando las voces en su cabeza mucho más sonoras que antes—. Así que ambos dioses de la guerra están presentes —y frente a ellos apareció el Espectro que los vio entrar en el monte Yomotsu—. Mi nombre es Télefo de Archfiend, Estrella Celeste de la Muerte, un Suplicio Obsidiana, equivalente a los Caballeros Dorados en el inframundo. Uno de los 12 como lo fueron Folo, Nereida y Alacrán Negro. Te aseguro que asesinarme no será tan sencillo, estas frente a un dios —aseguró el Espectro, y Milo volvió a tomar su lanza y a intentar perforarle el rostro al Espectro, más este colocó su dedo frente a la lanza, deteniéndola, y desafiando el poder del dios de la Brutalidad en la Guerra—. Pareces no comprenderlo… no puedo ser derrotado, mi poder está cercano al de Hades, es incluso superior al de los Jueces del Inframundo. Y voy a demostrarlo al darles un viaje a través de los infiernos. ¡Inmersión del Cielo en el Infierno! —y tanto Milo como Atenea, fueron transportados aún más profundo en el infierno.
Orillas del Rio Aqueronte, el Hades.
—Hemos llegado. Mi pasaje solo llega hasta las orillas del rio —explicó Caronte, que entonces aproximó su balsa lo más que le fue posible a las orillas del rio—. Tristemente, no puedo acercarlos más. Como pueden ver, no todos los Espectros son neutrales como yo —y tanto Mu como Aioria encontraron a un ejército de Espectros a la orilla del rio, todos a la espera de la llegada de los Caballeros Dorados—. Espero comprendan que no pienso desembarcar —agregó Caronte.
—Esto no es bueno, no es bueno —agregó Cheshire, y tanto Mu como Aioria lo miraron tranquilos—. No me pueden pedir que los saque de esta, Caballeros Dorados, a mí también me van a hacer trizas si me acerco —aseguró Cheshire con miedo en el tono de su voz.
—Así será, miserable traidor —agregó un Espectro, de cabellera negra y Suplice con alas—. ¡Caballeros Dorados! ¡Yo soy Edward de Silfo, Estrella Terrestre del Vuelo! —agregó el Espectro—. He sido declarado por Talos del Armero, Estrella Terrestre de la Robusteza, y Suplicio Obsidiana del opuesto de Libra, como el comandante de los Espectros Terrestres —y Edward apuntó a los Espectros a su alrededor—. Frente a ustedes se encuentran los Espectros Terrestres. Todos los que quedamos con excepción de los que pertenecen a la Orden de Perséfone, los Suplicios Obsidiana. Ni los 12 Caballeros Dorados podrían siquiera pensar en hacerle frente a semejante ejército.
—Entonces Hades está desesperado —habló Aioria con arrogancia desde la barca de Caronte—. Si Hades ha ordenado a sus Espectros Terrestres a que se reúnan a orillas del rio, eso significa que desea causar la mayor cantidad de daño posible a los Caballeros Dorados, para que los Celestes puedan terminar con nosotros en nuestro momento de debilidad —y Edward sonrió, ese era el plan—. ¡Tonto! ¡Eso significa que ustedes no son más que un sacrificio en favor de debilitar nuestras fuerzas! —se burló Aioria.
—Aioria… Hades ha apostado bien —agregó Mu en un susurro—. Hemos perdido a muchos compañeros contra los Jueces del Inframundo… Géminis, Sagitario y Acuario tendrán el nivel de continuar si nosotros caemos, y también confío en que Milo nos va a alcanzar… pero hay nuevos Caballeros de Tauro, de Cáncer y de Piscis… si nosotros caemos… dudo que estén listos para enfrentarse a los Espectros Celestes quienes tienen el nivel de Plata.
—Ni a los Suplicio Obsidiana —agregó Cheshire, y tanto Aioria como Mu lo miraron—. Escúchenme Caballeros Dorados, no planeo pelear con ustedes, pero si me bajo de esta balsa estoy más que muerto. Los Celestes son la menor de sus preocupaciones… los Suplicio Obsidiana son los Caballeros Dorados de la señorita Perséfone, a quienes Hades solo puede llamar cuando Perséfone habita en el Inframundo. Su poder es por muy poco, inferior al de los Jueces del Inframundo, pero no por eso deben ser subestimados. ¿Confían tanto en los Caballeros Dorados que vienen detrás como para arriesgarse contra todos los Espectros Terrestres restantes aún a sabiendas de que los Suplicio Obsidiana son tan poderosos? —preguntó Cheshire.
—Ya le caemos bien al enano —habló Aioria con una sonrisa, y Mu asintió. Cheshire por su parte se molestó—. Debemos confiar… y si los demás no lo logran… nos levantaremos, y continuaremos —y Mu asintió nuevamente—. ¿Dijiste que tu nombre era Edward, no es así? —y el Espectro asintió—. Perfecto, Edward. ¡Te demostraremos que no debes subestimarnos! —y tanto Aioria como Mu se lanzaron de la barca, y Aioria le perforó el pecho a Edward de un puñetazo, dándole una muerte instantánea que no se esperaba—. ¡Espectros! ¡Este es el verdadero poder de los Caballeros Dorados! ¡Plasma Relámpago! —y la masacre comenzó.
—¡Extinción de la Luz de las Estrellas! —lo siguió Mu, y el choque estelar fue intenso, y perforó las Suplices de varios Espectros, quienes se levantaron en algunos casos, mientras otros yacían muertos a sus alrededores—. ¡Son demasiados, Aioria! ¡Ni con un cosmos dorado podremos vencer a tantos Espectros! —se quejó Mu.
—¡Entonces les abriremos paso! —y Aioria golpeó con fuerza el rostro de un Espectro, y su sangre brotó y manchó la armadura de Aioria—. ¡Somos los Caballeros de Atenea! ¡Nuestras vidas están encausadas en la victoria de nuestra diosa! Si encontramos la muerte… que así sea… —y Aioria continuó con la carga, más los Espectros se amontonaban, y varios cosmos oscuros lo rodearon y comenzaron a herirlo. Eran demasiados, los Caballeros Dorados podían aniquilar ejércitos enteros por sí mismos, pero los Espectros no eran cualquier ejército, y Aioria estaba por percatarse de que subestimar a Hades tenía consecuencias fatales, y lo descubrió cuando su cosmos fue rebasado, y los Espectros comenzaron a patearle el cuerpo.
—El cosmos de los Espectros aumenta. ¿Qué está pasando? —y Mu fue golpeado en su rostro, la sangre abandonó sus labios, y los Espectros continuaron torturándolo—. Es igual que en el castillo Helstein… nuestros cosmos… no son los Espectros quienes incrementan su poder, somos nosotros quienes nos estamos debilitando… Aioria… —y el de Leo rugió, e hizo a los Espectros retroceder—. ¿Qué está pasándonos? —agregó Mu con debilidad.
—¡La barrera de Perséfone! —gritó Cheshire—. Perséfone nunca tiene un rol activo en las Guerras Santas, ella es la reina del Inframundo después de todo. Pero cuando Perséfone está presente, ella es capaz de levantar una barrera que aumenta el poder de los Espectros y debilita a quienes no tienen un cosmos oscuro. Aunque Perséfone rara vez ayuda al señor Hades de forma más activa —les explicó.
—Si tuviera que adivinar… Cheshire… —agregó Caronte, y Cheshire lo observó con miedo—. Diría que la orden viene de más arriba —y tanto Mu como Aioria se sorprendieron—. Perséfone es, después de todo, hija de una diosa Olímpica —y los Caballeros Dorados pudieron verlo, e incluso sentirlo.
—¿Deméter? —preguntó Mu, y el cosmos divino de la diosa de la cosecha se hizo presente—. Transmite su cosmos desde el Olimpo… Perséfone lo transmite alrededor de todo Hades… Aioria… en verdad estamos en guerra con los Olímpicos. ¡Deméter y Perséfone ayudan a Hades en esta guerra! —y Aioria lo compendió, Hades no debiera poder debilitar a los Caballeros Dorados a este nivel, pero su barrera los estaba opacando—. ¿Cómo hacerle la guerra a Hades con nuestros cosmos tan reducidos? —y Mu fue golpeado por otro Espectro con fuerza, y derribado.
—No lo olvides… Mu… —y el cosmos de Aioria se incineró—. Nosotros también… poseemos la protección de Atenea —y la Armadura Dorada brilló con intensidad—. ¡Esto es lo que pienso de tu maldita barrera, Perséfone! —y Aioria hizo estallar su cosmos, y los Espectros, fueron vaporizados.
Giudecca, el Hades.
—¡Aaaaaaaaaah! —gritó Perséfone, y la esposa de Hades cayó de rodillas frente al trono de su esposo, y comenzó a escupir sangre—. ¡Ese maldito Caballero de Leo! ¿Cómo? ¡Ha logrado romper mi barrera! ¡Los Espectros Terrestres están…! —se quejó Perséfone, y entonces volvió a cubrirse la cabeza y a gritar de dolor—. ¡Aaaaaaaaaah! ¡No puedo mantener la barrera! ¡Madre! ¡No puedo hacerlo! ¡Ya basta! —y de pronto el dolor se esfumó, y Perséfone cayó sobre el suelo convulsionándose. Hades tan solo la observó con detenimiento, no estaba sorprendido del todo, tan solo se mantenía neutral a lo ocurrido.
—Así que… Zeus ve en Atenea una amenaza más grande que la que soy capaz de representarle —habló Hades con arrogancia—. Qué tontería, amada mía —aseguró Hades—. Si bien el intento de Zeus de brindarme su apoyo ha sido infructífero e inútil, me ha abierto los ojos a una realidad incluso más aterradora que el recibir el apoyo de mi hermano menor —y Sarpedón observó a Hades curioso—. Zeus teme a Atenea. El que Milo de Escorpio la haya resucitado, ha despertado a los dioses, e intentan intervenir en mi guerra para cerciorarse de que Atenea muera… esto… es sumamente interesante.
—Señor Hades —agregó Sarpedón—. Acabo de sentir los cosmos de los Espectros Terrestres extinguirse… ya solo quedan los 6 Suplicios Obsidiana que poseen Estrellas Terrestres, y Cheshire de Caith Sith, Estrella Terrestre de los Animales —y Hades asintió—. Entre los Celestes, Caronte de Aqueronte, Estrella Celeste del Intervalo, no puede considerarse uno de los nuestros.
—Y aún después de todo esto… no estas preocupado del todo, Sarpedón —agregó Hades con orgullo—. Y por cierto… contaste a un Celeste de más… ya que no requiero de la presencia de la Estrella Celeste de la Plenitud, ni de la ayuda de Zeus —y Hades sacó su espada, y Perséfone se horrorizó—. Amada mía. ¿Recuerdas en la Guerra de Troya, que te juré que si volvías a traicionarme te cortaría la cabeza? Ahora que sé que Deméter y Zeus han conspirado para ayudar en el exterminio de Atenea, interfiriendo así en mi justa guerra por el dominio de la tierra… me temo que estoy por cumplirte aquella amenaza… que esto te sirva de lección, Zeus —y Hades alzó su espada—. ¡Hades no necesita de la ayuda de ningún Olímpico! —y Hades le cortó la cabeza a su propia esposa, y Sarpedón lo miró sin mostrar sentimiento alguno—. Estoy molesto… Sarpedón… —aclaró Hades.
—Y los dioses lo estarán también… señor Hades… —aclaró Sarpedón—. Deméter llorará por miles de años la muerte de su hija… no volverá a haber una primavera en mucho tiempo, será eternamente invierno —y Hades asintió—. ¿Ha sido prudente? —preguntó Sarpedón—. Estamos en guerra contra Atenea… y Zeus… —intentó explicar Sarpedón.
—No es una amenaza —aclaró Hades—. Que traiga a los Olímpicos… sin Ares… sin Poseidón… sin Atenea y sin mí, los Olímpicos son débiles… solo está Zeus, y no se atreverá a entrar en guerra en mi contra, como no lo ha hecho contra Atenea, por un simple temor… Apolo… —y Sarpedón no lo comprendió—. Zeus no entrará en guerra con nadie, porque eso forzaría a Apolo, el desterrado, a actuar. Y cuestionaría la lealtad de Artemisa, su querida hermana. ¿Por qué crees que Zeus se esconde en su Templo de Cristal? No tiene ningún poder. Su única esperanza es que yo muera en guerra con Atenea, pero, gracias a Milo de Escorpio… Atenea ha regresado, y todos sabemos lo que dicta la profecía de Metis… Zeus… está desesperado… —y Sarpedón lo comprendió—. ¡Y si desea hacerme la guerra pues que lo intente! ¡Yo también poseo a dioses que lucharían a mi lado! ¡Ja ja ja ja ja! —y su sonora carcajada, resonó por todo el templo.
Atenas, Grecia. El Santuario.
—¡Está nevando! —gritó Lepus de Liebre, y los caballeros sobrevivientes salieron de entre las ruinas de los templos para observar el cielo. No solo nevaba, sino que era una nevada muy fuerte, los vientos inclusive comenzaban a tornarse agresivos—. ¿Una tormenta? —preguntó Lepus, y en ese momento, Shaina y Jabu, llegaron ante ella.
—No… no es una tormenta… —agregó Shaina—. Pero debemos tomar las precauciones necesarias. Jabu… eres lo más cercano que tenemos a un general. Fuiste un Caballero Dorado después de todo —aseguró Shaina, y Jabu se precipitó y se apuntó a sí mismo—. Esta nevada… sabes que es producto de los dioses —explicó Shaina.
—Deméter… —habló Isaac, quien en esos momentos salía de las ruinas de la Casa de Acuario, donde la débil Natassia luchaba por mantenerse con vida después de que Minos le hubiera roto los huesos de una forma tan brutal. Tetis se unió a él, aunque algo nerviosa pues ella había sido testigo del día en que Poseidón lo traicionó para entregarle su armadura a Camus—. Escúchenme… cuando solía ser un General de Poseidón, mucho antes de su traición que me empujó a unirme a las líneas de batalla de Athena, los 7 Generales Marinos nos reunimos ante el señor de los mares… en ese momento parecían simples preparaciones de guerra. No pensábamos que estábamos presenciando algo divino —y todos escucharon las palabras de Isaac, mientras el antiguo guerrero de Poseidón regresaba en el tiempo, a los días en que servía bajo el estandarte del señor de los mares.
Explanada del Templo de Poseidón, la Atlántida. Noviembre 07 de 03 N.G.
—Obedece, Isaac —ordenó Kanon, en ese tiempo conocido como Dragón Marino, mientras Isaac portaba con orgullo la Escama del Kraken—. No es normal que Poseidón solicite la audiencia de un Olímpico. Mucho menos de una diosa que lo rechazó —explicó Kanon, e Isaac lo siguió ante los otros 5 Generales Marinos, todos a la espera de la llegada de Poseidón, que salió de su templo vestido en las Escamas de su armadura usual al no poseer un Dunamis todavía, y los 7 Generales Marinos se arrodillaron frente a él.
—Generales —habló Poseidón con solemnidad—. Hoy recibiremos a Deméter. Una diosa Olímpica, y todos deberán actuar con el respeto que se espera de ustedes —explicó Poseidón con tranquilidad, mientras sus Generales bajaban la mirada en señal de respeto y se arrodillaban. Por vez primera verían a un dios completo, pues Poseidón había perdido su cuerpo original en batalla contra Atenea en la antigüedad, y hoy no era más que un ser reencarnado que tomaba posesión completa de un humano para hacer sus milagros—. Deméter. Me complace volver a encontrarte, amada mía —habló Poseidón, y frente a él, un hueco en las nubes se abrió, y Deméter, la diosa de la cosecha, bajó del cielo.
La diosa vestía de dorado, una Armadura Divina de cuerpo completo que opacaba a las Escamas de Poseidón. Más ella era una Olímpica con un cosmos divino, por lo que poseía el privilegio de vestir las armaduras de los dioses. La falda de la armadura era dorada y larga, le ocultaba incluso los pies, lo que hacía más que evidente que no era una armadura que pudiese usar para una batalla. Su pecho estaba cubierto de dorado también, con algunas ondulaciones que parecían dibujar frutos y arboles alrededor de las hendiduras. Sus brazos estaban descubiertos, al menos hasta la altura de las manos, donde unos guantes dorados comenzaban. Su frente estaba adornada por una corona con la cabeza de un pavorreal de oro, y de la misma ave sus plumas estaban incrustadas en su espalda y bien abiertas, con una mescla de dorado y rubíes reflejando la solemnidad de la diosa, que entonces miró a Poseidón con arrogancia, y algo de repudio.
—Jamás te atrevas a declararme tu amada, Poseidón —habló la diosa, que ocultaba algo de desprecio en su voz y en su mirada. Su cabello estaba adornado en un torbellino de hilos rosados, y sus ojos de un violeta intenso no dejaban de observar al dios de los mares—. Lo nuestro no fue más que tu capricho. Yo no deseaba nuestra unión —aseguró la diosa haciendo alusión a los mitos Griegos, y Poseidón sonrió para ella.
—Y aun así me diste una hija —reveló Poseidón, y en ese momento sus Generales se sorprendieron desconociendo aquel hecho—. Sabes bien que la hija que ahora vive en el Hades, esposa de mi hermano, el rey del Inframundo, no es hija de Zeus. Perséfone es mi hija —y Deméter abofeteó el rostro de Poseidón, que controló su ira y observó a Deméter con detenimiento—. No te llamé del Olimpo para abrir viejas heridas mi amada. Planeo que te unas a mí. Acéptame como tu rey. Necesito de una reina a mi lado, puedes ser tú o puede ser Athena, pero contigo ya tengo una hija, convenientemente cerca de Hades. El muy tonto de mi hermano la adora, ella es la ventaja que me dará la victoria tras la guerra contra Athena. Sabes bien que soy un dios de planes.
—Y tú sabes bien que el que Perséfone sea tu hija es un secreto que no deben saber los mortales. ¡Dame una buena razón para no fulminarlos y mantener el secreto! —enfureció la diosa—. No soy tu mujer.
—¡Lo serías si no estuvieras cegada por Zeus! ¡Le temes! ¡Todos ustedes le temen! ¡No se dan cuenta de que quien en verdad debe temer, es Zeus! —gritó Poseidón, y el océano se estremeció—. Todo es culpa de mi hermanito. Primero permitió que Cronos lo maldijera con la misma profecía que Urano le lanzó. Zeus está destinado a perder el trono. Gea lo corroboró cuando Metis se embarazó. Predijo que Atenea se convertiría en quien lo destronara. Puedes llamarlo profecías sin sentido si quieres, pero Zeus siguió cometiendo errores, destronó a Apolo del Olimpo por el imbécil de Hefestos, y todo sabemos el poder que tiene Apolo. Tan solo espera el momento preciso para alzarse en guerra contra Zeus. No olvides que Hades tampoco le tiene buena estima, no desde que Zeus lo maldijo a no poder ser golpeado por la luz del sol. ¿Qué otra prueba necesitas de que el reinado de Zeus ha terminado? —preguntó Poseidón mientras la tomaba del antebrazo, y Deméter abofeteó a Poseidón nuevamente—. ¡Los dioses Olímpicos se están dividiendo mujer! ¡La lealtad de Hermes es cuestionable! ¡Hefestos no es más que un perdedor! ¡Ares está en guerra con Atenea y te aseguro que su lealtad no es a con Zeus! ¡Artemisa es hermana de Apolo el desterrado! ¡Ni Poseidón ni Hades sirven a Zeus! ¡Únete a mí! ¡Así cuando conquiste la tierra y el Inframundo, caerá el cielo… y seré el nuevo regente del Olimpo! —aseguró Poseidón.
—¿Con solo 7 Generales? Lo dudo mucho, Poseidón —aseguró Deméter—. Pero es verdad que Zeus es débil… pero hay un dios más fuerte que tú… Hades… —y Poseidón enfureció—. Y mi hija es su esposa, no importa quién sea su padre. Cuando caigas, usaré a Perséfone para ayudar a Hades, no importa cuánto odie mi hija a Hades, será su aliada, y cuando la guerra entre Zeus y Hades comience… mi hija le arrancará el corazón… para entonces, espero que hayas entendido que Zeus es el supremo gobernante. No lo vencerás.
—Y claro, usarás a nuestra hija como garantía —se quejó Poseidón—. Cuando se haga la guerra entre Hades y Zeus, no usarás a Perséfone para aliarte a Zeus… te conozco, Deméter, no olvides nuestra relación que aunque niegues, deseaste —y Deméter enfureció—. Tan solo elegirás al bando ganador, si es Hades, bien por ti… si es Zeus, igual, que dicha la tuya… pero, ¿y si soy yo? Perdiste tu oportunidad, Deméter. Y cuando vengan tú y Perséfone, suplicando mi perdón. Que cualquier dios que gobierne en el Olimpo se apiade de ustedess… de mí no obtendrán el perdón… cuando Perséfone muera, tu dolor cubrirá al mundo en un manto eterno de nieve. Vaya trofeo que tendrá el vencedor… una tierra congelada. ¡Has condenado a los humanos al negarme! ¡Y cuando por fin te des cuenta de ello, espero que tu dolor haya valido la pena! ¡Despídete de Perséfone! ¡Pues yo te juro, que sufrirás!
Atenas, Grecia. El Santuario. 02 de Agosto de 05 N.G.
—Al día siguiente… Poseidón era ira divina —continuó Isaac con su relato—. Incluso, me forzó a luchar con Camus de Acuario con la excusa de que solo los mejores serían sus Generales… —y la ira invadió el corazón de Isaac—. Ya entonces sabíamos que habría guerra en el Olimpo, es por esto que no me cabe duda, esta nevada… solo significa que Deméter apostó en favor a Hades y perdió a Perséfone en la guerra —terminó de explicar Isaac, que observó el cielo y los copos de nieve rodear todo el Santuario—. Deméter asesinará a millones… las bajas temperaturas serán un problema, pero la tierra, las cosechas… todas perecerán —más entonces, un calor intenso se dejó sentir. Era abrazador, y la nevada comenzó a transformarse en una lluvia—. ¿Qué ocurre?
—El sol sale y se posa orgulloso en el cielo —explicó Shaina, y de pronto Shaula, en brazos de Jabu, comenzó a reír divertida, los rayos del sol parecían posarse en contra de su rostro, era como una caricia, y Shaina se mostró sorprendida, e intentó mirar al sol solo para que sus destellos la cegaran. El sol, brillaba con gran intensidad—. ¡Apolo! —gritó Shaina—. Apolo le ha declarado a Atenea su alianza, esto es… es imposible… el dios del sol se ha levantado contra el Olimpo… —continuó Shaina.
—¿Shaina, estás segura? —y un relámpago resonó por todo el Santuario—. ¡Maldición! ¡El clima se está yendo al Hades! —gritó Jabu—. ¡Hebe! ¡Cuida a Shaula y no preguntes! ¡Derrotada por Aioria o no, vistes de Plata, y debes obedecerme! —aseguró Jabu, y Hebe intentó defenderse, pero Jabu no la dejó hablar—. ¡Caballeros! ¡Con tantos cambios climáticos debemos actuar rápido! ¡Los Caballeros Dorados harán su guerra, pero nosotros debemos conservar la paz! ¡Envíen palomas mensajeras a los reinos, deben conservar la calma! —habló Jabu—. Los de Plata de cosmos más alto, usen su cosmos para desplazarse por toda Europa con su mensaje de calma. Kiki… —prosiguió Jabu—. Necesito que ayudes a Isaac a llegar a la Atlántida —e Isaac se mostró sorprendido—. Lleva a Tetis también. Confiaremos en ellos para conservar el orden, y si te quedan energías cuando regreses, lleva a Shiva a Arles también. Hay que hacer lo posible por que no estalle el caos.
—Entendido, se hará como dice General —agregó Kiki, y eso alagó a Jabu—. Perdone, es solo… que por un momento se sintió correcto llamarlo por ese título —y Jabu sonrió—. ¿Es indebido? —y Jabu asintió.
—Capitán será suficiente, no me gustaría que Ikki me partiera el rostro cuando regrese —y Hebe se mostró orgullosa de las palabras de Jabu—. No seré un Caballero Dorado, ni el General de Bronce o Plata, pero eso no es una vergüenza. Tan solo, seré el caballero que yo desee ser —y Hebe lo comprendió, y en ese momento, sonrió segura de sí misma.
—¡Capitán! —habló Hebe, y entonces hizo una reverencia—. ¡Hebe de Cruz del Sur de los Caballeros de Plata! ¡Le solicito de la forma más atenta posible el que me permita acompañarlo en su misión de paz! —agregó Hebe, y Jabu la miró con curiosidad—. Permítame servirlo, mi señor. Es mi deseo combatir bajo su estandarte —y Jabu asintió agradecido.
—Alguien tendrá que cuidar a Shaula —agregó Jabu, y entonces miró a Paloma—. ¿Podrías hacernos el favor? —y la mujer miró a Jabu debajo de su máscara, y asintió con solemnidad—. Bien… te aseguro que mantendremos la paz y te llevaremos ante tu hermano Seiya cuando todo esto haya terminado —y al escuchar eso, Paloma se estremeció, a pesar de aceptar a Shaula en sus brazos—. No pierdas la esperanza por favor… —terminó por decir Jabu.
—¿Seiya? —preguntó Paloma, y Jabu asintió—. Esperanza… yo… no perderé la esperanza… Seiya… —y por debajo de su máscara, lágrimas escaparon de su improvisada prisión—. Seiya, lo recuerdo… ¡Seiya! —habló Paloma con alegría.
Rio Aqueronte. El Hades.
—¡Seika! —gritó Seiya de repente, y aquello sobresaltó a Caronte, que estuvo a punto de caer dentro del rio—. ¡Oh! ¡Espera! ¡No te vayas a caer! —habló Seiya, y entre él y Hyoga intentaron ayudar a Caronte a no caer de la balsa un tanto torpemente, mientras Marín, Nachi y Ohko intentaron mantenerse lo más estables posible, y Cheshire lloraba asustado al ver las almas de los condenados intentar subir a la balsa—. ¡Ya te tengo! —habló Seiya al por fin estabilizar a Caronte en la balsa.
—¡Seiya! ¿Pero qué Hades estás pensando? —gritó Marín con molestia, y Ohko empujó al nervioso de Cheshire, que hasta esos momentos se había aferrado a Ohko, al otro lado de la balsa—. ¡Pudiste habernos condenado a los Espectros del rio Aqueronte! ¿Qué se diría de las mujeres en los libros de historia griegos si se llegase a saber que la primera Caballera Dorada murió ahogada en el rio Aqueronte?
—Ciertamente… no me explico cómo Hades has sobrevivido por tanto tiempo, Sagitario —habló Ohko iracundo, y Seiya lo miró con molestia—. De haber sabido que este viaje sería tan peligroso, me hubiera quedado con Pandora, Kanon e Ikki al otro lado del rio —aseguró Ohko.
—Tranquilízate Ohko —habló Hyoga, intentando actuar como un líder ante el grupo de novatos y el Caballero de Sagitario inexperto—. Hay que estar agradecidos de que Caronte decidiera cumplir la promesa que le hizo a Aioria y permitir a 5 de nosotros hacer el viaje al otro lado del rio.
—Caronte se a comportando diferente de los Espectros habituales, igual que Cheshire —intentó Nachi ayudar a Hyoga a calmar al iracundo de Ohko—. De haber atendido mejor a las enseñanzas del maestro Mephisto, yo podría transportarnos a todos alrededor de los ríos del Inframundo… pero… sin ese conocimiento, me temo que no soy más que otra carga, no puedo usar el ataque de Pasaje a los Ríos de Caronte sin conocer primero el Inframundo —explicó Nachi.
—Ah, conque eres discípulo del campeón de Hades —habló Caronte—. Ya me preguntaba el por qué razón un Caballero Dorado de Cáncer pagaba su pasaje con el cambio de Leo. Entonces eso significa que el Caballero de Cáncer cayó en batalla y su discípulo viste su armadura —habló Caronte—. Si es por la técnica de Pasaje a los Ríos de Caronte, yo podría enseñártela, pues verás, yo fui el maestro de Mephisto de Cáncer —y por unos instantes hubo silencio, hasta que Nachi reaccionó de sorpresa.
—¿Queeeeé? —se sobresaltó Nachi—. ¿Usted fue el maestro de mi maestro? —y Caronte asintió—. No es posible. El maestro Mephisto… discípulo de un Espectro. ¿Quién lo hubiera pensado? —y Caronte sonrió—. Entonces, ¿usted puede enseñarme las técnicas que el maestro Mephisto no pudo transmitirme? Tan solo sé usar las Ondas Infernales de Hades para llegar al Monte Yomotsu.
—Si ganan la guerra, tal vez —habló Caronte—. He ayudado a los Caballeros Dorados a cruzar mi rio, por ello, Hades tendrá mi cabeza si ustedes no ganan. Le he apostado todo a la victoria de Atenea, así que, te enseñaré la técnica de Pasaje por los Ríos de Caronte solo si ustedes vencen a Hades —y el grupo permaneció en silencio.
—Un momento… —interrumpió Seiya—. Ustedes le son fieles a Hades. ¿Por qué nos ayudan? —y algunos compartían aquella curiosidad, pero hasta ese momento nadie se había atrevido a mencionarlo—. ¿No deberían serle fieles a los dioses hasta la muerte?
—¿Por Hades? No… hace tiempo que Hades no es el dios de bondad que siempre fue —explicó Caronte—. La mayoría de los Espectros sigue a Hades por la promesa egoísta de vida eterna. ¿Por qué crees que ahorro tanto dinero? Cuando Hades gane esta guerra, seré el hombre más rico en la tierra —y todos intercambiaron miradas de incredulidad—. Hades compra la lealtad, solo los Jueces y los Suplicios Obsidianas le son enteramente fieles, por eso son los más poderosos. Quienes confían ciegamente en sus dioses poseen poderes más allá de la comprensión —y Caronte prosiguió su viaje—. Pero no por ello deberán de confiarse. Hay Espectros comunes, como lo fue Myu de Papillon, que son enteramente devotos al señor Hades. Los Celestes en su mayoría lo son también, los Terrestres… son en su mayoría desechables y reemplazables. Pero la lealtad de los Suplicios Obsidiana, salvo uno que es en exceso poderoso, es inquebrantable. Imaginen entonces el poder que son capaces de tener. Pronto deberán enfrentarlos, y más les vale vencer, su devoción a Atenea ojala sea suficientemente alta.
—¿Dudas de nosotros, Espectro? —habló Ohko con brusquedad—. Los Caballeros Dorados son la elite de la elite, no somos pequeñeces como ustedes los Espectros. En estos momentos, te puedo asegurar que Milo, Aioria y Mu, se encuentran frente a Hades, probablemente desatando una Exclamación de Athena que le parta su mugriento rostro —presumió Ohko.
—Por las barbas de Odín… Ohko… —habló Nachi intranquilo—. Me temo que al parecer estás en extremo equivocado… —y Nachi apuntó a la orilla del rio, que daba inicio a las 8 Prisiones. Un ejército de Espectros Terrestres yacía sin vida en la orilla, y en medio del ejercito estaban Mu y Aioria, sumamente heridos, parecían muertos, aunque sus armaduras no presentaban rasguño alguno—. ¡Mu! —gritó Nachi.
—¡Aioria! —se estremeció de miedo Marín, y sin esperar a que Caronte acercara su balsa a la orilla, saltó de esta y corrió al encuentro de Aioria y lo ayudó a recostarse sobre sus piernas, mientras Marín lloraba intentando despertar a su esposo—. ¡Aioria! ¡Despierta Aioria! ¡Aioria! —gritó Marín mientras agitaba el cuerpo de su esposo intentando despertarlo, y en ese momento, Aioria movió su mano y le acarició el rostro—. Aioria… —habló Marín con debilidad.
—Me confié… Marín… —comenzó Aioria—. Debes estar muy desilusionada de mí… tal parece, que Milo me contagió su arrogancia… —explicó Aioria, y Marín le besó la mano intranquila—. Voy a estar bien… solo… debemos recuperar fuerzas… —y Marín observó a Mu, que en ese momento era auxiliado por los otros Caballeros Dorados y el preocupado de Cheshire.
—Sigan adelante… no pierdan el tiempo… —habló Mu—. Usamos todo nuestro cosmos para abrirles camino… ya solo quedan unos cuantos… —y Mu comenzó a vomitar sangre—. Maldición… Aioria… tú y Milo siempre me hacen descuidar mi forma de batalla… pedazos de… —y Mu volvió a vomitar sangre—. ¡Solo váyanse! —y Mu elevó su cosmos, y colocó su mano sobre el pecho de Aioria, comenzando a sanar sus heridas con la fuerza de su cosmos—. Estaremos… bien… —y Marín miró a su marido.
—Anda… ya… habrá tiempo de romanticismos… —y Marín se sonrojó un poco—. Has que esté orgulloso de mi esposa… Caballera Dorada de Piscis… —y Aioria se desmayó, y Marín lo besó con gentileza antes de ponerse de pie.
—Nos vamos —habló Hyoga, y todos lo observaron—. Ya escucharon a Mu y a Aioria. Ellos estarán bien. Y no olviden que lo que digan esos 3 debe de creerse en su totalidad… nada puede vencerlos, el maestro Milo es prueba definitiva, ni Poseidón logró asesinarlo —y Hyoga siguió con su camino—. ¡Caronte! ¡Te prometemos vencer a Hades! —y Caronte asintió, y volvió a su trabajo—. ¡Cheshire! ¡Guíanos por el camino más rápido! ¡No importa cuán peligroso! Les devolveremos el favor a Mu y a Aioria abriéndoles paso hasta las puertas de Giudecca.
—¿Están seguros de ser capaces de vencer a Hades? —preguntó Cheshire, y Hyoga lo miro curioso—. Es una locura les digo… estos Espectros son Terrestres iguales a mí… unos debiluchos como los de Bronce… los Celestes poseen el nivel de Plata. Pero los que más me preocupan… son los Suplicio Obsidiana —y Hyoga no respondió, tan solo observó a Cheshire con detenimiento—. Los llevaré a la primera prisión… ante el Tribunal de los Muertos, donde Lune de Balrog, Estrella Celeste de la Excelencia, seguro aguarda. Él no es un Suplicio Obsidiana pero posee el poder de un Caballero Dorado —explicó Cheshire.
—Son simples ciervos de Hades —aclaró Hyoga—. Dudo que los Suplicio Obsidiana sean tan fuertes como aseguras —y Cheshire se mordió los labios con molestia, y siguió a Hyoga hasta la entrada del Tribunal de los Muertos, y Hyoga abrió las puertas de par en par con violencia.
—¡Silencio! —gritó Lune de Balrog, quien, como Cheshire había mencionado, se encontraba dentro del tribunal—. ¡En mi corte no se admitirán escándalos de ningún tipo! ¿Quién hoza interrumpir el sagrado silencio del Tribunal de los Muertos? —y los Caballeros Dorados entraron, más el Espectro no se encontraba intranquilo del todo—. Ya veo… así que son los Caballeros Dorados y el traidor —y Cheshire se estremeció y se ocultó detrás de Marín—. Sean bienvenidos. Sepan que en este recinto encontrarán el castigo a sus crímenes.
Orillas del Rio Aqueronte, el Hades.
—Si nos estás mintiendo, Pandora. Juro en el nombre de Atenea que te enfrentarás a mi ira —habló Ikki, en su espalda aún cargaba la armadura de Virgo y era seguido por Kanon que llevaba la de Shura de Capricornio. Ohko cargaba la de Libra, esperanzado de encontrar a Shiryu, pero desde llegados al Inframundo, las Armaduras Doradas no habían reaccionado para unirse a sus dueños—. Jamás he escuchado de otro método para cruzar el rio Aqueronte. Debimos haber asesinado a Caronte y apoderado de su barca.
—Los ríos del Inframundo no son fáciles de navegar —aseguró Pandora, guiando al Fénix y a Géminis por las faldas del monte Yomotsu—. Dentro del monte Yomotsu, existen unas cavernas que pasan muy cerca de los interiores del volcán, dentro de las cuales se encuentra el cauce principal del rio Flegetonte, que es la única vía de escape del Tártaros —explicó Pandora, y en ese momento llegaron a las cavernas—. Es un territorio peligroso, repleto de horrores inimaginables, las Bestias del Tártaros, como los Hecatónquiros y los Ciclopes, mantienen guardia sin obedecer a alma alguna. Son eternos guardianes, gigantes de las profundidades del Hades mismo. Pero si logramos evadirlos, tarde o temprano llegaremos a la intersección de Flegetonte con Cocytos, que desemboca en los territorios congelados de la Octava Prisión, donde quienes han desafiado a los dioses son castigados.
—Saga… —habló Kanon intranquilo—. Pandora… los crímenes de mi hermano. Si hay un lugar donde él sea castigado entonces ese debe ser… —y Pandora asintió, y en ese momento se mordió los labios con tristeza—. ¿Pandora?
—Antes de perder el liderazgo de los Espectros… fui informada de 3 Caballeros Dorados que habían desencadenado el octavo sentido —y tanto Kanon como Ikki se sorprendieron de esa revelación—. Llegaron moribundos y sin energía. Abandonados por sus armaduras que los pensaron muertos —y Kanon casi podía ver al trio de Caballeros Dorados en el Inframundo—. Fueron capturados por Marchino de Esqueleto y Fryodor de Mandrágora, los que Milo asesinó tan brutalmente. Ellos son quienes los torturan hasta la vergüenza, seguramente fueron azotados hasta ser doblegados —y Kanon casi podía escuchar los latigazos—. Al estar tan débiles, era de esperarse que no pudieran defenderse. Los Espectros los llevaron a la primera prisión a rastras, donde se les declaró culpables, y fueron enterrados en Cocytos… el rio de aguas congeladas donde sus almas son abatidas por el frio eterno… incluso si son liberados… nada asegura que sigan con vida. Quien ha desatado el octavo sentido vive en el infierno… pero… ahora ya deben de haber muerto de verdad… sus cuerpos, deben haberse destruido por el frio, es muy tarde ya para salvarlos, pero al menos… llegaremos a la octava prisión.
—¿Insinúas que mi armadura me eligió en lugar de esperar a mi hermano por qué ha perdido la vida? ¡Tú no conociste la extensión del poder de mi hermano entonces, Pandora! —aseguró Kanon con molestia, y sin embargo, Ikki no compartía esa opinión.
—Pero tiene sentido, las armaduras no han regresado con sus dueños… la de Virgo no me preocupa, Shun quien es su dueño está en poder de Hades… pero la de Capricornio que cargas en tu espalda, y la de Libra que lleva Ohko… no se transportaron a encuentro de sus dueños… probablemente estén muertos, y es nuestro deber asimilar esa posibilidad —agregó Fénix.
—Mi hermano no ha muerto… Ikki… y estoy seguro de que Pandora que carga al hijo o hija de Shura, tampoco ha perdido la esperanza —y Pandora se sobresaltó, y se ruborizó—. Si ya hubieras perdido la esperanza… no te habrías unido a Atenea… sigamos… los Hecatónquiros no nos vencerán —y el grupo entró en las cavernas.
El Segundo Infierno. El Mundo de los Fantasmas Hambrientos.
—Sean bienvenidos, dioses de la guerra. Al segundo de los infiernos. ¡El Mundo de los Fantasmas Hambrientos! —Télefo de Archfiend, el Suplicio Obsidiana que representaba al opuesto del Caballero Dorado de Virgo, habló mientras Milo era atacado por demonios obesos, que comenzaron a morderle el cuello, las piernas y los brazos.
—¡Milo! —gritó Atenea al verlo sufrir bajo las mandíbulas de los obesos demonios de piel grisácea y llena de varices. Afortunadamente, la armadura de Milo había sido fortalecida por sangre divina, por lo que no era perforada por los dientes de los demonios. Pero los demonios que lograron morderle el cuello, habían hecho brotar su sangre—. ¡Déjenlo en paz! —y Atenea fulminó a los demonios con la extensión de su cosmos.
—Atenea… no desperdicie su cosmos en mí por favor… —habló Milo con debilidad, y mientras aferraba sus manos a la lanza de Ares—. ¡Brotaloigos! —gritó Milo, y con su lanza, sorprendió a Atenea, pues esta pasó muy cerca de su rostro, pero se clavó en el rostro de un demonio detrás de ella—. Si desperdicia su cosmos, mi señora… los demonios la van a alcanzar… estoy muy débil… estos infiernos… han consumido mis fuerzas y abatido mi mente… le ruego… que me permita usar esta lanza para protegerla… si es su deseo combatiré lo mejor que pueda con mis puños… pero… Atenea… estoy… enteramente doblegado… —y Atenea se horrorizó. Reflejado en los ojos de Milo estaba el terror del Tártaros que le consumía el alma. Ningún mortal aún con vida debía ver estos horrores, Milo estaba enloqueciendo—. Atenea… solo deme una orden que seguir… —y los demonios se abalanzaron contra Milo, y volvieron a morderlo.
—¡Defiéndete! ¡Usa la lanza! —y Milo obedeció, y perforó a los demonios con su lanza. Su mente había cedido, ya solo podía obedecer órdenes ciegamente, no era más que una marioneta sin mente, vencida por los horrores del Tártaros—. Por los dioses… Milo… estos horrores son demasiado… incluso para ti… lo sabías y aun así decidiste acompañarme. ¿Hasta qué grado llega tu lealtad? —y Atenea lloró—. No solo asesinaste a tu propia esposa en mi nombre… sino que soportas todas estas penurias por mí que tan egoístamente te la arrebaté… ¿por qué? ¿Por qué los humanos son así? Estoy agradecida pero su dolor me lastima —y Télefo de Archfiend rio con fuerza, mientras Milo volvía a doblegarse y a ser rodeado por los demonios—. ¡Milo!
—Atenea, los Titanes sentían un repudio incontrolable contra los dioses por ser obligados a vivir por miles de años en este infierno tan horrible. Y este es el castigo que reciben todos los humanos. Claro que, solo reciben el castigo de un solo infierno. ¿Cómo crees que se siente tu querido Milo al recibir las penurias de 2 infiernos? —y Atenea lloró desconsolada—. No hay esperanza —más en ese momento, pétalos dorados rodearon a Atenea, y Télefo de Archfiend sintió un cosmos muy poderoso—. ¿Qué es ese cosmos?
—¡Shaka! —gritó Atenea, y los pétalos la rodearon nuevamente—. Shaka, en verdad tú fuiste capaz de alcanzar el octavo sentido… pero… entonces estos pétalos —y Atenea abrió sus ojos de par en par—. Ya entiendo… Shaka… en verdad, amas a Saori tanto como para brindarme esta esperanza a cambio de tu vida —y Atenea lloró, y unos pétalos se posaron en sus manos—. ¡Milo! ¡Saori nos espera! ¡Despierta ya! —y Milo bloqueó con su lanza a un demonio hambriento—. Télefo… jamás corromperás la esperanza de estos caballeros. Milo, Shaka nos guiará de ahora en adelante. Sigue los pétalos dorados, encuentra la puerta al siguiente infierno —y Milo continuó despedazando a los Espectros que intentaban comérselo, siguiendo a los pétalos en todo momento, hasta que estos se posaron contra una pared oscura, y revelaron una puerta—. ¡El Tercer Infierno! —reaccionó Atenea, y corrió a encuentro de Milo, que por poco le atravesó la cabeza con su lanza—. ¡Milo!
—¡No importa si has descubierto una forma más rápida de escapar de los infiernos hasta llegar al sexto, Atenea! —agregó Télefo—. Tu guardián está al borde de la locura. ¡No llegarán al Sexto Infierno a tiempo! —y Atenea miró a Télefo con detenimiento.
—Llegaremos —habló Atenea con seguridad—. Porque Saori fue encerrada en el Sexto Infierno —y Milo reaccionó, y recuperó algo de su cordura perdida—. Y Shaka acaba de decirme, que hay una forma de salvarla de la muerte —y los ojos de Milo se llenaron de lágrimas de esperanza—. Hay esperanza… Milo… —y Milo asintió—. ¡Mientras yo viva siempre habrá esperanza! ¡Vamos! ¡Busquemos a tu amada! —y Milo saltó, y desapareció dentro de la puerta, en dirección al Tercer Infierno seguido de Atenea.
—¡No hay esperanza, Atenea! —gritó Télefo—. Los dioses son caprichosos, crearon este lugar para castigar a los mortales, yo lo sé bien, ya que fui forzado a entregar mi lealtad a Hades. Por ello me he entrenado dentro del monte Yomotsu fortaleciendo mi cosmos, solo Eurípilo y yo somos capaces de soportar estos infiernos, por ello soy el Espectro más cercano a los demonios —elevó su cosmos Télefo, alimentando el poder del monte Yomotsu y de los infiernos en su interior—. Mientras más infiernos pasan, más al borde de la locura está tu guardián… y pronto, el dios de la Brutalidad en la Guerra, revivirá su batalla más sangrienta. ¡Cuando encuentre a Ares encerrado en el Cuarto Infierno! —y la risa de Télefo, resonó por todo el monte Yomotsu.
Eso es todo por hoy señores y señoritas, mayormente señoritas creo yo, o al menos las que me dejan reviews. Por lo pronto me despido.
NOTAS DE LA EDICIÓN DEL 2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya):
1 – En la versión original de este capítulo, Atavaka de Yasha, Estrella Terrestre del Líder, es el Suplicio Obsidiana que combate a Milo y a Shaka en los 6 infiernos, sin embargo, y debido a las modificaciones de las estrellas para concordar con Guerras de Troya, Atavaka de Yasha es reemplazado por Télefo de Archfiend, Estrella Celeste de la Muerte, quien aparece en Guerras de Troya. La trama se mantiene idéntica, solo se cambian apariencia del Espectro, sus ataques y algunos diálogos para empatar la personalidad, además de menciones menores a su vida pasada en Guerras de Troya.
2 – En la versión original de este capítulo, Kabegoshi de Silueta, Estrella Terrestre del Reposo, es el Espectro ayudante de Atavaka de Yasha que combate a Milo en los 6 infiernos, sin embargo, y debido a las modificaciones de las estrellas para concordar con Guerras de Troya, Kabegoshi de Silueta es reemplazado por Eurípilo de Nigromante, Estrella Celeste del Espíritu, quien aparecerá en Guerras de Troya. La trama se mantiene idéntica, solo se cambian apariencia del Espectro, sus ataques y algunos diálogos para empatar la personalidad, fuera de eso el evento es muy fugaz (como en la versión original), pero es una muerte significativa si se toma en cuenta el poder de este Espectro en Guerras de Troya (Donde aún no ha hecho debut pero ya está planeada su aparición).
3 – Se hace una pequeña modificación a la importancia de los Suplicios Obsidiana que no existía antes pero que será mencionada en Guerras de Troya. Los Suplicios Obsidiana son los 12 Espectros que son los opuestos de los Caballeros Dorados en el inframundo, y estos pertenecen a la Orden de Perséfone, contando con 6 Espectros Celestes y 6 Espectros Terrestres. Estos 12 Espectros tendrán un papel más relevante en Guerras de Troya, pero se les menciona también aquí en Guerras Doradas porque fue en esta historia donde fueron concebidos.
4 – Momentos antes de cortarle la cabeza a Perséfone, Hades le recuerda aquella amenaza que le hizo en Guerras de Troya, que de volverlo a traicionar, Hades le cortaría la cabeza.
