Capítulo 36
ELLA
Inuyasha y yo permanecimos juntos con nuestros amigos hasta el último momento, Sesshomaru venia a mi de vez en cuando, nadie imaginó que pasaría, ni las desgracias y venturas que pasaríamos, tuvimos momentos muy buenos, divertidos. Pero también los tuvimos fatales, como la vez que Sango sacrificó su hiraikotzu por Miroku, el temor de perderlo no permitió que mantuvieran su orgullos y se comprometieron, en caso de que todo saliera bien, aun así... el peor momento de todos fue cuando Kikyo murió en brazos de Inuyasha, Naraku le había incrustado veneno y yo ayudé a que ella se recuperara, una prueba difícil ya que tuve que pelear con sentimientos fantasmas del pasado, pero pude hacerlo. Hasta que Naraku le dio el golpe final meses después.
Creí que Inuyasha jamás se recuperaría de ese golpe, incluso corrimos un peligro enorme debido a su tristeza con un "príncipe" que utilizaba las tristezas de la sangre como fertilizante, gracias a un amuleto yo fui la única que no cedió ante las espinas, hasta que lo utilice para sacar a Inuyasha de su trance...
Esa noche el volvió a pedirme perdón por todo, no quería que siguiera torturándose por cosas de su pasado, pase a su lado esa noche acariciando sus cabellos plateados y esperando a que se repusiera... a penas y dormí velando su sueño. Fue mi primera discusión son Sesshomaru, mientras Inuyasha dormía en mis piernas, el se presentó y no le agradó lo que vio.
-Veo que debe estar muy cómodo.
-No es nada, solo esta deprimido-no tenia ganas de verlo a la cara, ni de darle explicaciones. El debía entender.
Se acercó a mi y acarició mi mejilla
-Detesto verte llorar-dijo quitando una lágrima del rabillo de mi ojo.
-Lo siento. Pero me duele verlo tan destrozado...
-¿Y crees que decirme eso me hará sentir piedad?-él era un demonio, se que debía de tener paciencia con el y explicarle lo que ahora era nuevo en el gracias a que se había abierto a los sentimientos.
El se había acuclillado frente a mi, levante mi mano y lo acaricié desde su cabeza hasta su cuello deteniendo mi mano ahí. Lo vi a los ojos dolidos y más fríos que nunca. Lo entendí no se que sentiría si fueran las cosas al revés, si Kagura estuviera en su regazo la mataría seguramente... o lo intentaría al menos.
-Tu... ¿sientes algo muy fuerte por mi?-realmente no esperaba que lo respondiera, pero me bastaba con una señal. Alzó una ceja para responder
-¿En verdad estas preguntándome eso?-sonreí, esa era mi señal, su ironía.
-Tengo un fin para ello, tu una vez prohibiste que dijera la palabra muerte, para referirme a mi... ¿por qué?-su expresión se oscureció a una tenebrosa, y frunció el entrecejo.
-Ya te lo dije una vez no puedo mantener la calma ante eso... y se para donde vas, así que no hagas que imagine algo como eso...
-Solo quería que tuvieras una idea de cómo se sentía él. Acaba de perder definitivamente a la mujer de su vida, por segunda vez.
-Haz lo que quieras.
Se había ido muy molesto, no se si por Inuyasha o por lo que le acababa de decir.
No soportaba saber que el estaba molesto conmigo, y el, al parecer tampoco ya que volvió en cuanto Inuyasha se fue.
Inuyasha fue recuperándose poco a poco, con nosotros a su lado, y poco a poco también cambió su idea de convertirse en un demonio real.
Hasta el día que Naraku completó la perla, Sesshomaru se unió a la pelea en el interior de una araña gigante, la cual parecía la perla contaminada de una gran magnitud. Naraku había utilizado su deseo para llevarme con el al interior de Shikon, Inuyasha me rescato y mi deseo de desaparecer la perla funcionó liberando el alma de la sacerdotisa que la había creado, pero por alguna razón, al llegar al pozo, este nos separó y a mi no me permitió volver...
Este tiempo que dure alejada de la época feudal, me concentré en mis estudios... al menos lo que pude, ya que no podía concentrarme en nada que no fuera Sesshomaru, mi corazón dolía cada que pensaba en él, lo último que nos dijimos fue que no queríamos separarnos, yo había tomado la decisión de permanecer con el por el resto de mi vida.
En mi época, mis amigas me visitaron gracias a que mi madre les había contado de mi depresión, dure un tiempo deprimida hasta que ellas se encargaron de sacarme de ello, incluso Sota trataba de después ya no me sentía tan triste, aun así no me había resignado a no volverlo a ver... mucho menos a estar sin él.
Pasaron dos años, estaba a punto de hacer mi examen a la universidad, algo que siempre quise... pero ahora había perdido esa emoción.
-Kagome, ¿no estas emocionada?
-Am, eso creo mamá...
-¿Lo extrañas demasiado cierto?-Así era. Ella siempre sabía lo que pasaba en mi mente. ¿qué podía decir? Es mi madre, y las madres pueden ver atreves de nosotros como su fuéramos un simple cristal. Había pasado noches enteras llorando con ella mientras ella se mantenía en silencio, solo observándome.
¿Debía perder la esperanza de verlo? Los ojos me picaban de pensar en eso.
-Sesshomaru... haría lo que fuera con tal de estar contigo otra vez.- Estaba sentada en la orilla del pozo con las piernas abrazadas entre mis brazos. Suspiré. Sentí una ligera ventisca y vi que estaba abierta la puertas de la entrada.
Será mejor que entre, antes de pescar un resfrío, estaba completamente empapada ya que la lluvia era muy fuerte cuando llegue.
Como lo pensé, me resfrié y caí en cama por tres días, no fui a la escuela así que mis amigas volvieron a venir trayendo a Hoyo con unos remedios caseros para recuperarme, sentía extraño faltar a clases después de más de dos años que no faltaba.
-Higurashi cambiaré la compresa y te tomare la temperatura- Hoyo me había estado atendiendo todo el tiempo, era muy tierno.
Mis amigas solo decían que debía casarme con el después de la universidad... eso me dio pavor. Imagine el rostro de Sesshomaru ante tal escena. Hoya sería hombre muerto en definitiva.
Trate de pararme pero mi cuerpo me pesaba, aun asi una de mis necesidades básicas era ir al baño y ahora ya no podía aguantarlo más, Hoyo me tomo de la mano para que me sostuviera de él se abrió la ventana de golpe, y toda la sangre y la fuerza que tenía se esfumó
-Inuyasha...-dije a penas con voz audible...
-!Tonta porque no has ido.. si vez que se abrió el pozo!
Era él... el pozo...
-Kagome... que te pasa-el... pozo... empecé a ver negro y vi como Inuyasha se apresuraba a detenerme antes de que cayera.
Al abrir los ojos, vi el techo de mi cuarto con la luz del sol reflejándose en ella... todo había sido un sueño... sentí como mis lagrimas empezaban a caer, y tapé mi cara con mis manos.
-Oye.. Kagome ¿por qué lloras?
Me paralice, no había sido un sueño, Inuyasha estaba ahí y eso quería decir que el pozo estaba abierto.
Sonreí y lo abrace con todas mis fuerzas, llorando de alegría por volverlo a ver.
-Tonta, tanto tiempo sin verte...
Mi madre estuvo de acuerdo con mi decisión al igual que el abuelo y Sota, des pues de recuperarme volví con Inuyasha y vi a todos mis amigos, encontrándome con la sorpresa de que Miroku y Sango ya tenían tres pequeños, dos gemelas y un pequeño de un mes de nacido, ya me habían convertido en tía, Shippou ahora era mucho mas alto y Rin estaba viviendo con ellos y la anciana Kaede, con el permiso de Sesshomaru. Al escuchar su nombre mi corazón revoloteo de emoción moría de ganas de verlo. Sango y Kohaku aun se veía gracias a que Kikyo había decidido devolverle la vida a el y no utilizarla en contra de Naraku, Sango le estaba en extremo agradecida.
Tenía al bebé de Sango en mis brazos, pensando en un sin fin de cosas que le diría.
-Viene a visitar a Rin seguido, seguramente lo encontrarás prono... te ves ansiosa...- dijo burlándose de mi- ahora que si quieres, Kirara podría llevarte...
Salté de emoción, ¡¿cómo no se me había ocurrido?!
-¡De verdad!
-Claro Kagome, seguramente a él le encantaré verte... Rin nos conto cuando decidieron venir que lo notaba decaído... honestamente yo no lo note, pero solo ustedes saben identificarlo.-me levante para apresurarme a Kirara.
-Gracias Sango...
-Espera Kagome –ya no quería retrasarme mas...
-¿Que pasa?
- Mi bebé... -era verdad, por la emoción me había olvidado del pequeño. Lo entregue en los brazos de su madre- y toma, puso en mis brazos un kimono que reconocí el instante... era verde olivo con bordados de oro y cobre... el kimono que él me había dado... Sonreí y corrí a cambiarme y amontar a Kirara.
-Llévame Kirara, encuéntralo.
No duramos mucho tiempo en el aire... cuando Kirara lo captó... hice que ella me bajara en un claro y que fuera con el para traérmelo. Era una gata demasiado inteligente y podría hacerlo.
Me escondí tras un roble. El viento soplaba en mi dirección así que no había manera de que me olfateara, el bajó lentamente dándome la espalda, lo observe, como si fuera la primera vez que lo veía, el aliento se me escapó y su rostro de marfil, miles de mariposas revolotearon en mi estomago, traté de ver su rostro frio como lo recordaba y sus ojos... eran lo que mas anhelaba ver, escuché un montón de hojas que se movían detrás de mi y me giré, era Kirara en su forma pequeña... cuando regrese a ver en donde estaba, el claro estaba solo.
-¿Qué diabl...
-Que haces con esas ropas puestas asechándome... humana...-su excitante rugido me hizo abrir los ojos como platos, algo me tomó del brazo y me giro para hacerle frente.- sus ojos me vieron perplejos, esos ojos que deseaba ver con toda mi alma, ahora estaban frente a mi regañándome por que mis recuerdos no le habían hecho justicia en todo este tiempo.
Sonreí como tonta al ver su rostro y escuchar como exhalaba un aliento de sorpresa.
-Eres tu...-me abrazó tan fuerte que no pude respirar, y apretó su rostro a cada tramo de mi cabeza y mi cabello, en mi cuello, en mis hombros... y finalmente en mi marca la cual lamió... eso... Woow... solo con eso la electricidad recorrió mi cuerpo.
Tomó mi rostro y me besó fieramente como si estuviera cerciorándose de que no era una alucinación. Me despegué de él agitada.
-Soy yo... si lo soy.
Me besó una vez mas rompiendo el a marre de mi kimono y desnudándome para hundirnos es una pasión que ahora seria definitiva, solo el y yo... mi demonio maligno y yo ahora viviríamos juntos sin alejarnos.
En nuestro día de reencuentro no paramos de demostrarnos el uno al otro la falta que nos hicimos, nuestras pieles se unieron en olas de placer una y otra vez, agotándonos hasta no poder más, arañando nuestras pieles y mordiéndonos de deseo.
Desperté con la luz del sol en mi rostro, una vez más tapada con la túnica de mi demonio, y dándole la espalda, me voltee para verlo, con un semblante de paz con el que tanto me gustaba admirarlo, desnudo en toda su gloría, mi Dios maligno y perfecto estaba a mi lado, mientras despertaba había temido que fuera solo un sueño de tantos de los que me desperté mientras viví atrapada en mi época, pero esta vez era real me recosté sobre su pecho feliz y plena, esperando la vida que venia para nosotros gracias a un destino extraño que nos había unido a pesar de que debían ser distintos.
Pues, esto es todo chicas, espero haya sido de su agrado este fic, creanme que ustedes son la mayor parte de mi inspiración,
gracias... mil mil gracias por leerme, y las veo por NUESTROS DESTINOS.
El último capitulo será el epilogo. espero lo disfruten igual que el resto, les recuerdo que después de este fic esta la continuación en un One Shot que se encuentra aquí mismo en FanFiction, pueden buscarlo como One Shot Destinos Distintos.
Les mando muchos besos y piiiil no olviden sus revews :*
