Planetarium del Cometa - Capítulo 36: ¿Infectada?

Durante todo el martes no hay nada fuera de lo común. El ruido de los tambores, alguna pelea de vez en cuando y la comida exquisita de nuestro chef Kirby protagonizan mi día. Suerte que después de dichas disputas podemos tumbarnos en el césped más próximo al núcleo de calor que hay en el centro de la astronave a descansar.

—Saria, ¿y esta pulsera?

—¿Qué?

—La pulsera —tartamudeo señalando el trozo de hilo que está atado a su muñeca izquierda.

—¿Uh? —se hace la tonta —¡Ah, esto! —reacciona al fin.

—¿Ahá…?

—Me la traje de mi aldea.

—Sí… ya.

—Que sí —insiste.

Nunca le había visto antes. Veo que hay algo escrito en ella.

—¿Qué pone en…? —le pregunto mientras voy girando la cabeza para lograr tener mejor vista.

—Es privado, cotilla —la niña se baja la manga y la mantiene agarrada con el puño cerrado.

En fin, Saria y sus tonterías. Desde donde estamos vemos a gente salir del baño, hablando delante del dormitorio de Estela —teniendo en cuenta que el Planetarium forma un círculo cerrado— y otras personas que aparecen de tanto en tanto mientras hacen footing por toda la astronave.

—¿No crees que estos días son demasiado tranquilos? —le pregunto a Saria.

—Nunca estás contenta con lo que tienes.

—Eh, que no me quejo… Solo se me hace raro.

—Por cierto —me cambia de tema—, ¿has visto a Link?

Me la quedo mirando y ella se va extrañando a medida que pasan los segundos.

—¿Hola?

—¿Tú y Link qué os traéis? Es decir, hay mucho secretito, ¿no?

Reconozco que estoy intentando que Saria me cuente lo que hablaron en la cocina. Me intriga mucho saber eso por varios motivos. Para empezar ambos son personas que me importan y, si se trata de algún problema, a lo mejor puedo ayudar; también es algo que, quieran admitirlo o no, me esconden… ¡Además que me aburro mucho aquí, ¿para qué engañarnos?!

—Nada —dice, pero yo espero una excusa—, él me dijo que quería enseñarme unos pantalones que ha traído de Ordon que yo conozco. El otro día me dijo que los tenía en el armario, tienen una buena historia detrás —se ríe.

—Ah —no sé si me ha convencido o no. De hecho, creo que me ha convencido pero no quiero admitirlo.

Espero que, en el caso que yo salga expulsada la semana que viene o cualquier otra sin haber sabido de qué hablaban, me lo pongan en el plató al salir.

—¡Link! —Saria se levanta.

—¿Qué pasa? —se escucha de fondo.

—¡Vamos!

Sin dar ninguna explicación ni lugar a esta última palabra que ha dicho Saria, ella se engancha a la espalda de Link y se alejan los dos.

—En fin… —susurro para mí.

Me levanto sin rumbo al que dirigirme, por lo que empiezo a pasear. Por la entreabierta puerta de la bóveda Mirador veo a Lucario poniendo lavadoras con Midna. Sigo adelante para encontrarme a Samus y a Ike sobándose en el sofá, mientras a lo lejos está Estela leyendo en los sillones rojos con unas gafas puestas. Amy se aburre o algo por el estilo y está corriendo mientras canta su canción de hace un par de pruebas.

De repente escucho quince golpes de tambor. Lucario y Midna sacan la cabeza del mirador, la pareja separa sus bocas, Estela alza la mirada y Amy se calla. Al rato aparecen Link y Saria de nuevo.

—¿Ha vuelto a sonar? —pregunta el rubio saliendo de la biblioteca con la niña en la espalda.

—Sí, yo estoy por ir a preguntar —suelta Samus. Ike se ríe ante eso, lo que me parece sospechoso.

—¡¿Qué ha explotado?! —escuchamos a Peach.

Me acerco a la torre donde se alza la cocina. La princesa está en el puente que la une con el techo de las grandes librerías.

—Nada, Peach, el tambor de siempre.

Ella hace un gesto de "me importa poco entonces" y se vuelve a meter adentro. Esos ruidos perturban los pensamientos de cualquiera, no sabemos qué es. Ya tengo algo que hacer hoy.

De hecho me tumbo en mi saco a pensar, pues la fábrica está cerrada y hoy no me apetece hacer nada. Los golpes que dan deben tener algo que ver con la prueba, o quizá sea una sub-prueba. Voy a considerar esto cierto pero, ¿en qué complementa a la fábrica? Intento recordar estos días anteriores, siempre han sido más de diez tamborazos… ¿o no?

—No recuerdo —susurro cerrando los ojos.

Pero debo saber de qué trata. Quizá la recompensa por resolver esto es la inmunidad, cosa que no me vendría nada mal. Esta semana Saria ha sido empujada a la zona peligrosa, no quiero visitarla yo de nuevo.

Las horas avanzan por más que no lo sepamos, aunque yo la voy controlando por el reloj de la cocina. Así es, hoy yo soy el pinche de Kirby junto con Sonic.

—¿Qué te pasa, Zel? —el chef me pilla desprevenida al pedirme que saque algo que no he escuchado de la nevera —Estás bien despistada hoy, ¿eh?

—Ah, nada.

—¿Segura? —Sonic se mueve para dejarse ver tras Kirby, que está en un taburete.

—Bueno, es que esto de los tambores me tiene un poco loca, la verdad —finjo una sonrisa.

Sonic hace un gesto muy extraño a mi parecer sobre esto.

—¿Tú sabes algo?

—¿Yo? No.

¡Vamos! ¿Por qué aquí la gente finge tan mal?

—¿Seguro? —le repito su misma pregunta.

Kirby para de darle vueltas a la tortilla y me dice:

—¿Qué pasa con eso?

—Que los tambores deben tener un significado que no logro entender.

—Yo también lo creo —dice tras una sonrisa.

—¡¿Qué?! No, no… Seguro que están para despistar —suelta Sonic.

—Zel, las especias.

—¿Eh?

—El cajón, que no llego.

Le doy a Kirby lo que necesita y vuelvo con el tema.

—Yo sigo pensando que hay una prueba verdadera y no es la que estamos haciendo.

—Puede ser. En algunas pruebas ha habido truco —suerte que Kirby me apoya.

—¿Ah sí? ¿En cuáles?

—La del Bosque Estelar tenía La Cúspide de fondo. Los minijuegos resultaban ser unos exámenes para elegir quién de nosotros se iba a enfrentar contra los expulsados —digo.

—El molino estalló antes de poder dar pie a una sub-prueba, pero imagina que a lo mejor también era un truco —la bola rosada sigue con su faena.

—No, lo de los minijuegos nos lo dijeron de primeras, y La Cúspide no fue una sub-prueba.

—Da igual, seguro que algo nos está comiendo sin que nos demos cuenta.

Sonic intenta desviar el tema pero no le dejamos. Tras haber hecho la cena, él ya tiene algo en mente:

—Me voy abajo que tengo que decirle algo a Ike.

Y directamente se apresura para ir a la puerta, pero por suerte o sin querer me fijo en algo justo antes de que desaparezca por la salida de la bóveda.

—La… ¿pulsera?

—¿Eh?

—Kirby, Sonic lleva la misma pulsera que Saria.

—¿Qué dices, loca?

—Que sí, esta mañana Saria llevaba una pulsera de hilo rojo, con algo escrito. Ahora se la he visto Sonic al cerrar la puerta.

—Habrás visto mal.

¡¿Pero por qué siempre que me pasan cosas así me toman por loca?!

—Sí, pero en medio de la cena fíjate.

Ayudo a Kirby a bajar las enormes bandejas de lomo adobado y tortilla que hemos hecho e inmediatamente la gente se sienta en la mesa, que ya está puesta. Hoy hemos hecho la cena más tarde de lo normal, por lo que la gente viene hambrienta.

—¡Que aproveche!

Empezamos y le doy señas a Kirby para que se fije bien. Reviso las muñecas de todos, pero muchos de los concursantes llevan manga larga e incluso guantes, algunos. Todos hablan como si no hubieran notado nada o como si la mitad de nosotros no estuviera metida en el caso, por lo que veo necesario sacar el tema y que así sea más fácil saber lo que está pasando.

—¡Escuchad! —aprovecho que se crea un silencio en la mesa para colar el tema— ¿Qué opináis de esto de los tambores?

—No sé, mejor no hacerle mucho caso —dice Ike al respecto.

—Hombre, podríamos preguntar… —sugiere Peach.

—No hace falta comerse la cabeza con eso —Samus intenta cerrar el tema.

A juzgar por las respuestas ya puedo decir que hay gente que sabe cómo funciona la sub-prueba. Sea por casualidad o porque voy bien encaminada, son justamente los que llevan las muñecas cubiertas.

—Lo digo porque me parece bastante sospechoso, a lo mejor la prueba no son los relojes.

—¿Qué dices? —Sonic vuelve a contradecirme.

—Zel, déjalo.

Tras oír la voz de Link diciendo eso veo que no es cosa de ese grupo de cuatro. Además, la pulsera de Saria también la incluye a ella en el saco, así que… ¿por qué Link no?
Alargo el brazo derecho por debajo de la mesa y consigo encontrarme la mano izquierda de Link. Suerte que lo tengo sentado a mi lado para poder comprobar lo que tengo en mente. Le tomo la mano, la separo por detrás de nuestras sillas y compruebo su muñeca.

—¿Qué haces? —susurra Link.

Efectivamente, lleva en su mano izquierda la pulsera. Le miro a los ojos y él se pone rojo.

—Ya sé todo lo que quería saber —le digo.

—Eh, que no.

—Calla, ya está.

Y con esto concluyo mi teoría en secreto. La mitad de la gente que hay aquí sabe la existencia de algo que me puede beneficiar. Es más, me beneficiará porque mañana lo diré en la biblioteca.

Tras la cena no espero para irme al saco. Link me sigue, no sé si tratando de confundirme o de hacerme cambiar de opinión. Lo único que hay claro es que su propósito es que no me acerque a nuestro confesionario.

—¿Duermes aquí? —le digo sin dar respuesta a lo que él me iba diciendo.

—¡No me cambies de tema!

—Link, sé lo que está pasando —le digo queriendo ocultar la risa que me producía esa situación—, no hace falta que me intentes comer la cabeza porque he tenido un día bastante libre para poder pensar en todo esto.

—No lo entiendes, harás el ridículo yendo a la biblioteca a explicar lo que se supone que pasa.

—Ya lo veremos.

Nos tumbamos ambos en los sacos, esta vez lejos de las tres chicas y Kirby. Termino durmiéndome antes que él y, además, despertándome antes que él y antes que todos.

Son las ocho de la mañana, ayer me puse un despertador que hice en la Sala de Máquinas. Consigo apagarlo antes que moleste a Link, el cual me tiene presa bajo un brazo. Se lo aparto procurando no despertarlo y me voy a la cocina de puntillas a por un café. Nadie tiene por qué notar que estoy levantada si hago ruido en la cocina, por lo que me siento libre al dejar la taza en el fregadero sin tener cuidado. Bajo las escaleras de la torre donde se corona la bóveda procurando no pisar la manta que he cogido del sofá para no tropezar y matarme.

—¿Qué haces despierta?

Link se mantiene de pie con los brazos cruzados enfrente del último peldaño.

—Maldita sea —susurro.

—¿Cómo?

—Nada, nada —lo aparto.

Me dirijo a la mesa y me sigue. No sé si sabe que pienso ir ahora mismo a contar lo que sé para comprobar si me sirve de algo la investigación de ayer, pero por si acaso disimulo.

—¿No desayunas? —le pregunto una vez sentada.

—No, primero acompáñame —dice señalando la biblioteca con un gesto de cabeza

—¿Qué?

¿Me llevará él mismo a descubrir el secreto de esta semana? Me vuelvo a levantar, extrañada. Lo sigo hasta la habitación donde cada semana un compañero desaparece, pero él se para enfrente de la puerta y me deja pasar. Una vez dentro nos sentamos los dos.

—Buenos días, chicos.

—Hey —contesta él

—Buenos días.

—¿Qué os trae por aquí?

—¡Quería…! —aprovecho.

—La he traído para reclutarla —ríe el rubio.

—¿Reclutarme? —me sorprendo.

—Señorita Zelda, ha sido infectada.

De repente se materializa un cofre y un tambor.

—¿Qué es esto?

—Se lo explicas tú, ¿no? —le dice Link a la Voz.

—Zelda, es el momento de que conozcas la verdadera prueba: Los infectados. Cada día dos de vosotros deberéis ser infectados sin ser descubiertos por los demás concursantes que no son aún parte de esta prueba. Abre el cofre.

Obedezco tras esas palabras y abro la resistente cerradura del baúl. No hay nada más que la pulsera roja con letras blancas que ya imaginaba.

—"Infectada"… —así que eso es lo que no pude leer.

—Esa pulsera deberá permanecer en tu brazo hasta que termine la prueba. Todos los infectados tenéis una.

—Lo sabía —suelto colocándomela—, ¿y el tambor este? Para los golpes que suenan a diario, ¿no?

—Exacto.

—Zelda ya lo sabía todo, suerte que me ha dado tiempo a traerla, que si no…

—¿Si no qué? —lo miro.

—Hubiéramos perdido la prueba. Se trata de que nadie descubra esto.

¿Así que si yo le hubiera dicho a Link que entraba yo sola a la biblioteca y hubiera contado mi teoría hubiéramos tenido otro castigo la semana que viene? Ha ido de un pelo. Me alegro no haber ganado yo.

—Bueno, pues ha habido suerte, supongo —les digo a ambos—, ¿le empiezo a dar a…?

—Solo tantos golpes como tu número de concursante —me informan.

—¿Número de concursante?

—Yo llegué aquí el decimoquinto en la primera gala, le di quince veces ayer al tambor.

—¿Pues yo le tengo que dar uno o dos? Lo digo porque cuando llegué Estela no era concursante pero ya estaba en la astronave.

—Uno. Estela es la decimoctava.

—Bien… pues allá voy.

Y con el golpe seco que le doy al tambor logro despertar a algún que otro compañero, ya que tanto Link como yo escuchamos gritos de susto tras la puerta.

—Ahora, para finalizar, deberéis escoger cuál de vosotros dos infectará a otro concursante y quien será el susodicho.

Nos miramos, pensando a quién infectar.

—¿Estela?

—¿Ella? ¿Por? —me sorprendo. Ella es la última que hubiera pasado por mi mente

—Porque si seguimos con Midna, Peach y los demás, se nos pasará por alto.

—Bueno, pues… —me lo pienso— vale.

—¿La traes tú?

—Tú te llevas mejor con Estela, a mí no me metas.

—Pero…

Link no hace cara de querer traer a Estela a la biblioteca. Están enfadados, es comprensible.

—No me hará caso —le digo.

—Podrías intentarlo —me pide.

Finalmente acepto. Durante el día de hoy debo conseguir que la propietaria entre a su propia biblioteca conmigo.