N/A: ¡Hola, chicas! Aquí Chibi Rukia reportando desde su casita. Siento mucho la tardanza, pero han sido unas semanas conflictivas y de mucho quehacer para ambas. Además, el pc de Halane parece que se queda pillado si pasa datos, de modo que me ha encargado a mí la tarea, nuevamente, de ser vuestra suministradora de capítulos. Este, en cuestión, es uno de los que más nos gusta a las dos y de los que más orgullosa nos sentimos. Esperamos sinceramente que os guste tanto como a nosotras, y que lo disfrutéis =D No os adelanto nada para que sea todo más sorpresita, ji ji ji ji ji.

Sin más preámbulos, ¡aquí os dejo!

¡Besitos!


~Capítulo 36~

Habían comido juntos y el idiota de Lavi había estado con esa misma falsa alegría durante toda la mañana, toda la comida y ahora mientras subían las escaleras. Si Kanda hubiera sido más cariñoso, le hubiera dado un abrazo o una palmada en la espalda, pero como no lo era se limitó a plantarse delante de la puerta de su gimnasio, impidiéndole pasar.

-Eh, usagi.

-¿Qué?- preguntó mirándolo con sorpresa, como si se hubiera olvidado de que estaba ahí. Kanda bufó exasperado, sabiendo que probablemente era la explicación correcta. La capacidad de concentración de Lavi era tan impresionante como la suya, o incluso mejor.

-Mira, no me gusta que estés saltando por ahí, pero si vas a estar pensando en tu vida no sé por qué tiene que ser aquí conmigo.

Lavi se quedó parpadeando frente a él unos segundos antes de sonreír, esta vez de verdad, aunque de una forma más apagada que de costumbre.

-Gracias, tío. Tienes toda la razón.

-Pero piensa lo que tengas que pensar.

-Claro, jefe. A tus órdenes.

-Y para de darme la razón como a los locos.

-Joder, si quieres paso de ti.

-Pues sería lo más normal, ¿desde cuándo me haces caso?- preguntó cruzando los brazos muy indignado

Lavi se rió.

-También es cierto. Venga, tira, que no te va a dar tiempo a ponerte buenorro para las chicas.

-Que te den.

Lavi se tumbó en las colchonetas mirando cómo su amigo se preparaba para entrenarse y, finalmente, empezaba a moverse con su habitual práctica y regularidad. Se dejó llevar por el ritmo de la peculiar danza de Kanda mientras se sumía en sus pensamientos.

Cuando le había dicho a Clara de quedar el miércoles, lo había hecho sabiendo que ese era el día que había quedado con Irene también, esperando así poder librarse de pasar mucho tiempo con ella. Estaba seguro de que acabaría declarándose otra vez y haciéndole daño o, peor, callándose y haciéndose daño a él mismo. O quizás era peor la primera opción. Ya no lo tenía demasiado claro.

Se pasó la mano por el pelo, echándolo hacia atrás. Los movimientos de Kanda se hacían más rápidos cada vez, giraba más bruscamente y con más fuerza, aparentemente sin pensar, pero con calculada intensidad, moviéndose todo el tiempo sin desplazarse realmente. Se preguntó si lo suyo no sería igual: giraban y giraban intensamente sin llegar a ninguna parte.

"Estoy haciendo metáforas comparando mi relación con una tía con el entrenamiento de Yu. Joder, sí que estoy desesperado." se reprochó medio en broma.

Estaba siendo un cobarde al intentar evitarla, pero no sabía qué hacer. Cómo demostrarle que ella sentía lo mismo que él. Porque tenía más que claro que lo sentía, aunque no quisiera aceptarlo. Sobre todo por sus estúpidos ataques de pánico, que le impedían verlo; esos que la hacían palidecer y temblar y adoptar una mirada escalofriante y vacía...

Se estremeció tan violentamente que se abrazó automáticamente sólo el tiempo en que tardó en darse cuenta de lo que hacía y soltarse para sonreír a Kanda, que había mirado hacia él fugazmente, ralentizando su entrenamiento durante un instante.

-Si te paras ahora te van a pillar así, Yu, y entonces no te las despegas en todo el día.

-Tsk- se giró- No digas chorradas.

-¡Venga! Con el cuerpazo que tienes- se rió al escucharlo quejarse-. Joder, es que es verdad, seguro que tienes músculos que no han sido descubiertos en otro ser humano, cabrón.

-Gilipollas- murmuró, volviendo a concentrarse en lo suyo.

Lo que ignoraba era que Lavi acababa de acertar de pleno, ya que las chichas se deslizaban escaleras arriba, Clara con mucha más reticencia, ya que Nanny les había dicho que se encontraba entrenando y sabía lo que significaba. De hecho, Rossanna casi tenía que tirar de ella para conseguir que subiese.

-D-de verdad que prefiero esperarlos abajo, Rossanna...

-¡Y una mierda!- dijo, alegre, alucinando debido al tamaño de la casa-. ¡Esto es una mansión casi! ¿De verdad que vive él solo aquí? ¡Si es casi tan grande como mi casa, y allí vivimos por lo menos veinte personas, contando con criados y todo! ¡Y pretendes que me quede abajo! ¡Ja! Además, tengo ganas de ver a tus amigos. Así que nada... ¡Arriba!

-Rossanna, de verdad que no...

-Quejica...- por fin llegaron a la tercera planta, y Rossanna se detuvo a observar-. A ver, la señora dijo que era... la puerta negra... ¡Ah! ¡Ahí!- tironeó nuevamente de la mano de la chica, que seguía recelosa con respecto a avanzar-. Vamos, por Dios, Clara, que parece que es algo malo. ¿Qué demonios tiene ese tío para que te dé tantísimo corte verlo entre-nar...?

Se quedó paralizada al abrir la puerta y encontrarse con la espalda musculosa de Kanda, que estaba llevando a cabo un giro a la izquierda, siendo el resultado un fuerte y certero golpe en la misma dirección, quedando de lado, mostrando el perfil de su rostro afilado y medio torso, que subía y bajaba con la respiración acelerada del muchacho, quien pareció percatarse de pronto de que las chicas estaban en la puerta. Se giró por completo y las miró frunciendo el ceño, empuñando con fuerza la espada, respirando agitadamente todavía.

-La madre que lo parió...- murmuró Rossanna-. ¿De dónde coño te sacas los amigos? ¿Los encargas o algo así?- le pregunto a Clara, que se escondía tras su cuerpo con la cabeza girada en otra dirección, completamente sonrojada.

-Ehm, hola. ¿En qué podemos ayudarte, preciosa?

La voz de Lavi sonó un poco más a la derecha, y consiguió a duras penas que Rossanna apartase la vista de Kanda y la posase en él durante unos segundos.

-¡Joder! ¡Y el otro! Clara, en serio, te voy a tener que matar por no haberme traído antes... ¡Esto es demasiado! A saber cuántas tías han tenido sueños eróticos semejantes...

-¡Rossanna!- gritó la chica, completamente sonrojada y avergonzada.

-¿Qué? Como si fuese mentira... Madre mía...- volvió a posar la vista sobre el japonés, que seguía mirándolas-. Coño... Está bueno de cojones...

La risa de Lavi sonó por todo el lugar, cada vez más próxima porque se había levantado de la colchoneta y se acercaba a las chicas como podía, entre risa y risa. Kanda, por su parte, había metido la espada en la vitrina.

-Hola, princesa- el pelirrojo se acercó a Clara y la abrazó y besó en ambas mejillas. La chica estaba tan tensa que casi le dio igual-. ¿Cómo estás?

-No muy bien.

-Vamos, vamos, que exagerada- dijo riendo-. ¿Y tu amiga es...?

-Rossanna- le respondió sin mirarlo, todavía con los ojos fijos en Kanda.

-Encantado, Rossanna. Por cierto, no va a mutar ni va a cambiar por mucho que lo mires, ¿eh?- dijo, divertido.

-Ya lo sé.

-¿Entonces? No es por empezar con mal pie, pero le incomoda bastante que lo miren así.

-¡Coño! A ver, no me jodas, Lasi.

-¿Lasi?- murmuró.

-Un tío no se pone así de cachas para que no lo miren. ¿En serio que los músculos son de verdad?

Lavi se estaba muriendo de la risa mientras Kanda hacía uso de una paciencia que no sabía que tenía para intentar no mandar a la mierda a la amiga de Clara, quien seguía evitando mirar al japonés en todo lo posible.

-Sí, hija, son de verdad. Anda... ¡Yu! ¿No te presentas?

-Tsk.

-No, si ya está comprobado que los musculitos no son muy elocuentes...

-Me llamo Kanda- gruñó-. Ahora disculpadme, voy a meterme en el baño- y sin más se dio la vuelta y se encerró en el cuarto de baño.

-Qué majo Yu, guardando los modales hasta cuando está que trina. Por cierto, me llamo Lavi, La-Vi, no Lasi.

-¡Ya sé que es Lavi!- gruñó, sorprendiendo al chico-. Pero me sale Lasi, de modo que Lasi se te queda hasta nuevo aviso.

-Está bien, como quieras. Menuda amiga que tienes, Clarita.

La chica ya asomaba un poco por detrás de Rossanna, y sonreía, todavía bastante ruborizada.

-¿Ya sales? Menos mal.

-No entiendo a qué viene esta tontería, princesita, si ya lo has visto en bañador cuando estuvimos en la piscina.

-Sí, bueno, pero no es lo mismo, Lasi. Lo que pasa es que seguramente no es la primera vez que lo ve así, todo sudado y potentorro y le pone como una moto.

-¡Rossanna!- exclamó, completamente escandalizada y mucho más sonrojada que antes-. ¡Por favor no digas esas cosas!

-¿Lo ves? Pobrecita, pero no te avergüences, eso es que eres humana y tu amigo está MUY bueno- dijo alzando los hombros-. Tú también lo estás, ¿eh?

-Vaya, gracias, Rossy.

La chica se estremeció.

-No me llames así.

-Está bien, Rossanna. Tú también eres una preciosidad.

-No me hagas la pelota por quedar bien, anda.

-No, si no es por quedar bien- se acercó y le pasó un brazo por los hombros-. Además, la sinceridad me gusta- añadió guiñándole un ojo. Ella soltó una carcajada.

-Viniendo de un tío que se enrolló con una de las pink ladies, no sé si debería creérmelo.

Lavi fingió una mueca de dolor.

-Golpe bajo, Terrier. Pero que conste que tenía unos melones increíbles.

-¿Terrier?

-Sí. A cambio de Lasi... Perro por perro, preciosa.

Los dos se rieron y miraron a Clara, que parecía cada vez más incómoda.

-Si quieres puedes esconderte en el baño, con tu amigo.

-¡Ro-rossanna, por favor!

Lavi soltó a la efusiva chica para ir a rodear la cintura de Clara.

-Venga, princesita, relájate.

-¿Cómo me voy a relajar?- se dio una palmada en la frente mirando a Rossanna con reproche-. Lo has hecho enfadar.

-Pero si Yu siempre está enfadado...

-Ya se le nota, parece que no sonríe nunca.

-Más o menos. A veces se le escapa, no creas, pero en seguida le pone remedio.

-Dejadlo ya- suspiró Clara. Vaya manera de empezar.

-Vale, vale. Ya me callo- dijo Rossanna-. Pero que yo me calle no quita que...

-Al salón.

Clara le agradeció la interrupción a Kanda con una tímida sonrisa que él no fue capaz de corresponder más que con una mirada fría y borde que la hizo adoptar un gesto triste. Ella no había hecho nada, todo lo contrario, ¿por qué tenía que mirarla así?

Mientras bajaban las escaleras, Rossanna se fijó en que Clara parecía realmente afectada, así que se acercó al japonés y le puso la mano en el hombro, haciendo que al final los cuatro se pararan.

-Dime- apremió Kanda, deseando que dijera la burrada que tenía que decir.

Ella sonrió.

-Oye, no quise molestarte. Realmente me parece que estás muy bueno y eres un bombonazo, pero no lo dije para incomodarte, ¿vale? Ya sé que tengo una manera de hablar bastante brusca, pero no iba de mal rollo, así que tampoco te quedes con esa mala leche.

El chico la miró fijamente como intentando procesar lo que acababa de decirle. Lavi le apretó el brazo con disimulo y él asintió con la cabeza antes de darse la vuelta para seguir andando. Rossanna se volvió y le hizo un encogimiento de hombros a Clara, que se había quedado sorprendida al ver lo que ella había hecho.

-Aquí- anunció Kanda abriendo la puerta y dejándolos pasar.

-Gracias, Yu, eres un portero flipante.

-Tsk.

Se sentaron en el sofá, dejando a Clara en medio, y Kanda se puso en una de las butacas.

-Bueno, princesa, dame ese guión tan chulo.

-Qué responsable, nada más llegar y ya pide el material- bromeó Rossanna.

-Ya ves, la vida es dura, Terrier, hay que sacar tiempo de debajo de las piedras.

Clara sacó el guión del bolso grande que llevaba, estaba cuidadosamente archivado en un fichero.

-Muy bonito- murmuró Lavi, empezando a hojearlo. El cambio que experimentó fue tan grande que bastó para que las dos se quedaran calladas, mirándolo con curiosidad. Kanda siguió a su bola, él ya había visto esa faceta de Lavi muchas veces. El pelirrojo tenía el ceño fruncido, se había concentrado a una velocidad pasmosa y leía también rápidamente, un trozo aquí y otro allá sin mover más que las manos y los ojos.

-¿Y bien?- preguntó Rossanna cuando cerró la carpeta cinco minutos después.

-Yo ya leí esta obra... Es más, actué en ella hace dos años. Está muy bien- le sonrió a Clara-. Tienes un personaje realmente interesante, princesa.

-¿Cuál?

La pregunta vino de su amiga, que le agarraba la mano emocionada.

-El de una chica fuerte.

-Entonces lo hará de vicio, ¿a que sí?

Lavi sonrió.

-Eso creo yo también.

-Y-yo... No sé si soy...

-¿Adecuada para el papel?- la recorrió de arriba a abajo con su ojo verde-. Yo creo que sí. En todo caso, hasta que no te vea actuar no lo sabré. ¿Has leído algo?

-P-pues sí... Todo.

-¿Y te has estudiado algo?

-S-sí... Más o menos.

-Esa es mi princesa.

Kanda gruñó.

-¿Con más o menos qué quieres decir?- inquirió desde su butaca.

-P-pues que sólo son un par de momentos aislados...

-Hm.

Rossanna le frunció el ceño y luego miró a Lavi.

-¿Por qué no intentas hacer una escena con ella, eh, Lasi? Así se sentirá más segura.

El chico sonrió.

-Buena idea. Venga, va, hagamos... la primera escena del salón, ¿sabes cuál te digo?

Clara asintió con la cabeza.

-S-sí, pero no me la sé de memoria...

-No importa, déjame leerla un momento y quédate la carpeta tú, ¿vale? No pasa nada porque vayas leyendo.

-V-vale.

El pelirrojo la leyó rápidamente, memorizándola.

-Bien, todo tuyo.

-¿Ya te lo sabes?- preguntó Clara.

-De pe a pa.

-Joder, y encima eres listo... ¿dónde dices que has estado todos estos años?- preguntó Rossanna.

-En muchos sitios, créeme.

-¿Solo?

-Pocas veces- rió alegremente-. Venga, ¿lista?

-No- reconoció, muy nerviosa.

-Ya verás que no es nada- le guiñó el ojo, sonriente y aspiró profundamente-. Oye, Terrier, ven y hazme un favor. Coge el guión y lee las frases de la madre, anda.

-Si no hay más remedio- dijo, alzando los hombros y colocándose junto a Clara, que al igual que Lavi se había puesto en pie. Carraspeó, preparándose para declamar-. Venga, venga por aquí, Lord Duncan. ¿Me pregunto dónde...? ¡Oh! ¡Aquí estás, pequeña mía!- puso voz de mujer madura-. Mirad, Lord Duncan, esta es mi hija mediana, Elvira. Elvira- le indicó con una mano que se levantase-. Este es Lord Duncan, el prometido de tu hermana Madeleine.

Clara se movió, nerviosa, e hizo una leve inclinación.

-E-es todo un honor, milord.

Lavi no dijo nada, sólo la miró de arriba abajo con algo de desdén y poco interesado, y por un momento, Clara tuvo la impresión de que frente a ella se encontraba Kanda, no Lavi.

"Qué bueno es" pensó.

-En fin, os dejo a solas para que charléis. Iré a buscar a la criada para que le traiga algo de comer, milord.

-Gracias, señora- dijo Lavi con un tono de voz muy solemne, haciendo una reverencia acompañada de una sonrisa ladeada-. Sois muy generosa.

-Suerte- le susurró a Clara antes de volver a sentarse en su lugar.

La rubia suspiró pesadamente, muy intranquila todavía, y se volvió de nuevo hacia Lavi, que seguía contemplándola con la frialdad marcada en su ojo verde.

-¿Q-qué tal el viaje, milord? Debe... de haber sido... agotador...

-No demasiado. Estoy acostumbrado a hacerlos más largos- respondió con total indeferencia.

-Ah...- miró el libreto un par de veces y alzó la vista, memorizando todo lo que pudo-. Claro, debí suponerlo... un hombre de vuestra posición... sin... sin lugar a dudas debe de estar más que experimentado en estas cosas- rió nerviosa-. Y decidme...

-No os molestéis- interrumpió con dureza, caminando un poco hacia la ventana y mirando a través de ella, para luego dirigirle una mirada irónica que le dolió un poco, a pesar de que supo que era actuada-. Estáis intentando entablar conmigo una conversación que no deseáis en absoluto, y vuestro patético esfuerzo por disimularlo no hace más que evidenciaros. Sería mucho mejor para los dos que os marchaseis a coser o a leer a alguna otra parte y me dejaseis aquí esperando a vuestra madre, que seguramente tendrá cosas más interesantes que comentar conmigo, o por lo menos será capaz de disimular su falta de temática a la hora de conversar mucho mejor que una niña como vos.

Clara sintió que temblaba y tuvo que agachar la mirada. Se sentía tremendamente cohibida por Lavi... No, por Lavi no... Por aquel siniestro y frío personaje. Leído no le había parecido ni la mitad de cruel que interpretado, más si era alguien tan bueno como su amigo. Negó con la cabeza y el muchacho suavizó la mirada y el gesto, acercándose a ella y abrazándola.

-Lo siento, demasiado realista supongo. Es que tengo una buena fuente de inspiración- esto último se lo susurró al oído, y la chica se estremeció.

Tenía razón. Le recordaba demasiado a él y eso no hacía sino empeorar las cosas.

-No es que seas demasiado realista, es que ella es incapaz de meterse en el papel- dijo Kanda.

-No es eso, Yu, lo que pasa es que Clara es demasiado insegura y el personaje le impone demasiado. Tiene que tener más fe en si misma y ser capaz de enfrentarse a él. Vamos, Clarita- la cogió del mentón y le levantó el rostro-. Estoy segurísimo de que puedes hacerlo- le guiñó el ojo.

-Tsk. Si tú dices que puede.

Lavi la sintió temblar en sus brazos, pero al mirar sus ojos no vio miedo, ni dolor, y eso lo hizo sonreír.

-Déjame el guión para ver que podemos hacer ahora... algo que te demuestre que eres fuerte...- lo ojeó con rapidez-. ¡Oh! Esta escena es genial, toma- le dio el libreto por la página adecuada y la chica lo leyó rápidamente-. ¿Que te parece? ¿Te la sabes?

-S-sí, es una de las partes que me sé.

Lavi sonrió, divertido por la pequeña coincidencia.

-Bueno, déjamela un segundo y enseguida nos ponemos a ello- lo leyó y memorizó con la misma rapidez que la vez anterior y se lo tiró a Rossanna-. Vale- dio una palmada-. Vamos allá- repitió el mismo proceso de antes y en su ojo volvió a brillar la frialdad-. Y nuevamente os comportáis como una niña caprichosa. Qué remedio, supongo, si es lo que sois a fin de cuentas.

-Señor... dejadlo... por favor...- a pesar de que sonaba todavía bastante insegura, parecía más situada.

-¿Que lo deje?- soltó una risotada-. Ah, la verdad duele, ¿a que sí? Sí, eso es lo que pasa contigo, que en tu familia nunca ha sido nadie capaz de ir con la verdad por delante y estáis acostumbrada a un trato fácil y sereno. Pues lamento deciros que conmigo no va a ser así. Y como pronto seremos cuñados y viviremos definitivamente bajo este mismo techo, tendréis que amoldaros a mi forma de veros.

Clara respiró con fuerza y se llevó las manos a los ojos. Le estaba doliendo de verdad. Lavi se acercó a ella y la abrazó de nuevo, y le lanzó a Kanda una mirada de advertencia para que no dijese ni pío.

-Escúchame, princesa. Escúchame bien. No actúes, ¿entiendes?

-No...

-Haz tuyo el papel, haz tuya la personalidad y la situación. No seas como Elvira, conviértete en ella. Intenta sentir su dolor y frustración, ¿vale? Utiliza tu propia experiencia si es necesario. Sabes a lo que me refiero- le sonrió.

Clara asintió con la cabeza y respiró profundamente varias veces, intentando situar en su cabeza a Elvira, sintiendo lo que ella sentía, utilizando el malestar que había sentido tantas veces hablando con él cada vez que la miraba mal o la rechazaba, cada vez que sentía que la trataba como un estorbo. Cuando volvió a abrir los ojos, Lavi pudo ver que estaba lista y sonrió, repitiendo una vez más el proceso de adueñarse del papel y repitió el último párrafo.

-¿Que lo deje?- soltó una risotada-. Ah, la verdad duele, ¿a que sí? Sí, eso es lo que pasa contigo, que en tu familia nunca ha sido nadie capaz de ir con la verdad por delante y estáis acostumbrada a un trato fácil y sereno. Pues lamento deciros que conmigo no va a ser así. Y como pronto seremos cuñados y viviremos definitivamente bajo este mismo techo, tendréis que amoldaros a mi forma de veros.

Clara hizo una leve pausa. Lo miró con insistencia durante unos minutos. Cuando Lavi estuvo por preguntarle si se encontraba bien, Clara abrió la boca y habló, casi escupió las frases del texto.

-¿Por qué me menospreciáis, milord?- su voz temblaba, pero no era por miedo. Dio un par de pasos y se acercó, dubitativa-. A mí, que todo he intentado para ganarme vuestro aprecio, que he cuidado mis actos a fin de no perturbaros, de no causaros molestia alguna- gesticuló con las manos, respirando con agitación-. A mí, que he intentado dejaros en paz hasta donde las mínimas exigencias de cortesía lo permitían- su voz empezaba a sonar desesperada-. No… No he de llorar ahora ni demostraros el dolor que me causáis- agachó la mirada y volvió a subirla, iracunda, casi. Lavi estuvo tentado de retroceder un par de pasos. No reconocía a Clara ahora mismo. Tenía a Elvira, y tuvo que reprimir la sonrisa que tentaba por nacerle en los labios-. He de odiaros, mostraros mi lado más orgulloso y gritaros, olvidar mis modales para con vos- llevó las manos contra el pecho y luego las soltó con violencia-. ¡Os odio cuando me despreciáis con vuestros fríos ojos! ¡Os odio cuando me tratáis como a una niña! Sois un arrogante, un cretino. ¡Merecedor de todas las infamias y calamidades por vuestra falta de tacto, vuestro rechazo hacia mí!- elevó el brazo derecho y lo señaló con el dedo, acusador-. ¿Sabéis que es lo más ruin, lo más despreciable de vuestro comportamiento? Lo engañoso de vuestra actitud, que me lleva a desconfiar de vos porque un momento me apreciáis y al otro parecéis no desear verme. ¡Os odio! ¡Os odio!- agachó la mirada y apretó los puños, casi furiosa, con los ojos hinchados y brillantes-. ¡No imagináis cuanto he llegado a despreciaros en esas ocasiones en las que me tratáis como basura! ¡Llorad al menos! ¡O reíd! Pero no sigáis con esa mirada horrible e inhumana. ¡No volváis a insultarme de esta forma, como si yo no fuese más que una mota de polvo y mis palabras fuesen susurros de viento! ¡Como si realmente mi voz no fuese escuchada!- alzó la cabeza y las lágrimas se le escaparon de los ojos cerrados.

Lavi respiró profundamente, intentando no salirse del papel, y preguntándose si realmente existía alguien tan duro como para permanecer indemne ante una revelación semejante, ante tanta pasión, dolor y frustración. Ni siquiera Lord Duncan permanecería impertérrito ante Elvira después de tamaña escena; acabaría viendo su pasión, su fuego y encaprichándose con ella, introduciéndolos a todos en una espiral con un fondo negro.

Clara puso la cabeza a su altura y separó los párpados, respirando con lentitud e intentando controlarse.

-Así que queréis que os reconozca- la voz de Lavi tenía cierto tono tembloroso, el justo para el papel, aunque muy gustoso hubiese mostrado lo perturbado que estaba por la actuación de su amiga-. Queréis que sea capaz de veros- se acercó a ella con paso lento y con aplomo. Clara no retrocedió. Ni lo quería. Nunca más iba a retroceder ante esa figura imponente. Ni siquiera cuando la mano de Lavi se deslizó por su mejilla y acabó tomando su barbilla, mirándola con ojos brillantes y sinuosos-. Elvira, nunca os había visto tan claramente como ahora…-hizo ademán de besarla en los labios y tuvo que reprimir otra sonrisa al escuchar una respiración cortada y el gruñido que sonaron de fondo, pero Clara fue más rápida y apartó el rostro.

-Por favor, milord- había enrojecido un poco-. Guardad las distancias…- apartó la mano del hombre con la suya propia-. Sois el prometido de mi hermana, no juguéis con fuego u os quemaréis.

La forma en la que Lavi entrecerró su ojo verde le pareció perfecta y tuvo que respirar con fuerza de nuevo para no volver atrás.

-A veces quemarse puede ser divertido, milady, pronto lo comprobaréis en vuestras carnes.

Y con un movimiento rápido que ninguno acertó a ver bien, Lavi posó sus labios suavemente sobre los de ella en un beso más casto que el que insinuaba el guión y se separó de ella, adoptando un gesto triunfante al comprobar su turbación y su confusión, y luego el sonrojo de la propia Clara que parecía acabar de caer en lo que su amigo acababa de hacer.

-¡Lavi!- gritó, molesta.

El pelirrojo se echó a reír, rompiendo la máscara de frialdad que se había hecho.

-Vamos, princesa, si ha sido un beso inocente.

-¡Pero… pero… pero…!

-Venga, tanto drama por un…- su semblante cambió-. Espera… no me digas… que era… tu primer beso…

-¡Idiota!- se dio la vuelta, enrojecida, con las manos en la cara.

Rossanna soltó una carcajada, y Lavi la miró por primera vez desde que se había sentado en el sofá. Se fijó que tenía las mejillas rojas y los ojos algo hinchados, y sonrió, orgulloso de que Clara hubiese sido capaz de emocionar a su amiga. Luego desvió su mirada hacia Kanda, que parecía impasible, pero sabía que estaba perplejo y a la vez furioso con él por haberla besado sin su permiso.

"Me pregunto…" pensó.

-Idiota no, tú que has sido lenta. Joder, si sabías que el personaje la iba a besar, podías haberte quitado.

-¡Y tú cállate!- le gritó, quitándose las manos de la cara y mirándolo, dejando a todos muy sorprendidos, incluido al mencionado-. ¡Siempre igual! ¡Siempre con lo mismo! ¡Eres idiota, eres lenta, eres estúpida! ¡Cállate, cállate, cállate!- remedó, gesticulando-. ¡Pues ahora no me da la gana de callarme!- estaba realmente alterada, sus mejillas enrojecían por momentos y su voz cada vez era más chillona-. ¡Me ha jodido que me quitase mi primer beso! ¿Te queda claro? ¡Tanto como tú cuando me mandas callar o me miras como si fuese nada! ¡Si no te caigo bien, si no te gusta que te esté rondando me lo dices y no vuelvo a acercarme a ti por mucho que me duela!- volvió a llorar-. ¡Pero no me hagas creer que te importo para luego tratarme como a una mosca molesta!- lo miró de nuevo.

Kanda no supo qué cara poner ni qué decir. Se quedó perplejo, mirándola, enfadado con ella y con él mismo, alterado, y aguantándose el genio. Se sintió estúpido y mal consigo mismo. No era que Clara se estuviese rompiendo frente a él, como la otra vez. Estaba ya rota. La había ido rompiendo poco a poco y sin darse cuenta, y ahora ella sólo se lo estaba mostrando.

-Vamos, princesa, cálmate- Lavi se acercó por detrás, bastante temeroso de que saltase también contra él y la tomó por los hombros con cuidado-. Siento haberte besado- le susurró.

Clara se movió un poco y se soltó de él, apretando los puños y respirando con fuerza hasta que rompió a llorar, agobiada, sollozando intensamente. Rossanna, que había permanecido quieta durante la bronca de su amiga, casi saltó hacia ella y la abrazó con fuerza, cayendo con ella al suelo pesadamente y sintiendo como se abrazaba a su cuerpo, desesperada.

Lavi miró con dureza a su amigo, que de pronto se sintió como la mierda más grande del mundo. El pelirrojo se acercó a él y lo tomó del brazo, intentando moverlo, pero al ver que no cedía, decidió hablarlo allí mismo, para dejar las cosas claras.

-Bueno, creo que ya ha quedado todo claro, ¿no? ¿Ves lo que te decía?

-Cállate.

-Oh, no me mandes callar sólo porque no sabes que responder, joder.

-Que te calles.

-¿Vas a gritarme ahora tú a mí sólo porque Clara te ha dicho que no quiere que la trates como una mierda? Que por cierto, eres tú ahora quien debe sentirse como una mierda, ¿verdad?

-Que cierres la puta boca, Lavi. No es contigo con quien tengo que hablar de esto. Así que coge a la pelirroja y sal de aquí.

Lavi se sorprendió al ver el brillo de ojos de su amigo, y decidió hacerle caso. Le costó mucho separarla de Clara, pero al final acabó cogiendo a Rossanna en brazos, le dio un pequeño achuchón a Clara y un beso en el pelo, susurrándole que fuese fuerte. Luego se levantó y se marchó con la chica, que no dejó de mirar hacia atrás hasta que salieron de la habitación.

Dentro sólo quedaron los sollozos de Clara y la respiración de Kanda, que intentaba regularizarse. Tomó la rubia del brazo con algo de fuerza y la levantó sin trabajo, soltándola en el sofá y dándole un pañuelo, que la chica asió con dedos temblorosos. Aquel reventón había sido demasiado para ella.

-Lo siento- susurró entre sollozos.

-No lo sientas si es lo que piensas.

-No es por eso. No he debido decírtelo ni así ni delante de ellos. He debido saber comportarme… he debido… Dios… Debería ser capaz de controlarme.

-No me jodas. De otro modo no te habría salido.

Clara sorbió, dándose cuenta de que tenía razón.

-Es verdad. Lo cual no significa que haya estado bien.

-A ver...- Kanda se lo pensó, pero no le quedaba otra. Se sentó junto a Clara, que lo miró a los ojos, lo que hizo que frunciera el ceño: no parecía tímida ni asustada a pesar de su disculpa humilde. Bufó. Si se lo iba a poner difícil, tendría que ir por el camino corto-. Supongo que he sido un cabrón insoportable.

-Más o menos- concedió ella sonándose-. Pero sólo a veces.

El japonés frunció los labios en una mueca de descontento.

-Tsk. Gracias.

Clara apretó el sofá buscando algo firme. El agotamiento la había mareado. Sentía el sudor frío en sus manos. El médico le había dicho que no se alterase y ahí estaba ella, haciendo escenitas dramáticas que desembocaban en ataques de ira. Pues vaya.

-Como te dije, no revolotearé más a tu alrededor. Puedes estar tranquilo. Lavi puede enseñarme en su casa, o en el colegio. No es necesario que invadamos tu intimidad- lo dijo con la voz más fría que tuvo y el chico la examinó atentamente. Esa era una Clara que no conocía, una Clara decidida.

-No creo que necesite enseñarte más- musitó escondido tras su flequillo y sus mechones sueltos de pelo.

-¿Cómo dices?

-Que no creo que necesite enseñarte más- alzó la cara otra vez con una sonrisa de las suyas que estuvo a punto de quitarle el enfado a Clara-. Lo has hecho genial. Has impresionado al baka usagi; le costó seguir por un momento.

-¿Tú crees?- no pudo evitar sonar complacida.

-Sí.

-Gracias.

-De nada. Y...- gruñó, cogió aire, bufó, volvió a coger aire y al fin se decidió a hacer lo que casi nunca hacía-. No te mandaré callar. Ya te dije que cuando quisieras algo, lo dijeras. Podrías haberlo dicho antes.

Clara lo miró, perpleja.

-¿Te estás... disculpando?

-Tsk. ¿A ti qué te parece?

-Que estás en ello- se dejó caer hacia atrás porque no podía soportarse a sí misma-. Un "lo siento" sería más apropiado, ¿no te parece?- añadió con los ojos cerrados.

-¿Qué?

Clara abrió un ojo humedecido por las lágrimas de rabia y el cansancio de su cuerpecito.

-Que un "lo siento" sería más adecuado para disculparte, Kanda. Te sorprendería saber que la amabilidad funciona de vez en cuando.

El japonés se preguntó cuándo la niña tímida, sumisa y diminuta que había llegado a su casa unas semanas antes había pasado a tener el mando de la situación y lanzarle sarcasmos firmes y ligeramente autoritarios. La recorrió de arriba a abajo, evaluando su estado.

-Para estar a punto de desmayarte, te muestras muy segura de ti misma de repente- le espetó.

-¿Lo sientes?- preguntó otra vez, en un susurro.

-Tsk.

-¿Lo sientes o no lo sientes? Te lo he dejado en sí o no. Más fácil imposible- se rió un poco-. Aunque seas un musculitos no muy elocuente...

-Joder...- se dejó caer él también contra los cojines de la parte de atrás del sofá-. Sí, lo siento, ¿vale?- la miró de reojo-. ¿Contenta?

-Sí- se pasó la mano por la cara con suavidad y empezó a levantarse-. Tengo que irme...

Empezó a levantarse, pero le fallaron las piernas y Kanda la atajó justo antes de que se fuera de narices contra la mesa.

-No te ofendas- empezó prudentemente, aunque no pudo evitar sonar irónico-, pero creo que no estás en condiciones de ir a ninguna parte.

-Si me ayudas quizás... Oh...

-¿Qué?

-Oh...- se agarró con más fuerza a él, que la apretó instintivamente, y de pronto su cuerpo se relajó del todo y su cabeza cayó hacia atrás.

Kanda parpadeó perplejo durante dos o tres segundos, agitándola suavemente.

-Eh. Clara- frunció el ceño-. Clara- bien. Desmayo-. Mierda.

La levantó en brazos cuidando de que su cabeza quedara hacia adelante contra su pecho para que no se atragantara con su lengua - un detalle que su padre le había enseñado años atrás - y subió las escaleras sujetándola con firmeza, entrando en el cuarto de sus padres para dejarla en la cama que compartían, llena de cojines que la mantendrían casi sentada.

-Clara- volvió a llamarla, sacudiéndole el hombro-. Venga, joder.

Miró a su alrededor, preocupado, pensando qué podía hacer. Que él supiera, la anemia sólo provocaba debilidad... Tampoco debía ser nada preocupante. Observó su rostro pálido y su cuerpecito inerte y suspiró. Si no lograba despertarla rápido llamaría al médico. Pero no tenía caso alarmar a nadie por un simple desmayo. Entró en el baño, cogió una toalla pequeña y la mojó y escurrió para dejarla húmeda. Después abrió el botiquín y le puso algo de alcohol y volvió a la habitación. Se sentó en la cama junto a ella, y le secó la frente y las mejillas con la toalla que luego le puso bajo la nariz, esperando que el olor del desinfectante la reanimara, y tras unos segundos se vio recompensado por un movimiento lento de sus párpados, que acabaron por abrirse.

-Oh...

Kanda contuvo el suspiro de alivio que pugnaba por salir de sus labios y apartó la toalla para dejarla respirar.

-¿Tengo que llamar a un médico?

Ella lo miró sin comprender ni una palabra, todavía aturdida y llevándose una mano temblorosa a los labios y luego al resto del rostro.

-¿Qué?- musitó débilmente.

-Que si tengo que llamar a un médico- repitió pacientemente.

-¿Eh? ¿Por qué?

-Porque acabas de desmayarte.

-¿Yo?- Clara tanteó a su alrededor las mantas de la cama y miró las paredes vagamente-. Oh...

-Deja de decir "oh"- espetó sin poder contenerse.

-¿Cómo...? No importa- cerró los ojos.

-¿Llamo al médico o no?

-N-no... Con un vaso de agua estaré bien.

Él asintió con la cabeza y volvió a pasarle la toalla por las mejillas y luego por el cuello. Mientras, cogió el teléfono que había en la mesilla con la otra mano, lo aguantó con la cara contra su cuello y marcó un número corto.

-Nanny. Un vaso de agua. En la habitación de mis padres.

-Podrías haber ido a por él tú mismo- murmuró Clara.

-No.

-¿Qué ha pasado, señorito?- preguntó la mujer asustada al verla en la cama tan blanca y a su joven amo siendo tan amable.

-M-me he desmayado, Nanny- explicó Clara con voz temblorosa.

La criada se acercó con el vaso y Kanda se apartó para dejar que ayudara a Clara a beber, cosa que ella hizo lenta pero constantemente.

-¿Quiere que avisemos a su médico, señorita?

-Con esto ya estaré bien. Gracias.

-¿Está segura?- le puso un mechón de pelo detrás de la oreja con dulzura y Clara sonrió débilmente.

-Sí... Sólo necesito descansar un poco, si no es molestia- miró a Kanda al decir eso último y él asintió con la cabeza.

Nanny se levantó para salir y Kanda hizo lo mismo. Nanny lo dejó pasar, pero lo retuvo al otro lado de la puerta.

-Señorito.

-¿Qué?

-No debería dejar sola a la señorita Clara. Si está tan débil como para desmayarse, podría pasarle otra vez. Es mejor que alguien la vigile mientras descansa, ¿no cree? Si me lo permite, estaré encantada de hacerlo, aunque aun queda ropa por planchar y...

Kanda gruñó.

-Vale, me quedaré.

-Como desee, señorito.

"Sí, claro. Como desee... Como desee ella." se dijo para sus adentros.

Entró nuevamente y en seguida se dio cuenta de que Clara ya estaba dormida. Tenía mejor color. Bueno, al menos tenía color. Acercó una silla a la cama y se sentó de brazos cruzados a esperar a que se despertara. Pero no se despertaba. Bufó y miró el reloj. Treinta segundos. Bueno, tan poco no iba a dormir, era evidente. Siguió esperando. ¿Tres minutos?

-Joder- masculló empezando a balancear una pierna adelante y atrás. No se le daba pasado el tiempo-. Voy a ir a por un libro- decidió poniéndose en pie, y sus ojos se fueron a la cara pálida de Clara y luego bajaron hasta sus manos, esas manitos tan pequeñas y frágiles que le habían impresionado tanto la primera vez y que ahora temblaban un poco debajo de su ombligo. De donde suponía que lo tenía, se especificó, tampoco lo estaba viendo.

Se dejó caer en la silla otra vez: no podía irse. ¿Y si le pasaba algo mientras él estaba haciendo el idiota eligiendo un estúpido libro por no ser capaz de esperar un poco? ¿Cuánto tiempo podía tener que pasar ahí? ¿Dos horas? ¿Tres como mucho? Tampoco era tanto.

Volvió a examinar su reloj.

Seis minutos.

Y no paraban de temblarle las manos.

-Para – gruñó enfadado mientras les ponía la suya encima para que dejaran de estremecerse, pero no dio mucho resultado. Resopló enfadado, sintiéndose bastante inútil, y se fue a mojar la pequeña toalla y volvió a su sitio, cogiendo primero la manito que tenía encima y frotándola con toda la suavidad de la que fue capaz considerando que se moría de ganas de que Clara se despertara y le ahorrara estar ahí mirando las paredes del cuarto de su madre, que conocía demasiado para encontrar entretenidas. Repitió el proceso con la otra y comprobó aliviado que parecían haber decidido que ya podían dejar de estar tan alteradas.

"Y yo debería dejar de pensar en ellas como seres independientes, son unas putas manos. Esperar es una mierda."

Se sacó el móvil del bolsillo y le dio vueltas considerando la posibilidad de llamar a Lavi, que seguramente se ocuparía de Clara mucho mejor que él. Qué asco tener una criada en casa y tener que estar allí sentado como un idiota. Pero Nanny no quería hacerlo y si la obligaba después tendría que aguantar sus estúpidas miradas de reproche, que lo incomodaban más que nada.

Pero era miércoles, y Lavi tenía algo importante que hacer.

-Será inútil- maldijo guardando el aparato otra vez.

Se deshizo la coleta y la volvió a peinar, montándose tal embrollo por los nervios de estar sin hacer nada que tardó el doble de lo normal, y aun sabiendo que debería haber agradecido la pérdida de tiempo no la encontró agradable.

Volvió a mirar a su alrededor. Sobre un arcón a los pies de la enorme cama había una funda de vestido. Como se aburría, se levantó y lo abrió, sintiéndose curioso. Era algo que normalmente no haría, pero normalmente tampoco se veía obligado a estar una hora (siendo optimista, y él no lo era) en una habitación mirando dormir a una chica pálida y frágil como una muñeca de porcelana y casi igual de pequeña.

Admiró el vestido con lo poco que sabía sobre moda femenina: era de un tono rojizo, si bien no del todo rojo, estaba totalmente desprovisto de adornos y tenía un corte sencillo, clásico y muy elegante. Parecía un poco aburrido, pero claro, en cuanto su madre se lo pusiera parecería atrevido, moderno, original y mucho más vivo que cualquier pieza más excéntrica. Suspiró. Quizás debería llamarla. A ella le haría ilusión.

Volvió a sacar el móvil y lo contempló con el ceño fruncido como amenazándolo para que le diera una respuesta. No le gustaba mucho llamar a su madre, empezaba a hablar mucho y a preguntarle cosas y era bastante incómodo. Clara suspiró y se giró en la cama, quedando de lado hacia él y con todo el pelo delante de la cara. Bufando, alargó la mano y se lo apartó, estudiando su expresión. Parecía más tranquila, pero agotada. Definitivamente una hora había sido un pronóstico demasiado optimista.

Buscó en la agenda mirando los números de los hoteles e intentando hacer memoria. En Londres no, habían estado hacía poco. Y definitivamente no en Nueva York, de donde habían vuelto con los Jefferson. En París tampoco. Roma. Sí, le sonaba algo de pasar por esas fechas a ver cómo iba el internado de las afueras de la capital italiana.

Complacido por haberlo recordado, le dio a llamar y preguntó por sus padres.

-¿Sí?

La voz de su madre le sonó simpática, agradable, pero con una nota de frialdad impersonal que marcaba la distancia.

-Soy yo.

-¿Yu?- preguntó sorprendida en un tono completamente diferente-. Oh, Yu, cachorrito, ¿cómo estás? ¡Qué sorpresa!

-Bien.- Escuchó de fondo un murmullo que supuso era la voz de su padre.

-Ah, sí, tienes razón. Papá quiere saber si te ha pasado algo, cariño.

-No.

-Es que como nunca nos llamas… Ay, bueno, me da igual por qué me llames, a mí me hace feliz,- no pudo contener una sonrisa ante tal comentario- ¿qué tal te va todo?

-Bien.

-¡Pero cuéntame algo!

-¿Qué?

-No sé, lo que quieras. Lo que has comido hoy, o si te has comprado una goma de pelo nueva, esa que tienes no me gusta nada, es muy sosa. Deberías llevar algo más bonito, de plata y grabado o algo así.

-Mamá. Soy un chico.

-¿Y qué? Esas gomas con cositas siguen siendo monísimas.

-¿Vosotros qué estáis haciendo?

-¡Ay, cielo, Yu me está preguntando qué hemos estado haciendo!- se rió-. Dime a qué período de tiempo te refieres exactamente, Yu.

-No sé- suspiró. ¿Cómo podía ser agotadora?-. Desde ayer.

-¡Ayer hice un montón de cosas!- "¿Y cuándo no?" se preguntó, pero sólo hizo un ruido indefinido para que ella siguiera hablando-. Tu padre tenía un montón de reuniones aburridas a las que tenía que ir solo, así que por la mañana me fui de compras, por cierto que te tengo un traje precioso que te quedará muy bonito, te encantará, vas a parecer un hombrecito.

-Tengo dieciocho años.

-Pues con esto parecerá que tienes veinte, ya verás. Y luego me fui a dar un paseo, encontré un parquecito absolutamente encantador y…

-¿Estuviste paseando sola por las calles de Roma?

-¡Sí! Y tendrías que haber estado, encontré algunos rincones totalmente…

-¿Metiéndote por sitios desconocidos?

-Pues claro, no voy a ir a los que ya conozco- replicó riéndose de la idea. Kanda escuchó a su padre diciendo algo-. ¿Por qué iba a pasarme algo? No digas tonterías, cariño.

-Porque no puedes ir metiéndote por ahí con esa ropa cara que llevas y todo el dinero que te gusta cargar, mamá.

-Sois de lo más desconfiados, de verdad. Bueno, luego comí por ahí, una hamburguesa, ¿te imaginas? ¡Nunca había ido a un McDonalds! Cuando vuelva te llevaré a uno, no sabes lo rica que es la comida allí, me pregunto por qué no lo montan como algo más elegante, podría hacer recepciones y…

-Ya he estado en uno.

-¿Y por qué no me habías llevado? De verdad, Yu, eres un desastre.

-Tú sí que eres un desastre- suspiró pasándose la mano por la cara, agotado.

-¿Tienes que ser tan duro conmigo siempre? Sólo salí a dar un paseo… En fin, no importa. Y después decidí que ya tenía que hacer algo productivo, así que volví a la calle comercial y pensé que sería encantador montar una tiendecita por ahí… Estuve mirando locales, pero eran todos tan pequeños… No habría podido encontrarme a gusto.

-Espera. ¿Me estás diciendo que pensabas montar una tienda?

-Sí, pero sólo unas semanas…

-Dios.

-¿Qué pasa?

-Unas semanas… Olvídalo, mamá. Sigue.

-Tu padre dijo lo mismo, pero a mí no me parece para tanto… Simplemente la hubiera vendido después, y seguro que hasta habría obtenido beneficios.

Kanda no lo dudaba. Ya fuera porque en el fondo era buena con los negocios o porque tenía mucha suerte, su madre convertía en oro todo lo que tocaba. Pero eso no hacía la idea más sensata.

-Y después ya eran como las seis, así que volví a hotel y ya estaba tu padre, fuimos a visitar el internado, hablamos con unos cuantos empleados… Todo bastante aburrido. Fuimos a cenar a un restaurante muy bonito, todo muy romántico, aunque la comida no estaba tan rica como la del McDonalds…

-Seguro- ironizó. Conociendo a su padre, seguramente la había llevado al mejor restaurante de Roma. Pero claro, para su madre era mejor la comida del McDonalds porque habría entrado con la ilusión de una niña delante de un caramelo.

-Sabía que estarías de acuerdo- bromeó-. Y después volvimos al hotel y no te cuento más porque soy tu madre y tienes que guardarme algún respeto- volvió a reír y Kanda intentó ignorar el chistecito.

-Me alegra que te diviertas- comentó.

-Sí, y ahora- otra vez le llegó el eco de la voz de su padre en un tono que evidenciaba que hablaba sin esperanza de ser escuchado en absoluto- estábamos hablando de ti.

-¿De mí?

-Sí. Papá ha tenido una idea fabulosa para tu cumpleaños… Ay, calla, Yu tiene que saberlo, ¿cómo vas a hacerlo si no lo sabe?

-¿Hacer qué?

-Te lo explicaría, pero estoy tan emocionada que me haría un lío y no entenderías nada, eso de pasar propiedades tiene muchos detalles que hay que explicar con calma, incluso cuando es una empresa pequeñita como una escuela de señoritas y… ¡Ay!

El gritito le llegó de lejos, y escuchó en seguida la voz de su padre.

-Yu.

-Papá.

Se hizo un segundo de silencio cariñoso entre ellos.

-¿Qué tal, hijo?

-Bien, ¿y tú?- preguntó sabiendo que su padre pillaría la comprensión detrás de las sencillas palabras sin necesidad de más tonterías.

-Nos divertimos, supongo- suspiró cansado.

-Ya.

-Lo que tu madre quería decirte es que pienso regalarte una parte del negocio por tu cumpleaños.

-¿Qué?- se enderezó en la silla, estupefacto.

-Vas a cumplir dieciocho años, ya es hora de que empieces a aprender cómo llevar las cosas, hijo. No quería decírtelo por teléfono y te lo repetiré cuando nos veamos, pero estoy orgulloso de ti y quiero que tengas tu recompensa.

-Vaya- parpadeó muy sorprendido y, aunque no iba a admitirlo, algo conmovido. Su padre no solía regalar los cumplidos-. Gracias.

-No me des las gracias, es la verdad. ¿Has visitado el colegio al que va Clara?

-Sí.

-Bien. Será tuyo en unas semanas.

-¿Qué?

-Es algo pequeño y está en marcha desde hace tiempo. Un negocio estable. No podrías tener uno mejor para empezar.

-Hm.

-Tu madre se ha metido en el baño, gracias a Dios- soltó una aliviada carcajada-. Creo que te ha comprado el traje por eso.

-Tsk.

-¿Estás bien?

-Sí- volvió a restregarse la cara-. Es que… Ha sido inesperado.

-No veo por qué. Llevo tiempo pensándolo.

-Ya.

-¿Cómo están tus amigos?

-Bien.

-¿Y Clara?

-Bueno…- dudó, pero como era su padre decidió ser sincero-. Se ha desmayado hace un rato.

-¿Qué?- la voz se le tiñó de preocupación detrás de su habitual tranquilidad. Los Jefferson realmente debían ser buenos amigos para sus padres-. ¿Está bien?

-Sí. Estaba en casa cuando pasó, así que está aquí, durmiendo.

-Bien. No estará sola, me imagino- dijo en tono de advertencia.

-No- se detuvo otra vez durante unos segundos-. Nanny se aseguró de eso- concluyó al final.

-Te agradecería que te ocuparas personalmente de ella, Yu.

Se sintió culpable sin tener muy claro el motivo.

-Lo estoy haciendo- admitió-. Está durmiendo en tu cama justo delante de mí.

-¿En mi cama?- casi pudo ver el ceño fruncido de su padre, idéntico al que él adoptó.

-Pensé que estaría más cómoda. Tenéis tantos cojines que prácticamente está sentada.

-Ah. Sí, claro, por supuesto.

No sabía si quería averiguarlo, pero lo preguntó.

-¿Qué habías pensado?

Un segundo. Dos segundos. Tres segundos. Cuatro segundos.

Cinco.

-Nada. Nada, no había pensado nada. ¿Entonces está bien?

-Puedo llamarte cuando se despierte.

-No, no te molestes. Pero avísame si vuelve a pasar algo. Y procura llamar al médico si se desmaya otra vez.

-Ella no quiso.

-Si vuelve a pasar, oblígala. Confío en ti para eso.

-Como digas- de pronto el hombre soltó una carcajada-. ¿Qué?

-Que ahora veo por qué has llamado. Si tanto te impacienta despiértala, puede descansar aunque no duerma.

-Tsk.

-No le pasará nada, dormirá de noche.

-Hm- examinó la atractiva idea-. Cierto.

-Arreglado, ¿no?

-Sí.

-Bueno, entonces te dejo.

-Hm. Mándale un beso a mamá.

-Sí, claro.

Colgó sin más y Kanda cerró el teléfono bruscamente, lo cual le ahorró despertar a Clara.

-Oh… ¿M-me he dormido?

-Sí.

-Y… - se detuvo mirándolo y estrechando la toalla húmeda que tenía bajo las manos-. ¿Has estado… aquí?

-Tsk- se levantó y cogió la toalla, llevándola al cesto de la ropa sucia-. Date un baño o lo que sea si quieres. Voy a hacer los deberes- dijo alejándose hacia la puerta con evidente incomodidad.

Clara se preguntó por qué estaba impaciente por salir, pero en el fondo le pareció algo bastante mono. Se levantó riendo y logró alcanzarlo antes de que saliera, cogiéndole la camiseta.

-Kanda- llamó para que la mirara, cosa que él hizo, y entonces deslizó su mano dentro de la de él-. Gracias.

Apretó la mano de Kanda contra la suya para que hiciera como la de Lavi cuando la confortaba en un gesto de cariño.

Él miró sus manos unidas con el ceño fruncido por un momento, comparándolas. Si seguía obligándolo a hacer fuerza iba a romperle esos dedos diminutos como si realmente fueran de porcelana.

-De nada. Y tienes las manos muy pequeñas.

Salió de una manera disimuladamente rápida, dejando a Clara estudiándose las manos con cara confundida.


Se encogió un poco más y apretó con fuerza las sábanas al notar como la boca y la lengua de Lavi se habían ensañado con su cuello y no lo soltaban ni a la de tres, mordisqueando, besando y lamiendo toda la piel que quedaba a su merced. Gimió. El peso del cuerpo del muchacho la hizo pegar la cara contra las sábanas, y se estremeció al notar su pecho contra su espalda. Se revolvió, molesta por el roce de la costura de los pantalones del chico contra su cintura desnuda, e intentó bajarlos sin éxito, ya que el pelirrojo le asió la muñeca con fuerza y volvió a colocarla paralelamente con su rostro.

-Quieta- le susurró al oído-. No te rebeles tan pronto- le mordió en la oreja y fue descendiendo por ella hasta llegar al lóbulo.

Volvió a gemir.

"Hijo de..." pensó, aunque nunca llegó a terminarlo.

El recorrido de los dedos de Lavi por su vientre la hizo perder la concentración durante unos segundos cuando se adentraron bajo sus pantalones, demasiado ocupada en sentir lo que se perdía entre sus piernas, que unió con fuerza, buscando prolongar la sensación.

Lavi también se estremeció.

Sentía el sudor resbalársele por la nuca y perderse espalda abajo, no sólo por el calor de su cuerpo. Le estaba costando más de lo que pensaba contenerse e ir despacio, lento, sutil... Él mismo gimió cuando la piel también sudorosa de la espalda de Irene se rozó con la de su pecho. Deslizó sus labios del cuello al hombro y lo mordió, con algo más de violencia con la que había pretendido hacerlo en un principio, pero no pudo evitarlo. Por algún lado tenía que desbordar el deseo que lo estaba recorriendo y se le arremolinaba bajo el estómago.

Apretó cuando la escuchó gemir de nuevo y bajó, dando pequeños besos por su espalda, flexionando sus rodillas contra los huecos de las de ella para obligarla a ponerse en la misma posición que él y así facilitarle el descenso de su espalda. Se entretuvo en mojar sus labios con cada gota de sudor que le recorría la piel. Pero costaba, costaba mucho, y ella lo sabía.

-Estás... muy paciente... hoy...- dijo entre gemidos.

Subió la mano, arrastrando dos dedos por el vientre, haciéndola temblar de nuevo mientras ascendía con parsimonia y se entretuvo especialmente en el ombligo, mientras su lengua subía por su espalda de nuevo, utilizando la columna vertebral como guía. Cuando llegó a sus hombros los besó a la vez que su mano derecha se aferraba a uno de sus senos y lo acariciaba y apretaba, cada vez con un poco más de fuerza.

-Los frutos de la paciencia son mucho más dulces- le susurró al oído.

Ella giró el rostro y subió su mano, aferrándose con fuerza a los pelos de la nuca de Lavi y besándolo en los labios, fogosa. Él la correspondió con la misma fuerza, colocando su mano izquierda en el vientre de ella y empujándola suavemente contra él a la par que se sentaba en la cama con las piernas abiertas, recogiéndola en su regazo, sin despegar sus labios ni un solo momento.

En esa posición, Irene consiguió por fin darse la vuelta y apretar su torso contra el de él en una caricia más bien ansiosa, fogosa; encerró el cuello del chico con sus brazos y se puso de rodillas, besándolo desde unos dedos más de altura. Cuando rompieron el contacto, la hizo sentarse sobre sus piernas, y se dedicó a besar sus senos. Luego la tumbó bajo él, y recorrió la línea del estómago y el vientre con la lengua y con los dientes, mordiéndola, disfrutando del calor de su carne y de sus continuos estremecimientos.

-Lavi...- gimió, subiendo las caderas cuando pasó del ombligo-. Joder...- le subió el rostro cuando lo escuchó ahogar una risa contra su piel-. Eres un capullo... ¿Desde cuándo te recreas tanto?

-Desde que me apetece probar algo nuevo...- le besó la barbilla y recorrió la línea de la mandíbula-. Siempre vamos lo bestia... déjame disfrutar de tu cuerpo por una vez pero de verdad...- deslizó sus manos por la espalda y llegó hasta sus pantalones, sacándolos con menos esfuerzos del que había pensado, volviendo a subir por sus piernas.

No eran largas, pero tenían una forma perfecta. Unas rodillas suaves.

-Tienes unas piernas preciosas, tigresa- afirmó besándolas lentamente, dejando sus manos tras su lengua haciéndole seductores masajes para relajarla un poco, arrancándole un gemido totalmente distinto. Si él pudiera relajarse así de fácil...

-Lavi...- eso no estaba ayudando mucho. Suspiró, conteniendo un jadeo que intentaba resbalar de sus labios y se hizo con una de las manos de Irene, que llevó a su cara mientras se sentaba sobre las piernas de ella. Besó sus dedos masajeando la palma al mismo tiempo.

-Y unas manos hermosas.

Se agachó y dibujó sus pezones ya excitados con sus labios, succionándolos.

-Y los pechos más increíbles que jamás he visto- le susurró con voz ronca, preguntándose cuánto más podría aguantar. Pero tenía que demostrárselo. Era una cuestión personal. No, se dijo, tenía que demostrarle que lo era-. Saben genial.

-Me estás poniendo muy cachonda- jadeó en su oreja, mordiéndola a continuación.

Un espasmo lo recorrió de arriba a abajo, pero se dijo que tenía que aguantar un poco más.

Apoyó las manos a ambos lados de su cuerpo y se alzó un poco, permitiendo que el aire se colara entre sus pieles calientes arrancándoles agradables escalofríos. Estaba sonrojada, agitada, con el pelo despeinadísimo, y pequeñas gotas de sudor la adornaban. Era tan irresistible, tan perfecta, que en lugar de tentarlo a apurarse le arrancó una sonrisa.

Bajó lentamente mirándola a los ojos y la besó con cuidado, explorando concienzudamente, acariciando. Sin prisas y sin pausas, la saboreó hasta que no pudo respirar y tuvo que coger aire. La sintió temblar bajo él mientras se hacía con su boca de esa manera, pero no fue muy consciente de ello. Se arrodilló sin dejar de besarla y se deshizo de sus propios pantalones, de sus calzoncillos. La mano de Irene intentó buscarlo, pero él las cogió y la obligó a enmarcar su rostro mientras seguía besándola. Irene suspiró diciéndose que estaba haciendo todo tan, tan lentamente que era casi como si estuvieran medio dormidos, como si tuvieran años, siglos para disfrutar.

Le rodeó la cintura con los brazos y giró, acostándola sobre él. Deslizó el tanga de encaje que llevaba un poco y ella hizo el resto, haciéndolo desaparecer e intentando sentarse después, pero Lavi la retuvo tumbada sobre él, besándola detrás de las orejas con una parsimonia escandalosamente tentadora.

-Hoy no vas a alejarte de mí- murmuró en su oído mientras se las arreglaba para entrar en ella tan despacio como la había preparado para ello.

-No... - se escuchó decir a sí misma antes de cerrar los ojos y dejar de escuchar nada que no fuera su pulso acelerado y el de Lavi, que latía tan cerca de ella como si su sangre pasara también por sus venas.

Irene se aferró a sus hombros, disfrutó del tacto de sus brazos apretando su cintura con firmeza, con cariño, unos brazos que sabían dónde situarse en su cuerpo. Le clavó las uñas a medida que el nudo en su estómago crecía más y más, amenazando con explotar en su interior, y entonces, cuando se soltó de pronto, gritó sin darse cuenta, arqueándose con una flexibilidad fruto de la necesidad de su cuerpo de liberarse.

-Oh...- dejó escapar relajando su cuerpo de repente. Lavi también se relajó bajo ella, pero sin salir de su interior ni liberar su abrazo, que se tornó más dulce cuando subió una de sus manos, acariciando su espalda.

-Irene- llamó preguntándose de dónde estaba sacando la voz, agotado-. Dime que te ha gustado, por Dios.

Ella sonrió, acariciándole los labios con un dedo.

-Me ha encantado. No sé si podré llamarte mocoso después de esto- soltó una risa ronca y cansada.

-Bien...- suspiró, aliviado. Le había costado tanto, tanto ser delicado cuando ella no quería delicadeza.

La levantó a pesar de sus protestas y la acomodó en sus brazos, a su lado, con la cabeza sobre su pecho.

-¿No más?- preguntó Irene mordiéndole la clavícula, incitante.

-No más- afirmó rendido-. Y deja de hacer eso- se quejó cuando ella subió un poco por su cuello.

-¿Alguien está de mal humor hoy?

-Estoy cansado- al decirlo le cayó todo el peso de su agotamiento encima, obligándolo a cerrar los ojos-. Muy cansado, tigresa...- susurró.

Ella se alzó y examinó su rostro.

-¿Qué te pasa?- preguntó ignorando la inquietud que le provocó escuchar la preocupación en su propia voz.

Lavi sonrió un poco sin abrir los ojos, subiendo y bajando su mano por la espalda de ella con lentitud.

-¿Qué va a pasarme?

-No lo sé- replicó en un murmullo, deseando que se lo dijera. Lo conocía: no diría nada que no quisiera decir, pero a punto de dormirse tendría las defensas bajas. Apoyó sus labios gruesos en los de él-. Dímelo- ordenó contra su boca. La mano de Lavi se detuvo, bajó el brazo y se volvió, apretándose contra su cuerpo.

-Tú- respondió tan bajo que ella no estuvo segura de si lo había dicho o lo había imaginado-. Me traes de cabeza día y noche...

-Bueno, me preocuparía si no lo hiciese- le sonrió, y tuvo la extraña impresión de que, a pesar de estar con los ojos cerrados, sabía que acababa de hacerlo, pues su rostro se tornó un poco más serio que antes.

-No me refiero a eso, Irene... No digo que tu cuerpo me traiga de cabeza... Me refiero a ti, a tu persona, a Irene...

Notó alejarse el calor que emanaba su cuerpo y supo que se había alejado un poco, y rezó para que no hubiese en ese estado de semi-shock al que acababa inducida cada vez que hablaba de ese tipo de cosas.

-Gracias- musitó con voz aguda. Lavi frunció un poco ceño, demasiado cansado como para hacerlo del todo.

-No hace falta que te alejes. No voy a sacarme un anillo de matrimonio de las sábanas.

La sintió volver a su lado, su aliento le golpeaba la nariz y sus dedos le acariciaban el brazo.

-Es bueno saberlo.

Lavi bajó por la cama y se dio la vuelta, colocándose los brazos de ella alrededor.

-Que duermas bien, tigresa- dijo acomodándose ahí, con la parte de atrás de la cabeza casi apoyada en sus pechos.

-¿Vas a dormir ahora?- preguntó sorprendida.

-Sí- bostezó-. Ya te dije que estoy cansado, y ya sé qué opinas de todo esto.

Empezó a acariciarle rítmicamente la mano con el pulgar en un contacto que a Irene se le antojó muy íntimo, aunque al mismo tiempo se sintió como si acabaran de ponerla en su sitio de una manera muy sutil.

No se le ocurrió nada que decir, de manera que se quedó observando su pelo, su espalda, escuchando su respiración cada vez más lenta y disfrutando del contacto de su piel todavía caliente por la sesión de sexo que acababan de tener y de las caricias que desaparecían progresivamente a medida que se iba durmiendo.

-Lavi- llamó de pronto.

-¿Hmm?

-¿Estás dormido?

-Más o menos- respondió con una risita, retomando el leve movimiento de dedos.

Se quedó callada, no muy segura de qué podía decir en ese momento, y él casi se había dormido otra vez cuando al fin habló.

-Te deseo- afirmó sonriendo.

-Hm.

-Eres un amante increíble- Lavi hizo un sonido parecido a un ronroneo y se arropó más en sus brazos. Irene suspiró. Sabía que ya no la estaba escuchando, al menos no del todo, pero le parecía mal no avisarlo-. No puedo ofrecerte más.

-Ya veremos- se dio la vuelta muy espabilado, con un brillo travieso en la mirada-. Esto desde luego es un adelanto. Recuérdame fingir que estoy cayendo en brazos de Morfeo la próxima vez que quiera declararme.

-Tú... Estabas...- fue la primera vez que la vio estupefacta, y le pareció adorable, sobre todo cuando su rostro pasó a la ira-. ¡Eres un idiota!- se levantó y le tiró un cojín que él detuvo de un manotazo, soltando una carcajada.

-Venga, tigresa... No es para tanto.

-¿Que no es para tanto?- echó hacia atrás el pelo como si lo llevara largo, una vieja costumbre de la que no había logrado deshacerse al decidir dejarlo atrás-. ¡Y yo aquí confesándome como una imbécil! Como en una telenovela de segunda...

-Hmm...- se sentó con gesto reflexivo- Muy similar, sí.

-Maldito mocoso- inspeccionó los alrededores en busca de algo que lanzarle.

-Venga, tigresa, deja de acecharme y vente a la cama- bostezó-. Sí que estoy cansado, no te mentía. Y lo mejor de hacerlo en la cama es dormir cómodamente después, ¿no te parece?

-¡Deja de decirme eso!

-¿Eh?

-Lo de "venga, tigresa"- imitó enfadada-. Me estás sacando de quicio.

-Ya lo he hecho hace rato- volvió a reírse-. Te ves muy graciosa ahí gritándome desnuda.

Se miró y bufó, volviendo a la cama.

-Vuelve a hacer algo así y te vas a enterar, mocoso.

Lavi se apoyó en su escote, haciéndole cosquillas con su despeinada melena pelirroja.

-No fue para tanto...- repitió cogiéndole la mano, y ella no pudo evitar sonreír.

-Eres un cabrón.

-Nah. Ahora a dormir.

-Vale, vale.

-Ire.

-¿Qué?

-¿Crees que un anillo aguantaría en esta cama si un día…?

Le pegó un coscorrón que lo hizo reír.

-Duérmete, que estás más guapo, mocoso.