Nada de Crepúsculo me pertenece, la historia es de Sthepenie Meyer y yo solo lo utilizo con fines de entretenimiento.
Summary: Estaba segura de tres cosas: Primero, no era un personaje de esta novela; segundo, posiblemente termine loca de remate y tercero, estaba perdida en crepúsculo.
Advertencia: todos los personajes pertenecen a Meyer, excepto Hannah James, Danielle James y Charles.
Advertencia 2: algunas frases orignales del libro apareceran en la historia.
Esta epilogo va dedicado a: los fieles lectores que escribieron reviews, a los lectores anonimos, a los que me pusieron en sus favoritos tanto en historias como autores, a los que no siguieron leyendo pero que les hubiera gustado continuar, a los que pusieron alertas; y por ultimo y no menos importante, a mi hermana: gracias por escucharme parlotear durante las noches sobre esta historia y la que sigue.
EPILOGO
Inspirado en What a girl wants de Christina Aguilera
Parecía una soberana tonta repitiendo palabras de un libro, ja, como si las últimas palabras de Dorothy fueran ayudarme a salir de esta pesadilla. Tenía que ser realista, jamás iba a salir de Forks, había sido condenada a quedarme este pueblo y mi único consuelo, era que pasaría las vacaciones con Charles en la Chicago de mi imaginación.
La supuesta conciencia, debía explicarme por que jugaba con mis ilusiones, ya era bastante duro saber que tardaría en volver y que posible, tendría que lidiar con los cabezotas de vampiros y humanos, si, parecía que iba tener que vivir todas las tragedias que los acusaba a lo largo de toda la historia, lo único que esperaba era no tener que actuar como partera.
Entonces, solo me quedaba una opción, abrir los ojos y comunicarle a mi alienígena conciencia, que estaba totalmente equivocada, que su gran idea había sido un fiasco, también le recomendaría que se buscara otro trabajo, por que eso de dar instrucciones se le daba bastante mal.
Decidí que ya no debía perder más tiempo, era hora de volver al baile, así que contaría hasta tres y todo desparecería…
Uno…
Dos…
Tres…
Parpadee para acomodar mis ojos hacia la luz que me estaba cegando, se suponía que estaba en un lugar oscuro y solitario, ¿a que hora se había atestado de gente?, cerré de nuevo los ojos para entender que había sucedido, pero la luz traspasaba con molestia por mis parpados, debía ser valiente, fuera quien fuese el que me estaba cegando con la luz.
— ¿Hannah? —preguntó una voz muy familiar para mi—, ¿Me escuchas?
Gemí, esto no podía ser cierto, no podía serlo, hasta hace un momento estaba ataviada y asistía a un baile del fin de curso, pero ahora parecía que Charles era el que inundaba mi mente.
— ¿Charles? —pregunte con miedo de abrir los ojos.
— Si, estoy aquí —contesto con un tono emocionado—. Gracias al cielo que despertaste nos tenías muy preocupados a todos.
¿Despertar? ¿Preocupación?
— ¿Dónde estoy? —pregunte parpadeando.
— En el hospital —contesto Charles depositando un beso en mi frente—. Pero eso ahora no importa, lo importante es que estas viva.
Enfoque mí vista en una pared blanca que se encontraba al frente, estaba desorientada y un dolor se apodero de mi cabeza, ¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde me encontraba? ¿Acaso otra vez había perdido el conocimiento y habían llamado a Charles?; recorrí con mi vista los movimientos de Charles por la habitación, se movía con tanta familiaridad que parecía hacia semanas habitaba en el hospital.
— ¿Qué sucedió? —pregunte sintiendo unos tubitos en mis fosas nasales—, ¿Dónde están los Cullen?
— ¿Los Cullen? —pregunto Charles sentándose en el borde mi cama y me lanzo una mirada extrañada—. ¿Te refieres a los personajes de ese libro que tanto lees?
Asentí.
— Bueno —dijo Charles con un gesto de preocupación—. Hannah estamos en Chicago, no se supone que ellos viven en Forks. Déjame decirte, que estoy muy celoso de Edward Cullen, ahora veo la razón por que no chistabas por pasar tanto tiempo jugando con mis amigos.
Observe a Charles con imprecisión, ¿De que estaba hablando?, tome aire para tratar de tranquilizarme y entender que rayos estaba sucediendo, paseé de nuevo los ojos por la habitación y el lugar era desconocido, tenía ganas de gritar, alguien debía explicarme que sucedía, en que mundo estaba.
— ¿Por qué estoy aquí? —pregunte observando con recelo a Charles.
— La verdad, no se muy bien —contesto Charles pasando sus dedos por mi cabello—. Pero hace dos semanas cuando iba a tu casa, unos policías me impidieron la entrada, imagínate policías en tu casa, la verdad me alarmé mucho, pensé que te había sucedido algo malo, entonces me mandaron a mi casa y me dijeron que tu madre se comunicaría conmigo, luego tu madre me llamo y me dijo que estabas inconsciente en el hospital. Creo que es un asunto que deberían hablar las dos, parece ser demasiado grave y no soy quien para meterme en sus asuntos.
Volví a tomar aire para tranquilizarme, no estaba entendiendo nada de lo que Charles relataba, ¿mi madre?, entonces eso solo significaba una cosa, que había vuelto a la realidad y ahora estaba atada a la cama de un hospital, sin saber los motivos de por que me habían traído hasta aquí.
Unas lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, todo había sido un sueño, un hermoso sueño con persecución incluida, en realidad todo lo que había vivido no había sido más que producto de mi inconsciencia, nada había ocurrido, ni los reclamos de Mike, la camaradería entre los miembros del clan Cullen, ni el corazón roto de Jacob, ni siquiera Edward había sido real.
— ¿Qué ocurre? —pregunto Charles alarmado—. ¿Te duele algo?
— Estoy loca —balbucee en medio de las lagrimas—. Volví a la realidad.
Charles me contemplo con las cejas fruncidas, sus ojos, eran tan diferentes al Charles de mi imaginación, en ellos había conocimiento y el valor de todo lo que habíamos pasado juntos, no era una figura de decoración que había aparecido para ser torturado, era el Charles real que se había apoderado de la totalidad de mi corazón, era el Edward Cullen que toda chica aspira encontrar.
— No entiendo Hannah —dijo frunciendo el cejo.
Si Edward Cullen se había burlado de mis explicaciones, Charles de seguro tomaría su misma actitud, nadie cuerdo en este planeta, podía haber estado en un mundo alternativo, donde los vampiros se enamoraban de humanas, ni donde potenciales metamorfos habían creído que yo correspondería a sus sentimientos, ni donde mis miedos más terribles habían tomado forma.
¿Quién iba a creerme?
— Me estas preocupando Hannah —dijo Charles rompiendo mis balbuceos—. Voy al llamar al doctor que atiende tu caso, no debe ser normal que estés llorando de esa manera.
— No te vayas —suplique tomando su mano—. No me dejes sola, por favor.
— Solo iba hundir el botón para llamar al doctor —aclaró pasando sus dedos por mi cara—. Sabes que jamás me voy a ir de tu lado, estaré aquí hasta que lo desees.
Jale de su camisa para tenerlo más cerca de mí, Charles negó con su cabeza, si debía estar loca de remate, se suponía que debía estar adolorida o alguna de esas cosas, pero no sentía dolor en absoluto, tenia la necesidad de sentir sus labios y saber que estaba en la vida real, no atrapada en una dimensión desconocida llena de monstruos aterradores.
— También debería llamar a tu madre —comento Charles—. No se ha despegado de tu lado, la pobre necesita una buena siesta.
— Bésame —murmure fijando mi vista en sus ojos azules.
— Siempre he pensado que estas loca Hannah —confeso besando mi frente—. Mira que cambiarme por un personaje de un libro.
— Sabes que nunca te voy a cambiar —dije frunciendo el cejo—. Además, no me has besado, no me obligues a ir por ti.
Charles soltó una serena carcajada, provocando que la cama temblara un poco, entorne los ojos en su dirección, que estuviera hospitalizada no impedía que cumpliera mis promesas, además no tenia vendado ninguna parte de mi cuerpo y tampoco yesos impedían que besara mi novio, así que intentaría moverme de esta cama.
— Ayúdame a sentarme —dije tratando de moverme.
— Parece que nunca te estas quieta —reprobó Charles—. Hace nada te despertaste y ya quieres salir por tu propio pie del hospital, ¿por un momento puedes ser normal?
— Nunca seré normal —dije sentándome con ayuda de Charles—. Amo las discusiones contigo.
— Hannah —murmuro mirándome con ese amor que tanto había buscado.
Ya sabia que estaba hospitalizada, pero con solo ver los ojos de Charles, las mariposas aumentaban con vertiginosidad en mí estomago, todas revoloteaban al mismo tiempo, provocando que mis rodillas se volvieran de gelatina, mi corazón formara una simbiosis con mi estomago y que las ideas fueran de por si más locas de lo que eran.
En los ojos de Charles, pude observar, el dolor, el amor y la necesidad de mi que lo habían aquejado estas semanas que había estado habitando en mi imaginación, sin darle derecho a replica, junte mis labios con los suyos y entendí que realmente había vuelto a casa, ahí estaba ese no se que, que tanto me enamoraba, una pizca de ternura, unos gramos de amor, una pizca de sinceridad, otra pizca de pasión y todo reunido, forma un grandioso beso de Charles.
— Respira —me recordó Charles.
— Había olvidado lo bien que besas —dije apretando de más sus hombros para no dejarlo escapar.
— Siempre vas a decir lo mismo —musitó Charles dejando besos en mis labios.
— ¿Nunca te vas a cansar de quejarte por eso? —pregunte sin dejar de besarlo—. Siento haberte hecho a un lado, ya sabes los últimos días antes de que cayera inconsciente.
Charles se aparto de mis labios y arqueo una ceja, ni siquiera en aquel planeta alienígena, había olvidado que lo había lastimado.
— Respecto a ese asunto, me debes una explicación —dijo mirándome con seriedad—. Hablaremos cuando salgas del hospital.
— No vas a terminar conmigo, ¿cierto? —dije haciendo un mohín.
— No quiero perderte Hannah —confeso Charles esta vez apoderándose con avidez de mis labios.
Este era mi lugar feliz, ser consciente que era parte de Charles como él era parte mi, juntos formamos un todo, una entidad perfecta que sintonizaba bien de muchas maneras, tal vez nuestra historia se pareciera un poco a la de Edward y Bella, si bien nosotros no éramos vampiros, pero estaba segura que nos catalogarían como paletas de pueblo alucinados por el primer amor, bueno aunque técnicamente cada uno tenia un extenso prontuario respecto a noviazgos.
Un carraspeo nos interrumpió, casi sentí furia por quien inoportunamente había entrado a la habitación, yo no quería despegarme de Charles, quería quedarme así por lo que me restara de vida atada a sus labios; Charles fue quien acabo con el beso, yo me rehusé y me aferre a sus hombros para que no se marchara, entonces una risa familiar inundo la habitación donde estaba recluida.
— Hannah —pronuncio la voz de mi madre.
Desvié mí vista de Charles, a una mujer que estaba de pie en la mitad de la habitación, era ella, sus inconfundibles rizos parecidos a los míos, su sonrisa benevolente, su cara en forma de corazón, unos ojos verdes que me hubiera encantado heredar y claro, de estatura muy superior a la mía, siempre le había preguntado por que yo era tan bajita, y ella constantemente me había respondido que lo mejor venia en envases pequeños.
— Gracias al cielo —dijo mirándome con ojos llorosos—. Pensé que te había perdido.
— Nunca me vas a perder mamá —dije sintiendo nuevas lagrimas desbordarse por mis ojos.
— Charles, ¿me permites? —dijo mamá caminando hacia la cama.
— Claro, señora James —dijo Charles levantándose de la cama—. Iré a buscar al medico.
— Gracias, hijo —dijo mamá regalándole una sonrisa a Charles.
Los brazos de mamá me envolvieron por completo, había necesitado tanto de sus abrazos mientras había estado afuera, sus concejos, sus regaños y hasta ahora me había dado cuenta, que había extrañado su sonrisa; ella había sido la única persona que se había hecho responsable de mi, que estuvo en mi primer paso, en mi primer día en la escuela y la que estuvo en esos momentos oscuros que juntas vivíamos desde hacia doce años.
— Bienvenida a casa —dijo mamá besando mis cabellos—. Bienvenida seas Hannah.
•••
— Vamos, ahora da un paso —me animo Charles soportando mi peso.
Lo fulmine con la mirada, esto era demasiado doloroso, incluso cuando habitaba en mi imaginación y James me había dejado echa una pena, no había sido nada en comparación con el dolor que estaba sintiendo.
— Sabes que esto es doloroso —dije maldiciendo internamente cada movimiento que daba—. Me duele hasta la consciencia.
— Hannah, no seas tan floja —reprocho Charles ayudándome a subir el ultimo escalón para ir a mi habitación—, falta poco para llegar a tu habitación.
— Cambie de opinión —dije rindiéndome a dar un paso más—, quiero vivir en la sala.
—Ni de broma —dijo Charles cargándome en sus brazos.
Mi vida había cambiado demasiado desde que había despertado de nuevo, nunca pensé que las consciencias fueran tan protectoras y pelearan entre si mismas para hacer mínimo un dolor, sin embargo, no podía huirle para siempre al dolor y a las verdades ocultas, aunque mi vida estuviera rodeada de secretos, que tal vez descubriría un día, estaba consciente que nunca había sido más feliz que en este preciso instante.
No sabia por donde comenzar, los acontecimientos en la vida real eran tan confusos, como mis recuerdos de mi estancia en la Forks de mi imaginación. Charles como había supuesto, se burlo de mi completo relato mientras había durado en una especie de coma, aunque no le hizo ni pizca de gracia que el imaginario Jacob Black hubiera besado a su novia, en cambio mi madre encontró muy entretenida mi historia.
Pero los asuntos a medio resolverse entre mi madre y yo, no resultaron tan sencillos como yo había esperado, se ponía demasiado arisca cuando le preguntaba como había terminado en coma en el hospital, solo me dio una versión demasiado pobre de la realidad; ¿Cuándo en East Side los ladrones asaltaban la casa de unas mujeres que solo tenían lo necesario para vivir?, si, ese cuento solo se lo tragaría ella, por que yo intuía que había cosas más delicadas detrás del asunto.
— Entonces —dije batiendo los pies mientras Charles me llevaba a la habitación—, ahora te gusta crepúsculo.
— No, ahora comprendo por que te gusta tanto —contesto frunciendo las cejas—, pero detesto más que nunca a Jacob Black.
Solté una risita nerviosa.
— Ni se te ocurra salir en su defensa —me advirtió con un gesto serio.
— No lo iba hacer —dije depositando un beso en su mejilla—. ¿Te he dicho hoy que te amo mucho?
— Sabes que no —dijo Charles abriendo con un pie la puerta de la habitación—, pero me gustaría oírlo.
— Te amo —dije cuando me puso en el suelo.
— Eso es comparar un árbol con bosque entero —dijo Charles torciendo una sonrisa.
Parecía que aquí concluía mi aventura, la misión se había cumplido, todos eran felices y comían perdices… bueno la gran mayoría de los involucrados en mi historia…
¿FIN?
Gracias por haber llegado hasta aqui... por favor continuen leyendo el siguiente capitulo...
